lunes, 19 de marzo de 2012

El hombre que sabía demasiado (1934)

"Odio este tipo de cosas. El melodrama es lo único que sé hacer". Así se lamentaba un Alfred Hitchcock que tras películas como La muchacha de Londres o Asesinato se había labrado una sólida reputación como un muy efectivo técnico con habilidad para el suspense, pero cuya popularidad estaba en horas bajas tras algunos fracasos en taquilla. Su contrato con la British International Pictures no había sido renovado, y para seguir trabajando había aceptado dirigir para una independiente una biografía sobre Johan Strauss y su hijo, Valses de Viena, y no tardó en comprender su error al haberse metido en un género que no le atraía en absoluto. Las lamentaciones de Hitchcock no tardaron en llegar a oídos de Michael Balcon, por entonces director ejecutivo de producción de la Gaumont-British, y pieza fundamental del nacimiento de la industria cinematográfica británica, además de haber sido el hombre que había dado a Hitch su primera oportunidad para ponerse tras las cámaras. Sabedor pues del descontento del que había sido su mejor director, Balcon decidió entrevistarse con él y tantear el terreno. Un entusiasmado director no tardó en hablarle de un viejo proyecto que tenía junto a Charles Bennett, el dramaturgo y guionista cuya obra The Lodger había significado el primer gran éxito de Alfred. La idea era escribir un guión para el popular personaje detectivesco británico Bulldog Drummond, aunque los derechos y el primer tratamiento de la historia yacían sepultados en algún cajón del despacho de John Maxwell, antiguo productor del director. Balcon le prometió que si conseguía esos derechos y se los revendía tendría un contrato. Hitchcock acudió pues a Maxwell, compró el guión por 250 libros y se lo revendió a la Gaumont por 500. A cambio él y Bennett lograron un contrato para cinco películas. En agradecimiento Alfred mandó hacer un busto de Balcon y se lo regaló.

Dado que finalmente Maxwell no quiso desprenderse de los derechos de Bulldog Drummond, la trama se había convertido en la típica historia hitchcockiana de suspense que tiene como protagonista a tipos comunes. Balcon dio plena libertad a Hitchcock y Bennett para completar el guión, en el que trabajaron durante abril y mayo de 1934. El argumento iba a arrancar en Saint Moritz, donde Hithcock había ido de luna miel tras casarse con Alma Reville, y donde había pergeñado la idea básica para la historia que acabaría siendo El hombre que sabía demasiado. La trama giraba alrededor de un matrimonio británico y su hija, que era secuestrada por una organización criminal después de que la pareja fuera informada por un agonizante agente francés de los siniestros planes que se estaban llevando a cabo para asesinar a un importante embajador extranjero mientras acudía a ver una ópera en el Albert Hall de Londres.

El matrimonio sería interpretado por dos rostros populares de la escena británica, Edna Best y el hombre dos caras Leslie Banks, quien según ocultara o no sus heridas de guerra podía ser un simpático hombre de familia o convertirse en el diabólico conde Zaroff, el papel que le había dado fama internacional. Sin embargo en esta ocasión iba a estar en el lado de los buenos, por lo que necesitaban a un carismático villano que interpretara al taimado pero malvado jefe criminal Abbott. Fue Ivor Montagu, el productor asociado que Balcon había elegido para las películas de Hitchcock en la Gaumont, quien decidió presentar al director a Peter Lorre, quien no hacía mucho había ganado fama gracias a su inolvidable actuación en M, el vampiro de Düsseldorf, película que por supuesto Hitchcock había visto quedando tan impresionado con el actor de origen húngaro como cualquiera. Tras la llegada de los nazis al poder Lorre había buscado refugio en Londres tras haber tenido un pequeño papel en una peli francesa. En un principio la idea había sido poner a Lorre como el experto tirador de la banda criminal, pero tras su primer encuentro Hitchcock comprendió que llevar esa idea a cabo sería desperdiciar el enorme magnetismo del actor, por lo que decidió darle el papel del villano principal, a pesar de que el actor tenía pocos conocimientos de inglés, por lo que tuvo que aprender gran parte de su guión fonéticamente.

