sábado, 25 de junio de 2016

American Crime Story: The People v. O. J. Simpson

If it don't fit you must acquit.

Recuerdo un gag en Los Simpson donde se mostraba un mundo imaginario sin abogados, en el que la humanidad en pleno se cogía de la mano y celebraba una vida feliz y plena. Ciertamente la tarea del abogado es en muchas ocasiones ingrata, y a fin de cuentas probablemente sean un mal necesario en un sistema imperfecto. Pero bueno fue lo que nos dejaron los romanos y como en cualquier colectivo habrá de todo. Pero en una profesión como esa, la ambición puede llevar a dejarse por el camino la ética y la moral, aunque claro, en muchas ocasiones si los abogados antepusieran ambas cosas a su obligación como defensores, muchos acusados se quederían sin nadie que les defendiera. Además, como toda creación humana nuestras leyes y sistemas judiciales son imperfectos, y siempre cabe preguntarse si realmente disfrutamos de igualdad ante la ley, especialmente cuando el acusado es un famoso multimillonario que puede pagarse a los mejores abogados del ramo. Si a todas estas cuestiones le añadimos el elemento racial, obtendremos un bonito cóctel sociológico que fue servido en máxima audiencia televisiva a mediados de los 90 frente a millones de espectadores en lo que se denominó, una vez más, "el juicio del siglo". Ese caso fue, claro que sí, el de O.J. Simpson.

Supongo que los lectores más veteranos recordarán el mediático caso, que nos llegó incluso a esta remota España, donde Simpson era como mucho conocido por ser el simpático Nordberg de la saga Agárralo como puedas. Sin embargo, en Estados Unidos Simpson no sólo era considerado uno de los mejores jugadores de fútbol americano de la historia; aparte de su popularidad como deportista y actor, había logrado la difícil hazaña de ser igualmente popular entre blancos y negros, a pesar de que nunca había destacado por interesarse en la defensa de los derechos de los negros, y de que su modo de vida era más próximo al de cualquier millonario blanco (golf incluido) que el de otros compañeros de generación más comprometidos. Sin embargo, el encanto de su fama y su leyenda deportiva serían puestos a prueba cuando fuera acusado de un sangriento doble asesinato, el de su ex-esposa Nicole Brown y un camarero llamado Ron Goldman, amigo de la misma. El juicio, retransmitido en directo por la CNN y otros canales de cable, iba a convertirse en un fenómeno mediático sin precedentes, durante el cual se produjeron situaciones que rozaron el esperpento, y que sirvió para demostrar que en Estados Unidos tanto la raza como el dinero seguían compartimentando a la sociedad. Probablemente la nación no había estado tan pendiente de un caso criminal desde el secuestro del hijo de Charles Lindbergh. Pero este juicio en particular estaba destinado a sentar muchos precedentes, especialmente en cuanto a los medios de comunicación se refiere. American Crime Story, la nueva serie del canal FX, ha retratado en su primera temporada los por momentos realmente increíbles acontecimientos que tuvieron lugar en el proceso, y todo el circo mediático que lo rodeó.

Si el título os recuerda a algo, no os equivocáis, ya que efectivamente los creadores de American Horror Story se encuentran tras esta nueva serie, centrada en esta ocasión en el mundo criminal. El punto de partida para la misma ha sido un libro The Run of His Life: The People v. O.J. Simpson, que al parecer recoge de forma exhaustiva todo lo acontecido durante el famoso juicio. Si no sabéis demasiado sobre el mismo, y estáis interesados en ver la serie, os aconsejaría que no indaguéis mucho al respecto y os dejéis sorprender a cada episodio, porque realmente la trama tiene unos giros argumentales realmente insospechados, y si como cabe suponer, todo lo relatado sucedió realmente, bien, como se suele decir, ni el mejor guionista de Hollywood habría podido escribir una historia así. Por supuesto, la historia ha tenido que rellenar muchos huecos allá donde acababa el juicio o comenzaba la legalidad vigente, pero aun así si sólo nos quedamos con delirantes momentos como el numerito del Simpson suicida dentro de un coche perseguido por la policía, la guerra entre acusación y defensa respecto a los jurados, ciertas grabaciones con implicaciones insospechadas, errores de juicio, caos mediático, etc., bueno, uno no puede sino preguntarse cómo los Estados Unidos no han implosionado todavía.

Entre las muchas cuestiones que American Crime Story pone sobre la mesa de forma brillante destaca obviamente la radiografía de ese extraño mundo legal donde las pruebas y los testimonios pueden retorcerse, estirarse y moldearse hasta que de los hechos no queda más que un mejunje líquido que pueda ser fácilmente ingerido por un jurado. Como se dice en la propia serie, la gente no quiere datos ni pruebas, tan sólo una historia que encaje en su forma de pensar. El bando que venda la mejor historia será el vencedor. Por otra parte algunos de los momentos más divertidos tienen lugar cuando vemos el choque de egos que se produce dentro del Dream Team legal del cual se rodeó Simpson a base de talonario, en el que por cierto se lleva la peor parte Robert Shapiro, el primero de los varios abogados de fama que el ex-jugador contrató para llevar su defensa. La presencia de Robert Kardashian, amigo de O.J. y padre de unas muy afamadas hijas (aunque entonces nadie había escuchado ese apellido), sirve también para dejar alguna pincelada de reflexión sobre la conexión entre el reality show televisivo actual y lo que pudiera haber sido el polvo del que han venido estos lodos. Johnnie Cochran, otra de las estrellas del equipo legal del acusado, servirá para introducir el trasfondo racial que rodeó al juicio, y para mostrar que en la lucha por los derechos civiles no faltan los Mefistófeles.


