jueves, 26 de julio de 2012

Pánico en la calle 110 (1972)

El alcalde está de viaje, se presenta a gobernador, y el comisario está contando en un congreso de San Francisco lo bien que hacemos las cosas en Nueva York. Los dos te mandan recuerdos. Policía, haciendo el trabajo sucio de los capitostes desde tiempos inmemoriales.
 
La calle 110 es la oficiosa frontera que en Manhattan separa Harlem del corazón de Central Park, ese esplendoroso parque rodeado de glamurosos hoteles e importantes edificios de día, y que de noche supuestamente uno no ha de pisar. Puro Nueva York, vamos. Por ello no es de extrañar que el escritor Wally Ferris la usara para titular su violenta trama de gángsters, dólares y tensión racial. Todo lo cual conformaba un excelente paquete para ser usado por las productoras de cine que buscaban excitantes historias policíacas empapadas en negro con las que aprovecharse de la nueva moda comercial que estaba arrasando en los cines. Por lo tanto, no tardó en ser adaptada para la gran pantalla.

Con más conocimiento de causa (o con mejores ganas de adaptarse a la realidad) que Super Fly, la trama de Ferris dejaba más a las claras que los camellos del gueto podían tener poder, pero hasta donde los blancos les dejaban, más concretamente, la sempiterna Mafia italiana. En Nueva York, al menos. Por eso cuando tres criminales de baja estofa asaltan un piso franco donde los recaudadores italianos pasan a por su jugosa parte de las ganancias que sus subalternos de color consiguen en Harlem, el gran capo afectado clama venganza, y encarga a su yerno, cuyo único respeto le viene por ser el marido de la hija del jefe, que busque y encuentre a quienes se han atrevido a robar a la Mafia. Al mismo tiempo, en el lado de los buenos, dos polis que inevitablemente se llevan mal deberán unir fuerzas para encontrar a los ladrones antes de que lo haga la Mafia.

Pánico en la calle 110 es un estupendo policíaco que aunque puede y es metido en el saco del Blaxploitation,  no es un film arquetípico del género, aunque cuenta desde luego con muchos ingredientes del mismo: mucha presencia negra, drogas, violencia, prostitutas, calles sucias y una excelente banda sonora (en este caso a cargo de Bobby Womack, con lo que tenemos una BSO negra ineludible). Salvando las enormes distancias tanto de calidad, género, época y demás, Pánico en la calle 110 es como una cinta de acción que encierra un pequeño The Wire dentro, en el que el submundo del gueto es retratado de forma algo más realista y en el que más que las diferencias raciales, lo que subyace en la trama es esa diferencia que marca todas las sociedades, haya o no tensiones por el color de la piel: la diferencia entre poderosos y gentiles, ya sea entre poderosos mafiosos y los delicuentes comunes, o entre los jefazos políticos y los agentes de la calle. ¿Quién acaba perdiendo antes o después? De eso va Pánico en la calle 110, leyendo entre líneas de tiroteos, interrogatorios y música soul y funk.

Pánico en la calle 110 cuenta además con un reparto sólido como el granito donde hasta que los tienen pocas frases resultan más convincentes que muchas estrellas del celuloide. Empezando por su dúo protagonista, esos antagónicos policías que habrán de aprender a soportarse para evitar que se incendie el gueto. Justo es empezar por el veterano Anthony Quinn, un tipo que nunca fallaba, que hizo de todo y que incluso cuando repetía papeles nunca aburría, y que encarna en esta ocasión al capitán Mattelli, un policía de la vieja escuela que golpea primero y pregunta después, y si el sospechoso es negro golpea más fuerte, pero que es un veterano de las calles y se mueve en ellas como pez en el agua. Experiencia de la que carece el joven teniente Pope, ejemplo de las nuevas generaciones pujantes que no se apartan un ápice del código policial, y que es puesto al mando por el color negro de su piel. Pope es interpretado por un joven Yaphet Kotto (¡vamos! todos le conocéis de ese enorme peliculón que vosotros sabéis), un actor que siempre ha emanado autoridad aun sin proponérselo. En cuanto lanza su dedo índice al aire todo el mundo calla.

