jueves, 31 de mayo de 2012

Sonisphere 2012 Día 2



El primer bocado del día para nosotros eran Mastodon, pero nos acercamos a Getafe a ver a unos amigos, y entre cervecitas y hamburguesas, pues... Yo creo que aun se habría podido comer el cochinillo, como bien dijo Homer, siendo positivos igual veinte minutitos habríamos visto (espíritu Oddball, lo llaman), pero el conductor no pensaba que el puente estuviera allí, y con lo que tardamos en encontrar el camino y aparcar, quizás tuviera razón (pinchad ahora mismo el "Adelante" de Lone Star). Ya puestos, tampoco vimos a Within Temptation, aunque más bien quería ver a su público (femenino, para más señas), que a la banda. En fin, que Mastodon tendrán que volver para que yo los vea y me quede a gusto.

Pulseras rosa, el color del metal
Slayer dieron mucho kevlar
Poco antes de las 21 de la noche debían empezar su show Slayer, ¿Qué decir de ellos? Los reyes del thrash metal más bruto y espídico, dudo que ningún adolescente minímamente heavy no se haya vuelto loco con ellos. ¡Ah, las guitarras sangrantes de Hanneman y King! ¡La increíble técnica velocípeda de Dave Lombardo! ¡El bajo riconudo y la voz calavérica de Tom Araya! ¡Slayer! Por donde pasan no vuelve a crecer la hierba. Cierto es que alguien más experimentado que yo en ver a Slayer en directo dijo que tras cuatro o cinco conciertos acababas viendo siempre el mismo show. No sé si será cierto o no, pero para mí que era la primera vez no pude sino disfrutar con su metal sin fisuras, aun cuando Hanneman no hubiera podido acompañar a la banda, recuperándose todavía de una picadura casi mortal de una araña. Quizás Slayer no sean los reyes de la improvisación, pero personalmente lo que espero de ellos son riffs salvajes uno tras otro hasta que me sangren los oídos, no una recreación de Grateful Dead. Cada momento y cada lugar tienen su grupo. Quizás si vuelvo a verles más veces acabaré pensando que estoy viendo siempre lo mismo, pero aquella noche me dejé llevar con esas velocidades arrolladores y esos cambios rompecuellos de clásicos como "Die by the Sword", "Raining Blood", y por supuesto "Angel of Death", la locura máxima. No conozco su discografía demasiado a fondo, bien es cierto, y mentiría si digo que les escucho todos los días, pero tengo que claro que repetiría mañana mismo con ellos si fuera posible. Aunque mejor esperar y ver si cuando repita Hanneman está recuperado. Auschwitz, the meaning of pain!

Metallica, ¿metal on metal? Mainstream on metal más bien, pero amigos, ¡qué metal!
Desde luego del entorno se murió de ganas por ir a ver a Enter Shikari, así que permanecimos en nuestros puestos para ver lo que se avecinaba. Bueno, si con Slayer ya había tenido que mirar más la pantalla que el escenario, donde apenas podía distinguir los tatuajes calvíneos de Kerry King, para Metallica decidimos retrasarnos para contemplar el concierto por la gran pantalla gigante que había tras la torre VIP (¡cerdos endogámicos!), ya que intentar ir más adelante no parecía tener mucho sentido cuando no parecía haber espacio ni para el bolsón del tal Higgins. Además, uno de nuestra comitiva tenía problemas auditivos y no queríamos más problemas médicos. 
Metallica. Podría hablar mucho sobre Metallica y aquí el menda, pero de nuevo creo que mejor dejarlo para otra ocasión. En fin, ya sabéis, hubo una época en que ellos eran LA BANDA, hasta que luego vino un largo cúmulo de despropósitos y cambios de rumbo sin sentido. Así que ya fuera por motivos económicos, o porque más bien quería verles colgados de un pino, esta iba a ser mi primera vez con ellos. Pero la ocasión era perfecta: celebración del vigésimo aniversario del Black Album, que iban a tocar enterito, más viejos clásicos de la banda, lo que es decir del metal y del rock. Era como si el tiempo se hubiera detenido en 1995. Sí, el Load tiene temas aprovechables, pero dudo que alguien que estuviera allí esa noche echara en falta las canciones de ese disco. 

- He can talk, he can talk! - I can siiiiiiiing!
No negaré que no tenía alguna duda sobre el concierto, aunque siempre me encargué de defenderles (un cacho, al menos) siempre que algun amigo se burlaba de ellos y su directo. Yo decía, "bueno, bueno, ya veremos". Por otra parte el concierto no arrebató a aquellos amigos más escépticos, pero dudo que quien haya sido un gran fan pudiera salir decepcionado aquella noche. Eso sí, sabiendo que Lars Ulrich ya no es el que era (y no me refiero a sus payasadas y excentricidades, sino al aspecto meramente musical), que Kirk Hammett y sus solos nunca dirán nada a quien lleve en su corazón los solos de Duane Allman, que Robert Trujillo es un excelente y, sobretodo, contundente bajista, pero que ni toca como san Cliff ni tiene la entrega del bueno de Jason Newsted, y que James Hetfield ha pasado por muchas cosas y ya no tiene bigotes a lo Lemmy. Más, todo esto se convirtió en anécdota cuando por las pantallas vimos a Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, abrumado ante la visión de tanta tumba, con la divina música de Ennio Morricone sonando de fondo. Bueno, de acuerdo, era hora de rendirse, ya me habían ganado. Para acabar de rondearlo abrieron con "Hit the Lights" (¡abriendo con el Kill'em All! Casi lloro), a la que siguieron "Master of Puppets" y "The Shortest Straw". Está claro que Metallica es uno de esos grupos que tirando de repertorio clásico pueden demolerte en dos o tres canciones. Para la cuarta canción hicieron una concesión al presente y tocaron un tema nuevo, que luego he visto que es "Hell and Back". No estuvo mal, la verdad, no es comparable a todo lo que tocaron luego, pero seguramente sea mejor que todo el Reload. Después de ese pequeño entremés comenzó la revisión del Black Album que iban a empezar al revés, con lo que la primera fue "The Struggle Within" (pepinos, hacía eones que no escuchaba esa tonadilla), aunque en ese orden realmente me empecé a poner juguetón con "Of Wolf and Man" y "Nothing Else Matters", anticipando que faltaba poco para la apocalíptica "Wherever I May Roam" (ponga aquí su ataque gratuito contra Limp Bizkit). Tras la pausa de "The Unforgiven, imaginad el resto: la chulesca "Holier Than Thou", la tenebrosa "Sad But True" y la ciclópea "Enter Sandman". ¡Buf! Muy mal tendría que hacerse para no inducir a moverse a los fans (los que tuvieran espacio). Pero Metallica lo hicieron bastante bien. Tal vez Ulrich en según que ritmos se quede algo atrás, pero Trujillo es un mastodonte, Kirk hace lo suyo tan bien o tan mal como siempre, y aunque ni todos los parches del mundo (James llevaba un bonito chaleco parcheado con los mil y un grupos) puedan competir con la imagen clásica del guitarrista, quedó claro que por muchas veces que se levante Ulrich, es Hetfield quien lleva el peso del espectáculo, desde luego totalmente recuperado físicamente. A todo ello había que sumar un montaje digno de los Stones, con pantallas gigantes, varios niveles de escenario, una pasarela, una promo del aniversario del Black Album (en la cual intentaron sin disimulo sacar al pobre Newsted lo menos posible, ¡mal!), fuegos artificiales (que siendo de donde soy no me impresionaron demasiado) y un espectacular juego de láseres (ok, ahí sí me quedé embobado) que activaron durante los bises (¡me quedé tan embobado que he tenido que buscar con qué canción fue! Fue en "One", por cierto).Bueno, si a mí y a muchos otros ya nos tenían ganados, sólo les faltaba cerrar con "Seek & Destroy". Ok, chicos, habéis ganado. De haber podido yo también habría saltado para conseguir una baqueta del maldito Lars."Seek & Destroy" es la vida, amigos, la vida.

