miércoles, 20 de junio de 2012

Bullitt (1968)

En octubre de 1968 Bullitt, la última superproducción policíaca de Hollywood, llegaba a las pantallas estadounidenses. Algunas semanas después, el 20 de diciembre, Betty Lou Jensen y David Faraday eran tiroteados en el coche de la madre de éste. La conexión entre estos dos hechos estribaba en Dave Toschi, un duro inspector del Departamento de Policía de San Francisco que muy pronto iba a verse inmerso en la gigantesca caza de "Zodiac", el misterioso asesino en serie que aterrorizó la Bay Area durante aquel final de década.

Bullitt formaba parte de un acuerdo de seis películas que Steve McQueen, mediante su productora Solar Productions, había firmado con la Warner. Dos serían protagonizados por el astro, y en el resto ejercería simplemente de productor. Bullitt iba a ser la piedra de toque del acuerdo, y en un principio McQueen no iba a participar en el proyecto. El tratamiento de Bullitt, basado en la novela Testigo mudo, era uno de esos guiones que habían pasado de mano en mano sin que llegara a concretarse su realización. En manos de McQueen la película había de convertirse en algo distinto, un film policíaco alejado de los clichés del género.

Cuando el guión de Bullitt cayó en manos del productor del fim, Philip D'Antoni, la trama, pero sobretodo el personaje, eran distintos (¡se había pensado en Spencer Tracy para interpretar el papel del policía! Su muerte supuso la cancelación del proyecto). Como un antiguo joven rebelde que había sido, McQueen no sentía demasiado aprecio por la policía, y desde luego no estaba interesado en interpretar a uno. Pero D'Antoni vio en la historia un vehículo perfecto para McQueen, y su amigo y productor ejecutivo Robert Relyea estaba de acuerdo. La estrella siguió sin considerar demasiado el asunto, pero dado que era su productora la que iba a realizar el film debía implicarse en el proyecto, lo que le llevó a conocer a algunos policías auténticos que cambiaron su perspectiva sobre las cosas. Tan sólo restaba introducir una vibrante escena de persecución en el guión para que McQueen acabara por aceptar el papel. 

Con el actor dispuesto a interpretar el personaje principal todo el proyecto cambió. Se aumentó el presupuesto, McQueen eligió al británico Peter Yates como director (por el enfoque más veraz que había dado a la persecución de El gran robo)  y también se encargó de tratar de fichar a profesionales conocidos con los que se sintiera cómodo, como su amigo actor Don Gordon. Dado el perfil realista que quería darle a la película, tanto McQueen como Gordon comenzaron a asesorarse de la mano de la Policía de San Francisco, escenario elegido por Yates y McQueen para situar la acción del film, tras muchas discusiones con la Warner, que insistía en utilizar más decorados e interiores, o en todo caso recurrir a Los Ángeles. Fue durante ese trabajo de preparación cuando McQueen coincidió con el carismático agente de la ley Dave Toschi, inconfundible por su afición a llevar pajaritas y su pistolera especialmente diseñada para desenfundar rápido su revólver. El inspector impresionó lo bastante a McQueen como para decidirle a basar su personaje en la figura de Toschi; (no sería el único; Harry Callahan y Steve Keller vendrían después), pistolera al hombro incluída.

Durante su aprendizaje Gordon fue llevado a una redada por drogas, enfundado en chaleco antibalas y con identificación propia. Cuando metieron a un sospechoso en el coche policía al que estaba asignado, el detenido tomó al actor por un policía; o más bien hizo uso de la cantinela que debía decir a todos los policías: "desde que la última vez que me detuviste me he portado bien". McQueen también tuvo alguna anécdota que contar. Un par de policías a los que fue asignado, seguramente hartos de tener que lidiar con estrellitas insufribles de Hollywood que luego parecían no haber aprendido nada de lo que era ser un garante de la ley, comenzaron el aprendizaje de McQueen llevándole a un depósito de cadáveres. Allí se dieron cuenta de que el actor no era una estrella más, por lo que comenzaron a apreciarle mejor.

Tras fichar a la preciosa Jacqueline Bisset como la contrapartida más humana del duro policía, McQueen se dirigió al actor Robert Vaughn, conocido sobretodo por Los siete magníficos y por su extenso trabajo en televisión (especialmente como Napoleon Solo en El agente de CIPOL), para que interpretara al oscuro político Chalmers. Vaughn, poco inclinado a interpretar villanos en esa etapa de su carrera, y poco impresionado por el guión, rechazó la oferta. Tan sólo acabaría cediendo tras la insistencia de Steve y un suculento sueldo por parte de la Warner.

Una de las razones por las que Yates había querido rodar fuera de Los Ángeles es porque todas las historias policíacas de Hollywood parecían tener lugar allí. Por razones presupuestarias tampoco podían irse demasiado lejos. Y para lo que McQueen quería para su escena automovilística una ciudad como San Francisco, con sus calles serpenteantes, sus cambios de rasante y sus cuestas, se antojaba perfecta. De hecho se antojaba tan perfecta que resultaba extraño pensar en que a nadie se le hubiera occurido rodar allí antes alguna persecución de coches. Pero lo que la estrella tenía en mente no se parecía a ninguna persecución de coches que uno hubiera podido ver en las películas.

