domingo, 30 de junio de 2013

La noche más oscura (2012)

¿Está muerto Bin Laden? ¿Se defendió fue abatido a sangre fría? ¿Se voló por los aires? ¿Se deshicieron de su cuerpo siguiendo un rito musulmán o lo tiraron al agua sin más? ¿O está metido en un tanque de formol en el Área 51? ¿O tal vez está vivo y fue todo un montaje supervisado por Kubrick? Supongo que nunca sabremos toda la verdad o tardaremos mucho en saberlo, y la conspiranoia siempre tendrá un rumor a punto para que podamos masticarlo durante un tiempo. Pero oficialmente un 2 mayo de 2011 un comando infiltrado en Pakistán acabó con la vida del mayor enemigo de Estados Unidos, justo poco tiempo antes de que la directora Kathryn Bigelow y su guionista Mark Boal comenzaran el rodaje de una película que iba a narrar los diez años de infructuosa caza del terrorista. Evidentemente la producción fue paralizada pues de repente su guión ya tenía un final mucho más espectacular.

Dado lo controvertido de su trama estaba claro que La noche más oscura había de ser un film polémico, y que iba a recibir collejas de todas partes, ya fuera desde el punto de vista periodístico por dramatizar demasiado esto o aquello, o desde el punto de vista político, con las escenas de tortura como foco principal, que para unos eran pura invención o, simplemente, no lo bastante importantes en la vida real como para tener ese protagonismo en la película, y para otros era un retrato demasiado paternalista sobre esa horrible práctica. Práctica a la que estoy convencido recurren todos los servicios de inteligencia en alguna u otra ocasión, sólo que simplemente algunos lo necesitarán más que otros.

Y es que ahora que nos desayunamos con las escandalosas noticias de los espionajes indiscriminados de la CIA resulta divertido ver el escándalo con el que los telediarios hablan del asunto y el estupor de los comunicados oficiales de los gobiernos afectados, como si sus servicios de inteligencia llamaran siempre a la puerta antes de preguntar. No sé que pensará la gente para qué están todos esos organismos, que si la CIA, el MI6 o quien sea, pero me temo que la ética no es una de sus prioridades.

Volviendo a la película, ciertamente La noche más oscura representa los hechos de una forma bastante aséptica, aunque ello no implica que el film sea totalmente objetivo. Primero porque ya sabemos que ser totalmente objetivo sobre determinado asunto parece algo bastante poco humano, y segundo porque el historial de Hollywood nos ha de poner ya en guardia sobre lo contrario. Pero dado que dudo (perdonen la aliteración) que Kathryn Bigelow tuviera en mente al público pakistaní, iraní, o siquiera europeo en mente al rodar el film, ésta es una película sobre la caza de Bin Laden por parte de la CIA, por lo que más bien tendremos al bando occidental y sus aliados luchando contra el bando oriental, con lo que éstos no aparecerán, por ejemplo, como víctimas principales de los atentados de Al Qaeda. Si a lo largo del film, paralelamente a la investigación del paradero de Osama, vamos viendo los golpes que los terroristas van dando a lo largo del orbe, éstos serán aquellos que tengan a estadounidenses como objetivos, más una concesión a las explosiones de Londres. Lo cual me parece totalmente lícito, aunque, paradójicamente, no sea entre occidentales donde más se cuentan las víctimas de Al Qaeda.

Pero consideraciones externas aparte, La noche más oscura es una sólida cinta de espías pero obviamente muy alejado del espíritu de James Bond, siendo quizás más parecido (en su forma, que no en el fondo) a los
films políticos de los 70, salvo por su parte final. La película está dividida en pequeños capítulos que mediante elipsis va avanzando en el tiempo con la agente Maya como figura central, una mujer cuya vida se ha fundido con su carrera sumergida cada vez más en la obsesión de atrapar al gran criminal. Un personaje al parecer real, pero que en el film sea seguramente el compendio de varias personas reales. Ya se sabe que en las películas de este tipo siempre funciona mejor un sólo héroe que una conjunción de personas que parezcan el plantel de una oficina bancaria. Jessica Chastain cumple como heroína central, aunque dado lo duro y hermético del papel quizás su interpretación no sea lo bastante sutil como para transmitir demasiado al espectador. Cabe mencionar también al malogrado James Gandolfini quien aparece aquí como director de la CIA en uno de sus últimos roles.

Resumiendo La noche más oscura es un film compacto que entretiene a pesar de sus más de dos horas de duración, y que ciertamente tiende precisamente a no aburrir y exponer unos hechos sin profundizar demasiado en las causas o las consecuencias. Si esta asepsia es más o menos aparente es algo que deberán decidir ustedes. Desde luego como vehículo de entretenimiento la película me parece totalmente válida.

martes, 25 de junio de 2013

Doce del patíbulo (1967)

¿Podía haber algo mejor que una peli de comandos con la que pasar la tarde y estimular la imaginación? Cuando uno era un criajo esas historias de incursiones y misiones especiales parecían ideales para una sobremesa de sábado, porque luego con sus amigos uno podía montarse su propia misión suicida sin necesidad de tener un gran ejército a su disposición. Y luego llegaron videojuegos como Commandos y la sensación de meterte en alguna película que ya habías visto era todavía mayor. Y sin duda alguna de entre todas las películas de misiones especiales bélicas Doce del patíbulo era la que más destacaba.

