martes, 11 de septiembre de 2012

Donald Pleasence: los ojos incansables


Para un actor o actriz a veces tener un físico peculiar puede ser una desventaja, pues significa que seguramente nunca serás el protagonista, ni el galán, ni la chica sexy. Lo más seguro es que sólo gane preeminencia sirviendo del lado de los malos. Pero, por otro lado, un físico peculiar ayuda a que, más allá de lo buena o mala que sea la interpretación o película, el espectador recuerde ese rostro peculiar. Y con un rostro en el que destacaban esos grandes, penetrantes y casi exorbitantes ojos azules, Donald Pleasence desde luego era uno de esos actores a los que no olvidabas fácilmente. Y desde luego a mí me resulta ya imposible no recordar su nombre, después de haberle visto en tantos y tantos papeles, en prácticamente todos los géneros, y en toda clase de presupuestos.

Donald Pleasence es el perfecto ejemplo que llegó a tener bastante preeminencia y caché durante una época, para luego acabar sobreviviendo haciendo todo tipo de películas. Más de una vez me he preguntado si él, o su agente, decía que no alguna vez a algún papel. De lo variado de su carrera baste como ejemplo las dos primeras películas que vi suyas: el clásico de ciencia ficción Viaje alucinante y Y si no, nos enfadamos, la película urbana por excelencia de Bud Spencer y Terence Hill. ¿El actor que había participado en uno de los mayores clásicos bélicos de los 60 junto a tipos como Steve McQueen o James Garner ganándose en los garbanzos en una coproducción hispanoitaliana de los entrañables tarugos, o aun peor, participando en un engendero titulado Paganini Horror? Así suele ser la vida de la mayoría de intérpretes, y más los secundarios. Y es que, tras dos divorcios, una familia numerosa, y un par de casas de campo del siglo XVII en Inglaterra, el actor reconocía en alguna entrevista vivir por encima de sus posibilidades, siempre al borde de la quiebra. Por ello nunca cesó de trabajar, donde fuera, y cuando fuera.

Hijo de un jefe de estación, sus padres se preocuparon de que educar a un pequeño caballero inglés, y las clases de elocución que recibió le hicieron un gran juego cuando decidió convertirse en actor (con el doblaje no se percibe, pero quien esté estudiando inglés, le recomiendo cualquier película de Donald en versión original). De hecho fue aceptado sin problemas en la escuela de Arte Dramático, pero al no obtener una beca tuvo que resignarse a seguir el oficio de su padre, aunque acabó entrando en el mundo teatral tras las bambalinas, hasta alcanzar el puesto de ayudante de dirección. De ahí pasó a debutar como actor en 1939. Luego llegaría la guerra, de la que se declararía objetor y por lo que sería encerrado en la cárcel, hasta que cambió de opinión y se alistó en la RAF. Tras haber realizado cerca de 60 misiones fue derribado y hecho prisionero. 

Tras la guerra Pleasence retomó su carrera y fue logrando preeminencia hasta ser requerido por la Bristol Old Vic Company, donde llegó a coincidir con su idolatrado Laurence Olivier. En 1952 Donald obtenía un pequeño papel en un telefilm, y dos años después debutaba en la gran pantalla con The Beachcomber. De nuevo el actor se fue haciendo camino poco a poco en el cine y la televisión, aunque fue en esta última donde obtendería más reconocimiento, especialmente tras interpretar durante cuatro temporadas al Príncipe Juan en la serie The Adventures of Robin Hood. Vista hoy en día dudo que el protagonista, Richard Greene, llegue siquiera a eclipsar durante un nanosegundo al carismático Pleasence. En cambio, en Estados Unidos, Donald se ganó sus primeros grandes aplausos en Broadway, donde recaló con la obra The Caretaker, que ya había sido una sensación en Londres. Con aquella obra Donald se ganó la primera de sus cuatro nominaciones a un Tony. Finalmente, en 1964, Donald obtuvo su gran oportunidad de darse a conocer al mundo gracias a La gran evasión.

