lunes, 16 de septiembre de 2013

El Tour de Francia: llega el Caníbal (1968-1974)

Entre Merckx y yo hemos ganado todas las clásicas: yo gané Paris-Tours, y él todas las demás. Noël Vantyghem.

El Tour de 1968 trajo algunos cambios tras la trágica muerte de Tom Simpson el año anterior. Se endurecieron los controles antidopaje, a los que tendría que someterse el ganador de cada etapa. En el Giro el mayor control sobre drogas tuvo como consecuencia la expulsión de varios corredores que dieron positivo. José Samyn sería aquel el año el primer corredor de la historia del Tour expulsado por dar positivo en un control antidopaje. Las autoridades francesas se habían tomado en serio la lucha contra el dopaje en el deporte, y la presión sobre organizadores y patrocinadores hizo que los corredores no tuvieran más remedio que aceptar aquellos cambios. Por otro lado la muerte del dopado, sí, pero también deshidratado Simpson había hecho patente la necesidad de abrir la mano respecto a las reglas de avituallamiento. A partir de entonces los ciclistas podrían reabastecerse de agua desde el coche de equipo. La organización también decidió introducir de nuevo días de descanso en la carrera. Como último detalle se introdujo el maillot blanco, un premio para quien tuviera mejor cómputo en la montaña, en la clasificación por puntos y en la general.

La competición continuó con equipos nacionales. Francia tenía tres equipos, A, B y C. En el primero destacaban Raymond Poulidor y Roger Pingeon, el vigente campeón. Lucien Aimar, campeón del 66, corría en el equipo B. Franco Bitossi era la gran apuesta de una Italia con grandes ausencias. En España se esperaba que Julio Jiménez fuera capaz de conseguir un cuarto premio de la montaña (aunque al final lo ganaría un compatriota, Aurelio González). El holandés Jan Janssen podía ser uno de los favoritos a acabar en el podio de París. Bélgica tenía a Herman van Springel, y Ferdi Bracke, que había establecido un nuevo Récord de la Hora. Pero el que podía ser su mejor hombre, un joven de 23 años, todavía no se había decidido a participar en la carrera francesa. Sin embargo tenía en su palmarés un Campeonato del Mundo y un Giro. Se trataba, por supuesto, de Eddy Merckx.

La etapa prólogo en Vittel demostró que aquel podía ser un Tour muy abierto. Prácticamente todos los favoritos se habían apiñado en unos pocos segundos tras el primer líder de aquella edición, Charly Grosskost. La carrera prosiguió sin grandes sobresaltos con un pelotón muy controlador que no permitió las escapadas. Cuando la carrera llegó al pie de los Pirineos lideraba la clasificación el belga Georges Vandenberghe. Contra todo pronóstico el belga logró retener el maillot en la alta montaña. Tras la última etapa pirenaica le seguían los italianos Silvano Schiavon a minuto y medio y Adriano Passuello a 3 minutos 26 segundos.

La etapa 16 significó el fin del reinado de Vandenberghe. El francés Aimar atacó buscando distanciarse de Pingeon; varios de los favoritos se fueron a su rueda. Posteriormente Bitossi y el germano Rolf Wolfshohl demarraron a su vez del grupo de cabeza en busca de la victoria de etapa, que fue para el italiano. Ni Vandenberghe, ni Pingeon ni Poulidor (que arrastraba todavía secuelas de una caída tras ser derribado por una moto) fueron capaces de responder al fulminante ataque de Aimar. Sus opciones para ganar la carrera se habían disipado.

Cuando Jean Stablinski fue expulsado por dar positivo y Poulidor se retiró debido a sus molestias Francia se quedó sin opciones reales en la general. Pingeon trató de remediarlo con una larga escapada en la etapa 18, a cuya caza salió Aimar. Al acabar la jornada ambos estaban entre los 10 primeros, listos para afrontar los Alpes. La victoria aquel día fue para Barry Hoban. El grupeto que le seguía a 4 minutos llevaba a Herman van Springel y a Jan Janssen. El primero se colocó líder de la general, con Janssen tercero a 16 segundos. La aislada ascensión del Foucille en la etapa 20 no podía significar ningún cambio notable en la general. Todo habría de jugarse en la contrarreloj final de 55 kilómetros entre Melun y París. El holandés Janssen se encontraba en una situación parecida a la de la edición de 1966, donde finalmente no pudo ganar el suficiente tiempo para proclamarse campeón. En realidad cualquier cosa era posible; entre Van Springel y el noveno clasificado, Roger Pingeon, mediaba una distancia de poco más de 2 minutos. La diferencia con Bitossi, cuarto clasificado, no llegaba al minuto.

Springel comenzó fuerte; todo indicaba que podría mantener el maillot amarillo. Aunque Janssen empezó de forma discreta fue a más, mientras que a falta de 12 kilómetros para la meta el belga comenzó a flojear. Cuando el holandés pasó como una flecha a su predecesor, Bitossi, quedó claro que las tornas habían cambiado. Janssen ganó la crono con 54 segundos de ventaja sobre Van Springel; una distancia más que suficiente para convertirse en el primer holandés que ganaba un Tour de Francia.
Silvano Schiavon, Aurelio González y Raymond Poulidor.
Dicen que no hay nada más peligroso que un animal salvaje herido y acorralado. Y en 1969 Eddy Merckx lo era. Había sido expulsado del Giro llevando la maglia rossa tras dar positivo en un control antidoping. No era el primer control que pasaba en la carrera, ya que como líder había sido puesto a prueba en más de una ocasión. La prensa de la época mostró imagénes de un Merckx moralmente hundido, clamando contra aquella injusticia. La polémica dominó los titulares, y se llegó a hablar de alguna extraña conspiración. Quienes apoyaban su causa se preguntaban si tenía sentido que el belga hubiera recurrido al dopaje para disputar una etapa llana de tránsito. Pero más allá de su expulsión, el mes de sanción con que había sido castigado le imposibilitaba participar en el Tour. Finalmente le fue levantada la sanción en medio del debate de si su positivo respondía a un caso de dopaje real, con acusaciones de una cuestionable custodia de las muestras y un extraño interés por llevar los resultados a la prensa antes siquiera de que el corredor o su equipo fueran informados. Como decía, nada hay más peligroso que un animal herido. Y Eddy Merckx llegó al Tour de aquel año dispuesto a restaurar su honor y demostrar de lo que era capaz.

