miércoles, 17 de diciembre de 2014

Mi Tintín Dream Team

Al final Tintín volvió al cine y lo hizo en animación y no en acción real, lo cual seguramente fuera un acierto. Aquellas viejas películas que parecían hechas expreso para inesperados tiempos muertos en el colegio o para el bús que te llevaba de excursión escolar dejaban bastante desear. Con todo, ¿cómo habría sido el reparto de una película de Tintín con actores de renombre? Bueno, ahí va mi pequeño juego mental, aunque, lo reconozco, he hecho algo de trampas con mi fiel máquina del tiempo. Lean si quieren y, si se sienten juguetones, propongan su propio reparto.

Tintín: Sin duda el más difícil. ¿Se habría prestado el hermano de Hergé a meterse en el papel? En fin, quizás el Peter O'Toole de Lawrence de Arabia a lo mejor habría servido. No tiene un toque muy adolescente que digamos, pero bueno, ¡mejor que el polainas de Las naranjas azules seguro que es!
Capitán Haddock: Este lo tenía bastante claro. Tanto por personalidad, talento, carisma, y aficiones en el tiempo libre, mi candidato ideal para interpretar a Haddock sería el gran Oliver Reed, con su barba, sus arranques temperamentales y su whiskey.
Tornasol: Puf, este ha sido todo un quebradero de cabeza. ¿Qué actor podría encajar en el papel del despistado y teniente Tornasol, y que tuviera bastante vis cómica para proporcionar esos momentos de disensión que da el amigo Mariposa en los cómics? Por ejemplo Peter Sellers sería un perfecto ausente y despistado, pero cierto es que también he pensado que Sellers podría en realidad encarnar a él sólo a todos los personajes que aparecen por aquí, así que en cierto modo Sellers está propuesto en todas y cada una de las categorías. Finalmente he decidido tirar por otro camino y pensar en actores que hayan hecho de Trotsky, por eso del parecido entre el científico duro de oído y el temible comunista, y bueno, ya para cerrar el círculo Sellers, ¿por qué no elegir a Geoffrey Rush? ¡Sería curioso verle haciendo de Tornasol!

Hernández y Fernández: ¿Qué tal Sacha Baron Cohen y aquel gendarme de Allo Allo?



Néstor: Éste personaje ha sido un verdadero quebradero de cabeza. He intentado recorrer mentalmente mayordomos famosos en el cine o la televisión pero ninguno me acababa de encajar. Luego quise decidirme por aquel actor español que solía hacer de mayordomo pero no recordaba su nombre. Así que como al fin y éste sería un reparto imposible en el espacio-tiempo al final he recurrido al Charles Laughton de Nobleza obliga. Creo que encaja bastante bien con el tipo de Néstor.
Bianca Castafiore: Con su eterno aire de despiste, glamour y porte aristocrático, Margaret Dumont, la actriz fetiche de las películas de los hermanos Marx, sería una estupenda Castafiore, la cantante de ópera que Haddock no puede soportar, aunque sería más cercana a la cantante de los primeros álbumes que a la insoportable y tiránica diva de Las joyas de la Castafiore.

Rastapopoulos: En un principio me había venido a la cabeza Mariano Peña, no sé muy bien por qué, pero bueno, por aquello de mantener el tono hollywoodiense, ¿quién mejor que Sydney Greenstreet, el villano de El halcón maltés, para meterse en la piel del malvado potentado griego?



Capitán Allan: Para dar vida al gran enemigo de Haddock y mano derecha de Rastapopoulos, el capitán Allan, siempre pienso en Robert Mitchum, al que el malvado Allan me recuerda bastante. Por otro lado también creo que Michael Madsen también podría encajar muy bien en el papel, así que como no acabo de decidirme propongo a los dos, y el que menos caché pida, ¡pues a ése se lo doy!

Profesor Ciclón: La verdad es que si me imagino a Mariano Rajoy con chistera siempre creo ver al profesor Ciclón, el excéntrico y locuelo arqueólogo de Los cigarros del faraón. Aunque como no sé si el político estaría por la labor de hacer payasadas y posar en gayumbos, creo que sería mejor decantarme por John Cleese, quien a parte de llevar ligueros de hombre con mucha dignidad, su vis cómica le iría muy bien al personaje.
Tchang: para interpretar al joven amigo de Tintín en El loto azul y Tintín en el Tíbet, y como no soy muy ducho en actores juveniles asiáticos, sólo me viene a la cabeza Ke Huy Quan, al que todos recordamos por El templo maldito y Los Goonies.
J.W. Dawson: Para interpretar a el corrupto jefe de la policía de la Concesión Internacional en El Loto azul, que luego reaparecería en Stock de Coque, he imaginado que le iría bien un británico elegante que no haya tenido problemas en meterse en el papel del villano de la historia. Así que he pensado que Alan Rickman podría ser un buen candidato para el puesto.
Mitsuhirato: para el gran villano japonés de El loto azul, que en manos de Hergé se convirtió en el arquetipo del nipón malvado y cruel, había pensado que el mejor actor para el papel sería cualquiera de aquellos actores asiáticos (o mejor aún, occidentales maquilaldos) que poblaron las películas patrióticas de Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial. Pero como por desgracia no estoy muy versado en villanos estrambóticos de la época, recurro al joven Ryuichi Sakamoto de El último emperador para dar vida al agente secreto de Japón en la convulsa china de El loto azul.

Alonso y Ramón: Como Ramón, el alto de la pareja de villanos de La oreja rota, siempre me recuerda al cómico italiano Ciccio Ingrassia, pues se me antoja que el duo cómico italiano formado por él y Franco Franchi podrían ser unos Alonso y Ramón interesantes.

General Alcázar: Quizás Danny Trejo sería un buen duro general Alcázar, pero cuando pienso en el divertido general calzonazos de Tintín y los pícaros sólo me viene a la cabeza el nombre de Dan Hedaya.


General Tapioca: Apenas terciario en La oreja rota, el gran rival del general Alcázar cobraba más protagonismo en Los pícaros. Y observándole atentamente, no sé, creo que añadiéndole un buen bigote el mítico Telly Savalas podría haber sido un buen General Tapioca.
Ridgewell: Para el papel del explorador inglés perdido que vive entre los Arumbayas en La oreja rota, nadie mejor que un Sean Connery mayor con barba y melenita, al estilo de Medicine Man.
Doctor Müller: Este barbudo enemigo de Tintín se le enfrentaba en La isla negra y En el país del oro negro, y necesita por ejemplo de un secundario carismático y de corte duro, como por ejemplo el pétreo Michael Ironside, quien se ha fraguado en mil pelis y series.

Coronel Boris/Jorgen: Esta especie de filonazi que participó en el intento de golpe de estado en El cetro de Ottokar y que regresó en Aterrizaje en la Luna es el típico villano germánico de fino bigotito y poca conciencia. Ya que parece que le encanta hacer de villano en cualquier cosa que no tenga que ver con elfos, he pensado en Hugo Weaving. Quizás le falte ese toque de Clint Eastwood filonazi que se gasta el amigo Jorgen, pero creo que podría servir. Pero vaya, quizás habría necesitado al tipo actor encasillado de malvado nazi de los años 40...


Coronel Sponsz: Con Sponsz, el villano de El asunto Tornasol, lo tenía bastante claro, el temible Erich Von Stroheim habría sido el candidato ideal para darle vida, hasta parece que Hergé se hubiera basado en la fisonomía del famoso actor y director para dar rostro al jefe de la policía secreta de Borduria. Vamos, que lo tenía en bandeja.
Profesor Calys: ¿Un profesor de pelo blanco algo locuelo y despistadillo? Sí, seguro que esa escena nos puede resultar familiar a muchos... Evidentemente hablo de Doc Brown, el inventor del DeLorean del tiempo, a quien dio vida Christopher Lloyd, y lo hizo tan bien que seguro que también sería un magnífico Calys, descubridor del calysteno y amante de los caramelos blandos.

Philippulus: ¿Quién podría interpretar al chiflado visionario de La estrella misteriosa? Calvo, larga barba blanca, una toga... Bien, me dije que si le quitamos el pelo a Saruman la cosa podría funcionar; además el contrapunto cómico al oscuro carisma de Christopher Lee podría ser interesante. Así que este papel iría para él.
Oliveira de Figueira: Si reducimos la talla del señor Oliviera, ese comerciante capaz de venderte una estufa en el desierto, ¿a quién tenemos? Claro que sí, a Danny de Vito, un actor a quien se le da muy bien interpretar a tipos con labia que te convencerían de lo útiles que son unos esquíes en la cubierta de un barco.
Hnos. Pájaro: La verdad es que uno de los villanos de El secreto del Unicornio me recuerda muy levemente a un Roman Polanski entrado en carnes, y puesto que los Pájaro son hermanos, mejor es buscar a otro que se le de aires al director polaco, como por ejemplo, Dustin Hoffman. Y voilá, ya tenemos a los hermanos Pájaro.
Rackham el Rojo: El temido pirata al que se enfrentaba el caballero de Hadoque en El secreto del unicornio y cuyo tesoro luego buscarían Tintín y Haddock podría ser interpretado por Gary Oldman, actor camaleónico que ya ha demostrado en el pasado que los villanos no se le dan nada mal.


