sábado, 21 de enero de 2012

Uno de los nuestros (1990)

John Fords makes Westerns. We make street movies. Let's do that. Martin Scorsese.

Recordaba divertido Joe Pesci, en una fiesta de los premios del American Film Institute, una anécdota que tuvo lugar una fría noche en que el actor repetía una toma de una escena en la que acuchillaba, envuelto en tenebrosas luces rojas, el cuerpo de un importante mafioso que agonizaba en el maletero de un coche. Al parecer Pesci disfrutaba la escena, y en un momento determinado se encontraba jadeante entre toma y toma tras ponerle entusiasmo a la cosa. Pero había algo que no iba del todo bien, el actor notaba una presencia. Esa presencia no podía ser otra que la de Robert De Niro, que le estaba observando fijamente. "¿Qué pasa?", preguntó Pesci. En su estilo particular Bobby le dijo que nada. Pero evidentemente el bueno de Joe ya no podía quedarse tranquilo e insistió, amenazando con usar el cuchillo si era necesario. "Creo que vas demasiado rápido con el cuchillo; nunca podrías meterlo y sacarlo tan rápido de las costillas". Otra vieja historia del detallista De Niro, mientras se completaba la escena inicial de una de las mejores películas de todos los tiempos.

No es fácil que una película te deje literalmente sin aliento y con la respiración contenida, pero uno de los pocos ejemplos que recuerdo fue la primera vez que vi Uno de los nuestros, con todo ese cúmulo de secuencias en la parte final del film en que todo empieza a ir cuesta abajo. Todo empezaba a ir más y más rápido, y realmente acababas taquicárdico perdido y viendo helicópteros por todas partes. Resultaba increíble como el ritmo parecía aumentar a cada segundo, mientras el bajo de "Jump Into the Fire" y las guitarras de "Monkey Man" se te clavaban en la cabeza. Y ése era sólo uno de los muchos grandes momentos que ofrecía aquella película. No cabía duda de que uno estaba ante uno de las mejores obras de Martin Scorsese, y por tanto ante una de las mejores películas de la historia.

Al igual que había pasado con Toro Salvaje el nuevo clásico de la filmografía de Scorsese surgió tras un periodo de crisis, aunque esta vez no fue personal sino artístico. Mediados los 80 Scorsese había arriesgado y había perdido tanto en crítica como en público con After Hours, y la gran aceptación de El color del dinero quedó sepultada por la polémica de La última tentación de Cristo, que tampoco recaudó lo bastante en taquilla y fue vapuleada en muchos medios. ¿Había perdido Scorsese su "toque"? Muchos se preguntaban si el director podría volver a aunar ganancias con alabanzas, y el propio director se cuestionaba cual debía ser su siguiente paso. Pero como suele suceder en estos casos, el destino pareció mover ficha y darle una señal de lo que debía hacer.

La concepción de Uno de los nuestros no pudo ocurrir en mejor sitio: Chicago. Scorsese se encontraba en la ciudad rodando El color del dinero cuando leyó en una revista una crítica de un libro llamado Wise Guy escrito por el periodista Nicholas Pileggi, que narraba la historia (real) de Henry Hill, uno de los "soldados" asociados a la familia Lucchese que había alcanzado bastante notoriedad por echarse a la Mafia encima tras aceptar participar en el programa de testigos y haber delatado a muchos ex-compañeros en un juicio. Interesado por el tema el director se hizo con una de las galeradas del libro, todavía en fase de publicación, y quedó fascinado por la historia de Hill y su descripción del mundo de la Mafia desde dentro, una visión de las cosas que encajaba mucho con lo que Martin había vivido de pequeño en Little Italy.

