lunes, 12 de agosto de 2013

El Tour de Francia: la era de las naciones (1930-1939)

Desterrados los equipos comerciales, el Tour de Francia de 1930 vio el advenimiento de los equipos nacionales. Francia, Bélgica, Italia, España y Alemania enviaron a ocho representantes para participar en aquella edición. Los touristes-routiers, los corredores independientes, seguían siendo permitidos, aunque algunos estaban agrupados en equipos provinciales. Dado que Desgrange había acabado harto de los sponsors, los corredores profesionales seguían necesitando que alguien se ocupara de su alojamiento, comida y equipo. Desgrange dio solución a este problema mediante la primera caravana comercial del Tour, un desfile de coches con anuncios que aquel año tan sólo congregó a tres empresas, pero con el tiempo iría creciendo hasta lo que conocemos hoy, una larga caravana de coches y demás vehículos que ofrecen música, entretenimiento y regalos a los espectadores de la carretera, amenando la espera de la llegada del pelotón. Aquel año también se abandonó la competición por equipos en las etapas llanas.

Pero en cuanto al aspecto deportivo quizás el cambio más importante tuvo lugar en el aspecto mecánico. Por fin, tras años de desgracias extradeportivas, Desgrange levantó la mano respecto a la regla que obligaba a los ciclistas a realizar sus propias reparaciones sin recibir ayuda de nadie. A partir de aquel Tour los corredores podrían cambiar piezas o la bicicleta, ayudados por un coche de carrera que transportaría recambios y bicicletas, tal como sucede hoy en día, pero habrían de seguir haciendo ellos las reparaciones y cambios. También los compañeros de equipo podrían ayudar a un corredor. El terco organizador del Tour se había rendido a la idea del ciclismo profesional por equipos.

El equipo italiano estaba comandado por Alfredo Binda, quien entre 1925 y 1929 había ganado cuatro Giros de Italia. Su superioridad era tal que aquel año le habían ofrecido dinero por no presentarse a la ronda italiana, por lo que decidió participar en el Tour. Entre sus gregarios destacaba Learco Guerra, campeón de Italia y un grandísimo corredor de fondo.

El equipo francés estaba liderado por Victor Fontan, y en sus filas destacaban nombres como el de André Leducq o Charles Pélissier. Fue éste último quien se colocó líder en la primera etapa, venciendo a Binda al sprint en la llegada a Caen. En la segunda etapa Binda, que buscaba de nuevo la victoria, fue derrotado de nuevo, esta vez por su compañero Guerra, que se enfundó el maillot amarillo. Las opciones de Binda para ganar el Tour acabaron cuando se cayó en la séptima etapa, perdiendo más de una hora en la general. Aun así el campeón italiano siguió corriendo para ganar las dos siguientes etapas. El reinado de Guerra acabó en los Pirineos, donde el todoterreno Leducq se hizo con el liderato, que ya no abandonaría hasta París.

Cinco franceses (más otro compatriota que corría por su cuenta) acabaron entre los diez primeros. Charles Pélissier se reveló como un digno sucesor de su hermano Henri, adjudicándose ocho etapas en total, cuatro de ellas consecutivas. Por primera vez en el Tour la organización elaboró una clasificación por equipos, que aquel año se adjudicó obviamente Francia, seguida de Italia. L'Auto introdujo también un premio al meilleur grimpeur, es decir, al mejor escalador, el antecedente del actual premio de la montaña, aunque el diario llevaba nombrando mejores escaladores desde 1905.

El Tour de 1931 contó de nuevo con los equipos de Francia, Bélgica, Italia y Alemania. España estuvo representada por un solo corredor, Francisco Cepeda. Australia y Suiza se presentaron como equipo mixto. Los bonus para las victorias de etapa volvieron, esta vez con tres minutos para el ganador de etapa si aventajaba en más de tres minutos al segundo.

Francia estaba capitaneada por el vencedor del año anterior, André Leducq, con Antonin Magne y Charles Pélissier como principales gregarios. Tras su quinto puesto en el anterior Tour el independiente Benoît Faure fue invitado a unirse al equipo nacional. Nuevamente se preveía que el equipo belga y el italiano serían los máximos rivales de Francia.

El Tour todavía estaba dividido entre profesionales y amateurs, los así llamados touristes-routiers, que aquella edición salían diez minutos después de los equipos nacionales. Aun así en la segunda etapa el austríaco Max Bulla logró no sólo alcanzar al pelotón principal, sino atacarles y seguir en solitario hasta ganar la etapa y colocarse como líder de la general. Fue el primer corredor no esponsorizado en llevar el amarillo. Su liderato no sobrevivió a la tercera etapa, tras la cual Raffaele Di Paco y Charles Pélissier entraron en un furioso duelo por el liderato. En la jornada previa a los Pirineos Pélissier se impuso finalmente como indiscutido líder. Hasta que al día siguiente, con un desaparecido André Leducq, su otrora gregario Antonin Magne impuso su mejor condición ganando la etapa y aupándose al primer puesto en la general. El nuevo líder mantuvo sus 9 minutos de ventaja durante todos los Pirineos.

