sábado, 25 de agosto de 2012

Un cuento chino (2011)

Una película que arranca con una vaca cayendo del cielo forzosamente ha de ser especial. Y Un cuento chino lo es. Llevamos ya unos años en los que de vez en cuando alguna película argentina nos sorprende muy gratamente, haciéndonos pensar que el cine argentino goza de una salud excelente (no sé si será así o no, porque claro también es cierto que nos suele llegar sólo lo mejor). Y además, aquí en la piel de toro, si hay algo que nos guste más que una peli argentina, es una peli argentina protagonizada por Ricardo Darín, el último hombre enfadado.

Escrita y dirigida por Sebastián Borensztein, Un cuento chino es una excelente tragicomedia, con todas las palabras; es de esas cintas que nos hace reír, pero también reflexionar en sus momentos más oscuros. Realmente es un cuento urbano de este nuevo siglo, una alegoría sobre la soledad y el amor en una gran ciudad. La trama gira alrededor de Roberto, un ferretero solitario, metódico y gruñón, excelentemente interpretado por Darín en uno de esos papeles de tipo con carácter que tan bien le van (de ahí lo del último hombre enfadado), que deja pasar los días entre el trabajo y su casa, aprisionado por el recuerdo de una madre ausente, y que se cierra a todo y a todos, incluyendo a Mari, una amiga (todo lo amiga que alguien pueda ser del distante Roberto) que bebe los vientos por él. Con su sencilla belleza de chica de al lado y su simpatía, Mari ve como todos sus tímidos acercamientos más allá de una relación cordial acaban chocando con el impugnable muro que Roberto ha levantado alrededor de sus sentimientos. El ferretero es un tipo solitario, que pasa las noches rebuscando en los periódicos noticias chocantes o absurdas, y disfruta sus días libres yéndose de picnic a las afueras de las pistas del aeropuerto, contemplando como despegan y aterrizan los aviones. En una de esas escapadas será cuando se tope con Jun, un chino al que abandonan en la carretera. Roberto no puede evitar ocuparse de Jun, aunque son incapaces de comunicarse debido a la barrera idiomática. Comienza así un extraño camino par ambos.

Un cuento chino ofrece un sólido guión que nos lleva de la mano por escenas cómicas y delirantes, en la mayoría de los casos, aunque no faltan unas muy bien combinadas secuencias dramáticas en las que Borensztein nos introduce los interrogantes que rodean a esta curiosa metáfora de tintes urbanos. El guión es sólido, aunque no puedo evitar pensar que algunas de las escenas humorísticas no habrían funcionado tan bien de no tener a unos intérpretes tan buenos, pero para eso están los buenos actores. Y es que tanto Darín como Ignacio Huang clavan sus papeles, uno como el eterno solitario enfadado y el otro como el inocente (aunque muy observador) chino perdido. Impagables son algunas de sus escenas, como aquella en la que Jun se ofrece a cocinar (¡esa imitación de gallina!), o ver a Roberto en el día a día de su trabajo, lidiando con clientes finolis o con sus proveedores. Y es que el papel de Roberto, al que cuesta imaginar con un rostro que no sea el de Darín, es de esos personajes carismáticos que uno se encuentra de vez en cuando, tan bien trabajados desde el guión, y pulidos por el actor, que uno desearía que le dieran algo más de cancha, una serie de una o dos temporadas, o algo así. 

En definitiva, Un cuento chino es una de esas películas que hay que ver para sentirse humano de vez en cuando.

6 comentarios:

Alí Reyes H. dijo...

Hermano, creo que nunca hemos coincidido tanto en una reseña como ésta. De verdad que es un peliculón, sobre todo porque en el mundo del cine -donde parece que todo ya está hecho- aparece esta cosa sorprendiéndonos a todos por lo original de la trama.
Sin duda hay humor, claro, pero la cinta en realidad es dura...diría que por momentos terrible.
En cuanto a Darín...¿Qué te puedo decir que no hayas dicho? Te pregunto ¿Viste EL HIJO DE LA NOVIA o EL SECRETO DE SUS OJOS?

Luis Cifer dijo...

la verdad es que en los últimos 10 años el cine argentino nos sorprende cada año con una gran película (o incluso 2). No os perdáis ELEFANTE BLANCO.

ATM dijo...

Es una peli simpática, aunque no pagaría por ir al cine a verla.

Ginebra dijo...

Esta peli tiene muy buena pinta, para empezar el actor, Darín, me encanta. Es brillante el tipo.
No la he visto, pero lo remediaré seguro.
Me ha puesto usted los "dientes largos":).
Besos de domingo, que son algo más sosos que los que se dan el sábado, pero al fin y al cabo son besos...

Fanny Riffel dijo...

La vi hace poco,y si bien por momentos se me hace un poquito demasiado larga y/o lenta,no puede menos que conmoverme.Cuando se sientan el ferretero,Jung y el chico del delivery y se cuentan sus historias,bueno...todos tenemos nuestras historias y somos mucho más de lo que parece a simple vista,verdad?
una anécdota aparte: sabías que Darín participó en la película amateur e independiente del dueño de un videoclub?el chico se obsesionó con filmar su propio film,le pidió un autógrafo a Darín y le pidió que participara...y el actor accedió!eso es un artista,señores....

Möbius el Crononauta dijo...

Alí Reyes: ¡no, son mis dos gran pendientes de Darín!

Luis Cifer: cierto, ya la recomendaron por aquí. A ver si la veo.

ATM: mmm ¿han desayunado tus defensas?

Ginebra: si te gusta Darín desde luego tienes que verla. Sus besos son siempre bienvenidos, ya lo sabe.

Fanny Riffel: yo no le encontré ningún pero a ese respecto. No sabía esa anécdota; desde luego Darín es un gran tipo.