Scorsese no tardó en contactar con Pileggi y le propuso hacer una película de su libro, que adaptaría el mismo. Para entonces ya eran varios los estudios que estaban rondándole sobre los derechos de Wise Guys, pero Pileggi se alegró de que Scorsese le hubiera llamado, ya que sin duda era el director perfecto para llevar el libro al cine. El periodista le dijo que tenían un trato y que los derechos eran suyos ofrecieran lo que ofrecieran los demás. La idea era rodar el film después de El color del dinero, pero la súbita oportunidad de obtener financiación para su ansiada La última tentación de Cristo pospuso el proyecto. Scorsese y Pileggi seleccionaron algunos pasajes de la vida de Hill del voluminoso libro sobre los que centrarse y a partir de los cuales realizar un tratamiento. El director pidió a Pileggi que fuera tan poco cinematográfico como quisiera, ya que deseaba romper las reglas temporales a toda costa, realizando algo similar al Jules y Jim de Truffaut. El periodista acabó escribiendo cerca de una docena de versiones del guión, en los que cada etapa Scorsese cambiaba escenas de sitio o eliminaba secuencias explicativas para lanzar la historia a todo galope. Tras cinco meses de duro trabajo el guión estaba listo. Martin se fue a rodar su película bíblica que desde luego iba a dar mucho que hablar.

El guión de Uno de los nuestros ofrecía la peculiar versión del crimen organizado italoamericano de Scorsese, un director que se había criado viendo a mafiosos reales cada día en su barrio y el retrato idealizado que Hollywood siempre ofrecía de ellos (incluso cuando eran los villanos y al final debían pagar por ello). Para Scorsese Uno de los nuestros era una estupenda oportunidad para, desde luego, contar una gran historia, pero también para profundizar en el retrato de los miembros base de los grupos mafiosos que ya había apuntado en Malas calles, y que se alejaba del estilo más clásico y glamuroso de El padrino. Aquí no había una cierta ética construida alrededor de la protección de la familia, que en Uno de los nuestros no ocupaba el lugar central de ningún mafiosos, sino que simplemente existían unas reglas prácticas y de trabajo que consistían básicamente en el respeto a los superiores, mantener, por supuesto, la boca cerrada, y nunca quebrantar ninguna norma de ese especial código de leyes mafioso que había sido construido para no llamar la atención. Era importante tener una familia, pero podías tener tantas amantes como fuera siempre que tu mujer no se hartara tanto como para montar un escándalo, porque eso llama la atención. Puedes robar, atracar, apalear, matar si es preciso, y sacar dinero del juego o la prostitución, pero es mejor dejar las drogas porque con ellas el gobierno y los medios no hacen ninguna concesión. Pero no se trata realmente de una cuestión moral, sino de algo práctico. El poder, la impunidad, el dinero, la diversión, era lo que realmente gustaba e importaba. Sin embargo al mismo tiempo el Henry Hill de Martin no es el personaje real, sino un arquetipo con el que trabajar y dotar de ciertos matices al protagonista de lo que era una tragedia clásica en la que se planteaba, como no podía ser de otra forma tratándose de Scorsese, uno o varios dilemas morales, ya fuera desde la perspectiva de la calle con respecto a los soplones, o desde una vertiente filosófica y ética sobre las reglas sociales y su acatamiento.

Una de las cosas que habían atraído al director de Wise Guys es que leyéndolo parecía percibirse cierto sentimiento de pena de parte de Pileggi hacia Hill y sus compinches, quienes como la mayoría de gángsteres alrededor de mundo no suelen tener un final tranquilo y feliz. Scorsese quería saber si sería capaz de atraer al público hacia unos personajes que en cualquier otro film serían unos villanos, sin lavar su imagen. ¿Podría la audiencia identificarse con asesinos como Henry o el sociopático Tommy hasta el punto de sufrir por ellos? Eso era lo que el director quería saber si podría ser capaz de lograr.

