domingo, 2 de septiembre de 2012

Los demoledores (1974)

Ahora que Los mercenarios 2 está pegando fuerte en las taquillas no está mal recordar su equivalente negro, Los demoledores, que en su día juntó a los tipos más duros del blaxploitation: Jim Brown, Fred Williamson y Jim Kelly.

El film arranca con un tal House, un negro que está en un extraño campo de prisioneros. Logra fugarse aunque es herido en la huida. Tras amenazar a unos jipilongos éstos le llevan ante Jimmy Lait (Jim Brown), un fornido productor musical (¡luego le veremos grabando con The Impressions!), un antiguo colega. En su agonía House logra contarle algo acerca de una amenaza para la raza negra, aunque no logra entrar en detalles. Mientras reposa en el hospital, sus antiguos captores acaban con él y raptan a la novia de Jimmy. Éste no tarda en enviar a la policía a la porra y y se decide a reclutar a otros dos viejos amigos (como si todos hubieran formado parte de un comando o algo), el mujeriego Jagger Daniels (por supuesto, Fred Williamson) y el maestro de artes marciales Mister Keyes (sí, Mister es su nombre de pila, su madre quería que la gente mostrara respeto a su hijo, ¡actitud negra!), interpretado por el inefable Jim Kelly. Los tres unidos tendrán que ir indagando aquí y allá de qué va todo el asunto, mientras acaban con algunos malutos, hasta que averiguan que un grupo neonazi secreto, con ayuda de un pérfido científico, ha logrado desarrollar un suero que sólo afecta a la gente de color. Los tres duros habrán pues de actuar deprisa antes de que los racistas logren su objetivo.

Dirigida por Gordon Parks Jr. (quien ya dirigiera la mítica Super Fly, aunque aquí muestra algo más de pulso y experiencia), Los demoledores es, como ya habrán intuido, una simple excusa para que los tres protagonistas puedan aporrear y tirotear a un montón de blancos, y así deleitar a la audiencia con algunas secuencias de acción medianemente potables. Destaca el apalizamiento de Kelly a unos polis (blancos, claro) que intentan incriminarle poniéndole droga en el coche, o las secuencias en unas presas donde por separado se enfrentan a los neonazis traviesos. Aunque para mi gusto el mejor momento del film es cuando Daniels manda llamar a tres expertas dominatrices (una negra, una blanca y una asiática) que viajan en motos japonesas (una roja, otra blanca, y otra azul) con tres monos a juego, y que disfrutan torturando a tipos, por lo que Daniels las utiliza cuando se le resiste algún prisionero. Me pregunto cuánto habría pagado Quentin Tarantino por dar con unos personajes así. Seguro que mucho. Sólo por su espectacular aparición ya merece la pena echar un vistazo a la peli.

Hay films de acción mejores, y también los hay peores, pero en cuanto a acción negra seguro que Los demoledores no deja a nadie insatisfecho. Y, además, está el hallazgo de las dominatrices. ¡Pero como no soy Tarantino nadie me escuchará!

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