lunes, 28 de febrero de 2011

Jailait de los Oscar 2011: Kirk Douglas

Dicen que fue lo mejor de la gala, y la verdad es que no me extrañaría. 94 años, que se dice pronto. Si yo fuera el soso de James Franco y viera algo así, me iría a vender perritos calientes. ¡Viva Kirk!



Aunque seguro que los hubo que se perdieron el momento Kirk. Por ejemplo, ¿dónde porras miraba este señor?


Pozo de los deseos

Dailymotion y Terence tienen más clase que Youtube.


sábado, 26 de febrero de 2011

En bandeja de plata (1966)

Supongo que es fácil acostumbrarse al éxito, y cuando uno enlaza una serie de genialidades tras otra (Testigo de cargo, Con faldas y a lo loco, Un, dos, tres...) encontrarte con un gran fracaso en tus manos pude llevar a dejarte aturdido por un tiempo. Eso le pasó a Billy Wilder con Bésame tonto, un sonoro fracaso en taquilla y un rodaje difícil (aunque, ¿qué rodaje de Wilder no fue complicado?). El traspiés fue lo bastante importante como para afectar a la unión entre Wilder y su perfecto sosias en los guiones, I.A.L. Diamond. ¿Se había agotado la formula? Por suerte los dos decidieron probar de nuevo y seguir regalándonos estupendas historias. A pesar de todo, En bandeja de plata no es un film que Wilder recuerde con excesivo cariño.

Supongo que sus fans no podemos sino contradecir al maestro. ¿Cómo no alabar una película que juntó por primera vez a Walter Matthau con Jack Lemmon? A lo largo de la historia del cine todas las épocas tienen su salero y su pimienta. Y allá por los 60, Matthau y Lemmon eran justo eso: algo que tenía que venir junto. El olfato de Wilder demostró seguir en forma. Ya antes Matthau había tratado de emparejarle con su ya habitual actor Jack Lemmon, pero no había sido posible. En bandeja de plata les juntó, y fue como si hubieran estado juntos toda la vida.

Aunque sus actores no le dieron esta vez tanta guerra como en Bésame tonto, el rodaje de En bandeja de plata resultó ser también accidentado. No sé si Wilder empezaría a preguntarse ciertas cosas cuando por segunda vez consecutiva un ataque al corazón vino a romper el rodaje. En Bésame tonto Wilder había tenido que sustituir al gran Peter Sellers por ese mismo motivo, y en esta ocasión fue Matthau quien les dio un buen susto a todos. Esta vez el rodaje estaba demasiado avanzado, así que la producción hubo de reestructurarse y esperar a que el actor pudiera volver a los platós. Aunque yo nunca me he percatado, dicen que si uno se fija la pérdida de peso de Matthau en ciertas escenas es más que notable.

En bandeja de plata es simplemente otra deliciosa comedia de Wilder junto a su amiguete Diamond, repleta de grandes momentos, diálogos acerados y ese curioso lirismo que el director imprime a los tragicómicos momentos de algunas de sus comedias. Supongo que a nadie se le habrá pasado por alto que algunos pequeños detalles y escenas que se reparten por algunos de los films de Wilder son un dramatismo tan bello y desgarrador que deja a muchos cacareados dramas en pañales. En bandeja de plata tiene algunos de esos pequeños destellos.

Aunque por supuesto quien destaca en el film es el dúo Lemmon-Matthau, los (obviamente) Lennon-McCartney del cine. Los dos actores, en plena forma, dan lo mejor de sí mismos (quién sabe si Matthau dio demasiado) demostrando que no tenían demasiada competencia como intérpretes y como dúo de comedias. Lemmon se muestra tan implacablemente bueno y todoterreno como siempre, mientras que Matthau aporta su inimitable estilo a ese tipo de personajes aprovechados y amorales que tan bien le iban. El resto del reparto parece que simplemente esté destinado a seguirles el ritmo, aunque desde luego la medalla de bronce del film se la daría a Cliff Osmond, el detective Purkey, un estupendo secundario que acompañó a Wilder en unas cuantas películas.

Resumiendo, si no habéis visto En bandeja de plata, n tardéis mucho más.

viernes, 25 de febrero de 2011

Libertad

La cosa ya he empezado: veremos en qué acaba. En estas cosas nunca se sabe del todo qué hay al final de la mecha.

jueves, 24 de febrero de 2011

Paz de la Huerta

Ayer fue el 23-F. Y ésta es Paz de la Huerta, otra razón por la que ver Boardwalk Empire. ¡Viva la libertad! ¡Viva la Pepa! Todo lo que digo es: give Paz a chance!


miércoles, 23 de febrero de 2011

Toma el dinero y corre (1969)

Yo por las buenas voy a donde sea, pero por las malas sólo a donde me han traído estos señores. Virgil Stockwell.

La verdad es que últimamente (más concretamente, este último lustro) tengo bastante abandonado al pobre Woody Allen y su carrera. No por nada especial, no es que haya renegado de él ni me haya desencantado, pero por alguna razón me da pereza pelis como Vicky Cristina Barcelona o Conocerás al hombre de tus sueños. El que haya parte de fans que no hablen muchas bondades de sus últimas pelis imagino que tampoco ayuda, pero bueno, seguro que no todo es tan terrible como lo pintan, aunque no es difícil deducir que Allen no parece que esté muy álgido últimamente. En fin, que por la razón que sea, de un tiempo a esta parte cuando veo alguna peli de Woody suele ser alguno de sus viejos clásicos. Pero tarde o temprano estoy seguro de que indagaré en sus producciones más recientes.


Tras el curioso experimento de What's Up, Tiger Lily?, Woody se decidió a meterse totalmente en la labor de director de cine tras una larga carrera en la comedia que le había llevado a escribir gags para periódicos, televisión y varios films. Con Toma el dinero y corre Allen debutaría tras las cámaras, además de asumir el rol protagonista y escribir el guión (en esta ocasión junto a Mickey Rose).
Con un film de bajo presupuesto Allen se montó un falso documental sobre las desventuras de Virgil Stockwell, un ladrón de poca monta, víctima de una sociedad brutal, que entra y sale de la cárcel sin llegar a formar parte de los Diez Más Buscados.

No llegado todavía el momento de la alta comedia cuyo epítome fue Annie Hall, el primer cine de Allen era, como bien sabréis, humor absurdo en grado máximo con ocasionales homenajes al viejo slapstick del cine mudo. Aunque para mí ver a los avergonzados padres de Virgil llevando postizos de Groucho Marx es tan alta comedia como todo lo que haya podido hacer después. Con todo, quizás Toma el dinero y el corre no alcance el nivel de su mejor humor absurdo como El dormilón o la genial La última noche de Boris Grushenko, pero tiene muchos momentos inolvidables. Imposible olvidar ese atraco al banco con nota manuscrita, los zíngaros dentro de cámaras acorazadas, el castigo penal con vendedor de seguros, la fuga múltiple, la entrevista de trabajo con preguntas, el psiquiatra wilderiano, o esa escena final a la que parecer contribuyó el montador asociado al proyecto Ralph Rosenblum, quien convenció a Woody para que olvidara el final que tenía pensado, una especie de homenaje al mítico final de Bonnie y Clyde. Creo que Rosenblum hizo bien, y seguramente Woody también lo creyó, pues le escogió para que montara sus siguientes films y poder aprender un poco más junto a él.

Toma el dinero y corre, entrañable film.

lunes, 21 de febrero de 2011

El reinado de Elvis: 1972

En el entorno Elvis 1972 comenzó lleno de rumores. Rumores entre la Memphis Mafia, que comenzaban a sospechar del instructor de karate Mike Stone como la principal razón por la que Priscilla había decidido largarse aquella Nochevieja. Y también rumores en la prensa, sobretodo cuando el 26 de enero Elvis comenzó su ronda de actuaciones en el Hilton de Las Vegas y Priscilla no estaba, como era su costumbre, en el palco de honor de la sala, dando apoyo moral a su hombre. Cuando finalmente apareció Priscilla por Las Vegas, Elvis envió a Red West a buscarla. Era el momento de la despedida. Al menos para Priscilla. Seguramente el Rey todavía no había podido creer que realmente su mujer fuera a dejarle. Pero a solas, en la suntuosa suite del Hilton, Priscilla se lo confirmó. Elvis se puso hecho una furia y, según Priscilla, la arrastró hasta la cama y la forzó a hacer el amor con él. La ruptura era ya definitiva.

Aquella noche, tras su actuación, Elvis reunió a los chicos en el camerino y les dijo que otro hombre le había robado a su chica. En el pasado, cuando Priscilla había querido pasar más tiempo con él en Las Vegas, Elvis había expresado su deseo de que encontrara a alguien con quien pasara el tiempo. Así que, como le hizo saber el hijo prodigo Red West, ¿no era aquello lo que había querido siempre? Elvis sentenció: Not that way, man, not that way.

El 23 de febrero Presley acababa su periplo en el Hilton con el doble show habitual, uno a las ocho y otro a medianoche. Tras tomarse un descanso, el cantante se trasladó a Los Ángeles, junto a su productor, Felton Jarvis, quien cada vez más estaba más enfermo debido a una disfunción en su riñón que estaba acabando con él. Allí debía participar en unos ensayos que iban a ser filmados como introducción a la gira filmada de Elvis que formaría parte del esperado nuevo documental sobre el Rey. La gira por el Este debía comenzar a primeros de abril.

Un Elvis totalmente desmotivado y con cara de perdido hizo fruncir el ceño a todos los músicos, técnicos y demás trabajadores que estaban por allí y que no sabían que Priscilla le había dejado. El único interés de la estrella parecía ser pinchar una y otra vez el disco de Charles Boyer "Where Does Love Go?". Aparte de rodar algo de metraje, la misión principal de aquellas sesiones era dar con un single de éxito. Felton quería que Elvis se decidiera a dejarse la carne en el asador con "Burning Love", un tema de un joven y prometedor compositor. Presley prefirió finiquitar antes, tras 21 largas tomas, el tema de Red "Separate Ways", que el guardaespaldas y compositor había adaptado para la nueva situación del Rey. Siguieron con un tema de Kris Kristofferson y acabaron con otro tema trágico adecuado para el estado de ánimo de Elvis, el "Where Do I Go From Here" de Paul Williams. La noche siguiente el débil Felton por fin logró persuadir a Elvis de grabar "Burning Love". Su olfato demostraría que estaba en lo cierto, y "Burning Love" sería un gran éxito. También lo sería la majestuosa "Always On My Mind" que grabaron la tercera noche, un tema de los mismos compositores de "Suspicious Minds". Todos los que estaban al tanto sabían a quien tenía Elvis "en mente" cuando la cantaba. Tras las sesiones de grabación, las dos noches siguientes llegaron las cámaras y Elvis se animó un poco. Los directores del documental serían Bob Abel y Pierre Adidge, que acababan de rodar con Joe Cocker y su banda otro film de rock clásico, Mad Dogs and Englishmen.