Mientras Scorsese finiquitaba su parte para el proyecto de Woody Allen Historias de Nueva York se preguntó si volver al género de gángsters era lo más acertado en una época en que muchos dudaban de que pudiera volver a impresionar con su trabajo. Por lo tanto decidió entregar el guión a Michael Powell, director británico al que admiraba y a quien pedía consejo de vez en cuando. Como Powell tenía problemas de vista le leyó el guión su esposa, y editora de Scorsese, Thelma Schoonmaker. El británico le dijo que debía filmar aquella película a cualquier costa. Más confiado, el director cambió el nombre del proyecto por el de Goodfellas (no hacía mucho se había estrenado la serie televisiva de mafiosos Wiseguy) y mostró el guión a los ejecutivos de la Warner, a quienes ya les había hecho ganar algunos dólares gracias a El color del dinero. Pero dado que la trayectoria de Scorsese había demostrado que su nombre ya no equivalía a un éxito asegurado, le exigieron que atara a una gran estrella para poner el dinero sobre la mesa (productores de Hollywood, machacando egos artísticos desde 1911). Como cabría esperar, el director acudió a su amigo (y casualmente muy cotizada estrella de cine) Robert De Niro en busca de consejo. Quizás entre copa y copa de vino Scorsese le preguntó quien podría ser la persona indicada para interpretar a uno de los socios de Henry, el astuto Jimmy Conway. Quizás De Niro le dijera: "¿vaya y por qué no yo? Al fin y al cabo soy un gran actor". Y tal vez el director respondiera, "¡vaya lo había olvidado! Bueno, no te prometo nada, pero..." Tal vez ocurriera así, o seguramente no. Pero Scorsese puso sobre la mesa de los capitostes de la Warner el nombre de Bobby y eso sirvió para que le adelantaran los 26 millones que necesitaba para su película.

Para el papel central de Henry Hill fue de nuevo De Niro quien tuvo la respuesta sugiriendo a Ray Liotta, que había dado mucho que hablar gracias a Algo salvaje. Scorsese se lo propuso y el actor no se lo pensó dos veces. Bueno, en realidad le realizaron una prueba y no le confirmaron que tenía el trabajo hasta ocho meses después. Ya se sabe que en Hollywood es mejor no poner todos los huevos en la misma cesta. En cambio para fichar a la actriz que interpretaría a la esposa de Hill, Karen, Scorsese no realizó audición alguna. Ya la había probado para After Hours, y además estaba casada con su amigo Harvey Keitel. Ella era Lorraine Bracco, y simplemente le hizo una visita en su piso acompañado de Liotta para ver si había química. Deducimos que la hubo y Lorraine obtuvo el papel. Cuentan que la actriz no dijo que sí inmediatamente, y que cuestionó el sueldo que iba a percibir. Pero como esposo y experimentado actor Keitel le dio un buen consejo paternalista y le dijo que papeles así no crecen en los árboles y que en proyectos así a veces era mejor cobrar menos, y que confiara en su nervioso amigo italoamericano, quien al fin y al cabo había dirigido la mejor peli de taxistas de la historia, y que si le ponía ya el filete que lo iba a quemar, por favor. Bueno, en realidad simplemente le dio un consejo que Lorraine decidió seguir muy sabiamente.

Con el trío protagonista elegido el director comenzó a asignar el resto de papeles. Con el volátil Tommy DeVito, sin cuya presencia no podría concebirse la película, Scorsese lo tuvo fácil, y le asignó el rol a un actor de confianza, Joe Pesci, quien ya le había servido muy bien en Toro salvaje. Otro de los viejos conocidos del director pasó a preguntarle por el nuevo proyecto (sí, pasaba por aquí y... ¡anda, si estás preparando una película! No sabía nada, pero mira, igual tendrías un papelillo por ahí para mí... algo pequeño, diez o quince secuencias bastarán), considerando que sería un tipo idóneo para ser Paul Cicero, el jefazo mafioso del distrito. Se trataba de Frank Vicent, un gran secundario de carácter, a quien sin embargo Martin prefería como Billy Batts, quien tenía una pequeña aparición en el film. Como dijo Vincent más tarde, discutir con Scorsese no tiene sentido y aceptó el papel. Hay que reconocer que aunque breve, aparece en una de esas secuencias que no se olvidan. Cicero sería interpretado por Paul Sorvino, un secundario algo familiar pero desconocido por entonces, y que durante bastante tiempo se sintió intimidado e incapaz de ser lo bastante fiero para interpretar al duro mafioso, pero una noche descubrió una aterradora expresión en su rostro mirándose al espejo y desde entonces ya no tuvo dudas.