En fin, no sé, quien les viera en la gira del Black Album y les volviera a contemplar la otra noche en Getafe, quizás solo viera lucecitas y polichinelas, pero yo salí muy contento de su concierto (el más masivo que haya visto nunca, por cierto, ¡cuánta gente, joder!), y lo mejor que podrían hacer es controlarse un poco, y convertirse en los Stones del metal dando espectáculos grandilocuentes pero cuidando el repertorio. O quizás lo hayan sido todos estos años recientes y no lo sabía. Pero lo que vi en Getafe poco tuvo que ver con lo que vi por la tele en el Rock in Rio. Sería el repertorio, sería el estar allí rodeado de melenudos, o sería que Lars Ulrich gana dos centímetros en vivo, pero amigos, ¡viva Metallica! Pero cuidemos las formas, chicos, cuidemos las formas.

Clutch, dolorosamente buenos
Dolorosamente, uno por mi estado físico, me resisto a pensar que no son los años, es el rodaje, que decía Indy. Creo que hubo momentos durante Clutch que estaba a punto del desmayo. Doloroso, por otra parte, ver a una banda de su nivel cerrando festivales tras los grandecitos y los grandes, porque ahora los festivales no los cierra el cabeza de cartel, sino los gregarios del pelotón. Pero a pesar de mis músculos cerveceros pude comprobar que su actuación del Sonisphere fue seguramente incluso superior a la del año pasado en el Azkena, quizás por estar más frescos (si no recuerdo mal acababan gira en Vitoria). Lo cierto es que Clutch no parecen ser de esos grupos que suelan fallar, y su Big Bang estilístico resultó irresistible no sólo para sus fans, diría que también para gentes del público que se acercaron sólo por curiosidad. Neil Fallon sigue siendo un gran e inquietante maestro de ceremonias, un vendedor de tónico medicinal del averno que parece fluir sobre los riffs de la banda mientras su barba desprende carisma borbónico de Kentucky (aunque sean de Maryland). Con esto quiero decir que ya va siendo hora de que Clutch reciban el trozo de pastel que merecen. Atención al nuevo disco, que no sé cuando saldrá, pero los dos o tres temas nuevos que tocaron fueron  de lo mejor del repertorio. ¡Creo que se avecina una buena!

Y bueno, aún habría podido quedarme a ver a Fear Factory, que habían retrasado su show, pero estaba muerto en vida y tampoco son la base de mi existencia, así que decidí retirarme hacia una penosa caminata mortal en busca de un coche muy lejano. Por lo que sé, el concierto de los Factory se convirtió en un gallinero (¿Burton C. Bell? ¿en serio? ¡quién lo habría dicho!), así que no me arrepiento en absoluto. Por delante me quedaba una última noche en camping, y una conducción a casa a base de Ike & Tina Turner y James Brown. ¡Cosas de la vida!

miércoles, 30 de mayo de 2012

Sonisphere 2012

Un tebrero mor la taraña, lunes faniense, junesmo jiñoe me joxierta fon cu taranteríntico y mormafo tiñafismo. Es decir, que tras una noche de insomnio no sé si por nervios subyacentes o por la obra de Pazuzu, me desperté con mucho sueño para reunirme con mis apañeros y apañeras que iban a conformar el viaje al festival del Sonisphere, allá en Getafe, donde luego nos dividimos en partes en plan Lego que uno dormía acá, otro acullá, y otro tenía sus amigos más allá de Orión, allá donde Rutger Hauer perdió el gorro. El viaje bien, buena música, chascarrillos, ronquidos en la parte de atrás, y luego atascos y caos al llegar a las cercanías del recinto. Tras los formalismos debidos y plantar las tiendas en un camping muy cuco repleto de festivaleros a una media hora del recinto, partimos para pasar el inevitable trámite de obtener nuestras pulseras festivaleras, recorriendo sendas, pastos, y un puente con escaleras que debió levantar sus buenas quejas entre los asistentes con movilidad reducida, con toda la razón del mundo (supongo que por eso cortaron el tramo del puente al tráfico al día siguiente). So much for the planificación, que diría Dexter. Si había otro paso para cruzar las vías, no estaba indicado.


C.O.C. y el hombre con el dedo sobre el botón
Bueno, temas de organización aparte, bajo un sol que pegaba lo suyo (aun no sé como delicada piel no se quemó, que fui tan campante sin cremas ni gorras), acudimos al escenario principal a ver a Corrosion of Conformity. Sonido infernal, y no el infernal que uno le gusta, sino el típico caos de sonido festivalero ante el cual un grupo está vendido. Además la banda apostó por un repertorio bastante contundente, más metal que grunge, por decirlo así, no sé si eché en falta más Blind y Wiseblood, aparte de que Pepper Keenan no está y eso también se nota. En fin, sonido horrible para mi primera y quien sabe si única vez con los Corrosion. Otra vez será.

Kyuss (Lives!), vivitos... y coleando
Personalmente ni Skindred (aunque luego me hablaron bastante bien de su actuación) ni los llorones de Sonata Arctica ni Kobra & The Lotus me llamaban la atención, y antes que ver a Limp Bizkit le habría sostenido los kleenex al amigo de Sonata, así que los que coincidían en esta opinión teníamos mucho tiempo por delante hasta que empezaran Kyuss Lives!, por lo que decidimos salirnos a beber unas cervezas y kalimotxos que amablemente vociferaban los vendedores ambulantes que poblaban los exteriores, hasta que la policía hizo su aparición. Dentro del recinto, ya se sabe... ¡so much for los precios anticrisis! Aunque fuera también hubo algun vivillo que casi te hacía desear ir dentro y pagar los ocho euros del litro. Pero vayamos a la música. O quizás antes debería introducir un pequeño prefacio, ya que estamos con los chicos de Palm Desert.
En fin, quizás debería extenderme más sobre el tema en otra ocasión, pero todos estamos asistiendo a esa alucinógena y dolorosa batalla legal que ha separado en dos bandos a Josh Homme y Scott Reeder por un lado y John Garcia y Brant Bjork por otro, algo nada nuevo en el mundo del rock, pero que nunca debería pasar, y mucho menos en el seno de una banda extinta pero que representaban una forma pura de acercarse a la música, y que hubieran peleas o distanciamientos seguían siendo una familia, o al menos ésa era la sensación que teníamos muchos de nosotros. Sigo sin saber qué parte lleva la razón, y en realidad tampoco me importa demasiado. Lo único que deseo es que acaben con ese sinsentido de una vez.

Pero vayamos a lo más importante, la música. Tras minutos de espera que parecieron siglos, y gritos cuando Brant Bjork asomaba la cabeza para probar batería o decirle algo a su técnico baterista, poco después de las 21.35 Kyuss Lives! salieron en medio de un griterío descomunal  a pesar de todo lo ocurrido. Asentado en las primeras filas, pude comprobar que efectivamente Nick Oliveri no iba a estar tras haber anunciado su intención de dejar de girar con John y Brant (¿esperará todavía el buen hombre ser readmitido en QOTSA, o simplemente prefirió no verse en vuelto en más asuntos legales?), y evidentemente Scott tampoco iba a estar a las cuatro cuerdas. Así que especulamos sobre quien era el nuevo bajista, más del estilo de Reeder que de Oliveri, ciertamente, y hubo acertante cuando un miembro de la comitiva apuntó a Billy Cordell, ex-componente de Yawning Man y Unida. Estaba claro que John y Brant rebuscarían entre sus colegas del desierto para reemplazar a los, por decirlo así, dos bajistas oficiales de Kyuss, lo cual era la jugada más acertada e inteligente, desde luego, así que traer a la palestra a un viejo miembro de los seminales Yawning Man me parece que ha sido muy acertado.

