martes, 25 de junio de 2013

Doce del patíbulo (1967)

¿Podía haber algo mejor que una peli de comandos con la que pasar la tarde y estimular la imaginación? Cuando uno era un criajo esas historias de incursiones y misiones especiales parecían ideales para una sobremesa de sábado, porque luego con sus amigos uno podía montarse su propia misión suicida sin necesidad de tener un gran ejército a su disposición. Y luego llegaron videojuegos como Commandos y la sensación de meterte en alguna película que ya habías visto era todavía mayor. Y sin duda alguna de entre todas las películas de misiones especiales bélicas Doce del patíbulo era la que más destacaba.

Quizás lo que la hacía diferente era esa trama subversiva (aunque las lecturas antisistema desde luego quedaban fuera del alcance de un sorbemocos como yo) de un grupo de criminales condenados a muerte obteniendo la redención en una incursión tras las líneas enemigas que ha de facilitar un poco las cosas al desembarco del Día D. Y si había un director capaz de retorcer un género ése era Robert Aldrich, quien con Doce del patíbulo logró una sutil mezcla de comercialidad y crítica que se convirtió en su mayor éxito en términos de taquilla. La visión sobre la guerra no distaba demasiado de otros títulos del director como Ataque, pero el continente era mucho más atractivo comercialmente y desde luego el público de 1967 estaba mucho más dispuesto a congeniar con tramas donde se cuestionaba abiertamente la autoridad que en los años 50. Eran los días de Vietnam y el comienzo del Verano del Amor, con lo que el caldo de cultivo para una cinta bélica tan peculiar como Doce del patíbulo era el idóneo.

La novela original de E.M. Nathanson ya había sido un formidable éxito, y de hecho Aldrich ya había intentado hacerse con los derechos antes de su publicación. Sin embargo fue finalmente la MGM quien compró los derechos del libro en 1963. Para cuando el proyecto cayó en manos de Aldrich el estudio ya había realizado varias versiones del guión sin que la historia pareciera llegar a buen puerto. El efectivo Nunnaly Johnson remozó todas las versiones en una sola, que fue la que llegó a manos del director, quien posteriormente la definió como un "buen bélico de 1945". Decidido a darle un toque más moderno Aldrich llamó a Lukas Heller (encargado de adaptar a la gran pantalla ¿Qué fue de Baby Jane?), quien se encargó de introducir, según Aldrich, todo el antiautoritarismo que vemos en el film y que estaba, al parecer, ausente en la novela.

El guión final que iba a manejar Aldrich compaginaba muy bien la acción con la comedia, pero al mismo tiempo ofrecía dosis de humor negro y algunas secuencias que sin duda iban a provocar polémica. Aldrich estaba decidido a hacer una película bélica más realista, y por lo tanto en una de las escenas finales se decidió a dejar claro que en una guerra no había malos ni buenos, y que cuando era necesario la brutalidad podía dirigir las acciones de cualquier bando.

En una película tan coral como aquella Aldrich estaba dispuesto a reunir un equilibrado pantel de recios secundarios, algún que otro gran intérprete y rostros con personalidad. Pero la película necesitaba una estrella que encarnara al duro Mayor Reisman, el jefe de la operación que había de convertir a unos condenados a muerte sin disciplina ni heroismo en un comando mortal. Quizás como sutil contraste con la trama tan poco heroica del film Aldrich ofreció ese papel a John Wayne, quien tras leer el guión lo rechazó, como cabía esperarse, aunque al parecer su negativa no tuvo demasiado que ver con los toques subversivos, sino con el hecho de que en el guión original Reisman estuviera liado con una señora inglesa cuyo marido estaba luchando en el frente. Aldrich recurrió entonces a Lee Marvin, quien tras muchos de bregar en Hollywood había comenzado por fin a ser un nombre a tener en cuenta.

Lo cierto es que el éxito de Doce del patíbulo no sólo oficializó el estatus de estrella de Marvin, sino que impulsó las carreras de casi todo los que participaron en ella. Y es que el reparto de la película era tan sólido como los muros del castillo nazi que asaltan los doce convictos. Ahí estaban tipos duros como Charles Bronson o el imponente Clint Walker, actores de carácter como Ernest Borgnine, Robert Ryan, George Kennedy o Telly Savalas, un freelance en busca de financiación como John Cassavetes, y un jovencito Donald Sutherland que llegó en el último momento y se convirtió en un rostro popular de la noche a la mañana. Un caso especial fue el de Jim Brown, toda una estrella del fútbol americano que estaba probando suerte como actor, y que cuando el rodaje se retrasó y su equipo le puso entre la espada y la pared, decidió retirarse con tan solo 29 años.

En fin, ¿qué más añadir? Desde luego es uno de mis films bélicos preferidos, con toda esa mezcla de humor, acción y mala leche, el Mayo Reisman duro como el acero poniendo a los convictos en su sitio durante el entrenamiento, Cassavetes resistiéndose a toda autoridad (quizás por eso aquí le rebautizaron como Frankie en vez de Franko, para evitar suspicacias), Bronson arrastrando un aire de melancolía silesia, Telly Savalas ejerciendo de psicópata del lugar y Sutherland encargado de ser el payaso del grupo. Vamos, que la película tiene demasiadas escenas memorables como para ser resumidas, comenzando ya con su secuencia inicial que da paso a esos créditos tan jugosos. Por ello no creo que haya película de comandos posterior a Doce del patíbulo que no beba aquí o allá de la cinta de Aldrich.

Así que ya sabéis, si necesitáis asaltar algún castillo nazi esta es la película que tenéis que ver. Y si ya la habéis visto, nunca está de más revisitarla y repasar de nuevo la operación:
Uno, llegamos al puente sin ruido alguno. Dos, los centinelas estrangulados...

6 comentarios:

León dijo...

Coincido plenamente contigo. Una gozada que solo hace que mejorar con las sucesivas revisiones. El reparto está perfecto del primero al último. Y poca gente como el grandísimo Aldrich para inyectar mala uva en una historia que podría haber sido planísima. Da pena que Tarantino no se acercara más a ella en su, por lo demás, interesante "Malditos Bastardos".
Saludos

Javier Simpson dijo...

La mejor peli de comandos-misiones :-D , o de las mejores de la historia. Estoy muy en la línea de tu comentario (muy bueno, Crononauta). Ahora me viene a la cabeza otra de comandos- misiones que me gustó mucho, más actual: Predator, de género diferente, pero con aspectos parecidos.
Un saludo

El Bueno de Cuttlas dijo...

Para mi esta película tiene dos partes muy diferenciadas: la de la preparación (magistral Lee Marvin) y la de la operación en sí misma, de la que no me creo ni la mitad de lo que sale en pantalla. El momento en que se le va la pinza a Savalas es de traca. En conjunto, una cinta estupenda. Lee Marvin es sensacional, no me cansaré de repetirlo.

Un saludo

pichi dijo...

miticada

Agente Cooper dijo...

Cuantos recuerdos!!!!

Möbius el Crononauta dijo...

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