sábado, 7 de junio de 2014

¡Hatari! (1962)

Decía Robin Wood en su libro sober Howard Hawks que probablemente ¡Hatari! no sería la película que uno elegiría para convencer a alguien de la grandeza cinematográfica del director, y tiene razón, aunque seguramente también lo sea que tras rodar un film como Río Bravo todo lo que le siguiera habría de verse empequeñecido por fuerza, más tratándose de una ligera cinta de aventuras con altas dosis de comedia romántica. Con todo, la espectacularidad de sus secuencias de caza (y dada la complejidad que entrañaba rodar con animales salvajes) es una buena muestra de lo que valía Hawks y lo que se podía hacer en una época en que no había ordenadores y, también es cierto, a cambio de algunos buenos fajos de billetes un equipo de rodaje podía disponer de un safari particular.


La idea original había sido juntar a John Wayne con Clark Gable, dos veteranos cazadores que pelearían por una bella chica que llegaría al lugar para retratar cómo se atrapaban animales para un zoo. Sin embargo la Paramount vetó la idea y esa trama quedó para un par de secundarios; ahora todo giraría alrededor de Wayne, un cazador a quien una chica rompió el corazón, y su relación con la pizpireta fotógrafa que llega a África para echar unas fotos al equipo de cazadores en acción. Es el arquetípico Wayne que hemos visto otras veces: un tipo duro (y distanteo o desdeñoso con las mujeres) por fuera pero sensible por dentro, aunque en esta ocasión el personaje queda más humanizado en comparación con alguno de sus duros "cowboys".

¡Hatari! aunque cuenta con un reparto bastante sólida no deja de ser un vehículo para Wayne, quien con su carisma se encarga de dejar claro por qué él es la estrella, dejando fuera de juego a secundarios tan sólidos como Hardy Krüger o el veterano Bruce Cabot; tan sólo Red Buttons logra resistir algún envite gracias a su vis cómica, ya que el guión le señala como el personaje más puramente humorístico. Por supuesto la elegantemente bella Elsa Martinelli también destaca no sólo por ser la mujer en un reparto de hombres y el objetivo romántico de Wayne, sino que ofrece una gran interpretación como la chica urbana pero con coraje que acabará irremediablemente atraída por el gran cazador con alma de niño; lástima que como muchos otros personajes femeninos de la época los clichés que la rodean chirríen a día de hoy en más de una ocasión.

Bien, si de crío el plano frontal de un rinoceronte en plena carrera corneando el lateral de un camión me dejó anonadado, a día de hoy las escenas de caza siguen causando un efecto similar; en muchas ocasiones nada puede funcionar mejor que lo real, y en 1962 si querías rodar a un equipo cazando rinocerontes, tenías que tener a un equipo cazando rinocerontes, y eso es justo lo que vemos. Hoy en día no creo que estuviera muy bien visto que un equipo de rodaje se fuera de safari a acosar a los animales de la sabana de Tanzania, pero bueno, creo que ni rinocerontes ni actores salieron heridos, y eso que cuando vemos a Wayne tirando de una cuerda atrapando a un rinoceronte es justo lo que estaba haciendo; los actores se mezclaron entre los especialistas a la hora de meter a las bestias en las jaulas. De hecho cuando en cierta secuencia se les escapa un rinoceronte, lo que vemos es justo lo que pasó: el animal logró evadirse de las cuerdas y los actores tuvieron que atraparlo otra vez. Todo mientras Hawks no dejaba de rodar.

Para los fans de Hawks o Wayne no creo que haga falta venderles ¡Hatari!, pero para el resto puede decir que el film ofrece varias cosas interesantes: realistas y espectaculares escenas con animales salvajes como pocas veces podréis ver, una de las más famosas composiciones de Henry Mancini (la ultrajuguetona "Baby Elephant Walk"), una ligera y sociológica trama romántica de principios de los 60 y, bueno, quizás, habría de añadir las largas y esbeltas piernas de la Martinelli. No hay jirafas que puedan competir con eso.

No hay comentarios: