En una gasolinera perdida en mitad de Sun Valley un minúsculo equipo de p

roducción rueda los últimos planos adicionales en lo que se supone es Méjico para la conclusión de la película. El rodaje ya ha terminado, los actores ya no están y hace falta grabar a un jeep alejándose en la distancia. Unos pocos miembros del equipo y la productora
Gale Ann Hurd van a rodar sin permiso unos planos más con la propia
Gale ejerciendo de protagonista. Justo cundo comienzan a rodar aparece un coche en la distancia. Como no podía ser de otra forma se trata de la policía. Las cámaras están situadas en mitad de la autopista. El agente de turno sale de su coche y pregunta qué hacen allí. Después pregunta por los permisos de rodaje. No existen. Entonces
Gene Warren, supervisor de efectos especiales de la compañía Fantasy II, decide improvisar y le dice al agente que están ayudando a su hijo (presente allí para echar una mano al equipo) a rodar el proyecto de fin de carrera. La explicación convence al agente y les deja continuar siempre que quiten el equipo de la carretera. Así acabó el rodaje de
Terminator, un buen ejemplo para resumir un rodaje difícil y problemático, en lo que era una producción de serie B destinada a hacer historia.
Cuenta la leyenda que
Terminator surgió como una pesadilla febril en la mente de un agotado
James Cameron que se encontraba en Roma y a quien habían despedido de su primer largo,
Piraña 2, y quien dispuesto a no perder el control sobre la película se colaba en la sala de montaje por las noches para reeditar lo que habían montado durante el día. El agotador proceso le llevó a caer enfermo, y una de esas noches soñó con un increíble ser que aparecía de las llamas, un implacable asesino mitad humano mitad robot cuyo único objetivo era liquidarle. Había nacido el concepto del Terminator, el cyborg del futuro encargado de acabar con la humanidad.
Con esa idea en mente
Cameron escribió un tratamiento que envió a
Gale Ann Hurd, una productora y vieja amiga de los días en que ambos trabajaban para
Roger Corman.
Cameron y
Hurd pronto iniciarían una relación, pero por el momento ambos decidieron asociarse para sacar aquella película adelante.
Hurd acababa de fundar su propia productora, y
Cameron le ofreció gustoso su idea del asesino del futuro. El fracasado director y guionista le vendió el guión a
Hurd por un dólar, bajo la condición de que ella sólo pondría vender aquella historia con Cameron como director. A continuación
Cameron y
Hurd acabaron de pulir el guión con la ayuda de
Bill Wisher, un viejo amigo de
Cameron, y entonces
Hurd procedió a llamar a las puertas de las grandes compañías de Hollywood. Aunque el guión interesó, no lo hizo el acuerdo que proponía
Hurd. Ninguna de las grandes aceptaron sus condiciones, por lo que
Hurd tuvo que seguir buscando entre compañías más pequeñas. La productora tiró de sus contactos de los días de Corman, y consiguió distribución de Orion Pictures si lograba encontrar financiación para la película. Finalmente
la halló cuando
John Daly de Hemdale Films se interesó por el proyecto y concertó una cita con
Cameron. Cuando el actor
Lance Henriksen, que ya había trabajado con el director
en
Piraña 2, e iba a ser en principio el villano de la película, se enteró de la reunión, sugirió a
Cameron dar un golpe de efecto para que realmente se tomaran en serio la idea.
Lance se vistió como supuestamente lo haría el asesino implacable que era, se maquilló y se fue a Hemdale Films a preguntar por
Daly actuando en todo momento como el Terminator. La secretaria del productor se pegó un buen susto y cuando llegó
Cameron tuvo que dar explicaciones para que no llamaran a la policía. El truco funcionó, a
Daly le gustó el guión y aceptó financiar la cinta.
Con un ajustado de presupuesto de cuatro millones de dólares (una película como
Conan el bárbaro había costado alrededor de 20), que finalmente acabarían siendo seis y pico,
Cameron y
Hurd comenzaron a buscar su reparto y el equipo técnico. Orion Pictures exigió un nombre popular que pudiera atraer al público tanto en Estados Unidos como en Europa. El director sugirió a
Jürgen Prochnow, pero rechazaron esa idea. Alguna lumbrera también propuso tener a
O.J. Simpson haciendo de Terminator, algo decididamente irónico, tal como fueron las cosas años después, sobretodo teniendo en cuenta que fue desestimado por parecer demasiado simpático y amable. Finalmente alguien de la compañía sugirió a
Arnold Schwarzenegger, que acababa de convertirse en un tipo popular gracias a Conan. Con
Henriksen en mente como el Terminator,
Cameron sólo podía aceptar a
Schwarzenegger como Kyle Reese, el hombre de la Resistencia venido del futuro. Pero cuando el austríaco leyó el guión se interesó por el papel del villano, el Terminator, un perfil que se ajustaba más a su tremenda musculatura y con unos breves diálogos que no se verían perjudicados por su acento cerrado. A
Cameron la idea de no le hizo demasiada gracia. Tener a una montaña de tipo con acento extranjero como el Terminator arruinaba el concepto original del mismo como una unidad de infiltración con apariencia totalmente anodina que era en realidad una máquina de matar. Pero tras lo que en principio hubiera podido ser una tensa entrevista que devino en una amistosa charla
Cameron comenzó a cogerle el gusto al asunto y comprendió el punto de vista de
Schwarzenegger. Seguramente tampoco habría tenido más remedio ya que el actor ya tenía un gran éxito en el currículum y
Cameron no era nadie, pero finalmente el director cambió de opinión y presentó a
Arnold a los sorprendidos productores como su Terminator. Lo que dejaba al pobre
Henriksen fuera de juego; tendría que conformarse con un pequeño papel de detective de la policía.
Para interpretar a Sarah Connor, la mítica mujer que sería madre del salvador de la humanidad, en principio
Cameron había pensando en alguien bastante joven como
Bridget Fonda, pero tras decidir que Sarah sería alguien más mayor, probó con nombres como
Kate Capshaw o
Kathleen Turner sin éxito.
Debra Winger aceptó pero se cayó del proyecto en el ultimo momento. Finalmente sería
Linda Hamilton, la Sarah que todos conocemos y queremos, quien se haría con el papel, aunque estuvo a punto de rechazarlo porque una película con
Arnold Schwarzenegger no parecía algo serio.
Para interpretar al guerrero del futuro Kyle Reese sería
Michael Biehn quien se haría con el papel, aunque casi no lo logró. Se presentó a las pruebas tras un fallido intento de ser escogido para una producción de
Cat on a Hot Tin Roof, para lo que había trabajado mucho en su acento sureño. Cual fue su sorpresa cuando en la audición de
Terminator le dijeron que no estaban interesados en alguien sureño. Claro después de tanto trabajarlo el acento le salía solo. ¿Imagináis la cara del pobre
Biehn? Yo me lo imagino llevado a rastras por dos tipos, como se llevan en las películas a los locos, mientras grita "¡soy de Nebraska! ¡soy de Nebraskaaa!". Por supuesto eso no pasó pero así me divierto a veces en la cola del pan. En fin, que por suerte para algo están los agentes, y después de una llamada telefónica le dieron otra oportunidad a
Biehn, quien se convirtió en el Kyle Reese que todos conocemos y queremos.
Cerrado el reparto con secundarios como
Henriksen y otros actores pocos conocidos (citemos a
Earl Boen; nunca nos acordaremos de su nombre, ¡pero él fue el inefable doctor Silberman en las tres primeras películas de la saga!) el rodaje tuvo luz verde para empezar. Pero entonces llegó la primera complicación:
Dino de Laurentiis hizo uso de una opción sobre
Schwarzenegger y se llevó al actor para rodar
Conan el destructor.
Arnold se había convertido en la gran baza de la película, y nadie se atrevió a sustituirle, por lo que la película fue pospuesta varios meses. Al menos el retraso dio tiempo a preparar unos efectos especiales que se preveían complicados. El encargado del maquillaje y los efectos del T-101 eran
Stan Winston y su equipo, recomendado por
Dick Smith, a quien el estudio había exigido como jefe de maquillaje. El resto de efectos (rayos, máquinas, explosiones, escenas del futuro) fueron encargadas a la empresa Fantasy II.
James Cameron, director controlador y exigente, y que provenía de los departamentos artísticos de
Roger Corman, exigió varios diseños para el Terminator.
Cameron se dejaba caer por sus estudios cada dos por tres, haciendo modificaciones aquí y allá, hasta que básicamente se acabó volviendo al diseño original que el director había dibujado tras su terrible pesadilla.
Stan Winston relataba con una sonrisa cómo en realidad el diseño del cyborg era básicamente de
Cameron, pero que estaba encantado de que se le atribuyera el mérito, suponemos que porque el director con tanta visita debió acabar siendo una molestia. Elegido el diseño los movimientos del endoesqueleto del cyborg enseguida dieron problemas.
Cameron quería rodar todas las escenas del monstruo metálico con 'stop motion' (siempre me he preguntado qué habría pasado si
Harryhausen, de no haber estado retirado, se hubiera encargado del asunto... aunque con su independencia control sobre sus escenas dudo que con
Cameron tras las cámaras la cosa hubiera funcionado), pero
Winston le convenció de que podía construir un modelo a escala real y hacerlo funcionar. Finalmente se acabaron construyendo varios modelos (uno de cuerpo entero, un torso y cabeza, un tronco fracturado y su cabeza, unas manos articuladas, y un modelo entero para ser volado por los aires), y se acabó usando técnicas de 'stop motion' con miniaturas y movimientos de marionetista en plan teleñecos.
Cuando por fin
Schwarzenegger estuvo lista para rodar,
Linda Hamilton se torció un tobillo, lo que obligó a modificar el programa de rodaje y postponer tanto como fuera posible las escenas (que no eran pocas) en las que la actriz tenía que ponerse a correr. El rodaje probó no ser nada fácil para nadie;
James Cameron no parecía ser un hombre con mucho tacto y no le gustaba delegar en nadie, así que le puso las cosas difíciles a todos. Dicen que
Linda acabó tan hasta el gorro del estilo de
Cameron que le acabó espetando: "eres un buen director de marionetas, pero no de personas". Muchos años después en un documental
Michael Biehn bromeó diciendo que por lo que tenía entendido
Cameron no sabía actuar, así que seguiría necesitando actores. De todas formas ahí estaba
Arnold para rebajar la tensión con sus bromas, y como suele pasar, la mayoría lo dan todo por bueno vistos los resultados que logró el director.
Y ciertamente los resultados fueron excelentes, sobretodo considerando lo exiguo de un presupuesto que
Cameron y
Hurd alargaron al máximo. Ya desde el punto de partida la trama (que fue motivo de una demanda del escritor
Harlan Ellison que acabó en un acuerdo extrajudicial con reconocimiento a sus trabajos) era fascinante. Recuerdo que en la época (bueno, unos cuantos años después, supongo que en alguno de los primeros pases televisivos) era todo fascinante: ¡un asesino imparable enviado desde el futuro para acabar con la madre del salvador de la humanidad en un mundo postnuclear! ¡un humano del futuro que se encargará de defenderla! ¡Skynet! ¡ese diseño del Terminator! Era todo tan excitante que uno no podía tomar azúcar mientras la veía por miedo a una sobredosis de divertimento infantil.
Ahí estaba
Schwarzenegger (muchos ya le conocíamos como Conan), duro, frío, implacable, despachando a gente sin pestañear y buscando a Sarah Connor por todas partes. ¡Él era el uno, sin duda! Y
Biehn, que había sido escogido por no ser el típico héroe de acción, que estaba muy bien como el sufrido guerrero y el hombre torturado del futuro hecho escombros, y nos hizo desear a muchos ser salvadores del mundo.
Biehn se convirtió inmediatamente en un tipo carismático ideal para la fantasía y la ciencia ficción. Y, por supuesto,
Linda Hamilton, que pasaba de inocente jovencita a incansable luchadora por su supervivencia, y la de todos en realidad (¡levántate soldado!). Ella era la Sarah Connor en la que todos confiábamos.
Estupenda historia, una vibrante dirección de un
James Cameron con muy poca experiencia en el terreno pero que demostró su valía con creces, y unos efectos que hoy en día han quedado muy superados, pero que para la época y el presupuesto que manejaban estaban muy conseguidos. De hecho me gustaría detenerme un poco en este asunto, ya que siempre habrá quien tire atrás películas enteras sólo porque los efectos han quedado anticuados. ¡Como si
Terminator no tuviera nada más! Sin duda los que peor han envejecido fueron los de maquillaje, especialmente la réplica de
Schwarzenneger, aunque también es cierto que se arriesgaron con una escena bastante compleja y arriesgada frente a un espejo. Las escenas de 'stop motion' tampoco han envejecido muy bien, pero hubiera resultado muy difícil lograrlas de otro modo. Aunque en los momentos con el torso del endoesqueleto rodados por marionetistas los movimientos no acaban de ser del todo naturales, el espectacular diseño del bicho compensa cualquier otra incidencia. Las que mejor han aguantado el paso del tiempo, en mi opinión, son el momento de los rayos con la puerta espaciotemporal y las escenas del futuro. De todas formas todo esto poco importaba cuando tenías al gran Chuache levántandose del suelo una y otra vez, apuntando con su pistola láser, a
Biehn dejándose la vida en salvar a Sarah Connor, y la
Hamilton volviéndose cada vez más rabiosa. Y además por aquel entonces no había más terminators que
Terminator, y la película era realmente cojonuda. Y otra cosa más: ¡el camión que explota al final era una maqueta! A ver quien había notado la diferencia, a ver.
La pesadilla de Cameron
Recordemos también a
Brad Fiedel, el compositor de la banda sonora, que nos dio el famoso tema de la saga, con esos golpes espasmódicos inconfundibles, aunque la melodía principal siempre me ha parecido algo hortera, pero es la melodía de
Terminator y es mítica. Aunque sin duda lo que peor ha envejecido es una banda sonora que funciona en algunos momentos pero que en muchos otros es terriblemente 80s, como la discoteca TechNoir (una referencia al estilo que buscaba la película) que por otra parte se convirtió en una de las discotecas míticas de la historia del cine. De hecho hubo gente que luego la buscó pero no dio con ella, porque en realidad no existía.
En fin, ¡hay tantos momentos para recordar! La increíble aparición de
Schwarzenegger y su enfrentamiento con los punkis, los tiroteos en el TechNoir, Reese contando su historia a los policías, el mítico
I'll be back... ¡o Reese hablándole a Sarah de todo lo que está pasando en medio de las persecuciones y los tiroteos! Vertiginosa persecución, y además en estas películas siempre están los pequeños detalles, de los que uno no se da cuenta al principio. Hablo de los faros apagados de los coches que conduce Reese. Al principio no me fijé, luego noté el detalle y estaba claro que era algo demasiado obvio como para ser un error. Más tarde di con la explicación: como en el futuro cuando van con sus coches intentan no ser detectados, nunca van con las luces puestas. Tal vez parezca un detalle tonto, pero ya se sabe, la grandeza está en los pequeños detalles...
Sí,
Terminator, evidentemente una de esas películas sobre las podría hablar o escribir durante horas. Por supuesto es de esos films que uno lleva muy dentro, y fue el inicio de una excitante saga que lamentablemente, como siempre suele suceder con las sagas, acabó bastante mal y duró demasiado poco. Pero eso poco importa; tengo aquí una puerta temporal, y un T-800 programado para ir al pasado y cambiar algunas cosas...