En la etapa 14 el equipo italiano aprovechó los dos puertos de montaña que habían de transitarse para atacar a los franceses. Tres italianos, entre los se encontraba el segundo clasificado, Antonio Pesenti, demarraron del pelotón. El equipo francés se puso inmediatamente a la tarea de cazarlos. Pero Magne fue utilizando sus cartuchos sin lograr alcanzarles, hasta que finalmente, con todos sus gregarios agotados, tuvo que encargarse él mismo de cazar al trio de cabeza, cosa que no logró. Pesenti le había arrancado aquel día cuatro minutos. En la siguiente jornada los italianos volvieron a la carga, pero esta vez Pélissier pudo ayudar a Magne a conectar de nuevo, aunque entonces fue el belga Jef Demuysère, tercero en la general, quien atacó a su vez, rascando tres minutos con respecto al líder francés. 

Durante las jornadas alpinas el equipo francés logró mantener la carrera bajo control. Ocurrió lo mismo durante las siguientes jornadas de llano, hasta llegar a la penúltima etapa, que habría de tener lugar entre Charleville y Malo les Bains. Se preveía lluvia y el terreno pedregoso se antojaba ideal para los belgas. Entonces en una de las muchas cartas que los fans le enviaban Magne leyó que los belgas planeaban atacar precisamente en aquella etapa. Leducq le quitó importancia afirmando que seguramente sería una broma, pero el desconfiado Magne ordenó al equipo que vigilara de cerca al belga. 

Efectivamente Demuysére y su compañero Gaston Rebry atacaron en un tramo empedrado que formaba una curva de la carretera. Un atento Leducq enseguida salió tras ellos, acompañado por Magne. Hicieron contacto pero los belgas aumentaron el ritmo. Intentando mantenerse a rueda el líder cayó al suelo. Leducq le esperó y juntos salieron a la caza de los belgas. Con grandes vientos racheados finalmente el campeón de 1930 tuvo que dejar solo a Magne, quien tras un titánico esfuerzo logró enlazar con los belgas. Pero su infierno apenas sí había comenzado. Demuysére y Rebry se organizaron para atacar al francés por turnos una y otra vez. Pero por mucho que lo intentaron los belgas no pudieron deshacerse de Magne, quien entró en la meta a 11 segundos del vencedor, Rebry. El grupo perseguidor, liderado por Leducq, llegó a más de 17 minutos, prueba del infernal ritmo que se había llevado en cabeza. Al día siguiente, en París, Magne fue coronado como digno vencedor de aquel Tour.

Al año siguiente el sistema de bonificaciones se mantuvo, añandiéndose además cuatro minutos para el ganador de etapa, dos para el segundo y un minuto para el tercero. Con este sistema Desgrange trataba de dar a los velocistas y sprinters la oportunidad de poder luchar por la general. El recorrido de aquel año tendría cerca de 500 kilómetros menos.

El equipo francés aquel año contó con dos importantes bajas: Pélissier decidió no presentarse, al igual que el flamante ganador del año anterior, Antonin Magne, quien tras la dureza de aquella edición decidió que no podía afrontar otra carrera como aquella de forma consecutiva. Aun así el equipo francés logró reunir a otro extraordinario conjunto, con un Leducq visiblemente mejor preparado a la cabeza. Italia estaba dispuesta también a presentar batalla con tres ganadores del Giro en sus filas (Antonio Pesenti, Francesco Camusso y Luigi Marchisio), además de  Raffaele Di Paco, que había tenido un gran rendimiento en los Tours de 1930 y 1931. Los belgas, los terceros favoritos en discordia, volvieron a contar con Joseph Demuysére como firme candidato a la general.

Jean Aerts, miembro del equipo belga, fue el primer líder de aquel año, pero en la siguiente etapa saltó la sorpresa cuando un alemán, Kurt Stöpel, se hizo con la victoria de etapa logrando la suficiente ventaja para enfudarse el maillot amarillo. Fue el primer alemán en lograrlo. Al parecer Stöpel se había aprovechado de la aparente desunión que reinaba dentro del equipo belga para dejar fuera de juego a Aerts. En la kilométrica tercera etapa Leducq fue el ganador de etapa, y gracias a las bonificaciones le arrebató el liderazgo a Stöpel, quien se mantuvo segundo en la general.

Los Pirineos llegaron pronto aquel año, en la quinta etapa. El ganador fue Antonio Pesenti, seguido de cerca por Benoît Faure, quien volvía a correr por cuenta propia. Los puestos de cabeza en la general se mantuvieron intactos. En las siguientes etapas Leducq se las ingenió para acabar siempre entre los tres primeros, aumentando su ventaja respecto a Stöpel gracias a las bonificaciones. Sin embargo en la décima etapa, que abría la ruta por los Alpes, Leducq no pudo mantenerse junto al alemán, que acabó siendo cuarto tras el italiano Francesco Camusso. Aun así gracias al apoyo de su equipo Leducq logró mantener el primer puesto a tres minutos de Stöpel. En la segunda jornada alpina el francés se sintió con mejores fuerzas, aunque durante gran parte de la jornada Camusso, metido en una escapada, se vio como líder virtual de la general. Pero Leducq y un grupo de 15 corredores (entre los que se encontraba Stöpel) lograron neutralizar la escapada y seguir en cabeza de carrera. Leducq se hizo con la victoria de etapa y llevó a Stöpel a más de 7 minutos en la general. 