El cinco de abril la gira por el Este abrió en Buffalo, Nueva York, para proseguir por Ohio, Tennessee, Virginia y el centro occidental de los Estados Unidos, hasta terminar, a finales de mes, en Alburquerque. Aunque el concierto inicial fue prometedor, los cineastas no lograron obtener del todo la energía que deseaban plasmar en la película. Además, su idea de lograr una entrevista sincera y abierta con Elvis que sirviera como coda al film chocó contra el muro del Coronel Parker. Aunque no se negaba en redondo, tampoco se plegó a hablar con el cantante. Deberían trabajarse a Elvis ellos solos. Parker contaba con que, sin su ayuda, todo aquello acabaría en fracaso.

Sin embargo entró en escena Jerry Schilling, uno de los chicos más independientes de la Memphis Mafia, que se estaba abriendo camino en el cine y había entrado a trabajar para Abel y Adidge como ayudante de editor. Schilling se aproximó a Elvis y le habló de las ventajas de aquella entrevista, de mostrar su lado más humano, así que finalmente el cantante aceptó, para disgusto del coronel. Eso sí, los directores hubieron de hacerla con los miembros de la Memphis Mafia clavando sus miradas de odio en ellos, salvo Schilling, claro, que ayudó en lo que pudo a la entrevista, desviando el tema cuando era necesario para que Elvis se explayara y no se sintiera presionado.

A principios de junio Elvis se trasladaba de nuevo al Este, para abrir una nueva gira con cuatro actuaciones en el Madison Square Garden de Nueva York, mientras las cámaras seguían rodando material para el documental. Era la primera vez que Elvis actuaba en la Gran Manzana ante el público. Esta vez la conquista de la ciudad fue mucho más sencilla que sus primeros viajes a Nueva York para aparecer en la televisión.

A finales de mes Elvis regresaba a Memphis para descansar. Desde la separación en enero había tonteado con chicas aquí y allá, pero nada parecía llenar el vacío de Priscilla. Hasta el 6 de julio, cuando Elvis conoció a Linda Thompson. Para muchos de los que les conocieron, Linda fue la mujer más importante en la vida de Elvis tras su madre, Priscilla y su hija. Linda Thompson era una tremenda belleza sureña de 22 años, la Miss Memphis de aquel año. Elvis la conoció en uno de sus pases nocturnos de películas en el Memphian Theatre, a donde fue invitada por el jefe de promoción de la RCA con el claro objetivo de que se convirtiera en trofeo del Rey. Linda, que además de bella era lista y sagaz, se llevó a una amiga. De todas formas encontró a Elvis correcto y humilde, y no tardaron en coquetear. Cuando volvió a casa aquella noche, Elvis la llamó. Quería volver a verla. La noche siguiente volvieron a ir al cine. Linda aceptó ir a Graceland, donde estuvo departiendo con los chicos. Luego aceptó subir a la habitación de Elvis, donde se besaron y leyeron la Biblia como buenos sureños. En las siguientes tres semanas Linda se ausentó de Memphis, por lo que Elvis se consoló con una jovencita Cybill Shepherd que se estaba tomando un tiempo de su novio, el director Peter Bogdanovich.

A mediados de julio Priscilla regresó a Graceland para recoger sus cosas. Tras un acuerdo con el abogado de Elvis (al que se llegó fácilmente, ya que Elvis aceptó todas las condiciones) el 26 de julio se oficializaba el divorcio de la pareja. En las siguientes semanas los titulares se hicieron eco del divorcio y de la que parecía ser la nueva pareja de Priscilla, el instructor de karate Mike Stone. El 4 de agosto Elvis volvía a Las Vegas para otro mes de actuaciones en el Hilton.

Elvis y Linda Thompson

El 4 de septiembre Elvis y el coronel daban una rueda de prensa para expandir una nota que había publicado la NBC en julio: el acontecimiento único e irrepetible que iba a producirse en Hawái en enero. Se trataba de un único concierto, un único show titulado Aloha From Hawaii; sería la primera vez que un espectáctulo se retransmitiera en todo el mundo via satélite, con una audiencia potencial mil quinientos millones de espectadores. El álbum del evento sería el primero en publicarse simultáneamente en todo el mundo. En resumen, aquello prometía ser la repanocha. Además, habría casi un millón de dólares a repatir entre Elvis y su mánager.

En noviembre, coincidiendo con el estreno del documental sobre un gira, Elvis On Tour, el cantante se embarcaba en una gira de once fechas que le llevaría de Texas hasta Honolulu. Con Linda a su lado, Elvis se dedicaba a repasar los detalles que le ofrecían sobre el megaespectáculo de enero. Hacía mucho que no se había sentido tan motivado.


domingo, 20 de febrero de 2011

Epítome del dolor contenido


El taburete estaba clavado al suelo, claro.

