sábado, 31 de diciembre de 2011

2012

Se acaba el año, y en estos momentos entrañables para todos nosotros que nos congratulan y nos funclafunclan es hora de rememorar los buenos momentos de ruock y esperar que haya todavía más ruock en el 2012, además de salud y buenos alimentos, si nos dejan. Porque como todos sabemos el mundo se acaba. ¿Profecías mayas? Nah, aquellos que conocemos la ley sabemos que ya hace años el gran sabio Arrabal pronosticó la que se venía encima en el momento televisivo más impepinable de la historia de nuestra querida televisión.

Sí amigos, dénse a la crapulencia, al vicio y a la lectura reflexiva y sesuda (con ese) de las obras completas de Lucía Etxebarría, que un poco de penitencia tampoco viene mal. El fin del mundo está ahí, el milenarismo va a llegar. ¡Que dejen hablar a las minorías! ¡C.Y.!



Por supuesto, hay más...



¡mucho más!

jueves, 29 de diciembre de 2011

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Especial navideño: ¿Música? (y III)

Rescato, creo que por última vez, este torturante especial con entrañable sabor a NMJ de grabaciones curiosas o que nunca debieron existir con algunos candidatos que se quedaron fuera en ediciones anteriores.

Empecemos con el mítico Coronel Sanders, quien vino a este mundo con una receta de pollo frito y cuyos sucesores se encargaron de llevar el nombre de Kentucky y el pollo hormonado por todo el mundo. La simpática figura de Sanders no sólo sirvió para servir de logo a la famosa marca de pollos fritos, sino que además dio pie a todo tipo de productos, incluidos algunos discos a los que el hombre sólo aportó su nombre y su imagen. Por lo visto la única vez que grabó algo por placer se dedicó a los himnos religiosos. Pero para entonces el mundo ya había conocido su disco navideño o Tijuana Picnic, el LP ideal para acompañar cualquier ingesta masiva de pollo frito a lo KFC.



En 1974 todo parecía ir sobre ruedas para Burt Reynolds. Su carrera hacia el estrellato se había afianzado con películas como Deliverance o Rompehuesos, y su desnudo en cierta revista realmente había dado que hablar. Así que, ¿por qué no aprovechar la racha y grabar un disco? El bueno de Burt se autoconvenció (o le convencieron) de que podía ser como Burt Bacharach y por lo tanto decidió poner su voz a Ask Me What I Am, un LP donde la estrella cantaba baladas de amor, narraba historias románticas y dejaba escapar de vez en cuando algun simpático country. La verdad es que lo que se escucha ahí no es lo más dañino que haya podido hacer una estrella de Hollywood en formato disco, Burt salió mejor parado que el pobre Eastwood en la época de Rawhide, pero desde luego Ask Me What I Am podría ser un buen remedio contra el insomnio.



Allá por los 50 dos de las actrices y cheesecakes más sexys del momento, Mamie Van Doren y June Wilkinson, decidieron unir sus voces en un disco que fue tan fugaz como rentable. Cn Bikini With No Top On The Top Mamie y June se dedicaron a cantar unos simpáticos e intrascendentes rocanroles y luego como campaña publicitaria se corrió el rumor de que las chicas habían grabado los temas, como bien rezaba el título del álbum, sin la parte de arriba del sostén. El truco funcionó lo bastante como para que durante el corto período en que duró la fiebre del disco unos cuantos tipos calientes dejaran sus dólares en un supuesto vinilo sexy, aunque en realidad era la imaginación del cliente lo que contaba aquí.



Otro curioso disco surgido de una fiebre estelar. En 1977 Farrah Fawcett era la reina de la televisión gracias a Los ángeles de Charlie y uno de los mitos éroticos definitivos para miles de adolescentes y tipos de endorfina fácil. De nuevo alguien vio que allí había posibilidad para arramblar unos cuantos dólares, ya que su mítico poster al fin y al cabo había arrasado en las tiendas. Y dado su increíble erotismo, ¿por qué no emular el mítico tema erótico de Serge Gainsbourg y Jane Birkin? Imaginamos que la idea no partió de Lee Majors, pero lo cierto es que Farrah, que nosotros sepamos, aceptó a poner su voz en "You", un alucinógeno single en el que un tipo se ponía a canturrear en francés (y luego se cambiaba al inglés, en un sorpresivo giro) y hacer durududús mientras Farrah se dedicaba a susurrar frases de la forma más erótica posible. En fin, no sé lo que opinaría el amigo Lee, pero seguro que hubo miles de fans onanistas que supieron sacarle partido al disco, que, por otra parte, no es que ofreciera composiciones épicas a lo Queen precisamente.



Ya lo decía Bluto Blutarsky: "¡toga! ¡toga!". Corría el año 1965, y Sidney Poitier era el actor de color número uno en Hollywood. Había ganado un Oscar por Los lirios del valle, tenía gracejo y desprendía una elegancia natural, y podía mirar a los blancos cara a cara. Así que, ¿por qué no grabar un disco como cualquier otra estrella hollywoodiense? Pero claro alguien como Poitier que sería el inefable Mr. Tipps no iba a conformarse con grabar baladas, darle al soul o encerrarse en el ghetto blues. Evidentemente un tipo del porte de Poitier con esas perfectas corbatas sólo podía acompañarse de cool, cool jazz. Lo cual era muy lógico. Pero, ¿qué pintaba Platón en esta ecuación? ¡Buena pregunta! Creo que el tipo que se hizo famoso por probar el último teorema de Fermat todavía anda trabajando en la cuestión. Pues sí, Poitier decidió que los textos del amigo filósofo irían muy bien con la gran música de Duke Ellington y Charlie Parker, así que se puso a recitar a Platón con jazz de fondo en uno de los LPs más extraños de aquel año: Poitier Meets Plato.



También en los 60 (¿alguna relación con los ácidos y el LSD y las estrellas de cine que les da por cantar? Bien, he ahí un caso para el gran Iker) toda una dama de la escenam, Bette Davis, se decidió a sacar su propio LP. Aunque una cosa es cantar "I've Written a Letter to Daddy" y otra meterse en según que canciones como si una fuera Liza Minelli. Y desde luego la especialidad de la Davis no estaba en el canto. Pero ahí quedó ese Miss Bette Davis Sings, un disco que no hizo temblar el estatus de Maria Callas, pero cuyas letras tenían el particular sello de la divina Bette.



Seguro que es uno de los últimos actores que uno habría imaginado metiéndose en estos fregados musicales. Pero sí, en la época de Con faldas y a lo loco a Jack Lemmon le dio por grabar un LP, A Twist Of Lemmon, repleto de jazz y swing, donde además de cantar el actor se encargaba del piano, acompañado por una banda recreando algunos estándars de gente como Gershwin o Porter, atreviéndose incluso con un tema propio. ¿Y cual fue el resultado? ¡Pues mucho mejor de lo que nadie hubiera podido pensar! A Twist of Lemmon desde luego no tiene mucho que ver con los traumáticos LPs que han pasado por esta sección, pero sólo por lo curioso del caso merecía un hueco entre tanto disco fallido y tantos nidos de cuco.



Por supuesto no podía faltar el Rey de Reyes de las obras musicales de estrellas de Hollywood, el mítico William Shatner y sus impepinables e imitables versiones de clásicos del pop rock, quien a finales de los 60 publicó el marciano LP The Transformed Man, un disco que revolucionó el mundo de la música (¿el Sgt. Pepper's? ¡una simple obra menor a su lado!) con Shatner recitando (por así decirlo) temas como "Mr. Tambourine Man". Tras un largo periodo alejado de los estudios, Shatner decidió este año dar al mundo lo que llevaba tanto tiempo esperando, otro disco de versiones shatnerianas. Seeking Major Tom, que así se titulaba, incluía más adaptaciones de clásicos, en los que en muchos casos participaron sus autores, músicos originales, etcétera, como fue el caso de Brian May con esta atómica "Bohemian Rhapsody". ¿Quién habría podido imaginar que una versión como la de Bad News podría ser igualada? Evidentemente sólo el Capitán Kirk podía ser capaz de semejante hazaña.



Evidentemente no sólo de incursiones musicales de estrellas de Hollywood vive el hombre, y por eso siempre traemos por aquí a esos artistas visionarios que van más allá de las etiquetas y de lo amateur o lo profesional para expandir los límites de la música hacia cotas nunca vistas u oídas por el ser humano. Es el caso de Zlad y su portentoso "Elektronick Supersonik", un épico tema que deja la obra de Pink Floyd a la altura de un tema de dibujos animados. Qué decir de Zlad, su particular forma de cantar, ese acento eslavo, y esas letras con las que Bob Dylan sólo pudo soñar, como "Hey baby ride with me away,/We doesn't have much time,/My blue jeans is tight" (!), o "Fly away, my space rocket/You no need put money in my pocket/The door is closed I just lock it" (¡genial! ¡simplemente genial!), "For you is Venus, I am Mars/With you I is more richer than all the tzars" (esto es poesía), o la superestrofa "I is more stronger than Darth Vapour". "Elektronick Supersonik", amigos, un clásico de nuestra era.



En su día pocos hicieron caso a George Orwell en su terrible visión futurista de nuestra sociedad, lo cual fue un grave error. 1984 era la fecha, y, efectivamente, ese año un terrible ser aterrorizó a las pobres gentes subyugadas al dominio de la memoria y el lenguaje. La pesadilla orwelliana cobró vida en forma de Angie, una joven mozuela a quien no supieron parar los pies antes de que pergeñara "The Computer Did", una canción tecnotrónico-futurista con un estribillo que puede causar más daño que ver la cinta esa de The Ring. ¿Qué que fue de la tal Angie? Ni idea, pero espero que fuera una de las víctimas de Holocausto Canibal. Sí, vale, las fechas no coinciden, ¡pero uno desea lo que quiere!



Para los fans de la saga galáctica más famosa de la historia que deseen mover el esqueleto al ritmo de su mítica BSO, existe esa versión disco que todo solapado bailarín con espada láser ha deseado. Así que ya saben, acompáñense de la Fuerza y de un buen traje blanco stormtrooper, ¡y cuiden los pasos de baile!



Bien, para finalizar, y para quitaros el presumible buen sabor de boca de A Twist of Lemmon, ¿qué mejor conclusión que la inefable Florence Foster Jenkins? Ya apareció por esta tremebunda sección, pero un talento como el suyo merece el honor de un regreso triunfal. Su carrera se puede resumir así: un buen día la amiga Florence se autoconvenció de que tenía un don para cantar ópera, y con sus ahorrillos se fue a grabar un sencillo en plan Elvis. Lo inimaginable de su 'performance' llamó la atención de algun visionario de la compañía discográfica y le ofrecieron grabar un LP. Y lo mejor de todo, ¡el disco tuvo éxito! Efímero, pero éxito al fin y al cabo. En fin, Florence Foster Jenkins, como reza la portada de uno de sus discos, the glory (????) of the human voice. Aquí va una pequeña joya de su repertorio. Aunque si realmente tenéis arrestos, os invito a que busquéis su terrible versión del aria de la Reina de la Noche, una temible grabación que habría indignado incluso al malvado Salieri.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Plácido (1961)

Decía el gran Luis García Berlanga que aborrecía los sempiternos telemaratones navideños que las televisiones organizan por estas fechas, y es que viendo una genialidad como Plácido, ideal para ver estos días, estupendo contrapunto patrio a otro clásico navideño como ¡Qué bello es vivir!, uno cae en la cuenta de que en realidad no hemos cambiado demasiado desde aquellos días grises. Quizás la única diferencia es que ahora los burgueses somos mucho más. Y quién lo habría dicho, pero cincuenta años después, con el contexto actual, una película como Plácido sigue teniendo mucha vigencia. Debe ser que son ciertas las palabras del villancico que quienes hayáis visto esta cinta tendréis seguro en mente.

Plácido surgió como una idea visual a raíz de una de las campañas navideñas promovidas por el Régimen que instaba a la población a acoger a un pobre por Nochebuena y compartir con él la cena y los benditos alimentos que se suelen tomar por esas fechas. Berlanga imaginó a los satisfechos burgueses que acallaban sus conciencias con ese gesto eventual devorando las pechugas del pollo que presidiera la cena, mientras que sus andrajosos invitados se tenían que conformar con las alitas. Ya se sabe, en realidad nada cambiaba. A partir de esa idea inicial Berlanga fue imaginando más escenas que estaban destinadas a convertirse en torpedos apuntando a las debilidades, realidades e injusticias de la sociedad española. Con un tratamiento bajo el brazo titulado "Siente un pobre a su mesa" (título que acabaría siendo censurado) que no interesó a nadie el director y guionista se dedicó a perfeccionarlo y expandirlo mientras se ganaba unas pesetillas colaborando en el guión de Familia provisional.

Berlanga venía de rodar Los jueves, milagro (comentada aquí), donde se había atrevido meterse con los vendebiblias y en general con el negocio que acompañaba a todo lo religioso. Por supuesto la censura no había permanecido impasible y había cercenado su guión, transformando toda la segunda parte del film (dicen que incluso toda esa parte del guión fue reescrita por un sacerdote censor) para que la historia se ajustara al férreo código de la época. Aun así don Luis, ante la falta de interés de los estudios por su nuevo guión, se lo tomó con calma y siguió a escribiendo a su manera. Y ya sabemos que prácticamente cada film de Berlanga supuso una larga y titánica lucha contra la censura. El destino, la bendita providencia, o la casualidad, llevó a que Berlanga se pusiera a trabajar con un novelista llamado Rafael Azcona que había entrado en el mundo del cine como guionista adaptando una de sus propias obras, El pisito. Colaborando para el corto de Juan Esterlich Se vende un tranvía Berlanga y Azcona congeniaron, y decidieron trabajar juntos en el guión que estaba preparando Berlanga. Como todos sabemos fue el feliz comienzo de una colaboración que se alargaría a lo largo de los años, dándonos verdaderos e increíbles clásicos del cine español.

Azcona llevó los escritos de Berlanga más allá; entendía perfectamente lo que el director quería, y con su talento como escritor y guionista supo plasmar con gran talento las ideas que bullían en la cabeza de don Luis, aportando el propio guionista también, por supuesto, sus propias concepciones, y su gran facilidad para crear diálogos geniales. En resumen, ambos conformaban un dúo genial y ganador.

Finalmente Berlanga obtuvo financiación gracias a Alfredo Matas de Jet Films, una nueva productora para la que Plácido iba a suponer su primer lanzamiento. Por supuesto el director tuvo que lidiar con los censores que exigieron cambios y cortes, pero de todas formas cada vez que no ve Plácido no deja de sorprender que una película así llegara siquiera a estrenarse, pero por suerte para Berlanga a partir de 1960 el Régimen comenzó abrir muy tímidamente la mano con respecto a la censura, y además diríase que los censores no eran muy dados a leer entre líneas.

Y es que el magnífico guión de Berlanga y su sosias Azcona tiraba con bala prácticamente en cada frase y cada escena, sin dejar títere con cabeza, ya fueran burgueses o trabajadores, ricos o pobres; nadie se salvaba en un ácido retrato de una España pacata y teatrera, donde el gesto y la apariencia es lo que cuenta y donde nadie se preocupa de nadie. Y quien piense que hemos cambiado acabará errando. A lo mejor han cambiado las formas, pero me temo que el fondo es el mismo.

Y bueno, qué decir de Plácido como película. Maravillosa, increíble, perfecta, ni le sobra ni le falta nada. Desde sus curiosos créditos iniciales con el montaje del pobre y la estupenda música de Miguel Asins Arbó hasta ese aplastante final, Plácido es una maravillosa sátira berlanguiana, una grandiosa comedia que esconde mucha mala baba y pone en solfa dramas, injusticias y pecados. El guión es tremendo, repleto de escenas inolvidables y frases atómicas con ese gracejo de la época que sólo tipos como Azcona podían manejar tan bien. Desde el minuto uno la película no da tregua al espectador con un ritmo endiablado y un reparto coral que entra y sale de los míticos planos secuencia de Berlanga girando alrededor del pobre Plácido, un españolito de a pie que ha comprado un motocarro para iniciar su propio negocio y es contratado para una cabalgata benéfica, aunque su única fijación es poder pagar la primera letra de su vehículo a tiempo.

Sería díficil destacar frases o momentos porque toda la película es un gran diálogo continuo o esperpento genial, y el reparto coral es tan imbatible como el propio guión, repleto de grandes y futuras estrellas y secundarios carismáticos, actores y actrices surgidos de la gran era de los cómicos, palabra que entonces iba mucho más allá de la simple dedicación a la comedia. Imposible olvidar a un estupendo Cassen como el Plácido que da título a la película, preocupado con su motocarro; el genial Jose Luis López Vázquez y su impepinable Quintanilla, el hombre para todo; otro grande entre los grandes, Manuel Alexandre; el sempiterno gruñón Agustín González en uno de sus primeros papeles; la señorona Amelia de la Torre; el amiguete de Berlanga, impagable Luis Ciges, y, en fin, una estupenda colección de grandes promesas y enormes secundarios (hagamos justicia, por ejemplo, con alguien como Julia Caba Alba).

Plácido, una de las mejores películas de uno de los más grandes (y no me refiero sólo al ámbito español).

domingo, 25 de diciembre de 2011

sábado, 24 de diciembre de 2011

Star Wars: The Holiday Special

Bueno, hasta ahora cada vez que había aparecido por youtube el mítico especial para Acción de Gracias de Star Wars no había tardado en desaparecer al poco tiempo, y en muchas ocasiones incluso se trataba de simples fragmentos. Ahora, y por el momento, hay varias versiones donde elegir con el programa completo, que se emitió en su día en plena fiebre galáctica en los Estados Unidos y Canadá. No sé realmente qué pasó ahí, supongo que como decía Krusty, aparcaron un trailer lleno de dinero delante de la casa de George Lucas, quien por una vez no tuvo demasiado que ver en el asunto. ¡Ya se encargaría él de endosarnos al maldito Jar Jar! Así que podéis imaginar lo que salió de allí, con los personajes de la recién estrenada franquicia en manos de la CBS. Una de las porciones del universo Jedi más kitsch de todos los tiempos.