Lo dicho, olvidando todo lo que está ocurriendo entre músicos y abogados, con John y Brant como piezas centrales el sonido de Kyuss (o para los más puristas, el sonido de la nueva vieja banda) sigue estando ahí, con matices, claro que sí, pero aplastante y cavernoso con un John Garcia en una forma espléndida (le vimos cantar como nunca, y su figura de marine del desierto de otrora, más delgado que el año pasado en el Azkena, o con una faja mejor) y un Brant Bjork por el que no pasa el tiempo, una furia controlada a las baquetas, y, no lo olvidemos, autor de algunas bombas de la banda como "Gardenia". Tras la supongo inevitable puyita de John a todo el tema legal (en plan "¿véis lo que pone ahí? ¡vaya si estamos vivos!") la banda abrió con una "Hurricane" hipohuracanada que ya nos volvió locos a casi todos. Es curioso, pero nunca hubiera pensado que viendo a Kyuss o sucedáneos (bueno, ¡de hecho nunca habría pensado ver la mitad o tres cuartos de esa banda en un escenario!) se montarían esas locuras en las primeras filas, siendo música tan de fumetas. Pero bueno, ahí estuvo la primera prueba física del festival, mientras Kyuss Lives! iban desgranando esos clásicos impepinables, como la mencionada "Gardenia", "One Inch Man", "Supa Scoopa & Mighty Scoop" (¡Dios bendiga esa canción!) o "Green Machine", para acabar con una sorprendente "El Rodeo". En resumen, Kyuss Lives! volvieron, en mi opinión, a salir vencedores, curiosamente con un sonido bastante bueno (¡y eso que estaba en las primeras filas!). Quien hable de mal sonido no sé donde estaría puesto, o debería más bien ponerse viejos directos de Kyuss.  La columna vertebral de esta nueva banda, John y Brant, implecables, incomensurables, estupendos, no sé, son muy grandes. Al guitarra, Bruno Fevery, se le vio más suelto (incluso en un pequeño momento jam que se marcaron, aunque nada que ver con lo de las generator parties, claro) y sigue interpretando su dificilísimo papel, pero en el cómputo global la ausencia de Homme sigue siendo evidente, especialmente cuando llega el momento de los solos, pero al menos el amigo Bruno no es un frío mercenario, y de momento se le ve bastante consciente de su papel y se mantiene en segundo plano. Y sobre Cordell, lo dicho, excelente bajista para estos nuevos Kyuss Lives!, más en la onda de Reeder que del bruto de Oliveri. Creo que podría decirse que en directo este nuevo proyecto sigue teniendo pocos peros, aunque el verdadero reto para ellos va a estar en grabar ese nuevo disco que tienen planeado.

Soundgarden, fideles ad hortulanus.
Poco interesados en Offspring, parte de la comitiva nos fuimos al polvoriento recinto donde servían bocatas y kebabs para reponer fuerzas. Vimos un pequeño ratito de Paradise Lost, de quien en los fans veteranos dicen que siguen perdidos en su metal para adolescentes de Superpop. Por lo que vi, debo darles la razón. Así que sin más dilación nos encaminamos al escenario grande donde íbamos a presenciar algo histórico: el regreso de Soundgarden, por fin en Europa, tras casi veinte años de una separación realmente dolorosa. En fin, lo que significó esa banda para mí lo significó para muchos de vosotros, así que no creo que deba extenderme a ese respecto. Baste con decir que el momento en que vi en la televisión el clip de "Jesus Christ Pose" es de esos momentos en que a uno le cambia la vida. Y allí estábamos, viendo de colarnos o si nos colaban en el puto Black Circle de los huevos, ese recinto acotado justo frente al escenario para los que han pagado una cantidad extra, como un VIP para pobres, o menos pobres. En fin, la enésima idea de los organizadores para sacar más dinero. Y los que no queramos o podamos pasar por ahí, pues a meterse en los laterales bastante comprimidos. Que fue lo que algunos compañeros y yo hicimos.

En fin, la expectación era grande, y tras perder un sitio que no estaba mal por ver si podíamos penetrar en el sagrado recinto de los elegidos (Black Circle... ¡bah! Éforos, ¡cerdos endogámicos!) acabamos apretujados en el lateral izquierdo donde la vista no era demasiado buena. Pero en fin, cualquier veterano en estas lides sabe que conforme empieza la juerga se puede ir avanzando, y acabamos en unas posiciones ventajosas, canción a canción. Así que el principio fue algo deslucido tras la mítica intro de "Searching With My Good Eye Close", que nos puso a todos histéricos. Deslucido porque cuando salieron Soundgarden al escenario apenas veía unos puntitos, teniendo que echar mano de la videopantalla, y porque cuando comenzaron con la canción el técnico de sonido, o el pajarito de cristal con agua, o lo que sea que hubiera en los controles, parece que apagó la PA, o tuvo un ictus y se desmayó sobre el volumen, para pasmo de Chris Cornell, que supongo que se vio sin oirse, o sin oir su guitarra. Por suerte poco a poco el sonido iría mejorando hasta alcanzar niveles bastante aceptables. Podría haber sonado mejor, pero no creo que se pueda decir que sonara mal precisamente.
Y es que muchos botones tendrían que apagar para que esa maravillosa conjunción de tipos, Cornell, Ben Shepherd, Kim Thayil y Matt Cameron no sonaran como un martillazo en tu cara. Con la portada del Badmotorfinger de fondo la banda fue desgranando varios de sus clásicos que mejoraban en sonido y ejecución a cada momento. Dispuestos a calentar el ambiente en un nanosegundo, tras "Searching..." atacaron con "Spoonman" y "Jesus Christ Pose". ¿Puede haber un comienzo mejor? ¡Quién sabe! Soundgarden podrían hacer cien inicios distintos y todos serían increíbles.

Bien, los que no hayáis estado allí, os preguntaréis, ¿y Cornell? Pues seguro que por Internet leeréis las mil y una opiniones. Por Facebook ya he visto de todo, desde quien habla maravillas de él, hasta quien escupe sobre su nombre, decepcionado hasta límites insospechados. Pues si queréis saber mi opinión, empezaré diciendo que no puede decepcionarme lo que ya conozco. Juraría que Cornell no era Dio, y se dejaba la garganta como un salvaje sin usar quizás las técnicas más adecuadas, lo cierto es que ya en el 92 o el 94 se le escapaban gallos o rebajaba los tonos de vez en cuando, pero poco importaba, su voz era poderosa y su energía descomunal. Creo en que tiempos posteriores, conforme su voz fue perdiendo registros y poderío, su gran error fue tratar de hacer lo que ya no podía. Así que, sí, en el 2012 quien espere ver a un Cornell haciendo agudos imposibles va a quedar decepcionado. Sí, ahora en determinados momentos se apoya de efectos y retardos, y por lo general cuando antes aullaba, ahora rebaja el tono, pero también desgarra más, y no creo que se pueda discutir que sobre aquel escenario Cornell mostró un gran oficio.El Chris Cornell sin camiseta que se revolcaba por los suelos es cosa del pasado, y ahora se apoya mucho más en su guitarra, o debiera decir sus guitarras (juraría que una de ellas llevaba cuerdas de grosor estratosférico). Pero maldita sea, no estamos hablando de Ian Gillan, quizás la emoción del directo me engañe, pero dudo que se puedan cantar mejor temas como "The Day I Try to Live" o "Fell on Black Days". Desde luego entre el mal sonido y que era la primera, en "Searching..." Cornell no estuvo demasiado fino, pero conforme fue cogiendo cuerpo su voz la cosa mejoró mucho.

¿Y qué decir de la banda en conjunto? Bien, podría decirse que son casi 20 años para todos. O casi. Thayil, con su sombrero y sus pintas de profesor de filosofía jipi, parecía mayor sólo por sus canas, porque parecía que lo hubieran teletransportado desde el 96 y le hubieran dejado caer allí. Sus arreglos hindúes, sus solos y sus riffes sonaron todo lo estupendos que pudieron sonar aquella noche. Ben Shepherd estaba justo al otro lado de mi posición, así que desde lejos parecía más bien Steve Earle con pelucón. Tampoco él es el orangután loco que era en el escenario, pero por lo que me comentaron quienes le vieron más de cerca sigue conservando su mirada asesina. Desde luego su bajo sonó como uno recordaba, como mil martillos de Thor aplastando tus orejas. Y si por alguien se puede decir que no ha pasado el tiempo fue por un Matt Cameron ciclópeo, inconmensurable, atómico, arbotante, y todos los adjetivos que le queráis poner. Desde luego el haber sido el más activo de los cuatro, y además en una banda de renombre con grandes giras se notó, y en realidad sí que parecía que le hubieran abducido en el 96 y le hubieran dejado caer aquella noche en un microsegundo. Fue uno de los mejores baterías de su generación, y lo sigue siendo. Pocas baterías pueden presumir de ser un espectáculo cuando le enfocaban las cámaras por detrás en las videopantallas. Sin él Soundgarden no sería lo que son. Y es que aquella noche fueron aplastantes, desplegando todos esos riffs matadores, como en "My Wave", "Outshined" o Rusty Cage". Tan sólo me sobró su nuevo sencillo, "Live to Rise". Vale, no es mala, y en directo suena bastante mejor que en estudio, pero después de que nos sorprendieran con "Gun", y otras más oscuras aún, creí que no jugarían a promocionar ese pequeño sencillo, pero lo hicieron y creo que no fue demasiado acertado. Pero bueno, fue una pequeña pega. Para cerrar escogieron la brutal "Slaves & Bulldozers", en la cual se dedicaron a dejarse llevar como antaño, con Cornell cantando algo que aún no he identificado (desde luego mencionaba a Jesús), y el resto de la banda volviéndose más loca, hasta que Cameron dio por finalizada su función, mientras Thayil y Shepherd se dedicaron a jugar con los acoples de sus instrumentos. Y quien proteste por ese final, sencillamente, no conoce a esta banda. Tras sus jugueteos la banda se despidió cada uno en su particular estilo que todos conocemos: Cornell dio las gracias y creo que dijo que nos quería, Cameron se marchó con su sonrisa traviesa de colegial en los labios, Shepherd tiró su bajo al foso y quizás mató a un gatito en su camerino (es sólo una suposición, claro), y el último en marcharse fue Thayil, que recorrió sonriente el escenario de una punta a otra con su sombrero y una botellita de agua, mirando satisfecho al público, como si fuera a comprar el periódico de la mañana y unos churros.