Como solía ser habitual en sus proyectos Scorsese reunió a los actores durante la preproducción para ensayar sus frases y dejarles improvisar, lo que en muchas ocasiones daba pie a nuevos contextos, frases o situaciones que podían acabar en el film. De aquellas sesiones surgieron detalles que no estaban el guión, como el manotazo de Paul a Henry (¡decididamente Sorvino ya se había metido en su papel!), o el increíble diálogo entre Tommy y Henry en el club. Pesci había sido testigo (o protagonista) de una escena similar una vez, y quería incorporarla a la película. Scorsese le dio permiso y sacando lo mejor que tenía dentro se lo lanzó a Liotta ante las cámaras. El resultado ya lo conocéis: ¡impresionante momento! Quienes prácticamente improvisaron todos sus diálogos fueron Pesci y Frank Sivero, que interpretaba al no demasiado despierto Carbone. Sus conversaciones aportan algo de distensión cómica, de la cual el mejor ejemplo es el absurdo momento cafetera. También fue improvisada la secuencia de la cena en casa de Tommy, con la madre de Scorsese interpretando a la madre del personaje.

How am I funny?

Uno de los grandes momentos técnicos del film surgió por casualidad ya que no estaba planeado así. A la hora de rodar la entrada de Henry y Karen en el Copacabana informaron a Scorsese de que en alguna parte se había decidido prohibirle tomar imágenes de la entrada del club, con lo que el director tuvo que improvisar sobre la marcha e ideó para ser rodada con steadicam la secuencia de la entrada a través de la puerta secreta y las cocinas. Se necesitó un centenar de extras y fue complicada de rodar, pero el resultado fue excelente.

Durante el rodaje Scorsese se rodeó de varios personajes de los bajos fondos que habían conocido en su día a Henry, Jimmy o Tommy, y desde luego no fueron pocos los que dieron números de seguridad social falsos para cobrar sus cheques. El director les quería por allí para apoyar a los actores y aconsejar en tal o cual detalle. Algunos tuvieron algunos cameos, como el famoso poli con inquietantes conexiones mafiosas Louis Eppolito, e incluso un antiguo fiscal de distrito se interpretó a sí mismo en su correspondiente escena con Henry.

Ya que hablamos de cameos, todos los fans de Los Soprano saben que un joven Michael Imperioli tuvo un pequeño papel en la película, pero otro dato interesante, esta vez para quienes siguen The Wire, es que el actor que interpreta al médico que se interesa por la salud de Henry cuando va a buscar a su hermano acabaría siendo conocido como el ínclito senador Clay Davies.

Los visionados de prueba con público de Uno de los nuestros fueron un desastre, y Scorsese siempre recuerda que las calificaciones eran tan pobres que lo hacía todo absurdo y divertido. Los únicos cambios que realizó el director fue quitar algunos segundos de sangre y, después de que supiera el efecto que tenía sobre el público la famosa secuencia paranoica con Henry, volverla a montar para darle aún más velocidad. Tras su estreno el film acabó recaudando 49 millones de dólares en los USA, y un porrón más en el extranjero.

Desde luego había una época en que era difícil no ya eclipsar, sino restarle protagonismo a De Niro, en cada película era imposible no tener tus ojos fijos en él. Pero en esta ocasión tenía a un personaje menos exhuberante que en otros films de Scorsese, y evidentemente Joe Pesci que estaba en el papel de su vida dándolo todo y ejerciendo de genial psicópata estaba destiando esta vez a concentrar todos los momentos de impacto sobre él, mientras que Ray Liotta tenía muchos matices a aportar, era el eje de la historia y demostraba a todo el mundo que lo de Algo salvaje no había sido casualidad, aunque todo el potencial que desprendía se acabó diluyendo en una carrera de lo más extraña (no sé yo si títulos como Escape de Absolom u Operación elefante son una buena continuación a un papel de la talla de Henry Hill). Pero en aquel momento Liotta se mostró capaz de darle la réplica a tipos como Pesci o un De Niro también inmenso (esa expresión cuando sale de la cabina telefónica, por ejemplo... ¿dónde está ese Bobby?), y eso es algo de lo que pocos han podido presumir. Además el film sirvió para convertir en una estrella (durante poco tiempo) a Paul Sorvino, y para impulsar la carrera de una Lorraine Bracco que aun nos haría vibrar en otro producto de corte mafioso. En realidad tanto protagonistas como secundarios hacen un gran trabajo, cada uno a su manera. El reparto no podía ser más eficaz.