Si los abogados defensores, con sus intrigas, ambiciones y egos, pueden ser considerados como los villanos de la historia, en el lado de los buenos tenemos a los represenantes de la fiscalía. Por un lado tenemos al joven Christopher Darden, un reflejo en positivo de Cochran, un afroamericano concienciado y cabal, quizás un retrato de lo que en su día pudiera haber sido Cochran, quien comenzó su carrera defendiendo a víctimas de abuso policial. Por el otro tenemos a una de las protagonistas de la serie, Marcia Clark, fiel retrato de una mujer ambiciosa pero con principios; dura, como suelen ser las mujeres que triunfan en un mundo de hombres. En otro de los apuntes (y es que esta serie no da puntada sin hilo) que nos deja American Crime Story tenemos el asunto del sexismo, y de como en la prensa sensacionalista se valora a la fiscal más por su vestimenta y sus peinados que por su labor en el juzgado, y cómo todo ello va haciendo mella en la persona, una persona que, como afirma su personaje en cierto momento de la serie, no es una abogado estrella como lo puedan ser Shapiro o Cochran.

Y por supuesto y como decía antes la serie muestra el eterno problema racial de la sociedad estadounidense y cuya división quedó patente a raíz del juicio, un juicio que no cabe olvidar se celebró cuando la resaca del vergonzoso juicio de Rodney King y los posteriores disturbios en Los Ángeles aún no se había disipado. Realmente sintomáticas son las imágenes reales que se muestran en el último episodio, en el que tras conocerse el fallo del jurado vemos grupos de blancos cariacontecidos y grupos de negros celebrándolo por todo lo alto. 

Como véis, la serie da para mucho, y realmente es un excelente retrato de un momento en la sociedad estadounidense, momento que como hemos podido comprobar últimamente, no es tan distinto de la actualidad, con sus casos mediáticos, su violencia policial, y su, imagino, abogados dispuestos a todo con tal de ganar un caso. No, esos no desaparecerán.

Bien, disquisiciones sociológicas aparte, ¿qué hay de la serie en sí? Pues bien, yo la tacharía de impecable. Quizás no sea tan patentemente emocionante como un Juego de tronos, o tan impactante como otras series más grande que la vida (ya pondrán ustedes el título que convenga), pero es realmente impecable tanto en su guión, como en las interpretaciones, como en una dirección por lo general sutil, aunque deja su impronta cuando se ha estimado necesario. Realmente hacía tiempo que la temporada de una serie no me convencía tanto. Por ejemplo, por compararla con la temporada inicial de American Horror Story, (que es realmente la única con la que puedo hacer una baremación), si aquella me dejó frío, esta me ha parecido deliciosa, con multitud de detalles para la reflexión y con unas tramas que sólo un hecho real podía fabricar. Ya lo decía anteriormente, algunos de los momentos que se producen dentro y fuera del juicio son realmente chocantes, por no decir asombrosos. De esos que uno sólo podría imaginar en una sociedad tan loca como la estadounidense.

Y bien, en cuanto a las interpretaciones, tenemos a un Cuba Gooding Jr. cuya carrera iba a la deriva y para la que con suerte para él quizás esta serie sea un punto de inflexión. Y si bien físicamente quizás no encaje del todo con el verdadero O.J., no cabe duda de que vuelve a demostrar que es un actor excelente, y que merece mucho más que participar en producciones olvidables de esas que se estrenan directamente en el videoclub. Junto a él, lo mejor de la serie es Sarah Paulson, cuya interpretación de la fiscal ha sido alabada por la misma Marcia Clark y ante la que realmente sólo cabe quitarse el sombrero. Excelente. 

También excelente resulta la labor de Courtney B. Vance como el maquiavélico Johnnie Cochran (esa escena donde cita el maná del cielo, por ejemplo, o esa frase con rima de la que se hicieron camisetas...), y es que el personaje desde luego daba para mucho. Cabde destacar además a John Travolta, que vuelve al medio que le dio fama (sí, Welcome Back, Kotter ya queda muy lejana) y quien tras el maquillaje y sus retoques estéticos realiza toda la buena labor que puede metiéndose en la piel del egocéntrico Shapiro, que por cierto no es poca. Realmente por lo general todas las intepretaciones son buenas en mayor o menor medida; incluso David Schwimmer, actor que nunca fue de mi devoción y que se hizo famoso por una serie que nunca fue de mi devoción, destaca metido en el papel del torturado Robert Kardashian.

Así que, en resumen, sí, American Crime Story es una serie altamente recomendable, con una primera temporada que promete mucho. La segunda estará centrada en los sucesos posteriores al huracán Katrina; veremos si se mantiene el nivel. Desde luego va a ser un reto: con una historia tan alocada como la del juicio de Simpson, la verdad es que casi media serie ya estaba hecha. Bien, les dejo y les conmino a que vean la serie, una serie de esas por las que merece la pena volver a poner las manos sobre el teclado.