lunes, 29 de julio de 2013

El Tour de Francia: dominio belga (1912-1922)

Francia es consciente de que, sin la guerra, el gran corredor de Anderlecht estaría celebrando no su tercer Tour, sino su quinto o sexto. Desgrange resignándose a la incontestable superioridad de Philippe Thys.

Su nombre era Odile Defray, había ganado el Campeonato de Flandes y en un explosivo Tour de Bélgica se había hecho con tres etapas. Este belga de 24 años había llamado la atención del equipo Alcyon, quien no dudó en ficharlo como apoyo para Gustave Garrigou, el ganador del Tour de 1911. Sin embargo, como pronto iba a verse, el papel de gregario le iba muy corto al bueno de Defray.


El Tour de 1912, el del décimo aniversario, sería el último en usar el sistema de puntos para la clasificación general. Por otro lado aquel Tour fue el primero que vio el uso del desviador (un sistema de cambio de marchas) con el que experimentó Stéphanois Panel. En las siguientes ediciones Desgrange lo prohibió, regla que se mantendría hasta 1937.

Fue aquel también un Tour con récord de equipos; diez de ellos tomaron la salida. Los hombres del Alcyon eran los favoritos, con Garrigou a la cabeza, secundado por Duboc, Heusghem y el desconocido Defraye. El Peugeot volvía con Petit-Breton como jefe de filas, mientras que un nuevo equipo, el Automoto, había fichado al luxemburgués Faber. La François se presentaba con el escalador Lapize y Maurice Brocco. Con una mala suerte difícil de creer, Petit-Breton volvió a quedar fuera de la carrera a las primeras de cambio tras chocar con una vaca.

El joven Defraye pronto comenzó a demostrar su valía. Se adjudicó la segunda etapa y se colocó segundo tras el líder, el italiano Vincenzo Borgarello. En la tercera jornada Defraye logró dejar atrás al italiano. Garrigou le seguía el paso al belga, pero desde la primera jornada Defraye había cosechado más puntos. Así, el belga se puso líder de la general. 

Defraye no debía relajarse. Tras ganar la tercera y cuarta etapas, Eugène Christophe se colocó tercero a ocho puntos del belga, empatado con Lapize. En la siguiente jornada, la etapa reina de los Alpes, Christophe se marcó una inhumana escapada de ¡más de 300 kilómetros! Se adjudicó la etapa con Lapize llegando a 2:37 minutos. Defraye logró mantener el brazalete de líder, pero empatado a puntos con un Christophe en estado de gracia. La sexta etapa, moteada también con algunas cumbres, fue para Lapize, que fue esta vez quien empató a puntos con Defraye.

Tras las etapas de los Alpes quedaba claro que el hombre fuerte del Alcyon era Defraye y no el pobre Garrigou. La séptima etapa acababa en Marsella, y Defraye logró adjudicarse la victoria en el sprint, deshaciendo el empate. Cuando el Tour llegó a los Pirineos el belga decidió dar un golpe a sus rivales. Al parecer viendo la trayectoria de Defraye sus compatriotas decidieron ayudarle en la carrera, fuera de la filiación de su equipo. Un Lapize que no tuvo su día decidió abandonar, quejándose amargamente a los reporteros de que todo el mundo corría para el Alcyon. El belga se hizo con la victoria y envió al segundo en la clasificación, Christophe, a veinte puntos de distancia. La décima etapa, de más de 300 kilómetros, con los puertos de Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Soulor y el Aubisque (¡cinco puertos nada menos!), supuso un auténtico calvario de catorce horas para los corredores, que hubieron de soportar una fría lluvia y caminos encharcados. Louis Mottiat se proclamó vencedor en aquella jornada de locos, con Christophe a rueda. Defraye llegó tercero a más de 20 minutos, pero con el sistema de puntos retuvo el liderato de la general sin problemas. Ya no se lo quitarían hasta llegar a París.

