viernes, 2 de noviembre de 2012

Éxito a cualquier precio (1992)

They just like talking to salesmen. Kevin Spacey poniendo el punto final a la destrucción de la vida de Jack Lemmon.


Glengarry Glen Ross, un nombre que aquí no debía sonar demasiado comercial y lo llamaron como lo llamaron. Pero a pesar de que no es un título que ande en boca de todos, estamos hablando de uno de los mejores films de los 90. De hecho gracias a Los Simpson sus ramificaciones han llegado más allá de lo que podría pensarse, aunque evidentemente como suele pasar esa referencia pasa desapercibida para la mayoría. Pero si os acordáis de Gil Gunderson, el pobre vendedor que fue introducido en la serie cuando a Marge le dio por meterse a agente inmobiliaria, y que aparece de vez en cuando, siempre al límite de sus nervios, habréis de saber que el bueno de Gil fue basado en el inolvidable personaje al que dio vida Jack Lemmon en Glengarry Glen Ross. Otro de esos detalles que hacen de Los Simpson lo que son, un clásico de nuestra era, la Ilíada de los dibujos animados ¿qué referencia metaliterariatelevisiva eh?.

Como algunos otros pequeños grandes clásicos de los últimos 30 años, Glengarry Glen Ross tiene su origen en una obra teatral de David Mamet, uno de los dramaturgos más afamados y populares de estos tiempos. Mamet siempre ha combinado el teatro con la escritura de guiones (firmó por ejemplo Veredicto final o Los intocables), y suele adaptar sus propias obras teatrales. Formado en el off-Broadway, Glengarry Glen Ross pasa por ser una de sus mejores obras, y aquella que le llevó más allá del circuito independiente hasta Londres y el mismo Broadway, donde la obra obtuvo un gran éxito que se confirmó con un Pulitzer y una candidatura al Tony. Quién primero se interesó por adaptar la obra en Hollywood fue el director y productor Irvin Kershner, quien contactó con el productor Jerry Tokofsky, a quien le encantó la historia. Sin embargo aquella historia de vendedores repleta de lenguaje obsceno y un buen montón de fucks (como suele ser habitual en los diálogos de varias obras de Mamet) no interesó a ninguna de las grandes compañías hollywoodienses, lo que dificultó el encontrar financiación. Mamet tampoco lo puso fácil pidiendo un millón de dólares (medio millón por los derechos y otro medio por adaptarla) por su trabajo, aunque Tokofsky aceptó confiando en que lograría encontrar apoyo en la televisión y las distribuidoras de video. Sin embargo el proyecto fue demorándose hasta que, cansado, Kershner abandonó el proyecto.

A pesar del poco interés que despertaba el guión entre los financistas, muchos grandes actores y estrellas del gremio (ya que el reparto era primordialmente masculino) ya se habían ofrecido para participar en el futuro film. Nombres tan importantes como los de Robert De Niro, Bruce Willis o Richard Gere ya se habían mostrado interesados en alguno de los jugosos papeles que había creado Mamet. Otro grande, Al Pacino, estaba deseando interpretar al exitoso vendedor Ricky Roma, un papel que en la obra teatral había tenido que ceder a Joe Mantegna por encontrarse ya liado con otra obra de Mamet. Pero a pesar de contar con todos esos nombres nadie parecía querer poner dinero en aquella película. Finalmente Tokofsky, aliado con su socio Stanley Zupnik (aunque tras la realización del film acabarían en los juzgados por cuestiones monetarias y de acreditación), logró recavar bastante dinero entre varios pequeños inversores con James Foley como director (hasta entonces se le conocía principalmente por sus trabajos con Madonna) para poner el film en marcha.