No sé a que esperan para declarar a Mortadelo y Filemón Patrimonio Inexistente de la Humanidad de ese.

viernes, 18 de febrero de 2011

El nombre de la rosa (1986)

A principios de los 80 cierto erudito, desconocido fuera del ámbito escolástico, cierto profesor de estética en la Universidad de Turín, publicaba una voluminosa novela que rendía homenaje al whodunit clásico de finales del siglo XIX y principios del XX. El libro era, con todo, mucho más que eso, y en él su autor había volcado sus vastos conocimientos sobre la Europa, y especialmente la disgregada Italia, de la Edad Media. En sus páginas una trama de misterio se mezclaba con una subtrama acerca del poder del conocimiento y la palabra. Mientras esa novela comenzaba a despegar en Italia, y en el resto de países europeos todavía se trabajaba en su traducción, cierto director francés dio con las galeradas de la novela, tras leer un artículo en Le Monde, y quedó entusiasmado. Se dijo a sí mismo que él debía dirigir aquella fascinante historia. Al igual que el protagonista del libro, el director no lo tendría fácil para lograr su objetivo. Pero tras superar varios obstáculos, el director francés saldría triunfante.

El nombre de la rosa, la novela, daría para otra entrada, pero baste decir que es magnífica, inconmensurable, que parte de una premisa fascinante (quizás no del todo original, pero poco importa; para la mayoría lo es, y además, ése es otro tema) y se desarrolla de forma magistral. Uno de esos best-seller que realmente merecían figurar en "lo mejor del siglo". Y como premisa fascinante que era, las posibilidades cinematográficas eran tremendas. Y el francés Jean-Jacques Annaud supo verlo.

El nombre de la rosa, la película, es uno de esos films que podría ver mil millones de veces sin cansarme. No lo machaco, lo guardo como un buen vino, pero de vez en cuando lo desempolvo y disfruto como la primera vez. Una peli que me encanta. Y si me permiten aventurarlo, estoy seguro de que es lo mejor que ha hecho Annaud. Desde luego lo mejor que le he visto con diferencia. Un punto álgido que dudo que llegue a superar. Pero volvamos al periodo 82-83.

Tras leer el manuscrito de la novela Annaud llamó inmediatamente a Italia para hacerse con los derechos del film. Malas noticias: la cadena italiana RAI se le había adelantado. ¿Tenían director? No, seguían buscando un nombre. "Soy su hombre", dijo Annaud.

El éxito de la novela, que, mientras tanto, estaba comenzando a venderse como churros, fue un ejemplo perfecto del "boca a boca". Muchos editores que dejaron pasar aquel, para ellos, mamotreto de crímenes en abadías medievales que a nadie interesaría, se debieron dar sus buenos cabezazos cuando un universitario turinés que leyó la novela se la recomendó a su prima, quien tras leerla le habló de ella a su madre, y ésta tras devorar el libro se lo comentó a sus amigas al tomar el té. Con el paso de las semanas El nombre de la rosa copó las listas italianas de los libros de ficción.

Tras llegar a un acuerdo con la RAI, Annaud aparcó El oso para centrarse en aquella novela que le entusiasmaba. En octubre del 82 se marchaba a St. Tropez para trabajar en un primer tratamiento de la novela, que resume a 150 páginas. Al mismo tiempo comenzó a devorar novelas y películas policíacas, mientras asimilaba el libro-entrevista de François Truffaut con Hitchcock. Cuando Annaud contactó con Umberto Eco para saber si estaría dispuesto a colaborar en el guión, el escritor, con un espíritu muy medieval, le dijo que él ya había hecho su obra, y ahí estaba para quien quisiera adaptarla a cualquier otro medio artístico. "Haz tu película", le dijo Eco. Su única condición es que el film se rodara en inglés, "el latín del siglo XX", según decía el autor. Con el beneplácito de Eco en el bolsillo, Annaud se juntó con Alain Godard para escribir un primer tratamiento. Entonces el guión paso a Gérard Brach, quien tras presentar una decena de versiones finalmente logra conformar un guión que encanta a Annaud, aunque resulta demasiado largo. Tras algunos recortes el texto pasa por las manos Howard Franklin, que lo traduce y pule en la lengua de Shakespare, para que finalmente sea Andrew Birkin quien acabe de sacarle brillo tras dos versiones. El propio Annaud se encargará de rematar el guión.

Sin perder de vista el guión, Annaud se dedicó a buscar apoyo financiero y a buscar localizaciones y objetos para el guión gráfico. En un principio Annaud logra atar a Gérard Lebovici como productor, pero éste será asesinado, en una inquietante fusión de ficción y realidad. Entonces el director contacta con el veterano Alexandre Mnouchkine, reticente y a punto de jubilarse. El productor acepta tras el éxito de En busca del fuego en Alemania, donde una distribuidora ofrece aportar capital al proyecto de Annaud.

En todo ese tiempo El nombre de la rosa, la novela, se ha convertido en un éxito mundial, lo que no gusta a Annaud, que esperaba poder adaptar un libro desconocido. Decidido a llevar adelante su película, el director rechaza las multimillonarias ofertas que le llegan desde América por los derechos del film. Durante la preproducción Annaud no deja de seguir buscando inversores, pues queda claro que el presupuesto necesario va a ser muy elevado. El director ha viajado por toda Europa visitando monasterios e iglesias que le sirvan para el rodaje. Finalmente se elige el monasterio de Eberbach para rodar algunas escenas en interiores, pero finalmente el monasterio soñado por Annaud será un gigantesco decorado levantado en los Abruzos, no muy lejos de Roma. Cuando el diseño de la abadía caiga en manos de Dante Ferretti, este abaratará los costes consiguiendo el apoyo de la todopoderosa Cinecittà.

