viernes, 3 de agosto de 2012

La tentación vive arriba (1955)

Mi gente se peleaba por ver quién iba a encender el ventilador debajo de la reja. Billy Wilder desvelando curiosos entresijos de una de las escenas más famosas de la historia del cine.
 
A lo largo de su historia Hollywood ha dado muchas imágenes icónicas al cine, aunque las que realmente han calado en la retina de los espectadores a traves de las generaciones se podrían contar con los dedos de la mano; Chaplin y bastón, King Kong subido en el Empire State, Escarlata jurando sobre un puñado de tierra... y, por supuesto, Marilyn Monroe refrescándose los bajos gracias al aire de los respiraderos del metro. Aunque curiosamente la imagen que todos tenemos en mente no se reproduce exactamente en la película, que se centra en las bien torneadas piernas de la protagonista. Pero eso poco importa, ella, el vestido blanco y el aire ya forman parte de la historia del cine. Elemental, querido Watson.

Lo que son las cosas, cuando vi esta peli por primera vez, allá en mi tierna infancia, el detalle que siempre recordé fue el de los indios despidiendo a las esposas y haciendo el ganso. Obviamente en cada etapa de la vida uno tiene sus prioridades, y en aquellos lejanos días de uvehacheses y televisión de dos canales, mi prioridad eran los indios y no las rubias. Eso ha cambiado, aunque algo ha quedado porque las chicas vestidas de indias tienen un no sé qué especial. Pero no hablemos de mis parafilias y comentemos algo de La tentación vive arriba, una cinta que me sigue pareciendo una buena y entretenida comedia, que no está entre lo mejor de Billy Wilder, pero que es desde luego un film a reivindicar.

Aunque probablemente el propio Billy no la recordara con tanto cariño como muchos de nosotros. El director, que terminaba contrato con la Paramount, fue cedido a la Fox para adaptar la exitosa comedia ácida sexual The Seven Year Itch, que había triunfado en Broadway. George Cukor era el hombre elegido para dirigirla, pero en el último momento prefirió dedicarse a otra cosa, por lo que fue Wilder quien tuvo que encargarse del trabajo. El director ya estaba poco ilusionado por tener que dirigir un texto ajeno, pero aun se molestó más cuando en la Fox le convencieron para que la estrella masculina del film fuera Tom Ewell, quien ya había protagonizado la obra teatral. La elección de Wilder había sido un joven pero desconocido actor que le había impresionado en las audiciones para el papel. Su nombre era Walter Matthau, y desde luego Billy no se olvidaría de él. La protagonista femenina de la obra original no tuvo tanta suerte, ya que la Fox impuso a su gran estrella, la deslumbrante Marilyn.

Marilyn llevaba mucho tiempo deseando trabajar con Wilder, y estuvo encantada de tener por fin una oportunidad junto al brillante austríaco, aunque su precio fue rodar Luces de candilejas. A pesar de haber deseado trabajar junto al gran director durante largo tiempo, ello no fue óbice para que Billy tuviera que sufrir la falta de profesionalidad de la actriz, inmersa ya en un tiovivo emocional agravado por su matrimonio con Joe DiMaggio, que estaba resquebrajándose a marchas forzadas. De hecho son muchos los que apuntan al rodaje de La tentación vive arriba como la puntilla que acabó con nueve meses de tormentosa relación conyugal.

Quizás no estiremos demasiado el estereotipo de un italoamericano en los años 50 si señalamos la noche del 14 de septiembre de 1954 como el punto final para Joe y Marilyn. Aquella noche Billy y su equipo tomaron Lexington Avenue con la 52, frente a los cines Trans-Lux, para rodar la famosa secuencia de la falda volátil. Se cifra en unas cinco mil personas (en las que, supongo, debían predominar el género masculino) el número de curiosos que abarrotaban la calle, atentos a cada movimiento de la estrella. Para exasperación del equipo, la multitud no dejaba de silbar, vitorear y vayan ustedes a saber qué más a cada frase o movimiento de la actriz, que invariablemente acababa perdida (aunque como es bien sabido Marilyn olvidaba sus frases día sí día también), mientras Joe contemplaba toda la escena sintiéndose como el cornudo de América. No parece que DiMaggio fuera un mal tipo, y a su manera, muchos le apuntan como la pareja que más se preocupó por Marilyn (más allá del detalle de que no faltaran rosas en su tumba, tras la muerte de la estrella), y por su alocada vida sentimental. Pero desde luego la estrella del béisbol, con sus celos y sus ansias de una vida tranquila, se equivocó de medio a medio al casarse con la estrella femenina más rutilante de su era. 

Travilla enfundó a Marilyn en un saco de patatas para demostrar que ella estaba sexy con cualquier cosa.
En otro orden de cosas, el griterío de los salidos que acudieron al rodaje aquella noche obviamente invalidó todas las tomas, por lo que Billy tuvo que levantar una réplica de la calle en un estudio, pero Marilyn necesitó otras cuarenta tomas para completar la secuencia. De hecho la estrella rubia siguió, por supuesto, volviendo loco a Wilder y su equipo, retrasando el rodaje hasta tal punto que el presupuesto se elevó hasta casi los dos millones de dólares, una cifra bastante respetable para una sencilla adaptación teatral como aquella. Pero si los estudios permitían esos desmanes (dentro de lo que cabe, claro), era porque la sola presencia de Monroe bastaba para que incluso un film con ese presupuesto tuviera ganancias. Billy trabajó como un profesional pero sin demasiada ilusión, Marilyn olvidó sus frases, y la censura eliminó varias de las situaciones y líneas de diálogo más picantes y obscenas de la obra original, pero aun así Wilder se las arregló para tener a una Marilyn más sexy que nunca (con la ayuda del diseñador Travilla), para obtener unas divertidísimas ensoñaciones del rodríguez Richard Sherman, y añadir algunos estupendos personajes de cosecha propia (ese impagable fontanero y el hombre de mantenimiento Kruhulik) y chistes de su propia idiosincrasia (apostaría a que todo lo del rollo restaurante vegetariano es una burla suya a los amantes de las hierbas).

Tom Ewell hace un buen trabajo, y ya se había ganado a crítica y público con su Richard Sherman del teatro, pero si el propio Wilder le consideraba inapropiado para el film por algo sería. Quizás fuera que para el estilo del director Ewell no acababa de encajar. Habría sido estupendo ver qué habría podido hacer el gran Matthau con ese pícaro Sherman. Aunque por supuesto si La tentación vive arriba, más allá de sus pequeños equívocos sexuales, los chistes muy de la época sobre los rodríguez, las fantasías calenturientas de Sherman con su secretaria (la también bastante bella Carolyn Jones) y demás, es recordada todavía hoy en día, incluso por gente que no la ha visto, es gracias a Marilyn, que desde luego había nacido para encarnar la irresistible tentación de un rodríguez de ciudad, hace muy bien de inocente pizpireta con increíbles dotes físicas, y que una vez más hacía gala de ese extraño don suyo para aparecer deslumbrante ante las cámaras (de hecho el film fue rodado en color porque así lo estipulaba el contrato de la Monroe, de lo contrario seguramente Wilder se habría decantado por su querido blanco y negro). Ponderando las contribuciones de Ewell, y sobretodo de Wilder, no cabe duda de que La tentación vive arriba es un film por, para y de Marilyn Monroe. Está esplendorosa, increíblemente sexy, divertida, y curiosamente casi dan más ganas de abrazarla y reírse con ella que de otra cosa. O bueno, quizás postergar esa otra cosa más de lo normal.

Sólo por entretener la vista de los obreros y viandantes que pasaban por el Loew's State Theatre, donde se desplegó un enorme cartel y aun más grande figura de la Monroe con sus célebres faldas echadas hacia arriba, mereció la pena que se rodara La tentación vive arriba. Pero también habría merecido la pena sólo por ver el increíble jeto del fontanero, o al tipo que mordisquea un apio en el restaurante vegetariano. Y es que quien decida saltarse La tentación vive arriba en la filmografía de Billy Wilder comete un error. Y si ese alguien es hombre heterosexual, el error es doble.

5 comentarios:

Einer dijo...

La verdad es que lo único que me gustó de la película fue Marilyn Monroe y sólo por ella ya vale la pena ver el film, pero en general me resultó una peli un poco tontorrona y Tom Ewell no me acabó de llenar. Para mí es una peli flojucha dentro de la filmografía de Wilder.

Alí Reyes H. dijo...

Estoy muy de acuerdo en esas cuatro imágenes inmortales de Holiwood. Pero en cuanto a la película, te confieso que no la hevisto: por cierto, mañana se cumplen 50 años de la muerte de Marilyn y quisiera invitarte a tigrero para que revises la entrada que está allá acerca de la película MI SEMANA CON MARILYN

El Bueno de Cuttlas dijo...

Tener a Marilyn Monroe en el piso de arriba es como vivir a tiro de piedra de la casa de Afrodita en el Olimpo.

writedissertation.co.uk dijo...

Je vous remercie. très intéressan

Möbius el Crononauta dijo...

Einer: sí, es floja pero con buenos momentos. Y si no vuelve a mirar fijamente al fontanero.

Alí Reyes H: ¡le echaré un vistazo!

El Bueno de Cuttlas: o peor.

posiblespam: oui