sábado, 31 de marzo de 2012

Robin de los bosques (1938)

Odio la injusticia, no a los normandos.

Poderosos corruptos, impuestos abusivos, élites disfrutando de su saqueo mientras el populacho las pasa canutas... Curiosamente no voy a hablar de un documental de actualidad, sino del gran clásico de la Warner Robin de los bosques, una de las mejores, sino la mejor, adaptaciones que se han rodado de la sempiterna leyenda de Robin Hood, mito que, como podemos comprobar, seguirá vivo en la cultura occidental, sobretodo si los aprendices de Sheriffs de Nottingham siguen haciendo de las suyas. Seguirán vivas también, probablemente, las múltiples anécdotas que rodeaban cualquier rodaje de Errol Flynn, especialmente cuando se juntaba con Michael Curtiz. Sus experiencias juntos darían para un libro, y si no se ha escrito ya, no sé a qué esperan.

Para un tipo como yo la verdad es que resulta difícil no relacionar pelis clásicas de aventuras como ésta con el sábado tarde, en una época que ya parece muy lejana, allá cuando los pájaros dodo, donde los únicos gritos que uno podía oir era un yiiija de un vaquero, o el de unos rudos vikingos, o el propio incapaz de contener tanta excitación y azúcar. Y en una era más lejana aún, el mejor efecto especial que uno podía tener era un tipo de carne y hueso llamado Errol Flynn. Y debido a algunas curiosas puntadas que los dioses daban en el tejido del tiempo, a ojos de unos cuantos ese efecto especial siguió incólume hasta lo que eran mis días de entretenimiento sabático. Y es que allá en el Hollywood clásico había tantos artesanos y rematados técnicos que hasta la película más comercial podía acabar siendo una maravilla pictórica.

Curiosamente el proyecto nació como vehículo para James Cagney, la gran estrella de la Warner Bros, pero cuando el gran Jimmy decidió que quería un aumento salarial, la disputa acabó con el actor dejando los estudios, lo que dejó a otro gigante, Errol, como la nueva gran estrella masculina de la Warner, tras haber fascinado al público con El capitán Blood y La carga de la Brigada Ligera. Por lo tanto, con Cagney buscándose la vida como independiente, el papel de Robin Hood, en el cual la Warner iba a echar el resto, fue para el pianista sin manos.

Después de que la Warner llegara a un acuerdo con la MGM, que también estaba preparando un proyecto sobre el forajido inglés (ya se sabe, por entonces muchas de estas cosas se resolvían en partidas de golf) se comenzó con los trabajos para el guión, que tras alguna que otra reescritura se finalizaría en julio de 1937. La idea era emparejar de nuevo a Errol y Olivia de Havilland, cuya química en la gran pantalla era digna del laboratorio de Marie Curie, y al amigo juerguista de Flynn, el hombre con una clase que ni Oxford ni Cambridge podían igualar, David Niven. Por desgracia Niven no estaba disponible, por lo que Patric Knowles, que también había estado junto a los dos grandes en La carga de la Brigada Ligera, fue elegido para ocupar el lugar de Niven. Para el apartado de los villanos se escogió a dos pesos pesados, nada más y nada menos que Claude Rains y Basil Rathbone. El director sería William Keighley, un refinado hombre de Broadway que había dado unos cuantos éxitos a la Warner junto a Cagney.

El rodaje comenzó en el norte de California, donde se iban a rodar los exteriores para el famoso bosque de Sherwood. Desde el primer momento Flynn se puso en contra de Keighley con lo que la disputa estaba asegurada. El actor no consideraba al refinado Keighley capacitado para dirigir una cinta de aventuras de aquellas características, poco importaba las películas de mafiosos que hubiera podido dirigir, o que incluso le hubiera dirigido con éxito en The Prince and the Pauper sin haber tenido ningún roce. Cuando Errol decidió dejarse una barbita que creía que iría muy bien con su personaje, y que además le serviría para espantar moscas, Keighley puso el grito en el cielo, temiendo que el público femenino no disfrutara con aquel pequeño cambio en el rostro del apuesto actor, pero la estrella se mantuvo en sus trece y la barba se quedó. Además, como venganza a la osadía del director, decidió llegar tarde por sistema cada mañana, en más de una ocasión con una considerable resaca después de haber estado de juerga con su compañero de festejos para este rodaje, Alan Hale (Little John en la película).