Sin dejar de lado la televisión o el teatro, el actor se centró en su carrera en Hollywood, y así llegaron títulos como La historia más grande jamás contada, Viaje alucinante, una recordada interpretación en Callejón sin salida a las órdenes de un joven Roman Polanski, o La noche de los generales. En 1967 Pleasence desembarcó en la saga Bond con Sólo se vive dos veces, marcando tendencias para los enemigos de 007 que habían de seguirle. El aparente hallazgo de que Pleasence no sólo podía resultar un buen, pequeño y calmado ciudadano medio, sino que podía estar incluso mejor como villano, le llevaron a dos bizarros papeles en dos westerns de culto: El más valiente entre mil y Soldado azul. También participaría en el primer largo de George Lucas, THX 1138. Una prueba de que estaba por venir: fueran debutantes o directores experimentados, Donald Pleasence siempre parecía estar allí a mano.

De hecho en la década de los 70 es cuando Pleasence comenzó a estar cada vez más alejado de las grandes producciones para ahondar en la serie B, en la que no le faltaron los papeles de villanos o tipos raros (lo que le hizo un gran candidato para participar en un inolvidable episodio de Colombo, o una adaptación televisiva de El conde de Montecristo). Fue a partir de esta época cuando comenzó a hacer de todo. Por ejemplo, durante esa década participó en dos o tres producciones de la prestigiosa BBC2 Playhouse (un formato de teatro televisivo que también tuvimos en España), en el Jesús de Nazaret de Zefirelli, El último magnate de Kazan o la curiosa producción Disney La montaña embrujada, pero por otro lado también aportaba su carisma a extraños subproductos como The Devil's Men, y no le dolieron prendas en participar en pequeñas producciones europeas, incluyendo Italia o España; de hecho el bueno de Donald llegó a aparecer en La loba y la Paloma de Gonzalo Suárez, junto a nuestra querida Carmen Sevilla.

Y por fin, en 1978, llegó La noche de Halloween, y el papel del profesor Loomis, que le convirtió de nuevo en un rostro popular para una nueva generación, aunque el éxito de la saga le llevó a repetirlo tantas veces que, como solía bromear el actor, "lo dejaría cuando llegará al número veintidós". Aunque esa recobrada popularidad no le libró de participar en esperpénticas producciones para ganarse los garbanzos, Pleasence volvió a dejarse ver en grandes producciones, especialmente en la televisión. Y así siguió su carrera: tan pronto era un presidente tomado como rehén en el clásico de Carpenter 1997: Rescate en Nueva York, como le veíamos en cualquier curiosa producción italiana, o haciendo de Churchill en un telefilm francés, o en la aplaudida Diên Biên Phu.

Donald Pleasence fue uno de esos refinado actores que con su talento y carisma aportaba solera a la película en la que estuviera actuando, ya fuera uno de los mejores films de todos los tiempos o una enorme bazofia. Su asociación con John Carpenter le reportó varios y jugosos papeles alejados del tipo loco o bizarro, dándole unas cuantas alegrías entre todas las terribles cintas en las que trabajó, pero de lo que no cabe duda es de que dada su gran profesionalidad, Pleasence es un actor al que siempre apetece ver.

5 comentarios:

miquel zueras dijo...

Lo he visto en muchos papeles inolvidables como el del falsificador cegato de "La gran evasión" pero uno de mis favoritos es el de Oráculo en "La batalla de las colinas del whisky". Saludos. Borgo.

Mr. Lombreeze dijo...

Intersantísimo post. Para mí, Donald Pleasence será siempre el demonio que tienta a Jesucristo en La Historia más grande jamás contada, otra obra maestra de George Stevens. La escena de la tentación en el desierto es, en todos los sentidos, asombrosa.

Anónimo dijo...

Para mí, donde me marcó fue en "Ha llegado el águila", interpretando al Himmler más fidedigno al original y más inquietante que he visto en pantalla. Lo borda. Y ya sea en películas A, B o "C", siempre notas que se lo tomaba con profesionalidad

Möbius el Crononauta dijo...

miquel zueras: grandes papeles esos sin duda

Mr. Lombreeze: mmm ahora que lo mencionas tendré que revisarla un día de estos

Anónimo: sí, esa la tengo pendiente. Y hay que verla, ¡Pleasence haciendo de Himmler! Casi nada.

Anónimo dijo...

Añado otro título donde Pleasance hace uno de mis papeles favoritos: "El conde de Montecristo", la versión con Richard Chamberlain haciendo de Conde.

Un grande.