Soundgarden. Leeréis muchas críticas negativas sobre ellos. Bueno, mi visión del asunto desde luego es distinta. Yo lo que espero es su nuevo disco (al igual que con Kyuss Lives!, será el verdadero reto de la banda, más que tocar en directo sus viejos clásicos), y que vengan a presentarlo a un club, o estadio, pero sin black circles de por medio, y en un lugar donde Shepherd me pueda intimidar con su mirada psicópata.

Y bien, por último señalar que las leyes de Einstein y de Newton no tuvieron efecto aquella noche. Si con lo apretados que estábamos creí que no habría pogos ni locuras varias, me equivoqué. Surgió espacio de la nada o qué se yo, pero mis músculos desde luego tuvieron que trabajar otras rondas extras más después de la locura de Kyuss Lives!

Orange Goblin, alegría moral, cansancio físico
Cansancio el mío, que conste, porque Orange Goblin estuvieron, por lo que pude ver sentado en el asfalto en la zona del escenario pequeño, bastante bien. Los vi algo empezados, y entre alguna que otra conversación me distraje en algún momento, pero desde luego los duendes naranjas salieron a ganarse al público con su asgardiano frontman dispuesto a ganarse al público uno. Ningún tema a destacar, creo que ya no distinguía ni mi propio nombre, aunque tampoco conozco su discografía demasiado a fondo. Lástima que John Garcia no saliera a cantar con ellos esa tremebunda "Made of Rats". Otra banda pendiente para un club.

Y bien, en el escenario grande la jornada cerraba con Machine Head. Me habría gustado verles, pero para no ser un veinteañero cocainómano o deportista creo que bastante habia hecho ya, así que decidí retirarme. Por lo que me comentaron algunos compañeros que se quedaron, Flynn y los suyos decidieron pasar de los clásicos y presentar su último disco. Así que como lo que yo quería eran clásicos, creo que hice bien en irme a descansar (recuerden, ¡apenas tres o cuatro horas de sueño! ¡urgh!).

E iba a hacerlo todo en un post, pero como ahora mismo ya me he cansado también de escribir, pues aquí lo dejo.

Y así empezó el momento...

jueves, 24 de mayo de 2012

Soundgarden, Pinkpop '92, y veinte años después...

Siempre me ha sulibeyado esta actuación, aunque resultara curioso descubrir que Chris no era infalible, pero poco importa, la mayoría de actuaciones de Soundgarden que corren por ahí son un disfrute apocalíptico.

Y nada, mañana estaré en camino. Espero que salga todo a pedir de Milhouse.


martes, 22 de mayo de 2012

Audaz

Para mí es sin duda uno de los mejores temas de Pink Floyd. ¿Cómo puede quedar aun más épico un cántico de fútbol? Ellos pueden.


lunes, 21 de mayo de 2012

Toy Story (1995)

Animación clásica, ese costoso arte que implica usar lápices, pinceles y transparencias, muchísimas horas de trabajo, varios departamentos artísticos, muchos litros de café, e intentar que los sueldos altos no vayan más allá de los trabajadores más veteranos. Un conjunto de varios factores que Walt Disney y su compañía llevaron a la perfección estrenando varios de los clásicos absolutos del cine animado norteamericano y mundial. En gran medida Disney, la compañía, gozó de décadas de monopolio sin que sus rivales pudieran igualar aquellos largometrajes mágicos. Y si lograban superarlos, el markéting de la compañía engullía al producto rival, y Walt arrebatara a la otra productra sus mejores animadores. Pero a finales de los 70 el gusto del público infantil y juvenil pareció cambiar, al tiempo que Disney se iba sumergiendo en una crisis artística y financiera que a punto estuvo de llevarse a la megacorporación por delante. A finales de los 80 y principios de los 90 el gran mastodonte de la animación comenzaba a recuperarse, y colaborando con aquella pequeña empresa llamada Pixar volvió a revolucionar el mundo de la animación cinematográfica. Aunque en un corto espacio de tiempo Pixar pasaría de ser la nueva arma secreta de Disney a convertirse en su mayor rival.

Toy Story fue el comienzo del fin para la animación clásica tal como el mundo la había conocido, especialmente de la mano de Disney. Hubo muchos, entre los que he de incluirme, que desdeñaron aquella nueva animación hecha por ordenador. ¿Cómo iban a competir muñecajos por ordenador con los gloriosos personajes de Disney que durante años habían animado varios de los mejores profesionales del ramo? ¿Dónde iba a estar el arte en renderizaciones y movimientos y parámetros tecleados, cuando en una peli de Disney cada fotograma podía ser expuesto junto a un Velázquez? Pues bien, desde luego me llevó unos años dar el paso, pero bastabacon echar un vistazo a Toy Story para taparme la bocaza. No sé si un fotograma creado por ordenador puede ser expuesto en El Prado, pero de lo que no cabía duda es de que aquellos chicos de Pixar, aliados con la todopoderosa Disney, sabían hacer películas de animación. Además, calidad de animaciones aparte, sus guiones parecían más frescos, eran más sólidos, y apelaban tanto a adultos como a niños, algo que se acentuó tras la ruptura con Disney. Y al final parece que tuvo que ser Disney la que hubo de adaptarse al paso de baile de Pixar, y no al revés.

El ganchoooooo...
Hay quien apuntaría al carisímo divorcio de George Lucas como el primer motivo para la creación de Pixar. El director y productor, una vez finiquitada su saga intergaláctica, se vio con falta de fondos, así que aceptó la oferta de un tal Steve Jobs, que acababa de salir de Apple después de que se le subieran a las barbas, para que le vendiera el departamento de gráficos computerizados de la famosa ILM. La actividad principal de la refundada Pixar iban a ser ordenadores y programas de diseño, más que la animación, pero las pobres ventas hicieron que el departamento de animación de la compañía, dirigida por John Lasseter, un animador formado en Disney, fuera puesto a la tarea de realizar anuncios animados realizados por ordenador para diversos productos.

En 1988 el equipo de Lasseter se vio recompensado con un Oscar por su corto animado Tin Toy, el primer corto animado por ordenador en recibir una estatuilla de la Academia, pero aun así las cuentas de Pixar no parecían querer salir de los números rojos. En 1990 no parecía quedarle mucho de tiempo de vida a la compañía, y Jobs ya se planteaba venderla al mejor postor, cuando llegó una oferta de Disney para realizar un especial televisivo animado por ordenador. La idea era expandir la idea de Tin Toy y realizar con ella un largometraje, pero el proyecto no terminó de cuajar. Finalmente Disney ofreció una jugosa oportunidad a Pixar: realizarían tres largos para la compañía y se llevarían un 10% de los beneficios. Poco a poco la expansión de Tin Toy fue evolucionando hasta acabar siendo la raíz de Toy Story, el que sería el primer largometraje de Pixar para la Disney.

