viernes, 13 de julio de 2012

La gran evasión (1963)


La gran evasión era uno de esos títulos que se podrían contar con los dedos de la mano (aunque si me pongo a pensar detenidamente, igual me faltarían manos) que paralizaban todo mi mundo cuando los echaban por la tele, normalmente en aquellas míticas tardes cinematográficas de los sábados (Primera sesión, por ejemplo) en que a uno lo bombardeaban con westerns (por entonces, pelis de vaqueros), aventuras, cine bélico, y de vez en cuando algún thriller setentero molón. Desde luego estoy seguro de que aquel cine tuvo que ver en que a muchos nos guste leer sobre la Segunda Guerra Mundial, apreciemos el caso de Darth Vader y consideremos la notable labor de los sastres germanos. Y es que La gran evasión lo tenía todo: los malvados alemanes, los héroes listos, toques de humor, drama, acción, giros de la trama curiosos pero tremendamente efectivos (¡un falsificador de documentos que pierde la vista! ¡un cavador de túneles claustrofóbico! ¡el Gran X!), y claro está, ¡una persecución en moto inolvidable! Cine a lo grande, amigos.

La gran evasión fue otro gran producto nacido de ese feliz acuerdo entre la United Artists y la productora Mirisch Company, propiedad de los hermanos Mirisch, para quienes, por ejemplo, Billy Wilder había rodado algunas de sus mejores películas. En 1960 de la mano del gran John Sturges, productor y director del que no se habla demasiado pero cuyas películas suelen ser recias como el mármol, la Mirisch había cosechado un enorme éxito con Los siete magníficos. Como suele suceder en estos casos, decidieron sumar dos más y dos y encargar a Sturges otra cinta de acción con un notable reparto de estrellas masculinas de las que no se sentirían a gusto en una fiesta de Rock Hudson.

Desde la segunda mitad de los 50 el cine bélico había comenzado a tener un nuevo auge que no se veía desde los tiempos de la guerra, y la década de los 60 y primeros 70 iba a conocer una Edad Dorada de las películas de guerra. El exitazo en 1962 de El día más largo, junto a la popularidad de otros títulos bélicos, no hizo sino confirmar esa tendencia. Era lógico pues que en la Mirisch se decidieran por ubicar su nueva gran superproducción en la Segunda Guerra Mundial, aunque decidieron darle su particular toque, centrando la trama no en el frente, sino en un campo de prisioneros, al estilo de El puente sobre el río Kwai, pero más centrado en la acción.

Para elaborar el guión se tomó como referencia el libro de Paul Brickhill The Great Escape, que narraba hechos reales acaecidos en 1944, cuando 76 prisioneros aliados (británicos mayormente, y gente de la Commonwealth) se evadieron del campo de prisoneros Stalag Luft III, aunque los planes eran que se hubieran escapado bastantes más. Desde luego el punto de partida no podía estar mejor elegido. El libro ya había llamado la atención de Sturges años atrás, cuando trabajaba en la MGM, pero a Louis B. Mayer no le pareció una historia demasiado rentable. El guión se encargó a James Clavell (¿recuerdan Shogun? Hablé de ella hace mil; cómo pasa el tiempo, ¡el pájaro canta! Ups lo siento me salió un haiku) y W.R.Burnett, quienes se encargaron ¡ejem! de dar algo más de peso a los personajes norteamericanos, y es que los verdaderos prisioneros yanquis fueron trasladados antes de poder contribuir tanto como los consumidores de té. Y claro, si pagan los norteamericanos, tiene que haber personajes de la patria. De todas formas en general la película fue bastante fiel a los hechos, cuidándose mucho la ambientación y ciertos detalles, aunque por razones de narrativa los personajes eran por lo general un batiburrillo de varios personajes reales, cuando no eran directamente inventados (¡me temo que no hubo ningún motero en aquella fuga!).

Con nuevos personajes norteamericanos que satisfacieran al público yanqui el reparto comenzó a completarse con algunas estrellas estadounidenses de peso como James Garner o el inefable Steve McQueen, quien para su participación hizo una de sus habituales "sugerencias", pidiendo una secuencia donde pudiera desplegar sus habilidades con una motocicleta. Sturges contó, además de McQueen, con otros actores que se habían dado a conocer con Los siete magníficos como Charles Bronson o James Coburn. Por los británicos ponían sus rostros Richard Attenborough y Donald Pleasance, además de algún secundario de carácter como Gordon Jackson. En el bando alemán quien más destacaría sería Hannes Messemer, ideal para interpretar al gallardo y comprensivo comandante del campo de prisioneros, Von Luger. 