Chiquito
: Ayudante del destronado general Alcázar en Las siete bolas de cristal, e importante miembro de la corte perdida de los incas en El templo del sol, Chiquito ciertamente habría de ser un actor peruano o ecuatoriano con mucha sangre india en sus venas. Pero como no conozco a ninguno, y total en Hollywood esto de las nacionalidades y las etnias nunca ha importado demasiado, pues yo le daría el papel al Edward James Olmos de la época de American Me, que es latino y puede ser lo bastante malote como para recrear el frío aire siniestro del Chiquito de los cómics.

Emir Ben Kalish Ezab: Buf, éste ha sido difícil. Al final he optado por Jon Lovitz, pero no sé, tengo la sensación de que seguro hay alguien mejor para el puesto...

Abdallah: éste era complicado tambiénl, pero, ¿qué tal estaría el chaval de Slumdog Millionarie en ese papel?
Bab-El-Ehr: El poderoso sheik golpista de Tintín en el oro negro, aunque no tiene la prestancia del príncipe Feisal de Lawrence de Arabia, podría ser una buena oportunidad para que Alec Guinness hubiera retomado su faceta más oriental.
Frank Wolff: Éste ha sido una locura. Al final producto de la desesperación opto por Peter Sellers en Teléfono rojo.

Baxter: El director del centro de investigaciones atómicas de Sbrodj en el periplo lunar de Tintín era Baxter, un tipo elegante de mandíbula cuadrada, serio y formal, un contrapunto a la figura de científico de despistado. ¿Qué tal si cogemos a Jon Hamm, protagonista de Mad Men, le ponemos bigote y unas gafas? Creo que el resultado podría ser un Baxter bastante decente.

Serafín Latón: ¿Un tipo desagradable vendemotos que no para callado ni debajo del agua? Vaya, ése podría ser el Joe Pesci de la saga de Arma letal.



Pst: También conocido como Szut, el piloto eslavo de Stock de coque y Vuelo 714 para Sidney me recuerda a un jovencito Richard Widmark, así que yo creo que añadiéndole un parche estaría perfecto en el papel de piloto a sueldo.

Laszlo Carreidas: Creo que para hacer del excéntrico y susceptible millonario de Vuelo 714 para Sidney nadie mejor que el bueno de Melvyn Douglas, quien en el otoño de su carrera se especializó en papeles de millonario enfurruñado.

Y esto ha sido todo. Había muchos otros personajes pero creo que aquí están casi todos los básicos de los varios números que nos dejó Hergé. Y vaya, sí, ¡sería realmente complicado reunir a un elenco así! De modo que será mejor que Tintín permanezca en las hojas de los cómics, que es donde mejor está. Y si a alguien le ha faltado algún personaje, pues ése podría ser interpretado por, no sé... por Moe, por ejemplo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

A dos metros bajo tierra

When I was thirteen years old my sister died in a car accident. It was her twenty-second birthday. She was driving me to a music lesson; I was in the car with her. That brought me face to face with tremendous loss, and the impermanence of things. I struggled for years and years with how to cope with that—and, ultimately, I started developing an innate sense of detachment. Alan Ball 

Deal with death, America. Rainn Wilson

Supongo que afirmar que las series televisivas de ficción tratan sobre la vida sería una perogrullada, porque sea cual fuere el género o su misma intención sobre entretener, hacer reflexionar, o ambas, lo cierto es que cualquier ficción es creada por y para humanos, y por tanto en ella se trata sobre la vida de algún modo. Sólo que, por así decirlo, en algunas series hay más vida que en otras. No creo que nadie considere El coche fantástico como un agudo análisis de la sociedad norteamericana de los 80, aunque, mediante su propuesta y la aceptación de la misma, podrían sacarse interesantes conclusiones. Sí, desde Te quiero Lucy a Expediente X o Los Soprano, el reflejo de nuestra sociedad siempre está ahí de algún modo. Todas las series tratan la vida de una u otra forma. Pero, paradójicamente, fue una que hacía de la muerte su eje fundamental, la que probablemente mejor ha reflejado ese devenir de circunstancias y emociones que nosotros llamamos vida.

Como toda buena historia que se precie para disfrutar o entender A dos metros bajo tierra no es necesario haber perdido a un ser querido, pero quienes hayan pasado por ese trance seguro que pueden enjuiciar la serie desde una perspectiva más personal, constantando en este televisivo reflejo de la realidad que las reacciones a una muerte cercana son tan variopintas como lo son las propias personas, y durante el corto o largo proceso de aceptación pueden dominar la ira, la pena, la incredulidad, el sarcasmo... lo que viene siendo un sinfín de emociones, servidas en muchas ocasiones en un caótico cóctel a flor de piel. A dos metros bajo tierra nos hace enfrentarnos a la levedad de nuestra condición, reflexionar sobre lo inevitable de nuestro destino, lo delicadamente imprevisible que puede ser nuestra continuidad física en este mundo, la complejidad del amor y la amistad, lo horrible y noble que podemos hallar en nuestra familia, y, claro está, también nos permite asomarnos a esa curiosa actividad empresarial dedicada a hacer dinero a costa de la muerte, y lo mucho o poco humano que pueda haber en ella. Todo aderezado con personajes tan perfectamente imperfectos como puede destilar una pluma o un teclado, y algunos de los diálogos más reflexivos y brillantes que se hayan podido escuchar en la ficción televisiva de las últimas décadas. Todo esto y más podrán encontrar (o revisitar, según sea el caso) quienes estén dispuesto a ensuciarse las manos y coger la pala, pues el corazón de todo está enterrado, obviamente, A dos metros bajo tierra.

 El negocio lúgubre

Tras el aclamado estreno de American Beauty Alan Ball era el nuevo chico de moda en Hollywood. Su camino hacia el éxito había engordado su cuenta bancaria pero no le había hecho especialmente feliz: escribir para Grace al rojo vivo y especialmente para Cybill, experiencia que comparó (la notoria y temible reputación de Cybill Shepherd la precede; ¿recordáis esa escena en Padre de familia?) con ser miembro de la corte de una reina loca, le habían frustrado tanto que el resultado fue precisamente, por suerte para todos nosotros, esa maravilla dirigida por Sam Mendes. Como sucede con cada éxito en Tinseltwon, especialmente si es inesperado, el canto de las sirenas pronto se dejó oir en los oídos del que sería oscarizado guionista. Pero precisamente lo último que quería Ball era trabajar para las majors y para estrellas insufribles; por eso la llamada de la HBO, que desde hacía poco estaba en boca de todos gracias a Los Soprano, fue la que le interesó lo bastante como para acudir a una reunión y discutir una posible colaboración. 

Existen varias versiones sobre la idea original de A dos metros bajo tierra  (aparte de una demanda judicial de una guionista que un juez desestimó); Ball afirma que en aquella reunión presentó su idea de una madre y una hija cuya vida cambia cuando pierden al padre de familia en un trágico accidente; la presidenta de HBO, Carolyn Strauss, dice haberse inspirado en el film The Loved One para imaginar una serie sobre una familia que regenta una funeraria; quizás simplemente la serie emergiera de ambos planteamientos. Lo realmente importante es que Ball encontró en la HBO un lugar con total libertad artística para desarrollarse como escritor, y en A dos metros bajo tierra el vehículo perfecto para crear una exorcizante serie sobre la vida y la muerte.

De hecho Ball ya había creado a la familia Fisher (o los hijos de la misma, al menos) en su comedia para la ABC A ver si maduras, otra serie de corta vida que al parecer no funcionó por las intromisiones de los ejecutivos. Otra señal divina más que le exortaba a irse a la HBO en cuanto sus lazos contractuales se lo permitieran.

Al igual que ocurriera con Cybill y American Beauty, el guión de A dos metros bajo tierra fue en parte producto de la cancelación de A ver si maduras. Nuevamente decepcionado, Ball se autoexilió durante un tiempo en el hogar familiar, sombrío todavía por la ausencia de su padre, fallecido pocos años antes. Allí el escritor recordó cómo la trágica muerte de su hermana había destrozado a su familia, potenciando problemas que con aquella pérdida no hicieron sino explotar con toda su virulencia: un padre cada vez más aislado de todos, una madre depresiva, hermanos mayores abrumados por la responsabilidad, y un joven Ball que se sentía invisible. Quizás filtrando a los fenecidos protagonistas de A ver si maduras por los tristes recuerdos familiares el resultado sería algo parecido a la familia Fisher, protagonista de lo que sería A dos metros bajo tierra. Eso y un libro, The American Way of Death and The Undertaking: Life Studies from the Dismal Trade.

