23 de septiembre de 1994, Pulp Fiction inaugura la edición del festival de Nueva York aquel año. Una gran sala a oscuras, muchos críticos e invitados VIP, ya saben. La recepción es buena. Pero había de llegar el que sería el momento más impactante en las salas de cine de aquel año, el momento hipodérmico más inolvidable de la década. Cuando a un tipo del público le dio un colapso de pura impresión debido a la escenita de marras, Quentin Tarantino sabía que lo había conseguido.
Supongo que debía resultarle difícil a los egipcios superar algo como la gran pirámide, o a los romanos emp
ezar otro imperio de la nada; no sé si Miguel Ángel habría podido pintar otra capilla aún mayor, y seguramente Napoléon no habría podido repetir muchas más veces la broma de Austerlitz. Así que supongo que Pulp Fiction será el récord que Tarantino nunca podrá romper, ese injusto espejo en el que nosotros, los fans implacables y desalmados, le seguiremos pidiendo que se refleje. No, ciertamente Tarantino no será el Sergei Bubka del cine, pero por suerte para él y para nosotros, no está acabado, y tiene la ventaja de tener muchos subgéneros a los que homenajear con su particular estilo. De todas formas esto no es matemático, y dado que todo lo que hace el amigo Quentin siempre da mucho que hablar, hay opiniones para todos los estilos. Ciertamente los hay que piensan que sí está acabado, otros creen que ya se está repitiendo demasiado en una misma fórmula, otras gentes piensan que sigue haciendo buen cine, y en fin, los habrá a los que nunca les haya gustado ninguna de sus películas, pero sobre esos prefiero no decir mucho, seguramente se trate de los famosos reptilianos que están viviendo entre nosotros.
Antes de seguir, asumo que hoy en día todo quisque ha visto Pulp Fiction. Si usted está leyendo esto y todavía no le ha echado el ojo, si sigue adelante será bajo su propia responsabilidad. Bien, cuando acudí a ver Pulp Fiction a los cines no hubieron ictus ni desmayos, pero desde luego la famosa escena de la resurrección de Mia provocó grititos, sustos y comentarios. Curiosamente y si la memoria no me falla la otra escena que provocó rumores por lo bajini en la audiencia fue cuando John Travolta se quitaba la camiseta, dejando lucir su barriguilla, y es que los tiempos de Manero quedaban lejos. Pero ya hablaremos de eso. Simplemente baste decir que habiendo conocido ya esa maravilla titulada Reservoir Dogs acudí al cine con el fervor del converso a quedar deslumbrado por la nueva peli de aquel tipo loco, y desde luego obtuve lo que quería y más, Pulp Fiction me voló la cabeza, era como volver a la feria por primera vez, con las luces, las continuas distracciones, las palomitas dulces. Aquella película tenía tantos estímulos que nuestros cerebros bien podrían haber iluminado durante una hora todo una manzana de edificios.
El embrión de Pulp Fiction nació varios años antes, cuando Quentin y su amigo Roger Avary eran todavía dos aspirantes a cineastas y el primero se ganaba la vida todavía en aquel videoclub donde seguramente debía prestar más atención a lo que se ponía en la tele que a los clientes, aunque debía haber muchos, creo recordar que Tarantino eligió el horario nocturno para poder pasarse las noches viendo cintas y cintas de vídeo. Bien, Quentin y Avary todavía trataban de encontrar a alguien que les comprara su guión de Amor a quemarropa, aunque hasta entonces sólo habían encontrado promesas vanas y portazos en la cara. Cierto día, hablando de sus cosas, eufóricos por creer haber encontrado por fin a su productor, Quentin le comentó a Roger que alguien debería hacer de una vez una antología de los arquetipos del noir, como aquellas viejas revistas que compilaban distintas historias sobre gángsteres, atracos y chicas que eran un puro peligro, salvo que esta vez, en vez de usar papel, se usarían cámaras. Serían tres historias cortas, una dirigida por Tarantino, otra por Roger, y otra por cualquier otro director. Sería una delicia rodar algo así tras finalizar Amor a quemarropa. Quentin ya barruntaba la trama de su corto, la historia de un atraco frustrado...
