miércoles, 26 de diciembre de 2012

James Bond contra Goldfinger (1964)

Se dice que James Bond contra Goldfinger (película a la que me referiré a partir de ahora por el original y más simple Goldfinger) marcó el estilo y el tono para los títulos de la saga que habrían de venir. Y ello no es raro ya que fue en esta cinta donde acabaron de aflorar todos esos ingredientes que uno siempre asocia con James Bond, aunque por otro lado personalmente pienso que Desde Rusia con amor (ya comentada aquí) era una película bastante más redonda, especialmente en cuanto al guión se refiere. Pero quizás ese tipo de tramas y estilo tan europeos no acababan de calar hondo en el mercado yanqui, con lo que el dúo de productores Albert Broccoli y Harry Saltzman decidieron centrar la atención de la nueva misión de 007 en los Estados Unidos. El momento resultó idóneo, ya que el título que habían pensado llevar a la pantalla, Thunderball, estaba siendo cuestionado en los juzgados por dos guionistas que le pedían a Ian Fleming reconocimiento por el trabajo que según ellos les había robado el autor de las famosa novelas de Bond. Fue así como el tercer título de la saga acabó siendo Goldfinger.

El trabajo de adaptar la novela de Fleming a la gran pantalla fue encargado a Richard Maibaum, quien ya había trabajado en los dos títulos previos de la saga. Saltzman no quedó del todo satisfecho con el resultado, por lo que se llamó a Paul Dehn, un escritor experimentado y premiado. Tras reescribir el guión fue la estrella de la saga, Sean Connery, quien no quedó del todo complacido, por lo que Maibaum volvió al barco. De las distintas versiones de Dehn y Maibaum surgió un guión poderoso con un James Bond más humanizado (obra de Paul Dehn, aunque quizás este cambio ya se apuntaba en la novela original) pero que seguía conservando, por supuesto, sus legendarias dotes amatorias. 

En esta ocasión James Bond se alejaba de su lucha contra la maléfica organización SPECTRE para ir a investigar las fechorías de Auric Goldfinger (sólo el nombre del villano ya era de lo más conseguido que había pergeñado Ian Fleming), un conocido contrabandista de oro al que de momento no se le ha podido pillar en algún renuncio. Tras algunas pesquisas Bond pronto averiguará que Goldfinger planea asaltar Fort Knox, la mítica fortaleza en la que Estados Unidos protege su oro. El plan del supervillano es llevarse una bomba atómica casera al recinto y volar todo la reserva de oro.

Goldfinger reunía todo lo que uno espera ver en un film de James Bond, comenzando por una escena de acción introductoria, una novedad que comenzó aquí, la cual daba paso a los psicodélicos y elegantes créditos proyectados sobre el cuerpo sensual de una mujer (en esta ocasión el de la voluptuosa Margaret Nolan, quien en la película tiene un cameo como uno de tantos ligues del fornido agente). Ese tipo de créditos ya habían aparecido en Desde Rusia con amor, pero lo que los hizo diferentes en esta ocasión fue el inolvidable tema título cantado por Shirley Bassey, marcando un antes y un después de tal modo que la cantante volvería a hacerse cargo de poner voz al tema principal en dos ocasiones más. Aparte de todo esto teníamos las mujeres, los ligues, los pequeños inventos de Q, y el archifamoso Aston Martin, que hacía su aparición también en esta película, sustituyendo a un Bentley que, total, apenas sí había usado Bond y cuya principal arma había sido un teléfono incorporado. En cambio el Aston Martin venía con todos esos mecanismos para despistar enemigos y demás. Y luego quedaban el supervillano, su superesbirro, y un ejército de malutos (en esta ocasión, coreanos), dispuestos a morir por su jefe. Y así pocos serían los supervillanos que no tirarían mano de su ejército de easy targets, desde Blofeld hasta el simpsoniano Hank Scorpio. Si el mítico episodio de Los Simpson parodiaba muchas situaciones de Golfinger por algo sería.

A día de hoy Goldfinger sigue siendo un título mítico y el preferido de muchos, aunque quizás haya otros films con más acción, o guiones más completos. Desde luego Goldfinger no es que aburra en ningún momento, de hecho es un estupendo y entretenido film de Bond, pero en esta ocasión la verdadera fuerza del film estaba, sobretodo, en el reparto. Y es que en el apartado antagonista no creo que ningún otro film pueda competir en cuanto a fiereza, glamour y carisma con los villanos de Golfinger, al menos no entre los films de la era Sean Connery.

Y es que es difícil encontrar a un dúo tan carismático como el que formaron Gert Fröbe y el levantador de pesos Harold Sakata. El alemán fue escogido para interpretar al villano Goldfinger después de que los productores le vieran en la magnífica El cebo. En realidad se había pensando en un principio en Orson Welles, pero sus honorarios eran demasiado altos. Sakata fue elegido obviamente por su impresionante físico, que le convertía en el hombre ideal para interpretar al rudo Oddjob, el forzudo guardaespaldas de Goldfinger que liquida a sus oponentes con su sombrero volador. Y eso no era todo, pues estaba también la mítica Pussy Gallore, a quien dio vida una Honor Blackman más carnosa que en su también mítica participación en la serie Los vengadores. Tal vez Fleming la ideara para demostrar que el rudo macho alfa de Bond podía camelarse incluso a una lesbiana, pero ese detalle, que en la película simplemente se insinua bastante por encima, apenas importa cuando uno ve a Pussy liderando su escuadrón volante de mujerones piloto. Uno de los momentos más recordados del film (visualmente al menos) fue para la también bellísima Shirley Eaton, destinada a perecer bajo pintura dorada, una imagen tremenda que le valió una portada en la revista Life. ¿Qué mejor forma de vender una película? En el MI6 el reparto se mantuvo: Bernard Lee como el jefe regañón, Desmond Lewellyn con sus ínsipidas pintas de oficinista haciendo Q, y por supuesto Lois Maxwell como la pizpireta Moneypenny.

Un Aston Martin con metralleta, chicas en bikini que mueren bajo pintura dorada, Bond peleando contra el imbatible Oddjob, el carismático villano amante del oro, el escote de Pussy Gallore... Definitivamente, Goldfinger es uno de los films más redondos de la mítica saga de 007.