A lo largo del especial vemos aparecer a prácticamente todos los personajes principales de la primera película (salvo Obi-Wan, claro), aunque los protagonistas son Han Solo, Chewbacca, ¡y su familia! Sí amigos, ya sabéis que en la televisión ningún especial familiar para las fiestas está completo sin críos ni animalitos. Así que trasladaron la acción al planeta de Chewie, que vive como cualquier oficinista en una casa-árbol con su mujer, su padre con cara de gruñón, y lo más epatante de todo, ¡su horrible hijo Lumpy! A su lado el descendiente del gran gorila en El hijo de Kong parece Marlon Brando. Probablemente el maldito Lumpy sea el personaje más irritante de todos los surgidos en la saga Star Wars junto a, claro que sí, el maldito Jar. En fin, que tras varios momentos de felicidad hogareña la familia Chewbacca se ve envuelta en tensos momentos con el Imperio y por el camino van apareciendo Luke, Leia y los demás, hasta que todo sale bien y Han Solo nos demuestra que no es únicamente un gruñón y que también puede ser sonrisas y azúcar. ¡Delirante!

A todo esto hay que añadir apariciones especiales de algunas caras conocidas de la cadena de entonces (entre ellas la ínclita y genial Bea Arthur, que sale haciendo de cantinera en Mos Eisley) y la guinda del pastel: ¡The Jefferson Starship! Impagables vestimentas. ¿Y qué decir de esos micros en plan sables láser? De hecho, ya puestos, podían haber invitado a los locos de Hawkwind. De hecho habrían sido una banda perfecta para el tugurio de Mos Eisley con todos aquellos freaks espaciales. Como colofón a todo este sinsentido, Luke, Han, los droides y Leia acompañan a Chewbacca en una especie de misa wookie (?) en la que Leia se pone a cantar al son de unos pasajes de la banda sonora de la peli. Evidentemente poco tiene que hacer frente a la mítica versión que Bill Murray pergeñó en su día. Por cierto, hablando de Leia, curiosamente, más tratándose de un especial televisivo familiar, en esta ocasión no parece que tuvieran demasiados problemas con dejar a Carrie Fisher más "suelta" en su mítico traje blanco, como se aprecia en algunos planos. En fin, ¡nada en este especial tiene sentido! Pero bien que nos alegramos algunos, ya sea por lo cómicamente absurdo que es todo, o por ser fieles defensores del lema dominguero de Homer. Como curiosidad, este especial supuso la primera aparición de Boba Fett en un corto animado que presentaba al grandioso personaje del cazarrecompensas.

Como podréis imaginar, gran parte de los fans de la saga no acogieron demasiado bien la idea de este 'mini star wars familiar', e imagino que hoy en día las reacciones de aquellos que lo vean por primera vez deben ser muy parecidas. The Star Wars Holiday Special sigue siendo una de las mayores bromas galácticas de la historia de la televisión, y cualquiera de los míticos actores que participaron en ella prefieren hacer como si nunca hubiera existido. Siempre pensé y leí que en El retorno del Jedi pusieron a Ewoks en vez de Wookies porque era menos complicado de rodar, aunque viendo este especial televisivo empiezo a preguntarme si la culpa de esa decisión no la tendría el odioso Lumpy. ¿Y cual es la opinión del creador de toda la saga acerca de todo este desaguisado? Bueno, todos sabemos lo que George Lucas acabó haciendo con la saga muchos años después, pero desde luego su cita célebre al respecto del especial es muy aclaratoria a la par que divertida: If I had the time and a sledgehammer, I would track down every copy of that show and smash it.

En fin, ¿qué mejor manera de pasar la Nochebuena que sentarse en el sillón o ante el ordenador y disfrutar del especial galáctico más campy de todos los tiempos? No tengan miedo, acompañen a Han, Chewbacca, el mostrenco de su señor padre y al entrañable Lumpy en uno de los especiales televisivos más absurdos de la historia. Permítanme citar aquí a la competencia; como dijo Spock: "¡esto es ilógico, capitán!".

Y más aún, además de traeros todo el especial entero en un bonito pack, la versión que os dejo incluye los anuncios que se emitieron en su día, para que la experiencia sea lo más realista posible. Aprovechen ahora, que el vídeo igual no dura para siempre.

¡Que la Fuerza os acompañe! ¡La váis a necesitar!


jueves, 22 de diciembre de 2011

Waking Sleeping Beauty

Desde que se estrenara Blancanieves y los siete enanitos en diciembre de 1937 Navidad y Disney han quedado asociados durante décadas de deleite entre el público amante de los films de la mítica productora fundada por tito Walt. Por supuesto la magia no dura siempre y uno empieza a ver con otros ojos a Papá Noel y a los Reyes de la cabalgata, hasta que acaba descubriendo que el bueno de Walt no era todo sonrisas y caramelos. Es duro mirar detrás de un decorado de western y ver lo qué son en realidad las casas que han presenciado tantos duelos. Bien, pues quien no tema mirar detrás de las películas de Disney, o quien directamente odie todos los productos animados surgidos de esos estudios (¿quién podría ser tan malvado? ¡Incluso Hitler se emocionaba con las pelis de Disney!), encontrará en Waking Sleeping Beauty una forma interesante de descubrir lo poco mágico que fue crear clásicos de la animación Disney en la difícil década de los 80 y los primeros 90.

Waking Sleeping Beauty se centra en los complicados años de Disney entre el 84 y el 94, que llevaron a la compañía desde estar al borde de la desaparición hasta su gran resurgimiento. El prólogo de la historia arranca en el 81, cuando Walt llevaba quince años muerto, con el exitoso estreno de Tod y Toby, la culminación de un proceso de transición iniciado en los 70 donde la vieja guardia de animadores de la era clásica comenzó a dar paso a nuevos y jóvenes talentos, entre los que se encontraban futuras estrellas como Tim Burton o John Lasseter. La difícil producción de Tod y Toby fue un claro ejemplo del caos que reinaba en unos estudios que hacía tiempo que habían dejado de ser infalibles en la taquilla e intocables para la crítica. Los éxitos cada vez eran más difíciles de conseguir, y muchos creían que la calidad de las animaciones del estudio iba cada vez a peor. Muchos de los animadores de Disney pensaban igual, y liderados por el jefe de animadores Don Bluth, abandonaron el estudio para crear su propia compañía, lo que retrasó un año la producción de Tod y Toby. Bajo la presidencia del yerno de Walt, el ex-jugador Ron Miller, la compañía tomó muchas malas decisiones (por ejemplo aliándose con algunos de los grandes estudios para dar a luz películas de acción real que fueron destrozadas por la crítica (Popeye) o fueron un sonoro fracaso comercial (El dragón del lago de fuego). Todo ello condujo a la crítica situación de 1984, cuando los estudios estuvieron a punto de ser comprados por un todopoderoso empresario que planeaba convertirlos en un jugoso negocio desmenuzando la compañía y vendiéndola en pequeñas parcelas.

El que fue el momento más bajo de los estudios Disney marca el inicio del foco de atención de Waking Sleeping Beauty, un curioso y sincero documental creado por dos de las antiguas estrellas del estudio en aquellos complicados años, el productor Don Hahn y el ejecutivo Peter Schneider. Narrado y dirigido por el propio Hahn, Waking Sleeping Beauty ofrece mucho material de archivo, entrevistas con los protagonistas y grabaciones caseras que nos ofrecen una imagen de la compañía que se aleja bastante de la magia e inocencia de sus películas, para describir algo mucho más mundano: lucha por el poder, zancadillas entre ejecutivos, animadores descontentos y explotados hasta la extenuación... un panorama encantador que quedaba muy bien reflejado con la Competición Anual de Caricaturas del departamento de animación, cuyo espíritu crítico queda patente en la misma cubierta del documental. Aparte de malos rollos en los despachos y el departamento de animación por el camino asistimos también a la paulatina recuperación comercial de los estudios, la creación de Pixar, hasta la confirmación del resurgimiento de Disney con el formidable éxito sin parangón de El rey león.

Waking Sleeping Beauty, un interesante y sorprendentemente sincero documental, sobretodo teniendo en cuenta que fue la propia Disney quien se encargó de distribuirlo.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Minority Report (2002)

La verdad es que cualquier pega que uno pudiera ponerle a Minority Report se disuelve como lágrimas en la lluvia de Venus cuando uno se entera de que cuando se hicieron con los derechos del relato del maltratado por Hollywood Philip K. Dick la idea era convertirla en una secuela de Desafío total. Eso significaba precogs mutantes en Marte y el amigo Schwarzenegger metido en el ajo. Y aunque yo, como muchos otros, disfruté en su día con Desafío total, hay que reconocer que de la obra original quedaba poco. Y además el film no ha envejecido muy bien. Pero ésa es otra historia. Hoy toca hablar de Spielberg y su informe de la minoría.

