martes, 8 de mayo de 2012

La dama de Shangai (1947)

La carrera de Orson Welles como director al uso (algo que nunca fue, pero al menos cuando más se asemejó a algo así) en la era de los grandes estudios, es decir una carrera de alguien que rueda películas con cierta continuidad conformado algo así como una trayectoria profesional, podría reducirse a Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento. Tras sus cintas de culmen artístico pero espantosa recaudación en taquilla y sus locas excentricidades que incluían documentales de un millón de dólares sobre el Carnaval de Rio (imaginad, el gobierno estadounidense queriendo rodar un simple documental sobre Rio, sus fiestas y sus gentes como gesto de buena voluntad por la contribución de Brasil a la guerra, y Welles saliéndose del presupuesto continuamente siguiendo la historia de cuatro pescadores que reivindicaron sus derechos laborales, todo a costa de cheques del gobierno y de la RKO) el bueno de Orson entró en su etapa cinematográfica de carrusel y tiovivo de la que nunca acabó de salir, aunque por el momento permaneció en Hollywood como director independiente.

La razón tras la La dama de Shangai fue la usual en la carrera del Welles repudiado por la RKO: recaudar dinero para tapar agujeros en cualquier de sus múltiples y, con frecuencia, ruinosos proyectos, en esta ocasión una obra teatral en Nueva York cuyo vestuario no había podido costear. Muy al estilo de Welles, el director decidió recurrir nada más y nada menos que a Harry Cohn para que le echara una mano, cuando en 1943 al jefazo de la Columbia se le habían llevado todos los diablos porque Orson se había casado con la gran estrella femenina del estudio, Rita Hayworth, y ya se sabe que una estrella sexy casada se devalúa muy rápidamente. Ya fuera porque Orson se mostró muy persuasivo, o porque curiosamente la última peli que había rodado (El extraño) había funcionado muy bien en taquilla, o para no hacer enfuruñarse a la Hayworth, el caso es que Cohn aceptó tenderle la mano a Welles y contratarle para una película, con la condición de que a cambio el director colaborara gratis en una película del estudio. Pero por lo que sé lo siguiente que hizo Orson fue rodar Macbeth y largarse a Europa, así que supongo que Cohn se debió quedar con un palmo de narices. Aunque me temo que el capo de Columbia no habría vuelto a dejarle dirigir ni aunque el propio Welles le hubiera pagado por ello.

Sobre cómo se eligió la novelilla que sirvió de base para La dama de Shangai circulan varias historias. Se dice que los derechos de If I Die Before I Wake los tenía en su poder el director y productor William Castle, preparado para rodarla para la Columbia, y que Orson le convención de que se la cediera a cambio de participar como productor asociado. Según la teatral versión del propio Welles, el director simplemente escogió el primer libro que tuvo a mano mientras Cohn le preguntaba por teléfono de qué iba a ir la película para la que le pedía el dinero.

La idea era rodar un film noir rápido y barato sin demasiados riesgos, una cinta de bajo presupuesto que pudiera hacer dinero fácilmente. Welles tenía en mente rodar cine negro de forma semidocumental, al estilo de los noticieros bélicos de la Segunda Guerra Mundial, con la esplendorosa Barbara Laage como protagonista. Si además planeaba cortejar a la actriz, Harry Cohn se encargó de chafarle el plan exigiendo que el papel protagonista fuera para su gran estrella, Rita Hayworth, de quien Welles llevaba separado un tiempo. El director tuvo que ceder a las presiones de Cohn, y para la ocasión Orson y Rita decidieron reconciliarse, aunque su relación estaba condenada y no iba a durar mucho más allá del rodaje de la película. Evidentemente con Rita Hayworth como máxima estrella el presupuesto creció en consecuencia, lo que en el caso de Orson era como dar alcohol al alcohólico.