Si por algo es recordada Bullitt es por su increíble persecución automovilística a través de las calles de San Francisco que acababa desembocando en la carretera. Steve McQueen quería rodar la mejor persecución que nadie hubiera visto, y a fe mía que lo consiguió. Y si no es la mejor, aun hoy debe permanecer desde luego en el podio de las mejores. El actor, con su ferviente pasión por el mundo del motor, no quiso ni oir hablar de rodar la escena usando viejos trucos como variar la velocidad de grabación para que luego la sensación de velocidad fuera mayor. McQueen quería velocidad auténtica, y para ello se preparó junto a un formidable equipo de dobles y especialistas (la estrella se encargó de tener a los mejores del ramo) llevando el Ford Mustang 390 GT 2+2 Fastback que debía conducir (la Warner había firmado una especie de patrocinio con la Ford) a alguna carrera para familiarizarse con el vehículo. El que sería su oponente, el especialista conductor Bill Hickman (sí, el inolvidable tipo de las gafas) hizo lo mismo al mando de su Dodge Charger. Para la película se utilizaron una pareja de Mustangs y otra de Chargers. Tan sólo uno de los Mustangs sobrevivió al rodaje. 

La estrella quería, por supuesto, rodar todas las escenas de la persecución. El estudio y su primera esposa, Neile Adams, pensaban distinto. Cuentan que para lograr que Bud Edkins, el doble habitual de Steve, rodara las escenas más peligrosas, recurrieron a un engaño, convocando a la estrella más tarde de lo habitual al rodaje. Para cuando llegó Edkins ya había rodado todo lo que suponía un gran peligro. Cuentan también que el cabreo de McQueen es de los que se recuerdan. Desde luego aquel no fue un buen día para trabajar llevándole café al king of cool

El riesgo no fue la única razón para que pensaran en dejar a McQueen fuera de las escenas más excitantes. En su primer día de rodaje en las calles de San Francisco (la secuencia entera, de unos 9 minutos, tardó en rodarse tres semanas) el actor se equivocó en uno de los giros, por lo que tuvo que dar marcha atrás quemando rueda para reemprender la persecución. El error fue lo bastante cinematográfico como para que acabara en el montaje final, pero con lo complicado que iba a resultar de por sí rodar toda aquella locura de persecución, decidieron que era mejor que los conductores profesionales se encargaran del asunto.

Conseguir los permisos para rodar en San Francisco no fue fácil, dadas las altas velocidades que los coches, trucados por el experto Max Balchowsky, iban a alcanzar. Finalmente las autoridades dieron permiso para rodar en unos pocos bloques, aunque al parecer luego simplemente asignaron un par de policías a la seguridad, con lo que en cierta ocasión un niño de cinco años estuvo a punto de colarse en una de las calles. A partir de entonces decidieron tener a más especialistas metidos en coches con los que formar una barrera de protección si algo salía mal. 

Finalmente nada salió mal, y Peter Yates, los especialistas y los cámaras se esforzaron en hacer realidad los sueños de McQueen ideando ángulos extraños e imposibles, tomas excitantes, reflejos en los espejos, y demás. El esfuerzo no sólo hizo de la persecución de Bullitt un hito de las escenas automovilísticas en Hollywood, sino que sentó precedentes estilísticos para todas las persecuciones de coches que habrían de venir, haciendo de San Francisco la ciudad ideal para las persecuciones urbanas, y valiéndole un Oscar a Frank P. Keller, cuyo montaje debería formar parte de la asignatura de cómo rodar persecuciones en las películas.

De hecho la persecución fue tan buena que restó protagonismo a todo lo demás, incluyendo la propia trama de la película, que personalmente no creo que sea poco interesante, aunque podría haberlo sido más, pero da la impresión de que teniendo esa secuencia de coches no hacía falta profundizar en ella mucho más. De todas formas ahí teníamos de nuevo al gran Steve McQueen llenando la pantalla con su increíble carisma, popularizando de paso entre los policías la pistolera al hombro (a partir del estreno del film una empresa comenzó a fabricarlos en serie). Su personaje melancólico y parco en palabras se había hecho a la medida de Steve, quien no solía dar grandes parrafadas, sustituyéndolas por su poderosa mirada. Siendo grandes amigos en la vida real, la estrella se complementó a la perfección con Don Gordon, que en el film interpretaba a su compañero custodio de la ley. Una preciosísima Jacqueline Bisset interpretaba a la novia de Bullitt, convertida también en la conciencia del callado policía, y Robert Duvall se dejaba ver en un pequeño papel de taxista. Robert Vaughn resultó ser un malo tan excelente que acabaría llenando su filmografía de personajes inquietantes y siniestros. En el trasfondo de la historia, como un personaje más, quedaba la bella San Francisco, con sus casas bajas y sus muchas cuestas (como dato curioso, quien desee visitar el apartamento de Frank Bullitt lo encontrará en la intersección de las calles Taylor y Clay). A todo el conjunto hay que añadir, por supuesto, la excepcional banda sonora de uno de los grandes de aquella era, Lalo Schifrin, cuyas composiciones marcaron época, especialmente en el género policíaco.

Bullitt, un buen policíaco que recordamos porque su protagonista era Steve McQueen, y porque su secuencia de coches persiguiéndose es la Capilla Sixtina de las persecuciones cinematográficas. Desde entonces siempre he querido un Charger o un Mustang Fastback, o en su defecto el póster de la película en mi cuarto. De momento no tengo ninguno. ¡Y encima esos jerseys no me quedan bien!

5 comentarios:

Nocivo dijo...

Tras leer la entrada me han dado ganas de volver a verla.

Agente Cooper dijo...

Cómo me identifico con el último parrafo!!! jeje

Fanny Riffel dijo...

Peliculón.
Un seleccionado de realizadores entre actores y detrás de cámara,incluyendo a mi genial paisano Schifrin.

El Bueno de Cuttlas dijo...

Yo además a lo que comentas en el último párrafo también añadiría tener una novia como Jacqueline Bisset... Creo que eso sería el lote compelto.

Gran película, mítica cinta.

Un saludo

Alí Reyes H. dijo...

?Habrá una relación entre este personaje y Janes Bon?