Así fue como el piloto para la serie estuvo acabado en unas pocas semanas, sin haber firmado un contrato o siquiera tener la seguridad de que en la HBO seguían interesados en su trabajo. Tras leer el piloto la HBO confirmó su interés haciendo una oferta por el mismo; Ball usó su nuevo estatus para obtener control sobre toda la serie. En cualquiera de los canales en abierto esa contraoferta probablemente no habría llegado muy lejos, pero en la HBO pensaban y actuaban de forma diferente; además, con dos exitazos en el bolsillo como Los Soprano y Sexo en Nueva York, podían correr el riesgo. Ball se convertía así en el siguiente David Chase, y cuenta la leyenda que la única enmienda o recomendación que la cadena tenía para el piloto era la siguiente: Can it be more fucked up?

Los Ángeles: La capital de la negación de la muerte

Ésa es la razón que adujo Ball para situar la funeraria de los Fisher en la gran urbe californiana. Y en su Georgia natal el escritor creció al parecer en una sucursal de esa contínua sensación de negación; la represión de los sentimientos era una norma dolorosamente patente en su familia tras la pérdida de su hermana. Cuando años después, viajando por Europa, vio junto a su primo la expresión del dolor a la italiana (ya sabéis, mujeres vestidas de negro llorando, golpéandose el pecho y abrazando desesperadas un ataúd), el contraste y el golpe psicológico derivados de todo lo que había conocido al respecto hasta entonces no pudieron ser mayores. Una experiencia que no dudaría en incorporar a la serie.

Como también incorporó parte de sí mismo en los tres hijos de la familia: Nate, un hippie de los 90 que bajo su personalidad y su inquietud espiritual esconde a un egoísta irresponsable; David, heredero del negocio funerario, un gay reprimido (como lo fue Ball gran parte de su vida) dentro de su particular armario, y Claire, una adolescente rebelde y, abiertamente al menos, el personaje más egoísta de la serie, que se siente dejada de todos a su alrededor. ¿Los espíritus de A ver si maduras encarnados en miembros de una familia desestructurada que pierde al cabeza de familia en Nochebuena? ¿Sombras de un guionista purgando dolorosos recuerdos? ¿Arquetipos del extremo opuesto a la concepción de la muerte en el Tibet, por ejemplo? Lo que es seguro, algunos de los grandes personajes que nos ha dado la televisión en los últimos tiempos.


Una burla cruel 


Creo que suele atribuérsele a Gandhi aquella frase de "si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel". Desde luego A dos metros bajo tierra está bien cargada de humor negro, más o menos sutil, pero que suele venir en ayuda del espectador para rescatarnos del oneroso peso del drama. Pero el mensaje que encierra la serie va más allá, y entronca más con la broma cruel de la que hablaba el Mahatma. El show, en su quijotesco combate contra la negación y las vendas emocionales aplicadas como momificación, abre su episodio piloto con un directo en el rostro: la muerte del patriarca Nathaniel Fisher en un accidente de tráfico. De hecho cada episodio abrirá con un fallecimiento, por las causas más diversas. Unas dramáticas, otras divertidas, y aún con las muertes más increíbles (siendo todas posibles, ya que muchas las sacaban directamente de los periódicos), no hay glamour alguno, ni maquillajes cinematográficos. No hay sitio para una pareja muriendo abrazada bajo el sol, tan sólo el espíritu del final de Lupe Vélez bañando cada obituario. Alrededor de cada fallecido (que acabará siendo cliente de la funeraria Fisher) los acontecimientos giran: el amor, el odio, parejas que se crean y se rompen, bebés que nacen, ancianos que mueren, y sí, también bebés que nacen y mueren. Cada obertura no hace sino recordarnos que estamos aquí de prestado, y que en cualquier momento podemos dejar de existir. Podría ser tras una larga una enfermedad, o podría ser en un abrir y cerrar de ojos, en un chasquido de dedos del destino.

De hecho el episodio piloto descarna cualquier envoltura metafísica que podamos tener del concepto de la muerte de una forma realmente efectiva, elegante pero directa: a lo largo del mismo se van intercalando anuncios comerciales de distintos productos funerarios, una idea que se barajó mantener para toda la serie, pero quizás acertadamente finalmente no fue más allá del primer episodio. Y es que, ¿qué puede haber menos espiritual que un maldito anuncio de un producto? O un embalsamamiento donde se taponan orificios para evitar derrames de fluidos, se drena esto y se maquilla aquello, todo dentro de una cotidianeidad industrial bastante alejada de cualquier liturgia religiosa. Ciertamente el sótano de Fisher & Sons está bastante alejado del Antiguo Egipto. Y, con todo, dentro de esa desnuda realidad, la serie deja paso también que, de vez en cuando la fantasía campe a sus anchas, cuando los personajes dejan volar su imaginación o ven reflejados el eco de las personalidades de los muertos en sus procesos mentales.

A dos metros bajo tierra trata sobre la vida y la muerte, y sobre una familia que posee un negocio funerario y donde sus hijos crecieron entre cadáveres, en un paradójico código de silencio dado el lugar y el negocio; los sentimientos y las personalidades embalsamados en un sótano emocional tan lóbrego como el propio sotano del hogar Fisher. La muerte del cabeza de familia no será sino el catalizador para que finalmente la familia y los personajes más cercanos a la misma lidien consigo mismos, sus anhelos y frustraciones, tratando de aceptar la noción y la patente y dolorosa realidad de la muerte así como la patenta y dolorosa realidad de sus propias vidas.

"La muerte sólo será triste para los que no han pensado en ella".

Evidentemente todo esto no habría funcionado sin un gran reparto, y como en muchas otras cosas, este producto de la HBO destaca por haber reunido a un gran elenco de intérpretes. Al que podríamos designar protagonista de la serie, el hijo mayor Nate, es interpretado por un gran Peter Krause que se acercó a la serie interesado por David Fisher, pero Ball consideraba a Nate un papel difícil de asignar; así cuando vio la prueba de Krause no dudó en ofrecerle al mayor de los Fisher. Su pareja ficticia Brenda, la pequeña genio lastrada por unos padres psiquiatras que eran la antítesis del matrimonio Fisher (si estos lo ocultaban todo, aquellos no ponían barrera de ningún tipo entre ellos y sus hijos) y que prácticamente hicieron de su hija un experimento humano, fue encarnada por Rachel Griffiths, una australiana que tuvo que convencer a los productores de que podía ser una perfecta americana. El papel de David, que dio mucho que hablar por el realismo con que según muchos se había tratado su homosexualidad, fue para un Michael C. Hall en su primer papel televisivo que hasta entonces había preferido centrarse en su carrera en Broadway. Por supuesto reveló como un grandísimo actor y de ahí a Dexter hubo solo un paso, en una evolución con dos papeles tan diferentes por la que matarían muchos actores. Lauren Ambrose no tuvo muchos problemas para ser elegida como la adolescente Claire, y tras presentarse a los castings Freddy Rodriguez descubrió asombrado que su papel había sido escrito especifícamente para él por Ball. Aunque creo que la labor de Frances Conroy como la reprimida Ruth realmente hace de A dos metros bajo tierra un matriarcado. No creo que sea nada fácil eclipsar a todo un James Cromwell, cosa que en algunos momentos diría que llega a conseguir la buena de Frances.

"You can't take a picture of this. It's already gone".



Lo normal sería que quien esté leyendo esto ya haya visto la serie, pero bueno nunca es tarde para entrar a formar parte de la familia Fisher. A dos metros bajo tierra nos ofreció grandes diálogos, interesantes reflexiones sobre la vida y la muerte, que en general diría que nos exhortan al viejo concepto del carpe diem, a tratar de ser felices aquí y ahora, como bien resumía Nate en el penúltimo episodio de la serie. Aceptar en lo posible la certeza de nuestro final y actuar en consecuencia. Además hay por supuesto episodios en los que todo parecía conjuntarse para hacer historia televisiva. Cada uno tendrá el suyo, pero creo que el más indeleble en mi memoria es el episodio del secuestro de David, "That's My Dog", dirigido por el propio Alan Poul (uno de los productores ejecutivos de la serie), y cuyo perfecto ritmo narrativo realmente hacía crecer en tu interior un desasosiego como no he conocido visionando películas de terror en el último gritón de años. A todo esto hemos de añadir su memorable final, un final de temporada realmente excelente, más allá del destino de cada personaje. Quién lo haya visto sabrá a lo que me refiero. Simplemente una guinda bellamente facturada al leitmotiv de la serie, ¡pero vaya guinda! Delicado, estremecedor, y poético.

