jueves, 15 de octubre de 2015

El hombre de hielo (1984)

Siete años antes de que desenterraran al venerable Ötzi se estrenaba este precioso film de, nunca mejor dicho, ciencia ficción, en el que se fantaseaba con el encuentro entre un equipo de científicos que llevan a cabo una expedición en algún punto del Polo Norte y un neandertal atrapado en el hielo. Cual será su sorpresa cuando al descongelarlo para realizarle una autopsia se dan cuenta de que el hombre de las cavernas está volviendo a la vida.

El hombre de hielo se enmarca en el revival prehistórico de la primera mitad de los 80, auspiciado por la saga de El clan del oso cavernario y demás. Hija del revisionismo de las décadas anteriores tanto desde el punto de vista ecológico como el antropológico, en una época en la que ya se comenzaba a hablar de la posibilidad de resucitar mamuts y otras especies extinguidas, esta película nos enfrenta a ese debate pero utilizando un miembro de nuestro género, para identificarnos inmediatamente con el asunto y meternos de lleno en la historia. A través de este relato ficticio se nos presentan de forma indirecta temas cómo el del indigno trato que el hombre (el hombre blanco más concretamente) ha reservado a indígenas de varias épocas y lugares, así como el de la polémica de qué hacer con las tribus no contactadas que de cuando en cuando se van descubriendo en las selvas más impenetrables y los lugares más remotos.

De hecho en el film se menciona ese problema de las tribus aisladas; uno de los personajes principales, el antropólogo de la expedición  Stanley Shephard, verá su comportamiento hacia el ser de otra era influido por el remordimiento de haber fastidiado en el pasado una investigación con una tribu no contactada que acabó al parecer llevando gorras de béisbol y jugando al basket como aquellos africanos de Aterriza como puedas. Como decía, El hombre de hielo es hija de la corriente revisionista de los 60 y explota tópicos ya vistos en films anteriores. Como antropólogo, Shephard será el encargado de estudiar al neandertal, y poco a poco irá surgiendo entre ellos una entrañable amistad que acabará convirtiendo al científico en el defensor de los derechos del especimen, considerado como tal como era de esperar por la compañía internacional que financia la expedición, y que tan sólo ve en el hombre de las cavernas una oportunidad comercial.

En esa disquisición se mueve la trama de la película, mientras Shephard va ahondando en su relación con el neandertal al que apodan "Charlie". Como decía, un planteamiento poco novedoso, pero que está bien llevado, y que nos lleva a simpatizar con ellos, y emocionarnos cuando por ejemplo Charlie pregunta a Shephard por el paradero de su familia, sin ser consciente de que hace miles de años que han desaparecido de la faz de la tierra. Otro punto a favor del film es que a pesar de ser un cavernícola Charlie no es retratado como un simio descerebrado. No sabemos qué piensa de Shephard ni del lugar en que se encuentra (un vivero para pájaros con su vegetación y su cascada), pero no tarda en descubrir que hay gato encerrado, y que el gato resulta ser él. Con todo Charlie parece aceptar su condición, ya que no trata de huir hasta divisar un helicóptero, hecho que enlaza directamente con su pasado y el motivo por el que fue encontrado en tales latitudes, como después se verá. Cuando Shephard descubra ese motivo, acabará por ponerse totalmente del lado de Charlie, ayudándole a finalizar lo que dejó inconcluso cuando quedó atrapado en el hielo.

El guión de El hombre de hielo tiene sus fallos, aunque pequeños en mi opinión, y la trama está llevada con bastante inteligencia y por lo general bastantes dosis de realismo, atrapando fácilmente al espectador, y cuenta además con un bonito final, sencillo e imagino que no resultará una gran sorpresa, pero es de agradecer a veces una conclusión así, en una industria que gusta tanto de buscar el cierre más happy ending posible.

El hombre de hielo está dirigido por Fred Schepisi, director con una filmografía no muy extensa y ante todo cumplidora, al menos los films suyos que le he visto. Más que dejar su impronta parece más bien de esos directores artesanos que se ponen al servicio del guión, como pudieran ser ejemplos títulos como Roxanne, La casa Rusia o Criaturas feroces. En El hombre de hielo la dirección sigue en esa línea, aunque algunas secuencias destacan de tal modo que si le añadimos el hecho de que el proyecto estuvo ligado durante mucho tiempo a Norman Jewison (quien finalmente acabó ejerciendo sólo de productor en el film), me pregunto si el segundo no tendrá algún grado de responsabilidad en el acabado final.

El dúo protagonista cumple bastante bien; Timothy Hutton encarna al jipiesco doctor Shephard y un sorprendente y maquillado John Lone se mete en la piel del neandertal logrando un equilibrio que imagino no debió ser fácil de conseguir; en estos casos no es raro que se caiga en la caricatura, pero el futuro Pu Yi de El último emperador realiza un trabajo impecable, y al parecer tan realista como podía serlo un neandertal de ficción según los avances de la antropología a principios de los 80.

El hombre de hielo no es una cinta espectacular, pero es un más que logrado film de culto con una trama realmente interesante, y en cuya sobriedad radique posiblemente su valor. Algunos aspectos de la película quizás puedan resultar prototípicos, pero se han llevado adelante de forma lo bastante inteligente como para no caer en la repitición manida a escala industrial. No digo que quien se acerque a este título por primera vez vaya a encontrar la película de su vida, pero estoy seguro de que lo encontrará interesante y hasta algo sorprendente, como toda buena cinta de culto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

yo siempre he pensado, ¿que importa que llevaran gorras o jugaran al beisbol? , eran seres humanos, no simples objetos de investigacion. por otro lado, esta pelicula la daban en la dos, hara unos veinte años, de vez en cuando, preferentemente de madrugada.

Frodo dijo...

Interesante recomendación.
Cuando mencionaste eso de tribus no contactadas que terminan con gorras de beisbol, me hiciste acordar de "Los dioses deben estar locos".

Voy a ver esta cinta de culto que siempre se me escapó
Saludos!