A mediados de los 80 John Lasseter había sido el único miembro del departamento de animación de Pixar. El segundo animador que llegó a bordo fue Andrew Stanton. Ambos conformarían el núclero duro de la sección creativa de las primeras películas de Pixar, junto a otro animador de la compañía, Peter Docter, y el enlace de la Disney Joe Ranft. Entre los cuatro fueron pergeñando la historia para la película, sobre la que trabajarían Stanton y unos cuantos guionistas profesionales. Evidentemente el guión sufrió muchas reescrituras, pero finalmente sería la mejor baza que tendría el film, junto a sus revolucionarios dibujos generados por ordenador. Los objetivos del guión se convirtieron en un toma y daca entre Disney y Pixar. Curiosamente la idea de tratar de introducir en la trama elementos interesantes para un público más adulto partió de la propia Disney. Por otro lado fue John Lasseter quien insistió en alejarse del típico concepto de animación Disney con canciones y tramas de cuento infantil.

La base para la historia de Toy Story partió del mismo Lasseter, quien se basó en sus propios recuerdos infantiles para crear la trama principal, lo que sin duda fue un ingrediente importante para el éxito del film. ¿Qué infante podría no disfrutar con una historia de dibujos sobre juguetes? ¿Y qué adulto no fue años antes un niño que jugaba con juguetes? Lasseter podía recordar perfectamente uno de sus juguetes preferidos, un muñeco parlante de Casper, y lo deslucido que pareció de repente cuando uno de los primeros GI JOE cayó en sus manos. El film iba a ser una buddy movie, y en su propia niñez estaba el arranque de la trama: el juguete favorito que de repente ve como su reinado se ve amenazado cuando un muñeco más moderno llega a la habitación de juegos de un niño pequeño.

Tras sopesar varias ideas se llegó al diseño de los dos personajes principales. En un principio Woody iba a ser un muñeco de ventriloquía, pero finalmente acabó siendo un muñeco parlante de un vaquero, de esos con anilla a la espalda, mientras que su rival sería un flamante muñeco astronauta, Buzz Lightyear, equipado con láser y grabaciones incorporadas sin necesidad de anilla alguna.

Una vez Disney dio su aprobación (cosa que no fue nada fácil) a la historia, comenzó la búsqueda de las voces que iban a acompañar a cada personaje animado. Para hacer de Woody Lasseter sólo tenía un nombre en la cabeza, el de Tom Hanks, y el diseño de Woody ya iba encaminado en esa línea. Hanks no tendrá una carrera a prueba de bombas pero cuando encaja en un papel suele hacerlo muy bien, y desde luego con sus particulares inflexiones de voz el actor era el tipo idóneo para dar vida y expresividad a Woody. Al aceptar el papel el equipo de Pixar se sintió muy aliviado, y Hanks volvió a demostrar que tiene buen olfato para los negocios. Según otras versiones, en Pixar querían a Jim Carrey y Paul Newman, pero sencillamente no podían costéarselos. Siguiendo con el reparto, Lasseter no tuvo la misma suerte con Buzz, y su primera opción, Billy Crystal, rechazó la oferta. Otras opciones tampoco cuajaron, y finalmente el papel cayó en manos de Tim Allen, que ya estaba trabajando para la Disney con su serie Un chapuzas en casa. Dicen que Allen, ferviente admirador de Chevy Chase, aceptó el papel sólo porque su ídolo lo había rechazado antes que él. No puedo decir que Tim Allen me parezca el cómico definitivo, pero dado que Buzz Lightyear parece expresarse corporalmente mejor que él, creo que su contribución al personaje me sigue pareciendo bastante potable.

Ni Woody ni Buzz Lightyear existían como muñecos realmente, aunque Pixar tenía diseñando personajes para ellos a una compañía juguetera a quien luego dieron licencia para fabricar el merchandising del film. Sin embargo Lasseter y su equipo querían darle un toque de realidad a la cinta, por lo que contactaron con diversas jugueteras para que les otorgaran licencias para usar sus juguetes en la película. Sin duda la negativa más sonada fue la de Mattel, que no dio permiso para que usaran a la archifamosa Barbie en la historia, algo de lo que no tardarían en arrepentirse (imagino que el éxito del film debió de ayudar en las ventas de los juguetes de fábricas que sí otorgaron licencias de uso). Una rival de Mattel, la también famosa Hasbro, denegó el uso de sus GI JOE porque no iban a tener muy buen final en la trama, pero a cambio sí que dio permiso para que utilizaran a su famoso Mr. Potato. Entre los personajes también se incluyó algún juguete descatalogado como el perrito Slinky.

Tras los dos cabezas de lista el reparto se fue completando con secundarios de carácter como Don Rickles, ideal para ser el gruñón Mr. Potato, Wallace Shawn, John Ratzenberger, o un R. Lee Ermey que evidentemente era capaz de llevar a los soldaditos de plástico a otra dimensión.

Con la primera parte del film completada, en noviembre de 1993 se organizó un 'screen test' para los capos de la Disney. La sesión fue un fracaso; Woody parecía un muñeco tiránico y por lo general los personajes no parecían despertar muchas simpatías. Un avergonzado Lasseter pidió una nueva oportunidad para reescribir el guión, aunque un productor de Disney, Tom Schumacher, pareció acertar al señalar que el fallo estaba en haberse alejado demasiado del concepto original. Tres meses después Lasseter se presentó con un nuevo guión que suavizaba las cosas (por ejemplo Woody ya no empujaba a Buzz por la ventana, sino que se convertía en un accidente). El problema fue que para rehacer la película Pixar iba a necesitar más dinero y Jeffrey Katzenberg, el por entonces presidente de los estudios Disney, no estaba dispuesto a aportar más dólares al presupuesto. Fue entonces cuando Steve Jobs, productor ejecutivo del film (aunque hasta entonces apenas había interferido en el proceso de creación de la película, algo raro en él), acudió al rescate, mostrándose, en palabras de Katzenberg, "tan salvajemente implacable como sólo Jobs puede mostrarse". Según Jobs, Disney debía poner ese dinero extra ya que habían sido las sugerencias de Katzenberg y los suyos las que habían arruinado el concepto original tras Toy Story; Katzenberg, a su vez, argumentaba que tras nutrirse libremente de las ideas proporcionadas por la Disney, ahora Pixar quería que encima fuera pagada por ello. Finalmente fue Ed Catmull, productor ejecutivo de Disney, quien puso paz y orden para que el film pudiera seguir con su producción.

Finalmente Toy Story se estrenó en noviembre de 1995. La película fue un éxito inmediato, aplastó a rivales como Batman Forever (perdón por traer a colación semejante... ¡cosa!) y acabó recaudando más de 350 millones de dólares en todo el mundo, anunciando ya el gran combate de egos que había de venir (Katzenberg hablaba de Toy Story como de una peli de Disney, mientras que Jobs, enrabietado porque los medios apenas sí dedicaban alguna línea a Pixar, hablaba del film como de una película de Pixar para la que Disney era una simple distribuidora). De todas formas Jobs, hombre avispado, había hecho coincidir la salida a bolsa de Pixar con el streno de la película. No cabe duda de que fue una de sus muchas jugadas maestras.

Toy Story, destinada a convertirse en la saga y buque insignia de Pixar, marcó las pautas para la animación cinematográfica infantil del siglo XXI: animación computerizada, canciones reducidas al mínimo, ineludible acción y aventuras para niños pero con escenas que hicieran guiños a los mayores de 30 (pongamos Star Wars y un tal Indiana Jones), y toques de humor con el que pudieran disfrutar los padres mientras sus hijos se sumergían en un mundo mágico de juguetes y muñecos.

Como película de aventuras Toy Story te atrapa prácticamente desde el minuto uno en que Buzz Lightyear hace su aparición. Al mismo tiempo junto al factor nostalgia hay que añadir unos estupendos toques de humor que provienen principalmente del pobre Woody y sus celos mientras trata de convencer al bueno de Buzz de que no es realmente un guerrero espacial sino un simple juguete. La trama de Woody y Buzz irá derivando cada vez más en un film de aventuras y acción que mantienen un ritmo endiablado como sólo parecía posible ver en los clásicos de Spielberg. Toy Story funciona por todos estos factores tanto en español como en versión original, pero desde luego las voces originales, especialmente la de Tom Hanks, le dan una dimensión totalmente distinta y más enriquecedora a los personajes.