Ahora que Tom Cruise estrena película y está en todas partes me pareció un buen momento para decidirme por fin a ver esta adaptación de la novelita de Dick donde el autor volvía por sus fueros hablando del lado oscuro del ser humano, de la ética y la moral de su sistema social y de las paradojas del tiempo y el espacio. En fin, Philip K. Dick, ya saben. La verdad es que no sabía que iba a encontrarme, esperaba encontrarme algo parecido a la floja y sebosa La guerra de los mundos, pero fuera por las pocas expectativas o porque simplemente esta vez Spielberg estuvo más acertado, la verdad es que Minority Report no está nada mal. Tampoco está muy bien, pero bueno, si la comparamos con otras superproducciones al uso, desde luego aquí tenemos un producto más inteligente.

Primero de todo, Minority Report tiene un gran aliciente y obviamente ése es que la trama surgió de la extraña y genial mente del amigo Dick, uno de los insignes de la literatura de ciencia-ficción. Y evidentemente toda la historia nos plantea esa gran pregunta de qué pasaría si gracias a unos extraños seres que ven el futuro la policía detuviera no a los criminales, sino a aquellos que van a cometer un crimen. La paradoja o número de paradojas es tremenda. Así que ya de por sí la trama tiene su interés.

Segundo, tenemos a Spielberg, que ya no es el de antes pero el que tuvo retuvo y aunque unas veces nos dé cal y otras arena, al menos es un director de cine y no un director espasmódico de montaje de videojuegos. En sus Minority Report se convierte en un film bien hecho con algunas buenas escenas de acción, otras que no lo son tanto, y otras que al menos son bastante originales (el momento fábrica de coches: al parecer la única idea que ha sobrevivido del primer tratamiento destinado a ser secuela de Desafío total, y que Spielberg tomó encantado por ser una idea que Hitchcock no pudo llevar a cab; aunque en realidad Alfred no estaba pensando exactamente en lo que se ve en la película, ¡pero creo que le habría gustado!). Pero sobretodo creo que lo mejor de Minority Report es el retrato que ofrece de lo que podría ser nuestro futuro, algo que Spielberg se tomó muy en serio y para lo que reunió a un equipo de expertos (algo parecido a lo que hizo Stanley Kubrick en su día) para hacerse una idea de qué inventos habría y como funcionaría ese mundo futuro. El efecto final es bastante creíble y, repito, creo junto con la trama original de K. Dick es lo mejor de la película. He leído que Spielberg quería hacer de Minority Report su film más oscuro y bizarro (aunque estando por ahí cierta lista eso lo veo difícil), pero viendo el resultado final le faltó mecha (quizás debiera haber hecho una llamada a David Fincher) o quizás simplemente no quería arriesgarse a arruinar las posibilidades comerciales del film.

Por supuesto, el despliegue de efectos especiales es abundante y portentoso, y ya sabemos que Spielberg gusta de cuidar estas cosas, pero ésta no es una historia hecha por y para el CGI, así que los efectos están al servicio de la historia y no al revés. Pero de todas formas están muy logrados y cuidados, y ver a Tom Cruise con sus informes en pantalla táctil ya se debe haber convertido en una de las imágenes icónicas del género en estos últimos años.

Además de la gran estrella protagonista Cruise que cumple pero no apasiona (cuando no tiene a un buen director al lado hay que rebajarle la calificación) tenemos a Colin Farrell (muy lejos de su estupendo papel en Camino a la libertad), al siempre artesanal Max Von Sydow, y un buen porrón de secundarios, en su mayoría desconocidos para mí, salvo algún viejo rostro del cine de los Coen incluido.

Minority Report, una buena película de acción y ciencia ficción que entretiene (esto es lo más importante) pero enseña deleitando al mismo tiempo, gracias a que Spielberg es un gran profesional de esto y a que Philip K. Dick era seguramente un reptiliano.

martes, 20 de diciembre de 2011

De vuelta a la URSS

Estas navidades se cumplen veinte años de la caída de la URSS, el fin de la Guerra Fría y el comienzo de una nueva era (¿o comenzará con el 11-S? Esto es como los del siglo XIII, que no sabían que vivían en la Edad Media). Resulta curioso pensar en aquellos días; echando la vista atrás prácticamente fue como si un día estuviera allí y al siguiente no. Bueno, supongo que más o menos fue así. Empezó con Polonia, luego el muro, y ya sabéis, luego las filas de naipes que caen. Sic transit gloria mundi.

En fin, aprovechemos estos días el revival para ver los nuevos documentales que vayan emitiendo (este domingo ya cayó uno en Documentos TV) y rememorar los días donde los malos de las películas hablaban con acento ruso. Y así, de paso, podemos pinchar uno de los mejores temas de los Beatles, surgido de uno de los sempiternos piques de McCartney con el mundo (o, en este caso, los Beach Boys).

lunes, 19 de diciembre de 2011

Alien Nation (1988)

En la era de las hombreras y de Wham! el Distrito 9 de la época fue Alien Nation (o Alien nación), una película que nos sorprendió a muchos por la perspectiva que adoptaba frente a la cuestión de los alienígenas en el cine y que sirvió de influencia para la tan comentada cinta sudafricana de un par de años. En Alien Nation los alienígenas llegaban en grandes cantidades, y ni traían mensajes ni venían a hacer la guerra. Curiosamente, al final era como si hubiera llegado una nave con portorriqueños. La película nos iba a mostrar que si un día llegaban seres del espacio exterior, tal vez fueran simples emigrantes o refugiados.

El telón de fondo para la historia nos retrotraía (ya que en realidad la acción tenía lugar en el cercanísimo futuro de 1991) a 1988, en las postrimerías del mandato de Reagan, durante el cual una gigantesca nave espacial llegaba al desierto californiano con trescientas mil almas alienígena a bordo. Los pasajeros eran unos humanoides creados genéticamente por alguna raza alienígena superior para usarlos como esclavos, con lo que eran muy fuertes y resistentes y trabajaban en cualquier condición y clima. ¡Tenían hasta dos corazones! Tras una cuarentena pegamos el salto y nos encontramos en Los Ángeles del 91, donde los alienígenas se han convertido en una minoría racial más, y como cualquier otra minoría se han hecho con su propio barrio donde tienen sus tiendas y sus cosas. Y como sucede con cualquier otra minoría racial, la mayoría, e incluso el resto de minorías, no los ven con buenos ojos.

Con este trasfondo de ciencia ficción lo que en realidad nos ofrecía Alien Nation era una típica buddy movie, ya sabéis, ese subgénero (muy extendido en el policíaco) protagonizado por una pareja de, en este caso, policías (normalmente un veterano y un novato) que tienen sus diferencias y al principio no se llevan bien. El veterano es Sykes, un huraño policía que como muchos otros desprecia a los alienígenas, y como suele suceder en el subgénero, acaba de perder a su compañero de siempre en un tiroteo durante un atraco perpretado por, claro que sí, tipos de dos corazones. Entonces desde las cúpulas altas que siempre buscan arañar votos con la inmigración, se decide ascender a un patrullero alienígena para convertirlo en el primer detective venido del espacio exterior. Se trata de Sam Francisco (el film juega con la idea de que al haber tantos alienígenas los funcionarios se quedaron sin nombres cristianos que ponerles y empezaron a llamarlos como actores, personajes de dibujos y así), al que Sykes llamará George (por George Jetson, nombre original para el personaje que Hannah-Barbera no permitió usar), un tipo honrado que tan sólo busca prosperar y ser tratado como cualquiera. Aunque Sykes no quiere ver a los alienígenas ni en pintura, decide presentarse voluntario para trabajar con George porque lo ve como una oportunidad para resolver el crimen de su compañero.

En Alien Nation predominan los arquetipos de la historia policíaca de compañeros que no se llevan bien y que investigan un crimen que les llevará hasta asuntos más complejos, pero realmente donde gana la película es en la nueva perspectiva que trajo y en lo bien que está construida la sociedad inmigrante alienígena, que al fin y al cabo no deja de ser como investigar un crimen en Little Korea o algun sitio así. La trama policial por otra parte está bien llevada, resulta un buen arquetipo por decirlo así. Lamentablemente pasado el ecuador de la historia el film comienza a deshincharse, como si hubieran apremiado a los guionistas a finiquitar en asunto en veinte minutos. El comedimiento y el saber hacer del resto de la película parecen esfumarse en los últimos veinte minutos y todo se precipita de forma demasiado rápida y demasiado fácil. Una lástima. De lo contrario el conjunto del film habría sobrevivido mejor, aunque su novedosa historia todavía hace que algunos recuerden el film.

