viernes, 6 de enero de 2012

Blancanieves y los siete enanitos (1937)

La magia y el color del mundo de la Walt Disney Company comenzó en ese tipo de mente donde todo suele ser precisamente magia y color, la mente de un niño llamado Walt Disney cuya abuela solía leerle cuentos de los hermanos Grimm y Andersen. Las historias que poblaban la cabeza del pequeño Walt tenían una tradición de siglos, y para él los personajes de aquellos cuentos podían ser tan reales como cualquier persona. De entre todos los cuentos con los que creció su favorito era Alicia en el país de las maravillas. Y fue precisamente Alicia la que le llevaría a Hollywood junto a su hermano Roy tras haber creado un corto animado que había llamado la atención de la distribuidora Winkler Pictures. El camino hacia aquel corto había sido arduo y plagado de fracasos, pero finalmente parecía que a Disney las cosas empezaban a irle bien. Como tantos otros negocios prósperos de los Estados Unidos, la compañía de animación que montaron Walt y Roy nació en el garaje de la casa de su tío. Aunque el camino hacia la cima para Walt aun iba a poner unos cuantos obstáculos en el camino, poco a poco su trabajo y el de su mano derecha, Ub Iwerks, viejo amigo de los tiempos en Kansas City, comenzó a dar sus frutos. Juntos crearon para un exitoso personaje animado, Oswald el conejo animado, que la Winkler distribuía para la Universal.

En 1928 la carrera de Walt sufrió un duro golpe cuando tras varios encontronazos con Charles Mintz, capo de la Winkler, el dibujante y productor se vio de repente sin personaje, sin contrato y sin su equipo de animación, que fue reclutado por Mintz. Tan sólo su hermano Roy y el fiel Iwerks (a quien la posteridad seguramente debe más de lo que se le da) permanecieron a su lado. Pero si es cierto que es en las crisis cuando hay que buscar las oportunidades, Walt y Ub lo lograron creando a Mickey Mouse. El resto, como suele decirse, es historia. Llegó el sonoro, Mickey se convirtió en una sensación y Walt creó los cortos musicales de Silly Simphonies en los que poco a poco comenzó a experimentar con las posibilidades que le daba el medio animado. En 1930 Iwerks aceptó una propuesta de la competencia para iniciar su propio estudio, lo que supuso el fin de la colaboración y la amistad entre Walt y él. Fue en el estudio de Iwerks donde llegaron las primeras animaciones sonoras y en color. A finales de 1932 Walt rehizo uno de sus cortos para ofrecer su primera animación coloreada, en tecnicolor de tres bandas.

Un año después Disney conseguía su mayor éxito con el corto de Los tres cerditos, que cosechó tan buena respuesta en los cines como entre la crítica. Sin embargo el productor y director seguía pensando que todo su trabajo y el de su compañía de animadores no se veía lo suficientemente compensado económicamente. Las distribuidoras pagaban mucho menos por un corto que por un largometraje, y para lograr dar salida a los cortos estos tenían que ser vendidos en paquetes. Fue entonces cuando Walt decidió que había llegado la hora de crear lo que nadie parecía haberse atrevido a crear antes, al menos en América: un largo animado. A la de encontrar una historia que convertir en una película de dibujos Disney recurrió inevitablemente a uno de los cuentos que había escuchado de niño, el de Blancanieves y los siete enanos. Aparentemente Walt eligió a Blancanieves porque de joven ya había visto el potencial cinematográfico de la historia al ver una adaptación muda en 1916.

Fue el propio Walt quien fijó las directrices de lo que habría de ser la película. Su interés por la historia radicaba en las posibilidades cómicas de los enanitos, y además había expresado su deseo de dotar a cada uno de ellos con una personalidad propia. A partir de esas ideas el guionista del estudio Richard Creedon preparó un memorándum de veintiuna páginas repletas de sugerencias para usar en el film, incluyendo una lista de cincuenta nombres con sus correspondientes personalidades de entre los cuales poder elegir.

A pesar de las dificultades que presentaba el proyecto, Walt se convenció de la viabilidad del mismo cuando en 1935 viajó junto a su hermano Roy a Europa para recoger un premio. En París vio que un cine proyectaba varios de sus cortos seguidos. No se usaban sólo como entremés o descanso entre dos films. Un largometraje animado podía funcionar a solas.

Seguramente el departamento de Disney (la compañía) que más cuidaba Walt era el departamento de guión y narrativa, ya que la trama y la historia eran el pilar sobre el que se basaba todo lo demás. Ya antes de su viaje a Europa Walt había trabajado sobre distintos tratamientos y opciones trabajando ideas y contrastándolas sobre un guión gráfico. Por ejemplo se acabó decidiendo sustituir el peine original del cuento por una manzana ya que daba menos problemas a la hora de dibujarlo y facilitaba su animación. También se eliminó una secuencia donde la Reina tiene prisionero al Príncipe y hace bailar esqueletos para su propia diversión. El concepto de la malvada madrastra cambió bastante, desde un primer concepto como una gorda chiflada a la esbelta y terrorífica Reina que todos conocemos. Debido a ello Walt también decidió suprimir las escenas cómicas que se habían preparado para ella por miedo a restar credibilidad al personaje. Otra escena en que el Príncipe se equivoca de camino tratando de salvar a Blancanieves por no entender las señales de los animales también se quedó en el tintero. Algunas secuencias acabaron cortándose incluso cuando habían sido completamente animadas, como una pelea entre Gruñón y Doc, ya que poco a poco Disney decidió que el peso de la película debía trasladarse de los enanitos a la Reina y la misma Blancanieves.

En noviembre de 1935 Walt ultimó los últimos detalles de la historia, fijó los nombres y personalidades de los enanitos y comenzó a repartir el trabajo entre los departamentos y sus trabajadores. Fue entonces cuando dio comienzo la producción del film. Durante los últimos años Walt había logrado conformar un estupendo equipo de jóvenes talentos que tenían de referencia a unos cuantos veteranos del negocio. Desde que comenzara a dar que hablar con Mickey Mouse el productor no había dejado de invertir en la formación de sus dibujantes y animadores, llegando a conseguir descuentos en clases nocturnas (todavía no había mucho dinero en la caja) para que sus pupilos pudieran formarse en una academia de Bellas Artes. Walt también organizaba para sus trabajadores proyecciones de todo tipo de películas que encontraba interesantes y que estimaba que podían aportar nuevas ideas y técnicas a su equipo. Aunque entonces no se llamara así, podría decirse que Disney había creado en cierto modo su propio departamento de I+D.

Al frente del diseño de Blancanieves y los siete enanitos estaría Albert Hurter, quien se encargaría supervisar todos los diseños que hicieran para la película. Para aportar sangre nueva al equipo de diseño Walt contrató a principios de 1936 al sueco Gustaf Tenggren, para que aportara un toque europeo a todo el conjunto que el productor consideraba inestimable. Animado por lo que vio Disney regresó decidido a volcarse en Blancanieves con mayor ímpetu. El diseño y animación de los enanos se encargó a dos de los mejores animadores que tenía la compañía en nómina, Fred Moore y Vladimir Tytla. Sin embargo el trabajo que daban sólo los enanitos era tan monumental que tuvieron que delegar trabajo en otros animadores del estudio, lo que provocó serios problemas con la consistencia de la animación y los propios personajes. La animación de la cara en el espejo dio muchos quebraderos de cabeza a Wolfgang Reitherman, quien tras muchos esfuerzos logró dar forma a aquella extraña máscara griega, que al final acabó medio difuminada entre humo y una luz sobrenatural, lo que para él era como tirar por tierra todo su esfuerzo. De la animación de la Reina malvada se encargó Art Babbitt, quien había sido el primero en animar a sus colegas a asistir a clases de arte y a ensayar dibujos con actores reales (idea que finalmente tomaría en sus manos el propio Walt). Finalmente el productor y director acabó llamando a uno de los profesores de la academia, Don Graham, para que fuera al estudio y trabajara in situ con sus animadores.

Una de las claves para ir a aquellas clases era mejorar el estudio del movimiento y la simplificación de líneas para dotar a los personajes de más realismo. En sus menos comerciales Silly Simphonies Walt ya había aprovechado para experimentar nuevas técnicas y temáticas que por su naturaleza quedaban fuera del abasto de Mickey. En realidad el objetivo del exigente Walt era llevar siempre su animación más allá, e incluso durante la producción de Blancanieves siguió innovando como en su premiado cortometraje El viejo molino, donde Disney experimentó por primera vez con una cámara multiplanos que serviría para aportar a los dibujos esa profundidad tan característica de Blancanieves y los siete enanitos, y de todos los films de la compañía que le siguieron.

Las dificultades que surgieron para crear una película así fueron múltiples, lo que fue a unido a un incremento en los cotes. Del medio millón de dólares inicial, se llegó a un presupuesto de 600.000 dólares. Cuando se sobrepasó esa cifra los bancos habituales dejaron de prestar dinero a Walt. Eran muy pocos los que confiaban en la viabilidad del proyecto, y el que algunos periódicos hablaran de la "locura de Disney" no ayudaba a conseguir préstamos. Finalmente los estudios recurrieron al Bank of America, donde se avinieron a prestarles algunos miles de dólares.

Mientras, la producción avanzaba renqueante. El Príncipe fue perdiendo importancia ya que resultó patente que una figura masculina como la suya, tan realista (algo prácticamente inaudito en las animaciones de entonces, al menos en las americanas) iba a resultar muy difícil de animar. Para que sirviera de aliciente para sus animadores y guionistas Walt se decidió a premiar con cinco dólares cada gag que pasara la criba.

A principios de 1937 el estudio se quedó sin dinero. Los bancos no estaban dispuestos a dar más dinero en aun producto que consideraban demasiado arriesgado. Ni siquiera el Bank of America iba a soltar un dólar más. Roy le dijo a Walt que para convencer al presidente del consejo del Bank debería enseñarle lo que tenían. No había otra opción. Así que Walt se fue con algunos rollos de película bajo el brazo para enseñar a un monosilábico presidente de consejo unos dibujos en blanco y negro sobre los que el productor iba explicando lo que sucedía y qué aspecto tendrían al final. El truco funcionó, y Walt logró obtener el dinero para terminar la película. El presupuesto final del film acabaría alcanzando la increíble cifra de 1.700.000 dólares, especialmente para un producto de animación.

La siguiente tarea de Walt fue encontrar la voz apropiada para cada personaje. El enanito más simple acabó siendo Mudito ya que no se encontró a una voz que se adecuara a su personaje. La voz del Príncipe la puso Harry Stockwell, padre del actor Dean Stockwell. Para la Reina y la malvada Bruja se escogió a una veterana del teatro, Lucille La Verne. Se dice de ella que logró su teible caracterización de la Bruja quitándose la dentadura. Para poner voz a Blancanieves Walt decidió no dejarse llevar por las apariencias y montó un altavoz en su despacho para escuchar a las aspirantes. Rechazó al talento adolescente Deanna Durbin (futura estrella de las operetas cinematográficas) por considerar que su voz parecía demasiado mayor. Finalmente la elegida fue Adriana Caselotti, una joven de dieciocho años hermana pequeña de una soprano e hija de músicos. Walt encargó la música a dos parejas de compositores; unos harían la música de fondo y otros las canciones. Se prepararon 25 canciones, aunque sólo ocho acabarían en la película. Varias de las canciones acabarían siendo muy populares, como la mítica "Heigh-Ho". Blancanieves y los siente enanitos sería el primer film en editar un álbum con su banda sonora. Sin embargo la compañía nunca llegó a poseer los derechos de esas grabaciones.

Blancanieves y los siete enanitos fue el comienzo de muchas cosas para la productora Disney. Marcó la piedra angular de las futuras temáticas de sus películas, la forma de insertar los bailes y las canciones, sin que perjudicaran a la narrativa. Marcó un estilo y un diseño, una revolucionaria paleta de colores para los estándares de la animación de entonces, y algunas pequeñas tradiciones, entre ellas la de basarse en actores o personajes famosos para el diseño de sus personajes. Se dice, por ejemplo, que Blancanieves fue inspirada en la actriz Janet Gaynor, y personalmente apostaría lo que sea a que Joan Crawford sirvió de modelo para la Reina. El film también marcó la costumbre del estreno navideño, una época ideal para las películas animadas.

El éxito de Blancanieves y los siete enanitos fue abrumador. Ya la noche del preestreno lo más granado de Hollywood se puso en pie para aplaudir el final del film. Siete días después la película ya ocupaba la portada de la revista Time y tenía un buen artículo en Life. La taquilla fue un bombazo y Disney no sólo pudo devolver sus deudas, sino que con las ganancias compró y acondicionó los míticos estudios Disney en Burbank. No cabía duda de Walt había hecho historia.

Aunque asocio más mi infancia con el Correcaminos que con Mickey, evidentemente es difícil ser un crío del hemisferio occidental y no haber estado expuesto en algun momento de la vida a uno o varios de los productos de la Disney. Creo que incluso siendo un crío siempre me costó identificarme con las canciones más ñoñas y románticas, pero otros temas musicales son míticos, por no hablar de la simple y llana calidad de sus dibujos. Resulta difícil situar mentalmente a Blancanieves y los siete enanitos en una época tan lejana como 1937. Aunque la propia Disney aun habría de superarse a sí misma varias veces, y aunque la técnica hoy sea prácticamente una reliquia del pasado, el vigor de sus animaciones y sus diseños hacen de ella una película que ha aguantado el paso del tiempo muy bien, y el haber sido la madre de todo el cine animado comercial norteamericano que vino después (amén de sus influencias en Europa o Japón) ayuda a que la película no parezca anticuada. Además ahí están esos diseños inspirados en el mundo de terror de la Universal, o esas sombras y ese estilo impresionista a lo Murnau en determinadas escenas.

En fin, por no alargarme, diré que mi enanito favorito es obviamente Gruñón (que representaba al sector del público que no cree en los cuentos para así ganárselo, y dado que la película no la vi de niño es un elemento que ayuda mucho a identificarse con la historia) y que pasadas tantas décadas me sigue pareciendo fascinante toda la secuencia del "Heigh-Ho" (o aibó, por estos andurriales), especialmente cuando las sombras de los enanos se proyectan en la roca. Y también destacaría el encantamiento de la manzana, con esa ponzoña formando una calavera, o a la Reina pidiendo el corazón de Blancanieves en una cajita (ya sabemos que Walt tenía algo de psicópata y conocía bien el espíritu de los terroríficos cuentos de siempre previos al tamiz de los hermanos Grimm).

Creo que fue Eisenstein (el del acorazado) quien dijo que Blancanieves y los siete enanitos era la película más grande de la historia. De ella se ha destacado su influencia en El mago de oz (y se la señala como la principal razón para que en MGM se atrevieran a llevar ese proyecto adelante), en la narrativa de las canciones (se afirma que se adelantó en seis años al revolucionario musical Oklahoma) y por supuesto se la considera como un producto totalmente rompedor en el mundo de la animación. Aunque Walt Disney ya había recibido algunos premios y galardones especiales por alguno de sus cortos, sin duda era merecedor del Oscar especial que le otorgaron por Blancanieves, al que acompañaron de siete pequeñas estatuillas doradas. Evidentemente no se puede entender la historia de la compañía Disney sin echar la vista atrás y a Blancanieves y los siete enanitos.

Y sí, se dice que era la película favorita de Él.

6 comentarios:

David dijo...

Muy buena entrada.
Me alegro de que hayas contado la anécdota del banco y cómo Walt le llevó los rollos para que le siguieran financiando... Eso es buenísimo.
Ub siguió siendo su amigo. De hecho, después del fracaso de su estudio, volvió a Disney, donde ganó algún Oscar, aunque ya no se dedicaba a la animación, sino a otras cosas.
Supongo que no has leído esto .
Con todo lo que he leído sobre la peli, creo que es la primera vez que veo esto de Joan Crawford. Pero mira, podría ser...
Yo de crío era tanto del Correcaminos como de Mickey (de lo que hubiera), pero "Blancanieves" la vi de mayorcito en el cine... Después de una larga racha de películas infumables, fue estupendo descubrirla como el clásico que era. Luego la he seguido viendo... Y a día de hoy es una de mis películas favoritas.
Pero si hasta el tema del pozo inspiró a John Lennon cuando la vio de crío para un tema de los FAB (interpretado por George).
Mi enano favorito es Mudito (ese sabe qué beso quiere (ja,ja) )...Y no hay reina que me ponga más que la madrastra (ja,ja). Ese espejo estaba ciego...
Me parecen fantásticas un montón de secuencias, además de la de "aibó"; la "pesadilla" en el bosque; el momento en el que el cazador va a matarla...
Y las canciones son tan pegadizas.
Uan soooonnkkk. aijafbatuansoookn uansoooonkkk onlyforlluuuuuuuuuu.
Es un clásico... Y casi diría que es mi película de animación favorita.
Un saludo.

JLO dijo...

excelente post de un clasico... esta y Pinocho creo que fueron los puntales para todo lo bueno q vino despues en Disney...

salu2

Víctor Hugo Sánchez Salamanca. dijo...

Hace unos días me aburría mucho, me senté a ver la tele, puse uno de esos canales de dibujos que todo el mundo utiliza para tranquilizar a primos y sobrinos y...

...Dí gracias a Dios, porque cuando yo era peque los dibujos eran agradables de ver (y casi orgánicos o vivos me atrevería a decir), porque los de ahora son una enorme castaña (estáticos, estridentes, fríos y feos:)

¡Saludos!

Alí Reyes H. dijo...

Esa anécdota de cómo se logró el préstamo está fenomenal. No he visto la película pero por tu relato uno de anima a verla.
La vida de Walt guarda tanta semejanza con la de Steep Jobs y tantos otros. sus visas son ya un excelente guión para otra película

miquel zueras dijo...

Una entrada muy interesante. Cuando Disney anunció que rodaría su primer largometraje animado le decían: "¡Estás loco, eso te llevará diez años de trabajo!". Hay una escena suprimida muy buena que se puede ver por youtube: la canción "Ruido con la sopa". Saludos. Borgo.

Möbius el Crononauta dijo...

David: gracias. Es una anécdota mítica de toda la historia Disney, desde luego. Bueno, debería haber dicho que se reconciliaron y Ub acabó volviendo al redil, pero durante unos años su amistad se enferió mucho. Pero no, ¡no lo había leído! O no lo recordaba. Había leído lo de los Beatles, en efecto. Hay muchas secuencias destacables desde luego, ¡pero no quería escribir mucho más! En fin, el film es pura magia.

JLO: desde luego, Pinocho debería ser seguramente el otro cimiento del castillo Disney

Víctor Hugo: en cuanto a la calidad desde luego, en cuanto la diversión creo que sería debatible, pero bueno, ¡supongo que tengo que darte la razón!

Alí Reyes: bueno si tienes hijos, sobrinitos o demás en la familia es una buena excusa para verla. Desde luego han dado y darán para buenos documentales y libros al menos.

miquel zueras: y debatían si el público podría estar más de una hora viendo dibujos y colores tan vivos... ¡estaban locos estos romanos!