El Tour de 1969 vio el regreso de los equipos comerciales a la carrera. Los patrocinadores presionaban para que se les permitiera regresar y poder disfrutar de las ganancias de la publicidad; por otro lado la organización andaba corta de dinero y se dio cuenta de que mantener el sistema de equipos nacionales le resultaba demasiado costoso. Los ciclistas nunca volvieron a correr por naciones en el Tour. En cuanto a la carrera, los días de descanso volvieron a desaparecer.

Como vigente campeón Jan Janssen del equipo BIC era el favorito; debería defender el título frente al belga Herman van Springel, Roger Pingeon del equipo Peugeot, Rudi Altig o Raymond Poulidor. El ganador del 65 Felice Gimondi volvía a la ronda francesa y también había que contar con él. Aunque la verdadera pregunta era; ¿serían rivales para el debut de Merckx en el Tour? Su temporada hasta la expulsión del Giro había sido impresionante, con varias victorias en algunas de las carreras más importantes de la temporada.

Tras la prólogo y la primera etapa (dividida en dos, con una crono por equipos) el líder era Merckx, seguido de Altig a 8 segundos. Varios de los otros favoritos le seguían con lapsos de unos cuantos segundos. El belga no se molestó en mantener orgullosamente el maillot amarillo, que cedió gustoso a su gregario Julien Stevens, que protagonizó una escapada que le dio la victoria de etapa y la primera posición en la general. Merckx esperó a la sexta etapa, con tres grandes puertos en los Montes Vosgos, para dar su zarpazo. Los dioses le fueron favorables y posibles rivales como Poulidor o Gimondi tuvieron problemas mecánicos o pinchazos. El resto quedó atrás inexorablemente. El español Joaquín Galera fue el único que pudo mantener la distancia por debajo del minuto, mientras que Altig no hizo mal papel y cedió casi 2 minutos. El grupo principal llegó a línea de meta a más de 4 minutos. Merckx volvió a ganar en la primera parte de la octava jornada, una corta crono de apenas 8 kilómetros. Tras la segunda parte y sin tiempo para respirar (en la etapa 8b un joven debutante llamado Luis Ocaña abandonó el Tour) llegó al día siguiente la primera jornada alpina. Pingeon atacó en el Forclaz, el primer puerto del día, llevándose consigo a Merckx. Ambos permanecieron juntos hasta la línea de meta, donde el belga cedió la victoria a Pingeon. Una rara muestra de magnanimidad; ver al belga ceder una victoria era como imaginar a Vlad Tepes perdonando la vida a alguno de sus prisioneros. Aunque Merckx tenía razones para estar contento: apenas sí había transcurrido la primera semana de carrera y ya tenía a todos sus rivales a más de 5 minutos. La siguente jornada en los Alpes fue un infierno de frío y lluvia, aunque ello no afectó a la posición del líder.

Al día siguiente fue Gimondi quien probó suerte en las cuestas alpinas, y de nuevo Merckx partió con este nuevo compañero hacia la línea de meta, pero esta vez disputó y ganó la etapa. En la decimosegunda etapa, con una solitaria ascensión, el Espigoulier, Merckx no ofreció ninguna tregua. Él y un compañero de equipo demarraron junto a Gimondi y el español Andrés Gandarias. Esta vez Gimondi se impuso en la llegada a meta, pero poco importaba: el belga ya había aumentado la distancia con el segundo clasificado (Pingeon) a más de 7 minutos. La siguiente contrarreloj llegó en la etapa 15, que Merckx ganó fácilmente. Su ventaja era ahora de 8 minutos y 3 segundos. Cuando al día siguiente llegaron los Pirineos, el belga se tomó un pequeño descanso y entró cuarto tras el ganador de la jornada, arrancando 20 segundos aquí y 30 allá a sus más directos rivales. Como el gato que se regodea con su presa, aquel jugueteo no había estado mal. Pero ya había llegado la hora de aplastar enemigos y contemplar cómo lloran sus mujeres; el terreno era ideal, con cuatro grandes puertos (Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Aubisque) a conquistar. Galera fue el primero sacudir en el panal, y acabó llevándose a rueda a casi todos los favoritos. Merckx dejó tomar aire y comida a los condenados en los dos primeros puertos, para a continuación lanzar un ataque al que sólo su gregario Martin Vandenbossche pudo responder. La persecución fue feroz, pero fue en el descenso donde el belga abrió brecha, tomando 1 minuto de ventaja. Restaban todavía 140 kilómetros hasta la meta y otro gran puerto, el Aubisque. Según declaró Merckx más tarde, iba todavía "a la marcha" cuando le comunicaron la ventaja sobre sus rivales. Vandenbossche era ya cosa del pasado. Su líder le dejó atrás y se dispuso a realizar una carnicería. Al coronar el Aubisque su ventaja era ya de 7 minutos. Aquella enorme ventaja podría haber bastando a cualquier otro ser humano, pero aquel día Merckx parecía surgido de los infiernos. El belga siguió sin relajarse y añadió casi otro minuto a su ventaja. Al acabar la jornada Pingeon seguía segundo a 16 minutos y 18 segundos, una ventaja más propia de los tiempos de entreguerra que de la era más competitiva posterior a la Segunda Guerra Mundial (tan sólo Coppi había llegado a lograr en el Tour unas distancias tan considerables).