El rodaje iba a tener lugar en California, pero problemas sindicales para contratar a extras que no fueran de Los Angeles llevaron a Sturges y sus ayudantes a buscar escenarios en Alemania. Finalmente encontraron unos estudios cinematográficos en Baviera, rodeados por bosques, en los que había además un gran claro donde poder levantar una réplica del Stalag Luft III. Definitivamente era el sitio ideal, así que el equipo se trasladó a Europa para rodar el film, con algún ex-prisionero ejerciendo de asesor técnico.

Donald Pleasance, que había servido en la RAF durante la Segunda Guerra Mundial, y que había sido derribado y hecho prisionero, se acercó en algún momento del rodaje a Sturges para darle algún pequeño consejo. El director se deshizo de Pleasance sin demasiados miramientos, pero cuando alguien le comentó que el pobre Donald había pisado un verdadero Stalag Luft, Sturges no dudó en consultarle a partir de entonces. El futuro Sam Loomis no fue el único que tenía experiencias reales en la guerra; varios de los actores lo bastante veteranos (al fin y al cabo apenas habían pasado veinte años desde entonces) habían conocido de cerca los campos de batalla. Por ejemplo Richard Attenborough también había volado en la RAF, aunque sin duda quien peor lo había pasado había sido Hannes Messemer, que había servido en el Frente Oriental y había conocido de primera mano la "hospitalidad" de los campos de prisioneros soviéticos. Pero en general los intérpretes trataron de servirse de sus experiencias personales para enriquecer sus personajes. Sin ir más lejos Charles Bronson, que interpreta al experto cavador de túneles Danny, sabía bien lo que es cavar, habiendo trabajado como minero en su juventud, experiencia que le dejó, sin ir más lejos, un trastorno claustrofóbico. James Garner parece que durante la Guerra de Corea había llevado a cabo una a labor similar a la de su personaje Hendley, el "conseguidor" de cosas. Y por último estaba Steve McQueen y sus motos. El bueno de Steve realizó todas sus correrías en moto él mismo, salvo el célebre salto a la valla, que intentó para convencer a Sturges de que le dejara hacerlo pero falló, por lo que se encargó el doble y experto en motos que había sido traído para la ocasión, Bud Adkins, quien se iba a convertir en el doble habitual de McQueen y amigo personal. Al menos no todos podían presumir como él de haber nacido un 24 de marzo, el mismo día en que la fuga tuvo lugar.
Vodka patatero, pruébenlo el próximo 4 de julio
Ahí va otra anecdotilla, dedicada a quienes vean afanes recaudatorios en las multas de nuestros defensores de la ley. Pues por lo visto la policía alemana no es ajena a esas pequeñas diversiones, y decidió montar un control de velocidad a las afueras de los estudios de Baviera. Por supuesto fueron varios los intérpretes y miembros del equipo que fueron atrapados y multados, aunque por supuesto quien se llevó la palma fue Steve McQueen. No sé que a velocidad debía conducir, pero pasó una noche en el cuartelillo. O con su fama ancestral de tacaño sería que se negó a pagar la multa.

En fin, supongo que se podría hablar mucho de una película como La gran evasión, donde desde el arranque hasta la conclusión la historia te atrapa y ya no te suelta, con una emoción que no decae y unos personajes excepcionalmente cincelados,y donde la tensión da paso a la comedia, y luego al drama, y luego la tensión vuelve, ¡y entonces McQueen es llevado a la "neverra" donde juega con su guante y pelota de béisbol! Y hay túneles bajo estufas y aliviaderos, y desaparecen los maderos de las camas, y luego más y más tensión, y acción, y aventuras, y alemanes enfadados.

Diablos, es La gran evasión. Si no les gusta, ya saben donde acabarán: ¡neverra!

3 comentarios:

PEPE CAHIERS dijo...

Imprescindible en el género, bueno en cualquier género.

Mr. Lombreeze dijo...

John Sturges fue un maestro.
Messemer también tenía experiencia en otra cosa: en hacer de carcelero alemán. Lo hizo estupendamente bien en El General della Rovere, de Rossellini (el doblaje de su voz en castellano es un descojone, por cierto).
Estupendo post Moebius, eres el mejor resumidor de películas de la blogosfera conocida (por mí).
Sobre La Gran Evasión.., pfff, qué se puede añadir a estas alturas.., pues eso, Primera Sesión o Sábado Cine, ojos de crío flipando con los prisioneros y sus falsos bolsillos soltando tierra por aquí y por allá. Mítica.

Möbius el Crononauta dijo...

Pepe Cahiers: desde luego

Mr. Lombreeze: mmm El general della Rovere. Trataré de dar con ella.
Jaja gracias. Lo más grande de cosas como lo de los bolsillos es que sucedió realmente. Increíble.