lunes, 30 de enero de 2012

Los cañones de Navarone (1961)

Por un lado a finales de los 50 comenzó la andadura de un revival cinematográfico del género bélico, que buscaba o bien mostrar una imagen menos sesgada del cine contemporáneo a la Segunda Guerra Mundial, o bien simplemente entretener con una buena historia; y por otro hubo al parecer una gran etapa de literatura bélica que dio muchas de esas buenas historias que en Hollywood podían llevar a la gran pantalla. Y dentro de todo eso teníamos el subgénero de los comandos infiltrados, que empezó a dejar el patriotismo atrás para mostrarnos a tipos duros y malcarados que sin embargo tenían muchas más aristas y complejidades que el capitán Nelson de Objetivo: Birmania (Dios bendiga a Errol Flynn de todas formas). Y luego muchos de los que nos criamos con títulos como Doce del patíbulo nos pudimos sentir como el Mayor Reisman gracias al mítico videojuego Commandos, pero ésa es otra historia. Hoy toca hablar de una de las grandes películas de aventuras bélicas de los 60, Los cañones de Navarone.

Los cañones de Navarone cumplía con muchos de los requisitos para una estupenda película de aventuras bélicas con comando de tipos duros de por medio: se basaba en una novela de éxito, homónima por supuesto; había un gran guionista adaptándola (el exiliado por el macartismo Carl Foreman) y un competente director tras la cámara ('the mechanix' J. Lee Thompson), dos o tres grandes estrellas y secundarios de carácter. Y, por supuesto, muchos nazis que matar. Sí, sin duda Los cañones de Navarone es una de tantas referencias ineludibles para los fans de Malditos bastardos.

La trama de la película gira evidentemente alrededor de una misión (suicida, por supuesto) que los británicos planean realizar en el Egeo, ya que dos mil soldados británicos han quedado aislados en la isla de Leros y los planes alemanes para acabar con ellos están a punto de culminar. Sin embargo los intentos de rescate de la Royal Navy han sido inútiles ya que los malvados teutones han emplazado dos supercañones en la isla cercana de Navarone, impidiendo cualquier acercamiento a Leros. Así que una vez más un grupo escogido de hombres deberán infiltrarse en las líneas enemigas y volar los cañones por los aires.

No, por lo visto nunca hubieron cañones gigantes en Navarone, pero lo que importaba era tener una excusa para mandar a seis tipos a una aventura peligrosa y difícil. La película, producida por el propio Foreman, era una coproducción entre Estados Unidos y el Reino Unido, y contaba con varias estrellas de ambos países. El personaje fuerte de la cinta sería el experto escalador Mallory, un norteamericano, y se pensó en William Holden para ponerle rostro. Sin embargo Holden pidió demasiado dinero, así que se buscaron otros actores. Rock Hudson no parecía lo bastante duro, y Cary Grant era demasiado mayor, así que el escogido fue Gregory Peck. La estrella británica Kenneth More fue elegida para dar vida a otro de los personajes importantes, el experto en explosivos Miller, pero después de levantarle la voz a su jefe en los estudios Rank fue despedido y sustituido por David Niven, algo que muchos agradecemos. Con lo internacional de la trama evidentemente tampoco podía faltar Anthony Quinn, que interpretaba al duro oficial griego Andrea. El reparto principal se completaba con Stanley Baker (una de las estrellas británicas más carismáticas de todos los tiempos), el también británico Anthony Quayle (secundario muy competente y quien por cierto sirvió de enlace con los partisanos yugoslavos en la Segunda Guerra Mundial) y la dama de la interpretación griega Irene Papas. Por cierto, Brown, el experto en cuchillos al que encarnaba Baker, era apodado en la versión original "el carnicero de Barcelona", debido a las muchas gargantas que seccionó para el bando republicano en la Guerra Civil. Pero por supuesto el doblaje de la época se encargó de omitir ese dato.

Los cañones de Navarone, aparte de ofrecer más de dos horas de entretenimiento bélico (que por cierto pasan en un vuelo), dejaba entrever interesantes interpretaciones sobre la guerra y se alejaba del buenismo tradicional imperante en el género, no por humanizar al enemigo, que en realidad no dejaba de ser un puñado de meros objetivos móviles, sino por mostrar, aunque fuera entre líneas, las consecuencias individuales que supone un conflicto bélico como el de la Segunda Guerra Mundial, y lo que ello supone tanto para la población civil como para los soldados. Se apuntaba a cosas tales como lo que hoy conocemos como estrés postraumático de guerra, lo fácil que puede resultar cruzar la línea entre la supervivencia y el colaboracionismo, o las decisiones díficiles y pocas veces morales que se han de tomar para que una misión tan delicada y de tanta importancia tenga éxito. Los hay que incluso apuntan una muy enterrada subtrama de tintes homoeróticos.

Por todo esto y otras cosas que descubrirá quien desee verla, Los cañones de Navarone es otro clásico de aventuras bélicas de visión obligada.

5 comentarios:

miquel zueras dijo...

Me encanta esa película y "El desafío de las águilas" basada también en una obra de Alisteir Mac Lean.
Por cierto, me gustaría que vieras mi entrada del pasado 26 de abril "Papá en Navarone" donde cuento una curiosa anécdota sobre la película. Saludos. Borgo.

Félix S. Trabanco dijo...

Me gusta mucho más EL DESAFIO DE LAS AGUILAS, pero esta peli de J. Lee Thompson (muchas veces mediocrísimo realizador, pero no esta vez)es realmente buena.

Trónak el Kárbaro dijo...

Uno de esos clásicos como "doce del patíbulo" que uno no se cansa de ver.

Agente Cooper dijo...

Qué ganas de volver a verla...ahhhh! esas tardes de sábado pegado a la tele viendo películas como esta...sniff, snifff

Saludos

Möbius el Crononauta dijo...

miquel zueras: ¡lo buscaré! gracias

Félix S. Trabanco: "El desafío de las águilas" es más trepidante, pero tiene menos enjundia de trasfondo que ésta. Pero desde luego ambas son muy compatibles.

Trónak el Bárbaro: "doce..." es sencillamente magistral.

Agente Cooper: menos mal que con la sexta 3 de momento aun podemos tener esos sábados, de vez en cuando al menos.