Al día siguiente, una gélida jornada en la etapa reina de los Alpes, Camusso repitió la operación. Cruzó en solitario el Galibier, pero Leducq logró reducir la distancia en el descenso. Haciendo una nueva exhibición el francés continuó junto con Camusso y otros escapados hasta la meta, donde sus mejores aptitudes en el sprint le dieron una nueva victoria de etapa. Leducq aun habría de ganar tres etapas más, sentenciando todavía más si cabe aquel Tour. Sin el sistema de bonificaciones las diferencias entre Leducq y Stöpel habrían sido de tan sólo unos segundos, lo que podría dar pie a muchas conjeturas. Pero para un entusiasta Desgrange con bonificaciones o sin ellas Leducq era el ciclista ideal que había estado buscando, el corredor que podía esprintar, escalar y rodar en el llano. ¿Podría el francés confirmar las alabanzas que Desgrange escribía en L'Auto ganando un tercer Tour?

Como principal novedad el Tour de 1933 introdujo oficialmente la competición de montaña, basada en un sistema de puntos. El primer patrocinador de esta competición fue una conocida marca de vermús. El sistema de bonificaciones se simplificó nuevamente, dando dos minutos al ganador de cada etapa. Además aquel se correrían primero los Alpes, lo que no sucedía desde 1912.

Para muchos entendidos el equipo francés de aquel año fue el mejor grupo de corredores franceses que se viera en un Tour en las ediciones anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Además del líder y doble ganador del Tour Leducq, estaba el campeón de 1931, Antonin Magne, así como el gran velocista Pélissier, además de sólidas promesas como Georges Speicher y Roger Lapébie. El equipo italiano estaba construido alrededor del triple campeón nacional italiano Learco Guerra, que además aquel año había ganado tres etapas en el Giro (aunque había tenido que abandonar) y se había adjudicado la Milán - San Remo. Austria y Alemania unieron esfuerzos con Stöpel como firme candidato a ganar la carrera.

Aquella edición arrancó en París, con Josephine Baker como testigo de excepción, el 27 de junio. El francés Maurice Archambaud se colocó líder de la general tras la primera etapa, y siete etapas después, con la carrera sumergida en los Alpes, seguía encabezando la clasificación con Learco Guerra y el belga Georges Lemaire a casi nueve minutos. 

La novena etapa seguía sumergida en la alta montaña con los puertos de Vars y Allos dispuestos a ejercer de jueces de la carrera. El español Vicente Trueba, apodado "La Pulga de Torrelavega" por Desgrange, cruzó en solitario el Vars. Trueba se estaba destapando como el mejor y más firme candidato a ganar la clasificación de la montaña, pero todo lo que ganaba subiendo lo perdía bajando, con lo que nunca llegó a adjudicarse ninguna etapa. Aun así para entonces ya había batido el récord de ascensión del Galibier. Mientras por detrás Archambaud finalmente se quedó sin fuerzas dando alas a Lemaire y Guerra. Georges Speicher, que estaba demostrando ser el mejor gregario de Archambaud, se fue con ellos y acabó ganando la etapa, colocándose tercero en la general tras el belga y el italiano.

Archambaud retornó a la lucha en la etapa 11 que se corría entre Niza y Cannes. Se adjudicó la etapa y gracias a las bonificaciones se colocó de nuevo el maillot amarillo, pero al día siguiente tuvo un pinchazo y perdió 8 minutos. Con el camino libre Speicher, inmerso en una absoluta y clara progresión, aprovechó la oportunidad para demarrar y tratar de dejar atrás a Lemaire y Guerra. El francés ganó la etapa y se convirtió en líder. Guerra estaba a más de 5 minutos, pero aún habían de llegar los Pirineos, y Lemaire era una clara amenaza segundo en la general a tan sólo 15 segundos. Para evitar que el belga pudiera beneficiarse de la bonificación para el ganador de las etapas, Leducq trabajó duro para salir victorioso en las dos jornadas siguientes.

Tras la etapa reina en los Alpes la clasificación permanecía igual, aunque Speicher había logrado arrancar un poco más de tiempo a sus rivales. Al día siguiente tras una gran actuación Giuseppe Martano se colocó segundo en la general. Tras la última etapa de montaña Speicher seguía como firme líder de la clasificación general con los italianos Martano y Guerra detrás. Sin duda alguna el Tour de aquel año llevaba el nombre del francés grabado para la victoria final, como así ocurrió con la llegada del pelotón a París el domingo 23 de julio. Por otro lado, a pesar de sus pobres descensos, Vicente Trueba se convirtió en el primer ganador de la clasificación general de la montaña.

Casualidad o no, Desgrange podía estar contento. La idea de los equipos nacionales había sido todo un éxito, y tras cuatro victorias francesas la tirada de L'Auto estaba mejor que nunca. Para la edición de 1934 el organizador siguió jugando con las bonificaciones, pero sin duda la principal novedad de aquel año fue la introducción de la crono individual. Años antes ya se había experimentado con cronos por equipos (aunque su formato era diferente del que conocemos actualmente), pero por primera vez aquel año los ciclistas se enfrentarían a una etapa contra el tiempo individual. La llegada de las cronos individuales al Tour tuvo como causa la creciente popularidad del Grand Prix des Nations, una competición cronometrada organizada por el diario rival de L'Auto, el Paris-Soir. Evidentemente aquella nueva prueba individual no gustó a muchos corredores, especialmente a los escaladores, pero la buena actuación de los franceses en la crono iba a asentar la prueba en la carrera francesa.
René Vietto ataca en el Tourmalet.
Los seguidores franceses podían confiar en una nueva victoria del equipo francés aquel año. Junto a Georges Speicher Francia alineó a otro campeón del Tour, Antonin Magne, el gran rodador Pélissier, el consolidado Roger Lapébie y un joven de 20 años que hasta hacía poco trabajaba de botones y que respondía al nombre de René Vietto. El equipo italiano de aquel año no parecía estar a la altura, y podía agradecer que Giuseppe Martano, tercero en la general el año anterior, decidiera no volver a correr como independiente y se uniera al equipo nacional de Italia. España y Suiza se presentaron conjuntamente y el equipo confiaba en que Trueba volviera a ganar la clasificación de la montaña.