A dos metros bajo tierra, una de esas series que merece ser vivida.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Superfly 1990

Es increíble lo que podía hacer la voz del inmortal Curtis Mayfield incluso en un tema de mierda como éste, con Ice-T rapeando como si hubiera pasado por el estudio en plan Krusty y un videoclip que habría sido chungo incluso para los estándares de MC Hammer.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Mean Tweets #8

Ya ha llegado una nueva ronda de tweets malvados por cortesía de Jimmy Kimmel Live y algunos tuiteros ofensivos. Creo que me quedo con la naturalidad de Gerrard Butler.

domingo, 30 de noviembre de 2014

El monstruo de tiempos remotos (1953)

Entre las ruinas del muelle de Venice, donde Ray Bradbury vivía con su esposa, emergía lo que otrora fue una orgullosa montaña rusa. "Me pregunto que hace ese dinosaurio ahí tumbado", dijo Bradbury, quien se encontraba paseando por la playa con su mujer. Mrs. Bradbury prefirió no contestar, quizás tratando de mantener la atmósfera romántica de la velada. Aquella noche, Ray se despertó en mitad de aquella noche neblinosa. La sirena que servía de aviso para los barcos con baja visibilidad cumplía su función a la perfección. Y entonces todo cobró sentido: el escritor imaginó a un dinosaurio que acudía a la llamada de la sirena, confundiéndola con alguna compañera de especie, tan sólo para encontrar, desolado, que sé trataba de alguna misteriosa construcción parlante. Fue así como nació The Beast from 20,000 Fathoms, el relato corto que daría pie a este pequeño clásico de la ciencia ficción.

El relato llamó la atención de una pequeña productora donde decidieron que la historia del dinosaurio y el faro daría para una película. Dicen que Bradbury llegó al plato para ayudar con un guión que no sabía había sido inspirado por su relato. Cuando señaló las más que aparentes coincidencias entre el guión y su relato, los productores no tardaron en ofrecerse a comprar los derechos, quizás más por lo atractivo de su renombre que por hacer lo justo. El caso es que para dar vida a la criatura el hombre indicado parecía ser Ray Harryhausen, cuyo trabajo junto al maestro de la animación Willis O'Brien en Mighty Joe Young había merecido un premio de la Academia. Bradbury estuvo encantado de reecontrarse con Harryhausen; ambos eran viejos amigos unidos entre otras cosas por su pasión por los dinosaurios y King Kong.

El monstruo de tiempos remotos fue el primer gran trabajo de Harryhausen, el punto de partida de una prolífica carrera en la que no tuvo rivales en cuanto al stop motion se refiere. Con este film introdujo su técnica del "sandwich"; para explicarlo de forma resumida, se trababa de una animación del muñeco interpuesta entre dos grabaciones reales, integrando así a su muñeco animado en imágenes filmadas. Con los años iría perfeccionando sus criaturas y su técnica hasta límites insospechados, pero la base de todo lo que habría de venir estaba aquí.

El film no deja de ser otra producción de serie B de la época, aunque su guión es más consistente que el de otras cintas similares. Con todo lo que realmente importa aquí es ver a la criatura en acción, un viejo dinosaurio despertado por una explosión nuclear que acaba sembrando el pánico en las calles de Nueva York. La verdad es que aparte de su aparente predisposición natural a destrozar cosas más que a buscar comida, no me extraña que estos bichos gigantes, confusos y perdidos en un ambiente extraño, reaccionen mal cuando nada más llegar ya tienen a la policía y al ejército disparándole a mansalva. Sorprende también la profesionalidad y calma con la que la policía apunta sus rifles a la criatura. Me pregunto si en Nueva York tenían un protocolo antidinosaurios, o simplemente aplicaban el de hombre negro escapado de Harlem. Y, efectivamente, con la mandanga nuclear de por medio, parece que el film inspiró un año después la mítica Godzilla.

En fin, El monstruo de tiempos remotos es otro entretenido film con bicho destructor de por medio que destaca por tener a Harryhausen en las labores de efectos especiales y a Lee Van Cleef con todo su pelo en un pequeñito papel. Entretenimiento sin ínfulas para toda la familia y stop motion hecho arte. No hace falta más para un domingo lluvioso como éste.

domingo, 23 de noviembre de 2014

La comisión

Como suele decirse en estos casos, si no existieran Les Luthiers habría que inventarlos.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Brando y una prueba de cámara para Rebelde sin causa

Como suele suceder con estas cosas, resulta difícil imagina a alguien que no fuera James Dean protagonizando Rebelde sin causa. Sin embargo con una decisión diferente podríamos haber tenido a Brando poniéndose en la piel del atormentado Jim Stark. Estoy seguro de que el Marlon de aquella época habría sobresalido como tenía por costumbre, pero la verdad es que en este caso creo que el papel parecia hecho a medida de Dean. En fin, sea como fuere, ahí os dejo esta curiosa prueba de cámara.

lunes, 10 de noviembre de 2014

domingo, 9 de noviembre de 2014

Tear down this wall

El muro estaba condenado, pero un despiste de Günther Schabowski precipitó su final antes de lo esperado cuando anunció por error que la ley para permitir a los ciudadanos de la RDA viajar fuera del país tenía efecto inmediato. El muro de Berlín no cayó por error, pero casi. Ab sofort.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Siete días de mayo (1964)

Seguramente a día de hoy siga siendo el discurso de un presidente saliente más atípico (no sé si añadir trascendental) que haya pronunciado un ocupante de la Casa Blanca en toda la historia, aunque a día de hoy parezca simplemente otro episodio semi-olvidado de la Guerra Fría. Ni siquiera sé si en su día realmente aquella suerte de aviso llega a calar entre la audiencia. Pero ahi estaba Dwight D. Eisenhower, militar condecorado y héroe de la Segunda Guerra Mundial, alertando a los ciudadanos del peligro potencial que subyacía en lo que denominó complejo industrial-militar, una cooperación que juzgaba necesaria, pero a la que había que poner límites. El riesgo de que la política exterior norteamericana cayera en sus manos se antojaba demasiado evidente, a la vista de que muchos altos mandos parecían trabajar más en aras de alargar o enardecer conflictos (y en plena Guerra Fría los había, y muchos, de distinto tipo) que en refrenarlos o evitarlos. A tenor de los acontecimientos que han venido sucediendo desde entonces, creo que podría decirse que su profecía (aunque dada su experiencia como político y militar, seguramente simplemente constataba hechos) se ha hecho realidad.

La verdad es que resulta difícil de creer que en una democracia tan arraigada como la estadounidense pudiera llegar a producirse un golpe de Estado o alzamiento militar, (y de producirse, ¿realmente prosperaría?), y ahora mismo creo que lo más parecido que podría haber sería algo más subrepticio, algo del corte polémica en Florida, o tentáculos de lobbies extendiéndose poco a poco por Washington. Para algunos quizás el único golpe de Estado real que se haya podido dar tendría que ver con el asesinato de Kennedy, pero teorías conspiranoicas aparte, lo cierto es que Siete días de mayo, la novela, es hija de su tiempo, una era de enfrentamiento en la que parte del estamento militar no dudó en posicionarse políticamente junto a los conservadores, e incluso algo más allá, más a la derecha de lo deseable. Ejemplos de esta actitud poco neutral serían el contestatario Curtis LeMay o especialmente el general Edward A. Walker, de quien se dice inspiró el personaje de James Mattoon Scott. El propio Kennedy se interesó enormemente por la novela (así como por otros thrillers políticos de la época) y dio su total apoyo al film; quién sabe si en ella vio algo más que política-ficción. Como decía, a día de hoy y en estos tiempos, dudo mucho que se produzca ningún golpe militar en Washington. Pero si hubo una época propicia para ello, no dudo que esa época fue la década de los 60.

Fue el productor del film, Edward Lewis, jefe de Joel Productions (la productora de Kirk Douglas), quien llamó la atención de John Frankenheimer sobre la galerada de Siete días de mayo, la cual acababa de leer y encontraba fascinante. El director fue de su opinión e inmediatamente se sumó al proyecto. La trama del libro era justamente lo que andaba buscando: algo que pudiera concienciar a sus compatriotas de que en los convulsos Estados Unidos de los 60, lo que había ocurrido en otros países era posible. Quizás no probable, pero sí una posibilidad que debía tenerse en cuenta. Douglas estaba totalmente decidido a llevar la obra al cine, y se veía a sí mismo como el frío golpista Scott, en la línea de sus personajes más cabrones.

Frankenheimer sugirió como guionista a su amigo Rod Serling, con quien ya había trabajado en el pasado y que era sin duda uno de los escritores televisivos más brillantes de su tiempo. Sin duda era el hombre idóneo para el trabajo. Frankenheimer no quería complicar demasiado la trama; su objetivo era plantear la posibilidad de la amenaza militar a través de una simple estructura de suspense político, sin exigir al espectador conocimientos complejos de la política estadounidense. El guión resultante es una trama sencilla en la que el elemento primordial son los diálogos y el perfil de sus personajes. Las escenas de acción brillan por su ausencia; Siete días de mayo se concentra en la interacción de sus personajes y en su eje narrativo, sin mayores distracciones. Ciertamente no podría estar más alejada del thriller actual. Aun así, el trabajo de Serling es impecable, ofreciendo un estilo menos literario, por así decirlo, que en su famosa The Twilight Zone, pero sus diálogos más sobrios están construidos con mucha inteligencia.