Merckx había demostrado que era quizás el corredor más completo que jamás se hubiera visto: podía vencer en las contrarrelojes, tomar ventaja en el llano, demarrar en la montaña y descender como un halcón. Su ambición parecía no conocer límites, y sólo un error de cálculo hizo que se le escapara la victoria en la jornada del Puy de Dôme. Por supuesto la última contrarreloj que conduciría a los corredores a París sólo podía acabar con victoria de Eddy Merckx. Su dominio había sido absoluto, había ganado 6 etapas y todo lo que podía ganar: la clasificación general, la clasificación de la regularidad y la clasificación de la montaña. No había duda: "El Caníbal" había llegado al Tour.
No esperen piedad de Eddy Merckx.
El Tour de 1970 prometía ser más duro que el anterior, con 250 km más de recorrido, varias etapas dobles y ningún día de descanso. Por si su aplastante actuación del año anterior no hubiera sido bastante, durante la primavera Eddy Merckx se había asegurado de dejar claro quien era el favorito para salir vencedor en el Tour, proclamándose campeón en la París - Roubaix y otras clásicas, en el Tour de Bélgica (curiosamente sólo llegó a ganarlo en aquella ocasión) y en el Giro de Italia, a donde había vuelto tras su polémica expulsión por dopaje para acabar lo que empezara. Todo ello tras sufrir una aparatosa lesión a finales de la temporada anterior en la que se rompió una vértebra. El belga aseguró que tras su accidente sus sensaciones no volvieron a ser las mismas; aun así su impresionante palmarés apenas sí había comenzado.

La etapa prólogo dio como vencedor a Merckx, enfundándose el maillot amarillo. Durante la segunda etapa se produjo algo insólito: dos gregarios del belga se metieron en una escapada que fructificó, amenazando el liderato de Merckx. Algo muy común, ya que rara vez los favoritos desean defender su liderazgo durante la primera semana de carrera. Sin embargo los aficionados pudieron observar sorprendidos a un pelotón liderado por el propio Merckx tratando de dar caza a sus propios hombres. Más tarde ante la prensa el belga afirmó que en realidad había tratado de sacar tiempo a dos de sus rivales, Pingeon y Poulidor, que habían tenido problemas mecánicos. Pero supongo que fueron pocos los que creyeron esa historia. Más bien parecía claro que el belga deseaba vestir de amarillo durante todo el Tour. Aun así su compañero Italo Zilioli le arrebató el primer puesto en la general con una minúscula diferencia de 4 segundos. Su alegría llegó hasta la sexta etapa; Zilioli sufrió un pinchazo pero ningún compañero acudió en su ayuda; Merckx aprovechó para meterse en una escapada y recuperar el jersey amarillo.

En la séptima jornada, etapa 7B (era uno de esos días con doble etapa), se produjo la sorpresa en la crono individual cuando el sprinter español y vigente campeón de España aquel año de fondo en carretera José González Linares batió a Merckx por 3 segundos. Cuarto en la etapa fue otro español, Luis Ocaña, con muchas mejores sensaciones que en su debut la temporada anterior; de hecho Ocaña se había proclamado vencedor en la Vuelta de aquel año. Con todo, todavía no estaba listo para competir por la general.

La décima etapa, que transcurría por el Jura, con una ascensión a Les Rousses, amaneció como el típico día de calor abrasador; una jornada para que los ciclistas anónimos buscaran la victoria de etapa. Sin embargo no fue un anónimo sino Eddy Merckx quien atacó al pelotón, seguido de tres corredores más: Guerrino Tosello, Geurges Pintens y Joop Zoetemelk, quinto en la general. Nada ni nadie pudo pararle: Merckx no sólo ganó la etapa sino que se deshizo de todos sus rivales (Herman van Springel quedó a 8 minutos, junto a Poulidor, y el minutaje aumentaba respecto a muchos otros); tan sólo Zoetemelk permanecía a una distancia asequible con 2 minutos y 51 segundos de diferencia. Aun así declaró a la prensa que había que ser realista: Merckx era el más fuerte y él bastante tendría con defender su segunda plaza. ¿Era el holandés Zoetemelk demasiado pesimista? Siendo su primer año en el Tour no le faltaba razón. Al día siguiente, una corta contrarreloj individual, Merckx demostró que jugaba en otra liga: como si nada hubiera pasado el día anterior, ganó la etapa y esta vez Linares sólo pudo ser segundo tras el belga. Aquello no era todo. La crono había formado parte de una de las varias etapas dobles del Tour. Al día siguiente esperaba una dura jornada en los Alpes. Merckx atacó y ganó la etapa. Su distancia con Zoetemelk era ya de 6 minutos. "El Caníbal" se despidió de los Alpes sobre las rampas del Mont Ventoux con otra victoria de etapa y una ventaja de 9 minutos y 26 segundos. Sin embargo y aunque pudiera parecer lo contrario Merckx era humano, y tras aquella dura jornada se desvaneció mientras atendía la prensa.

La carrera siguió hacia los Pirineos, y Ocaña tuvo la ocasión de lograr su primera victoria de etapa en el Tour. Al llegar la alta montaña Merckx no se encontraba en condiciones físicas de disputar la victoria; con su amplia ventaja se dedicó a defender el maillot dejando la gloria a otros ciclistas más jóvenes, como el debutante Bernard Thévenet, que se proclamó vencedor en la primera y durísima jornada pirenaica. Realmente la carrera se había sentenciado ya mucho antes, y con dos cronos individuales todavía por disputarse, Merckx no sólo se adjudicó su segundo Tour y la clasificación de la montaña, sino que con 8 victorias de etapa igualó la marca que lograra Charles Pélissier en 1930.
Merckx ganó el Tour de 1970 de forma incontestable.
El Tour de 1971 iba a ser mucho más corto y por tanto mucho más rápido. Preguntarse si Merckx ganaría el Tour parecía tan naïve como preguntarse de dónde venían los niños; quizás la cuestión era por cuánta diferencia ganaría su tercer Tour. Aun así cabía esperar lo que eran capaces de hacer ciclistas como el holandés Joop Zoetemelk (quien llegaría a correr 16 Tours completos), que había tenido un magnífico debut en 1970 quedando segundo tras Merckx; el compatriota de éste, el escalador Lucien van Impe (protegido de Bahamontes), o el portugués Joaquim Agostinho. La temporada de Bernard Thévenet hasta la fecha indicaba que también podría ser uno de los candidatos a disputarle al belga su supremacía. Viejos rivales como Poulidor o Pingeon no participaban en aquella edición, y otros, como Herman van Springel, corrían ahora para Merckx, cuyo nuevo equipo, el Molteni, estaba plagado de excelentes corredores. Pero ciertamente Italo Zilioli no fue uno de ellos.