Annaud no se preocupará sólo de las localizaciones, y recorrerá museos buscando los objetos medievales que necesita para ser copiados por el departamento artístico. Dispuesto a no dejar nada al azar, el director volverá locos con sus preguntas durante año y medio a un dream team de especialistas en la Edad Media. Incluso los manuscritos usados en la película serán fabricados a mano, como hacían los monjes, aunque los habrá de tres tipos: los usados en primer plano tendrán todo lujo de detalles, como un libro medieval verdadero; los destinados a planos medios serán menos detallados, mientras que los destinados a rellenar planos generales serán simples hojas encuadernadas. Por supuesto, cada uno de los libros del primer tipo costarán una pequeña fortuna. El único error consciente del atrezo será una una estatua de la Virgen, copiada de una original en Bavaria, que resultará demasiado renacentista para el periodo, pero Annaud necesitaba una estatua bella como la que se menciona en la novela. Aun así ese detalle será una buena munición para los críticos con ganas de destripar la peli.

Mientras Annaud seguía trabajando desde Alemania, base principal de la producción (más dinero italiano y francés, y un, de momento, compromiso con la norteamericana Columbia), comenzó también a pensar en los rostros que adornarían el film. Con una afición particular por los rostros peculiares, Annaud quería un plantel de actores que parecieran sacados de algún cuadro de El Bosco o Bruegel. Para ello comenzó a recorrerse los escenarios europeos buscando faces interesantes con las que poblar su tenebrosa abadía.

Como suele ocurrir, el principal problema para el reparto era el personaje principal, Guillermo de Baskerville, el homenaje medieval de Eco a Sherlock Holmes, a quien el escritor había fusionado con un ficcionado Guillermo de Ockham. Para interpretar al fraile Guillermo Annaud quería a un rostro desconocido, y para ello se recorrió toda la escena teatral anglosajona, pero a la postre se convenció de que necesitaba a una estrella carismática.

Comenzaron a barajarse nombres: Albert Finney, Richard Harris, Ian McKellen, Brando... Robert de Niro acepta el encargo, pero Annaud no conecta con él, sobretodo después de que el actor le dijera que Guillermo debía batirse en duelo con el inquisidor Bernardo Gui (!). O al menos, ésa es la versión de Annaud. Por lo tanto la búsqueda sigue. ¿Qué tal Paul Newman?

En todo ese tiempo, Annaud ha estado recibiendo cada uno o dos meses la llamada del agente de Sean Connery, quien tras leer la novela lleva tiempo postulando para ser fray Guillermo. Annaud rechaza, siempre amablemente, el ofrecimiento del agente. Por entonces Connery todavía lucha por quitarse de encima la imagen de James Bond, protagonizando cualquier papel que se aleje del famoso espía de Su Majestad, llegando a los extremos de la delirante Zardoz. El haber aceptado pocos años antes retomar su papel de Bond en Nunca digas nunca jamás (a cambio de un sustancioso cheque que utilizara, tal vez, para comprarse su casita en Marbella) ha sido un claro paso atrás. No, Annaud no quiere a James Bond en su película. Llamemos a Jack Nicholson, a ver qué dice.

Supongo que llegado el momento en que incluso se considera a Nicholson para hacer de fraile franciscano (!!), aunque fuera por una llamada de cortesía, y tras la enésima llamada del agente (quien sin duda se ganaba su sueldo) de Connery, el cansado Annaud acepta reunirse con la estrella británica en Munich. Cuando el director se encontró por fin con 007, Connery, con su característico acento escocés, le espetó: "¿Puedo leerte unas líneas, muchacho?", tratamiento que ya le hizo gracia a Annaud. Y fue así, cuando el actor comenzó a leer un pasaje del guión, como el director vio aparecer ante sus ojos a su soñado Guillermo de Baskerville. Cuando la noticia del fichaje de Connery llegó a la Columbia, ésta retiró su apoyo inmediatamente.

Cuando Annaud le comentó a Umberto Eco su elección para interpretar a Guillermo de Baskerville, éste quedó horrorizado. También él se imaginó a 007 metido a fraile. Ni siquiera cambió de opinión un año después, cuando visitó el set al principio del rodaje. Eco se encontró con Sean en la caravana de éste para conocerse mejor. Tras pasar unos minutos con él, Umberto salió y le dijo al director: "Es muy competente. En fútbol", para a continuación dejar el rodaje. No sería hasta el estreno del film en que el escritor, como el resto del planeta, le daría la razón a Annaud.

Mientras seguía reclutando a actores de toda Europa con rostros peculiares, para el papel de Salvatore Annaud había elegido al cómico Franco Franchi, una especie de Jim Carrey italiano, pero al negarse éste a raparse la coronilla (todas las tonsuras en el film eran reales), Annaud llamó a su amiguete Ron Perlman, que estaba en las últimas y no le salía trabajo. Su magnífico Salvatore empezó a cambiar las cosas para él.