El destino de Keighley quedó sellado cuando Olivia de Havilland decidió apoyar a Flynn. Ante tanta protesta, los productores, Hal Wallis y Henry Blanke, decidieron echar un vistazo a lo que había rodado Keighley, y no pudieron sino estar de acuerdo con sus estrellas, así que Flynn obtuvo el despido de aquel director que se había metido con su perilla. Pero no contaba con que el remedio sería peor que la enfermedad, ya que en la Warner decidieron apostar sobre seguro y ficharon a Michael Curtiz, el extraordinario director que todo lo podía rodar; evidentemente el hecho de que su estrella y el director no se soportaran no les quitó el sueño. Hubiera artesanos de por medio o no, desde tiempos inmemoriales los productores de Hollywood siempre han pensado en dólares.

"En cuanto ese húngaro hijo de puta entre en el set, yo me marcharé". Así fue a llorarle Errol a papá Jack Warner, esperando que su ultimátum asustara al capo del estudio y apoyara así la causa del actor. Warner, que era ya perro viejo, no pasó por el aro y dejó que el actor se fuera haciendo pucheros. Evidentemente el farol de Errol no se sostuvo y cuando Curtiz llegó al plató la estrella se quedó, pero no le dirigió la palabra en dos días.

Desde el primer día de su llegada Curtiz puso a Flynn y Rathbone bajo la tutela de un preparador maestro de esgrima para que estuvieran listos para el gran duelo a espada que había de tener lugar al final del film. Al tercer día, cuando Errol volvió a hablar, cada día de rodaje se convirtió en un eterno intercambio de insultos entre la dolida estrella y el director húngaro, famoso en los platós por ser de mecha corta. Para colmo de males la revista Life sacó al actor en portada, lo que en manos de alguien tan avispado como Errol era como tener cuatro ases en la mano. El inevitable estallido tuvo lugar mientras rodaban la secuencia del festín en el castillo. En una de las tomas el actor arruinó la toma escupiendo su bebida, indignado y queriendo saber quién le había servido aquel meado. Cuando Curtiz se acercó a ver qué pasaba, Errol le echó la bebida a la cara. El asunto evidentemente no tardó en llegar a manos de Jack Warner, quien trató de bajarle los humos a su estrella amenazándolo con el despido. Pero esta vez fue Warner quien tuvo que comerse su farol y decirle a Curtiz que dejara el asunto correr. No sólo eso, sino que además le subió el sueldo a Errol, cosa que hizo rabiar mucho a Basil Rathbone.

La relación entre Flynn y Rathbone ya era tensa desde que se habían encontrado en el rodaje de El capitán Blood, durante el cual el viperino Basil no había dejado de recordarle al protagonista del film que aun así él ganaba más dinero. La subida de sueldo de Flynn, por tanto, le sentó al especializado villano como un tiro, por lo que decidió atacar primero en cuanto volvieron a encontrarse tras la noticia: "supongo que estarás satisfecho ahora que ganas más que yo, australiano asqueroso". Errol respondió en su estilo característico con una nada sucinta alusión a las preferencias sexuales de Rathbone: "No importa colega, tú aun seguirás chupando más pollas que yo". Al parecer la tensa situación acabó como en esa típicas escenas hollywoodienses donde los dos protas antagonistas se conocen, se insultan con estilo el uno al otro, para después romper en carcajadas al unísono y declararse una amistad eterna.

Y así continuó el rodaje, con Basil y Errol convertidos en amigos, Flynn tratando una vez más de llevarse a Olivia de Havilland a la cama sin éxito, y con la guerra particular entre el actor y el director. Por ejemplo, en cierto momento del rodaje, la estrella se dolió cuando un extra le dio una punzada con una espada que no llevaba su protección correspondiente. Cuando Flynn quiso saber por qué aquella espada estaba sin proteger, el atemorizado extra le explicó que eran órdenes del director, quien consideraba que así la acción sería más excitante. Sin pensárselo dos veces Errol fue a por Curtiz, le cogió del cuello y mientras apretaba le preguntó si aquello le parecía "suficientemente excitante".

En su día Robin de los bosques batió récords, tanto en presupuesto, como en dobles de acción (aunque evidentemente Errol se encargó de la gran mayoría de sus escenas peligrosas) y en popularidad, logrando hacer olvidar la versión muda de Douglas Fairbanks. Y es que el pobre Douglas lo tenía difícil ante aquel despliegue de medios, de colores (el film se rodó con las once cámaras de Technicolor que había disponibles por entonces), la magnífica partitura de Erich Wolfgang Korngold (efectivamente con ese nombre sólo podía ser austríaco), el cuidado sonido (aunque los duelos con espadas parecen choques de tenedores, un estudioso del tema como era Ben Burtt, el tipo cuyo laboratorio de sonidos hizo de Star Wars algo tan especial, eran tan entusiasta del efecto para las flechas de Robin que las acabó usando en toda la trilogía), la acción trepidante que imprime Curtiz, o el magnífico plantel de estrellas que reunió la película.