El Tour de 1934 partió de París el 2 de julio y Speicher se impuso en la general ganando al sprint en la llegada a Lille. Sin embargo en la segunda etapa se produjo un abanico y Speicher quedó en el grupo perseguidor. Magne, metido en el grupo de cabeza, llegó a rueda del ganador, René Le Grevès, y le arrebató el amarillo a Speicher. En la sexta etapa, con la carrera dirigiéndose hacia los Alpes, Magne seguía encabezando la general, seguido de Martano a casi 8 minutos y Raymond Louviot a más de 12.

En la siguiente jornada el pelotón ascendería el Galibier. Vietto disipó las dudas que hubiera podido producir su juventud y atacó en las primeras rampas dejando atrás al pelotón con una facilidad pasmosa. Magne se fue por detrás seguido de Martano y otros corredores. Vietto ganó aquella etapa y se convirtió en el rival a batir en la clasificación de la montaña. Al día siguiente la carrera seguía en la alta montaña con el Côte de Laffrey y el Bayard como estrellas. En aquellas rampas se formó una escapada con Magne, Martano, Vietto y el belga Félicien Vervaecke. La etapa sería para Martano, con diferencia de segundos con el resto del grupeto. En la novena etapa, con más alta montaña, Vietto nuevamente demostró su gran estado de forma y la aparente facilidad con la que subía por las rampas del Vars o el Allos. Magne y Martano mantuvieron las diferencias, y el italiano Ambrogio Morelli se aupó al tercer puesto. Para entonces estaba claro que el joven Vietto, de no haber tenido problemas mecánicos al principio del Tour, podría haberse posicionado como un claro candidato a la victoria final.

Las siguientes jornadas demostraron la superioridad del equipo francés, que se adjudicó todas las victorias de etapa. En las vísperas de los Pirineos Magne mantenía a Martano a 3 minutos 42 segundos, y Vervaecke seguía sin suponer un peligro a más de media hora. En la quinceava etapa, con la ascensión al Puymorens como previa a la etapa reina en los Pirineos, iba a producirse un hecho que forma parte ya de la leyenda del Tour, aunando drama y épica como sólo el ciclismo parece que puede hacerlo.

Aquel 20 de julio, entre Perpignan y Aix les Thermes, a comienzos de la etapa, Magne probó a Martano aunque el italiano siguió a rueda. En las largas rampas del Puymorens el joven Vietto abrió camino a Magne haciendo una criba de corredores aunque Martano permanecía a rueda en todo momento. Entonces descendiendo el puerto el líder cayó rompiendo la llanta de su rueda delantera. El italiano no dudó en aprovechar la ocasión y atacó en aquel preciso momento. El desesperado Magne pidió a Vietto su bicicleta, pero éste en cambio accedió a darle su rueda delantera. Aun así el líder aun habría de cambiar su maltrecha bici con la de Speicher, para luego, ayudado por Lapébie, salir en persecución del grupo de cabeza.

Aquel día Magne tan sólo perdió 45 segundos. Abandonado en un lado de la carretera esperando un recambio, el inexperto Vietto rompió a llorar, incapaz de creer su mala suerte. Un fotógrafo tomó una instantánea de aquel momento, y aquella imagen conmovió a todos los seguidores del ciclismo.

La mala suerte del joven ciclista no acabó allí. Al día siguiente, la etapa reina pirenaica, quizás en pago de sus servicios el día anterior, Vietto pudo volar libre y se puso en cabeza ascendiendo el Port buscando coronar también el Portet d'Aspet. Atrás, en el pelotón, Magne y Martano se vigilaban mutuamente. Llegados al Portet d'Aspet, el grupo de favoritos iba ligeramente por detrás del ágil Vietto, quien tras enterarse decidió ralentizar el ritmo para descender el puerto junto con  Magne. Antes de que el líder pudiera llegar junto a Vietto una piedra se cruzó en su camino. La historia se repetía y en esta ocasión Magne rompió su rueda trasera. En cabeza, Vietto continuaba su camino esperando que Magne se le uniera en breve. Fue uno de los comisarios de carrera quien se acercó en moto hasta donde estaba el joven escalador para informarle de que su jefe de filas había caído.Una vez más Vietto no dudó en acudir en ayuda de Magne. Volvió grupas y fue en busca del líder, a quien ofreció su bicicleta. De nuevo fue Lapébie quien se encargó de ayudar a Magne a enlazar con el grupo de cabeza. Atrás quedó Vietto, esperando una vez más al coche mecánico.