Welles se lanzó con su entusiasmo habitual a escribir uno de sus complejos guiones (no la he leído, pero me pregunto si en algun momento tuvo en cuenta la novela original), de esos que cada página de guión que llegara a la mesa de Harry Cohn le haría replantearse si no habría llevado una existencia más serena dedicándose a la doma de rinocerontes (fuera de crédito supongo que los nombres de William Castle y dos tipos se deben a los arreglos que debió meter el magnate posteriormente). De hecho durante todo el rodaje Welles volvió loco al reparto reescribiendo el guión cada día, con lo que muchcas veces los diálogos que se habían aprendido no servían para nada. 

El rodaje comenzó a finales de otoño de 1946 en Acapulco, donde pasaron 35 días rodando exteriores y aprovechando el yate que Errol Flynn les dejaba en sus ratos libres. Durante su estancia en Méjico Rita cayó enferma y el rodaje hubo de posponerse un mes, lo que significó rumores insidiosos y mala publicidad para Orson, cuya fama para dilapidar presupuestos era ya legendaria. Sin embargo tras la recuperación de Rita el rodaje fue bastante bien y finalizó en San Francisco a principios de 1947. 

Pero por supuesto Orson no sería Orson si no se hubiera metido en problemas con el estudio. Hacia el final del rodaje el director exigió a un ejecutivo de la Columbia, Jack Fier, que hiciera repintar un decorado para el siguiente lunes en que se debía reeprender el rodaje. Fier le dijo que aquello era imposible debido a las normas del sindicato de pintores, amén de que hacerles trabajar en sábado les costaría un ojo de la cara. Ante la negativa Welles y unos amigos fueron el sábado al estudio y repintaron ellos mismos el decorado. Como venganza Orson dejó un mensaje a los pintores parodiando la mítica máxima del presidente Roosevelt durante la Depresión: All you have to fear is Fier himself. Cuando llegaron el lunes los pintores entraron en cólera y el estudio se vio obligado a llegar a un acuerdo económico con ellos que descontaron del sueldo de Welles. Además Fier se tomó la revancha haciendo pintar un cartel donde se podía leer All's well that ends Welles.

Pero el verdadero encontronazo tuvo lugar con Harry Cohn. Seguramente al jefazo de Columbia poco le podía importar que Welles considerara que el estupendo secundario de carácter Everett Sloane debiera llevar muletas porque según el director estaba oxidado por trabajar en la radio y no se movía bien frente a la cámara, y aun habría aceptado a regañadientes los costes de algunos de los extravagantes decorados que había metido Orson en la película, pero cuando Cohn vio a su Rita con el pelo rubio, y aún peor, sin esa melena que por sí sola había llenado los cines en más de una ocasión, casi se muere del susto. Y una vez más, el hombre de estudio con números en la cabeza no pudo asimilar el montaje final de Welles exento de romanticismo y repleto de humor negro y una agria visión sobre la humanidad aunque al final ganaran los buenos.
Si se ha perdido, mire el plano: Ud. está en una película de Orson Welles

Ya que no podía añadir digitalmente una peluca a Rita (de haber tenido la tecnología de hoy seguro que lo habría hecho) Cohn exigió varios cambios: ordenó a Welles que rodara más primeros planos "románticos" de la Hayworth, que añadiera una escena donde la estrella cantara (algo que no podía faltar en ningún film de la actriz) y que insertara algunas escenas más explicativas que ayudaran a clarificar la enrevesada trama. Lo peor para Orson fue que Cohn ordenara además grabar una nueva banda sonora más romántica y al uso, alejándose del eclecticismo del director, y eliminando todo aquello que pudiera parecer confuso, con lo que casi una hora del montaje final de Welles se fue a la basura, cercenando, según el propio Orson, la climática secuencia final en la feria.

