jueves, 22 de enero de 2015

Buscando a Debra Winger

O creces o te destrozan. Debra Winger

En 1980 Debra Winger dejó sin aliento a Hollywood con su papel en Cowboy de ciudad, y de la noche a la mañana pareció convertirse en la gran dama de Tinseltown. ¿Quién ganaría el próximo asalto, ella o Meryl Streep? Su carrera siguió al alza con el megaéxito Oficial y caballero, y otros títulos de renombre como La fuerza del cariño, La viuda negra o El cielo protector. Hasta la legendaria Bette Davis (que como todos sabemos no iba regalando parabienes en sus declaraciones públicas así como así) tuvo buenas palabras para ella. Sin embargo en 1995 decidió que el nivel de los papeles que le llegaban no era el adecuado y decidió dejar la profesión. Aunque luego ha ido volviendo poco a poco, su nombre pareció quedar como sinónimo de gran estrella que de la noche a la mañana desaparece y nadie parece ya recordarla. La también actriz Rosanna Arquette, intrigada por este hecho, y planteándose el papel de las actrices maduras en la industria actual de Hollywood, la tomó como punto de partida para elaborar un documental que recabara las opiniones de muchas estrellas enfrentadas a un mismo problema: la disminución de papeles o el encorsetamiento en un eterno papel llegadas a cierta edad.

Leí alguna vez (no me pregunten dónde que no me acuerdo) que existían pocos seres más inseguros que una estrella de Hollywood, por lo volátil (además de voraz) que puede ser el trabajo. Como si trabajadores eventuales en Walmart o jardineros mejicanos indocumentados vivieran, paradójicamente, más despreocupados, quizás por el simple hecho de que cuanto más alto llegas, más dura será la caida. El temor a perderlo todo, ser consciente de que en un día eres famoso y al siguiente nadie te recuerda, parece fluir en el subconsciente colectivo del fastuoso Hollywood. Parece haber sido así desde Clark Gable hasta Mel Gibson, y sólo las personalidades más fuertes sobreviven, independientemente de que logren mantener su estatus o no. Y si esto es así para ellos, aún peor es para ellas. Con 35 ya son maduras y a los 45 ya son vejestorios. No cabe duda de que los actores maduros lo tienen más fácil para seguir trabajando.

Ésta es la línea argumental del documental, pero las actrices también tratan otros temas como la conciliación laboral y familiar, las presiones de la industria para ser moldeadas a gusto de la industria (y su relación las operaciones estéticas), diferencia de salarios entre ellos y ellas, y en definitiva todo aquello que tiene más o menos que ver con el machismo imperante en Hollywood. Quizás el principal lastre del documental sea que trate tantos temas en un metraje tan constreñido (realmente el visionado se pasa volando); algo más de metraje y profundidad creo que habrían estado bien. Aun así se vierten muchas opiniones y anécdotas interesantes, y hacia el final de la cinta Jane Fonda nos ofrece una preciosa descripción de la emoción de la interpretación, que en sus propias palabras, es estupenda para el alma y fatal para los nervios.

2 comentarios:

Ginebra dijo...

Pues tiene buena pinta ese documental de Arquette, al menos trata temas bastante interesantes referidos al mundo del espectáculo y las diferencias entre actores y actrices.
Opino que el mundo del cine es bastante superficial en lo que no se ve: en lo que se cuece fuera de la historia en sí. Yo creo que las actrices deben tener, por ejemplo, un miedo atroz a envejecer, sólo hay que ver los golpes de bisturí que llevan encima la mayoría. Estar sometidas a las leyes de la eterna juventud y la belleza debe ser estresante y frustrante a la vez.
Debra Winger me pareció siempre una mujer de gran personalidad y una muy buena actriz. Yo creo que su materia gris le daba para más y por eso abandonó de alguna forma el mundo del espectáculo... quizá yo también hubiese hecho eso.
En fin, que me enrollo, que el machismo es un pulpo enorme con enormes tentáculos y , aunque estemos en pleno siglo XXI, estas diferencias permanecen. Un horror y un error.
Besos

Luis Cifer dijo...

lo buscaré, gracias.