lunes, 11 de marzo de 2013

Scarface, el terror del hampa (1932)

Cuenta la rumorología hollywoodiense que cierta noche, con el rodaje de Scarface, el terror del hampa ya en marcha, cuando el guionista Ben Hecht regresó a casa, se topó con que dos matones le estaban esperando. Evidentemente eran hombres de Al Capone, enviados allí por el gran capo mafioso para averiguar si aquella película iba sobre la vida del amo de Chicago, a quien notoriamente se le apodaba como "Scarface". Hecht conocía muy bien Chicago y sus bajos fondos, pues había trabajado allí como reportero durante varios años, rastreando siempre la última noticia sensacionalista del crimen. Evidentemente el escritor y ex-reportero les contestó que no (lo cual quizás era un medio verdad, como mucho), que si había capos que habían inspirado al protagonista de la película eran viejos gángsteres como "Big Jim" Colosimo, borrado del mapa por el propio Capone. ¿Cómo es que entonces la película utilizaba como título el apodo del gran Al?, preguntaron. Hecht les dijo que aquél era un viejo truco del show business, una forma engañosa de atraer al público a las salas. Hacer negocio a base de engaños era al parecer algo totalmente lógico para un gángster, ya que aquella explicación convenció a los matones, quienes dejaron a Hecht vivir una vida larga y próspera.

La anécdota, sea o no cierta, da a entender el interés mediático que podía tener un título como Scarface. El mismo del que gozaba el todopoderoso Capone. Evidentemente el protagonista del film Tony Camonte ofrecía paralelismos con el capo de Chicago, así como con otros célebres gángsters. Scarface, el terror del hampa se nutría en realidad de personajes y hechos acaecidos en los años de la Ley Seca, pero el hilo conductor que los ataba a todos tenía forma de Al Capone. Por ello no era de extrañar que la película arrancara con Tony deshaciéndose de un tal "Big Louie" Costillo, claro trasunto de James Colosimo, de quien ya hemos hablado. El ascenso al poder de Tony iba a ser el de Capone, aunque en la dramatización del film el gágnster de Chicago no iba a ser más que una excusa, un punto de partida.

Cuando Howard Hawks se decidió a rodar Scarface ciertamente no tenía en mente una simple biografía de Capone, quien dada su enorme popularidad no era de extrañar que fuera una influencia al modelar los personajes de las grandes películas de gángsters de la época. Lo que Hawks quería rodar era una fábula, imaginando a la familia de los Borgia en el Chicago de los años 20. A un capo mafioso tan poderoso como Cesare Borgia, y su incestuosa relación con su hermana. Un incesto que Hawks quería mostrar tan abiertamente como fuera posible en la pantalla.

De hecho resulta curioso que la primera vez que Hawks le habló a Ben Hecht de Scarface éste desdeñó la historia, imaginando la enésima película de gángsters. Fue la aproximación a la trama a través de los Borgia lo que le hizo cambiar de opinión. Una vez llegaron a un acuerdo, Hawks y Hecht remataron el guión en tan sólo 11 días. Según otra versión de la historia, fue Howard Hughes, el productor, quien llamó a Ben Hecht para que realizara la adaptación de la novela Scarface, sobre la que poseía los derechos, siendo Hecht quien buscó a Hawks para hablarle del proyecto.

La cuestión fue que evidentemente gran parte de la trama "Borgia" se perdió por el camino, ya que ni siguiera Howard Hughes habría podido salirse con la suya con una trama incestuosa entre manos, aunque en los algo inusuales y en cierta manera desnaturalizados celos de Tony hacia su hermana Cesca se podía entrever el espíritu original de una historia de unos Borgia modernos.

Hay dos aspectos en Scarface, el terror de la hampa, que la hacen bastante especial respecto a otros títulos del género de aquellos años. Uno era la forma en que el film cuestionaba el papel que los medios de comunicación (léase la prensa, ¡no, no es un imperativo!) ensalzaban la imagen de los gángsters, haciéndoles parecer estrellas de cine, víctimas de la sociedad o modernos Robin Hoods. El segundo era la forma en que eran retratados los gángsters, quienes parecían más niños con armas y dinero en las manos que tipos duros. Según Hawks, todos los mafiosos que había conocido tenían una actitud de niños pequeños. Por ello Scarface iba a hacer gala de una extraña mezcla de violencia y humor, con un protagonista que resultaba inevitablemente simpático, a pesar de conducirse como un criminal despiadado y egoísta.

En 1931 el Código Hays todavía no había alcanzado el estatus de ley inamovible que obtendría alrededor de 1934, pero sus reglas, así como el debate sobre la necesidad de establecer unos límites, y el apoyo de pesos de la industria con Louis B. Mayer a la cabeza, ya dejaban notar. Quizás ya no quedara mucho incesto en el guión, pero ciertamente había una gran cantidad de violencia y escenas cargadas de erotismo. Las protestas y las exigencias procedentes de la oficina del gran censor Will Hays no tardaron en llegar. Por suerte para Hawks, por entonces los defensores del Código todavía no podían ejercer el grado de presión que hubieran querido, ni estaban respaldados, aún, por un verdadero poder que en la práctica garantizara el cumplimiento del Código, y, por otro lado, el productor Howard Hughes no estaba preocupado (al menos no demasiado) por perder o ganar dinero, ni por la influencia que en la taquilla pudiera tener la opinión de Hays y sus secuaces, con lo que el multimillonario animó a Hawks a rodar el film como creía que tenía que hacerlo.