Siempre se ha hablado del chovinismo francés. Quizás la victoria de un luxemburgués que casi era francés no tuviera importancia, pero la victoria de Defraye, con aquellos otros ciclistas belgas trabajando para él, había escocido mucho. Y el sistema de puntos se había revelado injusto cuando los esfuerzos del francés Christophe fueron en vano para arrancarle el liderato al belga. Fuera esta o no la razón, lo cierto es que el Tour de 1913 volvió a la clasificación general por tiempo. Otra novedad fue que por primera vez el Tour comenzó a rodar en la dirección contraria al reloj; por ejemplo, la primera etapa tuvo lugar entre París y Le Havre.

Una de las cuestiones a dilucidar en aquel Tour es si el belga Defraye, que había ganado la carrera inteligentemente y manejando los tiempos y los puntos, podría repetir victoria con la clasificación por tiempos. Tras las dos primeras etapas el belga se defendía en el primer puesto empatado a tiempo con Jules Masselis, Marcel Buysse y Alfons Lauwers. En la tercera etapa Lapize se retiró considerando que no estaba a la altura de sus rivales. Tras su decisión el resto del equipo de La Française no tardó en seguirle.

Como si de cualquier Tour moderno se tratara, aquella edición las etapas en llano transcurrieron bastante tranquilas. Poco a poco Defraye logró quedarse en solitario en lo alto de la clasificación, seguido de Christophe a 4 minutos 55 segundos y Marcel Buysse a más de diez minutos. Sería en la sexta etapa, con la llegada de los puertos pirenaicos, cuando comenzaron las refriegas. Poco después del arranque se formó una escapada con nombres importantes: Christophe, Buysse, Thys, Garrigou, y otros. Defraye había tenido problemas mecánicos y sus rivales no dudaron en aprovecharlo. Encarando el Tourmalet el belga llevaba ya más de dos horas de retraso. Acabado para la general, Defraye decidió abandonar. 

Mientras tanto, en cabeza, Christophe demarró en el Aubisque, seguido de cerca por Philippe Thys en el Tourmalet. En lo que ya es una de las anécdotas más curiosas de la historia del Tour, Christophe rompió la horquilla de su bicicleta durante el descenso. Sin poder cambiarla, las reglas establecían que el corredor debía reparar su propio vehículo. Decidido a continuar, el corredor cargó su bicicleta y recorrió más de 10 hasta la siguiente población, donde encontró una herrería donde poder reparar su bicicleta. Efectuadas las reparaciones Christophe continuó con la carrera. Llegó casi cuatro horas más tarde que el vencedor de la etapa, el belga Thys. El Tour había acabado para él.

Eugène Christophe
Pasados los Pirineos otro belga, Marcel Buysse, comandaba la general, seguido de su compatriota Thys a poco más de un minuto, mientras que Garrigou estaba tercera a 47 minutos. Las opciones de Buysse acabaron en la novena etapa, cuando un problema mecánico le dejó a más de tres horas en la general. Aun así Buysse siguió corriendo y llegó a adjudicarse cuatro etapas.

Sin Buysse en la lucha Thys quedó en solitario con una gran ventaja frente a Garrigou y Petit-Breton, quien acabaría abandonando tras la decimocuarta etapa. Justamente en aquella jornada Garrigou logró meterle casi una hora a Thys, con lo que volvió de nuevo a la lucha con una desventaja de ocho minutos. Pero con tan sólo la última etapa por recorrer el francés no tuvo demasiado margen, por lo que Thys se proclamó vencedor del decimoprimer Tour.

El domingo 28 de junio de 1914 el Archiduque de Austria y su esposa eran asesinados en las calles de Sarajevo. La cadena de acontecimientos que desencadenó aquel hecho llevó un mes tarde al estallido de la Primera Guerra Mundial. Aquel mismo domingo de junio, en París, arrancaba el decimosegundo Tour de Francia.

