miércoles, 4 de noviembre de 2015

Show Me a Hero

David Simon, gurú televisivo, verdadero héroe para miles de fans, y lacerante cronista, a través de la ficción, de la imperfecta sociedad estadounidense, y por tanto, de la imperfecta sociedad occidental. Ciertamente no resulta díficil extrapolar situaciones y escenas de algunas de sus series a una realidad como la española, por ejemplo. Aunque en el trasfondo de sus historias y guiones siempre se vislumbra un requiem por el Sueño Americano, la shakesperiana universalidad de sus personajes y la homogeneidad de ciertos entornos donde éstos se mueven permiten interpretar y transponer a unos y otros a nuesstra propia cotidianidad. Este ejercicio de comparación y asimilación resulta todavía más fácil en el ámbito político; cuando uno veía de The Wire podía situar perfectamente al senador Clay Davis en el Parlamento español, o en la presidencia de alguna comunidad autónoma, e igualmente sucedía con el joven y dinámico Carcetti. La forma puede ser diferente, pero mucho me temo que el fondo es el mismo en todas partes. Al fin y al cabo, desde los tiempos de Maquiavelo el juego político no parece haber cambiado mucho.

La verdad es que escribir un J'accuse periodístico señalando a los culpables de cohechos y corruptelas con nombres y apellidos, de forma tan abierta y contundente, nunca ha sido fácil para el gremio periodístico (o lo que queda de él). A lo largo de la historia buenas pruebas hay de que para salir indemne de un ataque al poderoso la fábula ha resultado un eficacísimo escudo. Alguien con el bagaje periodístico como Simon seguramente bien podría poner rostro a los Clays y Carcettis de este mundo, pero imagino que los reporteros no siempre podrán poner todo lo que ven en negro sobre blanco. Pero si cambias unos nombres y unos detalles aquí y allá, y en vez de un artículo escribes un guión, al menos permites al público hacerse una idea de cómo son o deben ser los tejemanejes políticos entre bambalinas, como ocurría especialmente en las temporadas 3 y 4 de The Wire.

Pues bien, Simon ha vuelto por sus fueros, ampliando lo que pudimos visionar en dichas temporadas, pero sin la trama policial. En Show Me a Hero nos encontramos esta vez con un retrato 100% político, basado además en hechos reales. El punto de partida fue el libro homónimo escrito por Lisa Belkin, donde se relataba la guerra política y vecinal que tuvo lugar en la localidad de Yonkers, Nueva York, durante los 80 y primeros 90. El punto de partida del conflicto fue un programa de vivienda pública que seguía nuevas teorías demográficas y sociales, según las cuales para prevenir todos los problemas que se asociaban a los tradicionales guetos, las viviendas sociales no debían concentrarse en un solo punto, sino repartirse por distintos barrios. Lo cual significaba romper las barreras sociales y geográficas levantando viviendas públicas en medio de barrios de clase media. Hablando más claramente, lo que se buscaba era mezclar a negros y blancos, o hispanos y blancos; tratar de asimilar a las tradicionales minorías en buenos barrios, evitando así la formación de guetos étnicos. La clase política de la ciudad, blanca como la nieve, se opuso a dicho a programa, apoyados por sus votantes blancos. Show Me a Hero comienza su narración en el punto en que un juez federal falla contra la ciudad de Yonkers, obligándola a llevar a cabo el programa experimental de vivienda. Si el ayuntamiento persiste en su negativa, se enfrenta a una lluvia de multas que lo dejarán en la ruina.

El guión de la serie está firmado por Simon y William F. Forzi, su viejo colega del Baltimore Sun y colaborador en la celebrada The Wire. Con su buen hacer habitual, Simon nos muestra de nuevo las dos caras de la moneda; en esta ocasión tanto el punto de vista de los blancos que no quieren convivir con vecinos venidos del gueto, aduciendo la consabida depreciación del valor de sus hogares (en la mayoría de las veces, eufemismo o simple excusa de lo que ya podemos imaginar), como la realidad de esos mismos habitantes del gueto, con sus luces y sus sombras. Además nuevamente se describe también lo que ocurre en las altas esferas, en esta ocasión el ayuntamiento de Yonkers, cuyas luchas intestinas son las verdaderas protagonistas de esta miniserie de seis episodios.