El tercer matador en cartel es Anthony Franciosa, a quien se le daban bien los papeles de mafioso nervioso. Junto a la tripleta estelar hay una gran cantidad de secundarios muy solventes, algunos bastante reconocibles, como el inevitable Antonio Fargas, Burt Young (claro, el de la saga Rocky, en un pequeñito papel), Paul Benjamin (a este le recordaréis sentado en las escaleras del patio de Alcatraz junto a Clint), Richard Ward (el inolvidable tuerto de Brubaker), en fin... como decía, un reparto muy sólido.

Y si Pánico en la calle 110 es imprescindible, además de por su interesante trama y guión, y sus estupendos intérpretes, es por la dirección de Barry Shear, un nombre olvidado y sepultado entre sus innumerables trabajos en televisión, donde desarrolló la mayor parte de su carrera. Quizás no llevemos su nombre tatuado en la mente, pero muchos de nosotros hemos visto su trabajo en más de una ocasión (él dirigió, por ejemplo, el episodio piloto de Starsky y Hutch, además de dirigir decenas y decenas de capítulos en series míticas como El agente de CIPOL, Ironside, McCloud, y un largo etcétera. Para Shear Pánico en la calle 110 fue una de sus pocas incursiones en el cine, y liberado quizás del formato televisivo y las censuras y exigencias de las cadenas, facturó una película policíaca de perfecto engranaje que hace que la historia se deslice bajo nuestros pies pegándonos a la pantalla en todo el momento. Quizás, y esto es desde luego una opinión muy subjetiva, todo el conjunto baile en la parte final, que en mi opinión se desliza demasiado rápido para una conclusión quizás algo insatisfactoria; como si toda la gasolina anterior no justificara esa pequeña hoguera, demasiado estándar quizás. Pero ya digo, quien opine lo contrario a lo mejor está en lo cierto, simplemente ésa fue la sensación que me dejó. Pero tal vez en un futuro visionado cambie de opinión. Lo que es cierto es que ese pequeño bajón no empaña para nada todo lo anterior, y es que estamos hablando de un envidiable producto policíaco 70s.

No lo duden, Pánico en la calle 110 es una peli que hay que ver.

6 comentarios:

El Bueno de Cuttlas dijo...

Tanta diversidad racial seguro que haría las delicias del inspector Harry Callahan y su inseparable magnum. Lástima que le pillara en la otra costa del país.

Un saludo

Agente Cooper dijo...

Qué ganas de revisitarla!!! Me parece además uno de los mejores, y poco ponderados, trabajos del bueno de Anthony Quinn.

Saludos.

Agente Cooper dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mr. Lombreeze dijo...

¡Esta la he visto!. La verdad es que la vi porque salía Anthony Quinn. La peli tiene esa virtud que apuntas, la de que no solamente los pobres son los malos de la película. Hay un momento que lo dicen ¿verdad?, lo de que "los blancos solamente venís a Harlem para hacer negocios" o algo así. Como cuando Wesley Snipes dice en New Jack City que "no hay uzis made in Harlem"
No es que sea mala, pero muy buenta tampoco es.
Cuando hablas de Yaphet Kotto estás hablando de Brubaker, no? jajajjaa

Off-topic: I love Cuttlas.

El Bueno de Cuttlas dijo...

Muchas gracias, afortunadamente Calpurnio es generoso y me deja salir de sus viñetas para ver películas. Ser un héroe del cómic no es fácil...

37!

Möbius el Crononauta dijo...

El Bueno de Cuttlas: sí, estaba ocupado el pobre.

Agente Cooper: Anthony está poco ponderado por regla general

Mr. Lombreeze: sí, algo así dicen. Pues hombre, no es El padrino, pero yo creo que está bastante bien. Jaja claro, ¡Brubaker! ¿Cual si no?
pues mira que yo nunca le he pillado el punto.

EBDC: ¿37?