La carrera comenzó como el año anterior con una etapa prólogo de contrarreloj por equipos, que dio como primer lider a Merckx. Aquel Tour podía ser más corto, pero la primera jornada se dividió en tres etapas (de 59, 90 y 74 kilómetros cada una). Al día siguiente Merckx no dudó en disputar, y ganar, la etapa al sprint dentro de una numerosa escapada con gran número de favoritos. Entre ellos no se encontraba Lucien Aimar, campeón del 66, lo que convirtió a Lucien van Impe en líder de facto de su equipo, el Sonolor. Uno de los gregarios de lujo de Merckx, el compatriota Marinus Wagtmans, se adjudicó la tercera etapa, pero esta vez su maillot de lider no corrió peligro. De hecho el belga siguió vistiendo de amarillo hasta la llegada de la carrera al Macizo Central.

La larga jornada de la octava etapa, de 221 kilómetros, tenía dos grandes puertos a escalar con el Puy de Dôme como colofón final. El pelotón rodó rápido y en tensión, como le gustaba a Merckx, cuyos gregarios apenas habían dejado un día de descanso al resto de equipos. Aquel día, en un año en que el belga lo ganó casi todo, y que le acabó valiendo el apodo de "Caníbal", Merckx hizo valer su apodo disputando todo lo que se podía disputar en la etapa, desde puntos para el maillot verde hasta puntos para la clasificación de la montaña. Si alguien osaba dejar el pelotón atrás Merckx se iba tras él; no importaba que fuera o no un peligro para la general, simplemente aquel día el belga se había levantado dispuesto a ganarlo todo. Sin embargo en las cotas del Puy de Dôme, rodeado por la niebla, fue Thévenet quien osó atacar primero. Luis Ocaña se fue a su rueda.

La temporada de Ocaña aquel año había sido más discreta en cuanto a victorias, y en la Vuelta había sido tercero, pero en la París-Niza, y especialmente en la Dauphiné Liberé, el español había demostrado ser el único capaz de hacer frente a un Merckx intratable. El Tour anterior una bronquitis había provocado que Ocaña no pudiera dar lo mejor de sí mismo; aquella edición sin embargo se encontraba en plena forma. Además Anquetil le había aconsejado sobre la estrategia a seguir, digna de "Monsieur Chrono": permanecer en un perfil bajo, no gastar energías, y aprovechar el territorio donde tenía ventaja, la montaña. Si para alguien tuvo palabras de admiración Merckx fue para Ocaña, de quien llegó a decir que era superior a él, pero que su mala cabeza táctica le hacía inferior. Ahora, al menos, Ocaña tenía un plan trazado por uno de los mejores tácticos que haya visto el Tour.

No ha habido ciclista, por muy superior que haya sido a sus competidores, que no haya flaqueado en alguna ocasión. Aquel 5 de julio lo impensable tuvo lugar, y Merckx fue incapaz de seguir a Thévenet y Ocaña. Al ver que el belga no podía responder a los ataques Zoetemek y Agostinho también demarraron. El español cruzó primero la meta. Merckx sólo cedió 15 segundos, pero tratándose de alguien que corría de forma tan ofensiva, su breve lapso de debilidad aquel día era un excelente combustible psicológico para sus rivales.

En la décima etapa, primera jornada en los Alpes, Merckx pinchó en el descenso del Cucheron. Sus rivales aprovecharon ese regalo de la suerte; Thévenet ganó la etapa, pero Zoetemek se puso el jersey amarillo. Ocaña le seguía a tan sólo 1 segundo. Merckx era cuarto a 1 minuto. La undécima etapa, de 134 km, tenía como puertos principales el Laffrey, el Noyer y llegada en alto en Orcières-Merlette. Ése había de ser el Día D para Ocaña, quien se confabuló con el asturiano Juan Manuel Fuente del KAS (aunque Ocaña, hijo de emigrantes, corría para el BIC y vivía en Francia desde los 14 años) para ayudarle en su empresa. Fuente, gran escalador, era capaz de lo mejor y de lo peor. En palabras de Alfredo Relaño: "Cuando saltaba sólo había dos posibilidades: o reventaba a todos o reventaba él". Aquel día ocurrió lo segundo después de abrir las hostilidades, pero sirvió para desgastar a los gregarios del belga. Zoetemek, Agostinho y Ocaña aprovecharon la ocasión. Al parecer unos problemas estomacales estaban debilitando al gran campeón, quien de nuevo no pudo seguir su rueda. Cuando Merckx se encontró finalmente sin equipo imploró a quienes iban con él que le ayudaran, pero, ¿qué caridad podía esperar cuando él nunca había tenido piedad del pelotón? Al belga no le quedó más remedio que, nunca mejor dicho, hacer de tripas corazón, y realizar en solitario la caza. Merckx salió en persecución de sus enemigos; tomó primero a Agostinho, y luego pudo unirse en un grupeto a Zoetemek. Pero ni él, ni nadie, pudo ponerse a rueda de un Ocaña que literalmente voló sobre las cuestas de Orcières, reventando la carrera; Lucien van Impe, que fue segundo en la etapa, llegó a casi 6 minutos. Merckx perdió casi 9. En una jornada épica Ocaña había sentenciado aquel Tour. Había sido un día caluroso y atroz, una etapa maníaca; de hecho se corrió tan rápido que la organización hubo de abrir la mano con el fuera de control, o sólo 32 corredores habrían sobrevivido a aquella etapa.