Toy Story, diversión para toda la familia en mayúsculas.

domingo, 20 de mayo de 2012

Screaming Trees - Live in Germany

Media hora de actuación de los Screaming Trees, allá por el 96, cuando un desconocido y jovenzuelo Josh Homme les cubría las espaldas. Por desgracia eran los últimos coletazos de una gran banda.

viernes, 18 de mayo de 2012

Concursante (2007)

He aquí una película que tendría que haber visto hace tiempo, más que nada porque ya me llamó la atención en los días de su imagino, fugaz estreno (como pasa con tantas películas patrias), cuando hablaron de ella en Días de cine. Sin embargo al final la dejé pasar, y ya bastante después de que su director, Rodrigo Cortés, diera que hablar por todo el mundo con Buried, pues decidí esta semana empezar por el principio y echarle un ojo a esta Concursante, el primer largo del cineasta.

Lo primero que salta a la vista es que es una película bastante al son de los tiempos, y eso que se rodó cuando la burbuja no había explotado, pero bueno, aparte de que los datos estaban ahí para quien quisiera o supiera ver, hablar de la codicia humana o de un sistema imperfecto nunca pasará de moda, porque siempre habrá codicia y siempre viviremos en un sistema imperfecto. Pero vaya, efectivamente, Concursante es una sátira (sátira, fábula, cuento, película... no traten de analizar sus diálogos como si fuera una página del Financial Times) sobre nosotros, los humanos, especialmente los humanos de Occidente (ese Occidente que cada vez está en más lados, ya me entienden), contentos y satisfechos con nuestros trabajos, coches y tarjetas de crédito, espectadores de la caja tonta que no sabemos lo que está sucediendo bajo nuestros pies. Y aun viviendo dignamente, desde luego no miraríamos mal la idea de tener 500 millones más. Y esa es la premisa de partida del film. Un feliz profesor argentino de historia de la economía, afincado en España, con su novia, su casa y su coche, que un buen día gana en un concurso 500 millones en premios. Y lo que parecía una bendición, quizás no lo sea tanto.

Que la premisa de la trama sea más o menos cierta o posible no es algo que personalmente crea que importe, aunque creo que es innegable que ser rico no implica sólo tener un yate, una mansión y un castillo, sino además, poder mantenerlos. Pero como ya he dicho, Concursante es un pequeño cuento (no les reviento nada si les digo que la historia la relata un muerto) sobre el lobo con piel de cordero, el regalo de los griegos (vaya), el caballo de Troya. Supongo que se podrían sacar muchas conclusiones de un film así, aunque para mí quizás la principal sea eso de no abarcar demasiado. Aun teniendo todo lo que se puede desear (la "trainspotinguiana" retahíla de siempre: el coche, la casa, la pareja, el perro, etc), ¿cuántos no querrían además 500 millones? Aunque fueran en premios. 

En fin, Concursante, amén de ser bastante entretenida, es una película que invita a reflexionar, y como eso no siempre se da, está bien anotarla. Habrá películas que traten temas parecidos con más profundidad, documentales mejor informados, libros con datos más contrastados, pero el film es un buen .lugar por el que empezar (si es usted profesor o profesora, por ejemplo, considérela si sería de interés o no). Porque aparte de los fríos datos, no está de más algo de fabulación con el que acompañarlos.

El reparto es bastante consistente, a su protagonista,  Leonardo Sbaragli, no recuerdo haberle visto, pero me ha gustado bastante (no sé por qué pero se me hace que un argentino era el candidato idóneo para protagonizar todo esto), y Luis Zahera (tampoco le conocía) es un abogado caradura estupendo. El tipo que hace de Eduardo no sé dónde le he visto, pero sé que lo tengo interiorizado, y la protagonista femenina encaja bastante bien como la típica novia de alta nariz, aunque no podría decir mucho más. Sobre el trabajo de Rodrigo Cortés como director (también escribió el guión), pues decir que es impecable, más para un debut. Se desenvuelve muy bien con un ritmo preciso y al grano y una técnica bastante bien trabajada. No, aún no he visto Buried, pero en su día todo quisque la puso por las nubes, así que imagino que desde luego lo de Concursante no fue casualidad. Supongo que por eso ya está metiendo el pie en Hollywood como algunos otros de esa nueva generación de directores españoles que está surgiendo en estos últimos años.

Concursante, un buen e interesante debut, una historia entretenida pero con ironía que además tiene su moraleja, como todos los buenos cuentos.

jueves, 17 de mayo de 2012

Rockeando en el mundo libre

Me pregunto cuando nombrarán senador a un caballo. Y es que no es momento de elecciones. ¿Recordáis cuando hablaban de la era Reagan en pasado? Y mientras tanto, ya lo ves...

lunes, 14 de mayo de 2012

Replica vs Desert Eagle

Snatch: cerdos y diamantes, esa curiosa y entretenida mezcla entre Tarantino, Scorsese, y Trainspotting.


domingo, 13 de mayo de 2012

Nadia Cassini

Supungo que muy convenientemente para una musa de la era post-hippie Nadia Cassini vino al mundo en Woodstock, Nueva York, bajo el nombre de Giana Lou Müller, allá por el año 1949. De padre alemán y madre italiana, ambos actores de vodevil, la futura Nadia vivió el mundo de la farándula desde pequeña, hasta que decidió labrarse su propio camino lejos del hogar familiar cuando aun no había cumplido los dieciocho. De regreso a la Gran Manzana se enamoró del maduro y celebrado periodista aristócrata Igor Cassini, quien alcanzó la inmortalidad acuñando el término "Jet Set". De vuelta a Italia junto al conde Cassini la actriz hizo su debut en el cine con El divorcio (1970).

La carrera de Nadia se caracterizó por ser una de las reinas del "destape" italiano en cintas de fantasía y ciencia ficción de serie B y por aparecer en alguna que otra comedia de Alvaro Vitali, más conocido por estos andurriales como el ínclito Jaimito. La Cassini ya comenzó a calentar motores (y audiencias) con su segundo trabajo, Il dio serpente, y causó furor emulando a Raquel Welch en Cuando los hombres usaban cachiporra y con las mujeres hacían 'ding dong' (¡no se puede decir que el título tenga el mismo glamour que la cinta de Don Chaffey!). Después de dejar al conde por un actor más joven y apuesto (como suele pasar en estos casos, vaya), Nadia siguió dejando ver piel en varias películas más, entre ellas Lengua de plata, una de las inevitables copias italianas de Emmanuelle, o La profesora baila con toda la clase, donde se convierte en la protagonista absoluta por encima del amigo Vitali y Mario Carotenuto. A éste seguro que no le conocéis tanto, yo he buscado su nombre, pero no quería dejar pasar la ocasión de recordar al hombre nacido para interpretar a directores de colegio y director de banco. En 1979 le cubrió las espaldas a la mítica Caroline Munro en una cinta donde había más carne que presupuesto, Star Crash, y cuyo gran mérito es no haber sido una copia de la saga de Lucas, ¡simplemente porque aun no se había estrenado! Tras rodar algunos títulos más a principios de los 80 donde se la quería más por su cuerpo que por sus dotes como actriz, y es que un título como Jaimito y la enfermera arman la guerra en el hospital lo dice todo. Entre sus últimas actuaciones se encontró una aparición televisiva que por lo visto dio mucho que hablar debido a lo sugerente de su vestido, y es que parece ser que allá en Italia la televisión no siempre fue el reducto mamario que es hoy en día. ¡Quien lo habría dicho!

Nadia Cassini, nombre ineludible del cine erótico italiano más tontuelo, y poseedora de una retaguardia que para sí habría querido Bonaparte en su retirada de la helada Rusia.





 Sí, pone culto, ¡despistados!




 Nadia en la era de Led Zeppelin

Las pelis de Jaimito, solaz de toda una generación de adolescentes antes de Internet

jueves, 10 de mayo de 2012

Becario nervioso en los deportes: Un uno en la Q1...

Nunca pensé que el gag de Martes y Trece pudiera hacerse realidad... ¡Ya es difícil ser un becario, como para que encima te pongan en antena!

And boom goes the dynamite. ¿El comentario deportivo más Kiss de la historia? Probablemente.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Lucille Ball, Martin Crane y el signo de los tiempos

Dicen que las reposiciones televisivas nacieron, como muchas otras cosas que tengan que ver con el mundo de la televisión, con Te quiero Lucy, la übermítica comedia familiar de Lucille Ball que reinaba allá en los 50. Todo empezó con el segundo embarazo de la actriz, que trastocó los planes para completar la segunda temporada de la serie ya que en algún momento la señora Ball habría de coger una baja maternal. La CBS decidió entonces volver a emitir algunos de los episodios más populares de la temporada anterior para tener al público entretenido hasta el regreso de la gran estrella. Esas reposiciones tuvieron tanto éxito de audiencia como las emisiones originales, lo que hizo ver a los ejecutivos que eso que los anglosajones llaman rerun podía tener salida comercial.