Gran parte de la película se sostiene sobre los hombros de un James Caan que aporta su buen hacer y su carisma al papel de Sykes, el sempiterno detective de familia rota que destaca de entre otros detectives similares simplemente por ser James Caan. El villano de la historia es un Terence Stamp muy maquillado, y aparte del amigo George hay una miríada de secundarios y figurantes maquillados en una escala que no se veía en Hollywood desde los tiempos de la saga simia. Entre la raza del espacio exterior no olvidemo destacar a Leslie Bevis (¿la recuerdan en plan galáctico junto a Mel Brooks?) quien a pesar de su extraño cráneo de tenctoniana no deja de ser una de las alienígenas más sexys que se han visto en la gran pantalla.

Alien Nation no es la película definitiva, pero mantiene el tipo hasta cierto punto y el toque alienígena de todo el asunto, aunque ya no resulte muy sorprendente a estas alturas, sigue teniendo sus puntos fuertes (¡esas borracheras con leche agria!). Como ya he dicho, lástima que no la remataran bien, sino seguro que se hablaría más de ella. De todas formas en su día fue lo bastante popular e impactante para que se hicieran cómics, libros y una serie televisiva. En resumen, un inesperado buen film, con sus fallos, pero también con sus aciertos.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Queen - Vélez, Buenos Aires, febrero de 1981

En febrero del 81 durante la gira de The Game Queen desembarcaron en loor de multitudes en una Argentina sometida a la dictadura militar dispuestos a dejar una huella inolvidable en sus fans argentinos (que se contaban por miles y miles, ni la censura podía con Queen) que lógicamente esperaban su visita con locura. Incluso el hijo del dictador, Eduardo Viola, parecía ser fan y se dedicó a ejercer de cicerone para la banda, recibiéndoles en el aeropuerto y llevándoselos allí y allá (incluso durante una visita a un cuartel, según cuentan, el grupo se fue de paseo en tanque). Pero cuando la noche anterior a su primer concierto en Buenos Aires los militares, políticos y demás miembros de la casta dictatorial organizaron una cena de gala en honor del grupo, la banda que ya estaba cansada de aguantarlos decidió no presentarse, y prefirieron pasar la noche con su ídolo de balón Diego Armando Maradona. Como dijeron más tarde en Brasil, no habían ido a tocar para los militares.

Para quienes nunca pudimos ver a la banda en directo los conciertos filmados son una excelente forma de imaginarte lo que debía ser ver a Queen en un escenario. El concierto de la banda en el estadio de Vélez fue retransmitido por radio y televisión, y por suerte esa grabación está disponible en la red para nuestro gran deleite. Por supuesto la actuación es aplastante (¿tuvo alguna noche mala esta gente?) y el calor del público argentino le ayuda a uno a imaginar lo que debía ser una noche así en España. Los momentos álgidos por supuesto son casi todos (el furioso arranque con la versión rápida de "We Will Rock You", "Save Me", "Now I'm Here", el increíble momento "I'm in Love with my Car"), aunque destacaría quizás la maravillosa y deliciosa "Crazy Little Thing Called Love", uno de los momentos pelopúnticos de la noche si se ve el concierto entero.

En fin, ¡Dios bendiga los full concerts del youtube!

viernes, 16 de diciembre de 2011

L.A. Confidential (1997)

Bienvenidos a Los Ángeles, donde el sol brilla, las playas son grandes y apetecibles, los campos de naranjo abundan, no falta trabajo y donde todo se puede conseguir, incluso las estrellas. Los Ángeles, que durante varias décadas ha tenido el honor de figurar entre las ciudades más corruptas de Norteamérica. Los Ángeles, la ciudad donde todo se compra y se vende, hasta el agua. Su policía es temida por su brutalidad y despreciada por su baja moral. Los Ángeles, conocida por algunos como el reino privado de Mickey Cohen, Los Ángeles, capital Hollywood, donde todo es más glamuroso, incluso los gángsters, y donde los lupanares ofrecen una mercancía sin igual. Una bella ciudad donde todo el mundo puede ver su sueño realizado, y donde un matón del hampa puede acabar saliendo con la rubia de la que se enamoró Andrés Harvey. Bienvenidos a Los Ángeles, la nueva Babilonia.

Como es bien conocido L.A. Confidential se basó en la novela del mismo nombre de uno de los autores de novela negra más celebrados de los últimos 30 años, James Ellroy. La historia comienza con el final del reinado del gángster Mickey Cohen cuando fue arrestado por evasión fiscal, dejando un vacío de poder que como suele suceder en estos casos desata una espiral de violencia en el seno del crimen organizado. Con este telón de fondo la película se centra en tres agentes del departamento de policía: Bud White, un honrado pero brutal oficial obsesionado con detener (y de paso descargar algunos golpes sobre ellos) a maridos violentos y proteger a las mujeres maltratadas; Jack Vincennes, un galán y mujeriego que combina su trabajo de detective de la policía con ser asesor de una serie policíaca, y algunos trabajitos bajo mano para la polémica revista Hush Hush; y Edmund Exley, un joven policía, hijo de una leyenda en el Cuerpo, quien a pesar de las influencias que posee quiere trabajar como detective y sentar ejemplo con su conducta intachable y su férrea disposición a seguir las normas cueste lo que cueste.

L.A. Confidential es una magnífica película de moderno cine negro, que tiene todos los ingredientes necesarios que tienen los grandes clásicos. Por ejemplo, una estupenda trama detectivesca que mezcla prostitución, corrupción, violencia, drogas, cadáveres y misterios, con la atmósfera de la ciudad de la época de fondo, y alguna que otra salpicadura de personajes y elementos reales de entonces (el escándalo de la paliza policial a los mejicanos, la revista Hush Hush que en realidad se llamaba la revista Confidential, etcétera), y una magnífica colección de personajes (¡Bud White! uno de los oficiales de policía definitivos del cine de las últimas décadas, o ese inolvidable Vincennes). Una dirección ágil con un ritmo de reloj suizo a cargo de Curtis Hanson (¿cómo pudo este tío dirigir una cosa llamada Ir a perderlo... y perderse? vale, no la he visto, igual hasta está bien, ¡pero vaya titulito!), que se apoya en un más que sólido guión del propio Hanson y Brian Hengeland, a quien recompensaron con un Oscar por su trabajo (y ese mismo año con un Razzie por ¡El cartero! ¡Y fue a recogerlo! Brian Hengeland, un tío cachondo). Y un reparto más sólido que la mandíbula de Jake La Motta.

El trío protagonista está perfectamente seleccionado, lo que eleva a la película a cotas más altas que muchas otras de la época. Pocas presentaciones necesita el siempre magnífico Kevin Spacey bordándolo de nuevo en su rol del detective playboy Jack Vincennes. De los mejores y más carismáticos actores de su generación, no hace falta decir más. También brutal (valga la redundancia, dado las características de su papel) era la actuación de un por entonces desconocido Russell Crowe (¡y pensar que le pusieron pegas por ser australiano!) quien como ha demostrado con el tiempo los papeles de tío duro o de tipo que pega antes que preguntar le van como un guante. De hecho creo que de todas las películas donde le he visto aquí es donde más me ha gustado. El tercero en discordia fue una sorpresa para mí cuando la vi, porque sólo había visto de él una paupérrima adaptación de El conde de Montecristo (aunque supongo que al fin y al cabo los actores no tuvieron la culpa); el caso es que Guy Pearce aquí está muy bien como el poli joven e inexperto recién salido de la academia que sigue el libro de reglas a rajatabla.

Y además están todos esos grandes secundarios, tipos que deberían tener estatuas en su honor como Danny DeVito (¿podría haber mejor director para una revista de escándalos?), o el señor James Cromwell, uno de esos secundarios que merecerían un Oscar anual sólo por existir, y en fin, la necesaria colección de tipos malcarados. Sin olvidar, claro está, a una preciosa y espléndida Kim Basinger con esos majestuosos aires de actriz clásica (¡todos sabéis a quien me refiero!) que con esta película demostró que podía (o había aprendido a) ser una buena actriz y hacernos olvidar su pétrea (pero sexy) aparición en Batman.

Aldo Ray, inspiración para Bud.

La verdad es que las buenas historias suelen hacer buenas películas, y con esas tramas con el trasfondo de connoisseur de James Ellroy uno de desearía que más buenos directores con más buenos repartos llevaran a la pantalla sus increíbles historias (aunque hablo de oídas, un día tengo que ponerme a leer sus novelas, pero como sean igual de excitantes que esta peli, más vale que no pierda el tiempo). Pero bueno de momento tenemos una cinta como L.A. Confidential, de esas que uno se puede permitir volver a ver con el tiempo n veces.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Los relatos cortos de H.G. Wells

Como todo ciudadano de bien sabe, Herbert George Wells es considerado, junto a Julio Verne, como el gran precursor de la ciencia ficción moderna. A Wells se le ha asociado más con la ciencia ficción de ideas, explorando el futuro de la humanidad, analizando sus ventajas y contrapartidas, el lado positivo y negativo de la tecnología, así como siendo uno de los primeros, sino el primero, en escribir sobre el hombre enfrentándose a fuerzas externas y a razas alienígenas inteligentes.