El belga Philippe Thys era el favorito y firme candidato a repetir la victoria que lograra el año anterior. Junto a Thys la Peugeot presentó uno de los equipos más impresionantes que haya visto el Tour, con nombre consagrados como Gustave Garrigou, Émile Georget, Eugène Christophe o Jean Alavoine, además de una joven promesa, Henri Pélissier. Frente a esta lista de nombres el Alcyon no parecía poder competir aunque Marcel Buysse, Odile Defraye y el francés Jean Rossius eran perfectamente capaces de luchar por el título.

En la primera etapa Thys respondió a las expectavivas ganando la etapa y colocándose lider de la general. Tras la segunda etapa todo apuntaba a que aquella edición la carrera se dirimiría entre Thys y Rossius, quien estaba segundo en la clasificación con el mismo tiempo que Thys. En la quinta etapa el belga y el francés seguían empatados, con un sorprendente Pélissier tercero en la general a cinco minutos de los dos favoritos.

Una vez más la hora de la verdad había de llegar en las primeras etapas de alta montaña, que aquel año de nuevo tendrían lugar en los Pirineos. La etapa sería para el belga Fermin Lambot, del todopoderoso Peugeot, quien ayudó a Thys a deshacerse de Rossius. Thys entró segundo a siete minutos de Lambot. El ataque fue fulminante: Rossius se hundió a más de una hora. Con una ventaja de más de media hora sobre su más directo competidor, Pélissier, el belga podía estar seguro de su victoria si las fuerzas le acompañaban. Desde luego así fue: durante todo aquel Tour Thys se las arregló para finalizar todas las etapas entre los cinco primeros. Tan sólo en la penúltima etapa Pélissier amenazó el puesto del belga cuando a Thys le penalizaron con media hora por un cambio ilegal de rueda. El joven francés tenía al alcance de la mano la victoria en la general si en la última etapa lograba deshacerse de Thys, cosa que no ocurrió, aunque Pélissier logró al menos adjudicarse aquella etapa al sprint. De nuevo el belga había mostrado una gran superioridad y control, adjudicándose su segundo Tour consecutivo. Como diría Desgrange años después, quizás habrían podido ser más, de no ser porque la Gran Guerra desangró a Europa y dejó en pausa al Tour hasta 1919.

La Primera Guerra Mundial llegó a su fin en noviembre de 1918. Se calcula que más de ocho millones de soldados habían muerto durante la contienda, y más de veintidós habían sido heridos, de los cuales más de siete millones habían sufrido secuelas permanentes. Francia había perdido el 10.5% de su fuerza laboral, y se había desangrado literalmente sufriendo más de seis millones de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos. Evidentemente fueron muchos los corredores que también fallecieron durante la guerra o quedaron impedidos para seguir practicando el ciclismo. Tres antiguos campeones del Tour habían caído en el frente: François Faber, Octave Lapize y Petit-Breton. Las carreteras de Francia estaban destrozadas, la economía era un caos y los fabricantes de bicicletas ya no podían permitirse patrocinar equipos ciclistas. Aun así Desgrange estaba decidido a reiniciar el Tour y en cuanto se firmó el armisticio comenzó a trabajar en una nueva edición del Tour.

En la línea de salida de aquel treceavo Tour de Francia se concentraron tan sólo 69 nueve corredores, divididos en dos categorías, una para profesionales y otra para amateurs. Ante la situación económica los antiguos patrocinadores unieron fuerzas en un solo equipo que apenas sí pudo cubrir las necesidades de la mitad de los ciclistas; sin embargo en la práctica se volvía al sistema de corredores individuales. Consciente de la terrible situación de posguerra Desgrange autorizó por primera vez a la organización a hacerse cargo de la manuntención de los corredores, quienes hasta entonces habían tenido que procurarse ellos la comida. Aquel paupérrimo Tour de organización renqueante, carreteras destrozadas y ciclistas malnutridos o mal preparados iba a ser el más largo hasta la fecha, con una distancia total de 5.560 kilómetros. Sigue siendo a día de hoy uno de los Tours más largos de la historia.

