jueves, 29 de marzo de 2012

Jethro Tull, los tres primeros discos

Jethro Tull. Podría ser aquel tipo a quien en el siglo XVIII se le ocurrió que podía haber una mejor manera de plantar semillas que esparciéndolas a mano, y acabó inventado el arado de tiro. Pero no, evidentemente no vengo a hablar de semillas ni mejoras tecnológicas aplicadas a la agricultura, sino de Jethro Tull, la banda, un grupo inusual para los ya de por sí inusuales estándares del rock que evolucionaba y cambiaba en un abrir y cerrar de ojos a finales de los 60. Jethro Tull, con su música de sonido inconfundible gracias a la flauta de su líder indiscutible, Ian Anderson, el moderno trovador de Dunfermline, cuna de reyes escoceses y Dan McCafferty. En definitiva, Jethro Tull; pocas bandas que consiguieran tanto en su día y siguieran en activo (bueno, siguen en el meollo, aunque a su manera) prácticamente hasta la actualidad han caído en un olvido tan apabullante y proporcional a lo populares que fueron en su día.

Ya se sabe que las listas son como los culos, todo el mundo tiene una. Aunque dentro del rock británico de finales de los 60 y gran parte de los 70, especialmente del más rompedor y guitarrero, se suele coincidir en los tres grandes, es decir, Black Sabbath, Led Zeppelin, Deep Purple. Inmortales, definitivamente influyentes. Aunque nos dejaríamos fuera a Queen, que también ha marcado la vida de algunos tipos. Homer Simpson por ejemplo. ¿Y si fuéramos a por el repóker? Ah, aquí la cosa podría volverse más polémica. Pues bien, ahí va mi apuesta: Jethro Tull, la banda demasiado rockera para los amantes del progresivo, y demasiado progresiva para los rockeros patilludos. Sí, Jethro Tull eran el hermano siniestro de Bart, demasiado loco para la Ciudad de los Niños, y demasiado niño para la Ciudad de los Locos. En su día estuvieron en la cresta de la ola junto a los Zep, los Purple, los Emerson, Like & Palmer, llenaban sin problemas durante dos o tres días el Madison Square Garden, y reinaban por lo alto en muchos de los grandes festivales de la época. Aquí en España llegaron a ser realmente enormes. Es probable que nueve de cada diez de nuestros padres que fueran fanáticos del rock en los 70 tuvieran la discografía de Tull en casa. Y sin embargo, hoy en día, a veces parece que nunca hayan existido. Ni parece que hayan dejado muchos alumnos detrás (sí, nombraré a los Ñu, pero son prácticamente contemporáneos). Led Zeppelin ha influenciado a todo dios, y la era del grunge volvió a ponerles en su pedestal siendo nombrados por todos los grandes de la época. Black Sabbath lo mismo, década tras década nuevas bandas beben de su música, y todo el metal europeo parece salido de las notas de Ritchie Blackmore. Queen pueden presumir de haber tenido a Metallica venerando sus viejos LPs. Los Doors tuvieron a Oliver Stone y a miles de cantantes queriendo ser Jim Morrison. Pero, ¿quién quiere ser hoy en día Ian Anderson? ¿Qué grupo moderno lleva camisetas de los Tull o les nombra en las entrevistas? No, por desgracia para ellos su música no parece haber aguantado el paso del tiempo tan bien como la de los aquí nombrados, ni han logrado mantener un estatus de cierta popularidad y enorme respeto como Pink Floyd, quienes aparte de unos cuantos hits hacían gala de una música bastante menos accesible que las composiciones de Anderson. Pues bien, ahí va mi órdago: al diablo con todo eso. Un disco como Aqualung me parece tan bueno como cualquier gran disco de las bandas que acabo de citar. Sí, lo habéis adivinado: I'm going medieval on your arses.
Allá en Edimburgo, a donde se había trasladado junto a su familia desde su Durnfermline natal, Ian Anderson creció en un hogar que definiría en el futuro como no especialmente melómano, aunque sus primeros maestros musicales fueron las big bands americanas que sonaban en el gramófono de su padre, quien poseía una respetable colección de jazz. A ello había que sumar la exposición a la música sacra de coros y monaguillos del colegio religioso al que asistía, y que odiaba con todas sus fuerzas. Su primer instrumento fue un ukelele de plástico de Elvis Presley, aunque a diferencia de otros compañeros de generación la música del Rey nunca le impresionó demasiado. Tampoco lo haría la explosión Beatle, ya que el futuro trovador prefería empaparse del blues acústico americano y el revival folk de música celta del norte de Gran Bretaña. Pero cuando Liverpool aun no era el centro del universo el padre de Ian, que se había fijado en la fascinación de su hijo por aquel ukelele que tocaba a todas horas, decidió comprarle, cuando aquel contaba con nueve o diez años, una feroz guitarra española. En 1959 la familia se mudó a Blackpool.

A los dieciséis años Anderson decidió formar su primera banda de rock junto a dos compañeros de clase, John Evans y Jeffrey Hammond. El primero, que había tomado lecciones de piano, ofreció una estancia de su casa para ensayar si le dejaban tocar la batería, mientras que Jeffrey optó por el bajo. Ian tocaba su guitarra, que poco a poco fue dejando de lado para centrarse en la voz y en la composición, algo que, como empezó a descubrir, se le daba bastante bien. Para suplir su hueco logró convencer a Michael Stephens, el bajista de uno de los grupos más populares de Blackpool, para que tocara la guitarra. Para que la cosa acabara de funcionar trajeron a un verdadero batería, Paul Jackman, y dejaron a Evans que se encargara del piano. Con esa primera encarnación comenzaron a dar conciertos como los Blades.

A comienzos de 1964 el asunto rítmico seguía sin funcionar del todo, por lo que decidieron sustituir a Jackman. El elegido fue un jovencísimo pero prometedor batería, Barrie Barlow, que contaba por entonces con catorce años. Tras graduarse en el instituto Ian contempló sus perspectivas de futuro. Dicen que se le pasó por la cabeza unirse al Cuerpo local de Policía, pero finalmente, como la gran mayoría de estrellas de rock británicas de la época, decidió estudiar en una Escuela de Arte. En otoño del 65 Stephens dejaba la banda, y decidieron suplirle con un trompetista y un saxofonista. Poco después el grupo se rebautizó como The John Evan Band, ya que la madre de Evans les había comprado un Hammond y una furgoneta. Tras varios meses tocando blues aquí y allá sin sacar nada en claro, se hizo evidente que para que el grupo progresara debían trasladarse a Londres, la ciudad donde estaba ocurriendo todo. Ian estaba decidido a dejar el Arte y probar suerte como músico profesional. Pocos estaban dispuestos a arriesgarse y dejarlo todo atrás. Barlow era demasiado joven, y como inmortalizaría Anderson poco tiempo después en una canción, Jeffrey no era amigo de los riesgos. Finalmente sería el sustituto de éste, Glenn Cornick, el único que decidiría acompañar al cantante en su loca aventura.

Dado que la capital aún era demasiado cara para ellos, Ian y Glenn decidieron afincarse en una localidad cercana, Luton, donde otra banda de blues acababa a su vez sin un futuro claro. El encuentro era inevitable. Fue así como el guitarrista Mick Abrahams y el batería Clive Bunker decidieron unir fuerzas con los chicos de Blackpool para formar un combo de blues sin nombre fijo, que iría probando suerte bajo distintas denominaciones en los clubes de Londres. En ocasiones eran los propios promotores quienes les bautizaban con el primer nombre que se les pasaba por la cabeza. Fue así como uno de aquellos agentes, al parecer entusiasta de la historia inglesa del siglo XVIII, decidió anunciarles como Jethro Tull. El nombre de un olvidado inventor demostraría ser ideal para lo que acabaría ofreciendo la banda, aunque la razón por la que finalmente decidieron quedarse con ese nombre fue porque coincidió con una época en que por fin llamaron la atención de John Gee, el dueño del Marquee, quien empezó a programarles regularmente.

