lunes, 29 de octubre de 2012

Diez juegos de mesa bizarros para toda la familia

Winter is coming, que diría la gente de Invernalia, y los acólitos de ya sabéis qué y quién. La temperatura baja, el cielo se vuelve gris, y la programación televisiva sigue siendo igual de horrenda que siempre, así que, como todos sabemos, el otoño y el frío invierno son épocas ideales para reunirse con la familia y los amigos al calor del brasero y el coñac, y realizar el viejo ritual de sentarse en una mesa y jugar a todos esos viejos juegos de mesa que tenemos en el armario, olvidados cual Ángel Garó, y que son como la programación de sobremesa de La 2, algo a lo que recurrimos en medio del hastío vital más viscoso, aborgotados por el vino peleón y el triple salto mortal del puchero, el cocidito y esas comidas de los tiempos fríos que acabarían en apenas dos bocados con una de esas lilébulas que vemos en las pasarelas de moda. Sí, es hora de agitar los dados, mover las fichas, leer instrucciones, y volver a sentir el delicioso tacto del dinero falso. Aunque quizás la perspectiva de volver a desempolvar el manido parchís, el viejo Monopoly, el Trivial donde siempre gana el listillo de turno o el dueño del juego que ya se sabe todas las preguntas, o ese Warhammer que tememos nos convierta en un geek de tomo y lomo y nos deje la novia y acabemos convertidos en el dueño de la tienda de cómics de The Big Bang Theory, la perspectiva, digo, no nos haga mucha ilusión. Bien, pues ahí van diez títulos que seguramente no tendréis en casa, pero que querréis tener después de leer esta entrada. Diez juegos inspirados por Dios sabe qué o quién, y en qué estado de embriaguez o pura maldad. Vamos, llamad a la abuela, al sobrino, a la mujer y los hijos, e incluso al cuñado graciosillo, y ofrecedles una velada que no olvidarán. ¿Quién puede añorar la playa y la piscina pudiendo echar una partidita al Juden Raus? ¡Sí amigos, lancen los dados amañados, hagan entrar a las vicetiples, y pongan el champán a enfriar! ¡Es hora de descubrir nuevas sensaciones y colores en diez juegos que harán que jugar seaaa...! (Insértese aquí la escena de Krusty correspondiente).

Is The Pope Catholic!?!: Corría el año 1986, y eran tiempos de descreimiento, iconoclasia y disparos al Papa. Así que dos talentosos cerebros en Boston decidieron crear este juego, no se sabe si para hacer resurgir la fe entre los hombres, o hundirla todavía más, en el que de forma ligera e hilarante uno tenía que llegar a Papa en una larga etapa de seis décadas (ya se sabe que para lucir la mitra hay que poder recordar los tiempos de las perras gordas y las perras chicas) contestando preguntas sobre la doctrina cristiana y ser tentado de vez en cuando por el vinillo de Misa o por gastarse el dinero del cepillo en caramelos. ¡Ay diablillo! Is The Pope Catholic!?!, el juego ideal para sacar en las visitas del té, sobretodo si está el primo lejano seminarista que siempre se lleva las madalenas y le deja a uno las rancias galletas, por ser hereje seguidor de Slayer.

Narro: Payasos, esos extraños seres que de pequeño tan pronto nos hacían reir como nos aterraban hasta el tuétano con sus zapatones, su nariz roja y sus ropajes de colores imposibles que tan sólo un miembro secundario, terciario más bien, de la realeza europea se atrevió a seguir. Si usted o uno de sus hijos o hijas siguen atenazados por la fobia infantil a esos entrañables artistas del circo, nada mejor que enfrentarse directamente al miedo mediante Narro, el juego de los payasos. La portada del juego, ciertamente inquietante (a eso le llamo un diseño terrorífico, y no lo del Atmosfear), ya bastaría para hacer correr al más bravo de los jugadores: un payaso horrible de mirada aviesa, de esos que segura que usa los caramelos de su bolsillo para hacer el mal. Pero no se me arredren, y atrévanse a abrir el juego, ¡recuerden que han de superar sus miedos! Y bien, ¿qué terrible secreto encontraremos dentro de esa caja maléfica? ¡Un maldito juego de damas! Con casillas de colores psicotrópicos, y fichas puestas en plan peones, pero la cosa no deja de ser una burda copia de las damas. La indignación será tal que para entonces ya habrán olvidado su miedo payasil. Y el asunto les habrá costado mucho menos que un psiquiatra. Gracias, gracias, no me lo agradezcan. ¡Agradézcanselo a mi fiel cortaplumas!

The Mansion of Happiness: Si tu primo lejano el seminarista se indignó jugando a ser Papa, aquí tienes el juego de mesa ideal para apaciguarle y que tu madre te levante el castigo y te deje volver a conectarte a Internet y a tus vicios diarios, mientras ella se resigna al saber que nunca serás como tu primo, el seminarista, o tu tía, la monja, quien de paso también se lleva las madalenas a la hora del té. Bien, The Mansion of Happiness es un juego del siglo XIX creado por la hija de un clérigo para solaz de los cristianos temerosos de Dios, así que ya sabéis por dónde van los tiros. En realidad el juego no deja de ser un trasunto del Juego de la oca: hay sesenta casillas para llegar a la mansión de la felicidad (el Cielo, claro), y cada casilla puede ser un vicio o una virtud. El vicio obviamente te hace retroceder casillas, mientras que la virtud te acerca más a Dios. Imagino que habrá que rezar antes y después de jugar, y que el azúcar estará prohibido mientras se juega. Y por supuesto las mentiras hacen llorar al niño Jesús. Ok, tal vez el tablero de 1843 sea difícil de conseguir, pero basta con adaptar un juego de la oca que tengamos por casa pegando sobre las casillas imágenes de santos y santas, buenas acciones, y gente malvada haciendo cosas malvadas.

Juden Raus: De todos es sabido que los nazis no dejaron nada al azar en cuanto a lavar las mentes de los ciudadanos alemanes, con especial atención a los niños y jóvenes, con mentes fácilmente lavables, y que estaban destinados a convertirse en el perfecto ciudadano nazi, carne de cañón para las batallas que el sagrado Reich tenía por delante. Y por supuesto uno de los enemigos a combatir eran los judíos. ¿Y qué mejor forma de inculcar a los ciudadanitos alemanes el odio a los judíos y lo que había de hacerse con ellos que un bonito juego de mesa? Las reglas de juego de Juden Raus eran fáciles: tira el dado, avanza por las casillas, apresa a un judío de sombrero puntiagudo, y llévalo a las casillas exteriores. Es decir, ¡echa al judío de la ciudad! Era 1936, y por el momento los nazis se contentaban con quitarle todo a los judíos y arrinconarlos en guetos y campos de prisioneros. Da pavor pensar en cómo sería el juego en 1942.

Pacman, el juego de mesa: ¡Sin música! ¡Sin destellos! ¡Sin colorines chispeantes! ¡Sin cambios de color súbitos! ¡Sin gracia! Sí amigos, en 1982 el juego de Pacman era tan popular que decidieron seguir sacando dólares a su costa ideando el juego de mesa Pacman, que era básicamente lo mismo, pero en cartón y plástico. Podían jugar hasta cuatro jugadores, y bueno, quizás tendría su gracia mover fantasmas y el Pacman por el tablero, pero teniendo el videojuego, no sé cómo de útil sería tener esto en casa. A no ser que seas un niño Amish que vive ajeno a la electricidad, me pregunto quién querría jugar a esto.

Frischfleisch: No sé que obsesión tienen algunos alemanes con eso del canibalismo, ¿será por aquello de la Guerra de los Treinta Años? En fin, si eres uno de esos locuelos que está deseando ser devorado por un semejante, pero no con los ojos ni a besos, sino con cuchillo y tenedor, y quieres contactar via Internet con un trinchaperonés germano, asegúrate de llevarle como regalo de bienvenida (o quizás debiera decir despedida) un juego de Frischfleisch. Su sangrienta portada de colores atomatados que incluye dibujo de una pierna a medio trinchar sin duda hará las delicias de tu futuro devorador, y podréis echar una partidita antes de que acabes siendo el plato de un delirio caníbal. Aunque la buena noticia es, ¡que el juego da para que participen varias personas! Podríais montar una orgía antropófaga de tomo y lomo. Lomo humano, claro. Y es que el juego consiste en que varios náufragos han de sobrevivir durante un mes hasta que llegue el rescate a la isla donde se hayan perdiditos, perdiditos. Hay frutas y animales, pero, ¿quién sabe si en cantidad suficiente? Tarde o temprano tendrás que meditar la opción de empezar a comer humanos, es decir, a tus compañeros de juego. Frischfleisch, ¡un juego para toda la familia!

Blacks & Whites: Supongo que un juego así sólo podía salir de un Departamento de Psicología de una Universidad. O eso debía decir el prospecto. Quizás lo ideó alguno de esos yanquis que les gusta hacer hogueras con buena madera, especialmente si la madera tiene forma de cruz. El objeto del juego, parece ser, es aprender jugando (ya se sabe que es la mejor manera de aprender) a sentir lo que se siente ser un negro en una sociedad dominada por blancos. En el juego los blancos son la mayoría, y los negros la minoría. Así que como si de ajedrez se tratara, tú eliges: blancas o negras. Blacks & Whites es un trasunto del Monopoly, pero adaptado a la realidad de Yanquilandia. Es decir, las fichas blancas empiezan con un millón de dólares y pueden comprar todo lo que haya en el tablero. Las fichas negras empiezan con mil dólares y hay ciertas propiedades que les están vetadas. También obtienen menos dinero al dar una vuelta por el tablero, y cogen cartas de los avatares de la vida de un mazo distinto. Todo ello mientras los jugadores tenían electrodos en la cabeza y sus reacciones eran convenientemente anotadas por los psicólogos de turno. ¿Pero quién necesita la psicología como excusa para jugar a Blacks & Whites? ¡Juntáos con vuestros amigos y dividíos en blancos y negros, y jugad a esta insania de juego hasta que estalle una revuelta negra y el tablero y las fichas salten por los aires!

Hundir la flota edición viejuna: Sí, Hundir la flota, el juego de los barquitos de toda la vida que se jugaba en casa si tus padres tenían dinero, o en libretas si eras pobre o estabas en la escuela. El juego de toda la vida, vamos, tocado, hundido, agua, cerveza... Barquitos aquí y allá, escondidos, y tú ponte a decir números y letras, y tal. Así que, ¿cómo se juega al Hundir la flota edición viejuna? Pues igual que siempre, sólo que las mujeres no pueden jugar y se quedan lavando los platos y haciendo las cosas de la casa, felices de ver a los hombres solazarse hundiendo cruceros y portaaviones. Ideal como regalo para tu pareja en San Valentín. Aunque si tu novia no tiene un sentido del humor tan retorcido como el tuyo, puede que sea tu último 14 de febrero en pareja, amigo.

Capital Punishment: Delicioso juego, ideal para jugar en familia, en Navidad, o una época así. Hay cuatro personajes, a elegir: un asesino, un violador, un pirómano o un secuestrador. El objetivo es que tu personaje gane como en cualquier otro juego de mesa. Cada personaje tiene a su disposición quince ciudadanos y dos liberales. Para ganar hay dos maneras: llevar a tu personaje al final del tablero, en tres posibles finales felices: cadena perpetua, el corredor de la muerte o la silla eléctrica; o bien usar tus dos cartas de liberales para sacar a tus oponentes de ese feliz camino de la justicia, lo que llevará a sus fichas a causar todo tipo de maldades, dejándoles sin ciudadanos felices.

15 Love: Iba a concluir con el Juego de Memoria de Mark Twain, un juego que el mítico escritor y pensador ideó preocupado porque los colegiales de la época parecían tener problemas de memoria recordando datos y fechas, así que ideó un juego con unas reglas que al parecer sólo entendía él y la cosa no cuajó. Pero creo que mejor os dejo con Love, una especie de juego de tenis que tiene toda la pinta de ser el juego de mesa más excitante del universo.

15 comentarios:

Javier Simpson dijo...

Qué crack, Crononauta!! jaja sólo te faltó decir pasen y vean señoras y señores en ese peazo introdución que has hecho. Me he reído leyendo la entrada. Buenísima. No sé si era tu objetivo hacer reír, pero conmigo lo has conseguido de pleno, sobre todo por las fromas.
El juego de los judíos en la Alemania nazi da yuyu. Como bien dices a saber cómo sería el juego en el 43…
No sabía que el Pacman tuviese también su versión de juego de mesa. El electrónico estaba muy entretenido.
Juegos como el, otra vez alemán, Frischfleisch parecen adecuados para el Haloween. Es pa cagarse. ¡Qué mentes estas de los alemanes a veces!
Hundir la flta todo un clásico. Divertido si comienzas, al principio, pero tremendamente aburrido pasadas unas cuantas partidas.
Un abrazo. Lo dicho: estupendo post, Crononauta. Hasta otro momento.