Con una generación de jóvenes destrozada por la guerra aquel iba a ser un Tour de supervivientes, de ciclistas veteranos. Todos los ojos estaban puestos en Philippe Thys, el ganador de 1914, y en la revelación de aquel año, Henri Pélissier, que ahora contaba ya con 30 años. Su hermano Francis, cinco años más joven, debutaba aquel año en la carrera gala.

El ganador de la primera etapa fue Jean Rossius, pero fue penalizado con treinta minutos por una asistencia ilegal a Thys, por lo que fue Henri Pélissier quien se colocó líder de la general. Como prueba de las limitadas fuerzas que tenían los ciclistas en aquella jornada se produjeron más de veinte bajas. Un Thys en baja forma fue una de ellas. En la segunda jornada Henri no dio cuartel y se escapó junto a su hermano Francis. Henri se hizo con la etapa.

El reglamento del Tour nunca se ha caracterizado por estar hecho a prueba de toda lógica, pero cualquier ciclista moderno palidecería ante el severo control que la organización ejercía en aquellas tiempos. Durante la tercera etapa, mientras Pélissier amenazaba con dejar el Tour cuando iba en cabeza (sería la primera de muchas explosiones temperamentales y el inicio de una legendaria contienda entre Pélissier y Desgrange) un ciclista llamado Léon Scieur luchaba por culminar la etapa con llegada en Brest, con los pinchazos cebándose en su bicicleta. Tras el enésimo pinchazo y aterido por la lluvia el ciclista se refugió en la entrada de una casa para reparar sus neumáticos. Dos personas le observaban atentamente: la dueña de la casa y un comisario de la carrera, asegurándose de que el ciclista no recibiera ayuda alguna de aquella buena señora. Cuando aterido por el frío el ciclista le pidió a la dama que enebrara su aguja para poder reparar los tubulares, el comisario se lo prohibió bajo pena de penalización.


A veces el destino es cruel, y cuando tras aquella tercera etapa (que ganó Francis Pélissier, con su hermano bien asentado como líder) Henri habló con desdén a la prensa de sus compañeros, la providencia actuó y el líder pinchó durante el transcurso de la cuarta jornada. Francis se quedó para socorrerle, pero el resto del pelotón aprovechó para organizar un ataque. Henri no tardó en emprender su persecución, recortando ventajas con otros rezagados interesados. Hasta que Desgrange le comunicó que no podía servirse de la ayuda de otros corredores para retomar el contacto. Con aquella prohibición taxativa el líder no tuvo nada que hacer y llegó con media hora de retraso a la meta. Su hermano se hundió en la clasificación a más de tres horas. En protesta por el trato recibido los dos hermanos abandonaron el Tour. Tras la quinta etapa el nuevo líder era Eugène Christophe. Tras cruzar los Pirineos el francés seguía en cabeza.

Fue durante el transcurso de este Tour cuando apareció por primera vez el jersey amarillo que distingue al líder de la carrera. Su color se debía al color de las páginas del diario L'Auto, el organizador del Tour. Algunas fuentas apuntan a la séptima etapa como la primera vez que un líder del Tour vistió de amarillo. Otros creen que esta distinción no apareció hasta la décima. Lo que es seguro es que Christophe fue el primero en lucir en amarillo, lo que provocó las risas del resto del pelotón, que comenzaron a tildarle de canario.