Uno de los rostros importantes en el film era el del venerable abad español invidente Jorge (el homenaje de Eco a Jorge Luis Borges). Para el papel Annaud pensó en John Huston, pero el afamado director quería agrupar sus escenas por su delicada salud y exigía calefacción en el set. Annaud quería que sus actores se congelaran y despidieran vaho al hablar, así que siguió buscando. Fue entonces cuando reparó en un viejo de 82 años que se presentaba al casting de figurantes. Su nombre era Feodor Chaliapin Jr., el acaudalado hijo de un famoso tenor. Sin tener que trabajar para vivir, el cine era la afición del venerable anciano. Annaud vio en él a un perfecto Jorge, y, como en el resto del reparto, el francés volvió a acertar de lleno.

Adso de Melk, el joven aprendiz de Guillermo, y relator de la historia, necesitaba a un actor muy joven. Christian Slater, hijo de actor y de directora de casting, y con una poca experiencia televisiva, llamó la atención de Annaud, y le adjudicó el papel. Era el prometedor comienzo de una carrera que acabaría en desastre.

Slater, que contaba por entonces con apenas 15 años, puso en aprietos al director cuando cayó enamorado de la única mujer en todo el reparto, la chilena de belleza selvática Valentina Vargas. Ahí estaba un virginal Slater enamorado de una actriz con la que tenía que rodar una escena de sexo. ¡Ah, la magia del cine! Robando primeros besos a los actores adolescentes desde 1898.

Y entonces surgió el problema de los pies de Connery. Veréis, junto a la estatua renacentista de la Virgen, la segunda concesión que había otorgado Annaud eran las sandalias que llevaban los actores, ya que aquellos primeros franciscanos seguidores de San Francisco de Asís iban siempre descalzos. Pero Connery se quejaba de que se le helaban los pies y quería llevar calcetines. Annaud trató de explicarle de mil maneras (me gusta imaginarle en situación como Bart tratando de explicarle a Homer que la tía Selma va a ser asesinada) que un franciscano medieval no podía llevar calcetines, pero Connery estaba emperrado en ello. Finalmente llegaron a un compromiso: el actor podría llevar calcetines en aquellas escenas que no le enfocaran de cuerpo entero. La sorpresa llegó cuando un día, al positivar una escena, en la banda de sonido se coló el característico chirrido del plástico de unas deportivas. Ya que la cámara no le sacaba los pies, ¡Connery se había puesto bambas! Por desgracia para él, habría de conformarse con un calzado menos ruidoso.

Aunque ningún problema, ni los pies de Connery, ni la larga preproducción, pudieron compararse a los dolores de cabeza que le dio al director F. Murray Abraham. Según Annaud, el tenebroso Abraham, que interpretaba al fiero Bernardo Gui, llegó emberbecido por el Oscar que había recibido gracias a su magnífico papel en Amadeus, y dispuesto, tras su largo y penoso ascenso a la cumbre, a hacer gala de todos los caprichos típicos de estrella que se le pasaran por la cabeza. Vamos, que durante el rodaje la relación entre Abraham y Annaud fue tensa, cuanto menos.

Debería haber aprendido del venerable Chaliapin, quien, en cierta climática escena, cayó abatido por una viga de madera que debería haber sido falsa. Por suerte el madero no le dio de lleno y sólo le hizo una brecha en la cabeza. El consternado Annaud se acercó para ver si el actor estaba bien, a lo que el viejo respondió con auténtico savoir faire y amor por el cine: "¡No os preocupéis por mí! ¡Ya soy viejo! ¡Puedo morir! ¡¿La toma es buena? ¿La toma es buena?!". Gran tipo, este Chaliapin.
Connery: no sin mis calcetines

En fin, ¿qué decir de El nombre de la rosa que no se haya dicho ya? Gran film, inolvidable trama, estupenda adaptación (obviamente deja mucho en el camino respecto a la novela, tan compleja, ella), increíble ambientación, fantásticas interpretaciones, rostros fascinantes... la peli es tan buena que sirvió para relanzar por fin la carrera de Connery alejándose cada vez más de James Bond, puso a Slater en el mapa, ayudó a Perlman a llegar donde está, y dio fama a F. Murray Abraham como estrella imposible.

Vaya, que adoro este film. Todo en él es perfecto. El nombre de la rosa; crímenes, Inquisición, pecado, cisma, álgido Annaud, y un libro... ¿un libro que mata, o por el que los hombres matan?

martes, 15 de febrero de 2011

Alienígena atraca banco

Probablemente el paso del tiempo no ha sentado muy bien a un film como Hidden (Lo oculto), pero sigue gozando de un estatus de culto entre muchos seguidores de la ciencia-ficción. Aunque era un film de presupuesto modesto, en su día tuvo la suficiente repercusión como para se sacaran una segunda parte que, intuyo, no debe ser El padrino II precisamente.

Bueno, como decía, Hidden es una cinta que ha quedado bastante anclada en su tiempo, pero sigo teniendo buenos recuerdos de esa peli: un alienígena criminal parasitario que se refugia entre los humanos y que gusta del rock duro y los coches rápidos, y otro alienígena policía que llega también a la Tierra en su persecución. Una trama simple con muchos tics ochenteros.

De todas formas la escena inicial que acompaña a los créditos, con imagen fija de la cámara de banco, y nuestro amigo entrando en plano, casi subrepticiamente, siempre me ha parecido bastante pistonuda.

jueves, 10 de febrero de 2011

El último baile de Mary Jane

Hablando de Tom Petty... ¡creo que no se ha pasado aún por este blog! Eso hay que remediarlo. ¿Vendrá por aquí alguna vez? Jaja, si, que pregunta más tonta.

