jueves, 5 de abril de 2012

Desde Rusia con amor (1963)

El éxito de Agente 007 contra el doctor No (en el blog, aquí) animó a la United Artists a encargar más películas de James Bond al dúo de productores Albert Broccoli y Harry Saltzman. El estudio dobló el presupuesto a dos millones de dólares, ofreció jugosos extras a Sean Connery, quien de golpe y porrazo se había convertido en una estrella internacional, y se abría ya la puerta a un tercer film si todo marchaba bien. El rodaje iba a complicarse más de la cuenta, pero el segundo título de la saga del famoso agente secreto haría de James Bond un personaje inmortal, confirmando que lo que la productora Eon y la United Artists tenían entre manos era un juguete muy lucrativo.

Después de que la quinta novela de Ian Fleming sobre James Bond From Russia with Love apareciera en la lista de libros de cabecera de John F. Kennedy los productores de la que iba a ser ya una saga cinematográfica tuvieron claro que ése era el título ideal para ejercer como continuación de la aventuras del duro 007. Curiosamente se afirmaría posteriormente que la adaptación cinematográfica del libro sería la última película que el presidente norteamericano vería en su vida.

El guión final para Desde Rusia con amor fue firmado por el mismo dúo de guionistas del primer film. En la novela original Bond se enfrentaba al enemigo por excelencia de cualquier agencia de información y espionaje occidental, la malvada URSS, pero Broccoli y Saltzman decidieron apartarse de las tramas políticas del libro para colocar como villanos a la organización fantasma SPECTRE que ya había sido presentada en el primer film. Las intenciones y directrices generales de SPECTRE quedaban claras ya desde el principio, presentando al por el momento misterioso personaje Ernst Blofeld, el jefazo de la organización, del que sólo escuchábamos su voz y veíamos sus manos acariciando a un lindo gato persa (fundamental hallazgo no sólo para la saga, sino para cualquier megavillano que hubiera de venir que se preciara como tal). Según Blofeld, SPECTRE planeaba aprovecharse de las rivalidades de la Guerra Fría entre Oriente y Occidente, esperando que las dos grandes potencias (USA y la URSS, obviamente) se agotaran en su lucha por la supremacía para entonces salir a la palestra y hacerse con la dominación mundial.

La trama arranca con un James Bond que se solaza junto a su novia (o algo por el estilo) Sylvia Trench, a quien conociera en la famosa escena del casino del primer film (volvía a ser interpretada por Eunice Gayson; la idea era que reapareciera en cada entrega de Bond, pero finalmente la idea fue desechada y no apareció más). Mientras tanto el misterioso Blofeld encarga al campeón de ajedrez Kronsteen, miembro secreto de SPECTRE, un ambicioso plan para captar fondos para la organización y de paso vengarse de Bond por la muerte del pobre doctor No que sólo quería interceptar cohetes espaciales. La idea es robar a la SMERSH (la temible agencia de contraespionaje rusa) una Lektor, una máquina de cifrado en plan la Enigma alemana de la Segunda Guerra Mundial, para posteriormente revendérsela a buen precio. En el ínterin harán creer al MI6 (la agencia de inteligencia británica) que una (bella, por supuesto) secretaria de la embajada soviética en Estambul quiere pasarse al otro lado con una Lektor bajo el brazo, y para tal fin pide al agente más guapo del MI6, es decir, James Bond, claro.

Para Desde Rusia con amor los productores decidieron contar con gran parte del equipo que había participado en el primer film, incluyendo a su director, Terence Young, y con alguna notable ausencia como la del diseñador de decorados Ken Adam, en quien Stanley Kubrick ya había puesto el ojo para que trabajara con él en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. También se mantuvo a miembros esenciales del reparto empezando por el entonces imprescindible Sean Connery (parece ser que esta vez si lograría convencer a Ian Fleming de que era un Bond idóneo, aunque el escritor no viviría para ver la tercera entrega), amén de actores como Bernard Lee (que repetía como M, el jefazo de Bond) o Lois Maxwell (la inigualable Moneypenny). Una pieza fundamental de la saga era presentada en esta película; después de que el actor que le había dado vida en el primer film no estuviera disponible, se decidió que Boothroyd (el futuro Q, señor de los gadgets bondianos) fuera Desmond Llewelyn, quien demostraría poco a poco ser tan idóneo para el papel que acabaría repitiendo en casi todos los títulos de Bond hasta su muerte en 1999. Anthony Dawson, quien había sido el profesor Dent en Agente 007 contra el doctor No, se convirtió en esta ocasión en el villano Blofeld, aunque su voz fue doblada y para mantener el misterio de su identidad, se le acreditó con un simple interrogante a lo Boris Karloff.