En la etapa número 17 Magne pareció haber amanecido dispuesto a demostrar que a pesar de sus caídas merecía el sacrificio de sus gregarios. En el segundo puerto del día, el Aspin, el líder demarró e impuso un ritmo que el resto de corredores no pudieron seguir. Aquel día Magne ganó la etapa y sentenció el Tour, con Vicente Trueba llegando segundo a casi 7 minutos. Martano perdió 13 minutos. 

Vietto llora impotente a un lado de la carretera.
En la etapa 21, que constaría de dos partes, Magne seguía liderando la clasificación. La primera parte de aquella etapa fue ganada por René Le Grevès, mientras que en la segunda tendría lugar la primera crono individual del Tour, que acabó ganando un imbatible Magne. El italiano Martano siguió segundo en la general, pero ya a 15 minutos. Magne acabó llegando como líder a París.

Aquel año el Tour había acabado de tomar forma con la inclusión de la crono individual, y además la carrera demostró que se estaba acercando a la modernidad demostrando la importancia de tener un buen equipo. Magne, arropado por un gran conjunto de ciclistas, pudo hacer frente a los problemas mecánicos y a los momentos de debilidad. Martano, cuyo equipo se fue deshaciendo poco a poco conforme avanzaba el Tour, acabó teniendo que sacarse él mismo las castañas del fuego.

El Tour de 1935 tendría una etapa que saldría por primera vez en un país extranjero, en este caso Génova, en Italia. Además se permitieron por primera vez las llantas de aluminio, tratando de prevenir roturas como las que había sufrido el líder de la carrera en la anterior edición.

Frente a la escuadra francesa que contaba con tres ganadores del Tour y el gran escalador Vietto, Italia confiaba una vez más en Martano y un equipo en apariencia más sólido que el año anterior. Bélgica contaba con los veteranos Jean Aerts y Félicien Vervaecke, aunque realmente habría que ver si eran capaces de plantar cara en la general.

En la primera etapa la sorpresa saltó cuando Romain Maes, un joven belga de 23 años, que hacía dos había debutado como profesional, y que corría por primera vez el Tour, ganó la etapa y se colocó como líder de la general. Todavía más sorprendente resultó que tras la quinta etapa, que incluyó la crono individual (tras una primera parte de 262 kilómetros), Maes siguiera primero manteniendo a Antonin Magne a 4 minutos y a René Bernard a 11. Llegaron los Alpes, Vietto ganó dos etapas, y Maes permaneció en la primera posición. El 11 de julio durante el descenso del Télegraph el español Francisco Cepeda tuvo una caída y se rompió el cráneo. Moriría tres días más tarde en el hospital. Fue la primera víctima de la carrera del Tour.

En aquella fatídica etapa Magne fue atropellado por un coche y tuvo que abandonar la competición. Ahora los más directos rivales del belga Maes eran Vasco Bergamaschi y Ambrogio Morelli. El líder se adjudicó la onceava etapa. Aun habían de llegar los Pirineos y cinco etapas dobles de carrera y crono. Maes mantuvo su liderazgo en todo momento, y como colofón a su incontestable actuación ganó también en la llegada de París. El premio de la montaña fue para el belga Vervaecke, tercero en la general.

La edición de 1936 fue hija de su tiempo. En medio de una tensión política creciente Italia, inmersa en una segunda guerra en Etiopía, no envió ningún equipo representante. Aparte de los equipos francés, belga y alemán, España y Luxemburgo se presentaron de forma conjunta, con el español Julián Barrendero, futuro ganador de la Vuelta en la posguerra, como punta de lanza. Austria, Suiza, Holanda, Yugoslavia y Rumanía enviaron pequeños equipos de cuatro corredores. Por primera vez una de las etapas estaría dividida en tres partes. Además aquel año Desgrange eliminó las cronos individuales y volvió a las cronos por equipos.

La sorpresa del año anterior, el belga Romain Maes, volvía al Tour dispuesto revalidar su título. Como comodín en la montaña estaba de nuevo Vervaecke, además de un independiente que tras su cuarto puesto el año anterior fue invitado a formar parte del equipo. Su nombre era Sylvère Maes, aunque no le unía parentesco alguno con Romain. Junto a ellos debutaba Marcel Kint, un granítico corredor al que apodaban "el águila negra". Francia reunía a un grupo de veteranos entre los que se encontraban Antonin Magne, Georges Speicher, Maurice Archambaud y René Le Grevès. El héroe del pasado Tour, René Vietto, no participó aquel año. La Alemania nazi había enviado a diez corredores con los que seguramente pretendían demostrar su superioridad germánica, aunque ninguno de esos ciclistas logró acabar la carrera. Sí lo hizo en cambio el primer corredor africano de la historia del Tour, el argelino Abd-el-Kader Abbes.

Paul Egli se convirtió en el primer corredor suizo en convertirse en líder del Tour al ganar la primera etapa de aquella edición. En la segunda etapa del Tour un débil Desgrange, que unas semanas antes había sufrido una operación de riñón, tuvo que aceptar la idea de que su salud no era la idónea para dirigir el Tour, por lo que cedió su puesto a su mano derecha Jacques Goddet, hijo del cofundador de L'Auto. Desgrange no volvería dirigir el Tour, aunque continuó visitándolo de cuando en cuando y siguió figurando como patrón de la carrera hasta 1939.

