miércoles, 18 de junio de 2014

El último de la fila

Por desgracia, ¡ésa es la traducción! En fin, desde que nos dejó Dio yo no he vuelto a ver arcoiris por ningún lado.

domingo, 15 de junio de 2014

Mean Machine: Jugar duro (2001)

Bueno, ahora que hay fútbol por todas partes, los cinéfilos podemos unirnos a la comunión general viendo alguna cinta con el deporte rey como protagonista. Como ya hablé de una de las elecciones obvias, Evasión o victoria, y quizás una historia de huerfanitos como Once más uno resulte algo empalagosa para el verano, aunque salgan Pelé y John Huston, vamos con Mean Machine, un film sin pretensiones (no esperéis una dirección selecta o algún mensaje metacinematográfico o referencias a la obra de Truffaut, vamos) y en realidad bastante ramplón, pero con algún detalle aquí y allá que me tocó la fibra. La fibra más cafre y cervecera, por supuesto.


Mean Machine no es más que otra revisión de The Longest Yard (aquí titulada Rompehuesos), el clásico 70s que protagonizó Burt Reynolds, y que en el 2005 resucitó con Adam Sandler de por medio, con bastante poca fortuna. La cinta de Reynolds tiene esa pátina de cine de patillas gruesas de los 70 que difícilmente puede ser igualada (¿cómo superar un arranque a ritmo de Lynyrd Skynyrd?). Mean Machine tampoco iguala a la original, pero al menos conserva algo de ese espíritu irreverente del que hacía gala el pequeño clásico setentero.

En Mean Machine pasamos del fútbol americano al fútbol europeo, ya que la película no deja de ser un vehículo para el lucimiento del ex-futbolista marrullero Vinnie Jones, quien hacía pocos años había debutado en la pantalla grande de la mano de Guy Ritchie. El bueno de Vinnie no necesitaba mucho para parecer igual de duro que en el área, así si a eso le sumamos su pasado como jugador de fútbol, pues sí, era el tipo ideal para llevar la historia de Rompehuesos al clima europeo. La trama es la misma: una estrella del fútbol caída en desgracia tras aceptar un soborno para dejarse ganar acaba en la cárcel, donde se verá obligado a formar un equipo para competir contra los guardias de la prisión. Por supuesto su alienación será de lo más variopinta, y como reza el inestimable subtítulo español, sí, el partido en cuestión será duro, pero ello no es óbice para el humor se deje ver aquí y allá.

Evidentemente Mean Machine es un título ideal para los fans del Vinnie Jones actor, porque ciertamente esto no es una cinta de Guy Ritchie. Pero personalmente si por algo recomiendo esta peli es por Jason Statham, a quien dejan volar libre en un papel de recluso sicótico al que conocen como "Monje". Desde luego es uno de sus mejores papeles de lejos; al no tener que poner cara de duro todo el tiempo, Statham nos muestra su vis cómica cuando en unas escenas delirantes al "Monje" le da por dar rienda suelta a la imaginación visualizando cómo rompe huesos y chafa cráneos por doquier. Statham no sale demasiado, pero cuando aparece en pantalla la película desde luego gana enteros. Su colección de caretos sicópatas durante el partido no tiene precio. Estoy seguro que los fans de Jason sabrán apreciar su actuación en este film.

Y eso es todo. Mean Machine, un film ligero e intrascendente para días ligeros e intrascendentes. Lástima que a Statham no le dieran un Oscar, pero ya se sabe que ahí todo es política. En fin, no me resisto a acabar esta reseña sin poner una foto de Vinnie en sus días de gloria, "marcando" a Paul Gascoigne. ¡Ah, me parece que él era el auténtico "Monje"!

viernes, 13 de junio de 2014

Yendo a Brasil

Creía que el himno del mundial este ya estaba hecho. En fin, como esto de los mundiales se está volviendo cada vez más abstracto, espero con ansias a que resulte elegido Nepal como sede cualquier edición de estas.

Junto al río

Todo empezó con unas fiebres en Topanga Canyon.
The yellow king is gone but is not forgotten.

miércoles, 11 de junio de 2014

La niebla (2007)

Supongo que no hay nada peor para un artista que el hecho de que el público espere un mismo tipo de obra una y otra vez, como aquel libro, disco o película que tanto le fascinó en un principio. Realmente para el autor una presión así no es algo justo. Pero la verdad es que respecto a Frank Darabont, participaría con gusto en una petición de change.or o en un referéndum popular para obligarle a pasar el resto de sus días adaptando obras de Stephen King. No creo que se pueda poner pega alguna a su particular trilogía de adaptaciones del maestro del terror: Cadena perpetua, La milla verde, y La niebla. El propio King ha alabado todas y cada una de ellas. Por el momento Darabont ha centrado sus esfuerzos como director y productor en la televisión, pero, maldita sea, ojalá volviera a epatarnos con otra historieta de King.

La niebla ha sido la adaptación más preciada de Darabont, la cual ha cultivado como una perla durante 20 años, con un final ideado por el propio Darabont que iba más allá del final original del relato de King, y que éste aprobó inmediatamente. Por ello el director y guionista se aseguró antes de rodar de que la productora, Dimension Films, se aviniera a respetar su guión de cabo a rabo. Y el rabo en cuestión (vaya) podía ser polémico, pero Dimension aceptó, por suerte.