A la hora de elaborar el reparto surgió el problema de encontrar a alguien idóneo para interpretar al coronel Martin Casey, el militar defensor de la Constitución y junto al presidente, el bueno de esta historia. La solución estribó en que fuera el mismo Douglas quien interpretara a Casey y ceder el papel del maquiavélico Scott a Burt Lancaster, y ciertamente la elección no pudo ser más acertada; sin duda Burt es lo mejor del film, lo que tiene aun más mérito en un reparto lleno de estupendos intérpretes: el propio Kirk, Fredric March, Martin Balsam, Ava Gardner o Edmond O'Brien. A todo ello hay que añadir la pericia del joven pero sobradamente preparado Frankenheimer, que venía de adaptar otro thriller político, El mensajero del miedo.

Resumiendo, Siete días de mayo es un excelente trabajo de política-ficción idóneo para amantes del thriller político de antaño y los films con sólidos diálogos y mejores interpretaciones.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Unforgettable

No sé si lo sabiáis pero Jackie Chan tiene una sólida carrera musical allá en Asia, donde casi es un Julio Iglesias con conocimientos de artes marciales. Cuando se pone más occidental se marca cosas como este "Unforgettable", acompañado de toda una Ani Di Franco.

martes, 4 de noviembre de 2014

domingo, 2 de noviembre de 2014

En tierra hostil (2008)

Quizás en Occidente ya no nos acordamos, pero las víctimas del extremismo islámico siguen incrementándose día a día, entre sus correligionarios. Los atentados indiscriminados en Irak o Pakistán no dejaban de sucederse, y siguieron produciéndose cuando aquí ya no era noticia. Y cuando los Estados Unidos abandonaron Irak era cuestión de tiempo que el frágil statu quo que debajan detrás no tardara en derrumbarse. Y ahí tenemos a la nueva amenaza, Estado Islámico, una amenaza que sirve como símbolo de la siempre desastrosa política exterior yanqui (o desastrosa en apariencia; igual lo que querían conseguir ya lo tienen). En tierra hostil no trata de nada de esto, pero permite ponerse un poco en la piel tanto de los soldados como de los civiles. Y, sobretodo, es una estupenda cinta bélica rodada con el excelente pulso que Kathryn Bigelow tiene para estas cosas.


Una de las virtudes del film es acercarte al día a día de las patrullas norteamericanas por las calles iraquíes, pudiendo masticar esa insoportable tensión de no saber quién es amigo y quién enemigo, la sensación de tener la vida pendiendo de un hilo, lo que sin duda no ayuda a ganarse los corazones y las mentes precisamente.Quitando a esa clase de nuevos soldados psicopáticos para los que todo sigue siendo parte de un videojuego, no me extraña que exista un (convenientemente silenciado) índice de suicidios entre los veteranos de Irak y otros conflictos bélicos de unos Estados Unidos que, en cuanto al regreso de su dañada materia prima humana al hogar, juraría que no está haciendo un muy buen trabajo.

Sin duda En tierra hostil lidia con el síndrome de estrés post-traumático desde una perspectiva algo antagónica, en apariencia: la huida hacia adelante mediante la adrenalina, cuando el soldado ya parece incapaz de reinsertarse de nuevo en la sociedad. Es el caso del sargento James, cuyos métodos más bien heterodoxos y algo suicidas ni serán muy bien recibidos en su nueva unidad, especializada en la desactivación de bombas. De cómo sus compañeros tratan de adaptarse a James, y de cómo todos tratan de sobrevivir al día a día en esa trampa llamada Irak, es de lo que trata En tierra hostil, todo ello aderezado con la estupenda dirección de Bigelow y unas interpretaciones muy sólidas (especialmente la del protagonista).

En tierra hostil, título más que recomendable y buen ejemplo de modernización de los viejos films hollwyoodienses sobre Vietnam. De hecho creo que alguien calificó a la cinta de Bigelow, creo que acertadamente, como el Platoon del nuevo milenio.

viernes, 10 de octubre de 2014

lunes, 29 de septiembre de 2014

Citas musicales #2

  • Lois (Leia) ¿No eres un poco gordo para ser soldado de asalto?

Chris (Luke) Pues púdrete aquí, zorra arrogante.

lunes, 22 de septiembre de 2014

domingo, 21 de septiembre de 2014

Virginia Wetherell

Supongo que todos la recordamos por su breve papel como la modelo de pechos perfectos a la que el joven y reformado Alex no puede sobetear siquiera en La naranja mecánica. No parece que exista mucho material de ella, así que disfruten la foto.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Ciudad sufragista

Tal día como hoy, en 1893, allá en Nueva Zelanda, las sufragistas ganaron la primera batalla por el derecho al voto. Así que es un buen momento para celebrarlo con ese tal Ziggy como maestro de ceremonias. Oh, we can't afford the ticket!

jueves, 18 de septiembre de 2014

No hay salida (1987)

Creo que quizás fue No hay salida la película que me abrió los ojos a otro tipo de cine, uno en el que no había guerreros con espada, wookies o bichos que si los mojabas o les dabas de comer después de la medianoche se montaba el pifostio navideño definitivo. No estoy seguro de haber entendido realmente toda su trama la primera vez que la vi, pero recuerdo que todo el asunto ese de la polaroid y el giro argumental final me dejaron bastante epatado.

No hay salida es una adaptación actualizada a la Guerra Fría de la novela The Big Clock, que ya había sido llevada a la pantalla en los años 40. Pero en vez de periodistas aquí tenemos a un Secretario de Defensa y uno de sus agregados, Tom Farrell, un teniente de la Marina, quienes, sin saberlo, comparten amante. Cuando el Secretario acaba con ella en un ataque de celos, le encargará al teniente que resuelva el asunto, disparando así el arranque del viejo juego del ratón y el gato, sólo que un poco más enrevesado.

No hay salida es uno de esas cintas de suspense con espías de por medio y demás que sirvió como puente entre el thriller de denuncia de los 70 y la edad de oro de adaptaciones de Tom Clancy y derivados de comienzos de los 90. Como muchos otros films del estilo, No hay salida es clara hija de su tiempo, "la era Reagan", y cierto auge en la demanda de historias de contraespionaje y demás, justo cuando a la Unión Soviética ya no le quedaba mucho. La verdad es que la actualización del mundo periodístico al ambiente del Pentágono encajó como un guante, y Roger Donaldson (en mi opinión, uno de esos directos de "cal y arena") la dirigió con notable pulso y buen hacer.

Por supuesto, No hay salida es además el título que se suele citar como el empuje definitivo de la carrera de Kevin Costner hacia el estrellato, convirtiéndose en uno de los tipos sexy por excelencia y multiplicando en nuestro país los bautizos con su nombre de pila como protagonista. El buen hombre nunca ha sido Laurence Olivier, pero con su presencia y cuando es dirigido con sabiduría, creo que Costner ha sabido dar la talla en varias ocasiones, aunque también es cierto que es de esos intérpretes en que el doblaje le ha ayudado mucho. A mí por lo menos siempre me parece mejor actor doblado que en original. En fin, además de Costner aparece el gran Gene Hackman como el Secretario de Defensa, uno de esos papeles malvados (aunque aquí creo que cabría hablar más bien de claroscuros) que ya podía hacer con los ojos cerrados, y Sean Young, una de las musas ochenteras por excelencia. Y añadiré también a Will Patton, un secundario con tendencia también a hacer malvados que me gusta bastante siempre que le veo.

Bueno, no garantizo que hoy en día No hay salida impacte del mismo modo como cuando la vi por primera vez, pero sigue pareciéndome un buen film, entretenido y con una trama suspensoria más que interesante. Por cierto, los planos aéreos que abren y cierran el film son excelentes, y me sorprendió comprobar lo cerca que estaba el Pentágono del Monumento a Lincoln; yo me lo imaginaba en mitad de un bosque sombrío custodiado por elfos o algo así.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Día de Stuart Bloom

Porque todos, salvo Charlie Sheen, nos hemos sentido un poco Stuart en algún momento.