La carrera de Wells como escritor se inicia a mediados de la década de 1880, cuando estudiaba en la escuela de segunda enseñanza de Midhurst. Su primer relato corto data de 1884. Siguió escribiendo esporádicamente, publicando en revistas de aficionados, mientras su falta de interés en la geología le hizo perder su beca y verse de repente sin ingreso alguno. Fue por entonces cuando tanteó por primera vez sobre el papel la posibilidad de una máquina del tiempo. Sería en 1895 cuando llevaría a su máxima expresión esa idea con su novela La máquina del tiempo, su primer gran clásico y su primer gran éxito, al que no tardaron en seguir en un excepcional moméntum creativo otras obras clásicas del autor y del género como La isla del doctor Moreau, El hombre invisible o La guerra de los mundos.

La abundante bibliografía de Wells no se reduce, evidentemente, a estos títulos que todos conocemos. Cultivó el ensayo científico, político y social, novelas que poco tenían que ver con la fantasía o la ciencia ficción, y cerca de una sesentena de relatos cortos. Evidentemente la obra menos conocida del autor es aquella que nada tenía que ver con lo imposible, lo irracional o lo imposible hecho posible; en resumen, con la ciencia ficción. Aun así dentro de ésta sus relatos cortos tampoco son demasiado conocidos, aún cuando el formato nos ha dado, a lo largo de la historia de la ciencia ficción, alguna de sus mejores obras. Así que para quienes se pregunten que encierran todas esas pequeñas historias, aquí les traigo unas cuantas, que en un 99% fueron escogidas en su día para aparecer en la mítica colección de ciencia ficción de Orbis.


Los argonautas crónicos (1888) - El quinto relato corto escrito por Wells que fue publicado en la revista escolar The Science School Journal sentó un claro precedente para lo que sería su celebrada La máquina del tiempo, al aparecer en el relato una suerte de artilugio que permitía los viajes en el tiempo.
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La isla del Æpyornis (1894) - En una remota isla un hombre que trabaja para unos científicos está encargado de buscar y encontrar ejemplares de huevos de un pájaro prehistórico, el Aepyornis. Los nativos que le ayudan le dejan abandonado en la isla. El hombre logra alcanzarles en su bote, pero acabará yendo a la deriva. Tras dar cuenta de dos de los tres huevos de Aepyornis que llevaba consigo, debido al hombre, el náufrago llegará a un atolón, donde para su sorpresa, el tercer huevo hará eclosión.

El señor de las dinamos - La verdad es que no son pocos los relatos de H.G. Wells cuya atmósfera y temática habría encajado perfectamente en la mítica serie televisiva The Twilight Zone, cosa que no es de extrañar ya que la serie se nutría del trabajo de escritores y guionistas que al fin y al cabo habían crecido con la obra de Wells, Verne y otros pioneros del género. En el señor de las dinamos un oriental iletrado y supersticioso trabaja como ayudante del brutal encargado de tres dinamos que dan energía al tendido del ferrocarril. La mayor y más nueva de ellas pronto ejercerá una curiosa fascinación en el maltratado inmigrante, quien reza porque alguien le libre de su tiránico jefe.

El bacilo robado - En esta historia Wells juguetea con la idea de lo que pudiera ser el primer atentado bacteorológico cuando un anarquista roba una probeta con un peligroso bacilo mortal.

Los argonautas del aire (1895) - Un curioso relato en el que Wells nos describe como podría ser el primer vuelo tripulado en una máquina inventada por el hombre. ¿Alcanzaría los mismos resultados que el de los hermanos Wright?

El extraño caso de los ojos de Davidson (1895) - Un hombre trabaja en un laboratorio durante una furiosa tormenta. De repente un rayo parece alcanzar la estancia. El motivo parece estar envuelto en el misterio, pero cuando sus compañeros le encuentran, Davidson, aunque puede oírles perfectamente, no puede verles. Sus ojos sólo pueden contemplar una extraña isla y una goleta en el mar.

En el abismo (1896) - Un hombre, miembro de una expedición científica, será el encargado de sumergirse en el oscuro e inexplorado fondo marino, donde encontrará animales traslúcidos, peces que emiten una extraña fosforescencia y la más extraña e increíble criatura de todas...

La historia de Plattner - Como afirma el narrador en el relato, a los ojos de un observador casual, Gottfried Plattner podría parecer un profesor normal de una escuela privada cualesquiera. Todo en él parece normal, latidos del corazón incluidos. Pero el observador experimentado (y el lector que se acerque a este relato) descubrirá en esos latidos un hecho totalmente extraordinario.

Los atacantes del mar - Wells se adelantó en varios décadas al terror de Tiburón describiendo el ataque perpretado durante varios días en las tranquilas costas inglesas por un extraño grupo de grandes y violentos cefalópodos que van en busca de carne humana.

La historia del difunto Mr. Elvesham - Otro relato con ingredientes de The Twilight Zone (de hecho en la quinta temporada de la serie había un episodio en el que parte del argumento recuerda a éste) en el que un joven llega a un curioso trato con un anciano y millonario filósofo. Probablemente uno de sus relatos cortos más interesantes.

La esfera de cristal (1987) - En una vieja de antigüedades dos personas, una de las cuales parece un clérigo, se interesan por una esfera de cristal expuesta en el escaparate. El dueño les pide un precio demasiado alto para lo que es el artículo. Su mujer le reprende. Pero el hombre se niega a venderla. Tratará de retenerla a toda costa, pues esa esfera parece ser un portal hacia otro mundo.

La estrella - Clara precursora del subgénero más catastrofista de la ciencia ficción, La estrella narra la irrupción en el Sistema Solar de un gigantesco objeto, tal vez un cometa, que los astrónomos creen que colisionará con la Tierra. Con este relato Wells exploraba con gran maestría los sucesos y reacciones que podrían darse ante una amenaza exterior, sentando las bases para sus magistrales recreaciones de pánico y terror en La guerra de los mundos.

Jimmy Goggles, el Dios (1898) - Un barco con un cargamento de oro es hundido tras un encontronazo con unos piratas. Los tres únicos supervivientes regresarán con un traje de buzo para recuperar la valiosa carga, pero serán atacados por los nativos de una isla cercana. Sólo uno de ellos logrará salvar el pellejo: el hombre de la escafandra.

El hombre que podía hacer milagros - El bastante descriptivo título nos dice de qué va esta historia: durante una discusión típica en un pub sobre religión y los milagros, un hombre poco creyente trata de hacer una demostración práctica de que los milagros no existen, con sorprendentes resultados.

Un sueño de Armaggedon (1901) - Publicado en la revista Black and White, se trata de uno de los relatos más oscuros de Wells, en el cual un hombre sueña con una vida en un futuro aciago, transcurridos varios siglos, en el cual un líder terrible está a punto de llevar al resto de grandes potencias (referidas genéricamente como el Norte, el Sur, Asia, etcétera) a una nueva y terrible guerra. El hombre del sueño, una gran figura política que tan sólo trata de ser feliz junto a la fantástica mujer que le quiere, se debatirá entre su paradisíaca vida y la presión para que vuelva al ruedo político y pare las ambiciones del oscuro líder que amenaza la paz. La guerra parece da vez más inevitable, y Wells imagina ya en 1901 extraños vehículos en el aire arrojando terribles explosivos...

El señor Skelsmersdale en el país de las hadas - Un relato de Wells que hunde sus raíces en la mitología popular, y que narra la visita de un hombrecillo al país de las hadas, después de la cual nunca volvió a ser el mismo.

El nuevo acelerador - Un investigador descubre un elixir que permite aumentar la velocidad en el tiempo. Como resultado, el tiempo parece paralizarse ya que el propio sujeto se mueve y piensa a una velocidad mucho mayor que el resto de sus congéneres. Pero el increíble descubrimiento también tendrá, tratándose de H.G. Wells, sus puntos negativos.

Los acorazados terrestres (1903) - En una guerra de trincheras, muy similar a la de la Primera Guerra Mundial, dos potencias han llegado a un empate técnico, y sus tropas languidecen vigilándose las unas a las otras. Los protagonistas son un suboficial y un periodista de guerra, que se jactan de tener mejores soldados por su vida en el campo. Los enemigos, afirman, sólo son maestros, científicos, ingenieros. Producen peores soldados. En medio de su conversación un extraño temblor les hará ponerse en guardia. Se trata de las nuevas máquinas ideadas por el enemigo para ganar la guerra.
Al igual que Verne, con Los acorozados terrestres Wells se adelantó al futuro tomando dos inventos de su tiempo, los acorazados marítimos y una nueva rueda de recién invención, para imaginar una nueva arma mortífera.

El bazar mágico - Otra historia que hubiera podido formar parte de la magia televisiva de Rod Serling. Un padre y un hijo entran en lo que parece ser un bazar y juguetería donde su curioso dueño les realiza los trucos de magia más increíbles. Mientras su inocente hijo se lo pasa en grande, el padre comienza a sospechar sin embargo que algo no va bien.