Tras la octava etapa el grueso del pelotón se reducía a trece supervivientes. Aun habían de llegar los Alpes. Ningún corredor logró arrebatarle el liderazgo a Christophe, que aventajaba al belga Firmin Lambot en más de 20 minutos. Hasta que en la penúltima etapa Lambot decidió probar suerte e inició un duro ataque. Christophe no tardó en responder, pero durante la persecución rompió la horquilla de su bicicleta. La historia del Tour de 1913 se repetía para él. El francés llegó a más de dos horas a la meta, con lo que perdió incluso la segunda plaza, quedando relegado a la tercera. Fue así como de nuevo un belga se coronaba rey del Tour.

El Tour de 1919 produjo la media de velocidad más lenta de la historia, prueba de las malas condiciones en las que se encontraban tanto corredores como carreteras. El Tour de 1920 aunque mostró las mejorías que poco a poco se habían ido consiguiendo tras la guerra todavía arrastraba las secuelas de la misma, una vez más los patrocinadores se unieron para formar un solo equipo, La Sportive, debido a la imposibilidad de funcionar como sponsors en solitario. El número de corredores aumentó aquel año a 113, 31 de los cuales eran profesionales.

Los candidatos franceses comenzaron a caer pronto en aquel Tour. Jean Alavoine abandó en la segunda etapa, y Francis Pélissier en la tercera. La primera etapa se la había adjudicado un belga. En la segunda un viejo campeón volvió a por lo que era suyo. Se trataba de Philippe Thys. Tras la guerra el belga había llegado en un bajo estado de forma al Tour de 1919, y ni siquiera había podido acabar la primera etapa, lo que le valió ácidas críticas por parte de Desgrange en L'Auto. Herido en su orgullo, Thys había iniciado un concienzudo programa de entrenamiento aquel invierno para optar de nuevo a la victoria en el Tour. Ni siquiera una caída en la Milan-San Remo en la que se rompió una clavícula pudo frenarle (el belga recorrió los últimos 50 kilómetros empeñado en no abandonar). Recuperado de su lesión justo a tiempo, Thys había llegado al Tour en un gran estado de forma. Y tras la segunda etapa ya se había colocado líder.

El Tour de 1920 se estaba caracterizando por las altas temperaturas, lo que llevó a largas y aburridas etapas de llano en las que el pelotón rodaba compacto y las etapas se ganaban al sprint. Como podrá observar el seguidor contemporáneo de la carrera las típicas etapas de transición en las que no pasa nada son prácticamente tan viejas como el mismo Tour.

Henri Pélissier se hizo con la tercera y cuarta etapas al sprint, aunque ello no le valió para meterse en la lucha por el jersey amarillo. Thys se mantenía incólume en el liderato  empatado a tiempo con Emile Masson, mientras que en tercera posición se encontraba Eugène Christophe a casi diecisiete minutos.

La emoción llegó, como era de esperar, con la primera etapa de alta montaña, que tendría lugar en los Pirineos. El ganador fue Firmin Lambot, quien puedo dejar a Thys atrás. Su compatriota Hector Heusghem se colocó segundo en la general por delante de Masson. Mientras, los rivales franceses iban desapareciendo. Henri Pélissier hizo de nuevo gala de su volátil personalidad y tras penalizado con dos minutos abandonó la carrera. Aquejado de dolores de espalda, Eugène Christophe se retiró en la séptima etapa. Cada vez más el camino se allanaba en dirección a Bélgica.

En los Pirineos el veterano Thys corrió con inteligencia, manteniéndose pegado a sus más directos rivales pero sin malgastar energías en ataques. En la novena etapa entre Aix en Provence y Niza, que contaba con dos puertos de montaña, y se corría el día de la fiesta nacional, Thys se permitió el lujo entonces de atacar y llegar primero a la meta. Ni Heusghem ni Lambot pudieron seguir su ritmo. Con aquel golpe de mano Thys aventajaba a su compatriota en una hora. El Tour estaba sentenciado.