Stuart Bloom, the man, the legend.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Cuando Marlon Brando y Robert De Niro improvisaron

Un Brando que hacía ya mucho que estaba de vuelta de todo, y De Niro, que estaba entrando en esa fase en que parecía elegir sus papeles más por el contenido de la bolsa que por el del guión, improvisando en The Score, el que sería el último film de Marlon. Una película bastante discreta, pero que dejó para la posteridad, tras las bambalinas, este gran momento. ¿Imagináis algo así en los 70?

miércoles, 10 de septiembre de 2014

lunes, 8 de septiembre de 2014

Aenema

- ¿Recuerdas al grupo español Héroes del silencio? Fuisteis teloneros suyos en vuestra primera gira.
- Eran horribles. Fue horrible abrir para esos chicos. Eran muy populares en ese momento. Hicimos tres conciertos en Italia. Recuerdo uno en Florencia, donde algunas jovencitas durmieron en la primera fila mientras nosotros tocábamos. No podría haberles importado menos que nosotros estuviéramos allí. Danny Carey.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Mireia Belmonte

Me pregunto si dará clases particulares de natación. A quién quiero engañar, con esa musculatura me la imagino llevándome en brazos hasta el lecho conyugal en nuestra noche de bodas. Oh, miradme, soy como un pequeño Robert Crumb, excitado sobre sus pequeñas patitas traseras.


sábado, 6 de septiembre de 2014

jueves, 4 de septiembre de 2014

Guardianes de la galaxia (2014)

Los únicos guardianes de la galaxia que yo conocía eran una especie de vaqueros biónicos muy molones que salían en unos dibujos animados, pero me temo que por aquello de las sutilezas de la traducción, poco tenían que ver con los de la Marvel. Personalmente siempre he estado familiarizado con tal o cual superhéroe, pero me enteré de la existencia de este cómic a raíz del estreno del film, con lo que por un lado ya tenía algo ganado: si fastidiaban el espíritu original de las viñetas, no me iba a enterar. Así que no sé que opinarán quienes conozcan a los personajes del papel, pero por mi parte sólo puedo decir que Guardianes de la galaxia es una de las películas más entretenidas que haya podido volver en los últimos tiempos. Y por ende, es una de las mejores cintas cinematográficas que la productora de la Marvel haya podido lanzar hasta la fecha. No sé que pensarán las nuevas generaciones, pero para los que crecimos con Indy, Gremlins, Golpe en la pequeña China y demás, Guardianes de la galaxia es una muy bienvenida reminiscencia de un cine comercial que ya parecía casi extinto. 


El hecho de que el protagonista, Chris Pratt, el elemento humano de este heterogéneo grupo de protectores, cite como influencias a Han Solo y Marty McFly, no es sino otro indicio de por dónde van los tiros con este film. En efecto, su Peter "Star-Lord" Quill, el arquetipo de héroe caradura y guasón, ligón, pero duro con los malvados, recuerda efectivamente al gran Han o al Kurt Russell de la ya citada Golpe en la pequeña China. Con todas las distancias que haya que salvar por medio, sí, pero he aquí a un héroe que merece respeto. Vamos, que no estamos hablando de un protagonista a lo Shia LaBeouf.

Indudablemente el director y guionista, James Gunn, sabía lo que se hacía (y quien le puso allí supongo que también) cuando adaptó el cómic de Marvel. Él mismo es un gran aficionado al arte de las viñetas, y supongo que sabía muy bien dónde pisaba. Además de haber sido músico y varios otras cosas, el que comenzara su carrera cinematográfica en la mítica Troma dice mucho a su favor. Todo el mundo sabe que allí tienen al entretenimiento por bandera. ¿Podía fallar el coautor de All I Need to Know about Filmmaking I Learned from the Toxic Avenger? Supongo que no. Demonios, si ha logrado que una secuencia a ritmo de "I'm not in Love" de 10cc parezca hermosa, es que este tipo tiene el "mojo".

Lo cierto es que Gunn ha logrado una excelente combinación entre el entretenimiento aventurero ochentero y la acción a troche y moche de estos nuevos tiempos. Guardianes de la galaxia no se sustenta (cuesta creerlo) en el CGI, la sucesión de planos en plan ametralladora Gauntlet y explosiones por doquier, sino que deja respirar a la trama con diálogos en los que no falta el humor y algunos, en concreto, dentro de su simple tontuna (eso que los yanquis llaman tongue-in-cheek), son brillantes. Por suerte aquí no hay batallas que duran media vida. Todo está bastante medido y sopesado. Bueno, ya sabéis, en estos días tan conectados uno lee muchas tonterías y con esta moda de las listas de repente El caballero oscuro se convierte en la mejor película de la historia. Sin que se nos vaya la cabeza, pero demonios, aunque sólo sea por demérito del cine de acción actual, Guardianes de la galaxia casi parece una obra maestra del cine comercial. Que no lo es, pero entiéndanme, salir de un cine tan satisfecho a sabiendas que no te han tomado el pelo con el guión, y tal y tal, dan ganas de coger a Batista y besarle la calva para saber si sabe a cacahuete.

Y ésa es otra, ¿quién iba a pensar que iba a partirme con el famoso luchador? No estoy al tanto de su trayectoria cinematográfica, pero demonios, no sé si será la caracterización, las epatantes bromas del guión a costa de la mente literal de su personaje, o qué, pero hasta juraría haber encontrado al Peter O'Toole de los luchadores de la WWF, o como se llame ahora. Rocket, el mapacho animado, también tiene sus buenas salidas, y parece ser el favorito de muchos, pero desde luego con un simple "helo aquí" Drax ya se ha ganado mi corazón. Otro fortachón, Vin Diesel, ha puesto la voz al hombre-árbol Groot, y su ya epitómica frase "Yo soy Groot", que repetirá sin cesar una y otra vez. Aunque luego cambia un pronombre y con la tontería eso parece La hija de Ryan, oiga (vaya, espero que nadie se esté tomando demasiado en serio todas estas referencias locas). El último guardián es del sexo femenino, y está encarnada por Zoe Saldana, que ha pasado de ser la inaguantable Neytiri a convertise en una guerrera sexy y mortal, pero con personalidad; no es otra protagonista femenina vacía al uso. 

Creo que no podría achacarle muchos defectos obvios a Guardianes de la galaxia; por citar algo quizás esa batalla final me resulte un poco más de lo mismo, pero bueno no es al público joven de 1985 a quien hay que contentar me temo. En fin, no sé, quizás por los deméritos de otros me esté dejando llevar, pero juraría que no me equivoco si digo que bien podría ser el film de entretenimiento del año.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Star Trek II - La ira de Khan (1982)

He tasks me. He tasks me and I shall have him! I'll chase him 'round the moons of Nibia and 'round the Antares Maelstrom and 'round perdition's flames before I give him up!  Khan, ese superhombre iracundo.

Si he de retrotaerme a mis primeros impactos infantiles espaciales, desde luego la saga de Star Wars va a estar bastante presente. Pero gracias a algún pase televisivo he de conceder a Star Trek II - La ira de Khan, una medalla al valor, ya que presenciar una escena donde metían gusanos en los oídos de la gente era bastante más truculento que cualquier cosa que hubiera podido ver en el universo de George Lucas. Con el tiempo, aquello era lo único que podía recordar del film. ¡Orugas parásitas del desierto que se metían en el cerebro de la gente! Con todo lo enorme que pudiera ser el Rancor de El retorno de Jedi, esos bichos parecían mucho más amenazantes. Pasados los años, esa secuencia sigue pareciéndome estupenda, pero en mi opinión esta segunda entrega fílmica de Star Trek palidece frente a otras de la saga. Ciertamente me va mucho más todo ese rollo metafísico espacial de la primera entrega. Con todo, Star Trek II - La ira de Khan tiene sus alicientes, no crean.

Si algo he de concederle a Lucas es que sus films galácticos arrancan en plan muscle car; mientras que en los films de Star Trek, con todas sus tramas y referencias, la verdad es que se toman su tiempo. La ira de Khan se abre con la tripulación del Enterprise en una misión, pero en vez del capitán Kirk vemos a una pizpireta Kirstie Alley en plan vulcaniana al mando de la nave. ¿Qué ha pasado aquí? ¿Qué invento es este? Tranquilos, como luego sabremos, todo resulta ser una simulación, un test para reclutas. Mientras, cerca de un planetoide perdido de la mano de Dios, el familiar tripulate ruso Chejov, sirviendo en otra nave junto al comisario de Terminator, deambulan en una misión del proyecto Génesis, una ultrapoderosa invención terraformadora. El planetoide parece deshabitado, y mientras lo comprueban, los dos infelices se encuentran con el iracundo Khan y sus secuaces, quienes le meterán los ya mencionados bichejos en las orejas para tenerlos bajo control. Khan odia al capitán Kirk y no parará hasta vengarse.

Tras el estupendo recibimiento de Star Trek - La película la Paramount en seguida se puso a trabajar en una secuela para aprovechar la racha. Parece que la idea que Gene Roddendery tenía para la segunda parte con viajes en el tiempo y líneas temporales paralelas con el asesinato de John F. Kennedy por medio no convencieron a los directivos, que supongo ya debían de haberse sorprendido de haber sacado algo en claro tras aquella extraña trama del primer film, por lo que le dieron las gracias y le otorgaron el cargo de consultor. Así es Hollywood, amigos. Creas una serie de culto que da pie a una saga cinematográfica exitosa, y en cuanto te vayas por los cerros de Úbeda te ponen ahí, junto a la planta de interior. El productor televisivo Harve Bennett fue el designado para darle a la secuela una trama excitante. Bennett rebuscó en la serie original y dio con "Semilla espacial", un episodio donde Kirk dejaba exiliado en un planeta mostoso a un iracundo superhombre genéticamente modificado en el siglo XX llamado Khan junto a sus secuaces. Sí, aquello podía funcionar. Khan iba a volver en busca de venganza. Con lo que La ira de Khan iba a tener mucho más de aventura que de ciencia ficción.