La trama de Glengarry Glen Ross, que tiene lugar a lo largo de dos días, estaba basada en los recuerdos del propio Mamet, quien en el pasado había trabajado durante cierto tiempo para una inmobiliaria como agente de ventas. El contexto de la obra es el de una competición (incentivos que les llaman) para que los agentes vendan más propiedades entre una lista de clientes potenciales (lo que ellos llaman leads) que en algun momento han pedido información sobre comprar propiedades como inversión, aunque la mayoría o no están interesados o no tienen dinero que invertir. Quien más venda durante el mes recibirá como premio un Cadillac. El film toma el punto de vista de los vendedores, y su reacción ante la presión a que su agencia, Mitch and Murray, les tiene sometidos. Los personajes representan en cierto modo arquetipos de vendedores que quizás Mamet conoció en el pasado: Ricky Roma, un vendedor carismático que va el primero en la competición; Shelly "The Machine" Levene, un vendedor veterano que parece haber perdido el "gancho", incapaz de cerrar una venta, como si fuera incapaz de adaptarse a esos nuevos tiempos más agresivos; George Aaronow, un tipo débil e inseguro que parece un pez fuera del agua; Dave Moss, un vendedor resentido y bocazas, y John Williamson, los ojos y oídos de la compañía, que probablemente no ha trabajado nunca como vendedor, y por ello los vendedores le desprecian, aunque como su jefe es él quien tiene la sartén por el mango. Todos estos personajes pertenecían a la obra original, pero para el film Mamet introdujo el pequeño pero determinante papel de Blake, un auténtico triunfador, el típico tiburón de los negocios, y probablemente el mejor vendedor de la compañía, que es enviado a la sucursal para dar al resto de personajes una charla motivacional.

Con toda una lista de estrellas haciéndoles la corte Foley y los productores no se molestaron en realizar audiciones, y se dedicaron a ofrecer directamente cada papel a quien consideraban adecuado. El reparto giraba alrededor de Pacino y su disponibilidad para poder interpretar a Roma. Alec Baldwin también andaba detrás de ese papel, y aunque en principio rehusó participar por temas económicos, finalmente quedó a la espera de saber si Pacino podría o no participar. En caso afirmativo, Baldwin habría de conformarse con el papel de Blake, un papel pequeño pero realmente atómico. Finalmente Pacino estuvo libre para el film, por lo que Baldwin acabó haciendo de Blake. Desde luego aunque su papel fuera pequeño no podía quejarse, el discurso que ofrece al principio del film es sencillamente antológico, y no cabe duda de que es lo mejor que ha hecho Baldwin en el cine. Apenas son diez minutos en la pantalla, pero desde luego cada minuto vale su peso en oro. Con Levene los productores también lo tuvieron claro y le ofrecieron el papel a Jack Lemmon, quien aceptó inmediatamente. Los papeles de Moss y Williamson surgieron a partir de una agencia de representación que mostró poco interés por el proyecto, pero dos de sus representados, Ed Harris y Kevin Spacey, opinaban lo contrario y se ofrecieron igualmente. Spacey logró el respaldo de Pacino después de que le viera actuar en una obra teatral, con lo que Harris obtuvo el papel de Moss y Spacey el del reptil Williamson. El último papel relevante, el del inseguro Aaronow, acabó en manos de Alan Arkin, un actor que había logrado bastante popularidad en los 60 y de quien se volvió a hablar gracias a Pequeña Miss Sunshine.

Blake, el tiburón más terrorífico desde Jaws.
Glengarry Glen Ross, aparte de contar con uno de los repartos más sólidos no sólo de la década, sino probablemente de todos los tiempos, es una película de intérpretes, que fue rodada casi como si de una obra teatral se trata, con muchas tomas largas (aunque usando varias cámaras y gracias al montaje ese detalle no resutal tan obvio) y planos fijos, mientras unos actores muy inspirados lo daban todo con un guión realmente excelente (famosa es la anécdota de que los actores que no tenían que rodar en tal o cual día acudían igualmente sólo por el placer de disfrutar viendo trabajar a sus compañeros). Resulta difícil destacar a uno o otro porque todos rayaron a gran altura. El pobre Arkin, con su papel de tipo apocado e inocente, seguramente no destaque mucho, pero su trabajo es también impecable, como lo es el de un joven y energético Ed Harris, aunque probablemente sean Pacino, Lemmon, Spacey y Baldwin quienes sean más recordados. Lo de Baldwin puede resultar increíble para algunos, aunque actualmente se ha ganado el respeto de mucha gente gracias a Rockefeller Plaza, pero quien le viera en bazofias como La huida y le vea soltando su discurso de tiburón como Blake, dudarán de que se trate de la misma persona. Evidentemente la pluma de Mamet también hace mucho, pero que alguien como Baldwin permanezca en la memoria con tan sólo siete u ocho minutos en la pantalla, y compitiendo con quien compite, dice mucho de lo bien que estuvo pronunciando todas esas frases geniales (una de las secuencias definitivas de los 90, no hay duda). De Pacino qué decir que no se haya dicho ya. Su Ricky Roma fue uno de sus últimos papeles indiscutidos, antes de que se volviera loco en Pacto con el diablo. Pero personalmente, aunque todos rayan a gran altura, me quedo con Spacey, Lemmon y sus duelos dialécticos. Spacey aún no había impactado al mundo en Seven, pero aquí ya demostraba que estaba destinado a ser uno de los grandes intérpretes de su generación. Su papel de Williamson, el lametraserillos de la compañía y jefe hideputa que seguro que muchos podráis identificar con alguno de esos jefes que uno se topa en la vida, es de lo que hacen época. La frialdad casi robótica con la que Spacey interpreta a Williamson llega a ser espeluznante, y es que, además de ser un gran actor, Spacey siempre será un estupendo villano. Y qué decir de alguien legendario como Lemmon. Actuó en verdaderos clásicos, pelis menores, y cintas malas, pero no le recuerdo ninguna mala actuación, ningún paso en falso interpretativo. En Glengarry Glen Ross su Shelly Levene representa el drama en todos sus aspectos: el drama de un padre con una hija enferma, el drama de un trabajador en la cuerda floja, y la personificación del drama provocado por un capitalismo agresivo que machaca tanto a clientes como a trabajadores. Suyo es, junto a Spacey, el clímax de la película, en un par de secuencias inolvidables y realmente aplastantes. Desde luego Glengarry Glen Ross tiene uno de esos finales que no se olvidan.

