martes, 3 de septiembre de 2013

Lincoln (2012)

Como europeos, y más específicamente como españoles, eso del gran respeto (no digo ya mitificación) de los políticos, y especialmente de la figura del presidente, nos suele sonar bastante lejano, y más aún en estos tiempos. Desde que España es España nuestro patriotismo siempre ha sido bastante singular y cuando ha sido protagonista parece que ha sido para peor. Pero como todos sabemos en los Estados Unidos el respeto y la consideración del cargo del presidente, el honor que representa su bandera y demás están bastante más presentes que en nuestra cultura. En algunos casos diríase que van más allá y llegan a venerar a sus mejores presidentes (de hecho si fuera un país de raíz católica creo que habrían beatificado a John F. Kennedy seguramente). Y por supuesto de todas las figuras políticas estadounidenses seguramente no haya nadie más respetado que Abraham Lincoln, el decimosexto presidente de los Estados Unidos, abolidor de la esclavitud y comandante en jefe de la Unión durante la Guerra de Secesión. Como en cualquier película biográfica de un personaje tan querido y respetado el retrato llega a rayar en la hagiografía, como ocurre con otros hombres cuyas aportaciones se consideran tan positivas (pongamos los típicos ejemplos de un Gandhi o un Mandela). Todo ser humano tiene sus luces y sus sombras. Quizás estos hombres tuvieran más de lo primero; cada cual tendrá su opinión de la medida de unas u otras. La cuestión es, ¿queda completo el retrato histórico si se elimina lo negativo de su personalidad o sus actos? Y, ¿quiere el público ver realmente los pecados que hayan podido comentar los ejemplos ya citados? De lo que no cabe duda es de que el cine norteamericano ha tendido siempre a rodear a figuras como las de Lincoln de un aura casi mística que más que retratar a un buen o a un gran presidente parece presentarnos a un moderno santo secular. Con todo, cuando en los momentos difíciles de un país hay alguien que parece conducir el barco a buen puerto, con el tiempo quienes cuenten su historia rememorarán lo positivo y magnífico de sus decisiones y acciones que redundaron en beneficio de la sociedad; y esto no ocurre sólo en los Estados Unidos, aunque allí parezca casi tradicional (podemos poner nosotros nuestro ejemplo de los conductores de la Transición).

Así que entrar en detalle de lo históricamente ajustado que es el retrato del presidente que nos ofrece Steven Spielberg en Lincoln sería bastante farragoso, precisamente por la complejidad de análisis que tienen todos los grandes personajes de la historia, y la diversidad de opiniones que historiadores y entendidos ofrecen sobre éstos, variando muchas veces y por desgracia (aunque como sabemos la objetividad absoluta no existe) según sus creencias políticas, religiosas, etc. Así pues para algunos Lincoln fue el presidente que se vio abocado a una guerra inevitable, mientras que para otros fue él quien forzó al Sur a tomar las armas; también los hay quienes aseguran que el primer tiro partió de un soldado unionista. Así que cada uno considere lo acertado o no del retrato según lo que sepa o crea; tan sólo apuntaría que para entender el contexto histórico habría que tener en cuenta el fascinante cambio de roles (evidente para unos, inexistente para otros) que de forma progresiva tras la guerra tuvieron el Partido Demócrata y el Republicano, que eran entonces (por decirlo de forma quizás algo exagerada) lo opuesto a lo que representan hoy en día.

Otra cuestión de la que se ha hablado con respecto a Lincoln es si Spielberg ha realizado mediante esta biografía un (sutil o no) paralelismo entre el presidente abolicionista y Obama, enfrentado también a situaciones comprometidas y políticas de cambio que sucitan muchas protestas y controversias con enmientas constitucionales polémicas. Que Spielberg es un apasionado de la historia, y de la norteamericana especialmente, es algo que ha dejado más que patente. En la mayoría de las veces sus acercamientos históricos en su filmografía se deben a un homenaje personal a héroes anónimos que se distinguieron por su valor y sus acciones beneficiosas en pro del bien común, o por aquellos que vivieron afligidos en situaciones injustas. También es cierto que se podría decir de Spielberg que a veces parece ser de los que no dan puntadas sin hilo; ¿significaba el estreno de Amistad una especie de respuesta a todos los acontecimientos de índole racial que se habían venido produciendo en los Estados Unidos durante los años anteriores? Sea como fuere, personalmente creo que quien quiera ver en Lincoln una metáfora de la lucha de Obama por llevar a cabo según que cambios hallará lo que busca, pero ello no implica que haya sido la intención del director; en todo caso, mas que buscar esas respuestas en el film yo las buscaría en las entrevistas que haya concedido.

Y bien, tras todo este rollo, ¿qué podemos encontrar en Lincoln? Bien, con dos horas y media de metraje quien no tenga mucho entusiasmo por la historia o Abraham Lincoln quizás no aguante delante de la pantalla mucho tiempo, pero hay que reconocer que Lincoln tiene un excelente ritmo y unos diálogos que fluyen como el vino, ayudando a que esos 150 minutos parezcan muchos menos, a pesar de que en algunos momentos Spielberg se detenga en algún aspecto de la trama o el personaje (estoy pensando por ejemplo en la secuencia de Lincoln hablando con los soldados) rompiendo un poco la continuidad interna del film. Y es que técnicamente ya sabemos que poco se le puede reprochar al director; podremos criticar a veces la elección de sus guiones, la forma de encarar tal o cual historia, lo mejor o peor del reparto, o su gusto por el azúcar, pero es por todos conocido que este hombre sabe cómo rodar, y muy bien.