Jethro Tull, dogging the flute

Sin duda era duro ser guitarrista en el Londres de finales de los 60. Uno podía tocar razonablemente bien, o incluso bastante bien, pero, ¿cómo destacar cuando había tipos como Clapton o Beck a las seis cuerdas? Y por si aquello no fuera bastante llegaba un tal Jimi Hendrix a la ciudad y te hacía sentir como un pigmeo. Fue así como Anderson decidió dejar definitivamente la guitarra eléctrica, y si acaso agarrar una acústica para componer o apoyar a Abrahams. Aun así Ian necesitaba algo que añadir a sus actuaciones. Por entonces la competencia entre bandas era feroz y para destacar parecía prácticamente obligatorio buscar un gimmick, un elemento que diferenciara a tu grupo de los demás. Como vocalista de un grupo de blues eléctrico la opción clara para Anderson era una armónica, pero aquello no era novedoso. Fue entonces cuando cierto día de epifanía un destello llamó la atención del Moisés escocés en una tienda de instrumentos: una flauta. Una flauta metálica, una flauta travesera, una flauta barata. El bucólico instrumento de lujuria del dios Pan. ¿Una flauta en un grupo de rock? Sí, decididamente aquello era algo nuevo. Sin pensárselo dos veces Ian compró la flauta y se fue a casa a practicar. Pronto comprobó que era un instrumento idóneo para tocar y exhalar notas al mismo tiempo, a la manera de los viejos armonicistas negros de blues. También comprobó que al poco tiempo podía defenderse con la flauta en las manos, lo bastante para subirse a un escenario y tocar. Fue entonces cuando verdaderamente nacieron los Jethro Tull que todos conocemos.

Las cosas comenzaron a rodar rápido para ellos. Ficharon con una agencia de representación y aumentaron su agencia de conciertos. En sus días de armonicista Ian a veces había levantado su pierna, agarrándose al pie de micro, embuido en un éxtasis de blues pítico. Fue un periodista quien en una crónica habló del increíble flautista de una sola pierna, aunque el cantante había dejado ese número atrás. Pero el rumor, y sobretodo, la imagen de la flamante nueva sensación de blues liderada por un flautista cojo decidió a Ian a rescatar el truco de tocar apoyado en una sola pierna, algo que le llevó un tiempo perfeccionar. Finalmente en 1968 ficharon con Island Records, publicando su primer sencillo, "Sunshine Day", una composición de Abrahams. Debido a un error de imprenta el disco apareció como un single de la banda 'Jethro Toe'.

El 13 de junio el grupo entró en los Sound Techniques de Chelsea para grabar su primer LP, This Was. "My Sunday Feeling", el primer corte del disco, definía lo que sería la base del sonido del grupo: una curiosa mezcla de jazz y blues (especialmente en aquella primera época) apoyada en una ágil y contudente sección rítmica, una guitarra de blues eléctrico y todo ello arropado por el curioso y por entonces inusitado sonido de la flauta de Anderson. "Some Day the Sun Won't Shine for You", un blues de armónica y guitarra acústica, mostraba a corazón abierto las raíces de la banda, especialmente las de Ian, un blues del Delta desnudo y sin artificios. "Beggar's Farm", una composición de Abrahams y Anderson, era una perfecta banda sonora de compases de blues para la imagen de la banda en directo, tipos desañilados, músicos barbudos con viejas ropas (Ian nunca se desprendía de un viejo abrigo que su padre le había dado antes de partir hacia Londres, cual venerable D'Artagnan) que simulaban ser un grupo de mendigos que habían vendido su alma al blues y el rock. "Move On Alone" es la única canción de los Jethro, que yo sepa, que no fue grabada por Ian, sino por su compositor, en esta ocasión Mick Abrahams, que se decidió también a cantarla. This Was, bajo las influencias de Anderson y sobretodo de Abrahams, estaba destinado a ser el álbum más bluesy de la banda, pero las inquietudes del vocalista iban por otros derroteros, como prueba la versión del "Serenade to a Cuckoo" de Roland Kirk que cerraba la primera cara del álbum, y en la que Ian ya desplegaba su característica técnica de armonicista bluesman a la flauta, a la que acompañaba con extraños gritos, gemidos y retruécanos. La segunda cara, donde los Tull iban a ofrecer lo mejor de sí mismos, se abría con la furiosa "Dharma for One", acreditada a Anderson y Bunker, que ahondaba en las estructuras complejas y los largos pasajes instrumentales que nacían de la piedra filosofal del inquieto Ian, quien estaba decidido a explorar nuevos territorios musicales. "It's Breaking Me Up" era otro delicioso blues, esta vez fabricado en las influencias de Chicago, al que seguía "Cat's Squirrel", un tema tradicional muy versioneado en la época por los grupos de blues rock (por ejemplo, la hacían Cream o Ten Years After). La que probablemente sea la joya del álbum, "Song for Jeffrey", el himno de Ian a la curiosa y volátil personalidad de Jeffrey Hammond, su viejo amigo y ex-bajista, es una progresión de blues con un increíble estribillo melódico y las notas de la flauta enroscándose entre los riffs como una serpiente entre las ramas que estaba destinada a ser el primer sencillo del disco. "Round", un sencillo instrumental, cerraba el disco.

This Was mostraba al mundo a los Jethro Tull más negros, rindiendo cuentas al blues del que todos sus componentes habían bebido, aunque era Abrahams quien más insistía en recorrer los meandros del Delta, mientras la banda introducía un nuevo y más complejo camino a partir de las influencias jazz de Ian y Bunker, retratando al mismo tiempo al conjunto como un poderoso combo de blues y rock con una exquisita capacidad para la improvisación. Grabado en unas pocas semanas por 1200 libras, el LP fue bien acogido en Gran Bretaña, donde alcanzó el número diez en las listas, y tuvo también cierta repercusión al otro lado del charco. El tercer sencillo del grupo, "Love Story", confirmó la popularidad que estaban obteniendo con su debut.

La inevitable ruptura entre Abrahams y el resto del grupo no tardó en llegar. Cornick no le aguantaba, Ian y Clive querían más jazz, y en general el guitarrista ponía demasiadas pegas a todo. Aparte de que Cornick gustaría de recordar las muchas ocasiones en que tras un concierto volvían todos a Luton con la furgoneta que solía manejar Abrahams, quien luego dejaba a Ian y Cornick en la estación congelándose mientras esperaban el tren de la primera hora hacia Londres. La última vez que Abrahams vio la furgoneta fue desde el lado de la acera, donde habían dejado todas sus cosas mientras le comunicaban que estaba despedido.

Tras varias audiciones el grupo se quedó con el guitarrista de unos tales Earth, un tipo sombrío llamado Tony Iommi, con quien dieron unos pocos conciertos, entre ellos su aparición en el especial televisivo de los Stones Rock and Roll Circus, que acabaría enlatado en un sótano durante varios años. Sin embargo como todos sabemos Iommi estaba llamado a liderar una de las mejores bandas de todos los tiempos, por lo que los Tull pronto comenzaron a buscarle un sustituto. El elegido fue un introvertido guitarrista rubicundo de la escena londinense que se había dado a conocer gracias a los Fat Mattress de Noel Redding. Su nombre era Martin Barre, nacido para convertirse en la mano derecha del dios Pan, y destinado a convertirse en uno de los guitarristas más infravalorados de la historia.