La duodécima etapa habría habido de ser un día de transición, como había creido Ocaña, que al arrancar la jornada se encontraba en la parte trasera del pelotón, firmando unos autógrafos tras su gesta. Una mala idea bajar la guardia con Merckx en el pelotón. "El Caníbal" no iba permitir que aquel día hubiera nada parecido a una salida controlada. Su gregario Wagtmans demarró del grupo principal llevándose con él a su lider y otros corredores de valía como AimarJozef Huysmans. El golpe de mano pilló totalmente por sorpresa al lider, cuyo equipo se puso inmediatamente a trabajar para reducir a distancia. En una apasionante jornada sobre el llano escapados y pelotón luchaban por aumentar distancias o reducirlas. La velocidad era tal que finalmente se formaron varios abanicos y grupetos. Luciano Armani logró arrebatar a Merckx la victoria de etapa al sprint, pero lo importante es que el belga había arrancado casi 2 minutos a Ocaña. De nuevo la organización hubo de hacer una repesca de corredores en lo que prácticamente había sido una contrarreloj de 251 kilómetros. Tras aquella furibunda etapa llegó una contrarreloj individual que ganó Merckx, quitándole 11 segundos al español. Aun así Ocaña aún disfrutaba de más de 7 minutos de ventaja. Eran las vísperas de los Pirineos.

12 de julio, etapa número 14. Tres grandes puertos a escalar: Portet d'Aspet, Col de Menté y Portillon, en cuyas cuestas Ocaña planeaba dar la puntilla a la carrera. Cerca de coronar el Menté el grupo de favoritos permanecía unido, cuando una terrible y súbita tormenta se desató sobre el pelotón. Merckx aprovechó la coyuntura para atacar, pero Ocaña y otro corredor, Cyril Guimard, pudieron coger su rueda. La lluvia, unida a ráfagas de viento, dificultaba la visión, y el pavimento se había enlodado haciéndolo resbaladizo y peligroso. Tras coronar el Menté Merckx se puso a descender el puerto en medio de aquel caos como sólo él sabía y podía, seguro de que nadie podría seguirle. Pero Ocaña y Guimard lograron permanecer a rueda. Maurice de Muer, director deportivo de Ocaña, le aconsejó que no se pegara a la rueda de Merckx. Si el belga demarraba ya habría tiempo de volver a cogerle. El español desoyó el consejo. Tras 4 kilómetros de descenso Merckx se fue al suelo a la salida de la curva, llevándose a Ocaña con él. Tras reparar la cadena el belga volvió a la carrera, pero el español hubo de quedarse a esperar una nueva bicicleta. El coche mecánico del BIC no tardó en llegar. Los mecánicos todavía estaban ayudando a Ocaña cuando Zoetemelk surgió raudo de la salida de la curva, encontrándose con el coche, que logró esquivar, pero chocando de lleno con el español. Todavía en el suelo, llegaron Agostinho y otro español, que también impactaron con Ocaña. El lider había quedado inconsciente. Se temía lo peor, y hubo de ser trasladado al hospital más cercano en helicóptero. Finalmente se comprobará que sólo ha sufrido fuertes contusiones. Pero su sueño de ganar el Tour había acabado. El relato del accidente de Ocaña no tardará en extenderse por todo el pelotón. Impactado por la noticia, Merckx decidirá no disputar la etapa, que ganará el español José Manuel Fuente, permaneciendo en el grupeto de los favoritos. El belga vuelve a ser primero en la general, pero se niega a llevar el amarillo, contraviniendo las reglas. Finalmente le convencerán para que vista el maillot de lider en la salida de la decimosexta etapa, evitando mayores problemas con la organización. En cuanto Ocaña, es visitado en el hospital por Anquetil, quien le recrimina haber tratado de seguir la rueda del Caníbal. El español le responde: "¡No me cegué! ¡Es que no podíamos frenar!".

El mal tiempo continuó al día siguiente sobre el Superbagnères, que acabó con otra victoria de Fuente. El holandés Van Impe y Thévenet lograron arrancar algunos segundos a Merckx, que llegó cuarto. La decimosexta jornada fue una locura, una etapa doble con 145 kilómetros y cuatro grandes puertos (Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Asubisque) por la mañana y 57 kilómetros y medio de llano por la tarde. La jornada matutina acabó con las posibilidades de Thévenet, y ahora sólo Lucien van Impe y Joop Zoetemelk permanecían como serios rivales del belga. En la siguiente jornada Merckx, que buscaba también el maillot verde de la regularidad, decidió aprovechar una escapada para aumentar su ventaja sobre sus rivales en la general, disputar la etapa al sprint, y ganarla, convirtiéndose en su tercera victoria en aquel Tour. "El Caníbal" volvía por sus fueros. Restaba ya tan sólo la crono individual con final en París. Merckx la ganaría también, por supuesto. Por tercera vez el belga subió a lo más alto del podio en París. Pero fue para él una victoria agridulce. Ocaña había sido claramente superior, y cualquier duda en su victoria resultaba inconcebiblemente doloroso para la ambición de Merckx.
Luis Ocaña caído en el Col de Menté. Su victoria se ha esfumado.
La primeravera de 1972 contempló una vez más la hegemonía de Eddy Merckx. Entre otras victorias consiguió su tercer Giro, en el cual se llevó además del jersey de ganador el de la regularidad y el combinado, y el Campeonato del Mundo. El belga volvía al Tour resuelto a demostrar que podía ser superior a un Luis Ocaña que aquella temporada se había preparado especialmente para la ronda francesa. Su victoria en la Dauphiné Liberé parecía demostrar que aquel año las espadas del belga y el español estaban en todo lo alto, y cualquier cosa era posible.

