viernes, 15 de agosto de 2014

Maniac (1980)

Joe Spinell, menudo tipo. En estos tiempos tan políticamente correctos y tan homogéneos realmente se echa de menos a alguien como él, uno de esos actores de carácter cuyo rostro jamás olvidas, aunque sólo le hayas visto una vez en tal o cual escena. Desde luego difícilmente alguien como él habría conseguido un papel de galán (aunque se salió de sus estereotipos en más de una ocasión), pero como secundario del tipo intimidante no tenía rivales. Incluso cuando simplemente hacía de empleado en una compañía de taxis como en Taxi Driver, uno no podía evitar fijarse en él. Pero desde el punto de vista más creativo y personal, si Spinell nos dejó un legado como actor sin duda fue Maniac.

Tanto Spinell como su amigo y director, William Lustig, eran fans del cine de terror. Muchas veces iban al cine juntos (en cierta ocasión Joe no tuvo reparos en llevar a un avergonzado Lustig a ver un film de su novia, y futura esposa, Jean Jennings, actriz de cine para adultos; aunque no sé por qué se azoró tanto si Bill debutó en el cine porno como director según tento entendido) y veían chapuceras cintas de terror como tantas se hacían por aquella época. Maniac nació del convencimiento de ambos de que por el mismo presupuesto ínfimo podían hacer un film de terror mucho mejor. Por supuesto Lustig sería el director y Spinell se aseguró el papel protagonista, además de escribir el guión y participar como productor.

El rodaje fue rápido y barato, con un equipo muy reducido y no todos los permisos necesarios para rodar algunas secuencias. Varias de las actrices secundarias que ejercerían de víctimas fueron reclutadas en el mundo del porno, para ahorrar costes, aunque alguna podría dar lecciones a víctimas de otros films. Eso sí, como coprotagonista Spinell se aseguró la aparición de la divina Caroline Munro, lo cual es de agradecer. A pesar del bajo presupuesto el film se beneficiaría de las artes de Tom Savini, hoy una leyenda de los efectos especiales que contribuyó con sus artes en varios clásicos del slasher y el terror entre los 70 y los 80 especialmente.

Contemporánea de un clásico como Viernes 13, la cinta de Lustig destaca por su retrato más realista del protagonista psicópata y una violencia mucho más gráfica, lo que los entendidos etiquetarían quizás como un film a medio camino entre el slasher y el splatter. Más gráfica pero no por ello más fantasiosa; del excelente resultado de los asesinatos de las pobres víctimas de Spinell en su alter ego del maníaco Frank Zito es buena prueba la polémica que envolvió al film tras su estreno, con grupos de feministas y otras gentes sensibles llamando a boicotear la película y echando pestes de todo lo que tenía que ver con Maniac (como podéis comprobar en este enlace). Sí, las muertes en Maniac no son tan cómodas como las de cualquier slasher al uso; si a su enfoque crudo le añadimos el inquietante rostro de Spinell con sus ojos abiertos perdido en una mirada de sádico placer, bueno, ahí tenemos una combinación explosiva para fomentar la incomodidad en el espectador. Realmente hoy en día todo lo que podamos ver en Maniac ha sido superado con creces en cuanto a nivel de violencia, depravación o festejo gore, pero aquellos eran otros tiempos, y realmente el film tenía algo pertubador que no podía encontrarse en las cintas de Herschell Gordon Lewis, por ejemplo. Curiosamente Spinell fue el primer sorprendido por toda aquella polémica, y el rechazo de muchas mujeres al film realmente le dolió, de tal manera que cuando años después puso en marcha una secuela de Maniac (que no llegaría a completarse), su psicópata se reconvirtió en un justiciero asesino de padres maltratadores.

Curiosamente la muerte más salvaje del film no era la de una mujer, sino la de un pobre tipo discotequero (interpretado por el mismo Tom Savini) en la que seguramente sea la secuencia más memorable de la película. El hombre está con su ligue en el coche, a la manera tradicional que todos conocemos, cuando aparece Zito armado con un rifle de dos cañones, ¡y patabum! le vuela la cabeza al pobre Savini. Todo rodado a una suculenta cámara lenta. El trabajo de los efectos especiales de Savini es espectacular; había ejercido como fotógrafo de guerra en Vietnam, con lo que había visto todo lo que se pueda ver sobre la muerte y la violencia. Sin duda un gran aprendizaje para un futuro creador de efectos especiales. Para asegurarse de que la escena de la voladura sesera salía bien, fue el propio Savini quien se puso en el papel de Zito para volarse a sí mismo la cabeza. Enternecedoramente profesional.

En fin, Maniac es un título de culto por muchos motivos, entre los que destacan obviamente su incómoda violencia y sobretodo un enorme Joe Spinell retratando a un torturado Frank Zito aparentemente dominado por el recuerdo de su madre como un Norman Bates de los 80, y por el subsecuente impulso misógino para cobrarse nuevas víctimas, castigándolas por algún pecado imaginario que en su mente se confunde con el puritanismo, una dependencia insana de una madre y traumas infantiles, resumidos en esa mítica frase del film, "I warned you not to go out tonight". La verdad es que dudo que ninguna máscara de hockey o maquillaje de rostro quemado pueda competir con la simple anatomía de Spinell, y esos ojos fijos que son como una puerta abierta al terror y la locura. Como decía, en el cine gore y demás subgéneros del estilo la frontera de Maniac hace mucho que quedó atrás, amén de presupuestos y avances tecnológicos. Pero amigos, alguien como Joe Spinell jamás podrá ser superado. Por todo ello Maniac es una película ineludible, especialmente en esas noches en que uno tiene la sensación de que las esquinas sombrías albergan algún tipo de amenaza y es mejor quedarse en casa.

Por último, para los más curiosos, no dejen de indagar las conexiones entre este film y una cinta como Flashdance. Eso sí que es inquietante.