miércoles, 6 de agosto de 2014

La ciudad desnuda (1948)

The Naked City nació de una historia de amor, la del productor Mark Hellinger por el cine y por Nueva York. Hellinger, aquejado de una enfermadad cardiaca congénita, no vivió para verla estrenada, pero parece como si hubiera sabido que el tiempo se le acababa y decidió dejar como epitafio este film noir que se alejaba del estilo de los detectives duros y los villanos maníacos para adentrarse en un estilo más realista, con la Gran Manzana como telón de fondo.

Como muchos otros títulos del cine negro La ciudad desnuda comienza con un crimen, y un narrador (en este caso el propio Hellinger) nos pone en situación. El hecho diferenciador es que en esta cinta se sigue paso a paso todo el procedimiento de investigación, desde que se reporta el crimen hasta que se descubre al asesino. Aquí no hay lugar para un Sherlock Holmes o un duro Sam Spade; tan sólo policías con más o menos intuición y mucho trabajo duro interrogando a testigos y pateando calles. Por todo ello el estilo semidocumental es más que patente, aunque para ayudar a la digestión de un producto tan inusual los guionistas no dudaron en meter algún toque de humor aquí y allá para relajar las cosas. 

Uno de los grandes alicientes del film es que se rodó en localizaciones reales, y es que en cuanto a decorados se refiere todos se quedan enanos frente a la inconmensurable Nueva York. En aras del realismo el equipo rodó muchas secuencias con una cámara oculta, mientras algunos ganchos distraían al gentío por si las moscas. Con un eficiente trabajo por parte del director, Jules Dassin, la fotografía del film está a medio camino entre el neorrealismo italiano y un número de la revista Look, para la cual, por cierto, un joven Stanley Kubrick estuvo tomando fotografías durante parte del rodaje.

En el apartado interpretativo no hay demasiado que decir, salvo que Barry Fitzgerald se merienda a todo el mundo que se pone a su lado con una sorprendente naturalidad. Cosa que supongo no es sorprendente.

Supongo que para muchos con citar el nombre de Dassin será suficiente para interesarse por este atípico film policíaco. Quizás no sea El halcón maltés, pero su aproximación realista a la trama, el uso de las localizaciones y un climático final en el puente de Williamsburg a lo Hitchcock bastan para hacer de este film un título a tener en cuenta dentro del cine negro.

No hay comentarios: