lunes, 26 de agosto de 2013

El Tour de Francia: héroes y estrellas (1953-1960)

Es un escalador criminal, siempre el mismo ritmo sostenido, una pequeña máquina con un plato menos que el resto, girando sus piernas a una velocidad que te rompería el corazón, tick tock, tick tock, tick tock. Raphaël Géminiani describiendo el poderoso estilo de Charly Gaul.
El Tour de 1953 conmemoraba los 50 años transcurridos desde el nacimiento del Tour, por lo que introdujo la clasificación de regularidad por puntos, cuyo líder llevaría un maillot de color verde. Una vez más los equipos nacionales competirían junto a los equipos regionales franceses.

Sin Fausto Coppi en la competición, quien parecía haberse decantado aquel año por prepararse para el Campeonato del Mundo, el equipo francés parecía favorito a la victoria contando con el gran escalador Raphaël Géminiani y un Louison Bobet que había luchado varias veces por el amarillo como grandes bazas a la victoria final, aunque el jefe de equipo, Marcel Bidot habría de cuidar que las luchas internas no arruinaran las posibilidades del equipo francés. Por su parte Jean Robic corría ahora por un equipo regional.

El veteranísimo Gino Bartali no podía ya competir por la general, pero su experiencia podría ayudar al más joven Fiorenzo Magni a conseguir el maillot amarillo para Italia. Entre los representantes de Luxemburgo había un joven debutante llamado Charly Gaul destinado a convertirse en uno de lo mejores escaladores que haya visto el Tour. El suizo Hugo Koblet, ganador en 1951, volvía a la carrera para luchar de nuevo por la victoria final.

Muchos decían que Koblet ya no era el mismo después de que hubiera caído enfermo en México. En la primera etapa el suizo intentó una de sus largas escapadas como antaño, pero no sólo fue neutralizado sino que acabó perdiendo 10 minutos. Aunque lograría buenos puestos en el Giro, el Tour nunca volvió a favorecerle.

La introducción de la clasificación regular tuvo efectos inmediatos. El suizo Fritz Schaer ganó las dos primeras etapas y se convirtió en el primer líder de aquel año. No lograría mantener el maillot amarillo, pero acabaría vistiendo de verde en París. 

Schaer dejó de ser líder en la quinta etapa, pero recuperó el amarillo en la novena. En la décima etapa, que ganó el escalador español Jesús Loroño, todavía logró mantenerse primero en la general. Jean Robic se alzó con la victoria en la etapa reina de los Pirineos; ganador de un Tour sin haber vestido el amarillo, lo vistió por vez primera en la siguiente jornada. Schaer estaba segundo a 18 segundos, y Gilbert Bauvin tercero.

En la etapa número 13 Robic sufrió una caída y perdió más de media hora. Abandonó al día siguiente. El primer puesto de la clasificación cayó en manos de Jean Malléjac, que corría por un equipo regional, seguido del italiano Giancarlo Astrua y Louison Bobet, a más de 3 minutos. 

El frente permaneció en calma hasta la etapa número 18, con dos puertos de alta montaña, el Vars y el Izoard. De camino al primer puerto había un francés, Adolphe Deledda, y otros dos corredores escapados subiendo ya el Vars. Atrás, en el pelotón, todo parecía tranquilo. Con las primeras rampas la tregua se rompió; el primero en atacar fue Loroño, a cuya rueda se puso rápidamente Bobet, quien no tuvo muchas dificultades en deshacerse del español durante el descenso. Deledda esperó a su líder, y juntos salieron en pos del Izoard. No tardaron en colocarse como cabeza de carreras. Cumpliendo con su deber Deledda se vació en el llano dejando a Bobet a los pies de la montaña con una importante ventaja. En su vertiginoso ascenso el francés pudo ver al lado de la carretera a dos espectadores de excepción: Fausto Coppi y su amante Giulia Locatelli. A pesar de sufrir un pinchazo en el descenso Bobet llegó a Briançon con más de 5 minutos de ventaja. El francés desbancó a Malléjac del primer puesto, con una ventaja de 8 minutos y 35 segundos sobre éste. El golpe de mano fue devastador, y nada impidió a Bobet subir victorioso, por fin, al podio de París. Aquel año la clasificación de la montaña fue para Jesús Loroño.
Bobet, por fin líder.
En 1954 el Tour partiría por primera vez de un país extranjero; en esta ocasión el pelotón saldría de Amsterdam. Aquella edición vio el regreso de la crono por equipos tal como la conocemos hoy en día, aunque ya antes habían habido pruebas por equipo en el Tour. Aquel iba a ser un Tour rápido y durísimo, con una competitividad como no recordaban los seguidores más veteranos. 

Tras un Giro conflictivo la federación italiana decidió no participar en aquel Tour, lo que dejó a Francia como la gran favorita para ganar la carrera aquel año con Louison Bobet al frente y Raphaël Géminiani como gregario de lujo. Los equipos regionales franceses venían más fuertes que nunca con nombres como el de Jean Robic, Gilbert Bauvin, Jean Dotto o Jean Malléjac. Bélgica contaba además de con Stan Ockers con una nueva promesa, Alex Close, cuarto en el Tour anterior. España presentaba a un joven corredor, Federico Martín Bahamontes, que había destacado en la Vuelta a Asturias de 1953, y estaba llamado a obtener muchos éxitos en la carrera francesa. Con Italia fuera del Tour Suiza parecía el rival a batir de los franceses, con dos ganadores de la carrera en sus filas (Ferdy Kübler y Hugo Koblet), el ganador del Giro aquel año, Carlo Clerici y el gran rodador Fritz Schaer.

La segunda etapa fue ganada por un Bobet que ya comenzaba a marcar el terreno, segundo en la general tras el holandés Wout Wagtmans. La cuarta jornada, dividida en la crono por equipos (que se adjudicó Suiza) y una etapa de llano, vio como Bobet adelantaba al holandés en la general. Los suizos no estaban dispuestos a permitirlo y atacaron en la siguiente etapa. El francés retuvo el amarillo pero ya tenía a Koblet tercero a 51 segundos. Le seguían Bauvin, Schaer y Robic. En la octava etapa Wagtmans se metió en una escapada que prosperó y le devolvió el liderato de la general.

En la etapa previa a los Pirineos Koblet se fue al suelo y en un Tour con unas medias muy veloces su equipo tuvo que trabajar duro para traerle de vuelta junto a las favoritos. Wagtmans, Bauvin y Bobet comandaban la clasificación.

Onceava etapa, dos grandes cotas aguardan, el Soulor y el Aubisque. Bahamontes, de 26 años, sin desparpajo alguno, comienza a demostrar por qué España le ha traido a este Tour, coronando en solitario el Aubisque. Como otros muchos escaladores antes que él, Bahamontes perdía en los descensos lo que ganaba subiendo, pero había venido a competir por la clasificación de la montaña; allá en la España franquista una victoria en la montaña era como ver hace unos años a la selección española en una semifinal; sabía a victoria completa. La victoria de etapa fue para el belga Ockers; la clasificación siguió inalterable, salvo por Koblet, quien además de tener un mal día sufrió dos caídas. 

Al día siguiente se corría la etapa reina en los Pirineos con el Tourmalet, el Aspin y el Peyresourde. Una vez más Bahamontes fue el primero en adelantarse coronando en solitaro el Tourmalet. Bobet le pasó en el Aspin, pero en el Peyresourde Bauvin dio un golpe de mano demarrando y colocándose en cabeza, seguido de cerca por Bahamontes y Malléjac. El francés Bobet no pudo seguirles y luchó por perder el menor tiempo posible, cediendo 2 minutos. En aquella etapa infernal el resto de favoritos quedaron anulados, y Bauvin se proclamó nuevo líder de la general. La carrera se iba a adentrar ahora en el Macizo Central, con tan sólo una etapa de llano para recuperar fuerzas.

La etapa 14 presentaba varias cotas de 2ª y 3ª categorías, y muy pronto se formó una escapada de 23 corredores entre quienes se encontraban todos los favoritos. En el segundo puerto Bauvin pinchó y perdió contacto con el grupo. Acabó perdiendo 8 minutos cediendo el amarillo de nuevo a Bobet. El paso por el Macizo Central no sentó bien a Bauvin, quien cedió más minutos y acabó séptimo en la general. Tras Bobet se encontraban los suizos Schaer a 9 minutos 44 segundos y Kübler a 10 minutos 30 segundos. 

La primera jornada alpina vio como Bahamontes demarraba una vez más. Aunque los favoritos tenían una distancia más que considerable Bobet no se fiaba de la excelente forma del español y puso a los favoritos a la caza. Cuando coronaron el primer puerto vieron con sorpresa a Bahamontes sentado en un muro comiéndose un helado. Ésta es una de las muchas anécdotas que el ciclista español proporcionó a lo largo de su carrera, y muchas han sido las explicaciones para tal conducta, desde un fallo mecánico a una broma, o cierto miedo a descender en solitario. La victoria de etapa fue para el francés Lucien Lazaridès.

Bobet sentenció el Tour con una victoria en la etapa 18, demostrando que sin Coppi en la carrera el francés parecía no tener rivales. Por su parte el español Bahamontes ganó el primero de sus muchos premios de montaña.
Bobet lidera el ascenso al Aubisque.
1955. Por fin Alemania volvía a tener representantes en un Tour donde por primera vez se usaría la técnica de la "photo-phinish". Los alemanes correrían en un equipo mixto formado por austríacos, luxemburgueses, y australianos, en el que destacaba un Charly Gaul de 22 años ya lo bastante curtido como para tener algo que decir en la carrera. El gran favorito era evidentemente el francés Bobet, flamante campeón mundial aquel año. El equipo francés de aquel año era seguramente el más impresionante que se había visto desde el fin de la guerra, con Jean Dotto, Antonin Rolland, Raphaël Géminiani, Jean Malléjac, Jean Forestier, André Darrigade y el hermano del actual campeón, Jean. Bélgica alineó de nuevo a Stan Ockers y Alex Close, y un joven ciclista llamado Jean Brankart que había sido noveno el año anterior. Bahamontes se ausentó aquel año del Tour, con lo que España tenía a Antonio Gelabert y Jesús Loroño como mejores opciones para la montaña. Suiza parecía necesitada de un relevo generacional que no se producía, y su mejor baza era un Ferdy Kübler de 36 años. Wout Wagtmans era la gran esperanza holandesa, mientras que Italia presentó uno de sus equipos más discretos en décadas. La sombra de Coppi parecía alargada. Aunque ya habían corrido ciclistas británicos anteriormente, aquel Tour vio por primera vez a un equipo de las Islas en la línea de salida.

La primera etapa sería doble, con una carrera por la mañana y una crono de equipos por la tarde. El español Miguel Poblet ganó la primera parte y se convirtió en el primer español en llevar el maillot amarillo. Incluso tras la crono logró retenerlo. En la segunda etapa la carrera volvió a su cauce y fue Wagtmans quien conquistó el preciado jersey dorado. Al día siguiente hubo una escapada con varios favoritos que ganó Bobet, aunque la clasificación siguió más o menos igual, hasta que en la cuarta etapa gracias a una escapada Antonin Rolland se colocó como nuevo líder. Séptima etapa, Wim Van Est nuevo líder. Al día siguiente llegan los Alpes. Hombre de llano, su liderato será breve.

Como muchos otros debutantes antes que él, Charly Gaul no había acabado ninguno de los dos Tours que había corrido. Ahora ya estaba preparado para desplegar su talento sobre la carretera, y así lo hizo en la primera etapa alpina, donde coronó en solitario los tres puertos del día, el Aravis, el Télégraphe y el Galibier, llegando a la meta con 13 minutos de ventaja. Gaul era un corredor pequeño y ligero, como muchos escaladores, pero rara vez se levantaba del sillín, simplemente bajaba una o dos marchas e imponía un ritmo criminal que nadie podía seguir. Rolland recuperó el amarillo, Van Est conservó al menos la segunda plaza y Gaul se colocó tercero a 10 minutos. Al día siguiente Gaul intentó de nuevo la gesta, pero tuvo una caída en el segundo puerto. La victoria de etapa fue para un Géminiani con mejores sensaciones que el día anterior. Rolland, que estaba realizando un gran Tour, siguió primero, con el resto de rivales a más de 11 minutos.

La onceava etapa era básicamente una etapa de llano con el Mont Ventoux como gran piedra en el camino. Bobet estaba teniendo problemas físicos, sufriendo grandes dolores en la parte baja (el equivalente ciclista al codo de tenista) y no acababa de encontrar su lugar. El pequeño luxemburgués Gaul realizó una nueva intentona sabiendo que podría aprovechar la llegada del Ventoux. Los franceses no iban a permitirlo y salieron en su busca. A los pies de la gran montaña Géminiani se escapó con el suizo Kübler y el compatriota Gilbert Scodeller (aunque corría para un equipo regional). Con un hombre por delante Bobet ya estaba decidido a no respetar la posición de su compañero Rolland, y dejó atrás el pelotón. Gaul trató de seguirle pero finalmente tuvo que dejar su rueda. Bobet llegó a la altura de los escapados, y viendo que Géminiani no iba a poder serle de utilidad, decidió seguir solo durante los 60 kilómetros restantes. La victoria fue suya, y se colocó segundo, todavía a casi 5 minutos de Rolland.

Quedó claro que aquel Tour se dirimiría en los Pirineos, donde hasta entonces se declaró una tregua entre los favoritos. En la primera etapa pirenaica Gaul demarró en el Aspin, y Bobet parecía aquel día el único capaz de poder cazarle. No lo logró, aunque por poco, con lo que Gaul ganó la etapa. Por fin Bobet se colocaba el maillot amarillo, desplazando al segundo puesto a su compañero Rolland. En la siguiente jornada el líder aumentó su diferencia dejando prácticamente sentenciado el Tour. Tan sólo restaba la etapa 21, una crono, para la victoria final, aunque el estado de Bobet era tan grave que apenas sí podía sentarse en el sillín. Aun así logró mantener la situación sobre control y asegurase la victoria en la última etapa, que acabó como empezara la carrera, con una victoria de Miguel Poblet. El francés había logrado su tercer Tour consecutivo, repitiendo la gesta del belga Philippe Thys.

Charly Gaul y Louison Bobet
La edición fácil. Así consideraron muchos al Tour de 1956 cuyo recorrido tenía menos alta montaña y ningún final en alto. El gran favorito, Louison Bobet, se recuperaba de una operación quirúrgica y no correría aquel año. De hecho ningún campeón de la carrera iba a partir en la línea de salida. Aquel Tour se preveía el más abierto en años.

Muchos vieron a Francia como clara favorita con nombres como los de Géminiani, Malléjac o Darrigade, y otros veían con posibilidades al italiano Nino Defilippis o al belga Stan Ockers. El holandés Wout Wagtmans había llevado el amarillo en más de una ocasión y también había que contar con él. El joven Charly Gaul había demostrado grandes dotes el año anterior y era el vigente campeón del Giro, pero el equipo del luxemburgués no era lo bastante fuerte como para apoyarle en una pugna por la victoria en París; por su parte el español Bahamontes sólo podía contar para la clasificación de la montaña.

De los favoritos Darrigade fue el primero en ponerse el jersey amarillo, disputánselo durante las primeras jornadas con Gilbert Desmet, pero en la sexta etapa parecía que el primero podría ser el que estaba en mejor forma. Entonces al día siguiente se formó una escapada de 31 corredores que se dejó ir, hasta llegar a amenazar al maillot. Lo inevitable tuvo lugar y fue el francés Roger Walkowiak, que corría por uno de los equipos regionales, quien se convirtió en nuevo líder de la general.

El jefe de equipo conminó a Walkowiak a correr con frialdad, dejando escapar el maillot si así fuera necesario, reservando fuerzas para permanecer en los primeros puestos y poder recuperarlo más tarde. La siguiente etapa se la adjudicó el español Miguel Poblet que estaba teniendo una muy buena temporada (fue el primer corredor en ganar etapas en las tres grandes vueltas el mismo año) y Walkowiak siguió como líder, hasta que en la décima ocurrió lo inevitable y cedió algo de tiempo, pero no trató de evitarlo.

Tras el primer contacto de la carrera con los Pirineos un sorprendente Darrigade (para algunos el mejor sprinter que ha habido) se mantuvo con los favoritos recuperando el maillot amarillo. Walkowiak hizo su carrera y estaba séptimo a poco más de 7 minutos. Pero la siguiente jornada de montaña Darrigade ya no pudo defender más el título y acabó a más de 14 minutos del ganador de meta. El holandés Gerrit Voorting seguía agazapado en los primeros puestos tras muchas etapas, y podía ser el rival a batir. Cuando el llano llegó de nuevo la general no había sufrido cambios importantes. Habría que esperar a los Alpes.

La primera jornada alpina realizó la primera criba acabando con las opciones de Darrigade y un Voorting que hasta entonces había realizado una gran carrera. Wagtmans era ahora el nuevo líder con Walkowiak segundo a 4 minutos 27 segundos. Gilbert Bauvin era tercero.

La etapa 18 sería la última oportunidad que tendrían los escaladores para decir algo en la general, y no tardaron en imponer una marcha bastante dura sobre el Mont Cenis y el Croix de Fer. En las primeras rampas del último puerto, el Luitel, el grupeto de favoritos seguía junto. Finalmente Gaul cambió plato y realizó un ataque al que ni siquiera Bahamontes pudo contestar. Un sorprendente Walkowiak, dos semanas atrás otro corredor anónimo más en el pelotón, permaneció a rueda del español y el italiano Gastone Nencini. Los tres llegaron juntos a la meta. Wagtmans, víctima de una pájara, cedió 8 minutos ante Walkowiak, lo que convirtió al francés en el nuevo líder virtual de la carrera.

Con los Alpes atrás Walkowiak tenía un último gran reto por delante, la crono de la etapa 20, con Bauvin segundo a 3 minutos y 25 segundos, una distancia asumible para arrebatarle el liderato. Bauvin acabó haciendo el quinto mejor tiempo, y le puso las cosas difíciles a Walkowiak aquel día, pero como suele decirse, el maillot amarillo puede ser una terrible losa o dar alas, y aquel día el desconocido líder se vació tratando de conservar el liderato, lo cual logró llegando en vigesimocuarta posición a 4 minutos 38 segundos del ganador de etapa, el español Miguel Bover.

Aquel año en la típica llegada del Tour al Parque de los Príncipes en París se escucharon pitos y silbidos entre un público desilusionado porque un absoluto desconocido que corría en un equipo regional hubiera batido a los favoritos. Walkowiak no había ganado ninguna etapa (y aunque no fue el primer corredor en ganar un Tour sin una sola victoria de etapa, sí que es todavía hoy el único ganador que nunca ha ganado una etapa en ninguna edición) y para muchos aficionados había corrido de una forma demasiado fría y calculadora. Para los más intransigentes ciertamente aquel había sido un Tour demasiado fácil, y aquella victoria era la prueba. Durante mucho tiempo se diría de alguien que había ganado una carrera de forma demasiado fácil o inmerecida que lo había hecho "a la Walko".
Bahamontes en cabeza, seguido de Ockers y Walkowiak.
1957. Un año que haría historia. Aunque aquel 27 de julio en Nantes seguramente muy pocos lo habrían imaginado. Francia parecía el gran rival a batir. Italia tenía posibilidades con Gastone Nencini, y Luxemburgo dependía totalmente de Charly Gaul; el impredecible Bahamontes, que había estado a punto de abandonar el año anterior en plena carrera, era sólo una amenaza para la clasificación de la montaña. Cuando tras un Giro demoledor Louison Bobet anunció que no correría el Tour, todo parecía indicar que el favorito pasaba a ser un Walkowiak que tras su sorpresiva victoria había sido invitado a correr con el equipo nacional. La baja de Bobet dio sin embargo la oportunidad de debutar en la carrera a un joven normando de 23 años desconocido para todo aquel que no fuera un aficionado al tanto de todo.

Aquel joven respondía al nombre de Jacques Anquetil, y había sido descubierto por el ex-ciclista André Boucher, quien poesía una tienda de bicicletas en Sotteville, donde Anquetil acudía a trabajar en una fábrica. Las capacidades del rubio ciclista en las carreras locales pronto llamaron la atención de Boucher, quien se decidió a entrenarle. En los Juegos Olímpicos de Helsinki Anquetil ya demostró su gran talento en las cronos logrando la medalla de bronce en tal prueba. Al año siguiente ganó el Grand Prix des Nations (el mundial oficioso de la carrera contra el reloj) y de paso aplastó a sus rivales británicos, lo que satisfizo en gran manera a los aficionados franceses. Aquello no sería todo; en 1956 Anquetil pulverizaba el Récord de la Hora de Fausto Coppi. Con semejante palmarés parecía inevitable que fuera llamado al equipo nacional en sustitución del gran campeón francés del pelotón, Bobet.

El Tour de 1957 vio como primer líder una vez más al sprinter Darrigade. Aquel año el calor era espantoso; podría ser quizás el Tour más caluroso hasta la fecha, y los abandonos se sucedían en cascada. Ya en la segunda etapa Charly Gaul había causado baja, y Bélgica había perdido a uno de sus estandartes, Alex Close. La tercera jornada sería doble, con una crono por equipos (que se adjudicó Francia) y una etapa por la tarde que se convirtió en la primera victoria individual de Anquetil en el Tour. En la quinta etapa el normando se metió en una escapada que llegó con la suficiente ventaja como para darle el maillot amarillo por primera vez. El ciclista no se molestó en defenderlo y dos jornadas después era Nicolas Barone quien lideraba la clasificación. En la novena etapa Bahamontes abandonó la carrera por un cúmulo de circunstancias. Siempre dramático, el año anterior ya había lanzado su bicicleta por una ladera en plena rabia, pero esta vez para no ser convencido de volver se deshizo también de las botas. Aquel día una vez más Anquetil se metió en una escapada y ganó la etapa al sprint.

Al comenzar la primera jornada alpina la carrera estaba liderada por Jan Forestier, seguido de Anquetil a 2 minutos y 39 segundos. Nencini aprovechó que estaba en su medio natural para demarrar. El joven francés pareció no darle importancia, pero la diferencia comenzó a ser peligrosa. El italiano podía ser un rival demasiado peligroso y el director del equipo nacional francés así se lo hizo saber; debía ponerse inmediatamente a reducir la diferencia. Anquetil no sería recordado por atacar en la montaña, pero aquella fue una de las escasas ocasiones en que tuvo que pelear en medio de las rampas y cuestas. Aun así el normando era un claro ejemplo del campeón ciclista ambivalente moderno, y aunque no llegó a coger al italiano redujo la ventaja a 1 minuto. Y lo que era más, en su esfuerzo por cogerle había tomado bastante ventaja a Forestier como para ponerse de nuevo el maillot de líder. El resto de las jornadas alpinas no inquietaron al normando, quien mantuvo tranquilamente la primera posición.

La carrera siguió descendiendo hacia los Pirineos, pero esta vez se adentraría hasta Barcelona y tras una crono en Montjuich remontaría hacia la montaña. La etapa de Montjuich fue una fácil victoria para Anquetil, quien aumentó en 12 segundos su ventaja con Forestier, llevándole casi a los 4 minutos. La primera jornada en los Pirineos se saldó sin demasiadas novedades, salvo esos 12 segundos ganados de nuevo por Forestier; la verdadera noticia aquel día fue el fallecimiento de un reportero y su conductor tras sufrir un accidente en carrera. Fue en la siguiente jornada de montaña entre Ax les Thermes y St. Gaudensotably donde Anquetil pasó verdaderas dificultades cuando Nencini y el belga Jan Adriaenssens probaron al líder, y viendo que no podía responder siguieron adelante. Pero el equipo francés probó su lealtad y sobretodo la valía de sus miembros arropando al normando, quien finalmente sólo cedió otro puñado de segundos ante su más inmediato seguidor, Forestier.

No exento de problemas, Anquetil logró salir de los Pirineos vestido de amarillo. De hecho fueron finalmente sus rivales quienes acabaron cediendo en una u otra jornada. En la última crono el joven líder no hizo prisioneros, y cuando entró en París el segundo clasificado, el belga Marcel Janssens, estaba a casi quince minutos. Con su extraordinario debut y victoria final Anquetil se había destapado como un increíble talento que muy bien podría igualar las gestas de los campeones franceses del pasado; además aquel año Francia había mostrado un dominio incontestable que ni durante las victorias de Bobet había sido posible. Aun así muchos eran conscientes de que muchos grandes nombres habían abandonado o no se habían presentado en aquella edición. ¿Podría Anquetil ganar tan fácilmente con los grandes escaladores en la competición?
Anquetil fue siempre un favorito de las damas.
Raphaël Gémiani había protagonizado muchos momentos y gestas en la vuelta francesa a lo largo de los años, y había sido un fiel gregario que había ayudado a Bobet a ganar sus tres Tours consecutivos. Y ahora en 1958 el equipo nacional francés ya no le quería, despedido, según él, con cajas destempladas. La razón era que la nueva sensación francesa, Anquetil, no quería correr con Gémiani. O más bien no quería tener a Bobet y Gémiani juntos en su equipo. Por ello el director Marcel Bidot había decido quedarse con Bobet como gregario de lujo para el nuevo campeón. Relegado a un equipo regional, Gémiani planeaba hacérselo pagar caro a Anquetil y Bidot. Además su equipo no era un conjunto de medianías, y contaba con veteranos como Antonin Rolland o Jean Dotto.

Luxemburgo se presentó en unión de fuerzas con Holanda; Charly Gaul era la gran baza, pero de nuevo parecía que el luxemburgués, rodeado de profesionales modestos, habría de defenderse solo. Por ello durante la carrera Gaul se negó como era tradición a compartir sus ganancias, lo que provocó a su vez que sus gregarios no movieran un dedo por él. Y quien podría servirle de ayuda, como Gerrit Voorting, no estaba dispuesto a sacrificarse por nadie. El contendiente de Italia sería nuevamente Gastone Nencini con Vito Favero como mano derecha, aunque el vacío dejado por Coppi y Bartali parecía todavía demasiado grande para ser llenado. Bahamontes sería de nuevo la apuesta segura de España en la montaña, si esta vez ninguna idea extraña cruzaba por su cabeza.

Aquel Tour de 23 etapas sin días de descanso partiría de Bruselas, donde se celebraba la Exposición Universal de aquel año. Nadie se sorprendió cuando Garrigade ganó de nueva la etapa inicial. En la transición hacia la montaña también Bauvin repitió poniéndose líder de la general, con los grandes favoritos a 7 minutos de él. En la sexta etapa Gémiani comenzó a dejarse ver, metiéndose en una escapada numerosa que le aupó al tercer puesto de la general. Al día siguiente Brian Robinson se convertía en el primer británico en ganar una etapa del Tour.

A esas alturas con François Mahé como mejor clasificado por Francia quedaba claro que ni Anquetil ni Bobet estaban en un punto óptimo de forma, lo que quedó demostrado cuando en la octava etapa, una crono individual, Charly Gaul, que no toleraba el calor excesivo pero se adaptaba muy bien a la lluvia, le arrebató la victoria a Anquetil por 7 segundos. Tras una escapada numerosa Garrigade recuperó el liderato. Aquel estaba siendo un Tour muy combativo (también es cierto que por entonces tener etapas de llano tranquilas era mucho menos habitual que ahora) y cuando Nencini se metió en una de ellas Gémiani demostró su estado de ánimo cuando se negó a ayudar al equipo nacional francés en su persecución.

La primera jornada de montaña tendría lugar en los Pirineos, con el Aubisque como primer protagonista. Bahamontes lo coronó en solitario, con el pelotón tranquilo por su reputación de mal descensor. Gaul finalmente atacó, pero el largo camino hasta la meta permitió al resto de favoritos neutralizarle. Siendo el mejor posicionado en la clasificación de todos los del grupeto, Gémiani, que se había preocupado de mantener un buen puesto en la general, se convirtió en el nuevo líder. Al día siguiente Bahamontes, "el Águila de Toledo", fue dejado de nuevo volar solo. Esta vez se esforzaría en llegar solo a la meta y ganar la etapa. El reinado de Gémiani fue corto: Favero entró segundo en la meta y gracias a las bonificaciones le arrebató el maillot al francés.

La etapa 18 podía decidir muchas cosas; se trataba de una dura crono de 21 kilómetros con final en el Mt. Ventoux. Charly Gaul realizó una escalada soberbia; tan sólo Bahamontes se acercó a la marca del luxemburgués dejando 35 segundos; Anquetil fue séptimo a 4 minutos. Gaul estaba ahora en tercera posición en la previa a los Alpes; si algún Tour había de ser suyo, sin duda era aquél.

Pero el destino no se alió con el pequeño Gaul; en medio de un día muy caluroso, tuvo problemas mecánicos y se vio obligado a correr a la defensiva tras el grupeto de Gémiani, Nencini, Anquetil y Adriaenssens. El luxemburgués sucumbió a la circunstancias y cedió 11 minutos. Al día siguiente esperaban el Vars y el Izoard. De nuevo Bahamontes se lanzó el solitario y se hizo con la victoria de etapa. Lo más duro estaba sin embargo por llegar y los favoritos decidieron permanecer calmados.

La etapa número 21 sería una jornada rompepiernas a través del Macizo Central donde se subirían cinco puertos: el Lauteret, el Luitel, el Porte, el Cucheron y el Granier. De cara a afrontar el Luitel el tiempo se tornó frío y lluvioso, lo que favorecía a Gaul. Dicen que el luxemburgués no sólo avisó a Bobet en que puerto atacaría, sino que le indicó incluso el tramo; ambos arrastraban cuentas pendientes del Giro y Gaul no quería tomar al francés por sorpresa; así la humillación sería completa. Tal y como había prometido, el de Luxemburgo demarró en las cuestas del Luitel y se aseguró de que nadie pudiera seguirle. Anquetil trató de liderar la persecución, pero sin la ayuda de un Bobet que se había quedado clavado poco tuvo que hacer. Gémiani, conocido por su facilidad para leer la carrera y establecer su táctica en consecuencia, decidió no responder y seguir a su ritmo, tratando de perder lo menos posible. Como Napoleón en Rusia, sus cálculos parecieron irse al traste cuando la lluvia y el frío se intensificaron; Gaul volaba sobre el asfalto, y Gémiani, aterido y solo,  acabó pidiendo ayuda al equipo francés. Pero ni Anquetil ni Bobet estaban en condiciones de responder al llamamiento, y de haber podido quizás habrían decidido devolver ojo por ojo y quedarse de brazos cruzados. Gémiani no parecía el mismo, sobretodo cuando pasó por el avituallamiento sin recoger comida, un error de principiante. Bajo una lluvia fría e inmisericorde el corredor continuó su persecución imposible en el único y solitario infierno del ciclista que desfallece.

Aquel terrible día Gaul pareció ser el único favorito de los dioses; Favero llegó tras Adriaenssens a 10 minutos, Gémiani perdió 14, Nencini 19, Anquetil llegó a 23 minutos, un sprinter como Darrigade casi quedó fuera de control a 49 minutos... poco a poco el pelotón iba llegando, desmenuzado en pequeños grupos de ciclistas. Debido a todo el tiempo perdido en el llano Gaul no llegó a ponerse líder; ese honor correspondió a Favero, seguido de Gémiani a 39 segundos. Pero el luxemburgués había recordado distancias a poco más de 1 minuto; al día siguiente con un único puerto, el Faucille, y tras aquella etapa de montaña infernal, era poco probable que se desatasen las hostilidades. Pero si Gaul jugaba bien sus cartas en la última crono, podría declararse vencedor de aquel Tour.

El día de la crono un Anquetil deshecho y sufriendo de congestión pulmonar se marchó a casa. Aquel Tour no se había encontrado bien y ya había hecho bastante. Todo restaba en saber si Gaul, tras haber ganado todas las cronos del Tour aquel año, podría repetir la hazaña sacando el bastante tiempo para batir a Favero y Gémiani. Pero había quedado claro que el luxemburgués era el hombre más fuerte aquel año, mientras que el italiano no iba tan bien en las cronos y Gémiani había quedado moralmente tocado tras la última etapa de montaña. Gaul ganó la crono y se enfundó el maillot amarillo. Por fin el escalador luxemburgués subiría al podio como vencedor en el velódromo del Parque de los Príncipes.
Charly Gaul destrozando al pelotón en la etapa de Aix les Bans.
Federico Martín Bahamontes había ganado 2 clasificaciones de la montaña en el Tour y una en el Giro, y sus mejores resultados habían sido 2 cuartos puestos en el Tour y subcampeón de la Vuelta del 57. Siempre imprevisible y volátil, el desconfiado corredor era capaz de ganar etapas de alta montaña y dejar la carrera al día siguiente si no se sentía a gusto. La precariedad técnica y organizativa con la que corría parecía un reflejo de la España de la época, donde se salía adelante más con pundonor que con preparación científica. Aquellos bidones que a veces en vez de agua contenían paella parecían atestiguarlo. Pero por encima de todo ello Bahamontes era junto a Charly Gaul el mejor escalador del pelotón, el español que iba al Tour a ganar la clasificación de la montaña, el ciclista a quien podían dejar ir subiendo porque temía las bajadas. Hasta que finalmente un día de cacería, delante de un plato de migas, su amigo Fausto Coppi le preguntó que por qué se centraba siempre en la montaña, cuando era perfectamente capaz de ganar el Tour. Aquella pregunta dejó pensativo al ciclista, quien poco después aceptó la oferta del italiano para fichar por su equipo, el Tricofilina. Tras aquella charla nada fue lo mismo para el español.

En aquel Tour de 1959 Francia partía como favorita con Jacques Anquetil, Louison Bobet, Robert Cazala, el cazaetapas André Darrigade y Roger Rivière (que había batido la marca de la hora de Anquetil) entre otros, además de Raphaël Géminiani, restituido al equipo nacional tras su combativa actuación en la edición anterior. Una gran lista de nombres entre los que podría haber varios aspirantes al Tour. Quizás demasiados.

Ni Nencini ni Favero corrían aquel año por Italia, que tenía en Ercole Baldini a su mejor hombre, un buen velocista pero más discreto en la montaña. Los brillantes tiempos de la posguerra ciertamente parecían lejanos. El vigente campeón, Gaul, volvía de nuevo con un equipo mixto de holandeses y luxemburgueses, aunque seguramente tendría que ser él quien se sacase las castañas del fuego. El equipo belga ofrecía más garantías con Jan Adriaenssens a la cabeza, y como hemos visto España tenía a un Bahamontes que se había replanteado totalmente su visión de la carrera.

Por cuarto año consecutivo Darrigade ganó la primera etapa. La carrera transcurrió sin novedad hasta la sexta etapa, la primera crono de aquel Tour. Anquetil no pudo con Rivière, y quedó casi un minuto tras él. El líder Rober Cazala hizo una crono lo bastante buena como para mantenerse con el maillot amarillo. Lo perdería tras la novena etapa a manos de Eddy Pauwels. La clasificación general estaba copada por una extraña lista que combinaba a franceses de los equipos regionales y miembros del equipo belga.

El primer toque en los Pirineos, con una solitaria ascensión al Tourmalet, no fue suficiente para desatar la batalla entre los favoritos. Tras otra jornada de tranquila montaña el pelotón se encaminó hacia el Macizo Central. La décimotercera etapa, de 219 km, con una solitaria ascensión al Montsalvy, no preveía ningún toque a arrebato, pero un ataque de Baldini (octavo en la general) alteró el pelotón como un pisotón en la boca de un hormiguero. Junto al italiano formaron una escapada Anquetil, Brian Robinson, Adriaenssens, François Mahé, Henry Anglade (miembro de un equipo regional que se adjudicó la etapa al sprint) y Bahamontes, cuya presencia junto a los favoritos denotaba su cambio de mentalidad. El belga Hoevenaers, octavo en la etapa, se convirtió en el nuevo líder de la carrera, con el resto de los escapados repartidos entre los diez primeros puestos. En un día rapidísimo Bobet y Gaul perdieron 20 minutos. Ocho corredores quedaron neutralizados por el fuera de control.

Tras otro jornada de media montaña que no trajo grandes cambios llegó una cronoescalada con final en el Puy de Dôme. Bahamontes se mostró superior y batió a Gaul por un minuto. Hoevenaers seguía líder, pero el español estaba ya a sólo 2 segundos, con Pauwels y Anglade por debajo del minuto. El resto de favoritos permanecían alejados a más de 3 minutos. Al día siguiente Pauwels aprovechó su corta diferencia para meterse en una escapada y desbancar a Hoevenaers del primer puesto de la general.

La etapa número 17 entre St. Etienne y Grenoble, la primera jornada alpina, había de comenzar a decantar el Tour.  El terreno era el apropiado para que Bahamontes diera un golpe a la general, como así hizo. Él y Charly Gaul demarraron dejando atrás al resto del pelotón. Eran los dos mejores escaladores del Tour, de su generación, y juntos eran imbatibles. Con sus más inmediatos perseguidores a más de 3 minutos Bahamontes ya tenía lo que deseaba, el maillot amarillo. La etapa fue para Gaul. El desbancado líder Pauwels quedó segundo a 4 minutos.

Pero aun no estaba dicha la última palabra. La siguiente jornada, con final en la localidad italiana de Saint-Vicent, en el Valle de Aosta, sería una etapa brutal de alta montaña con tres grandes puertos, a cada cual más imponente: el Galibier, el Iseran y el Petit St. Bernard. Apenas comenzadas las rampas del Galibier Gaul abrió las hostilidades. En el descenso Anglade se fue dos veces al suelo, perdiendo comba con los favoritos. Dos escapados coronaron primero el Iseran. 5 minutos por detrás Gaul y Bahamontes ya habían logrado dejar atrás a sus rivales. Mientras Louison Bobet ponía fin a su carrera en la cima del Iseran, en el descenso un grupeto liderado por Anquetil y Rivière lograron neutralizar al luxemburgués y al español. Ambos atravesaron problemas mecánicos que les dejaron desconectados de Anquetil y los otros. La oportunidad era excelente para dejar a los poderosos escaladores atrás, pero demasiado recelosos uno del otro no fructificó la colaboración entre ellos y por lo tanto Gaul y Bahamontes lograron coger rueda. Juntos subieron de nuevo hasta coronar el Petit St. Bernard. Fue paradójicamente, en el descenso, cuando Bahamontes sentenció el Tour, aunque de forma involuntaria por la neglicencia del equipo francés. La lluvia había hecho su aparición, lo que hizo que el precavido Bahamontes perdiera la rueda de Gaul, quien siguió el resto del descenso junto a Anglade y Baldini. Por suerte para el español, que siempre prefería bajar la montaña acompañado, el grupeto de Anquetil no tardó en llegar. Escapado por delante, Anglade, cuarto en la general, podía representar una seria amenaza para el líder si colaboraba con Gaul hasta llegar a la meta. Y sin embargo Anquetil y Rivière se pusieron a trabajar junto al español para reducir la distancia. Varias son las explicaciones que se han dado para dilucidar aquel controvertido momento, pero todo parecía indicar que Anquetil y los otros corredores del equipo nacional preferían que un español ganara el Tour a que lo hiciera un advenedizo de un equipo regional.

Bahamontes, el primer español en ganar un Tour, fue coronado como vencedor en el velódromo de los Príncipes un 18 de julio, una fecha señalada en la España franquista, a la que regresó convertido en un héroe nacional.
Bahamontes y Gaul, los dos mejores escaladores de su tiempo
Jacques Anquetil había competido y ganado el Giro de 1960 con unos escasos 28 segundos sobre Gastone Nencini. Su polémica actuación junto a Roger Rivière en el Tour del 59 que acabó beneficiando a Bahamontes todavía coleaba, y el normando prefirió no participar, dejando el liderato del equipo francés en manos de Rivière. Junto a Francia el equipo más fuerte aquel año era el italiano, quien por fin presentaba una escuadra con Nencini como líder seguido del escalador Imerio Massignan (que acabaría ganando la clasificación de la montaña), Nino Defilippis, Ercole Baldini y Arnaldo Pambianco. Bélgica tampoco andaba a la zaga con Adriaenssens a la cabeza, y en España se confiaba en que Bahamontes podría repetir su gesta. Pero el sueño sólo llegó hasta la segunda etapa; tras finalizarla el español, enfermo, abandonó la carrera.

