lunes, 10 de septiembre de 2012

Me siento rejuvenecer (1952)

Howard Hawks. Se podría dedicar todo un blog a su carrera, y sus contribuciones al séptimo arte bien podrían haberle deparado ser el custodio de las llaves del Olimpo cinematográfico, si que es tal cosa existe. Quizás fue uno de los directores más completos que hayan existido, no sólo porque se movía como pez en el agua en cualquier género, sino porque además de tener un gran talento para escoger guionistas, tenía bastante de guionista él mismo, y sabía sacar muy buenas interpretaciones a sus actores. Hawks nos regaló algunas de las mejores comedias del Hollywood clásico, y a Me siento rejuvenecer no siempre se la citará entre ellas. Desde luego muchos críticos se sentirían incómodos alabando una comedia con mono. Quizás algun día una comedia con mono se lleve el Oscar a la mejor película. Sólo entonces Hollywood será un lugar realmente igualitario.

Me siento rejuvenecer cuenta la historia del doctor Barnaby Fulton, el típico científico ensimismado que tiene la suerte de tener una esposa atenta y comprensiva, Edwina. Fulton trabaja en un suero rejuvenecedor para una empresa química, pero no consigue dar con la fórmula exacta. El trabajo con chimpancés no acaba de dar resultado, y el jefe de la compañía, el señor Oxley, se está impacientando. Pero entonces una chimpancé llamada Esther se escapará de jaula, y jugueteando con los productos químicos del laboratorio dará con algo parecido a un suero rejuvenecedor... sin que nadie lo sepa. Y a partir de ahí, all hell breaks loose.

Si como dicen Hawks no estaba del todo convencido de que la historia acabara de funcionar, Me siento rejuvenecer realmente funciona más allá de su trama, que sobre la pantalla no deja de ser más que una excusa para desatar el caos y la comedia más alocada. La película quizás no tuviera un guión afilado y de precisión suiza como el de Luna nueva, por poner un ejemplo, incluso contando con dos pesos pesados como Ben Hetch y I.A.L. Diamond, aunque tampoco creo que fuera ése el objetivo, sino más bien, según mi apreciación, lo que contaba era dirigir los esfuerzos a construir un caos en el orden, hacer que la locura pareciera fácil. Además, Hawks, que había fabricado algunas de las mejores comedias screwball dos décadas atrás, trasladaba ahora ese subgénero moribundo al entorno familiar de los 50, adaptando los papeles a la edad de sus protagonistas. Y es que el poder Me siento rejuvenecer reside, aparte de hacer parecer fácil lo difícil, y llevarnos de la mano en un carrusel de subidas y bajadas de acción y comedia, cuyas curvas cada vez son más altas, en la labor de sus protagonistas.

Porque ver a Cary Grant volviéndose cada vez más infantil resulta impagable, y no creo que haga falta señalar la talla que daba su presencia a cualquier película en la que participara, más si era un comedia, pero es que cuando Ginger Rogers se apunta a la estulticia la película realmente comienza a rodar, con cada escena siendo todavía más absurda que la anterior. Incluso el veterano y normalmente serio hasta la muerte Charles Coburn se unirá a la fiesta. Para redondearlo tenemos a una joven Marilyn Monroe en camino hacia el estrellato, con un papel de secretaria rubia y tonta, aunque el papel es menos plano de lo que solía ofrecer hasta entonces, y quizás más que tonta habría que hablar de una secretaria más bien infantil, aunque con un cuerpo de infarto y unas curvas que los atómicos sostenes de la época se encargarán de realzar.

Pero aquí los verdaderos protagonistas son las payadas de Grant y Rogers, entre las que tenemos a un abogado rapado por Cary y su tribu de infantes, a la Rogers vengándose como una niña llamando al abogado amigo de la pareja y antiguo amor de Edwina, o la actriz haciendo ejercicios de equilibrismo aprovechando su formación de bailarina. Y por supuesto hay que citar a la chimpancé Esther, si es que ése era su nombre, cuya interpretación fue injustamente olvidada en los premios de la Academia del año siguiente, a pesar de darlo todo en una larga secuencia que tiene lugar en el laboratorio. Y será mejor no entrar en comparaciones.

Me siento rejuvenecer, locuela, entretenida, y excelente para irritar a quienes sólo buscan filosofía en la gran pantalla.

3 comentarios:

Aura dijo...

Buah, es divertidísima, me dan ganas de volver a verla :D

Agente Cooper dijo...

Una joya (una de tantas) de un maestro como Hawks, cuánto tienen que aprender de él muchos directores de hoy día.

Saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

Aura: ¡vaya que sí!

Agente Cooper: es que lo de Hawks era de otro mundo