Por supuesto, las cosas no salieron como habían esperado, Amor a quemarropa acabó en manos de Tony Scott y aunque era un pequeño empujón no era suficiente como para colmar sus sueños de ser tomados en serio por la industria. Pero un pequeño empujón siempre ayuda y finalmente cada uno acabaría realizando su sueño de dirigir un largo, Roger con Killing Zoe y Quentin con su historia de atracos, Reservoir Dogs. Historia que le convertiría en la gran sensación del momento y le llevaría por toda Europa de promoción, con parada en Cannes incluída. Y París.
No sé si Tarantino llegó a degustar los delicados sabores de la nouvelle cuisine, pero lo que sí hizo es ir, como buen turista yanqui, al McDonald's local, donde pidió una Cuarto de libra con queso. Pero ya se sabe como son los franceses para sus cosas, y allí el Cuarto de libra con queso era una 'Royale'. Francia, siempre cuidando el estilo. Y lo que era aún más sorprendente, ¡podías pedir cerveza con tu hamburguesa! Algo que imagino no debe pasar en las cadenas de gordos de por allí. En fin, que por lo general Europa sorprendió, fascinó y supongo que en algún momento asqueó al bueno de Quentin, en el mismo grado que a cualquier turista yanqui medio. Y, sí, lo habéis adivinado, evidentemente el joven director también pisó Amsterdam.
De hecho habría de regresar allí, no sin antes volver a California con sus alabanzas, sus premios, y los escritos de los críticos a los que les sentaba mal tanta sangre. En la tradicional manera de Hollywood, Tarantino supo que ahora era alguien allí cuando los que no habrían dudado en escupirle a la cara ahora le daban palmaditas en el hombro y le decían lo bueno que era, y la multitud de lecturas que tenían los tiroteos de Reservoir Dogs. Sí, Quentin, me ha recordado al epítome sexual de las sombras de Brassaï en lo inflexivo de Godard... ah, perdona, voy por un canapé.
Ahora que muchos billetes, quiero decir, espectadores, querían ver más del autor de Amor a quemarropa y del director de Reservoir Dogs, Hollywood estaba dispuesto a abrirse de piernas para Quentin. De hecho el boceto de lo que sería Pulp Fiction ya había sido comprado por TriStar cuando Quentin aún se hallaba rodando su ópera prima. Con lo que ésta acabó dando que hablar Tarantino pensó que era una buena oportunidad para rescatar su idea de la antología de cine negro, justo cuando TriStar se echaba para atrás y buscaba comprador. Pero no había que preocuparse, Miramax ya vigilaba de cerca.
Por entonces Tarantino tenía dos de las tres escenas por expandir, y una tercera que crear. ¿Y qué mejor sitio para crear que Amsterdam? Hollywood le tendría entre algodones y compraría cualquier cosa que escribiera. Se podía relajar y trabajar a gusto. Así que reunió los papeles que había escrito junto a Avary y se fue a pasar unos meses a Europa, donde le visitaba de vez en cuando su colega para revisar el asunto. Aunque finalmente su antología, Pulp Fiction, sería dirigida por él solo. Pero habría más oportunidades de rodar un film de cortos dirigido por varios directores.
Mientras degustaba el placer de las cervezas en los McDonalds y del particular café de Amsterdam, Tarantino fue escribiendo y elaborando personajes, algunos con ciertos actores en mente, como ocurrió con los papeles que serían interpretados por los nombres para los que habían sido escritos: Harvey Keitel, Tim Roth, Uma Thurman, Amanda Plummer y Samuel L. Jackson. Aunque el pobre Sammy habría de sufrir un poco de nuevo.
Digo de nuevo porque Samuel ya conocía a Quentin tras haber intentado obtener un papel en Reservoir Dogs, aunque Roth le ganó la partida. Tras el estreno el director no dudó en preguntarle qué le parecía la película, y cómo lo hacía el tipo que le había quitado el papel. Pero Tarantino había quedado impresionado por Samuel, y por eso escribió para él el inolvidable personaje de Jules. Sin embargo, si uno no es una gran estrella, uno tiene que hacer audiciones. Y en una de esas audiciones apareció Paul Calderon, quien hizo tan bien de Jules que empezó a hacer dudar a Tarantino. Cuando Samuel se enteró, dejó todo lo que estaba haciendo y se presentó a las audiciones para reclamar lo que era suyo. El pobre Paul tuvo que conformarse con un pequeño papel, el de barman.
Sin embargo Tarantino estuvo a punto de no tener a su Mia. Los nombres que se barajaban para hacer de la novia del gran gángster no eran moco de pavo: Meg Ryan, Isabella Rossellini, Daryl Hannah o Michelle Pfeiffer se habían presentado para obtener el papel. Y mientras tanto Quentin se desesperaba porque Uma Thurman no quería saber nada de aquel proyecto que apestaba a film barato de serie B. El director ya estaba a punto de conformarse con la Pfeiffer cuando desesperado llamó a Uma, le rogó, quizás lloró, y le leyó el guión por teléfono. Supongo que la pasión con la que debió leer el guión debió bastar para convencerla.
A quien sin embargo no pudo tener fue a Michael Madsen, para quien había escrito el papel de Vincent. Cuando llegó la hora de rodar Madsen ya estaba comprometido en otro proyecto y no pudo aceptar. Fue entonces cuando Tarantino sorprendió a todo quisque acudiendo a John Travolta.
Ya sabéis, Pulp Fiction, entre otras cosas, trajo una de las resurrecciones más sorprendentes de la historia de Hollywood, la de Travolta, el hombre a quien ya nadie respetaba. Y aunque todos
estos años el actor se haya vuelto a enfrascar en proyectos absurdos e infames, tiene un colchón de aire en el que apoyarse llamado Vincent Vega, colchón que no tenía a principios de los 90. Sí, Travolta había sido más grande que la vida, especialmente en América, desde que se ganara a las audiencias televisivas con Welcome Back, Kotter, y luego se convirtiera en el Mesías de las pistas de baile como Tony Manero, y después el mundo entero se acabara de rendir con Grease. Pero seguramente el público y la industria le veían más como un icono que como un buen actor. A pesar de participar en un film tan oscuro como Impacto, la cinta de Brian de Palma seguramente no era suficiente para convencer de lo contrario a los detractores de Urban Cowboy y la delirante Stayin Alive. Y así, a finales de los 80 y primeros 90, Travolta era pasto de las viejas glorias, atrapado en la horrible saga de Mira quién habla.
Pero si Travolta tenía un fan en este mundo ése era Tarantino, que le había seguido desde los días de Welcome Back, Kotter, y que hasta vibraba con Stayin Alive. Por supuesto, tuvo que luchar con denuedo para que los productores aceptaran a Travolta a bordo. Imagino que debieron pensar que se había vuelto loco. Pero finalmente cedieron, y fue así como Travolta se ganó el respeto que merecía, a pesar de los niños y perros parlantes. No importa las increíbles chorradas en las que se haya metido o pueda meterse Travolta desde entonces, Vincent Vega paga los cheques. Y, además, Tarantino pudo cumplir su sueño de jugar con Travolta una partida del juego de mesa de Welcome Back.
El reparto se siguió completando con actores y actrices como Eric Stoltz, Ving Rhames (el inolvidable Marcellus), la deliciosa Maria de Medeiros o Rosanna Arquette, y un minúsculo y disfrazado papel para Steve Buscemi, que hacía del camarero Buddy Holly. Buscemi resumió su papel con su estilo habitual: "Creo que Quentin tenía que haber filmado mi escena con planos más detallados, para que quede claro que no me dan propina".
Por otro lado, de atómica se podría tachar la aparición de Harvey Keitel como el señor Wolfe, porque ese tío es muy grande, y tampoco hay que olvidar el tronchante monólogo de Christopher Walken y su reloj, y quien por entonces tenía más caché de todos, Bruce Willis, quien buscó él mismo a Tarantino para que le considerara para el papel, y resultó excelente en su papel del boxeador que ha de tumbarse por dinero. Evidentemente alguien tan amigo de los homenajes como Quentin pensó en Sylvester Stallone para el papel, pero Willis era una elección mucho mejor.
Ezequiel, 25:17, la hamburguesa Royale, la hamburguesa Big Kahuna, la sobredosis, el baile a ritmo de Chuck Berry, el tiro accidental en el coche, el atraco en el restaurante, la bella taxista, la metralleta en la cocina, el café de alguien parecido a Tarantino... fascinantes diálogos, inolvidables escenas, increíbles personajes, situaciones retorcidas... ¿alguien imaginó que la pelea entre Marcellus y Butch pudiera acabar así? Un giro que le dejaba a uno sin habla. Y todos los intérpretes que rayan en un nivel muy alto. Keitel es otra liga, pero creo que siempre me quedaré con Samuel L. Jackson. Pero están todos magníficos.
¿Y qué demonios hay en ese maletín? Yo creo que un guión de El beso mortal. En realidad seguramente nunca contuviera nada, y eso es lo bueno del asunto.
En fin, se podría hablar horas y horas de esta película. No me importan los agujeros en la pared, si están allí o no, ni ninguna de todas esas mierdas. Pulp Fiction es perfecta.
Supongo que debía resultarle difícil a los egipcios superar algo como la gran pirámide, o a los romanos emp
ezar otro imperio de la nada; no sé si Miguel Ángel habría podido pintar otra capilla aún mayor, y seguramente Napoléon no habría podido repetir muchas más veces la broma de Austerlitz. Así que supongo que Pulp Fiction será el récord que Tarantino nunca podrá romper, ese injusto espejo en el que nosotros, los fans implacables y desalmados, le seguiremos pidiendo que se refleje. No, ciertamente Tarantino no será el Sergei Bubka del cine, pero por suerte para él y para nosotros, no está acabado, y tiene la ventaja de tener muchos subgéneros a los que homenajear con su particular estilo. De todas formas esto no es matemático, y dado que todo lo que hace el amigo Quentin siempre da mucho que hablar, hay opiniones para todos los estilos. Ciertamente los hay que piensan que sí está acabado, otros creen que ya se está repitiendo demasiado en una misma fórmula, otras gentes piensan que sigue haciendo buen cine, y en fin, los habrá a los que nunca les haya gustado ninguna de sus películas, pero sobre esos prefiero no decir mucho, seguramente se trate de los famosos reptilianos que están viviendo entre nosotros.
Antes de seguir, asumo que hoy en día todo quisque ha visto Pulp Fiction. Si usted está leyendo esto y todavía no le ha echado el ojo, si sigue adelante será bajo su propia responsabilidad. Bien, cuando acudí a ver Pulp Fiction a los cines no hubieron ictus ni desmayos, pero desde luego la famosa escena de la resurrección de Mia provocó grititos, sustos y comentarios. Curiosamente y si la memoria no me falla la otra escena que provocó rumores por lo bajini en la audiencia fue cuando John Travolta se quitaba la camiseta, dejando lucir su barriguilla, y es que los tiempos de Manero quedaban lejos. Pero ya hablaremos de eso. Simplemente baste decir que habiendo conocido ya esa maravilla titulada Reservoir Dogs acudí al cine con el fervor del converso a quedar deslumbrado por la nueva peli de aquel tipo loco, y desde luego obtuve lo que quería y más, Pulp Fiction me voló la cabeza, era como volver a la feria por primera vez, con las luces, las continuas distracciones, las palomitas dulces. Aquella película tenía tantos estímulos que nuestros cerebros bien podrían haber iluminado durante una hora todo una manzana de edificios.
El embrión de Pulp Fiction nació varios años antes, cuando Quentin y su amigo Roger Avary eran todavía dos aspirantes a cineastas y el primero se ganaba la vida todavía en aquel videoclub donde seguramente debía prestar más atención a lo que se ponía en la tele que a los clientes, aunque debía haber muchos, creo recordar que Tarantino eligió el horario nocturno para poder pasarse las noches viendo cintas y cintas de vídeo. Bien, Quentin y Avary todavía trataban de encontrar a alguien que les comprara su guión de Amor a quemarropa, aunque hasta entonces sólo habían encontrado promesas vanas y portazos en la cara. Cierto día, hablando de sus cosas, eufóricos por creer haber encontrado por fin a su productor, Quentin le comentó a Roger que alguien debería hacer de una vez una antología de los arquetipos del noir, como aquellas viejas revistas que compilaban distintas historias sobre gángsteres, atracos y chicas que eran un puro peligro, salvo que esta vez, en vez de usar papel, se usarían cámaras. Serían tres historias cortas, una dirigida por Tarantino, otra por Roger, y otra por cualquier otro director. Sería una delicia rodar algo así tras finalizar Amor a quemarropa. Quentin ya barruntaba la trama de su corto, la historia de un atraco frustrado...
Por supuesto, las cosas no salieron como habían esperado, Amor a quemarropa acabó en manos de Tony Scott y aunque era un pequeño empujón no era suficiente como para colmar sus sueños de ser tomados en serio por la industria. Pero un pequeño empujón siempre ayuda y finalmente cada uno acabaría realizando su sueño de dirigir un largo, Roger con Killing Zoe y Quentin con su historia de atracos, Reservoir Dogs. Historia que le convertiría en la gran sensación del momento y le llevaría por toda Europa de promoción, con parada en Cannes incluída. Y París.