Aquel Nencini fue el primero en vestirse de amarillo, pero no estaba dispuesto a defenderlo tan pronto. En la cuarta jornada, tras una escapada junto a Pauwels, Baldini y otros corredores, el francés Anglade se convirtió en nuevo maillot amarillo, casi 8 minutos por delante de su líder, Rivière. Dos etapas después el polvorín francés saltó por los aires. No queda claro si Rivière fue el primero atacar (otras versiones aseguran que el primer movimiento fue de Nencini), pero el hecho es que el francés acabó en una escapada junto al italiano y el belga Jan Adriaenssens; sin duda una escapada peligrosa. Anglade le pidió entonces a su jefe de equipo que frenara el ataque de Rivière, pero éste se negó a plegarse a esas condiciones. El poderoso trio de cabeza no hizo concesiones: el pelotón llegó a 14 minutos, y Adriaenssens se convirtió en el nuevo líder de la carrera con Nencini a poco más de 1 minuto; Rivière era ahora tercero a 2 minutos y 14 segundos. Fruto del orgullo herido, de un claro análisis de carrera, o quizás ambas cosas, Anglade declaró a la prensa aquel día que Francia acababa de perder el Tour. Aunque Rivière era un excelente rodador, no tenía la experiencia de carrera ni sobretodo la capacidad de alta montaña que poseía el gran rival de Francia, Nencini. El tiempo le daría la razón. Tiempo atrás Gémiani ya había dejado unas proféticas palabras que pronto iban a cobrar un terrible significado: "la única razón para seguir a Nencini en el descenso es si tienes ganas de morir".

En el primer día de alta montaña en los Pirineos Anglade parecía haberse equivocado. Como era previsible Nencini trató de asestar un duro revés a Rivière, pero cada vez que Nencini se iba subiendo el rodador le cogía bajando. Al final llegaron juntos a meta en un pequeño grupeto, y el francés se impuso en la meta sin problemas. En lo que sí había acertado Anglade es que Rivière correría a la defensiva, tratando de no perder tiempo en la montaña para ganar el Tour en la contrarreloj. Tras aquella primera jornada de montaña Adriaenssens había caído del primer puesto en la general, cediéndoselo al italiano. Al día siguiente, la jornada reina del Tourmalet, Nencini logró demarrar por fin y añadir 1 minuto a la breve distancia de 32 segundos que le separaba de Rivière. La carrera siguió sin grandes cambios hacia el Sur del Macizo Central, hacia la fatídica catorceava etapa de aquel Tour de 1960.

Aquel domingo 15 de julio el pelotón habría de escalar dos puertos, el Perjuret y el Meyrues. Tras ascender el primer puerto Nencini no habría logrado desembarazarse de Rivière, y decidió jugar el todo por el todo en el complicado descenso del Perjuret. Como Gémiani había apuntado en su día, Nencini era probablemente el mejor corredor descendiendo de todo el pelotón mundial. Rivière trató de seguirle pero fue incapaz. En un tramo del descenso se salió de la carretera y se cayó por un barranco. El ciclista se había roto la espalda, aunque estaba vivo. Su primera reacción fue culpar a los mecánicos por un fallo en los frenos, pero el dictamen final fue que el cóctel de estimulantes y analségicos que había tomado el ciclista era tal que le habían impedido sentir las palancas de freno en un momento tan crucial de la carrera. Rivière vivió todavía hasta los 40 años, pero su carrera como ciclista había terminado. La caída del francés parecía dejar a Adriaenssens como único rival de Nencini.

Anglade intentó sin embargo inquietar al italiano en los Alpes, pero Nencini se encontraba demasiado fuerte. En la decimosexta etapa Graziano Battistini recorrió el Vars y el Izoard para ganar la etapa y colocarse tercero en la general, demostrando la gran superioridad de la que gozaba el equipo italiano aquel año. Al día siguiente ya era segundo.

La ventaja de Nencini le permitió no inquietarse en la última contrarreloj, que por otra parte era casi un largo descenso hasta Besançon. Una vez más la desunión del equipo francés había favorecido a sus rivales, y como mánager del equipo nacional Marcel Bidot habría de plantearse seriamente cómo atajar ese problema. Paradójicamente el obligado retiro del a veces conflictivo Rivière facilitaría esa tarea. Mientras tanto, en París, Nencini cedió su ramo de triunfador a Bidot, para que se lo llevara al corredor convaleciente.
Nencini cruza en solitaro el Peyresourde.

Con la llegada de la década de los 60 el Tour, y el ciclismo, se encaminaban hacia una era mediática que incrementaría la popularidad de los ciclistas hasta niveles insospechados hasta entonces. Por otro lado el deporte estaba transformándose, dirigiéndose hacia el profesionalismo absoluto. Corredores profesionales los había habido prácticamente desde los inicios de las competiciones ciclistas, pero en muchos casos los corredores apenas sí ganaban un modesto o salario, o a veces ni eso, habiendo de contentarse con ser provistos de alojamiento y alimentos. Tras la Segunda Guerra Mundial la esponsorización comenzó a cambiar. Hasta entonces habían sido las compañías fabricantes de bicicletas quienes se habían encargado de patrocinar a equipos y corredores, pero el auge de los automóviles y las motocicletas y el subsiguiente descenso en ventas hizo que aquellas compañías ya no pudieran seguir afrontando los gastos de mantener a un equipo ciclista. Cuando a mediados de los 50 el italiano Fiorenzo Magni decidió probar suerte con la marca Nivea como patrocinadora, abrió las puertas del ciclismo, sin saberlo a la esponsorización de las grandes multinacionales, lo que unido a una mayor atención mediática de las carreras daría como resultado una mayor cantidad de dinero en juego y el ciclismo profesional que conocemos hoy en día.

2 comentarios:

Alí Reyes dijo...

Tremendo trabajo has hecho de la gira más famosa del Mundo

TSI-NA-PAH dijo...

Impresionante post para un deporte que se lo merece.SOy super fan del TOUR!
Espero que vieras los documentales de la dos sobre ellos!
A+