Aparte de los dos grandes favoritos, nombres como el de Felice Gimondi (vencedor en el Tour del 75, poseedor de las tres grandes vueltas, y segundo tras Merckx en el Giro de aquel año), Joop Zoetemelk o Bernard Thévenet no podían ser obviados de cara a la general. Y agazapado entre tanto favorito, un veterano de 36 años llamado Raymond Poulidor, ausente en la anterior edición del Tour, pero con bastante fuerza en las piernas como para seguir marcando diferencias, como probaban sus victorias aquella temporada: la París–Niza, el Critérium Nacional y la Semana Catalana.

Un año más Merckx no se relajó en la etapa prólogo, que ganó convincentemente, aunque tras la primera etapa el maillot amarillo fue a parar a Cyrille Guimard, una de las promesas del equipo de Poulidor. El joven Guimard, avezado sprinter, no dudó en disputar las llegadas y las bonificaciones de la clasificación de la regularidad, en las que por supuesto Merckx no dudaba en competir. La crono de equipos en la etapa 3B devolvió el liderazgo momentáneamente al belga, pero con una nueva victoria en la etapa siguiente Guimard recuperó el maillot amarillo. Aquella fue una etapa de vientos racheados, donde inevitablemente se formaron abanicos. Merckx trató de aprovechar la confusión, pero Ocaña y Thévenet no se despegaron de su sombra. En cambio Zoetemelk y Poulidor quedaron cortados del grupo de favoritos y llegaron con 3 minutos de retraso. La contrarreloj de la quinta jornada sirvió para que Merckx recortara distancia con Guimard, que fue sexto a 24 segundos del belga.

Las primeras cuestas llegaron en la séptima etapa con un ascenso al Aubisque. Al llegar las primeras rampas, tras una escapada de dos hombres, se formó el grupeto de favoritos. Ocaña fue el primero en atacar; todos respondieron salvo Lucien van Impe. El español realizó una nueva tentativa, y esta vez fue capaz de dejar a todos atrás, salvo a Merckx. El belga se quedó en solitario en el descenso cuando Ocaña tuvo un pinchazo. El siguiente ascenso era el Soulor, y el español esperaba alcanzar a Merckx ayudado por Thévenet, con quien había hecho contacto. El tiempo neblinoso y con lluvia no favorecía esta caza. Tratando de reducir distancias bajando el Soulor, Ocaña arriesgó demasiado y se fue al suelo, llevándose consigo a Thévenet. Esta vez su caída no fue tan grave, y el español pudo proseguir la carrera, aunque perdió casi 2 minutos; sumado al minuto que ya les separaba, podía ser todo un mundo tratándose del belga. Thévenet, que se había llevado la peor parte en el accidente, se resintió de la caída y perdió más de 6 minutos. Cualquier esperanza de ganar el Tour había acabado para él. Tras aquella dura jornada Guimard seguía como líder seguido de Merckx a 11 segundos.

El liderazgo de Guimard llegó a su fin al día siguiente en la etapa reina de los Pirineos. Lucien van Impe demarró en el último puerto del día, y tan sólo Merckx pudo ir tras él. Ocaña no cogió rueda, pero en la llegada tan sólo cedió 8 segundos. El belga se impuso en el sprint y con su victoria de etapa se enfundó también el amarillo.

Merckx sufrió una caída en la etapa 11, que finalizaba con un ascenso al Mont Ventoux, aunque el percance no tuvo más consecuencias. Durante el ascenso Thévenet fue arrastrado de nuevo al suelo, esta vez por el portugués Agostinho. Tras una serie de ataques de Ocaña el grupeto de favoritos se había reducido a Merckx y Poulidor, quien trató también de dejar a los otros dos. Rendidos ante el empate técnico, el trio enterró el hacha, lo que permitió a Thévenet y otros corredores contactar con ellos. El francés no dudó un instante y demarró en pos de la victoria; Merckx lo intentó todo para cogerle, pero a pesar de sus caídas Thévenet se impuso en la linea de meta con medio minuto de ventaja. Ocaña llegó a 5 segundos del belga.

La etapa con final en Orcières Merlette no trajo grandes cambios en la general, salvo 10 minutos de penalización para Agostinho por positivo en el control antipodaje. Restaban dos jornadas en los Alpes, en las que habría que ver si Ocaña era capaz de reducir los 3 minutos que le separaban de Merckx. Pero en las cumbres del Vars el belga demostró estar en mejor forma, y tan sólo en el descenso otro corredor, en este caso Guimard, le hizo compañía. No durante mucho tiempo; en el Izoard el líder se quedó solo en pos de la victoria de etapa en Briançon. La ventaja de Merckx parecía cada vez más insalvable, y restaba la última etapa alpina, una agotadora jornada dividida en dos partes; una corta etapa matutina con ascensos al  Lautaret y el Galibier, y por la tarde 151 kilómetros con tres grandes colosos: el Télégraphe, el Grand Cucheron y el Granier. De nuevo Merckx logró una victoria escapándose con Zoetemelk, dejando atrás a Ocaña. El español no iba a encontrar demasiado descanso en una tarde con ataques y contraataques casi desde el kilómetro cero. Todos los favoritos, salvo Ocaña, llegaron en un grupeto como cabezas de carrera, y Merckx y Guimard se batieron en un furioso sprint que le fue concedido al segundo en una apretada "photo-phinish". Enfermo, perdido el podio y el Tour, Ocaña no acudió a la línea de salida de la corta etapa 15, un corto ascenso a Le Revard cuya victoria le arrebató Guimard a Merckx en el último segundo.