Durante las reescrituras del tratamiento de Bennett la trama pasó de rebeliones instigadas por Khan y armas de destrucción masiva a venganza y un cachibache terraformador. Durante el proceso se introdujo un nuevo personaje del planeta Vulcano y comenzó a especularse con una posible muerte de Spock, ya que Leonard Nimoy, que ya había trabajado en el primer film de mala gana, se estaba mostrando muy reticente a ponerse de nuevo sus míticas orejas vulcanianas. Para rematar el guión y dirigir el film se trajo a Nicholas Meyer, escritor imaginativo y que había debutado como cineasta con la excelente Los pasajeros del tiempo.

El reparto clásico volvió a reunirse de nuevo para esta segund aparte, aunque alguno participó a regañadientes, especialmente Nimoy, como ya he comentado. Por ello los productores se cubrieron las espaldas metiendo a otro compatriota por si las moscas, aparte de otras promesas. Curiosamente quien llegó a ultimísima hora fue Ricardo Montalbán, el Khan original, a quien al parecer nadie había contactado para que retomara el personaje. Por suerte al final a alguien se le ocurrió descolgar el teléfono y llamarle, porque la verdad es que con un McCoy menos protestón que de costumbre, Spock teniendo que ceder protagonismo a la vulcaniana de Cheers y Chejov convertido de nuevo en víctima, tan sólo quedaban los histriónicos momentos de Shatner/Kirk para animar el asunto. La verdad es que Montalbán, con su pintas de roadie sesentón de Stryper y sus epatantes frases de odio a lo capitán Ahab, es lo mejor del film. La combinación de su estilo de epopeya decimonónica con sus superpectorales que parecen prótesis pero por lo visto eran de verdad (no cabe duda de que se cuidaba, el amigo Ricardo), hacen de Khan un villano inolvidable. Sólo con la cita que abre este texto su participación ya mereció la pena. Aparte del bonus que los fans de The Big Bang Theory ya conocerán. Ciertamente las frases de Khan son más míticas que las de, por ejemplo, Chejov: "Quizá pueda tratarse de una partícula de materia preanimada contenida en sustancia intercelular". Ajá. Además, La ira de Khan contiene uno de esos momentos puramente William Shatner que automáticamente deviene en un clásico del humor. En mi humilde opinión, exabruptos así tardaron en ser igualados. Es el encanto de Star Trek, siempre navegando entre la aventura, la ciencia ficción y la comedia más surrealista.
He tasks me.
Los habrá que tratarán de disuadirles para que no vean este film. Que si es flojo y hay otros mejores. Sí, La ira de Khan no es un paradigma de la ciencia ficción, pero, ¿acaso no merece ese Paul Stanley del espacio que es Khan una oportunidad? Curiosamente para muchos "trekkies" este film es, si no el mejor, uno de los mejores de la saga cinematográfica. En mi opinión sin el cachitas Montalbán la cosa no tendría mucha enjundia. En fin, no sé, observen esta última foto atentamente y díganme si no es razón suficiente para enfundarse de nuevo las orejas puntiagudas y sentarse en familia a ver Star Trek II - La ira de Khan.

sábado, 30 de agosto de 2014

Eric Clapton TV Special 1977

La verdad es que en youtube se encuentran las cosas más increíbles; cualquiera que haya vivido los tiempos de los VHS piratas y la caza de tal o cual actuación perdida en plan Indiana Jones jamás habría podido soñar algo así. Hoy sin ir más lejos me he encontrado con este especial del Old Grey Whistle Test de Eric Clapton. No es lo mejor que le he visto, el arranque con Eric a la acústica no resulta muy excitante, y cuando por fin coge la eléctrica ocurre lo que uno nunca imaginaría, ¡Eric Clapton metiendo la pata en los solos! En fin, ya sabéis, en aquella época todavía se encontraba luchando con sus demonios personales y me temo que ese día debió de licuarse unas cuantas pintas o algunas botellas. Aun así sigue demostrando esa técnica endiablada por la que tantos suspiran, además de apoyarse en una excelente banda, con su mano derecha George Terry a la cabeza, e Yvonne Elliman (sí, la Magdalena de Jesuschrist Superstar) a los coros. En fin, esto no es el In Concert de Derek & The Dominos, pero aun así es bastante recomendable.

viernes, 29 de agosto de 2014

Ajeno a los zombis: Zombie Party

La verdad es que no sé como se me había podido pasar un film como Shaun of the Dead (o por aquí, Zombie Party). Sin duda una de las películas de zombis más divertidas que haya visto. Y encima tiene la arrolladora "Don't Stop Me Now" de Queen en la banda sonora con secuencia protagónica incluida. Muy recomendable.

jueves, 28 de agosto de 2014

Profesiones ridículas

"Encargado de la puerta grande", "experto en rapto de novias", "pingüinólogo", MILF commander... y por supuesto el pluriempleado Alan Moore. Más profesiones tontunas vistas en la tele aquí.


jueves, 21 de agosto de 2014

martes, 19 de agosto de 2014

The Rolling Stones - Exile on Main St.

Recording at my place was a necessity. Keith Richards 

I remember Gram Parsons sitting in the kitchen in France one day, while we were overdubbing vocals or something. It was crazy. Someone is sitting int he kitchen overdubbing guitar and people are sitting at the table, talking, knives, forks, plates clanking.  Andy Johns

Debido a las malas artes de Allen Klein y sus deudas con el fisco The Rolling Stones habían abandonado Gran Bretaña por el sur de Francia. Mientras trataban de poner sus negocios en orden, Mick se refugió en los brazos de su novia Bianca Pérez, mientras Keith, ajeno como todo adicto a la realidad de que masticaba más de lo que podía tragar, comenzaba a pergeñar a la deshilachada manera del drogata el nuevo disco de la banda, un disco tan variopinto como su portada creado entre las llamas de la vieja Roma a la mayor gloria del nuevo y heroinómano Nerón, de la cual iba a surgir una nueva y esplendorosa obra de arte. Esa clase de disco excelente que se pondrá en la primera fila de los pulsos neuronales de muchos fans cuando piensen en el legado inmortal de la banda. Una obra maestra en la que el rey gitano se salió con la suya por última vez, antes de que las drogas comenzaran a cobrarse su impuesto y fuera obligatoriamente sustituido por ese moderno Sejano llamado Mick Jagger.

El 5 de mayo de 1971 se produjo el primer ensayo de los Rolling Stones en su Elba particular, el sur de Francia. Tras descartar varios estudios de grabación se optó por hacer de Nellcote, la villa de Keith en Villefranche, el nuevo centro de operaciones de la banda. Entre tanto Mick últimaba los detalles de su boda con Bianca, a la que acudirían 75 invitados entre familiares, amigos y colegas de la farándula, además de una incómoda nube de periodistas. Tras el enlace la feliz pareja se fue a Italia a pasar su luna de miel.

El sótano de Nellcote, reconvertido en sala de grabación gracias al estudio móvil de la banda, era un pequeño horno en el que los músicos destilaban sudor y bourbon a la par que transpiraban buena música cuando las Musas despertaban de su sueño opiáceo. Más que nunca, el nuevo álbum iba a seguir el ritmo de Keith, adaptándose a sus horarios y sus momentos de inspiración, fraccionados entre juergas, peleas y travesuras, con una pléyade de invitados (aunque en muchos casos esta catalogación rayaba el puro eufemismo) que entraban y salían del lugar en un eterno joie de vivre con Jack Daniels, Beaujolais y drogas duras y blandas como protagonistas. La orgiástica rutina de Nellcote era un falso indicio de cualquier aspecto vacacional: entre canciones sobrantes del anterior disco, ideas sueltas y buscar nuevas composiciones, la banda tenía mucho trabajo por delante. En Atlantic estaban deseando comprobar el progreso del futuro disco, y Marshall Chess no tenía nada que ofrecerles.

El caos era total. Charlie y Bill, en el lado sobrio de la banda, acudían con puntualidad a las citas, que podían ser productivas o no. El hecho de que Keith hubiera arrastrado al productor, Jimmy Miller, así como a Bobby Keys y al joven Mick Taylor, a su particular torbellino de drogas, no ayudaba a organizar las cosas. Y por supuesto Jagger no estaba dispuesto a tolerar los desplantes heroinómanos de Keith; cuando ocurría se largaba durante varios días a París a ser consolado por su esposa Bianca, lo que a su vez sacaba de quicio al guitarrista. Aunque Miller estuviera comenzando a coquetear con el diablo quedaba patente tanto para él como para el ingeniero de sonido Andy Johns que la banda estaba muy lejos de su mejor momento. En el ambiente flotaba la duda de si aquel disco se acabaría algún día. Quizás fuera Keith, a su esporádica manera, el único que veía la luz al final del tunel. De repente se despertaba una mañana, hacía venir a los ingenieros que se habían ido a dormir pocas horas antes, y surgía un diamante como "Rocks Off". O cuando las diferencias entre Mick y Keith se disipaban, y lograban juntarse de nuevo en una habitación, como antaño, Jagger escupía algunas frases y la guitarra de Keith comenzaba a olisquear la presa, hasta que daban con "Rip This Joint" o "Tumbling Dice".

