sábado, 5 de octubre de 2013

John Adams

En un musical escolar de Los Simpson había una corta, cruda y epatante canción sobre los presidentes más mediocres de la historia de los Estados Unidos (ya saben, here's William Henry Harrison, I died in thirty days!) que nos hablaba de esos presidentes sobre los que Spielberg nunca hará una película. También estaba aquel otro momento donde la estatua de Jefferson se quejaba a Lisa de que nadie acudía a verle. Aunque el bueno de Thomas no debería quejarse, ya que, aunque no sea trate de un William Henry Harrison, de todos los políticos de su generación uno de los más olvidados sea seguramente John Adams, que en la historia ha parecido vivir siempre a la sombra de Washington, Franklin o el citado Jefferson. En el año 2001 un libro de David McCollough ayudó a recordar al público las hazañas de Adams, y unos cuantos años después de aquel libro surgió una miniserie de siete episodios facturada por la prestigiosa HBO.

Los fans de la cadena ya sabéis como cuidan a sus bebés, a los que suelen dotar de bastantes medios. Evidentemente John Adams no es una excepción y la ambientación está cuidada al detalle; quizás por ello sólo dispongamos de siete episodios que disfrutar, en los cuales se narra la vida de Adams desde el inicio de la Revolución y la Guerra de Independencia pasando por su etapa como presidente hasta su muerte. Evidentemente la serie es ideal para quien guste de cintas históricas y demás, pero la calidad de sus intérpretes, guión y la trama paralela de la vida familiar de Adams puede atraer también a quienes prefieran un tono más parecido al drama familiar. De todas formas tampoco hay que engañarse: quien no tenga absolutamente ningún interés en la historia o en este periodo americano quizás debiera optar por otros títulos televisivos. ¡Por fortuna ahora mismo no nos faltan series que ver! Con todo John Adams logra no sólo interesarnos por los grandes acontecimientos que llevaron al nacimiento de los Estados Unidos, sino por la vida de las personas mundanas en aquella época, y lo que duro que podía suponer para una familia la llegada de una grave enfermedad, o el simple hecho (simple para nosotros, claro) de cruzar el Atlántico y estar separados durante meses o años, como les sucedió a los Adams. De hecho la comunicación epistolar entre los dos conyúges se considera hoy en día no sólo como una imprescindible fuente de información para quien desea documentarse o escribir sobre el periodo revolucionario norteamericano, sino que además sus cartas de amor pasan por ser una de las muestras de arte epistolar más refinadas de la historia norteamericana. Por lo que podemos colegir de la serie así debe ser. Y en estas ocasiones siempre me imagino a algún futuro historiador teniendo que estudiar nuestros paupérrimos emails. Ciertamente cualquier carta pasada fue mejor.

Otro gran aliciente es poder disfrutar de ese pequeño gran actor que es Paul Giamatti, cuyo Adams es tan bueno como se puede esperar de él. Como frecuente secundario le he visto a la sombre de intérpretes que no merecían ni limpiarle los zapatos, y por ello siempre resulta gratificante verle como protagonista (aprovecho para recomendaros que echéis un ojo a Giamatti en American Splendor, por ejemplo). De todas formas si en otros papeles lo ha tenido fácil para destacar, en John Adams por el contrario tenía a su alrededor una dura competencia, empezando por la protagonista femenina de la serie, Laura Linney, cuya Abigail Adams no sólo está a la altura del Adams de Giamatti, sino que creo además en que en más de una ocasión logra robarle el protagonismo. Aunque probablemente con quien más he disfrutado ha sido con el Jefferson que Stephen Dillane ha construido; resulta algo chocante verle en un papel tan alejado del vengativo Stannis Baratheon de Juego de tronos, pero el personaje norteamericano ciertamente sacó lo mejor de Dillane, cuya representación del famoso político me ha parecido simplemente brillante; digna de algún tipo de spin-off, de hecho. Tom Wilkinson, a quien muchos recordaréis por la divertida Full Monty, también merece ser nombrado por su carismática y divertida actuación haciendo de Benjamin Franklin.

Aunque como todo producto artístico John Adams tiene sus errores y licencias artísticas e históricas (algo que no habría gustado nada al propio Adams de la serie, si hemos de juzgarle por una de sus últimas escenas) la serie cuenta con un gran guión y por momentos ofrece momentos brillantes; aparte de los refinados momentos epistolares (que imagino en su mayoría habrán sido sacadas de las cartas que escribieron los Adams), destacaría por ejemplo la reunión de Adams y Franklin con Jefferson acerca de su Declaración de Independencia; o la estancia de Adams en la corte de París, a la que el pícaro y astuto Franklin se adapta perfectamente, pero que saca de quicio al ilustre abogado, mostrando así no sólo la brecha existente entre un colono norteamericano y la corte francesa, sino la que ya existía simplemente entre los nobles franceses y su pueblo, del que Adams podría ser un representante, aunque sea al otro lado del Atlántico. Los diálogos políticos entre Adams y Jefferson, o entre éste y Alexander Hamilton, también son muy estimulantes, así como la delirante audiencia del protagonista con el rey Jorge III; las escenas íntimas entre el matrimonio Adams también nos dan muchos buenos momentos.

No digo que John Adams esté a la altura de los grandes buques de entretenimiento de la famosa cadena, pero es bien sabido que suele equivaler a calidad, y esta miniserie desde luego merece la pena. Sólo por el cruce de cables que representa Dillane y su Jefferson Baratheon ya hay que recomendarla, además de por todo lo demás que he comentado. Yo por lo pronto ya estoy buscando una tira de seda o lo que sea eso para hacerme una coletita del XVIII, que queda muy fino y muy digno.

1 comentario:

El Bueno de Cuttlas dijo...

Me encanta Laura Linney, es de esas actrices colosales que en las producciones de Hollywood no pasan de ser secundarias pero que en el cine independiente demuestran todo su valor interpretativo ("Puedes Contar Conmigo", "Mystic River", "Una Historia de Brooklyn"...). Y además es una belleza.

¡Un saludo!