Con más de 6 minutos de ventaja sobre Guimard, nada podía arrebatar su cuarta victoria consecutiva a Eddy Merckx. Con una lesión en una rodilla que padeció durante gran parte de la edición, Guimard no lograría mantener el segundo puesto, que sería para Gimondi. Y ciertamente sólo cabía descubrirse ante el tercer puesto del veterano Poulidor. La pregunta era: ¿cuántas victorias en la ronda francesa le quedaban en las piernas a Merckx?
Ocaña, Merckx y Poulidor en el Ventoux.
El Tour de 1973 marcó un récord de etapas dobles, llegando hasta el número de 6. Buscando recaudar lo más posible en los 20 y pocos días de carrera (con tan sólo dos de descanso), los ciclistas se veían sometidos a una terrible presión por parte de la organización. Como resultado aquel fue el Tour más lento desde 1954.

Eddy Merckx no buscaría aquel año su quinto Tour (podría haber sido el primero en ganar cinco ediciones consecutivas). En otra gloriosa campaña primaveral prefirió correr la Vuelta y seguir los pasos de Anquetil y Gimondi. Para ello hubo de batir a Luis Ocaña, segundo a casi 4 minutos, y a Thévenet, quien conseguía así su primer podio en una gran vuelta. A continuación Merckx fue en busca del inédito doblete de Vuelta y Giro, objetivo que una vez más fue cumplido con un dominio total (Gimondi fue segundo en la ronda italiana a más de 7 minutos). Disputar tres grandes vueltas en un año se antojaba demasiado, incluso para "el Caníbal".

La ausencia de Merckx dejaba aquella edición del Tour totalmente abierta. La campaña de Ocaña hasta el momento también había sido bastante fructífera, y cuando se había encontrado en su mejor momento había sido uno de los pocos capaces de plantar cara al temible belga. Pero su irregularidad, su condición frágil y sus rachas de mala suerte hacían que apostar por él fuera casi como lanzar una moneda al aire. Pero si se encontraba en buena forma no cabía duda de que podía ser el gran favorito. Dispuestos a disputarle la victoria estaban Joop Zoetemelk y Bernard Thévenet.

El holandés se impuso en la prólogo por un tan sólo 1 segundo a Poulidor, quien de nuevo perdió una oportunidad de vestir el amarillo, aunque fuera tan sólo por un día. En la calurosa tercera etapa entre Roubaix y Reims Cyrille Guimard se metió en una escapada con otros dos hombres. De forma sorpresiva Ocaña decidió unirse a la intentona del francés junto a otros corredores, como Johnny Schleck (padre de los también ciclistas Andy y Fränk). Aquel ataque inesperado dejó descolocados a los favoritos, cuyos equipos se pusieron de inmediato a dar caza a aquella escapada peligrosa. Guimard se impuso en la llegada, y José Catieau, un compañero de Ocaña, era ahora el nuevo líder; pero lo importante era que el español había arrancado 2 minutos y medio a sus principales rivales.

El frente de los favoritos permaneció en calma hasta los Alpes. El primer contacto era una etapa doble; Ocaña ganó en la corta jornada matutina con ascenso al Solève; tan sólo Zoetemelk pudo seguir su estela, hasta que acabó descolgándose a pocos kilómetros de meta. El español añadió 53 segundos a su ventaja sobre el resto. Thévenet se impuso en la etapa de la tarde, pero al final del día Ocaña vestía de amarillo, con 2 minutos y 51 segundos de ventaja sobre el segundo clasificado, Zoetemelk. El líder tenía ahora la oportunidad de finiquitar el trabajo en la salvaje octava etapa, 237 kilómetros  con ascensos a la Madeleine, el Télégraphe, el Galibier, el Izoard y final en alto en Les Orres. En el segundo puerto del día José Manuel Fuente demarró en busca de su fortuna, y Ocaña aprovechó para seguir su estela. Los dos españoles lograron dejar atrás a los favoritos, pero éstos se les unieron en el descenso. En el Galibier fue esta vez Ocaña quien atacó, llevándose a Fuente consigo. Una vez más los dos españoles se mostraron más fuertes que el resto. Ahora todo quedaba entre ellos. En el Izoard Fuente se puso a rueda de un enfurecido Ocaña que veía como tenía que hacer él todo el trabajo; para empeorar el cuadro Fuente atacó a poca distancia de la cumbre para sumar puntos en la clasificación de la montaña. Los cielos recompensaron a Ocaña, y Fuente sufrió un pinchazo, lo que permitió al líder entrar triunfante en la llegada a Les Orres. Fuente llegó casi 1 minuto después. El ritmo de los españoles había reventado totalmente al pelotón: Thévenet llegó con Mariano Martínez a casi 7 minutos; el resto de favoritos llegaron hundidos a más de 20. Pocos corredores pueden presumir de haber corrido de forma tan demoledora en una etapa del Tour. Un Ocaña en extraordinaria forma lo hizo sin embargo, y era ahora líder con más de 9 minutos de ventaja sobre su compatriota José Manuel Fuente. El último gran día en los Alpes era otra jornada monstruosa para los corredores, pero el pelotón se mantuvo tranquilo y dejó que el español Vicente López Carril saliera en pos de una gesta en solitario para ganar la etapa.