Como apuntaba antes, cuando leemos en los periódicos noticias sobre chanchullos, pactos, latrocionios, y demás vaivenes políticos, tan sólo podemos imaginar (salvo cuando salen a la luz conversaciones telefónicas y demás) la manera en que deben de producirse tales hechos. Las ficciones de Simon nos ayudan a visualizar, de la mano de alguien que en sus días de periodista vio y escribió sobre muchas de estas cosas, al igual que ocurre con Forzi, los tejemanejes de la política entre bambalinas. Show Me a Hero no es un retrato de la corrupción como sucedía con la trama política en The Wire, o al menos no es el plato principal del menú. Pero lo que nos ofrece es igualmente interesante, una narración del día a día (o en esta ocasión quizás fuera mejor decir el año a año) de un político. Las ruedas de prensa, los comités, los pactos, las elecciones, el movimiento de peones y el equilibrio de fuerzas. En definitiva, todo aquello que vemos (y también lo que no vemos) en la prensa y los telediarios.

El protagonista de la miniserie, el "héroe" (quien vea o haya visto la serie entenderá el entrecomillado) al que alude el título, es Nick Wasicsko, concejal en el ayuntamiento de Yonkers cuando estalla la polémica del fallo judicial, y que poco después se convertirá en alcalde, sacando adelante durante su único y corto mandato el programa de vivienda pública, no sin muchos sinsudores.

Wasicsko es el fascinante retrato de un político arquetípico. De cara a la opinión pública se le podría calificar de héroe, al luchar contra viento y marea tratando de sacar adelante el proyecto en unas tensísimas votaciones públicas donde no sólo ha de tratar de controlar el sentido de los votos de sus compañeros y rivales, sino que debe afrontar las opiniones, griteríos e insultos de los votantes de los barrios blancos, para quienes se ha convertido en la grande Zohra, el traidor a los de su clase. Pero de puertas para adentro iremos comprobando que Wasicsko no ha dirigido esa lucha por un ideal; más bien se ha tratado de una estrategia, un paso más en su carrera política. De hecho conforme avanzan los episodios veremos que Wasicsko realmente no tiene ideales, es una simple mortaja política. La moraleja de su historia es hacernos saber que un político es como el tiburón de Woody Allen: ha de continuar avanzando o muere. Cuando sea derrotado en las elecciones, Wasicsko habrá de comprobar dolorosamente que todos, incluyo aquellos a quienes ha beneficiado aprobando el programa de vivienda pública, continuan adelante con sus vidas, sin él. Esta dura verdad queda reflejada en una excelence secuencia que tiene lugar en el sorteo público de las primeras viviendas que han de construirse como parte del programa. Para mí dicha secuencia no sólo refleja la consabida soledad en el poder, también la soledad del que ya no lo tiene, y también la corta memoria del ciudadano de a pie.

Como sucede con las obras televisivas de David Simon, habría muchos aspectos y detalles sobre los que escribir, pero un episodio vale más que mil palabras, así que simplemente recomendar encarecidamente el visionado de Show Me a Hero, otro gran acierto de la HBO. Y es que en estos tiempos donde la política parece estar siempre en todas partes una producción como esta viene que ni pintada para hacerse una idea de lo que ocurre dentro de los ayuntamientos, consejerías, diputaciones, senados, parlamentos y demás. Si lo que vemos en Show Me a Hero sea como probablemente imagino sólo la punta del iceberg, da miedo pensar en manos de quién estamos. Por otro lado también sirve para explicar el temprano encanecimiento de quienes están en la primera línea política. Sin duda la política debe ser una jungla, donde has de vigilar de cerca a los opositores del partido rival, pero más de cerca aún a tus compañeros de propio partido. Imaginad la paranoia. Qué precio deben de pagar algunos por satisfacer sus ambiciones. Pero cuando comprendes que son el tiburón de Woody, todo encaja. Al igual que un yonqui, harán lo que sea por conseguir una nueva dosis de poder. Corruptelas aparte.