Aquel arranque de Tour se recuerda como uno de los más torrenciales de su historia, con los corredores transitando por calles inundadas bajo una lluvia feroz que les acompañaría durante toda la primera semana de carrera. Segundo clasificado en la general, en la segunda etapa Archambaud le arrebató el maillot al suizo Egli. En las primeras etapas de montaña el francés mantuvo el liderato con el belga Sylvère Maes a 3 minutos y medio y Robert Wierinckx a 3 minutos 44 segundos. En la séptima etapa Romain Maes, aquejado de bronquitis (luego se le diagnosticaría como crónica), abandonó la carrera. Speicher, tras una dura caída, también dejó la competición.

En la octava etapa, inmersa en los Alpes, las fuerzas abandonaron a Archambaud. Aquel día un independiente, Jean-Marie Goasmat, ganó la etapa (Desgrange les había permitido usar desviadores para el cambio de marchas desde hacía años. Días más tarde Vervaecke sería penalizado con 10 minutos por usar uno). Sylvère Maes pasó a liderar la general, seguido de cerca por Pierre Clemens y Antonin Magne.

La etapa número nueve constituiría la etapa reina en los Alpes, con el inmenso Col d'Izoard como primer puerto a escalar, seguido del Vars y el Allos. Magne no esperó mucho a abrir las hostilidades, y en las rampas del Izoard atacó a Maes, quien se pegó a su rueda sin demasiados problemas. De hecho el belga parecía lo bastante fuerte como para coronar en primer lugar el Izoard. Sin embargo aquella sensación resultó engañosa, y el belga tuvo una pájara. Magne y otros corredores le dejaron atrás. Sin embargo aquel equipo belga no se parecía al de 1932, y Vervaecke y otros corredores ayudaron a su líder a contacar con el grupo de cabeza. Tras el esfuerzo del día fue finalmente Magne quien no puedo seguir a los belgas, cediendo un minuto más ante Maes. El francés aun perdería sesenta segundos más tras la última etapa alpina, cediendo su segundo puesto en la general a Vervaecke.

Entre los Alpes y los Pirineos se corrieron las cronos por equipos, que favorecieron claramente a Maes. Tras la decimocuarta etapa Magne perdía ya más de 8 minutos. En los Pirineos el francés volvió a atacar a Maes, pero en el intento acabó perdiendo casi 20 minutos. El Tour quedó sentenciado con otro belga como campeón. El premio de la montaña fue para Julián Barrendero. Tercero en esa clasificación fue su compatriota Federico Ezquerro, quien se convirtió en el segundo español en ganar una etapa del Tour.

En el Tour de 1937 el principal y revolucionario cambio fue el permiso del nuevo director de la carrera, Jacques Goddet, para que los profesionales usaran por fin el cambio de marchas. En realidad durante años, y con el desviador todavía en desarrollo, los ciclistas profesionales habían preferido seguir usando el sistema tradicional de ejes, pero cuando los desviadores mejoraron y los corredores independientes comenzaron a batir a los profesionales todo indicaba que era necesario adaptarse a los nuevos tiempos, aunque de haber seguido Desgrange dirigiendo el Tour seguramente nunca lo habría permitido. La introducción del cambio de marchas iba a revolucionar las tácticas de carrera y la forma en que se corría, ya que hasta entonces un corredor debía decidir de antemano que marcha sería la más adecuada para la etapa, algo parecido a lo que sucede hoy en día con los neumáticos en la Fórmula 1, o de lo contrario había de desmontarla y poner otra más adecuada.

El espíritu del viejo Desgrange continuó presente, sin embargo, en la carrera. Aquel Tour tendría ¡31 etapas en 26 días! Las etapas triples se habían aumentado a tres. ¿Imagináis a los corredores de hoy en día corriendo tres etapas en un día? Pero así era el ciclismo de entonces, flagrantemente brutal.

El equipo nacional francés de aquel año se nutrió nuevamente de los veteranos de comienzos de década, con los sempiternos Archambaud, René Le Grevès y Georges Speicher en cabeza, además de Roger Lapébie, un ciclista independiente quien había tenido sus más y sus menos con Desgrange en el pasado, abandonando la carrera en más de una ocasión. Pero todo indicaba que no había ciclistas jóvenes que pudieran renovar la generación gloriosa de principios de los 30. René Vietto permaneció ajeno al Tour, arrastrando todavía secuelas de una lesión que había sufrido el año anterior.

Bélgica volvió a defender el título con Sylvère Maes, Vervaecke y Kint a la cabeza. Italia volvió también a la carrera presentando a Gino Bartali, un corredor que lo venía ganando todo desde 1935 (tenía ya dos Giros en su palmarés). Por primera vez dos británicos correrían la carrera francesa. A pesar de la Guerra Civil que estaba desangrando al país España tuvo una pequeña representación de ciclistas.

