lunes, 27 de agosto de 2012

Cinturón negro (1974)

That son-of-a-bitch threw his panties in my face? Así es amigos, en el mundo del Blaxploitation, ¡las ostias como panes y las bragas vuelan!

Cinturón negro. O lo que es lo mismo, ¡Black Belt Jones! Porque, sí, todos adoramos a Bruce Lee y Jackie Chan, pero llega un momento en la vida, ladrones, en que el arroz tres delicias pierde su sabor, y el restaurante chino de la esquina rellena menos sus rollitos de primavera, y todo lo que uno desea es poder tener pan para mojar la salsa agridulce, y no ese delicioso pan chino que sin embargo no empapa nada. Pero por suerte en el Blaxploitation, aparte de detectives y policías, hubo sitio para todos los géneros: terror, comedia, drama, westerns (¿no se lo creen? ¡Ahí tienen Boss Nigger, con el impagable Fred Williamson!), y por supuesto, artes marciales, en la era dorada de las pelis de judokas, karatekas, y demás. Y en las artes marciales negras no cabía duda de que Jim Kelly era el número uno. Que para algo cruzó manos y pies con el maestro Bruce en la mítica Operación Dragón.

La peli empieza con unos malutos que "disponen" de un agente encubierto en la bodega de Don Steffano, un poderoso mafioso con pintas de ser el mánager de Bordón 4, y que tiene un astuto plan para enriquecerse un poco más: gracias a un chivatazo, Don Steffano está comprando solares y casas donde el ayuntamiento va a construir un centro cívico. Así luego le comprarán los terrenos a buen precio (debe ser que en Los Angeles no expropian) y el amigo siciliano podrá ampliar su malvada bodega. Pero en su plan se entromete un pequeño edificio que no posee, una escuela de artes marciales dirigida por Pop Byrd, un karateka putero y jugador que en sus días de gloria ayudó a muchos jóvenes del gueto a optar por la vida sana. Sin embargo los hombres de Don Steffano que se trabajan la calle conocen a Pinky, un negrote con pintas totalmente badass de Sandokán del gueto, que posee un pagaré de Pop por varios miles de dólares debido a las deudas de juego del entrañable abuelete. Así que el plan es sencillo: a cambio del pagaré, Pinky le pedirá el gimnasio, y todos contentos. Con el pastizal que le caerá Don Steffano podría, quién sabe, montar un festival en Altamont con Junco y Los Chunguitos.

Mientras, en otro lado de la ciudad, Jim Kelly, conocido aquí como Black Belt Jones, se encuentra en un plató de televisión donde están echando la fascinante serie de programas "Embajadores latinoamericanos". Al parecer Jones trabaja como guardaespaldas "freelance". De hecho va tan de por libre que después de adelantarse a los gorilas del protegido y acabar con una conspiración de chinos acantiflados en el parking, mientras de paso disfrutamos de unos deliciosos títulos de crédito con funk de saldo (me temo que ese día Curtis Mayfield estaba ocupado) se larga en su coche sin despedirse ni nada. De ahí se va a ver a su amigo de la policía, o el Servicio Secreto o algo así, quien le propone que se infiltre en la mansión de Don Steffano para conseguir las fotos y el dinero que el agente secreto no ha podido obtener. Pero Kelly, que será del gueto pero no es tonto, dice que aquello es muy peligroso y ni por cien mil dólares entrará ahí. Prefiere irse a la playa a entrenarse observando como unas lindas chicas saltan sobre una cama elástica.

Entretanto, los malutos de Pinky no contaban con la oposición del ayudante de Pop Byrd, más joven y menos putero, y sobretodo con el hecho de que el gimnasio no perteneciera a Byrd, sino a un tal Sidney. Pero en el forcejeo del interrogatorio un matón gordinflas de Pinky se pasará con el jarabe y dejará seco al pobre Byrd, que había demostrado que aun podía dar unos cuantos golpes si era necesario (impagable ver al bueno de Scatman Crothers en plan karateka crápula). Por supuesto la gente del gimnasio y Jim están dispuestos a vengarse, y nuestra estrella del karate con pelo afro envía al jefe de policía en plan chico de los recados a encontrar al tal Sidney. Que resultará ser una chica de lo más sexy, y no es de extrañar ya que la interpreta Gloria Hendry, una de las sex symbol del Blaxploitation a quien ya vimos en El padrino de Harlem y algún que otro título imprescindible del género. Bien, la bella Sidney llega, ve, y tras pasar por el entierro de Pop (tras un impepinable funeral donde sus alumnos muestran sus respetos haciendo posiciones de karate a ritmo de gospel), se va al local de Pinky a decirle cuatro cosas, pero como no le encuentra apaliza a algunos de sus ayudantes.

Resulta obvio que Pinky no iba a tragarse esa afrenta, así que recluta a algunos de los tarugos más malvados de tal o cual gueto, y los envía al gimnasio, donde sin Jones ni Sidney los jóvenes reclutas son presa fácil de los gorilas de Pinky, quien, cabreado, eleva la deuda a 250.000 dólares y se lleva a un joven aprendiz como rehén. Jim Kelly obviamente le dice a la policía que hará las cosas a su manera, así que con ayuda de sus amigas saltadoras de la playa y la sexy Sidney, organiza un comando en plan ninja, introduciéndose en la fortaleza de Don Steffano. Allí apalizan a una buena cantidad de guardias (incluyendo a un pobre enclenque que parece el señor Roper; ¿quién le contrataría? ¿iría con recomendación o se quedaron sin presupuesto para brutotes?), tras lo cual se llevan el dinero y las fotos que tanto quería su amigo el jefe de policía. Pero el astuto Black Belt Jones, que golpea con su mente tan rápido como con sus manos y pies, tiene un gran plan: usar el dinero para pagar a Pinky, y luego darle el chivatazo a los mafiosos de que Pinky les va a pagar con su propio dinero. ¡Brillante! Pero cuando los italianos ya están a punto de fabricar un ex-Pinky, éste les convence de que los cachalotes de sus gorilas no pueden ir dando brincos por ahí cual Harlem Globetrotters. Los mafiosos quedan convencidos y le dejan en paz. Y dejemos que sea ahora el añorado Ronnie James Dio quien introduzca el siguiente párrafo.

¡Dynamic entry! No es un disco de Curved Air, ¡son créditos congelados!
Look out! Porque el karateka Jones, que como he dicho antes tiene muchos pelos en su afro, y ninguno tonto, se ha llevado a Sidney a su casita de la playa para celebrar su victoria. Se creen felices y a salvo, mientras los mafiosos y el gang de Pinky preparan su venganza. Pero ajenos al peligro, Jones y Sidney tontean entre las dunas, en una de las secuencias románticas playeras más tontas de la historia, persiguiéndose y lanzándose patadas (es el ritual de apareamiento karateka: ¿Te gusta lo que ves? ¡pues tendrás que cogerlo! Posdata: se ruega al lector argentino que obvie este comentario hasta un par de líneas más abajo), y de paso rompiéndole la guitarra al tío de Dimebag Darrell y explotándole los globos a un pobre vendedor ambulante. ¡Ah, la juventud y el amor karateka! Y, bueno, supongo que no resultará sorprendente si les digo que al final la mortal pareja hacen sus cositas en una preciosa elipse. Pero ahí tenemos a Sidney desbragada y con una camisa larga cubriendo su cuerpecín para saber lo que ha pasado. Sí, lo sé, ¡por alguna extraña razón una chica así siempre resulta lo más sexy del mundo! Pero, ¡un momento! ¡Ahí está una llamada telefónica de Pinky, quien amablemente nos avisa de que vienen a por nosotros! ¿Me pongo las bragas? ¡No hay tiempo! Ya lo dijo Manolo Escobar (versión libre): con tus encantos al natural estás mejor. Así que robémosle el coche a unos jipis surferos y salgamos de aquí.

Tras una rápida persecución por carretera la pelea final tiene lugar en una especie de lavadero de coches, o de camiones de basura, que de eso está lleno (de camiones, no de basura, que LA es un sitio muy limpio). La verdad es que entre tanta acción y la camisa larga de Gloria Hendry no he tenido tiempo de fijarme. El caso es que como no podía ser de otra manera, Jim Kelly se va encargando de todos los malutos, mientras la espuma crece y crece, y la sexy Gloria los remata. De hecho al final hay tanta espuma que no sé si estamos en una disco de Ibiza o si de repente van a salir los Rolling Stones cantando "It's Only Rock and Roll". Lo importante es que el fiero Black Belt se deshace de todos y se queda con la chica.

Bueno, como habéis podido comprobar, Cinturón negro es una entretenidísima cinta de artes marciales con un espectacular Jim Kelly haciendo gala de su rápidez y técnica, y con algún que otro manierismo inevitablemente heredado del estilo de Bruce Lee. Sin demasiadas pretensiones, la cinta ofrece un ritmo que no decae en ningún momento, y es de obligada visión para cualquier seguidor del cine de karatekas, aunque quizás le falte esa pátina de encanto hongkonés. También es imprescindible para los incodicionales del Blaxploitation y de las chicas desnudas con camisas de hombre encima. Y, bueno, en realidad, cualquiera debería ver esta película; ¡es realmente entretenida!

2 comentarios:

José Fernández dijo...

Un argumento de lo más solido y coherente, por lo que leo.

Möbius el Crononauta dijo...

puedes apostar tu culo negro a que sí