En abril de 1969 la banda entró en el estudio para grabar el que sería su segundo disco, Stand Up. Sin un Abrahams que le entorpeciera Jethro Tull se convirtió en la creación personal del genial Anderson, quien dio rienda suelta a sus ansias de experimentación, ya fuera con composiciones más complejas o introduciendo nuevos instrumentos curiosos y exóticos, y destacándose como un genial letrista, liberado ya de los doce compases del Delta, aunque curiosamente el primer tema del disco, "A New Day Yesterday", era un tema continuista de las evoluciones blues de su debut. "Jeffrey Goes to Leicester Square", otro tema dedicado a su amigo Hammond, introduce por primera vez sonoridades más celtas, con una melodía de voz que anticipaba al Anderson trovador, capaz de evocarnos el Medievo en el momento más inesperado. Los nuevos Tull desatados mostarían al mundo sus nuevas inquietudes con "Bouree", una adaptación en clave jazz de una pieza de Bach, destinada a convertirse en todo un estandarte en directo de la banda durante varias décadas. "Back to the Family" es un delicioso tema folk para la Era de Acuario que devenía en descargas alternativas de controladas improvisaciones. "Look Into the Sun" es una de las primeras baladas de tonalidades oscuras de Ian, un campamento base para las cumbres acústicas que habrían de alcanzar en el futuro. La cara B abría con "Nothing Is Easy", hija del sentimiento dominical del álbum debut, una mezcla de blues y jazz que ofrecía los primeros destellos de la guitarra solista de Barre. "Fat Man" es uno de los inevitables jugueteos de las bandas de la época con la música hindú, aunque aquí Ian se las arreglaba con una mandolina. Y si por algo merece tener en casa este Stand Up es por "We Used to Know", una maravillosa, insuperable balada de letra profunda, reflexiva y maravillosa que reflejaba la madurez lírica de Ian a sus 21 años, y que ofrecía uno de los mejores solos de Barre. El tema es tan jodidamente bueno que todavía hoy muchos se plantean lo de la inspiración de las aguilas para "Hotel California". Increíblemente pocos recuerdan "We Used to Know". Quizás si la hubiesen firmado Zeppelin... La siguiente canción era "Reason For Waiting", un tema de bellas acústicas que podría haber firmado Jimmy Page, sino fuera porque la flauta aparece aquí y allá para recordarnos que aquí es Anderson quien está al mando. Stand Up se cerraba con "For a Thousand Mothers", un canto de Ian a su independencia alejada de sus padres encerrado en una aplastante jam de rock, jazz y blues. Stand Up no tardó en alzarse al número uno de las listas británicas, empujado por el sencillo "Living in the Past", un increíble descarte del LP escrito en un hipnótico 5/4.

La gira de presentación del disco no sólo les llevó por todo el Reino Unido (con una aparición en el Top of the Pops) sino que les llevó por primera vez a los Estados Unidos, donde en realidad presentaría This Was, que se había publicado en los States en febrero. En junio participaron en el Newport Pop Festival, con la Hendrix Experience y la Creedence como cabezas de cartel. Tras regresar a casa firmaron con la recién fundada Chrysalis, una subsidiaria de EMI. El primer sencillo de la banda para Chrysalis, "Sweet Dream", alcanzó el séptimo puesto en las listas.

Las cosas comenzaban a rodar para Jethro Tull, quienes estaban ya en camino de alcanzar sus máximas cotas de glorias. La transición entre su primera etapa y lo que habría de venir sería Benefit, el LP que comenzó a dejar definitivamente atrás el blues rock y que vio por fin la confirmación de Martin Barre (repito, sin duda uno de los guitarristas más infravalorados de la época) como el hombre que debía estar a las seis cuerdas acompañando a un Ian Anderson que cada vez llevaba más lejos sus composiciones, tanto en minutaje como complejidad, como probaba el primer corte del disco, "With You There To Help Me", a la que seguía "Nothing to Say", un medio tiempo de preciosistas guitarras acústicas y pasajes eléctricos que bastaba para poner a Anderson entre los grandes vocalistas de su tiempo a pesar de no tener una voz especialmente privilegiada, pero no necesitaba el poder de un Ian Gillan o la calidad marciana de un Robert Plant para transmitir epatantes sensaciones; y, por otro lado, ¿quién podía ocupar el puesto de trovador renacentista del rock mejor que él? No había zanfoñas ni rabeles, pero si viajabas en el tiempo y ponías en la mano de un juglar una guitarra eléctrica y le inyectabas un chute concentrado de jazz obtenías "Alive and Well and Living In". El cuarto corte del disco traía ese mágico toque de oscuridad ampulosa típica de los Jethro en forma de "Son", con un Barre jugueteando con arreglos diabólicos en una noche de luna nueva. La primera cara del LP cerraba con otra bonita balada Tull, "For Michael Collins, Jeffrey and Me", otro de esos mensajes de Anderson a sus viejos compañeros. La cara B abría con "To Cry You A Song", un destello del futuro inmediato que acabaría definiendo el sonido del grupo, con Johann Sebastian Bach presente casi en cada compás para después perderse en orgásmicos pasajes de solos jazzísticos. La flauta recupera su peso en "A Time for Everything", que da paso a "Inside", un tema bucólico con un gran trabajo del bajista británico con look jipi por excelencia Glenn Cornick, aunque la canción en sí seguramente no sea lo mejor del disco. "Play In Time" es otro gran momento de conexión Anderson-Barre, con dejes de técnica de estudio psicodélico a lo Beatles aquí y allá. Benefit se cerraba con "Sossity You're A Woman"; trabajadas guitarras acústicas, la oscilante voz de Anderson... ya sabéis, el medievo hecho roca.

