jueves, 19 de enero de 2012

Los Flodder, una familia tronada (1986)

Que hay productos hijos de su tiempo y que tienen sentido en su época es algo que todos sabemos, así como que no todo lo que nos gustaba en determinado momento lo vemos igual pasado el tiempo. Es como el que en su día fuera fan de Poison, difícilmente podría transmitirle esa pasión por el grupo en pleno siglo XXI. No sé si con Una familia tronada pasará lo mismo, es posible que sí. Tras muchos, muchos años decidí recuperarla y obviamente el impacto no fue el mismo, pero en su día nos ayudó a muchos a pasar buenos ratos y a descubrir que había otro tipo de familias mucho más divertidas y más cercanas a lo turbio del día a día de lo que podíamos ver en el programa de Bill Cosby, por poner un ejemplo.

Los Flodder, comedia holandesa que por lo visto dio que hablar incluso en la libertaria tierra de los tulipanes, y que con el tiempo se ha convertido en un pequeño clásico de culto, fue uno de esos casos en que la película llegaba a uno en un VHS que iba de mano en mano, cada vez más gastado, o en copias de copias de una copia. Se extendía con el boca a boca y se hablaba de una comedia absolutamente gamberra que estaba pasada de vueltas. Parecía algo tan peligroso y excitante como ese tipo de cintas con gente desnuda que se pasaban mis amigos en el colegio mientras yo trataba de reprenderles inútilmente por su fea e inmoral conducta.

Y en realidad todo se reducía al momento y al lugar, a esa edad colombina en que parece que descubras las Indias a cada momento. Y ahí estaba esa comedia de sal gorda (¡aquí no estamos hablando de Ernst Lubitsch precisamente!) con una familia marginal y antisocial con una madre alcohólica y sus retoños de varios padres, un abuelo que en realidad nadie sabía muy bien quien era e inclusos momentos de incesto a cargo de la pareja de hermanos más calentorros de la familia. Si a eso le sumábamos que los servicios sociales decidían usarlos de conejillos de Indias y mandarlos a una residencia de lujo, pues ya teníamos el lío montado.

Ya que hablamos de familias peculiares y pasado el tiempo puedo confirmar que Los Flodder no es precisamente Matrimonio con hijos, pero al menos en mi caso cumplió su función en su día ofreciendo humor salvaje y pasado de vueltas (para la época claro), personajes asociales y carismáticos y, sí, además, se veía teta (todavía no existía telecirco y el internés) lo cual era un aliciente más. Además hay que alabar el trabajo de (ahora gracias a la tecnología les puedo poner nombres) Nelly Frijda como la fascinante matriarca de la familia, con su pelo sucio y su maloliente puro en la boca que es capaz de sacar los puños o las rodillas si es necesario pero se emociona con sus retoños como cualquier madre, o el gran Johnnie (Huub Stapel), el macarra europeo continental definitivo. Además decididamente saga Flodder no tendría sentido sin la gran aportación de Lou Landré como el desgraciado y bienintencionado Sajkie, el pobre agente de los servicios sociales que acaba pagando siempre las consecuencias del modo de vida de los Flodder. Y desde luego Tatjana Simic fue todo un descubrimiento que podía rivalizar con los encantos de otras bamboleantes personalidades de la época.

Al estupendo y no sé si inesperado éxito de la cinta le siguió una anecdótica continuación en la que la familia se iba a los Estados Unidos, que creo sólo podría interesar a acérrimos, fans del cenizo Sajkie o a los que gusten admirar los citados encantos de la Simic. Hay incluso una tercera parte que se rodó al mismo tiempo que la adaptación televisiva, que se emitió en su día por las privadas y que fue cuando la mayoría descubrió a esta modélica familia, aunque quienes ya les conocíamos sabíamos que ese Johnnie no podía competir con la gran labor de Stapel. De todas formas sobre la calidad de la serie poco puedo decir porque prácticamente ya no recuerdo nada de la misma, salvo que al menos los imprescindibles Frijda, Simic y Landré seguían ahí.

Como decía al comienzo no sé que podrá pensar quien viera la película por primera vez hoy en día, pero personalmente, a pesar de que Los Flodder acuse el paso de los años y las circunstancias de cada uno es una película que sigo considerando entrañable y que contiene algunos buenos momentos (¡esa mítica escena del abuelo y el tren!). El carisma de los personajes sigue intacto, quizás los gags no tanto. Pero por mi parte la película sigue teniendo mis simpatías.

3 comentarios:

PEPE CAHIERS dijo...

Recuerdo esta película porque la tenía como trailer en una cinta de VHS y era muy ochentera. El tiempo ha debido pasar por ella como una apisonadora.

Kinski dijo...

Jo!, me lo has puesto a güevo: It means nothing but a good time!!!!!

Poison!, Poison!, Poooooooooooooison!

Möbius el Crononauta dijo...

Pepe Cahiers: jeje un poco sí me temo

Kinski: unskinny bop bop!