Comencemos con un pequeño recuerdo para Melville Cooper, el secundario que uno quería tener para interpretar a los ayudantes inútiles y cobardes de los malos que daban siempre un toque cómico a cualquier película de acción. Aunque entre los malutos destacan por méritos propios ese genial Claude Reins haciendo del Príncipe Juan, un hombre cruel pero de finos modales, o el elegante Basil Rathbone aportando oscuridad a Sir Guy de Gisbourne (pronúncise 'ser gai' en el ampuloso doblaje español de la época, del cual, he de reconocer, no puedo pasar sin él cuando veo esta peli). Por su parte Olivia de Havilland, como siempre, combina a la perfección belleza e inocencia, secundada esta vez por la divertida Una O'Connor. Pero evidentemente es Errol Flynn quien reina por todo lo alto, subido en altos robles, triscando, saltando, luchando y disparando su arco, siempre enfundado en sus repretadas mallas, encarnando nobleza y sencillez a un tiempo y todo con una facilidad pasmosa. Hablar de cualquiera de sus ágiles fintas, o recordarle riéndose estentóreamente con los brazos en jarras, es hablar de aventura en mayúsculas.

Quedan para la posteridad esas escenas de Errol lanzando discursos desde piedras y ramas, las risotadas, los momentos tiernos junto a Olivia, el audaz momento de la flecha partida (realizado sin trampa ni cartón, y en una única toma, por el experto arquero Howard Hill) o, por supuesto, el gran combate final entre Errol y Basil Rathbone, quizás el duelo a espada más épico del cine hasta el combate entre Obi-Wan y Darth Vader.

Robin de los bosques, cine de evasión artesanal, imprescindible aventura épica para los días de asueto protagonizada por uno de los héroes de acción definitivos de Hollywood, Errol Flynn, quien con esta película nos enseñó qué debíamos responder a quien nos acuse de traición.

- You speak treason!
- Fluently.

8 comentarios:

Agente Cooper dijo...

Tarde de sábado ante el televisor, empieza la película, aparece el nombre de Errol Flynn en la pantalla y ya sabías que te esperaba una tarde de aventuras.
Por muchas versiones que se rueden de aquí al fin del mundo NUNCA superaran al Robin Hood de Curtiz.

Sigue con entradas así, Crononauta.
Un saludo.

Aitor Fuckin' Perry dijo...

Sólo puedo añadir que con Sean se rodó en Urbasa:

http://www.filmotech.com/v2/ES/FX_RevistaRincones.asp?Id=33

Pero, a quién pretendo engañar, donde esté Errol...

http://www.youtube.com/watch?v=IlvnUWAjSQQ

PEPE CAHIERS dijo...

El clásico de aventuras por excelencia y ese duelo de espadachines perfectamente coreografiado.

TSI-NA-PAH dijo...

Indiscutiblemente el mejor Robin y la mejor Marianne , insuperabes ambos!
Un abrazo

José Fernández dijo...

Pues la muy setentera versión de Richard Lester que dice Aitor también tiene su aquel. Que conste.

kar dijo...

Para mi gusto, el mito de Flynn, por encima del capitán Blood... Y como bien dices, mitiquísimo duelo a espada. En lo que se refiere al libro que reclamas en el primer párrafo , en parte ya está escrito, la autobio de Flynn, "My wicked, wicked years" muy parcial, obviamente, pero divertidisima e inspiradora, y no pasa de puntillas por los excesos.

Madame de Chevreuse dijo...

¿James Cagney era el candidato inicial? ¿Mandeee?
Baci e abbracci

Möbius el Crononauta dijo...

Agente Cooper: pues sí, es la versión de aventuras de Robin definitiva. Lo intentaremos, ¡gracias señor agente!

Aitor FP: jaja ah, el informal, qué buenos tiempos. ¿Urbasa? ¡suena a empresa de enciclopedias!

Pepe Cahiers: sí, menudo duelo, inolvidable

Tsinapah: ¡sip!

José fernández: claro claro, ¡nadie lo niega! pero es diferente, a su manera ambas son grandes

kar: bueno, esa obra es impresincidible, ¡Errol contando sus cosas! lamentablemente aun no la he podido leer entera. Pero estaría bien una versión de algun estudioso del tema con gracejo para escribir

Madame de Chevreuse: pues sí, ¡quién lo habría dicho! pero bueno, como buen bailarín, era un tipo ágil también...