Entre los nuevos rostros no podía faltar la chica Bond de turno, en esta ocasión una Tatiana Romanova que fue interpretada (aunque quizás esto sería decir mucho) por Daniela Bianchi, una actriz bella sin duda pero sin el bastante talento o carisma para no ser eclipsada por otras chicas Bond de la saga. Con el enemigo de campo de 007, en cambio, acertaron de pleno, encargando el papel al genial Robert Shaw, quien tras haberse labrado primero un nombre como escritor y dramaturgo, saltó a la palestra internacional encarnando al peligroso asesino Red Grant, cuya principal misión es acabar con James Bond. De su parte está la también logradísima ex-agente rusa Rosa Klebb, gracias a la estupenda labor de Lotte Lenya (premio para quien adivine su conexión con Louis Armstrong). Del lado de los buenos tenemos al simpático vividor Kerim Bey, encarnado de forma ilustre por un ya mortalmente enfermo Pedro Armendariz, para quien se tuvo que reajustar el plan de rodaje cuando se le diagnosticó un cáncer terminal, provocado por su trabajo en la quizás haya sido la película más mortal de todos los tiempos, The Conqueror. Poco después de acabar su parte en el rodaje Armendariz decidió tomar la via rápida y se suicidó pegándose un tiro.

Desde Rusia con amor pasa por ser uno de los mejores títulos de toda la saga Bond, y de hecho Sean Connery siempre lo citó como su peli preferida de la saga. Se mantenían las características principales del personaje de Bond y su entorno, se establecía a SPECTRA como el enemigo principal, se presentaban por vez primera los famosos gadgets y al archivillano con gato, y curiosamente el film se alejaba un tanto de la acción y la aventura para mostrarnos una auténtica y algo enrevesada trama de espionaje con tensión y suspense en un argumento que podría haber servido de base para el típico film de Alfred Hitchock, (tensión en un tren... ¿puede haber algo más 'hitchoquiano'?).

La sensualidad a raudales tampoco iba a faltar de la mano (o más bien de las curvas) de la Bianchi y de la erótica danza ventral de Martine Beswick, quien ya ofreció sus artes para los créditos de Agente 007 contra el doctor No. De hecho la danza se enmarca en una peculiar, por decirlo así, secuencia en un campamento gitano que nos ofrecerá incluso un combate gatuno entre dos gitanas (por supuesto, bellísimas) para dirimir una disputa por un hombre (?), aunque al final las dejan en el tálamo de Bond en plan Conan para que haga de sabio Moisés carnal; decididamente todo el conjunto erótico-étnico debió hacer las delicias de feministas y gitanos. En fin, son los 60 y esto es una peli de James Bond, ¡es lo que hay! Pero no seré yo quien niegue haber disfrutado con el momento Beswick.

Desde Rusia con amor, buena facturación, trama adictiva, Sean Connery en plan macho man, excelente reparto... ¡sin duda título imprescindible de la saga!

2 comentarios:

miquel zueras dijo...

Muy interesante este post sobre una de mis películas preferidas de toda la serie. Inolvidables los malos Lotte y Robert Shaw, la pelea en el tren es fantástica y el comentario de Bond: "Tenía que haberme dado cuenta de que era un agente ruso ¡Pedir vino tinto con el pescado!". Saludos. Borgo.

Möbius el Crononauta dijo...

Lo de el vino lo dejaba bien a las claras, desde luego. ¡Gracias por comentar!