Show Me a Hero, de David Simon. Pardiez, con estas siete palabras debería haber bastado para hacer el artículo.

martes, 3 de noviembre de 2015

Operación Trueno (1965)

Tengo una hipótesis acerca de los films de Bond, hipótesis seguramente más endeble que defender la existencia del flogisto, pero en fin, en la cola del super uno se entretiene con estas cosas. Bien, me atrevería a afirmar que los mejores films de la saga son los que mejor banda sonora tienen, y cuando digo banda sonora me refiero al tema principal. Creo que podríamos afirmar que hay bastante consenso en que el tema de Bond definitivo fue el de Goldfinger, film que por otra parte se encuentra entre lo más celebrado de la saga. Sin embargo el tema de Operación Trueno ya parece anunciar que la película no va a ser otra Goldfinger. Y eso que llevaba la impronta del compositor John Barry, el hombre que a fin de cuentas definió para quienes habían de venir tras él lo que debía ser un tema Bond, y de la voz se encargaba todo un Tom Jones. Sin embargo algo falla, se echa en falta cierto espíritu de grandilocuencia Bond, sensación que se multiplica si la comparamos con su directa antecesora, ya mencionada antes. De hecho Shirley Bassey, quien inmortalizara el genial tema de Goldfinger, había grabado ya un tema para el film, "Mr. Kiss Kiss Bang Bang", pero los productores finalmente optaron por fijar la tradición de que el tema de la película llevara el título de la misma. Podéis comparar las dos versiones en youtube, y creo que estaréis conmigo en que Shirley habría sido de nuevo la opción perfecta.

Algo parecido ocurrió con la dirección de la película. Aunque se le ofreció repetir a Guy Hamilton, que había dirigido la inmortal Goldfinger, éste declinó la oferta, por lo que los productores de la saga se digieron a Terence Young, el director de los dos primeros films. De hecho Operación Trueno había estado destinada a ser el primer título de la saga, y Young ya había expresado interés en adaptar esa historia, pero disputas legales entre Ian Fleming y unos guionistas que habían trabajado con él en el guión a finales de los 50 aconsejaron dejarla en barbecho hasta que se aclarara todo el asunto. Cuando por fin se llegó a un acuerdo extrajudicial, Operación Trueno pasó a ser el cuarto título de la saga.

El problema con Operación Trueno, en mi opinión, es que la trama principal no resulta tan atractiva como en anteriores ocasiones, además que el metraje se alarga rebasando las dos horas sin que la historia dé realmente tanto de sí, y teniendo en cuenta que muchas de las típicas escenas de acción que uno podría esperar de una peli de James Bond pasan a ser escenas submarinas que recuerdan a un documental de Jacques Cousteau, y casi se espera escuchar la apacible voz del inmortal Rafael Taibo narrando las imágenes de fondo, pues bueno, no son secuencias que me fascinen especialmente. También es cierto que la cinta tuvo la difícil tarea de seguir a Goldfinger, y las comparaciones surgen inevitablemente. Por ejemplo, con su villano.

En Operación Trueno tenemos de nuevo a la gente de SPECTRA con sus fechorías. En este caso roban dos bombas atómicas de la OTAN que pasan a esconder en una base submarina, y realizan un chantaje al orbe occidental: o les dan un porrón de dinero en diamantes, o harán volar una gran ciudad de Gran Bretaña o Estados Unidos por los aires. El número 2 de la organización criminal, Emilio Largo, será el maluto al que Bond deberá enfrentarse esta vez. Largo es interpretado por el italiano Adolfo Celi, buen actor sin duda y tipo no falto de carisma, pero ciertamente no es un Goldfinger o el Robert Shaw de Desde Rusia con amor.

Entre lo mejor del film, para los que consideren como yo que Sean Connery ha sido el mejor Bond posible, pues simplemente el poder disfrutar de su presencia una vez más. También algunas secuencias más inspiradas, casi todas ellas teniendo lugar en tierra firme, salvo la de la cama de masajes eléctrica. ¿Qué hace Bond pidiendo ayuda como una niña? Realista probablemente, pero queda poco heroico, vamos. Además de que técnicamente hoy en día se le saltan las costuras por todas partes. También a destacar la chica Bond de Operación Trueno, la francesa Claudine Anger, una de las chicas Bond más despampanantes de su época. No tiene el carisma de Pussy Galore, pero al menos ayuda a hacer más llevadero el film.

Sin duda Operación Trueno tiene sus defensores, y de hecho en su día superó en recaudación a todos los films anteriores, pero en mi opinión es el menos interesante de los que protagonizó Connery, dejando aparte Nunca digas nunca jamás, el remake de los 80 y que merece tratamiento aparte. Pero eso será en otra ocasión. Próxima parada: Sólo se vive dos veces.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Ain't Coming Home

Uno de esos grupos que probablemente habrían merecido más atención, sobretodo en la época de la explosión del rock escandinavo. Quizás les faltó ese disco redondo a rabiar...