John P. Maaaula dijo...

Geniales todos. Aunque me temo que no ninguno ha experimentado una segunda partida, jeje.

Un saludo

JLO dijo...

"A no ser que seas un niño Amish que vive ajeno a la electricidad, me pregunto quién querría jugar a esto."

genial... y cierto...


ojo, ese juego de tenis minimalista pinta muy bien... lo quiero!!!

TSI-NA-PAH dijo...

jejejeje!Que mundo!Hay para todos!
A+

TSI-NA-PAH dijo...

Esa foto de la Salerno un poco mas grande por favor!!!!

TSI-NA-PAH dijo...

Esa foto de la Salerno un poco mas grande por favor!!!!

El Bueno de Cuttlas dijo...

Voy a rehacer mi carta a los Reyes, creo que he descubierto todo un mundo de nuevas posibilidades.

Gracias por iluminarme el camino, Crononauta.

Método Swan dijo...

El juego de tenis cochambroso tiene pinta de haber sido inventado por las mujeres sometidas del Hundir la flota edición viejuna, en una rabieta tipo "pues ahora voy a inventar un juego mejor y te va a dar envidia".

A mi me flipa sacar El padrino en el pueblo, cuando ya estamos hartos de la wii, nadie entiende cómo funciona eso de comprar negocios, así que nos limitamos a poner somníferos en los vasos y matar a los mafiosos contrincantes a palo seco.

José Fernández dijo...

"A no ser que seas un niño Amish que vive ajeno a la electricidad, me pregunto quién querría jugar a esto". Pues yo tuve ese juego, señor Crononanax. Y que conste que además mi padre era el representante de la compañía eléctrica en mi pueblo, así que además la electricidad nos salía a un precio parecido al de los Amish. Y además cuándo había una avería mi casa siempre era de las primeras a las que volvía la corriente electrica :P

Möbius el Crononauta dijo...

Javier Simpson: jeje ¡a veces hay que currarse las introducciones sólo para que quede bien la foto! Claro que era mi objetivo, una entrada así no se puede escribir en serio. Y están locos estos germanos, sí.

John P. Maaaula: jejeje es posible que no.

JLO: sí que debe ser cierto creo yo. En realidad el tenis ese igual hasta tiene su coña, oiga.

Tsinapah: ¡de todo un poco en la viña del Señor! jajaja si la pongo más grande ya no sale, pero tranquilo un día de estos la verás en grande junto a otras.

El Bueno de Cuttlas: ¡estas navidades prometen ser diferentes!

Método Swan: no he jugado a El padrino, pero siendo en un pueblo, suena a que los machacáis de verdad jeje. Bienvenido ¿o debería decir bienvenida? Método Swan a éste su humilde blog, y gracias por comentar.

José Fernández: mmm interesante. ¿Pero cuántas veces llegó usted a jugar realmente?

rnrblogspot dijo...

Joder, qué post más enorme. La que me pierdo por desconectarme un tiempito de la red. Antaño yo era más de La herencia de la tía Agata y, sobretodo, del Monopoly, pero ahora me han entrado las ganas de hacerme con todos estos. Y es que el 'Juden Raus' es impagable, y sí, terrorífico también; qué jodidos de mente estaban los nazis. Lo mejor: el Blacks & Whites y, sobretodo, el Hundir la flota machista. La imagen de la mujer lavando junto a la hija presentada en un menor plano... xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

Saludos, Crononauta!

rnrblogspot dijo...

Imagen que, dicho sea de paso y con tu, ¡me la llevo! Brutal es poco; me haré una camiseta con ella jajja

rnrblogspot dijo...

''con tu permiso''

José Fernández dijo...

Usted lo que quiere que diga es que en menos de 2 semanas ya andaban las bolas desperdigadas por toda la casa, Sr. Cronoscotchbriteyonopuedoestarsinél. Jamás arracará de mi una confesión al respecto!! Ni de mis frías manos muertas!!

Möbius el Crononauta dijo...

rnrblogspot: la herencia de la tía ágata, debe ser uno de los juegos con un nombre menos apetecible de la historia. Y sí, una partida al black & white debe ser delirante. Jaja ya he visto los resultados de la imagen, con rima y todo. Espero que tu novia, si es que la tienes, tenga sentido del humor...

José Fernández: ¡ajá! Lo sabía. Siempre acaba ganando el tragabolas.