Por cierto, hay un par de actualizaciones en mi pobre y olvidado blog de historia.

miércoles, 9 de febrero de 2011

The Rifleman

Supongo que muchos conocéis la portadita, y los que no, os diré que es la portada de una publicación juvenil que recogía las aventuras televisivas de Chuck Connors como "el hombre del rifle". No sé que demonios ocurrió en maquetación, o que siroco le dio al fotógrafo, o si algun bastardillo se la metió doblada a... pero esta expresión no es muy acertada. El caso es que ni hecho a posta podría haber salido una portada tan bizarra y pedófilogay. Si no fuera por el formato revista y el título, hasta podría haber sido una de las míticas portadas de los Scorpions. Y encima con los rumores que siempre han circulado sobre los oscuros comienzos en la gran pantalla del amigo Chuck... en fin... The Rifleman... ¡la portada más mítica de la historia junto con el Physical Graffiti!

Si os ha gustado este ligero equívoco, hace ya mucho hablé de otro, más espacial.

martes, 8 de febrero de 2011

Boardwalk Empire

Imagino que fuimos muchos los que saltamos de la silla cuando nos enteramos de que HBO (ese canal con esas series tan chiripitifláuticas) estaba preparando una serie de gángsters respaldada por Martin Scorsese. A pocos se le dan tan bien los "hombres de honor" como al viejo Marty, y la ambientación en los años 20 prometía un nuevo campo de acción en que el director dejara algunas eminiscencias sobre aquellos que se encargaran de rodar el asunto. Finalmente, tras haber completado la primera temporada, supongo que la mayoría nos habríamos imaginado una serie como Boardwalk Empire de forma algo distinta. En ciertos aspectos, parece que haya sido Coppola quien haya dejado sus eminiscencias por los platós de la HBO, aunque en algunas detalles los directores de la serie parecen (aunque esto seguramente sean mis paranioas mentales) seguir algún sendero desconocido dejado por el director de Goodfellas. De lo que no hay duda es de que la mente creativa tras Boardwalk Empire es un tal Terence Winter, un hombre que como productor pasó por la escuela de Los Soprano.

Y bien, si hubiera de situar a Boardwalk Empire en algun ranking tonto, tal vez me preguntaráis: ¿es mejor que Los Soprano? No, no lo es, porque eso es muy difícil. Además, Boardwalk Empire se guía por otros derroteros (y sus tramas están constreñidas, en parte, a los hechos históricos) más clásicos, e, incluso, más cinematográficos. Los Soprano era hija del nuevo milenio, influencia de lo que vendría después; aunque Boardwalk Empire también recoge parte de ese legado (y acorde a las series de televisión por cable, se muestra mucha piel), sigue más los pasos de un film como El padrino.

La verdad es que no sé cuantas temporadas tendrá intención de sacar adelante Terence Winter, pero de momento parece que esté dispuesto a ser la versión yanqui de Cuéntame. Como ya he apuntado antes, Boardwalk Empire está basada en hechos históricos (luego hablaremos de los personajes), y en la primera temporada la acción transcurre entre enero de 1920 (con la llegada de la Prohibición) hasta marzo de 1921. Aunque los guiones tienen altas dosis de ficción, no sé donde decidirá parar el amigo Winter. Pero esperemos que al menos tengamos unas cinco o seis temporadas más.

Decididamente Boardwalk Empire no es una serie en la que no paren de ocurrir cosas trepidantes, no estamos hablando de Dexter (una buena serie ) o Perdidos (err... ¿tocomocho?). Si esperáis un ritmo imparable de acontecimientos a lo Goodfellas tal vez os llevéis un pequeño chasco. De todas formas, conforme pasan los episodios las escenas míticas y delirantes son cada vez más abundantes, y la evolución de algunos papeles es realmente grandiosa. Así que comentemos, por encima, algunos de los personajes más importantes, o los que más me han gustado.

Hay que empezar, por supuesto, por Nucky Thompson, eje central de la serie, basado, en parte, en la figura de Nucky Johnson, durante años auténtico "dueño" de Atlantic City. Thompson ha supuesto la gran oportunidad y el merecido reconocimiento para Steve Buscemi. Ya lo comenté cuando le dieron el Globo de Oro: pocos se lo merecían más que él. Se ha labrado un largo camino como secundario, y un protagonista como éste era algo simplemente necesario. No creo que haya que añadir mucho más, la mayoría sabéis de qué pasta está hecho este hombre. Su inimitable estilo baña toda la serie, y gran parte de lo estupendo de Boardwalk Empire es simplemente seguir a Thompson-Buscemi en su día a día como señor de marionetas en Atlantic City durante la Ley Seca.

Boardwalk Empire no tiene pinta de ser una serie barata, y quitando a Buscemi, no es que abunden los nombres conocidos, aunque como todos sabemos eso suele ser una ventaja en la ficción televisiva yanqui. Muchos son los secundarios que aparecen en la serie que seguramente habremos visto en otras series o pelis, pero que probablemente también habrán pasado desapercibidos. Por ejemplo, Michael Shannon, que definitivamente da la nota con su desquiciado personaje de Nelson Van Alden.