A pesar de que hablaba poco inglés él y Hitchcock enseguida hicieron buenas migas, ya que tenían el mismo tipo de humor retorcido y su misma pasión por los chistes verdes. Además Lorre mostró ser un digno oponente para las sempiternas bromas pesadas que el director gustaba de gastar a sus intérpretes, con lo que ambos comenzaron una competición de bromas pesadas que continuó incluso cuando Lorre decidió marcharse a Hollywood algunos años después. Una vez instalado en Los Ángeles Hitchcock le envió al actor la típica nota de buena suerte que se suele acompañar con bombones o una cesta de frutas, pero el malvado director hizo que en vez de una cesta le llevaran a su piso un caballo de tiro. Lorre respondió regalándole a Hitchcock trescientos canarios cantores, que hizo entregar a las tres de la madrugada.

El hombre que sabía demasiado no sólo iba a convertirse en el mayor taquillazo británico de Hitchcock hasta el comienzo de la guerra, sino que encauzó de nuevo su carrera dándole posteriormente a la Gaumont-British algunos de sus mejores títulos. Fue, además, el primer film del director que tuvo verdadera repercusión en los Estados Unidos. Como es bien sabido el director rehacería el film en el 56, aunque ya en el 41 se le había pasado por la cabeza actualizar la historia del matrimonio y la hija secuestrada. Aunque la versión británica y la americana son similares tienen sus diferencias, pero probablemente la mayor de todas sea que en el 34 Hitchcock era, como él mismo se definió, un "aficionado con talento" (aunque evidentemente era bastante más que eso), mientras que en la década de los 50 era un maestro cinematográfico en la cima de su carrera y su inspiración, por lo que en ese aspecto El hombre que sabía demasiado, en su primera versión, quizás no pueda competir con el ritmo implecable de reloj suizo y la experiencia que exuda cada plano en la versión americana, pero ello no quiere decir que sea un film desdeñable en absoluto.

Ahí está, por ejemplo, esa escena cargada de tensión en el dentista de los bajos fondos, inspirada en una escena similar del Yo soy un fugitivo con Paul Muni, y que evoca al inolvidable momentazo de Marathon Man; o, por supuesto, la inolvidable secuencia en el Albert Hall, donde el asesino ha de hacer coincidir su disparo con un golpe de címbalos, idea que le fue sugerida a Hitchcock por una tira cómica sobre un día cualquiera de "el hombre de una nota", ese músico de orquesta que acude a su trabajo para tocar una sola nota. Esta primera versión incluía además un asalto policial, basado en hechos reales que tuvieron en la época en que Winston Churchill era Secretario de Interior, lo que le provocó problemas a Hitchcock con la censura, que ya se sabe como son los británicos para sus cosas.

El hombre que sabía demasiado, primera versión. No, no cuenta con James Stewart, pero también es cierto que la segunda no cuenta con el gran Peter Lorre, lo mejor, interpretativamente hablando, de la película junto al sorprendentemente agradable y simpático Leslie Banks, bastante alejado de su mítico Zaroff. Estamos hablando de Lorre en una peli de Hitchcock, así que sólo por ese detalle ya es de visión obligada. Además, como una de sus películas más importantes en el período de entreguerras, El hombre que sabía demasiado es también obligada para cualquiera que desee conocer más a fondo la etapa británico del genial maestro del suspense.

2 comentarios:

José Fernández dijo...

Ví hace poco las 2 versiones, y la verdad es que me sería muy dificil quedarme con una de ellas. Y además no necesita uno hacer tal cosa, que collóns! Por cierto, nu-ce-lar, se dice nucelar.

Möbius el Crononauta dijo...

Claro que no hay que elegir, se pueden ver las dos seguidas de hecho. Pero sigo pensando, como Hitchcock, que la segunda es mejor.

¡Es Chinatown!