No sé si Tarantino llegó a degustar los delicados sabores de la nouvelle cuisine, pero lo que sí hizo es ir, como buen turista yanqui, al McDonald's local, donde pidió una Cuarto de libra con queso. Pero ya se sabe como son los franceses para sus cosas, y allí el Cuarto de libra con queso era una 'Royale'. Francia, siempre cuidando el estilo. Y lo que era aún más sorprendente, ¡podías pedir cerveza con tu hamburguesa! Algo que imagino no debe pasar en las cadenas de gordos de por allí. En fin, que por lo general Europa sorprendió, fascinó y supongo que en algún momento asqueó al bueno de Quentin, en el mismo grado que a cualquier turista yanqui medio. Y, sí, lo habéis adivinado, evidentemente el joven director también pisó Amsterdam.
De hecho habría de regresar allí, no sin antes volver a California con sus alabanzas, sus premios, y los escritos de los críticos a los que les sentaba mal tanta sangre. En la tradicional manera de Hollywood, Tarantino supo que ahora era alguien allí cuando los que no habrían dudado en escupirle a la cara ahora le daban palmaditas en el hombro y le decían lo bueno que era, y la multitud de lecturas que tenían los tiroteos de Reservoir Dogs. Sí, Quentin, me ha recordado al epítome sexual de las sombras de Brassaï en lo inflexivo de Godard... ah, perdona, voy por un canapé.
Ahora que muchos billetes, quiero decir, espectadores, querían ver más del autor de Amor a quemarropa y del director de Reservoir Dogs, Hollywood estaba dispuesto a abrirse de piernas para Quentin. De hecho el boceto de lo que sería Pulp Fiction ya había sido comprado por TriStar cuando Quentin aún se hallaba rodando su ópera prima. Con lo que ésta acabó dando que hablar Tarantino pensó que era una buena oportunidad para rescatar su idea de la antología de cine negro, justo cuando TriStar se echaba para atrás y buscaba comprador. Pero no había que preocuparse, Miramax ya vigilaba de cerca.
Por entonces Tarantino tenía dos de las tres escenas por expandir, y una tercera que crear. ¿Y qué mejor sitio para crear que Amsterdam? Hollywood le tendría entre algodones y compraría cualquier cosa que escribiera. Se podía relajar y trabajar a gusto. Así que reunió los papeles que había escrito junto a Avary y se fue a pasar unos meses a Europa, donde le visitaba de vez en cuando su colega para revisar el asunto. Aunque finalmente su antología, Pulp Fiction, sería dirigida por él solo. Pero habría más oportunidades de rodar un film de cortos dirigido por varios directores.
Mientras degustaba el placer de las cervezas en los McDonalds y del particular café de Amsterdam, Tarantino fue escribiendo y elaborando personajes, algunos con ciertos actores en mente, como ocurrió con los papeles que serían interpretados por los nombres para los que habían sido escritos: Harvey Keitel, Tim Roth, Uma Thurman, Amanda Plummer y Samuel L. Jackson. Aunque el pobre Sammy habría de sufrir un poco de nuevo.
Digo de nuevo porque Samuel ya conocía a Quentin tras haber intentado obtener un papel en Reservoir Dogs, aunque Roth le ganó la partida. Tras el estreno el director no dudó en preguntarle qué le parecía la película, y cómo lo hacía el tipo que le había quitado el papel. Pero Tarantino había quedado impresionado por Samuel, y por eso escribió para él el inolvidable personaje de Jules. Sin embargo, si uno no es una gran estrella, uno tiene que hacer audiciones. Y en una de esas audiciones apareció Paul Calderon, quien hizo tan bien de Jules que empezó a hacer dudar a Tarantino. Cuando Samuel se enteró, dejó todo lo que estaba haciendo y se presentó a las audiciones para reclamar lo que era suyo. El pobre Paul tuvo que conformarse con un pequeño papel, el de barman.
Sin embargo Tarantino estuvo a punto de no tener a su Mia. Los nombres que se barajaban para hacer de la novia del gran gángster no eran moco de pavo: Meg Ryan, Isabella Rossellini, Daryl Hannah o Michelle Pfeiffer se habían presentado para obtener el papel. Y mientras tanto Quentin se desesperaba porque Uma Thurman no quería saber nada de aquel proyecto que apestaba a film barato de serie B. El director ya estaba a punto de conformarse con la Pfeiffer cuando desesperado llamó a Uma, le rogó, quizás lloró, y le leyó el guión por teléfono. Supongo que la pasión con la que debió leer el guión debió bastar para convencerla.