La superioridad de Ocaña aquel año era incontestable, como demostró su victoria en la contrarreloj de la etapa 12A (de nuevo, una jornada doble). En la decimotercera etapa, jornada reina en los Pirineos, Poulidor sufrió una grave caída y fue llevado al hospital. El Tour siguió adelante sin él, con un ambicioso Ocaña respondiendo a un ataque de Zoetemelk, venciéndole y ganando la etapa. En la penúltima crono Fuente cedió su segundo puesto a Thévenet. El español lograría ser tercero en el podio de París, tras la última prueba contra el tiempo que supuso una nueva victoria de etapa para Ocaña, claro vencedor de aquel año. Ocaña se convirtió así en el segundo español en ganar un Tour. Pero aunque seguiría rindiendo a gran altura en la Vuelta, Ocaña nunca volvería a tener otro año como aquél en la ronda francesa. Y por desgracia para él nunca pudo conocer la gloria de vestir el amarillo en París habiendo batido al gran Eddy Merckx. ¿Qué habría ocurrido si el belga hubiera decidido defender el título? Bien, ciertamente ése es uno de los grandes what if de la historia del Tour de Francia. Un estupendo objeto de debate para los aficionados.
Luis Ocaña, vencedor por fin en el Tour.
Debido a las lesiones ni Luis Ocaña ni Joop Zoetemelk acudieron al Tour de 1974. Poulidor con 38 años seguía teniendo mucho que ofrecer, pero no podía contar para la victoria final. Tras una dura Vuelta repleta de caídas Thévenet no estaba en su mejor forma. Todo indicaba que Merckx podría ganar fácilmente su quinto Tour. Sin embargo el belga comenzaba a mostrar signos de debilidad. Aquel año Merckx acabaría ganando 39 carreras en total, una cifra elocuente frente a las 51 del año anterior. Por primera vez en muchos años "el Caníbal" no logró adjudicarse ninguna de las clásicas de primavera, aunque ganó su quinto Giro y la Vuelta a Suiza.  Su vieja lesión de 1969 parecía ser un obstáculo cada vez mayor, y tan sólo cinco días antes del comienzo del Tour Merckx sufrió una operación en el perineo. Con una herida tan reciente ganar aquel Tour habría de costarle al belga literalmente sudor y sangre.

Sin embargo en la etapa prólogo todo discurrió según lo previsto y Merckx se hizo con la victoria y el maillot amarillo. Lo perdió tras la primera etapa, pero fiel a su apodo, Merckx estaba decidido a disputar el maillot verde y las victorias en el llano a su compatriota sprinter Patrick Sercu. Aquel año el Tour visitó por primera vez Gran Bretaña. De vuelta al continente, Sercu se adjudicó dos etapas seguidas. Gracias a las bonificaciones Merckx recuperó el primer puesto en la general tras la cuarta jornada, aunque lo perdió tan pronto como lo ganó. "El Caníbal" se impondría por fin en el sprint de la séptima etapa, recuperando el maillot amarillo que conservó hasta el pie de los Alpes. Aquel día acabó con victoria de Merckx, pero Poulidor tuvo su momento de gloria atacando y logrando dejar atrás a todos los favoritos. Al día siguiente los españoles Mariano Martínez y Gonzalo Aja fueron los encargados de mover la carrera buscando la victoria de etapa, aunque Poulidor no tardó en unirse a ellos. A pocos kilómetros de la meta Merckx les alcanzó, imponiéndose en el sprint y ganando su cuarta etapa. Tras un día de descanso llegó la etapa reina alpina. En el Télégraphe, tercer gran puerto del día, el grupeto de favoritos estaba compuesto de 13 miembros. Thévenet estaba teniendo problemas para mantener el ritmo, y acabaría abandonando. A punto de coronar López Carril atacó al resto de favoritos, pero Merckx respondió inmediatamente. Reunidos los favoritos de nuevo, ésta vez fue el veterano Roger Pingeon quien asestó el siguiente golpe. Carril se puso inmediatamente a su rueda y Merckx acabó de nuevo uniéndose a la fiesta. El español no desistió y volvió a atacar en el Galibier; esta vez logró hacer hueco y dejar al belga atrás. Tras un gran descenso en el que incluso logró sacar tiempo al líder López Carril enfiló hacia Serre Chevalier para cruzar en solitario la meta. Merckx llegó segundo a casi un minuto. Tras la jornada del Ventoux el belga seguía firme en el primer puesto, seguido de los españoles Aja a 2 minutos y López Carril a 3 minutos 13 segundos.

La transición hacia los Pirineos transcurrió sin demasiados sobresaltos para la general. En el primer contacto pirenaico Merckx ganó una nueva etapa. Entre sabotajes y atentados de ETA al paso del pelotón por el País Vasco (durante esas jornadas López Carril prefirió no llevar su distintivo jersey de campeón de España) Poulidor se proclamó vencedor en la etapa reina pirenaica. Aquel día Merckx hubo de luchar duro para no perder distancias con los favoritos. La decimoséptima etapa, con final en alto en el Tourmalet, no dejó demasiado respiro a los corredores. Merckx corría en un perfil bajo, y López Carril no parecía tener una forma tan explosiva como en los Alpes. Curiosamente el veterano Poulidor fue el mejor de todos aquel día, superado tan sólo por el ganador de etapa, Jean-Pierre Danguillaume. Cuando el pelotón dejó atrás los Pirineos, Merckx seguía vestido de amarillo, con López Carril segundo a poco más de 2 minutos y Poulidor tercero a más de 5. Tras la penúltima crono Merckx aumentó su ventaja con el español en 1 minuto. La última jornada doble de aquella edición tendría lugar antes de la etapa final en París. Por la tarde se correría la última contrarreloj que estuvo llena de sorpresas. La primera fue que un desconocido corredor belga, Michel Pollentier, le arrebató la victoria de etapa a Merckx. La segunda fue que Poulidor sacó más de 2 minutos a López Carril, desbancándole del segundo puesto en la general.
Eddy Merckx en pos de su quinto Tour.

Con aquel quinto Tour Merckx igualó el récord de Anquetil en la ronda francesa. Con ocho victorias de etapa superó además el número de victorias de André Leducq. Segundo en la clasificación de la regularidad, y en la de montaña, el belga había hecho gala de su mítica ambición luchando por las victorias tanto en el llano como en la montaña, a pesar de haber tenido sólo 5 días para recuperarse de una operación quirúrgica. Su triunfo había sido menos incontestable que en anteriores ocasiones, pero con todo se había vuelto a mostrar superior al resto del pelotón; un pelotón que por otra parte ya no le temía como antes, y le había hecho luchar por cada victoria. Aun así "el Caníbal" había acumulado en 7 años un palmarés impresionante, y con un nuevo doblete de Giro y Tour aquel año, el aficionado de la época sólo podía preguntarse si Merckx sería capaz de seguir expandiendo su número de victorias en las grandes vueltas.

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