Quizás lo que la hacía diferente era esa trama subversiva (aunque las lecturas antisistema desde luego quedaban fuera del alcance de un sorbemocos como yo) de un grupo de criminales condenados a muerte obteniendo la redención en una incursión tras las líneas enemigas que ha de facilitar un poco las cosas al desembarco del Día D. Y si había un director capaz de retorcer un género ése era Robert Aldrich, quien con Doce del patíbulo logró una sutil mezcla de comercialidad y crítica que se convirtió en su mayor éxito en términos de taquilla. La visión sobre la guerra no distaba demasiado de otros títulos del director como Ataque, pero el continente era mucho más atractivo comercialmente y desde luego el público de 1967 estaba mucho más dispuesto a congeniar con tramas donde se cuestionaba abiertamente la autoridad que en los años 50. Eran los días de Vietnam y el comienzo del Verano del Amor, con lo que el caldo de cultivo para una cinta bélica tan peculiar como Doce del patíbulo era el idóneo.

La novela original de E.M. Nathanson ya había sido un formidable éxito, y de hecho Aldrich ya había intentado hacerse con los derechos antes de su publicación. Sin embargo fue finalmente la MGM quien compró los derechos del libro en 1963. Para cuando el proyecto cayó en manos de Aldrich el estudio ya había realizado varias versiones del guión sin que la historia pareciera llegar a buen puerto. El efectivo Nunnaly Johnson remozó todas las versiones en una sola, que fue la que llegó a manos del director, quien posteriormente la definió como un "buen bélico de 1945". Decidido a darle un toque más moderno Aldrich llamó a Lukas Heller (encargado de adaptar a la gran pantalla ¿Qué fue de Baby Jane?), quien se encargó de introducir, según Aldrich, todo el antiautoritarismo que vemos en el film y que estaba, al parecer, ausente en la novela.

El guión final que iba a manejar Aldrich compaginaba muy bien la acción con la comedia, pero al mismo tiempo ofrecía dosis de humor negro y algunas secuencias que sin duda iban a provocar polémica. Aldrich estaba decidido a hacer una película bélica más realista, y por lo tanto en una de las escenas finales se decidió a dejar claro que en una guerra no había malos ni buenos, y que cuando era necesario la brutalidad podía dirigir las acciones de cualquier bando.

En una película tan coral como aquella Aldrich estaba dispuesto a reunir un equilibrado pantel de recios secundarios, algún que otro gran intérprete y rostros con personalidad. Pero la película necesitaba una estrella que encarnara al duro Mayor Reisman, el jefe de la operación que había de convertir a unos condenados a muerte sin disciplina ni heroismo en un comando mortal. Quizás como sutil contraste con la trama tan poco heroica del film Aldrich ofreció ese papel a John Wayne, quien tras leer el guión lo rechazó, como cabía esperarse, aunque al parecer su negativa no tuvo demasiado que ver con los toques subversivos, sino con el hecho de que en el guión original Reisman estuviera liado con una señora inglesa cuyo marido estaba luchando en el frente. Aldrich recurrió entonces a Lee Marvin, quien tras muchos de bregar en Hollywood había comenzado por fin a ser un nombre a tener en cuenta.

Lo cierto es que el éxito de Doce del patíbulo no sólo oficializó el estatus de estrella de Marvin, sino que impulsó las carreras de casi todo los que participaron en ella. Y es que el reparto de la película era tan sólido como los muros del castillo nazi que asaltan los doce convictos. Ahí estaban tipos duros como Charles Bronson o el imponente Clint Walker, actores de carácter como Ernest Borgnine, Robert Ryan, George Kennedy o Telly Savalas, un freelance en busca de financiación como John Cassavetes, y un jovencito Donald Sutherland que llegó en el último momento y se convirtió en un rostro popular de la noche a la mañana. Un caso especial fue el de Jim Brown, toda una estrella del fútbol americano que estaba probando suerte como actor, y que cuando el rodaje se retrasó y su equipo le puso entre la espada y la pared, decidió retirarse con tan solo 29 años.

En fin, ¿qué más añadir? Desde luego es uno de mis films bélicos preferidos, con toda esa mezcla de humor, acción y mala leche, el Mayo Reisman duro como el acero poniendo a los convictos en su sitio durante el entrenamiento, Cassavetes resistiéndose a toda autoridad (quizás por eso aquí le rebautizaron como Frankie en vez de Franko, para evitar suspicacias), Bronson arrastrando un aire de melancolía silesia, Telly Savalas ejerciendo de psicópata del lugar y Sutherland encargado de ser el payaso del grupo. Vamos, que la película tiene demasiadas escenas memorables como para ser resumidas, comenzando ya con su secuencia inicial que da paso a esos créditos tan jugosos. Por ello no creo que haya película de comandos posterior a Doce del patíbulo que no beba aquí o allá de la cinta de Aldrich.

Así que ya sabéis, si necesitáis asaltar algún castillo nazi esta es la película que tenéis que ver. Y si ya la habéis visto, nunca está de más revisitarla y repasar de nuevo la operación:
Uno, llegamos al puente sin ruido alguno. Dos, los centinelas estrangulados...

jueves, 20 de junio de 2013