La verdad sobre Pyecraft - En un club de Londres un recién admitido tiene que aguantar cada día la inaguantable presencia y personalidad del señor Pyecraft, un gran obeso parlanchín que siempre anda quejándose de su gordura, a pesar de lo poco que come, según su propia opinión. Cuando averigüe que la bisabuela del protagonista conocía extrañas recetas mágicas del Lejano Oriente, le pedirá alguna pócima para perder peso. Una vez más, un final inesperado.

El valle de las arañas (1903) Tres hombres a caballo siguen la pista de un grupo de criminales. Decididos a atraparles, se internan en un tenebroso valle donde tendrán un desagradable encuentro con enormes criaturas de ocho patas. Otro de los relatos de Wells que sería perfecto para una película.

El país de los ciegos (1904) - Probablemente el relato corto más conocido del autor. Recuerdo que cuando la leí por primera vez, cierto verano juvenil, me impactó bastante la historia, aunque no sabría citar el motivo. Aunque hoy no me cause tanto impacto, sigue siendo uno de los relatos cortos más curiosos e interesantes de Wells. Aislados en los Andes más profundos, hace generaciones un poblado se vio atacado por una extraña enfermedad. Desde entonces sus descendientes han nacido ciegos. Un buscavidas, montañero y guía de una expedición extranjera, quedará extraviado y llegará al país de los ciegos, donde cree que por fin podrá hacer su fortuna. ¿Acaso unos pobres ciegos podrían impedírselo?
Aunque el relato ha dado lugar a producciones radiofónicas y televisivas, pide a gritos una adaptación cinematográfica.

La puerta en el muro (1906) - Otro de esos relatos de Wells que podrían haber formado parte del mundo de La dimensión desconocida. En esta ocasión el narrador cuenta la fantástica historia que le confesó un viejo compañero de escuela e insigne personaje público, según la cual una vez se adentró a través de una puerta encajada en un muro en una especie de país mágico, donde el hombre sintió una felicidad que, de regreso al mundo real, nunca más pudo encontrar.

Una raza aterradora (1921) Entre sus últimos y cada vez más esporádicos relatos cortos destaca éste, mitad ensayo y mitad ficción, en el que Wells describe lo que entonces se sabía o suponía sobre la vida de nuestros antepasados y los neandertales, para luego imaginar lo que pudo ser el primer encuentro entre esas dos especies.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Sombra brumosa de invierno

La verdad que hay mucho cachondo por ahí suelto. Pues yo como un día tenga que poner las cadenas sí que me pondré a llorar de verdad me parece. Es que ni idea, tú. ¡Ay las cadenas!

lunes, 12 de diciembre de 2011

Terminator (1984)

En una gasolinera perdida en mitad de Sun Valley un minúsculo equipo de producción rueda los últimos planos adicionales en lo que se supone es Méjico para la conclusión de la película. El rodaje ya ha terminado, los actores ya no están y hace falta grabar a un jeep alejándose en la distancia. Unos pocos miembros del equipo y la productora Gale Ann Hurd van a rodar sin permiso unos planos más con la propia Gale ejerciendo de protagonista. Justo cundo comienzan a rodar aparece un coche en la distancia. Como no podía ser de otra forma se trata de la policía. Las cámaras están situadas en mitad de la autopista. El agente de turno sale de su coche y pregunta qué hacen allí. Después pregunta por los permisos de rodaje. No existen. Entonces Gene Warren, supervisor de efectos especiales de la compañía Fantasy II, decide improvisar y le dice al agente que están ayudando a su hijo (presente allí para echar una mano al equipo) a rodar el proyecto de fin de carrera. La explicación convence al agente y les deja continuar siempre que quiten el equipo de la carretera. Así acabó el rodaje de Terminator, un buen ejemplo para resumir un rodaje difícil y problemático, en lo que era una producción de serie B destinada a hacer historia.

Cuenta la leyenda que Terminator surgió como una pesadilla febril en la mente de un agotado James Cameron que se encontraba en Roma y a quien habían despedido de su primer largo, Piraña 2, y quien dispuesto a no perder el control sobre la película se colaba en la sala de montaje por las noches para reeditar lo que habían montado durante el día. El agotador proceso le llevó a caer enfermo, y una de esas noches soñó con un increíble ser que aparecía de las llamas, un implacable asesino mitad humano mitad robot cuyo único objetivo era liquidarle. Había nacido el concepto del Terminator, el cyborg del futuro encargado de acabar con la humanidad.

Con esa idea en mente Cameron escribió un tratamiento que envió a Gale Ann Hurd, una productora y vieja amiga de los días en que ambos trabajaban para Roger Corman. Cameron y Hurd pronto iniciarían una relación, pero por el momento ambos decidieron asociarse para sacar aquella película adelante. Hurd acababa de fundar su propia productora, y Cameron le ofreció gustoso su idea del asesino del futuro. El fracasado director y guionista le vendió el guión a Hurd por un dólar, bajo la condición de que ella sólo pondría vender aquella historia con Cameron como director. A continuación Cameron y Hurd acabaron de pulir el guión con la ayuda de Bill Wisher, un viejo amigo de Cameron, y entonces Hurd procedió a llamar a las puertas de las grandes compañías de Hollywood. Aunque el guión interesó, no lo hizo el acuerdo que proponía Hurd. Ninguna de las grandes aceptaron sus condiciones, por lo que Hurd tuvo que seguir buscando entre compañías más pequeñas. La productora tiró de sus contactos de los días de Corman, y consiguió distribución de Orion Pictures si lograba encontrar financiación para la película. Finalmente la halló cuando John Daly de Hemdale Films se interesó por el proyecto y concertó una cita con Cameron. Cuando el actor Lance Henriksen, que ya había trabajado con el director en Piraña 2, e iba a ser en principio el villano de la película, se enteró de la reunión, sugirió a Cameron dar un golpe de efecto para que realmente se tomaran en serio la idea. Lance se vistió como supuestamente lo haría el asesino implacable que era, se maquilló y se fue a Hemdale Films a preguntar por Daly actuando en todo momento como el Terminator. La secretaria del productor se pegó un buen susto y cuando llegó Cameron tuvo que dar explicaciones para que no llamaran a la policía. El truco funcionó, a Daly le gustó el guión y aceptó financiar la cinta.

Con un ajustado de presupuesto de cuatro millones de dólares (una película como Conan el bárbaro había costado alrededor de 20), que finalmente acabarían siendo seis y pico, Cameron y Hurd comenzaron a buscar su reparto y el equipo técnico. Orion Pictures exigió un nombre popular que pudiera atraer al público tanto en Estados Unidos como en Europa. El director sugirió a Jürgen Prochnow, pero rechazaron esa idea. Alguna lumbrera también propuso tener a O.J. Simpson haciendo de Terminator, algo decididamente irónico, tal como fueron las cosas años después, sobretodo teniendo en cuenta que fue desestimado por parecer demasiado simpático y amable. Finalmente alguien de la compañía sugirió a Arnold Schwarzenegger, que acababa de convertirse en un tipo popular gracias a Conan. Con Henriksen en mente como el Terminator, Cameron sólo podía aceptar a Schwarzenegger como Kyle Reese, el hombre de la Resistencia venido del futuro. Pero cuando el austríaco leyó el guión se interesó por el papel del villano, el Terminator, un perfil que se ajustaba más a su tremenda musculatura y con unos breves diálogos que no se verían perjudicados por su acento cerrado. A Cameron la idea de no le hizo demasiada gracia. Tener a una montaña de tipo con acento extranjero como el Terminator arruinaba el concepto original del mismo como una unidad de infiltración con apariencia totalmente anodina que era en realidad una máquina de matar. Pero tras lo que en principio hubiera podido ser una tensa entrevista que devino en una amistosa charla Cameron comenzó a cogerle el gusto al asunto y comprendió el punto de vista de Schwarzenegger. Seguramente tampoco habría tenido más remedio ya que el actor ya tenía un gran éxito en el currículum y Cameron no era nadie, pero finalmente el director cambió de opinión y presentó a Arnold a los sorprendidos productores como su Terminator. Lo que dejaba al pobre Henriksen fuera de juego; tendría que conformarse con un pequeño papel de detective de la policía.

Para interpretar a Sarah Connor, la mítica mujer que sería madre del salvador de la humanidad, en principio Cameron había pensando en alguien bastante joven como Bridget Fonda, pero tras decidir que Sarah sería alguien más mayor, probó con nombres como Kate Capshaw o Kathleen Turner sin éxito. Debra Winger aceptó pero se cayó del proyecto en el ultimo momento. Finalmente sería Linda Hamilton, la Sarah que todos conocemos y queremos, quien se haría con el papel, aunque estuvo a punto de rechazarlo porque una película con Arnold Schwarzenegger no parecía algo serio.