Uno de los nuestros es una de esas películas tan grandes que podría dar para un libro entero, se podría comentar mucho de él y prácticamente cada plano y cada escena son para el recuerdo, ya desde ese comienzo abrupto, a mitad de historia, y esos elegantes créditos, el pequeño Henry observando a los mafiosos desde su ventana, como hizo Scorsese en su día, el aviso al cartero, esa voz en off (desde que tengo uso de razón siempre quise ser un gángster, y cosas así), el paternalismo de Paulie, la paliza con la pistola y Karen poniéndose cachonda, el increíble retrato de las esposas de los mafiosos, las idas de olla de Tommy, los grandes atracos en el aeropuerto, el peluquín de Morris, la caja de limpiabotas, el lote de pistolas, la salsa, el helicóptero... Por no hablar del excelente uso de la música, desde las suaves melodías de crooners y combos femeninos de los 50 y 60, cuando todos están en la cresta de la ola, hasta el sucio rock 70s que habla sobre drogas o suena a drogas, y por supuesto esa larga y cocainómana secuencia, ya comentada, con Scorsese decidido a hacer sentir al público como se siente al meterse polvo blanco por la nariz. Sin duda uno de los mejores trabajos, también, de la mano derecha de Martin, la grandiosa Thelma Schoonmaker.

En fin, Uno de los nuestros es una película perfecta, inconmensurable, y obviamente es uno de los films de gángsters definitivos. Una barca, un perro mirando hacia un lado, otro mirando en dirección opuesta, y en fin, ¿qué queréis de mí? Scorsese es grande.

15 comentarios:

günner dijo...

Yo también pienso que es uno de los mejores films de la historia, y uno de mis preferidos.
Otra anécdota cachonda: cuando a Imperioli le pega un tiro en el pie
Pesci, se autohomenajes él en los Soprano, pegándoselo a un panadero que pasa de él!
Y es verdad que DeNiro no destaca tanto al lado de esos dos titanes, aunque luego, como bien apuntas, la carrera de Liotta deja mucho que desear.

No me suelo leer estos post tan largos en internet, pero este me lo tragué hasta atrás!
Genial.

John P. Maaaula dijo...

Peliculón, sin duda. Director, actores, el guión... todo es perfecto. Una pena lo de las películas siguientes de Liotta (aunque la de la isla me entretiene bastante), porque demuestra que tiene talento.

Un saludo

4 strongs winds and 7 seas dijo...

Brutalmente brutal!Estan todos de 10!Insuperable!Amo a Pesci y Robertson se luce en su seleccion musical!el libro Wiseguy de Nicholas Pileggi es uno de los que tengo pendientes aun de leer!
un abrazo

Félix S. Trabanco dijo...

Jodidamente genial, obra maestra incuestionable, la mejor peli de su genial realizador. No he visto todas las pelis de Scorsese posteriores a UNO DE LOS NUESTROS, pero no creo que haya vuelto a rodar obras maestras. Por supuesto que ha dirigido películas excelentes tras este film, es un director que salvo por "Al límite"(soporífero film), siempre se ha salvado de la mediocridad, pero ninguna de las que yo he visto es una obra genial. Y lo dice alguien que siempre confía en Marty, y que no cree que esté en decadencia. Es capaz de rodar nuevos clásicos, pero clásico no significa obra maestra.
La mejor peli de gangsters, por encima de EL PADRINO.

Agente Cooper dijo...

Toda una lección de cine de Scorsese. Todo es perfecto, los actores, el guión, la puesta en escena, la música...un obra maestra, vamos!

Víctor Hugo Sánchez Salamanca. dijo...

En esa peli Joe Pesci da un miedo acongojanteXD

ÁNGEL dijo...

Tras el Padrino, una de las mejores pelis de gangsters y mafiosos de la historia, con permiso, evidentemente de Érase una vez en América, Carlitos Way o Scarface, claro, sin olvidar Pulp Fiction o Una historia del Bronx. Hay tantas.
Salus.

Ginebra dijo...

Scorsese es que se buenísimo y si habla de la mafia más todavía y aquí menudo trío de ases eligió como actores, porque incluyo también al menos experimentado, pero muy bueno, Ray Liotta.
Yo no recuerdo exactamente las veces que la he visto y las que me quedarán por ver, imagino.Es de esas pelis por las que no pasa el tiempo.
A ver si pillo en DVD el documental que ha hecho sobre Harrison.

Besos

ATM dijo...

A qué te refieres con que soy gracioso???

Angus dijo...

Te leo con calma en otro momento amigo. Me atrevo a decir que es MI película favorita.

Mr. Self Destruct dijo...

Joder macho, vaya peliculón traes hoy, me encanta cómo interpreta Pesci, es un secundario de lujo. De Niro, como siempre, espctacular. Pero no me gusta nada Ray Liotta, colega, nada. Excelente entrada tío. ¡Un abrazo!.

El Bueno de Cuttlas dijo...

- "¡Traeme un Katty Shark Araña, yo soy el Chico de Arizona, baila!"

La verdad es que viendo esta película uno no sabe muy bien si el trío de ases protagonista (Liotta, De Niro y Pesci) son actores haciendo de mafiosos o gánsters rodando un documental. Genial

Un saludo

Möbius el Crononauta dijo...

günner: madre mía, ¡tú leyendo todo eso! es un gran honor. Pues si, uno de los mejores films de la historia.

John P. Maaaula: sí, una lástima lo de Liotta. Pues oye no sé si Absolom tendrá muchos fans...

4 strongs winds: yo tampoco lo he leído, pero debe ser muy entretenido.

Félix S. Trabanco: obras maestras después, creo que tampoco, pero antes sí claro. Eso sí, por encima de El padrino, no. Las dos en su estilo están en lo más alto.

Agente Cooper: ¡desde luego! Perfecta.

Victor Hugo: ya te digo, en la famosa escena del restaurante logra ponerle nervioso a uno.

Ángel: sin duda se ganó un puesto bien alto entre las grandes del género

Ginebra: desde luego nunca nos cansaremos

ATM: pues gracioso ya sabes, que tienes gracia para contar las cosas

Angus: ¡eso es mucho decir! pero no es de extrañar claro. Leáseme cuando usted quiera

Mr. Self Destruct: joer si Liotta se sale en esta peli. Y Pesci, merecería mucho más. Es un grande.

El Bueno de Cuttlas: son el trío gangsteril perfecto.

Jim Garry dijo...

Me lo he pasado pipa leyendo todo esto sobre Uno de los nuestros. Desconocía muchos detalles. Pero este post es igual que la peli de electrizante. Lo has clavado comenzando con esa anécdota del cuchillo de Joe Pesci y el perfeccionismo de De Niro. Joder, cómo comentas esto daría para un libro. Bien por Keitel que convenció a la Bracco para que hiciese la peli (por cierto lo borda) y qué bueno Liotta manteniendo el nivel con tipos en plena forma como De Niro y Pesci. Por cierto sabes si el libro en el que se basó Scorsese está editado en castellano. Me ha encantado el post y suscribo tu ultimo comentario “¿qué queréis de mí? Scorsese es grande” Yeah!!!

Sex, love and rock´n soul

Möbius el Crononauta dijo...

No me he dedicado a buscarlo detenidamente, pero seguro que en su día a raíz de la película alguna edición sacarían, o al menos eso espero, para cuando lo busque. Pues me alegra que hayas disfrutado el post, ¡este película se merecería uno diario!