Y en 1970 llegaría el verbo hecho flauta y electricidad. Pero ésa, es otra historia...

13 comentarios:

Víctor Hugo Sánchez Salamanca. dijo...

Tengo que pillarme estos discos pero ya:)

Dani dijo...

Tremendo relato, de esos que mola mucho leer cuando uno conoce a la banda en cuestión.
Y sí que debieron llegar a España, que una vez escuche a mi tío mencionarles bajo el nombre de 'La Jethro'.

Lillu dijo...

Yo tuve la suerte de ir a un concierto suyo hace unos 12 años, en A Coruña, cuando ni siquiera sabía quiénes eran (sí, me avergüenzo un poco, pero luego lo enmendé :P). Y me lo pasé genial! E Ian Anderson tocó la flauta, por supuesto :D

saluditos

nikochan dijo...

Gran, gran post. Estos tres discos son la ostia. Sobretodo ese "Stand up" que presagiaba lo que estaba por llegar. Junto a "Aqualung" mis dos favoritos de la banda.

Agente Cooper dijo...

Muy buena entrada! No son una de las bandas que más me apasionan pero discos como el 1º los escucho bastante a menudo (aparte de clásicos incontestables como Aqualung).

Un saludo (tenía casi una decena de comentarios tuyos etiquetados como spam, los he marcado como "no spam" y "publicado" en sus entradas correspondientes a ver si la próxima vez aparecen correctamente)

Freaky Boy Hood dijo...

Buen post. Una de mis bandas más queridas. Grandes, grandes los Tull y grande Barre, infravalorado, ciertamente. Menudos discos esos primeros...

Saludos.

Persi Music dijo...

Que buena banda! Stand Up es un discazo.

Muy bueno el blog. Pasate por el nuestro, hacemos revisiones de discos: http://persimusic.wordpress.com/ Si te parece intercambiamos links. Saludos!

Kinski dijo...

Solo he escuchado el archifamoso Aqualung, que no está nada mal, pero hay algo que me impide profundizar en esta banda. ¿Será la faluta?, ¿será la manía que Jimmy Page les tenía? (los llamaba Jethro Dull).
Habrá que intentarlo de nuevo.

saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

Víctor Hugo: ¡de momento los puedes disfrutar por spotify si quieres!

Dani: sí sí, aquí en los 70 parecían ser dioses. La Jethro, mola.

Lillu: ¡qué suertuda! yo nunca he podido verles.

nikochan: gracias. Gran disco el Stand Up, en ciertos aspectos superior al Benefit.

Agente Cooper: ¡gracias! sí, lo del spam comienza a ser recurrente, ¡espero que eso lo arregle!

Freaky Boy Hood: gracias. Mucho más grandes para lo que se suele hablar de ellos, por desgracia.

Persi Music: gracias, ¡le echaré un vistazo!

Kinski: probablemente será la faluta. Pero la necesitamos.

Adrian Vogel dijo...

Me había perdido esta entrada!!! Stand Up fue o 1ero que escuché de ellos y Benefit el 1ero que me compré. Lo machaqué. Me tenía obnubilado. Y lo mejor estaba aun por llegar...

Möbius el Crononauta dijo...

No es mala forma de comenzar con ellos, no. Yo topé directamente con el Aqualung, ¡y también lo machaqué!

Jah Work dijo...

Tremendo post!

Möbius el Crononauta dijo...

¡gracias!