jueves, 18 de septiembre de 2014

No hay salida (1987)

Creo que quizás fue No hay salida la película que me abrió los ojos a otro tipo de cine, uno en el que no había guerreros con espada, wookies o bichos que si los mojabas o les dabas de comer después de la medianoche se montaba el pifostio navideño definitivo. No estoy seguro de haber entendido realmente toda su trama la primera vez que la vi, pero recuerdo que todo el asunto ese de la polaroid y el giro argumental final me dejaron bastante epatado.

No hay salida es una adaptación actualizada a la Guerra Fría de la novela The Big Clock, que ya había sido llevada a la pantalla en los años 40. Pero en vez de periodistas aquí tenemos a un Secretario de Defensa y uno de sus agregados, Tom Farrell, un teniente de la Marina, quienes, sin saberlo, comparten amante. Cuando el Secretario acaba con ella en un ataque de celos, le encargará al teniente que resuelva el asunto, disparando así el arranque del viejo juego del ratón y el gato, sólo que un poco más enrevesado.

No hay salida es uno de esas cintas de suspense con espías de por medio y demás que sirvió como puente entre el thriller de denuncia de los 70 y la edad de oro de adaptaciones de Tom Clancy y derivados de comienzos de los 90. Como muchos otros films del estilo, No hay salida es clara hija de su tiempo, "la era Reagan", y cierto auge en la demanda de historias de contraespionaje y demás, justo cuando a la Unión Soviética ya no le quedaba mucho. La verdad es que la actualización del mundo periodístico al ambiente del Pentágono encajó como un guante, y Roger Donaldson (en mi opinión, uno de esos directos de "cal y arena") la dirigió con notable pulso y buen hacer.

Por supuesto, No hay salida es además el título que se suele citar como el empuje definitivo de la carrera de Kevin Costner hacia el estrellato, convirtiéndose en uno de los tipos sexy por excelencia y multiplicando en nuestro país los bautizos con su nombre de pila como protagonista. El buen hombre nunca ha sido Laurence Olivier, pero con su presencia y cuando es dirigido con sabiduría, creo que Costner ha sabido dar la talla en varias ocasiones, aunque también es cierto que es de esos intérpretes en que el doblaje le ha ayudado mucho. A mí por lo menos siempre me parece mejor actor doblado que en original. En fin, además de Costner aparece el gran Gene Hackman como el Secretario de Defensa, uno de esos papeles malvados (aunque aquí creo que cabría hablar más bien de claroscuros) que ya podía hacer con los ojos cerrados, y Sean Young, una de las musas ochenteras por excelencia. Y añadiré también a Will Patton, un secundario con tendencia también a hacer malvados que me gusta bastante siempre que le veo.

Bueno, no garantizo que hoy en día No hay salida impacte del mismo modo como cuando la vi por primera vez, pero sigue pareciéndome un buen film, entretenido y con una trama suspensoria más que interesante. Por cierto, los planos aéreos que abren y cierran el film son excelentes, y me sorprendió comprobar lo cerca que estaba el Pentágono del Monumento a Lincoln; yo me lo imaginaba en mitad de un bosque sombrío custodiado por elfos o algo así.

3 comentarios:

David dijo...

Deduzco por esta entrada que eres más joven que yo, porque si no estabas seguro de haber entendido su trama la primera vez igual eras un crío.
A mí me gustó (y Sean Young ayudó no poco), pero me gustó muchísimo más la novela original. No he visto la adaptación que hicieron con Laughton y ¿era Milland? A ver si cae algún día.
Un saludito.

Tarquin Winot dijo...

La vi hace poco otra vez y el tiempo ha sido bondadoso con ella. Sus trucos siguen funcionado, el reparto está perfecto (Sean Young, diosa entre las diosas)y la dirección de Donaldson sihue siendo modélica. Una joyita a revisar.

Möbius el Crononauta dijo...

David: imagino que deduces bien. No he leído la novela, tarea pendiente, como el film de Laughton, por cierto.

Tarquin: Pues sí, a diferencia de otras cintas de la época, esta aguanta el paso del tiempo.