miércoles, 19 de diciembre de 2012

Joe, ciudadano americano (1970)

En inglés un "vigilante", aparte de ser un miembro de una patrulla vecinal o algo así, es un tipo que se toma la justicia por su mano. Y como Estados Unidos es un país con un pasado tan particular, es normal que allí se acabara popularizando un subgénero cinematográfico dedicado a esas personitas tan irascibles. Por supuesto, no es que el tomarse la justicia por su mano sea exclusivo del país, pero con ese particular derecho constitucional que tienen allí la cosa cobra unos matices muy particulares. Y había de ser, cómo no, durante el desencanto del Verano del Amor, la guerra de Vietnam, y la corrupción política, y los cambios sociales, en que el género de los hombres enfadados había de popularizarse y aflorar en terreno abonado. Como sucede en estos casos, quien indague lo suficiente podrá encontrar antecedentes en tal o cual año (¿acaso Batman no es en realidad un "vigilante" con disfraz?), pero la cosecha de vigilantes carismáticos comenzó en los 70. El mundo comenzó a adorar a los justicieros gracias a Harry, el sucio, hasta que la patente quedó establecida con El justiciero de la ciudad, tras la cual Charles Bronson se convirtió en el auténtico vigilante man. Luego habrían de venir muchas más, casi siempre con Bronson en el ajo, y, en fin, el más allá de Scorsese. Pero antes de todo esto estuvo Joe, una olvidada cinta de 1970, donde la figura del vigilante cobraba forma por primera vez en la América de Nixon.

La verdad es que cuando supe de la existencia de este film mi nivel de euforia alcanzó cotas de excitación impresionantes, que diría Vegeta. ¿Un film de vigilantes del que nadie parecía haber oído hablar, anterior a los Paul Kerseys de este mundo? ¡Eso sonaba fabuloso! Quizás mis niveles de expectación fueron demasiado altos y por ello cuando finalmente la vi sufri una pequeña decepción. En general no era lo que esperaba, y a ratos la cinta me pareció bastante poco excitante. Lo cual no quiere decir que carezca de interés.

Un tal Bill Compton, un empresario de bolsillos llenos, está padeciendo porque su hija (una preciosa y debutante Susan Sarandon, por cierto. Sus descamisados momentos ya son el primer punto a favor para ver Joe), que como muchos jóvenes de buena familia quieren jugar a ser jipis, se ha liado con un melenas bastante poco fiable, camello para más señas. Cuando el amigo Bill, con una hinchazón escrotal bastante comprensible dadas las circunstancias, va a pedirle explicaciones al jipi vendedor de anfetas, se enzarzan en una pelea que acaba con el novio de su hija criando malvas. El empresario, presa de un ataque de pánico, sale huyendo y acaba refugiándose en un bar. Allí se topa con un obrero borracho, nuestro protagonista, Joe. Un tipo rudo y antitodo: odia a jipis, negros, objetores, chinos, etcétera. Entre cerveza y cerveza Bill y Joe irán congeniando, aunque en principio pudiera parecer que nada tuvieran en común. Pero ambos desprecian a los jipis, y creen que América se está yendo al garete. Cuando Bill acaba confesándole lo que acaba de hacer, el empresario se convirte en un héroe a los ojos de Joe. Y a partir de ahí...

Aparte de piel desnuda jipi y un punto de partida bastante interesante que, en mi opinión, no acaba de explotar (demasiada intención social, o demasiado poco integrada en una acción más contundente), Joe, ciudadano americano resulta de interés primordialmente por un hombre: Peter Boyle. Sencillamente prácticamente todo lo bueno de la peli pasa por él. El hombre al que todos conocemos por El jovencito Frankenstein sencillamente ofrece una interpretación portentosa. El personaje acaba destacando por encima de la propia película, y a uno le entran ganas de la cosa hubiera seguido en manos de un Don Siegel o alguien así. De hecho el carisma de Joe y el magnífico trabajo de Boyle fueron tales que al parecer muchos rednecks confusos más que una crítica vieron en el film un ejemplo a seguir, y las felicitaciones racistas descolocaron al pobre Boyle, quien evidentemente trató de distanciarse de las pelis pistoleras tanto como pudo.

Personalmente creo que preferiría cualquier bizarrada callejera de Charles Bronson que esta crítica social tan hija de su tiempo, pero si queréis ver de lo que Peter Boyle era capaz, o si estáis preparando una tésis universitaria sobre el cine de vigilantes, Joe, ciudadano americano es un título que debéis retener en la memoria.

2 comentarios:

Javier Simpson dijo...

Vengadores y tíos enfadados. Eso forma parte de la cultura americana. El poder comprar un rifle de asalto en la tienda de los chinos sin restricciones ayuda a que salgan todo este tipo de locos.
Un abrazo, Crononauta, y felices fiestas.

Möbius el Crononauta dijo...

Salen, y la montan más gorda. Y así van las cosas.
Igualmente amigo Javier.