El Tour de 1920 mostró la cuasi absoluta superioridad de los ciclistas belgas sobre los franceses. No sólo se había convertido Thys en el primer ciclista en ganar tres Tours, sino que trece de las quince etapas habían sido ganadas por corredores belgas. Además, el podio había sido copado por belgas, y entre los diez primeros de la clasificación se podían contar a ocho ciudadanos de Bélgica. Ciertamente los aficionados franceses estaban que echaban chispas. Desgrange no era ajeno a ese sentimiento, aunque en su caso el enfado no era solo patriótico, sino económico, ya que sin victorias franceses las ventas de L'Auto disminuían, y lo que era peor, los patrocinadores decidían que no valía la pena gastarse su dinero en patrocinios.

El Tour de 1921 comenzó como lo había hecho el del año anterior, con Louis Mottiat ganando la primera etapa. Tras su sanción de dos minutos en la edición de 1920 Henri Pélissier y su hermano decidieron no participar. El vigente campeón, Philippe Thys, llegó enfermo a la carrera y en la segunda etapa ya no pudo seguir adelante. Al comienzo de la tercera el líder era Léon Scieur seguido de cerca por Heusghem. El corredor que en 1919 había tenido que refugiarse en un portal bajo la lluvia para arreglar su bici lideraba ahora la carrera con mano firme. Para cuando el Tour llegó a los Pirineos Scieur se las había arreglado para sacarle media hora a su compatriota. En la prensa compenzaron a apodarle "La locomotora".

Sin embargo en la sexta etapa Heusghem demostró que no todo estaba perdido. Demarró a comienzos de etapa y coronó en solitario el Tourmalet, el Aspin y el Peyresourde. Scieur llegó a 25 minutos. La lucha por el maillot amarillo volvía a estar viva.
Scieur asciende el Galibier. El tiempo del desviador aún no ha llegado.

En la novena etapa, con subidas al Braus y el Castillon, Firmin Lambot atacó y Scieur decidió hacer pareja con él. Heusghem no encontró las fuerzas para seguirlos y acabó perdiendo 10 minutos. Lambot se adjudicó la etapa y Scieur volvió a distanciarse en la general. En la siguiente etapa, la previa a la etapa reina en los Alpes, Scieur pinchó mientras ascendía el Allos. Heusghem aprovechó la oportunidad y atacó. El Tour tenía unas reglas oficiales, pero a lo largo de los años fueron desarrollándose reglas no escritas entre los corredores, sobretodo conforme la carrera se iba profesionalizando. Quizás aún no fuera una regla de oro, pero aprovechar fallos mecánicos o pinchazos de los contrarios, aunque era algo que siempre se había hecho, estaba cada vez peor visto. Tras haber reparado el pinchazo un furioso Scieur salió en persecución de Heusghem. A veces no es buena idea desatar la ira de un líder de carrera sólido. Scieur no sólo consiguió atraparle sino que le atacó a su vez dejándole atrás. El líder se adjudicó la etapa y le metió seis minutos más a Heusghem, dejandole a más de veinte en la general.

En la doceava etapa Honoré Barthélemy se escapó junto con Heusghem y Scieur. El francés ganó la etapa al sprint. Desgrange se puso furioso porque creía que el resto del pelotón no había plantado bastante cara a los belgas, así que en la siguiente etapa decidió dar a los corredores amateurs dos horas de ventaja sobre los profesionales. Aquella medida sólo sirvió para que un ciclista de clase B ganara la etapa. Nada cambió en la general. Cuando el organizador del Tour trató de repetir la jugada en la catorceava etapa, los ciclistas amateur amenazaron con plantarse. Desgrange tuvo que ceder y el pelotón no fue dividido.