El arranque del Tour de 1937 vio pasar a una sucesión de líderes en la general hasta que el alemán Erich Bautz logró mantener el maillot durante tres etapas (una de las cuales era triple). En la séptima etapa Bartali se metió en una escapada y coronó el Galibier en primera posición. En las primeras jornadas del Tour el italiano había perdido mucho tiempo que estaba intentando recuperar en la montaña. Aquel día el italiano demostró a Francia por qué le llamaban il Ginettaccio. Bartali ganó la etapa con el grupo de favoritos llegando varios minutos después. Bartali se puso el maillot con casi nueve minutos de diferencia sobre sus más directos rivales en la general. En aquella jornada el equipo francés había perdido a Speicher y Archambaud.
Lapébie en cabeza.
En la siguiente etapa, también de montaña, con ascensiones al Côte de Laffrey y el Bayard, Bartali se cayó por un puente cuando su compañero Jules Rossi tuvo un accidente. Otro de sus gregarios, Francesco Camusso, no dudó en saltar al río sacarle del agua. Malherido y cubierto de barro, el líder italiano volvió a montarse en su bicicleta, jadeante y con dificultades para respirar. Aquel día Bartali perdió 10 minutos, pero aun así logró mantener el maillot amarillo, marcando una de las tantas gestas heroicas que se han vivido en el Tour. Sin embargo tras aquel titánico esfuerzo, y sufriendo de sus heridas, el italiano ya no podía defender su primer puesto. La novena etapa, la etapa reina alpina, pudo con él. Bartali acabó cediendo 22 minutos. Lapébie, vencedor aquel día, subió a la tercera posición, aunque el maillot fue para Sylvère Maes. Uno de los independientes, Mario Vicini, se aupó al segundo puesto de la general.

La carrera siguió implacable hacia los Pirineos. Bartali, exhausto, tuvo que abandonar. Los abandonos también habían disminuido al equipo francés, que había proclamado a Lapébie como nuevo líder. En las primeras jornadas pirenaicas Lapébie respondió y desbancó a Vicini del segundo puesto.

La etapa 15 entre Luchon y Pau, el gran día en los Pirineos, prometía ser excitante con cuatro puertos a escalar: el Peyresourde, el Aspin, el Tourmalet y el Aubisque. Pero todo se enturbió cuando poco antes de la salida Lapébie comprobó que alguien había saboteado su manillar. Rápidamente se buscó un recambio, aunque el que se encontró no llevaba sujeción para la botella de agua, como era costumbre en aquellos días. Aunque no había pruebas de quién podría haber realizado aquel sabotaje, el francés apuntó hacia el equipo belga. En la ascensión al Aspin, Lapébie ya cedía 5 minutos ante Maes. El sediento francés pudo saciarse en una fuente que encontró en el Tourmalet, tras lo cual comenzó a recortar tiempo justo cuando Maes flaqueaba. Pero sus gregarios le arroparon y le llevaron a la rueda de Julián Barrendero, el cabeza de carrera. Al coronar el Tourmalet Lapébie perdía ya 7 minutos, pero tras un increíble descenso el francés logró recortar 4 minutos. Finalmente Lapébie logró lo imposible: atrapó a Maes y juntos llegaron a meta, 49 segundos después de Barrendero.

Los comisarios de carrera sin embargo sabían que aquella gesta no lo era tanto, y durante la carrera le habían dado varios avisos de penalización si seguía ayudándose del público, que le empujaba una y otra vez en las duras cuestas de los Pirineos. Lapébie argumentó que a pesar de sus ruegos el público entusiasta le había ayudado una y otra vez. Pero aquello no era todo, y había constancia de que el francés se había servido de coches para recortar tiempo con Maes. La organización le impuso un minuto y medio de penalización. Evidentemente el equipo belga se llevó las manos a la cabeza.

Al día siguiente Maes tuvo un pinchazo, y Lapébie aprovechó la oportunidad. Tras la pertinente reparación Maes, desasistido, comenzó la persecución del francés. En su camino se encontró con un compatriota, un ciclista independiente, quien aceptó ayudarle, a pesar de que la reglamentación lo prohibía expresamente. Cada segundo era vital, y la pareja de belgas se sorprendieron al ver que un paso a nivel en las vías ferroviarias estaba bajado. Tuvieron que desmontar y pasar por debajo. Maes fue penalizado con 25 segundos. El equipo belga no pudo contener su indignación ante la flagrante parcialidad de los comisarios y aquella extraña situación en el paso a nivel. A pesar de que Maes seguía conservando el maillot, él y el resto del equipo decidieron abandonar la carrera. Aquel abandono dejó a Lapébie el camino libre para enfundarse el jersey amarillo en París, como así hizo, aunque la indulgencia de la organización aquel año sigue siendo uno de los momentos más polémicos en la historia del Tour.

El Tour de 1938 vio el regreso de las cronos individuales, mientras que las cronos por equipo desaparecieron y no volverían hasta los años 50. Los grandes equipos aquel año volvieron a ser Francia, Bélgica, Alemania e Italia. La clasificación de corredores individuales fue eliminada, con lo que los corredores individuales franceses se agruparon en dos equipos menores, los Cadets y los Bleuets. Los Cadets contaron con dos nombres insignes como eran los del doble ganador del Tour André Leducq y René Vietto. España, Luxemburgo, Suiza y Holanda corrieron con equipos pequeños.

Tras su polémica victoria el año anterior Lapébie no corrió aquel Tour. En el equipo nacional francés nuevamente destacaban los veteranos como Magne y Speicher. Sylvére Maes volvió a correr por Bélgica, mientras que Italia confiaba en el poderío de Bartali.

