martes, 18 de agosto de 2015

Perdición (1944)

No puedo hacer eso. ¡Hace falta actuar! ¿Me dirá cuando no lo esté haciendo bien? 
Fred MacMurray


En efecto, comentaba Billy Wilder que el bueno de Fred MacMurray no se sentía muy seguro protagonizando un thriller, terreno alejado del que hasta entonces había sido su terreno natural, la comedia (¿quién podría decirlo viendo los papeles que hizo para el austriaco?). También era la primera vez para Wilder, cuya exigua carrera como director se reducía también a un par de comedias y Cinco tumbas al Cairo, más próxima quizá al género de aventuras. Sin embargo el resultado fue espléndido, y Wilder se anotó su primer gran clásico.

La adaptación de Double Indemnity, novela de James M. Cain basada en un crimen real, había estado circulando por Hollywood desde los años 30, pero su espinoso contenido (una esposa que lía a un agente de seguros para que mate a su marido y así poder cobrar la indemnización) de cara a la censura había mantenido a los estudios al margen. Finalmente la Paramount se hizo con los derechos de la historia, ya que se les antojaba un vehículo ideal para Wilder. A pesar de que la Oficina Hays desaconsejaba rodar aquella historia, el proyecto siguió adelante. Wilder y su por entonces colaborador habitual Charles Brackett escribieron un tratamiento más idóneo de cara a los censores. Los chicos de Hays aún señalaron dos o tres detalles que debían ser eliminados (nada de escenas en la cámara de gas, toallas demasiado cortas) antes de seguir adelante. Por entonces Brackett decidió apearse de una historia demasiado sórdida para su gusto, y para cubrir su puesto el estudio contrató nada menos que a Raymond Chandler, uno de los maestros de la ficción detectivesca norteamericana. Sobre el papel una gran idea, pero su inexperencia escribiendo guiones, y el hecho de que a la postre él y Wilder acabaran llevándose fatal estuvo a punto de hundir el proyecto, sobretodo cuando Chandler dio un ultimátum al estudio para que el director y guionista se aviniera a un código de conducta en el que no hubieran mujeres pululando ni llamando por teléfono (creo que el autor de El sueño eterno tenía envidia del éxito de Wilder con las mujeres) y gorras puestas en la oficina: "No puedo trabajar con un hombre que lleva sombrero en una oficina. Tengo la sensación de que va a ausentarse en cualquier momento. Mr. Wilder me ordenó abrir la ventana. No dijo por favor..." 

A pesar de sus diferencias el guión final resultó magnífico, como aseguró el propio James Cain, que fue a verla varias veces entusiasmado y admitió que en algunos puntos incluso habían mejorado su novela; por cierto, curiosamente, Raymond Chandler detestaba toda la obra del autor de Double Indemnity. Los diálogos del film son por lo general excelentes; quizás no alcancen el nivel de obras posteriores de Wilder pero algunos de ellos, como el de las multas de tráfico, no habrían desencajado en labios del dúo Bogart-Bacall

Fred MacMurray puede descansar tranquilo; mantener el tipo ante todo un Edward G. Robinson (quien, no cabe duda, era mucho mejor actor que él) y sobretodo ante una inconmensurable (¿o debiera decir en su línea habitual?) Barbara Stanwyck, cuyo papel había sido escrito a su medida. Imposible que su rostro no quede grabado en la retina, especialmente esa expresión (casi sexual, como afirmó Cameron Crowe) cuando tiene lugar el asesinato de su marido, fuera de cámara. Tremendo.

Perdición, otro pedazo de cine atemporal.

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