Hay otra historia que circula respecto a ese segundo embarazo que podría ilustrar muy bien esa idea de que los tiempos cambian, y que desde el siglo XX cambian cada vez más deprisa. Desde luego no se puede decir que Lucille y su show fueran algo excesivamente rompedor y subversivo, pero la idea de la actriz de incorporar su embarazo en la trama de la serie (ya ven, algo que se lleva haciendo desde tiempos inmemoriales en las series) no parece que entusiasmara a los caducos ejecutivos de la época. Pero no había que subestimar el enorme poder y prestigio que Lucille Ball tenía en aquella época, así que una vez se salvaron los escollos de los anunciantes se incorporó el embarazo de la actriz a la serie. Eso sí, a Lucille se le prohibió decir la palabra 'pregnant' (embarazada) y se sustituyó ese, al parecer, sucio término, por 'expecting' (pongan el sinónimo menos sucio que se les ocurra, "en cinta", "en estado de buena ventura", "accidente por helio", "gases...). Ya ven que cosa tan tonta cuando hoy en día se realizan tests de embarazo en directo y la gente hace cosas bajo los edredones.

Y es que, como bien sabe Martin Crane, antes sí que había sentido de la moral y la dignidad.

martes, 8 de mayo de 2012

La dama de Shangai (1947)

La carrera de Orson Welles como director al uso (algo que nunca fue, pero al menos cuando más se asemejó a algo así) en la era de los grandes estudios, es decir una carrera de alguien que rueda películas con cierta continuidad conformado algo así como una trayectoria profesional, podría reducirse a Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento. Tras sus cintas de culmen artístico pero espantosa recaudación en taquilla y sus locas excentricidades que incluían documentales de un millón de dólares sobre el Carnaval de Rio (imaginad, el gobierno estadounidense queriendo rodar un simple documental sobre Rio, sus fiestas y sus gentes como gesto de buena voluntad por la contribución de Brasil a la guerra, y Welles saliéndose del presupuesto continuamente siguiendo la historia de cuatro pescadores que reivindicaron sus derechos laborales, todo a costa de cheques del gobierno y de la RKO) el bueno de Orson entró en su etapa cinematográfica de carrusel y tiovivo de la que nunca acabó de salir, aunque por el momento permaneció en Hollywood como director independiente.

La razón tras la La dama de Shangai fue la usual en la carrera del Welles repudiado por la RKO: recaudar dinero para tapar agujeros en cualquier de sus múltiples y, con frecuencia, ruinosos proyectos, en esta ocasión una obra teatral en Nueva York cuyo vestuario no había podido costear. Muy al estilo de Welles, el director decidió recurrir nada más y nada menos que a Harry Cohn para que le echara una mano, cuando en 1943 al jefazo de la Columbia se le habían llevado todos los diablos porque Orson se había casado con la gran estrella femenina del estudio, Rita Hayworth, y ya se sabe que una estrella sexy casada se devalúa muy rápidamente. Ya fuera porque Orson se mostró muy persuasivo, o porque curiosamente la última peli que había rodado (El extraño) había funcionado muy bien en taquilla, o para no hacer enfuruñarse a la Hayworth, el caso es que Cohn aceptó tenderle la mano a Welles y contratarle para una película, con la condición de que a cambio el director colaborara gratis en una película del estudio. Pero por lo que sé lo siguiente que hizo Orson fue rodar Macbeth y largarse a Europa, así que supongo que Cohn se debió quedar con un palmo de narices. Aunque me temo que el capo de Columbia no habría vuelto a dejarle dirigir ni aunque el propio Welles le hubiera pagado por ello.

Sobre cómo se eligió la novelilla que sirvió de base para La dama de Shangai circulan varias historias. Se dice que los derechos de If I Die Before I Wake los tenía en su poder el director y productor William Castle, preparado para rodarla para la Columbia, y que Orson le convención de que se la cediera a cambio de participar como productor asociado. Según la teatral versión del propio Welles, el director simplemente escogió el primer libro que tuvo a mano mientras Cohn le preguntaba por teléfono de qué iba a ir la película para la que le pedía el dinero.

La idea era rodar un film noir rápido y barato sin demasiados riesgos, una cinta de bajo presupuesto que pudiera hacer dinero fácilmente. Welles tenía en mente rodar cine negro de forma semidocumental, al estilo de los noticieros bélicos de la Segunda Guerra Mundial, con la esplendorosa Barbara Laage como protagonista. Si además planeaba cortejar a la actriz, Harry Cohn se encargó de chafarle el plan exigiendo que el papel protagonista fuera para su gran estrella, Rita Hayworth, de quien Welles llevaba separado un tiempo. El director tuvo que ceder a las presiones de Cohn, y para la ocasión Orson y Rita decidieron reconciliarse, aunque su relación estaba condenada y no iba a durar mucho más allá del rodaje de la película. Evidentemente con Rita Hayworth como máxima estrella el presupuesto creció en consecuencia, lo que en el caso de Orson era como dar alcohol al alcohólico.

Welles se lanzó con su entusiasmo habitual a escribir uno de sus complejos guiones (no la he leído, pero me pregunto si en algun momento tuvo en cuenta la novela original), de esos que cada página de guión que llegara a la mesa de Harry Cohn le haría replantearse si no habría llevado una existencia más serena dedicándose a la doma de rinocerontes (fuera de crédito supongo que los nombres de William Castle y dos tipos se deben a los arreglos que debió meter el magnate posteriormente). De hecho durante todo el rodaje Welles volvió loco al reparto reescribiendo el guión cada día, con lo que muchcas veces los diálogos que se habían aprendido no servían para nada. 

El rodaje comenzó a finales de otoño de 1946 en Acapulco, donde pasaron 35 días rodando exteriores y aprovechando el yate que Errol Flynn les dejaba en sus ratos libres. Durante su estancia en Méjico Rita cayó enferma y el rodaje hubo de posponerse un mes, lo que significó rumores insidiosos y mala publicidad para Orson, cuya fama para dilapidar presupuestos era ya legendaria. Sin embargo tras la recuperación de Rita el rodaje fue bastante bien y finalizó en San Francisco a principios de 1947. 

Pero por supuesto Orson no sería Orson si no se hubiera metido en problemas con el estudio. Hacia el final del rodaje el director exigió a un ejecutivo de la Columbia, Jack Fier, que hiciera repintar un decorado para el siguiente lunes en que se debía reeprender el rodaje. Fier le dijo que aquello era imposible debido a las normas del sindicato de pintores, amén de que hacerles trabajar en sábado les costaría un ojo de la cara. Ante la negativa Welles y unos amigos fueron el sábado al estudio y repintaron ellos mismos el decorado. Como venganza Orson dejó un mensaje a los pintores parodiando la mítica máxima del presidente Roosevelt durante la Depresión: All you have to fear is Fier himself. Cuando llegaron el lunes los pintores entraron en cólera y el estudio se vio obligado a llegar a un acuerdo económico con ellos que descontaron del sueldo de Welles. Además Fier se tomó la revancha haciendo pintar un cartel donde se podía leer All's well that ends Welles.

Pero el verdadero encontronazo tuvo lugar con Harry Cohn. Seguramente al jefazo de Columbia poco le podía importar que Welles considerara que el estupendo secundario de carácter Everett Sloane debiera llevar muletas porque según el director estaba oxidado por trabajar en la radio y no se movía bien frente a la cámara, y aun habría aceptado a regañadientes los costes de algunos de los extravagantes decorados que había metido Orson en la película, pero cuando Cohn vio a su Rita con el pelo rubio, y aún peor, sin esa melena que por sí sola había llenado los cines en más de una ocasión, casi se muere del susto. Y una vez más, el hombre de estudio con números en la cabeza no pudo asimilar el montaje final de Welles exento de romanticismo y repleto de humor negro y una agria visión sobre la humanidad aunque al final ganaran los buenos.
Si se ha perdido, mire el plano: Ud. está en una película de Orson Welles

Ya que no podía añadir digitalmente una peluca a Rita (de haber tenido la tecnología de hoy seguro que lo habría hecho) Cohn exigió varios cambios: ordenó a Welles que rodara más primeros planos "románticos" de la Hayworth, que añadiera una escena donde la estrella cantara (algo que no podía faltar en ningún film de la actriz) y que insertara algunas escenas más explicativas que ayudaran a clarificar la enrevesada trama. Lo peor para Orson fue que Cohn ordenara además grabar una nueva banda sonora más romántica y al uso, alejándose del eclecticismo del director, y eliminando todo aquello que pudiera parecer confuso, con lo que casi una hora del montaje final de Welles se fue a la basura, cercenando, según el propio Orson, la climática secuencia final en la feria.