La dama de Shangai dista de ser perfecta, en algún tramo adolece quizás de un ritmo más consistente (¿a quien culpar, a Welles o al estudio?), al menos en comparación con otros clásicos del género de la época, aunque muchos de ellos estaban asentados en guiones más sólidos. Pero no creo que se puedan poner muchos más peros a una película de este calibre técnicamente fabulosa y absorbente, con esos planos fascinantes en los que, como dijo alguien, la cámara nunca está donde debería estar, pero en los que en el efectismo se fusiona con encuadres que nos situan a cada personaje no sólo en la acción sino en su interactuación con el resto de personajes y con la misma trama del film. Además, está esa icónica secuencia en el clímax del film, que Welles nunca llegó a apreciar porque Cohn había eliminado otra anterior que para el director era el verdadero tour de force de la película. No sé como sería esa otra secuencia, pero desde que la vi por primera vez ya hace mucha nunca he podido olvidar ese momento.

El reparto funciona también excelentemente, con el propio Welles ejerciendo de héroe perdedor y misántropo, algo que se le daba muy bien, y Everett Sloane convertido en un excelente ser oscuro y retorcido como sus piernas. Glenn Anders, un tipo al que no recuerdo haber visto nunca en otra parte, fascina con su sudorosa interpretación a medio camino entre un avaricioso buscatesoros en Sierra Madre y un dibujo de Looney Tunes. Y por supuesto una chocante Rita Hayworth rubia platino que sigue desprendiendo sensualidad por los cuatro costados (y vaya costados, sus escenas en traje de baño son infartantes), y que tuvo en La dama de Shangai la que me atrevería a decir que fue su mejor interpretación, jugando sus cartas de esposa inocente y mujer fatal.

Dicen que en gran parte La dama de Shangai no triunfó en Estados Unidos por el corte de pelo de la Hayworth. Fuera ésa la razón o no, lo cierto es que la película sigue siendo una excelente muestra del cine negro de los 40 en versión Orson Welles, y el paso del tiempo la ha ido poniendo en el lugar que merece. Aunque, por otra parte, debo confesar que estoy de acuerdo con Cohn y el público americano de entonces en una cosa: Rita Hayworth sin su esplendorosa cabellera no es lo mismo. Sigue fascinando, claro, pero no sé yo...

6 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Apuntada para la época del desempleo.

4 strongs winds and 7 seas dijo...

Rita era una diosa y Orson un mago!Ambos juntos fue dinamita pura!Esa escena de los espejos es para siempre a la gloria del cine.De rodillas!
Un abrazo
Tsi/Jesse

Cinemagnific dijo...

Oh, Dios, que puta obra maestra! Y vivan los espejos!!!!!!!!!

Félix S. Trabanco dijo...

Me gusta este film, pero tengo que confesar que el cine negro clásico de los años 40 y 50 no es uno de mis géneros favoritos. Prefiero el cine negro que empieza con EL PADRINO, es decir, el cine de gangsters. No obstante, si bien es cierto que de Welles disfruto más sus thrillers (EL EXTRAÑO), sus adaptaciones de Shakespeare (MACBETH, CAMPANADAS A MEDIANOCHE)o los dramas (CIUDADANO KANE), este film es imprescindible para cualquier cinéfilo que se precie.

Möbius el Crononauta dijo...

supersalvajuan: esperemos que dure poco

4 strong winds: desde luego lo has descrito bien en unas cuantas palabras.

Cinemagnific: ¡que vivan!

Félix: hombre cine de gángsters ya habían. No sé, El padrino es colosal, pero también los hay en el cine negro clásico. De todas formas hay que ver La dama de Shangai de todas todas.

Félix S. Trabanco dijo...

Si, ya se que había cine de gangsters, pero es que a mi una peli como SCARFACE de Howard Hawks...¡que quieres que te diga!
Prefiero el material posterior.
Por supuesto que me gustan RETORNO AL PASADO, ATRACO PERFECTO, EL SUEÑO ETERNO, SED DE MAL, GLORIA (a esta última yo la considero más un melodrama, o un film de misterio que cine negro), pero en fin, del cine de aquellos años prefiero otros géneros.