domingo, 30 de noviembre de 2014

El monstruo de tiempos remotos (1953)

Entre las ruinas del muelle de Venice, donde Ray Bradbury vivía con su esposa, emergía lo que otrora fue una orgullosa montaña rusa. "Me pregunto que hace ese dinosaurio ahí tumbado", dijo Bradbury, quien se encontraba paseando por la playa con su mujer. Mrs. Bradbury prefirió no contestar, quizás tratando de mantener la atmósfera romántica de la velada. Aquella noche, Ray se despertó en mitad de aquella noche neblinosa. La sirena que servía de aviso para los barcos con baja visibilidad cumplía su función a la perfección. Y entonces todo cobró sentido: el escritor imaginó a un dinosaurio que acudía a la llamada de la sirena, confundiéndola con alguna compañera de especie, tan sólo para encontrar, desolado, que sé trataba de alguna misteriosa construcción parlante. Fue así como nació The Beast from 20,000 Fathoms, el relato corto que daría pie a este pequeño clásico de la ciencia ficción.

El relato llamó la atención de una pequeña productora donde decidieron que la historia del dinosaurio y el faro daría para una película. Dicen que Bradbury llegó al plato para ayudar con un guión que no sabía había sido inspirado por su relato. Cuando señaló las más que aparentes coincidencias entre el guión y su relato, los productores no tardaron en ofrecerse a comprar los derechos, quizás más por lo atractivo de su renombre que por hacer lo justo. El caso es que para dar vida a la criatura el hombre indicado parecía ser Ray Harryhausen, cuyo trabajo junto al maestro de la animación Willis O'Brien en Mighty Joe Young había merecido un premio de la Academia. Bradbury estuvo encantado de reecontrarse con Harryhausen; ambos eran viejos amigos unidos entre otras cosas por su pasión por los dinosaurios y King Kong.

El monstruo de tiempos remotos fue el primer gran trabajo de Harryhausen, el punto de partida de una prolífica carrera en la que no tuvo rivales en cuanto al stop motion se refiere. Con este film introdujo su técnica del "sandwich"; para explicarlo de forma resumida, se trababa de una animación del muñeco interpuesta entre dos grabaciones reales, integrando así a su muñeco animado en imágenes filmadas. Con los años iría perfeccionando sus criaturas y su técnica hasta límites insospechados, pero la base de todo lo que habría de venir estaba aquí.

El film no deja de ser otra producción de serie B de la época, aunque su guión es más consistente que el de otras cintas similares. Con todo lo que realmente importa aquí es ver a la criatura en acción, un viejo dinosaurio despertado por una explosión nuclear que acaba sembrando el pánico en las calles de Nueva York. La verdad es que aparte de su aparente predisposición natural a destrozar cosas más que a buscar comida, no me extraña que estos bichos gigantes, confusos y perdidos en un ambiente extraño, reaccionen mal cuando nada más llegar ya tienen a la policía y al ejército disparándole a mansalva. Sorprende también la profesionalidad y calma con la que la policía apunta sus rifles a la criatura. Me pregunto si en Nueva York tenían un protocolo antidinosaurios, o simplemente aplicaban el de hombre negro escapado de Harlem. Y, efectivamente, con la mandanga nuclear de por medio, parece que el film inspiró un año después la mítica Godzilla.

En fin, El monstruo de tiempos remotos es otro entretenido film con bicho destructor de por medio que destaca por tener a Harryhausen en las labores de efectos especiales y a Lee Van Cleef con todo su pelo en un pequeñito papel. Entretenimiento sin ínfulas para toda la familia y stop motion hecho arte. No hace falta más para un domingo lluvioso como éste.

3 comentarios:

Alí Reyes dijo...

Tremendo escritor.tiene una frase buen{isima y es que la ciencia ficci{on es el nieto robótico de la anciana tradición oral.
.....
¿Leíste el enlace a la entrada que te reomendé?

José Fernández dijo...

De las primeras pelis que grabe en VHS... Ay, me has hechado 20 años de golpe en la chepa...

Möbius el Crononauta dijo...

Alí, creo que le eché un vistazo, pero últimamente no ando muy sobrado de tiempo para visitar otros blogs.

José Fernández: bueno, ¡supongo comparto el peso de la chepa!