La dama de Shangai dista de ser perfecta, en algún tramo adolece quizás de un ritmo más consistente (¿a quien culpar, a Welles o al estudio?), al menos en comparación con otros clásicos del género de la época, aunque muchos de ellos estaban asentados en guiones más sólidos. Pero no creo que se puedan poner muchos más peros a una película de este calibre técnicamente fabulosa y absorbente, con esos planos fascinantes en los que, como dijo alguien, la cámara nunca está donde debería estar, pero en los que en el efectismo se fusiona con encuadres que nos situan a cada personaje no sólo en la acción sino en su interactuación con el resto de personajes y con la misma trama del film. Además, está esa icónica secuencia en el clímax del film, que Welles nunca llegó a apreciar porque Cohn había eliminado otra anterior que para el director era el verdadero tour de force de la película. No sé como sería esa otra secuencia, pero desde que la vi por primera vez ya hace mucha nunca he podido olvidar ese momento.

El reparto funciona también excelentemente, con el propio Welles ejerciendo de héroe perdedor y misántropo, algo que se le daba muy bien, y Everett Sloane convertido en un excelente ser oscuro y retorcido como sus piernas. Glenn Anders, un tipo al que no recuerdo haber visto nunca en otra parte, fascina con su sudorosa interpretación a medio camino entre un avaricioso buscatesoros en Sierra Madre y un dibujo de Looney Tunes. Y por supuesto una chocante Rita Hayworth rubia platino que sigue desprendiendo sensualidad por los cuatro costados (y vaya costados, sus escenas en traje de baño son infartantes), y que tuvo en La dama de Shangai la que me atrevería a decir que fue su mejor interpretación, jugando sus cartas de esposa inocente y mujer fatal.

Dicen que en gran parte La dama de Shangai no triunfó en Estados Unidos por el corte de pelo de la Hayworth. Fuera ésa la razón o no, lo cierto es que la película sigue siendo una excelente muestra del cine negro de los 40 en versión Orson Welles, y el paso del tiempo la ha ido poniendo en el lugar que merece. Aunque, por otra parte, debo confesar que estoy de acuerdo con Cohn y el público americano de entonces en una cosa: Rita Hayworth sin su esplendorosa cabellera no es lo mismo. Sigue fascinando, claro, pero no sé yo...

domingo, 6 de mayo de 2012

Suave bailarín

"Smooth Dancer", la perlita de Ian Gillan en forma de letra para Ritchie Blackmore. ¡Ah, nada como los grupos que se odian entre sí para facturar grandes canciones!

¿Será por eso que no hay ningún solo de guitarra apreciable como tal?


viernes, 4 de mayo de 2012

Leon, el profesional (1994)

La primera vez que me enamoré de Natalie Portman fue cuando la descubrí en El profesional. Después, creo que no volví a saber de ella hasta la aciaga nueva saga (contemplen mi pareado, oh poderosos, y desesperen) de Star Wars, donde volví a enamorarme de ella, como hago cada vez que la veo de nuevo. Y aunque tuviera ella entonces trece años, no pasaba nada porque yo no tenía muchos más, y además era una niña actriz diferente. Y en realidad viendo El profesional llegué a muchas otras conclusiones que tienen que ver con otras personas, pero de ello hablaré después. Pero como en esta vida lo primero siempre es el amor, o eso se suele decir, pues era obligado arrancar dedicándole unas líneas a una de las actrices con más belleza, glamour y talento de los últimos tiempos.

No puedo decir que creciera adorando el cine francés, que parecía una clase de cine donde nunca pasaba nada, salvo que a tres solterones les tocara cuidar a un bebé, pero claro uno no nace sabiendo (aunque sigo pensando que en gran parte del cine de allá sigue sin pasar demasiado), hasta que allá por 1990 un tal Luc Besson pareció surgir de la nada para demostrarme lo contrario con aquella estupenda (al menos así la recuerdo, ¡no la he vuelto a ver desde entonces!) cinta de acción titulada Nikita. Evidentemente me quedé con ganas de más Luc Besson, así que fue un placer irse al videoclub de la esquina cuando lanzaron El profesional, una cinta que surgió de la propia Nikita.

Y es que una vez acabó con ella Besson no pudo quitarse de encima la sensación de que el papel que le había dado a su actor fetiche, el gran Jean Reno, se le había quedado corto. Así que escribió un guión para su lucimiento con un personaje que a todos los efectos podría ser el mismo de Nikita, salvo que aquí se hace llamar Léon, y esta vez su compañera será una adorable chica de diez años a la que protegerá de unos malutos y corruptos policías liderados por el camaleónico Gary Oldman.

Una de las lecciones que ha dejado la historia del cine es que un asesino a sueldo, el mejor de su gremio, será más temíble y mortífero cuanto más peculiar sea en su vida privada, y cuanto más raras sean sus manías. Léon es un tipo taciturno, su mejor amiga es una planta, y prácticamente parece que sólo se alimente a base de leche. Y cuando uno le ve disfrutar como un niño viendo una reposición de Cantando bajo la lluvia, bueno, está claro que ahí tenemos a un "torpedo" al que hay que temer. Y Jean Reno hace un magnífico trabajo encarnando a ese asesino que nunca deja de parecer un cordero perdido salvo cuando se pone en acción, y es que para sobrevivir el cordero tuvo que aprender a ser un lobo.

Y qué decir de Natalie Portman y su Matilda, menudo debut, ya demostraba madera de actriz, algo que no se suele en ver en los niños actores que más que interpretar suelen proyectar diálogos de niños, pero la Portman salió airosa de un personaje más complejo de lo habitual y cuya relación con Léon era mucho más espinosa de lo que finalmente llegó a las pantallas (esos detalles más espinosos se dejaron fuera por temor a que el público americano los rechazara). Desde luego para mí Matilda sigue siendo uno de los mejores personajes infantiles de las últimas décadas.

 Matilda no es fan de Justin Bieber

Y bien, además del impacto de la Portman, descubrí que Reno no era sólo capaz de ser un gran bruto chistoso (no cabe duda de que tras Los visitantes debía haber olvidado por completo su aparición en Nikita), sino que era un gran tipo duro, y un actor bastante bueno en general. Aunque faltaba la guinda final, esa polémica interpretación (¡una más supongo!) de Oldman, que irritaba a algunos por su sobreactuación, y que aunque a mí me sigue pareciendo muy excitante, es cierto que vuelta a ver en algún momento creo que pasa de la raya, aunque fue algo que buscaban tanto él como Besson, supongo que para darle un toque todavía más barbitúrico al inolvidable Stansfield, ese villano pasado de vueltas que aniquila familias a ritmo de la Quinta Sinfonía que suena sólo en su cabeza. Para mí, desde luego, Stansfield es uno de los villanos definitivos de los 90.


El profesional, una estupenda cinta de acción, que es algo que siempre se le dio muy bien a Luc Besson (soy de los que piensan que la cagó con El quinto elemento, y me gustaría que algun día de estos nos regalara alguna que otra buena cinta de acción y no tantos miniboys de esos), y que nos descubrió a la sin par Natalie, nos hizo querer aun más a Jean Reno, y nos confirmó que Gary Oldman es muy bueno, pero que cuando es malo es mejor. Y en el cine siempre hay mejores y peores películas, pero las que no olvidamos son esas que nos hicieron sentir o querer ser tal o cual personaje, y yo en su día quise ser un asesino bebedor de leche protector de una niña indefensa, y por eso El profesional siempre será para mí una película especial.

martes, 1 de mayo de 2012

Messin' with the Blues

Festival de Jazz de Montreaux, 1974. Muddy Waters, Pinetop Perkins, Buddy Guy, algún invitado y discípulo, pongamos Bill Wyman o Terry Taylor... ¡una joyita, vamos!