Finalmente todo siguió su curso, con accidentes en el plató y la gente de Capone visitando al pobre Hecht a horas intempestivas, y el rodaje finalizó en septiembre de 1931. Sin embargo el estreno se retrasó cuando los abogados del MPPDA (la asociación de productores y distribuidores, es decir, la gente de Hays) lograron inquietar a Hughes y Hawks amenazando con no distribuir Scarface. Al parecer podían dejar pasar muchas cosas, salvo el violento final, que, quizás, no resultaba lo bastante ejemplarizante. Hughes accedió a poner más dinero para rodar un nuevo final, y Hawks se las apañó, ya sin su estrella bajo contrato, para darle la gente Hays un nuevo final. Aun así tampoco éste satisfizo a los censores, con lo que Hawks entró en colera. Al final regresó al montaje original y lo estrenó en aquellos estados donde el Código aun no se había hecho fuerte.

Scarface, el terror del hampa, ciertamente no ofrecía ningún valor especialmente ejemplarizante hasta casi el final. Todo ello a pesar de un ampuloso prólogo que quizás no fuera sino una forma de calmar a los censores. Retrata con bastante simpleza el auge de un mafioso, el rudo Tony, quien en su ascenso al poder destruye todo a su paso, incluido aquello que más quiere. Pero a lo largo de la película los atentados y los tiroteos se suceden mientras Tony parece salir ganando siempre con ello. Al tiempo que el gángster ejerce un control obsesivo sobre la vida de su hermana.

Evidentemente el personaje de Tony "Scarface" requería un intérprete osado y de una gran presencia. Hawks encontró a su hombre en la figura de Paul Muni, un actor de físico poderoso que escondía a un sutil intérprete, y que había electrizado a Hollywood en The Valiant, obteniendo una nominación a los Oscar, para poco después regresar al Broadway que le había encumbrado tras quedar desencantado con la industria hollywoodiense. Scarface significó su regreso a Hollywood y el inicio de su etapa de gloria como una de las máximas figuras del Hollywood de los años 30. Muni logró dotar a Tony de una furiosa intensidad, a la par que desprendía una curiosa comicidad cuando la parte inocente e infantil salía a la luz. La ambigüedad de Tony, su capacidad para recavar la simpatía del público aunque derramara sangre a su paso o diera una paliza a su hermana, la dualidad entre el criminal y el ser inocente que actua instintivamente como un animal, convirtieron al "Scarface" de Muni en uno de los mafiosos por excelencia de la historia del cine.

Frente a Muni se alzó como una gran rival Ann Dvorak, quien interpretaba a su hermana Cesca. La arrolladora personalidad de la actriz (quien durante sus años en Hollywood tuvo frecuentes broncas con sus jefes por motivos contractuales o por papeles que Ann consideró de baja calidad) impregna a Cesca en todo momento, dispuesta a conseguir lo que quiere a pesar del férreo control que su hermano ejerce sobre él. La Dvorak tal vez no fuera la típica estrella sexy, pero su carisma y sus dotes interpretativas (además de unos ojos electrizantes) le otorgaban un morbo tremendo, que no dudó en desplegar cuando Cesca intenta echarle el anzuelo al segundo de Tony, el fiel Rinaldo. Ciertamente para que entendieramos o pudieramos atisbar los oscuros y secretos deseos de Tony, se necesitaba a una actriz que pudiera hacernos creer que por sus venas corría la misma sangre salvaje que la del personaje de Muni, y a ese respecto Dvorak cumplió a la perfección.

Aunque estéticamente quien más destacó en esta película fue un George Raft todavía desconocido, pero que con su imagen elegante y su ya mítico jugueteo con la moneda no sólo se abrió su camino al estrellato, a la par que establecía un cliché icónico del gángster, sino que, como suele pasar con los algunos impactantes títulos del cine de gángsters hollywoodiense, influyó estéticamente en los propios mafiosos. Era una forma curiosa de cerrarse el círculo, ya que Raft se había criado en el Hell's Kitchen de Nueva York, hervidero de pandillas y gángsters, una vida criminal de la que el bueno de George se salvó gracias en parte a sus aptitudes para la danza.

Scarface, el terror del hampa. Gángsters, poder, dinero, violencia, ametralladoras Thompson. Puede contener trazas de incesto. O un asesinato excelentemente rodado con un Boris Karloff que todavía no se había convertido en el monstruo que le inmortalizó. En pocas palabras, un clásico imprescindible.


1 comentario:

El Bueno de Cuttlas dijo...

Mítica película donde las haya desde luego, esto sí que es ser pionero en un género.

Saludos