El desarrollo de Lincoln le ha llevado años al director (tantos que el quien iba a encarnar al presidente, Liam Neeson, se acabó encontrando demasiado viejo para el papel), y lo que iba a ser una biografía de su vida se convirtió en la narración de las circunstancias y hechos que llevaron a la aprobación de la archifamosa Decimotercera Enmienda que abolió la esclavitud en 1865 (técnicamente veremos la aprobacióbn de la propuesta; Abraham Lincoln no vivió para verla ratificada). El cambio de parecer tuvo lugar cuando Spielberg leyó el libro Team of Rivals, biografía que se centra en la legislatura del presidente entre 1861 y 1865.

Por lo tanto Lincoln muestra lo que ocurrió entre bambalinas para que el Congreso aprobara la propuesta presidencial, teniendo que convencer incluso a representantes republicanos (ya se sabe, allí la disciplina de partido es otra cosa), amén de a la oposición demócrata, más partidaria de no arrebatar bienes a los ciudadanos, aunque esos bienes fueran esclavos. Así aprendemos que ya entonces existían eso que llamamos "lobbies", y que el bueno de Abraham no dudó en recurrir a ellos para ganar adeptos a su causa.

Muchos son los momentos a destacar del film, demostrando que Spielberg es uno de los últimos directores norteamericanos capaz aún de ofrecer secuencias en cuya letra pequeña podemos leer las firmas de los grandes clásicos; el ejemplo más comentado y admirado sea seguramente esa larga secuencia final de la votación de la propuesta.

Entre el reparto de protagonistas destacan David Strathairn (le recordarán como el flemático Ed Murrow de Buenas noches y buena suerte); un irreconocible James Spader aportando comicidad como miembro del grupo de presión presidencial; el siempre efectivo Tommy Lee Jones y una Sally Field que casi pidió de rodillas una audición, pero que resulta una estupenda señora Lincoln. Ciertamente Joseph-Gordon Levitt no está a la altura de los veteranos. Pero sin duda es Daniel Day-Lewis quien se lleva toda la gloria con una interpretación para el recuerdo, haciendo grande al personaje no en los grandes discursos, sino en los pequeños momentos, especialmente cuando se pone a contar una de sus anécdotas (impagable por cierto la exasperada reacción de uno de sus colaboradores cuando el presidente se dispone una vez más a relatar una enésima historia). La figura de Lincoln siempre ha impuesto mucho respeto a los actores, y en un principio Day-Lewis rechazó amablemente la oferta de ponerse bajo el sombrero de copa alta, pero le debemos a Leonardo DiCaprio que convenciera al inglés para interpretar al presidente. Y lo cierto es que Daniel Day-Lewis demuestra una vez más que es uno de los mejores, y sólo por él merece la pena ver Lincoln.

Mientras tanto, seguiré pensándome si ver War Horse, que todo el mundo puso a caldo. Y con todo, aún le daría una oportunidad a una quinta parte de Indiana Jones. Y es que cuando hablé aquí de la cuarta estaba lleno de adrenalina y azúcar. Pero ésa, amigos, es otra historia.

5 comentarios:

Ginebra dijo...

Este año intenté ver en clase esta película, ya que habíamos estudiado el nacimiento de los EEUU y su evolución posterior hasta el siglo XX. Como no había ido al cine, decidimos verla en clase y la verdad es que me pareció un tostón considerable. Muy bien hecha, muy bien realizada, genialmente protagonizada por Day-Lewis, pero un tostón de cojones. Así es que la apagamos porque los chicos se dormían y la profe también:).
No puedo opinar sobre el mensaje en cuestión, pero me gustó leer lo que escribiste.

Alí Reyes dijo...

De verdad que es una película monumental pero coincido con GINEBRA. Es más, creo que hice muy bien al verla en DVD en una tarde de domingo pues la película me OBLIGÓ a tomar un entreacto de una siesta de 75 munutos con ronquido y todo. Luego me lavé la cara, tomé un cafecito y terminé de ver la película. Con razón ARGO se la llevó por los cachos en las premiaciones, pues allí nadie se durmió

Félix S. Trabanco dijo...

Yo es que adoro el cine político e histórico, por lo tanto quedo extasiado ante escenas que la mayoría de las personas encuentran tediosas. Pero más allá de los gustos de cada uno este film es maravilloso, monumental, casi una obra maestra. War Horse tal vez te guste, pero es mucho más edulcorada, mucho menos compleja (tampoco es un film político, claro). Spielberg no es perfecto, a veces rueda demasiadas pelis en demasiado poco tiempo, pero suele acertar.

Möbius el Crononauta dijo...

Ginebra: puf, no es una película para alumnos de instituto, hay otros títulos sobre ese periodo más entretenidos. Desde luego "Lincoln" no es una película ligera para cualquier público, como decía, quien no esté demasiado interesado en la historia en sí misma la encontrará aburrida (aunque sigo pensando que de hacerse lenta no es por culpa del montaje).

Alí Reyes: todavía no puedo comparar con Argo, pero me imagino que ciertamente la cinta de Affleck debe ser mucho más fácil de asimilar

Félix: bueno me alegra de tener alguien a mi lado por fin! jeje aunque no yo la considero casi una obra maestra, pero está muy bien rodada, de eso no hay duda. Con War Horse no me fío, pero supongo que tarde o temprano la acaberé viendo.

Alí Reyes dijo...

Te aclaro hermano. No es que la película sea mala, de hecho la califico como MONUMENTAL pues es una obra de arte, pero de que da sueño, da sueño.
En otro orden, trata ded ver ARGO para poder hacer la comparación. En mi entrada -que publiqué mucho antes de que la nominaran- le hice críticas pero aun así la recomiendo