El luxemburgués Jean Majerus, quien ya se había convertido en el primer líder de 1937, repitió este año, conservando el maillot hasta la sexta etapa, cuando tras meterse en una escapada André Leducq se convirtió en el nuevo líder de la general. La octava etapa, la etapa reina en los Pirineos, supuso una furiosa batalla entre Félicien Vervaecke y Gino Bartali. Tan sólo Edward Vissers pudo seguirles. Vervaecke ganó la etapa y se colocó primero de la general, con Bartali a 2 minutos. Tras otra etapa de alta montaña el italiano recortó la distancia a 55 segundos. Sin embargo en la segunda parte de la décima etapa, una crono individual, el italiano volvió a ceder minutos ante el belga. Tras ganar la etapa entre Montpellier y Marsella Bartali se puso a 2 minutos 45 segundos.

El 22 de julio tendría lugar la etapa número 14 en los Alpes, 219 kilómetros en total con el Allos, el Vars y el Izoard esperando a ser conquistados. Bartali salió decidido a portadas y atacó en el Allos. Tan sólo un belga, Ward Vissers, pudo ponerse a su rueda. Cuando el italiano esprintó para conseguir la bonificación de la montaña Vissers se quedó atrás, dejando a Bartali en solitario. En la ascensión al Vars la joven promesa francesa Victor Cosson se acercó al italiano, pero en el descenso un intratable Bartali se deshizo de él.  Tan sólo cuando el italiano pinchó Bartali pudo ser alcanzado, en este caso por un compatriota,  Mario Vicini. Reparada la rueda, Bartali salió en persecución de Vicini. Le alcanzó en el Izoard y le dejó atrás, siguiendo una vez más en solitario hasta la victoria de etapa. Vicini llegó a 5 minutos. Un roto Vervaecke llegó a 17 minutos y 22 segundos. El amarillo ya no abandonaría al italiano hasta la llegada a París, donde André Leducq, empatado con Magne, aumentó su récord de victorias en el Tour a 25 etapas. Por su parte Bartali se convirtió en el primer ciclista en enfundarse tanto el maillot amarillo como en triunfar en la clasificación de la montaña.

1939. En medio de un clima prebélico cada vez más patente, los régimenes fascistas de Alemania, España e Italia no enviaron equipos al Tour de aquel año, con lo que Bartali no tendría oportunidad de revalidar su título. El equipo francés, por su parte, parecía desierto de grandes nombres. Veteranos como Leducq y Magne se habían retirado o ya no se sentían capacitados para correr un nuevo Tour. Lapébie, el ganador de 1937, estaba lesionado. Speicher había decidido no participar. Curiosamente los nombres más relevantes por parte de Francia no estaban en el equipo nacional, sino en los equipos regionales que se habían formado para completar el pelotón ante las ausencias ya descritas. Por ejemplo por la zona del nordeste corría Maurice Archambaud, mientras que en el equipo del sudeste se encontraba René Vietto, quien volvía a la carrera tras su gran actuación en 1934. A Bélgica se le permitió competir con dos equipos. El grupo principal tenía como puntas de lanza a Sylvère Maes, Félicien Vervaecke y Marcel Kint. Como principal novedad aquel año se decidió que tras la segunda etapa el último corredor en llegar sería eliminado. Aquella nueva norma ni siquiera llegó a ver el final de aquella edición.

Tras la segunda etapa la general estaba liderada por Jean Fontena, seguido de Vietto y Eloi Tassin a 2 aproximadamente. En la cuarta jornada Vietto se introdujo en una fuga que le llevó por fin a enfundarse el maillot amarillo. El luxemburgués Mathias Clemens le seguía a tan sólo 6 segundos. Tras una terrible actuación en la crono de la octava etapa Clemens quedó sentenciado.

Aquel año el Tour tan sólo tenía una etapa pirenaica, la número 9, con ascensiones al Aubisque, el Tourmalet y el Aspin. Maes perdió a Vervaecke, aquejado de dolores de espalda, lo que aprovechó Ward Vissers para atacar a su compatriota. Vissers coronó en solitario los tres puertos, con el grupeto de los favoritos tratando de cazarle sin éxito. Aun así Vietto conservó el maillot, con Maes segundo a poco más de 2 minutos.

La montaña llegó de nuevo en la decimotercera etapa. El día anterior Maes le había conseguido arrebatar algunos segundos a Vietto, pero ninguno de los dos decidió mover ficha aquel día, prefiriendo esperar a la alta montaña alpina. Por fin, la etapa número quince, el gran día en los Alpes. Un pletórico Vissers demarró de nuevo en solitario, coronando los dos primeros puertos, el Allos y el Vars. En el Izoard Maes por fin decide poner a prueba al líder. Vietto se había visto aquejado con bronquitis desde la sexta etapa, pero aun así había logrado mantener el maillot. Aquel día sus fuerzas le abandonaron definitivamente y acabó perdiendo 17 minutos. Vissers tampoco pudo permanecer a rueda de Maes, quien se acabó adjudicando la etapa.
Maes asciende en solitario por las laderas del Izoard.

Tras su imponente gesta Maes todavía no lo había dado todo. Al día siguiente, una jornada de etapa triple, el belga se las arregló para dejar a Vietto totalmente fuera de juego, aumentando su ventaja en más de 27 minutos. Aquel año Maes no sólo ganaría su segundo Tour y dos etapas, también lideraría la clasificación por equipos. Cuando el 30 de julio la carrera finalizó en París el belga se convirtió en el ganador del Tour más rápido hasta la fecha. Cualquier aficionado de la época habría deseado ver un duelo entre Maes y Bartali, pero apenas un mes después Alemania invadía Polonia, dando comienzo a una terrible conflagración.