A quien sin embargo no pudo tener fue a Michael Madsen, para quien había escrito el papel de Vincent. Cuando llegó la hora de rodar Madsen ya estaba comprometido en otro proyecto y no pudo aceptar. Fue entonces cuando Tarantino sorprendió a todo quisque acudiendo a John Travolta.
Ya sabéis, Pulp Fiction, entre otras cosas, trajo una de las resurrecciones más sorprendentes de la historia de Hollywood, la de Travolta, el hombre a quien ya nadie respetaba. Y aunque todos
estos años el actor se haya vuelto a enfrascar en proyectos absurdos e infames, tiene un colchón de aire en el que apoyarse llamado Vincent Vega, colchón que no tenía a principios de los 90. Sí, Travolta había sido más grande que la vida, especialmente en América, desde que se ganara a las audiencias televisivas con Welcome Back, Kotter, y luego se convirtiera en el Mesías de las pistas de baile como Tony Manero, y después el mundo entero se acabara de rendir con Grease. Pero seguramente el público y la industria le veían más como un icono que como un buen actor. A pesar de participar en un film tan oscuro como Impacto, la cinta de Brian de Palma seguramente no era suficiente para convencer de lo contrario a los detractores de Urban Cowboy y la delirante Stayin Alive. Y así, a finales de los 80 y primeros 90, Travolta era pasto de las viejas glorias, atrapado en la horrible saga de Mira quién habla.
Pero si Travolta tenía un fan en este mundo ése era Tarantino, que le había seguido desde los días de Welcome Back, Kotter, y que hasta vibraba con Stayin Alive. Por supuesto, tuvo que luchar con denuedo para que los productores aceptaran a Travolta a bordo. Imagino que debieron pensar que se había vuelto loco. Pero finalmente cedieron, y fue así como Travolta se ganó el respeto que merecía, a pesar de los niños y perros parlantes. No importa las increíbles chorradas en las que se haya metido o pueda meterse Travolta desde entonces, Vincent Vega paga los cheques. Y, además, Tarantino pudo cumplir su sueño de jugar con Travolta una partida del juego de mesa de Welcome Back.
El reparto se siguió completando con actores y actrices como Eric Stoltz, Ving Rhames (el inolvidable Marcellus), la deliciosa Maria de Medeiros o Rosanna Arquette, y un minúsculo y disfrazado papel para Steve Buscemi, que hacía del camarero Buddy Holly. Buscemi resumió su papel con su estilo habitual: "Creo que Quentin tenía que haber filmado mi escena con planos más detallados, para que quede claro que no me dan propina".
Por otro lado, de atómica se podría tachar la aparición de Harvey Keitel como el señor Wolfe, porque ese tío es muy grande, y tampoco hay que olvidar el tronchante monólogo de Christopher Walken y su reloj, y quien por entonces tenía más caché de todos, Bruce Willis, quien buscó él mismo a Tarantino para que le considerara para el papel, y resultó excelente en su papel del boxeador que ha de tumbarse por dinero. Evidentemente alguien tan amigo de los homenajes como Quentin pensó en Sylvester Stallone para el papel, pero Willis era una elección mucho mejor.
Ezequiel, 25:17, la hamburguesa Royale, la hamburguesa Big Kahuna, la sobredosis, el baile a ritmo de Chuck Berry, el tiro accidental en el coche, el atraco en el restaurante, la bella taxista, la metralleta en la cocina, el café de alguien parecido a Tarantino... fascinantes diálogos, inolvidables escenas, increíbles personajes, situaciones retorcidas... ¿alguien imaginó que la pelea entre Marcellus y Butch pudiera acabar así? Un giro que le dejaba a uno sin habla. Y todos los intérpretes que rayan en un nivel muy alto. Keitel es otra liga, pero creo que siempre me quedaré con Samuel L. Jackson. Pero están todos magníficos.
¿Y qué demonios hay en ese maletín? Yo creo que un guión de El beso mortal. En realidad seguramente nunca contuviera nada, y eso es lo bueno del asunto.
En fin, se podría hablar horas y horas de esta película. No me importan los agujeros en la pared, si están allí o no, ni ninguna de todas esas mierdas. Pulp Fiction es perfecta.



