La niebla es una de las típicas tramas de King donde un hecho sobrenatural o estremecedor se cuela en un entorno de lo más cotidiano. En esta ocasión el elemento terrorífico es una extraña niebla que se cierne sobre un pequeño pueblo de Maine. Algunos de sus habitantes, que se hallan de compras en el supermercado local, se ven rodeados por ese extraño y, al parecer, peligroso fenómeno. Los clientes se verán obligados a quedarse encerrados en el supermercado, o tratar de adentrarse en la niebla y tratar de hallar una vía de escape. 

La trama del film se centra en aquellos que deciden quedarse, y en cómo todo lo que va sucediendo fuera afecta a las relaciones entre ellos, y como cada uno trata de lidiar con sus miedos y los peligros que acechan. Nada puede llevar al extremismo más rápido que el pánico y el miedo a lo desconocido, y muy pronto la frágil unidad de los clientes comenzará a resquebrajarse a medida que la amenaza exterior se vuelve más y más real. Y precisamente más que la amenaza en sí (la cual es, por otra parte, fascinante), lo mejor de la película es la evolución de los clientes a nivel individual, y como grupo, aislados y vulnerables, las relaciones o inquinas que surgen entre ellos, y el poder comprobar una vez más que ante una grave amenaza, cuando la vida está en juego por ejemplo, en un colectivo siempre habrá una parte que sucumba a sus instintos y al miedo, un abono más que eficaz para plantar el fanatismo.

La niebla, un film realmente excelente, con un final de los que no se olvidan. Electrizante, áspera, conmovedora, inquietante. ¿El mejor film en su género en mucho tiempo? Probablemente. Recomendabilísima, como todo lo que lleve el sello Darabont-King.

sábado, 7 de junio de 2014

¡Hatari! (1962)

Decía Robin Wood en su libro sober Howard Hawks que probablemente ¡Hatari! no sería la película que uno elegiría para convencer a alguien de la grandeza cinematográfica del director, y tiene razón, aunque seguramente también lo sea que tras rodar un film como Río Bravo todo lo que le siguiera habría de verse empequeñecido por fuerza, más tratándose de una ligera cinta de aventuras con altas dosis de comedia romántica. Con todo, la espectacularidad de sus secuencias de caza (y dada la complejidad que entrañaba rodar con animales salvajes) es una buena muestra de lo que valía Hawks y lo que se podía hacer en una época en que no había ordenadores y, también es cierto, a cambio de algunos buenos fajos de billetes un equipo de rodaje podía disponer de un safari particular.


La idea original había sido juntar a John Wayne con Clark Gable, dos veteranos cazadores que pelearían por una bella chica que llegaría al lugar para retratar cómo se atrapaban animales para un zoo. Sin embargo la Paramount vetó la idea y esa trama quedó para un par de secundarios; ahora todo giraría alrededor de Wayne, un cazador a quien una chica rompió el corazón, y su relación con la pizpireta fotógrafa que llega a África para echar unas fotos al equipo de cazadores en acción. Es el arquetípico Wayne que hemos visto otras veces: un tipo duro (y distanteo o desdeñoso con las mujeres) por fuera pero sensible por dentro, aunque en esta ocasión el personaje queda más humanizado en comparación con alguno de sus duros "cowboys".

¡Hatari! aunque cuenta con un reparto bastante sólida no deja de ser un vehículo para Wayne, quien con su carisma se encarga de dejar claro por qué él es la estrella, dejando fuera de juego a secundarios tan sólidos como Hardy Krüger o el veterano Bruce Cabot; tan sólo Red Buttons logra resistir algún envite gracias a su vis cómica, ya que el guión le señala como el personaje más puramente humorístico. Por supuesto la elegantemente bella Elsa Martinelli también destaca no sólo por ser la mujer en un reparto de hombres y el objetivo romántico de Wayne, sino que ofrece una gran interpretación como la chica urbana pero con coraje que acabará irremediablemente atraída por el gran cazador con alma de niño; lástima que como muchos otros personajes femeninos de la época los clichés que la rodean chirríen a día de hoy en más de una ocasión.

Bien, si de crío el plano frontal de un rinoceronte en plena carrera corneando el lateral de un camión me dejó anonadado, a día de hoy las escenas de caza siguen causando un efecto similar; en muchas ocasiones nada puede funcionar mejor que lo real, y en 1962 si querías rodar a un equipo cazando rinocerontes, tenías que tener a un equipo cazando rinocerontes, y eso es justo lo que vemos. Hoy en día no creo que estuviera muy bien visto que un equipo de rodaje se fuera de safari a acosar a los animales de la sabana de Tanzania, pero bueno, creo que ni rinocerontes ni actores salieron heridos, y eso que cuando vemos a Wayne tirando de una cuerda atrapando a un rinoceronte es justo lo que estaba haciendo; los actores se mezclaron entre los especialistas a la hora de meter a las bestias en las jaulas. De hecho cuando en cierta secuencia se les escapa un rinoceronte, lo que vemos es justo lo que pasó: el animal logró evadirse de las cuerdas y los actores tuvieron que atraparlo otra vez. Todo mientras Hawks no dejaba de rodar.

Para los fans de Hawks o Wayne no creo que haga falta venderles ¡Hatari!, pero para el resto puede decir que el film ofrece varias cosas interesantes: realistas y espectaculares escenas con animales salvajes como pocas veces podréis ver, una de las más famosas composiciones de Henry Mancini (la ultrajuguetona "Baby Elephant Walk"), una ligera y sociológica trama romántica de principios de los 60 y, bueno, quizás, habría de añadir las largas y esbeltas piernas de la Martinelli. No hay jirafas que puedan competir con eso.