Que en estos tiempos que vivimos la trama de Glengarry Glen Ross está de más actualidad que nunca resulta evidente. Se dice que desde su estreno la película sirve de guía para vendedores, como una forma entretenida de enseñarles lo que deben y lo que no deben hacer. Sea uno vendedor o no, resulta imposible no aplaudir, por ejemplo, la secuencia (que se va intercalando con otras) en la que Pacino conoce a un tipo en un bar, y como poco a poco, mientras parece filosofar sobre la vida, lo divino y lo humano, le va preparando, como una araña que teje su tela, hasta que finalmente, con la mosca ya atrapada, despliega ante el cliente ocasinal de un bar un folleto sobre terrenos y propiedades en Florida. Por supuesto, tras las grandes interpretaciones y las escenas memorables se encuentra un inspiradísimo David Mamet que en cierta manera le puso rostro y palabras a la búsqueda del éxito a cualquier precio, o lo que es lo mismo, vender, vender y vender, al precio que sea. Ese capitalismo recalcitrante que nos ha llevado a donde estamos ahora. 

Dado que Glengarry Glen Ross es un film de actores, me parecería horrendo que la vieráis doblada. Quizás tenga un buen doblaje, no lo recuerdo, pero desde luego, en esta ocasión más que nunca, la recomiendo en su versión original. Pero sobretodo os recomiendo que veáis esta película, una de esas cintas de la que uno puede decir que es todo perfecto.

5 comentarios:

León dijo...

Buena película e impresionate reparto, pero me pareció demasiado teatral para meterme del cielo. Lo que si que e cierto es que tenían que ponerla en los colegios para vernos en que podemos convertirnos en momentos como este
Saludos

Guzz dijo...

Peliculón compañero crononauta !. De hecho hace tiempo que tengo en mente ponerla en el chorraespacio guzzero. Enorme "film de actores" duro y cafre como él solo y adictivo de narices al mismo tiempo (con ese libreto -lógico por la autoría- y actores como para no).¿Y qué me dice ud de ese Pryce roto y descompuesto tras reparar en la esquilmada?. Buena, buena de narices, si señor. Saludos guzzeros.

David dijo...

Jo! La vi en su día en el cine (versión doblada) y no es que me apasionara. La volví a ver en un pase televisivo de cineclub y aunque no tenía muy buen recuerdo de ella, me fue enganchando y subió enteros en mi apreciación. De hecho, pensé que era una buena película (no uno de los mejores films de los 90, pero bueno...)
El año pasado (¿o fue hace dos?) fui a ver una versión teatral que estaba pasando por aquí. No estuvo mal (pero no fue como la peli).
Un saludo.

Mr. Lombreeze dijo...

Magistral película. Excelente post. Disculpe mi telegráfico estilo comentarista, pero voy fatal de tiempo últimamente. Las fichas, las fichas...

Möbius el Crononauta dijo...

León: ¿cómo podía no ser teatral? Además eso, como el yogulado, es bueno.

Guzz: sí, el amigo Pryce tampoco lo hizo nada mal, pero era díficil destacar. Tengo que pasarme por su chorraespacio a verlo.

David: para mí es grandiosa

Mr.Lombreeze: hasta Quasimodo estaba ocupado en su catedral. Y es que hay que vender, vender...