Para interpretar al guerrero del futuro Kyle Reese sería Michael Biehn quien se haría con el papel, aunque casi no lo logró. Se presentó a las pruebas tras un fallido intento de ser escogido para una producción de Cat on a Hot Tin Roof, para lo que había trabajado mucho en su acento sureño. Cual fue su sorpresa cuando en la audición de Terminator le dijeron que no estaban interesados en alguien sureño. Claro después de tanto trabajarlo el acento le salía solo. ¿Imagináis la cara del pobre Biehn? Yo me lo imagino llevado a rastras por dos tipos, como se llevan en las películas a los locos, mientras grita "¡soy de Nebraska! ¡soy de Nebraskaaa!". Por supuesto eso no pasó pero así me divierto a veces en la cola del pan. En fin, que por suerte para algo están los agentes, y después de una llamada telefónica le dieron otra oportunidad a Biehn, quien se convirtió en el Kyle Reese que todos conocemos y queremos.

Cerrado el reparto con secundarios como Henriksen y otros actores pocos conocidos (citemos a Earl Boen; nunca nos acordaremos de su nombre, ¡pero él fue el inefable doctor Silberman en las tres primeras películas de la saga!) el rodaje tuvo luz verde para empezar. Pero entonces llegó la primera complicación: Dino de Laurentiis hizo uso de una opción sobre Schwarzenegger y se llevó al actor para rodar Conan el destructor. Arnold se había convertido en la gran baza de la película, y nadie se atrevió a sustituirle, por lo que la película fue pospuesta varios meses. Al menos el retraso dio tiempo a preparar unos efectos especiales que se preveían complicados. El encargado del maquillaje y los efectos del T-101 eran Stan Winston y su equipo, recomendado por Dick Smith, a quien el estudio había exigido como jefe de maquillaje. El resto de efectos (rayos, máquinas, explosiones, escenas del futuro) fueron encargadas a la empresa Fantasy II.

James Cameron, director controlador y exigente, y que provenía de los departamentos artísticos de Roger Corman, exigió varios diseños para el Terminator. Cameron se dejaba caer por sus estudios cada dos por tres, haciendo modificaciones aquí y allá, hasta que básicamente se acabó volviendo al diseño original que el director había dibujado tras su terrible pesadilla. Stan Winston relataba con una sonrisa cómo en realidad el diseño del cyborg era básicamente de Cameron, pero que estaba encantado de que se le atribuyera el mérito, suponemos que porque el director con tanta visita debió acabar siendo una molestia. Elegido el diseño los movimientos del endoesqueleto del cyborg enseguida dieron problemas. Cameron quería rodar todas las escenas del monstruo metálico con 'stop motion' (siempre me he preguntado qué habría pasado si Harryhausen, de no haber estado retirado, se hubiera encargado del asunto... aunque con su independencia control sobre sus escenas dudo que con Cameron tras las cámaras la cosa hubiera funcionado), pero Winston le convenció de que podía construir un modelo a escala real y hacerlo funcionar. Finalmente se acabaron construyendo varios modelos (uno de cuerpo entero, un torso y cabeza, un tronco fracturado y su cabeza, unas manos articuladas, y un modelo entero para ser volado por los aires), y se acabó usando técnicas de 'stop motion' con miniaturas y movimientos de marionetista en plan teleñecos.

Cuando por fin Schwarzenegger estuvo lista para rodar, Linda Hamilton se torció un tobillo, lo que obligó a modificar el programa de rodaje y postponer tanto como fuera posible las escenas (que no eran pocas) en las que la actriz tenía que ponerse a correr. El rodaje probó no ser nada fácil para nadie; James Cameron no parecía ser un hombre con mucho tacto y no le gustaba delegar en nadie, así que le puso las cosas difíciles a todos. Dicen que Linda acabó tan hasta el gorro del estilo de Cameron que le acabó espetando: "eres un buen director de marionetas, pero no de personas". Muchos años después en un documental Michael Biehn bromeó diciendo que por lo que tenía entendido Cameron no sabía actuar, así que seguiría necesitando actores. De todas formas ahí estaba Arnold para rebajar la tensión con sus bromas, y como suele pasar, la mayoría lo dan todo por bueno vistos los resultados que logró el director.

Y ciertamente los resultados fueron excelentes, sobretodo considerando lo exiguo de un presupuesto que Cameron y Hurd alargaron al máximo. Ya desde el punto de partida la trama (que fue motivo de una demanda del escritor Harlan Ellison que acabó en un acuerdo extrajudicial con reconocimiento a sus trabajos) era fascinante. Recuerdo que en la época (bueno, unos cuantos años después, supongo que en alguno de los primeros pases televisivos) era todo fascinante: ¡un asesino imparable enviado desde el futuro para acabar con la madre del salvador de la humanidad en un mundo postnuclear! ¡un humano del futuro que se encargará de defenderla! ¡Skynet! ¡ese diseño del Terminator! Era todo tan excitante que uno no podía tomar azúcar mientras la veía por miedo a una sobredosis de divertimento infantil.

Ahí estaba Schwarzenegger (muchos ya le conocíamos como Conan), duro, frío, implacable, despachando a gente sin pestañear y buscando a Sarah Connor por todas partes. ¡Él era el uno, sin duda! Y Biehn, que había sido escogido por no ser el típico héroe de acción, que estaba muy bien como el sufrido guerrero y el hombre torturado del futuro hecho escombros, y nos hizo desear a muchos ser salvadores del mundo. Biehn se convirtió inmediatamente en un tipo carismático ideal para la fantasía y la ciencia ficción. Y, por supuesto, Linda Hamilton, que pasaba de inocente jovencita a incansable luchadora por su supervivencia, y la de todos en realidad (¡levántate soldado!). Ella era la Sarah Connor en la que todos confiábamos.

Estupenda historia, una vibrante dirección de un James Cameron con muy poca experiencia en el terreno pero que demostró su valía con creces, y unos efectos que hoy en día han quedado muy superados, pero que para la época y el presupuesto que manejaban estaban muy conseguidos. De hecho me gustaría detenerme un poco en este asunto, ya que siempre habrá quien tire atrás películas enteras sólo porque los efectos han quedado anticuados. ¡Como si Terminator no tuviera nada más! Sin duda los que peor han envejecido fueron los de maquillaje, especialmente la réplica de Schwarzenneger, aunque también es cierto que se arriesgaron con una escena bastante compleja y arriesgada frente a un espejo. Las escenas de 'stop motion' tampoco han envejecido muy bien, pero hubiera resultado muy difícil lograrlas de otro modo. Aunque en los momentos con el torso del endoesqueleto rodados por marionetistas los movimientos no acaban de ser del todo naturales, el espectacular diseño del bicho compensa cualquier otra incidencia. Las que mejor han aguantado el paso del tiempo, en mi opinión, son el momento de los rayos con la puerta espaciotemporal y las escenas del futuro. De todas formas todo esto poco importaba cuando tenías al gran Chuache levántandose del suelo una y otra vez, apuntando con su pistola láser, a Biehn dejándose la vida en salvar a Sarah Connor, y la Hamilton volviéndose cada vez más rabiosa. Y además por aquel entonces no había más terminators que Terminator, y la película era realmente cojonuda. Y otra cosa más: ¡el camión que explota al final era una maqueta! A ver quien había notado la diferencia, a ver.

La pesadilla de Cameron

Recordemos también a Brad Fiedel, el compositor de la banda sonora, que nos dio el famoso tema de la saga, con esos golpes espasmódicos inconfundibles, aunque la melodía principal siempre me ha parecido algo hortera, pero es la melodía de Terminator y es mítica. Aunque sin duda lo que peor ha envejecido es una banda sonora que funciona en algunos momentos pero que en muchos otros es terriblemente 80s, como la discoteca TechNoir (una referencia al estilo que buscaba la película) que por otra parte se convirtió en una de las discotecas míticas de la historia del cine. De hecho hubo gente que luego la buscó pero no dio con ella, porque en realidad no existía.

En fin, ¡hay tantos momentos para recordar! La increíble aparición de Schwarzenegger y su enfrentamiento con los punkis, los tiroteos en el TechNoir, Reese contando su historia a los policías, el mítico I'll be back... ¡o Reese hablándole a Sarah de todo lo que está pasando en medio de las persecuciones y los tiroteos! Vertiginosa persecución, y además en estas películas siempre están los pequeños detalles, de los que uno no se da cuenta al principio. Hablo de los faros apagados de los coches que conduce Reese. Al principio no me fijé, luego noté el detalle y estaba claro que era algo demasiado obvio como para ser un error. Más tarde di con la explicación: como en el futuro cuando van con sus coches intentan no ser detectados, nunca van con las luces puestas. Tal vez parezca un detalle tonto, pero ya se sabe, la grandeza está en los pequeños detalles...

Sí, Terminator, evidentemente una de esas películas sobre las podría hablar o escribir durante horas. Por supuesto es de esos films que uno lleva muy dentro, y fue el inicio de una excitante saga que lamentablemente, como siempre suele suceder con las sagas, acabó bastante mal y duró demasiado poco. Pero eso poco importa; tengo aquí una puerta temporal, y un T-800 programado para ir al pasado y cambiar algunas cosas...