Sin embargo no todas las visitas eran simples parásitos. Es bien conocida la influencia que Gram Parsons tuvo sobre Keith, mientras se sentaban juntos al piano, o aquel le ponía tal o cual disco de legendarios artistas country. Come on down sweet Virginia. O si pasaba William Burroughs por allí, luego Mick usaría su sistema de frases escritas en trocitos de papel que el resto de la banda cogía de un montón para terminar la letra de "Casino Boogie". Con Charlie viviendo temporalmente en Nellcote, para evitarse largos viajes por las carreteras secundarias francesas, cuando Keith le avisaba para bajar al sótano los ingenieros ponían la grabadora en marcha. Era un señal de que el guitarrista se había acostado con las Musas.

De todas formas el proceso de composición, arreglos y reorganización de ideas fue permanentemente inconstante. Tan pronto como la magia aparecía podía irse de nuevo cuando Keith se quedaba flotando durante horas, o cuando Mick sentía la necesidad de volver junto a su esposa, dejando a un desconsolado guitarrista detrás. Pero a pesar de sus ya serios problemas con las drogas, Keith parecía tener más la cabeza en ese disco que su amigo Mick. Por su parte Taylor alucinaba con el caótico proceso compositivo de la banda, acercándose a las drogas con tanto tiempo en sus manos, mientras Charlie y Bill se armaban de paciencia, o se iban a hacer sus cosas hasta que se necesitaran sus servicios.

En octubre Bianca y Mick tuvieron su primer hijo, lo que se convirtió en la prioridad número del cantante, mientras en Nellcote ocurría lo inevitable; con tanto ir y venir de conocidos y extraños, alguien entró y se llevó varios instrumentos sin que nadie se enterara. El verano se iba y la Riviera francesa había sido exprimida. Habían tenido que retorcer la ubre, pero la banda tenía más de 20 canciones listas para ser grabadas, suficientes para un álbum doble. Era  hora de ir a Los Ángeles a acabar el disco. La vieja rutina. O tal vez una consecuencia de la policía francesa investigando todo el rastro de drogas que conducía hacia villa Richards.

A principios de 1972 la banda se reunió en Los Ángeles para regrabar algunas partes, añadir pistas vocales y ayudarse de las colaboraciones de algunos músicos insignes como Billy Preston o Dr. John con parte de su corte. Si Keith había estado al mando del timón en Francia, en California fue Mick quien se implicó a fondo, cosa que no es de extrañar ya que había mucho trabajo vocal por hacer. Por su parte Richards se acabó yendo a Suiza junto con Anita y su hijo Marlon; su esposa yonqui estaba embarazada y convenía una cura de desintoxicación. Su hija, Dandelion, nacería el 17 de marzo.

La policía francesa quería hacer unas preguntas a la banda, exiliada ahora de su exilio francés, mientras Mick trataba de llegar a un acuerdo con el pirata Klein para no tener todos los activos de la banda paralizados mientras la justicia seguía ponderando sobre el caso. Para seguir adelante iban a tener que retirar la demanda y aceptar las migajas que pudieran obtener de su mánager. Los derechos de edición y los máster de lo grabado en los últimos diez años por la banda siguieron en poder de Klein. El precio de la educación.

Con el disco terminado la banda se reunió en Suiza para los ensayos de la nueva gira. El 12 de mayo de 1972 Exile on Main St., el diario de los Stones vagabundos, firmado por un tal Richards, salió al mercado. 
El álbum se abre con la festiva "Rocks Off" y esa típica guitarra estoniana, que va cobrando fuerza conforme las seis cuerdas restallan y se añade el piano de Nicky Hopkins, azotados aquí y allá por los los redobles de Charlie, hasta que finalmente entran los vientos de Jim Price y Bobby Keys y el tema se pierde en un paroxístico estribillo, que en su segunda acometida se pierde en un suave medio tiempo susurrante, que tras un nuevo chute retoma su imparable ritmo anterior. El segundo corte es "Rip This Joint", uno de los temas estonianos más rápidos hasta la fecha, una furiosa canción con toques rockabilly en la que destaca la rasgada voz de Jagger y el contrabajo de Bill Plummer, grabado mientras Wyman estaba perdido por Francia, descontento una vez más. "Shake Your Hips" es una revisión del tema original de Slim Harpo, en lo que obviamente es un regreso de la banda a las raíces, y una oportunidad de poner atención a la ármonica de Mick. En "Casino Boogie" Mick y Keith se meriendan las partes vocales, guitarra rítmica y bajo, dejando protagonismo al solo de Taylor y el saxo de Bobby Keys. La cara A del primer disco se cerraba con uno de los temas más celebrados del álbum, "Tumbling Dice", un boogie rescatado de las sesiones de Sticky Fingers que se desliza como una culebra sobre un tapete. Mick Taylor se encargó del bajo; pobre Wyman, si no estaba allí para grabar, nadie le esperaba. A día de hoy Mick sigue convencido de que usaron la mezcla errónea para la canción. La cara B es el lento country "Sweet Virginia", donde Charlie se limita prácticamente a poner la base sobre la que funcionan el piano de Ian "Stu", el saxo de Bobby y los magníficos coros de Keith y presumiblemente otros invitados a la juerga. Y si hay un ejemplo de la influencia de un insigne invitado, Gram Parsons, sobre la música de los Stones, ahí está "Torn and Frayed", un corte de country rock que no habría desentonado en los Flying Burrito Brothers o alguno de los discos en solitario de Gram. Junto con "Sweet Virginia" es sin duda uno de los temas más deliciosos del Exile. Con la balada sureña "Sweet Black Angel" los Stones se pusieron más políticos que nunca apoyando a la activista Angela Davis en un letra que no pasaba desapercibida para la audiencia de la época. Musicalmente sin embargo el tema queda sepultado bajo el peso de "Torn and Frayed" y "Loving Cup", una de esas bellas baladas estonianas que la banda rescató de las sesiones del Let it Bleed, y la cual queda marcada por el piano de Hopkins y una pequeña ayuda de Jimmy Miller en las percusiones, además de la siempre bienvenida combinación de Price y Keys en los vientos. Y sí, increíblemente, el bajo lo grabó Bill Wyman.

La segunda parte del LP doble se abría con "Happy", ese excepcional tema autobiográfico del Keith más gitano y vagabundo al que Mick puso coros y Jimmy el pulso en la batería; el combo Price/Keys cerraba la formación de este tema, uno de los grandes clásicos de la banda. "Turd on the Run" es un rápido tema con aires country que evoca la musicalidad de la Inglaterra de posguerra, mientras que "Ventilator Blues", una de esas raras ocasiones en que Jagger y Richards deciden rebajarse a compartir créditos con alguien (en este caso, Mick Taylor), huele a estancadas agua de pantano y humedad de sótano, siendo el único corte de todo el disco en el que participan todos los miembros del grupo a la vez. De las marismas emerge "I Just Want to See His Face", una jam tribal a tres bandas entre Mick, Keith y Charlie. "Let it Loose" surgió del apasionado interés de Mick por los coros gospel, aunque en la letra de Keith se atisban ecos del moderno Odiseo del folk americano. La cara B del segundo disco se abría con "All Down the Line", un descarte acústico reconvertido en un "crochet" eléctrico dirigido a los sentidos. Con "Stop Breaking Down" la banda se sumergió en el Delta de la mano de Robert Johnson, un destino ideal para que Mick se desate con la armónica y Taylor haga lo propio con el slide, mientras el bueno de Stu les guarda las espaldas al piano, como si el tiempo se hubiera detenido en aquellos viejos clubs de jazz londinenses. La mayor contribución compositiva de Jagger fue "Shine A Light", que compuso originalmente en los días en que Brian iba perdiéndose cada vez más en sus adicciones, de manera similar a lo que le estaba ocurriendo a Keith; el colaborador de lujo en esta ocasión fue Billy Preston, al mando de piano y órgano. El álbum se cerraba brillantemente con "Soul Survivor", una de esas canciones de la banda que parece albergar al diablo agazapado tras cada nota y cada riff. Todo esto y más era y es Exile on Main St., un estofado de inquietudes estonianas cocinado a fuego lento bajo la supervisión de un Keith Richards cuya atropellada inspiración había alcanzado su punto máximo; podría haber sido su último canto, de no haber sido porque siempre tuvo más de fénix que de cisne.