En aquella etapa se produjo una de tantas anécdotas que hoy resultaría impensable. Durante la carrera la rueda trasera de Scieur se rompió. Más de once varillas estaban dañadas. Las reglas sólo permitían cambiar la rueda si ésta estaba más allá de toda posible reparación. Sin ningún comisario de carrera cerca para verificarlo, Scieur cambió la rueda, envolvió como pudo la rueda rota y se la cargó a la espalda durante 300 kilómetros para que en la meta pudieran verificar que efectivamente la reparación era imposible. La ventaja que el belga tenía respecto a Heusghem le permitó conservar el liderato, pero los estragos que las varillas rotas hicieron sobre su espalda permanecieron en forma de cicatrices durante años. La última etapa transcurrió sin novedad y Scieur subió al podio como justo vencedor de aquel Tour.

La edición de 1922 comenzó bien para un Eugène Christophe de 37 años con quien las lesiones y los problemas mecánicos se habían cebado en años anteriores. Esta vez fue el líder virtual de aquel año, Robert Jacquinot, quien sucumbió a los pinchazos, dejando a Christophe líder de la carrera tras la cuarta etapa, seguido de Philippe Thys a más de 17 minutos. El belga buscaba su cuarto Tour, pero una avería en la sexta jornada le dejó sin opciones de victoria.

Con la llegada de los Pirineos el escalador Jean Alavoine comenzó a imponerse en la carrera. Tras hacerse con la quinta y sexta etapas, Alavoine atacó de nuevo en la séptima, otra jornada de alta montaña con puertos como el Portet d'Aspet, ell Port, y el Puymorens. El ritmo frenético de aquella jornada fue demasiado para el veterano Christophe, que perdió el liderazgo a favor de Avaloine. Aun así gracias a su ventaja previa se quedó en tercera posición. El segundo clasificado era Firmin Lambot, a 14 minutos 19 segundos.

En la etapa número 11, la etapa reina de los Alpes, Christophe rompió por tercera vez la horquilla de su bicicleta en el transcurso de una etapa de alta montaña en la ronda francesa. El sereno veterano cargó con su bici al hombro, terminó de ascender el Galibier y bajó con ella todo el descenso hasta llegar al primer pueblo que pudo encontrar, donde reparó la bicicleta. Llegó con tres horas de retraso a meta. En la general Alavoine seguía lider con Lambot a casi siete minutos y Hector Heusghem a un cuarto de hora.

La progresión de Heusghem en la general indicaba que Alavoine podía tener de qué preocuparse, y efectivamente, en la siguiente etapa el belga demarró. El francés sufrió varios pinchazos y no pudo alcanzar al belga. Aunque no logró hacerse con la etapa, que perdió al sprint, Heusghem sí logró arrebatar el amarillo a Alavoine. Su liderato no duró mucho; en la siguiente etapa rompió su bicicleta. El belga recibió permiso de un comisario para cambiarla por otra, pero en la meta el jurado del Tour invalidó esta decisión, penalizando a Heusghem con una hora de sanción. De esta forma tan inesperada el veterano Lambot, de 36 años, se vio convertido en el líder virtual de la carrera. Tan sólo debía proteger su liderazgo en las dos siguientes etapas para proclamarse campeón de aquel Tour. No era una tarea imposible para un veterano como él, y así Lambot subió al podio de París como vencedor. Todavía hoy es el campeón de Tour más veterano que ha habido.

De nuevo un belga ganaba un Tour. El veterano Thys había ganado cinco etapas, y de no ser por esos problemas mecánicos en la sexta jornada habría disputado la general y quizás hasta la habría ganado. Sin embargo una era llegaba a su fin. Era momento de que el temperamental, cabezón y volátil Henri Pélissier demostrara de lo que era capaz.

2 comentarios:

El Bueno de Cuttlas dijo...

Tremenda crónica ciclista, veo que le gusta el tema. El otro día echaron en La 2 un documental muy majo de la historia del Tour y era impresionante verlos correr en los años 20 etapas de 500 km cubiertos de barro.

Una cosa, se te ha colado "Tour de Flanders" en vez de "Flandes" ;-) (debe haber sido un lapsus Simpsoniano).

Un saludo

Möbius el Crononauta dijo...

jeje cierto. Corregido está. Gracias