viernes, 1 de junio de 2012

Danzad, danzad, malditos (1969)

En 1935 se publicaba They Shoot Horses, Don't They?, escrita por Horace McCoy. Era una de esas novelas que pasaban desapercibidas hasta que los franceses se la redescubrían a la crítica norteamericana. La novela era una gran metáfora de lo absurdo de la vida cuando ésta no parece conducir a ningún sitio, y de la creciente deshumanización en una sociedad industrial que tras entrar en crisis parecía haber reducido al individuo a un pequeño número, a una pequeña pieza de la maquinaria. 

En 1969 Sidney Pollack, actor y director, se decidió a llevarla al cine en una época de liberalismo crítico en Hollywood que supo aunar entretenimiento e intelectualidad en muy diversas formas. Al fin y al cabo parecía que tanto en 1935 como en 1969, o como hoy mismo, el ciudadano parecía estar encerrado en un contínuo círculo, como el de una pista de baile, yendo de casa al trabajo y del trabajo a casa, perdiendo la salud y la felicidad por un premio que nunca parecía llegar. Para su adaptación Pollack contó con el joven talento de Michael Sarrazin (¿dónde andará este hombre?) y la combativa Jane Fonda, que venía de rodar Barbarella (decididamente esto es un contraste de roles).

 Danzad, danzad, malditos nos transporta a los días de la Gran Depresión, la era en que todos los sueños nacían rotos y la gente hacía lo que fuera con tal de sobrevivir. Así pues los populares maratones de baile se han convertido, en manos de promotores con pocos escrúpulos, en espectáculos sórdidos donde los concursantes, explotados por el sueño de un suculento premio, son llevados al límite para el deleite de aquellos que son un poco menos pobres, y pueden, por tanto, pagar una entrada para ver a alguien sufriendo más que ellos. La trama arranca cuando un tal Robert (Sarrazin) llega, vagabundeando, a un  hotel en la playa, donde casi sin comerlo ni beberlo acaba de pareja de Gloria (Fonda), una mujer bella pero dura, y con un pasado oscuro y presumiblemente difícil, que como tantos otros busca el gran premio en metálico para comenzar una nueva vida. Un abigarrado y extraño grupo de personas se irán colocando por parejas para bailar sin parar, salvo unos breves descansos, durante días, hasta que poco a poco se vaya eliminando a los rivales. 

Con un guión directo y sin concesiones bajo el brazo Pollack puso en marcha su inestimable dote para el ritmo cinematográfico creando un pulso de principio a fin que el espectador no puede rechazar, realizando curiosas piruetas técnicas para hacernos formar parte de la acción, especialmente durante las crueles carreras a que someten de cuando en cuando a los concursantes. Estas escenas conforman sin duda varios de los momentos álgidos y vibrantes del film, con la cámara entrando a formar parte de la velocidad y la locura del espectáculo como un concursante más, o bien convirtiéndose en un frío testigo del dolor y la repugnancia cuando la imagen se ralentiza y vemos a los concursantes totalmente deshumanizados, convertidos en meros galgos o caballos explotados. 

No cabe duda de que Pollack fue de los mejores directores de su tiempo, y a sus órdenes tanto Sarrazin como Fonda pudieron dar lo mejor de sí mismos. La hija del mítico Henry consiguió la que seguramente fuera su mejor interpretación hasta la fecha, con un papel difícil pero de esos que al mismo tiempo pueden ser una golosina para el actor o actriz que lo interpreta. Ciertamente pocas veces estuvo Jane tan cerca de su padre. Junto al dúo protagonista cabe destacar a grandes secundarios como Red Buttons (inolvidable en su papel de veterano marino), Gig Young (magnífico manipulador en el film), el entrañable Al Lewis, una preciosa Susannah York que ofrece una interpretación impactante y desgarradora, y dos por entonces jóvenes promesas, el inquietante Bruce Dern y Bonnie Bedelia (¡sí, la esposa de John McLane!).

En resumen, Danzad, danzad, malditos tiene los ingredientes de un clásico atemporal, ofreciendo grandes actuaciones, un buen guión y una poderosa dirección a cargo de Sidney Pollack. Sin duda, una de esas películas que hay que ver tarde o temprano.

4 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Que no falten bailes

Ginebra dijo...

Me parece una película estupenda. Me gusta especialmente Sidney Pollack, su cine, su visión de las cosas y su forma de contarlas.

El Bueno de Cuttlas dijo...

Gran película con un par de protagonistas estupendos y secundarios de lujo. Una especie de "Rollerball" pero en el pasado, pero con la constancia de que este tipo de concursos sádicos existieron de verdad. Sidney Pollack en todo su esplendor.

Un saludo

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: ni los malditos

Ginebra: Sidney Pollack, cine comprometido de calidad

El Bueno de Cuttlas: Sidney sabía lo que se hacía, desde luego.