Michael Shannon parece un tipo simpático, viendo sus fotos en galas y presentaciones, aunque es de estos secundarios con un rostro particular. De hecho, si Dexter existiera realmente, creo sus pintas que se acercarían más a las de Shannon que a las de Michael C. Hall. De hecho Shannon está rodando un biopic sobre el psycho Richard Kuklinski, y la elección no podría parecerme más acertada. La evolución de su personaje Van Alden es prodigiosa; un diez para él.

Dabney Coleman siempre me ha gustado como secundario, aunque es de estos actores de los que nunca podría recordar su nombre sin recurrir al buscador cosaco, el Gógol. Siempre le recuerdo en su entrañable personaje de Juego secreto, aunque sus mayores hits fílmicos fueron en los 80, con pelis como Tootsie o Juegos de guerra. Vamos que seguro que le habéis visto en alguna parte. Aunque en Boardwalk Empire está bastante cambiado; hasta el último episodio no he caído en que podría ser él quien interpreta al Comodoro Kaestner. Gran y oscuro papel; Coleman demuestra que yo tenía razón, y que es un tío grande.

Kelly MacDonald. ¿Es posible que sea la descarriada colegiala de Trainspotting? ¡Frijoles! En fin, J-Lo se lo lleva en el cine, pero deberían ser actrices como la MacDonald las que vivan en mansiones. Jugoso papel el suyo de Margaret Schroeder; otra a la que no perder de vista en su evolución durante la primera temporada. Aunque el V.O. siempre está recomendado, su extremadamente delicioso acento gaélico es una de las grandes razones por las que ver esta serie en inglés.

Espero que no consideréis spoiler si os digo que el personaje de Stephen Graham (si habéis visto This Is England '86, él es un tipo llamado Combo) va de menos a más durante la serie. En el primer par de episodios no me acababa de encajar ver a Graham haciendo de Al Capone, pero conforme avanza la serie tuve que tragarme mis pensamientos. En los últimos episodios la imagen que solemos tener de Capone empieza a emerger y uno se queda pasmado con lo bien llevado que están hechos esos cambios. Seguro que Graham nos dará bastantes alegrías en el futuro de la serie.

En fin, entre personajes fictios e históricos (Johnny Torrio, Lucky Luciano... ya sabéis, ¡los célebres amigos del honor!) destacan los personajes de gente como Michael Pitt (el pobre hombre al que liaron para protagonizar el engendero de Last Days), Vincent Piazza o una estupenda Gretchen Mol. Imposible olvidar al germano ayudante de cámara de Nucky, Kessler; la mayor parte los momentos cómicos de la serie son suyos. Impagable personaje. Aunque, de destacar a alguien...

Salvatore Lucano, el suertudo

Os comentaba antes lo apropiado que sería ver esta serie en inglés (ya sabéis, hay muchos subtítulos ahí fuera). Sería un crimen verla en español y perderse la voz gutural de Jack Huston (el apellido es lo que parece). Creedme, no os gustaría perderos esa voz. No quiero hablar demasiado de su papel, pero si hay un personaje que realmente impacta es la aparición del amigo Huston. Os aseguro que tras escuchar su voz y ver la increíble escena en la hace gala de su mayor habilidad, no olvidaréis el nombre de Richard Harrow fácilmente. Aparte de todo lo demás suyo que no citaré aquí. Si hubiera de darle un spin-off a algun personaje de la serie, sin duda se lo daría a él. Y las reminiscencias al cine de antaño en la caracterización de Harrow son aquí inequívocas.

Y otro día os hablaré de Paz.

No sé si Boardwalk Empire encajará con todos los gustos, no parece tan fácilmente accesible como otras series contemporáneas. Tampoco quiero decir con esto que parezca cine checoslovaco post-soviético, pero bueno, supongo que sabéis a lo que me refiero.

De todas formas la recomiendo, vaya que sí, y estoy seguro que irá mejorando como los vinos. Cierto que me resulta imposible ser objetivo con las historias de gángsters, pero bueno, yo creo que si normalmente os gustan las pelis o series que traigo por aquí, debería gustaros esta también. Y por dios, si no os dice demasiado, ¡aguantad hasta que aparezca Harrow! Él solo merece todas esas horas. Joder, Harrow rockea.

Hablando de rock: además, Boardwalk Empire es de las pocas series que he visto últimamente cuyos créditos iniciales no me cansan al tercer episodio. No es que las imágenes sean espectaculares, aunque tienen mucho estilo. Pero esa música que no sé si es de alguien o de algun compositor anónimo, me transporta mentalmente a alguna jam entre Jack Black y Tom Petty mientras Neil Young asiente desde su montaña. ¿Rock para los años 20? ¿Por qué no? ¡La decadencia de los rockstars germinó allí, en esa época!

Boardwalk Empire, amigos. Nucky Thompson tiene mi voto.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pozo de los deseos: Bye Gary

La verdad es que ésta va a ser una entrada bastante común durante los próximos días en muchos blogs, pero cualquier hardrockero con un corazoncito dentro debe de haberse apenado, o contrariado al menos, ante la marcha de Gary Moore, uno de los mejores guitarristas de la era dorada del hard rock.

Los primeros contactos que tuve con la música de Gary fueron sus videoclips junto a bluesmen como Albert King, o su movida versión del "Walking By Myself" de Jimmy Rodgers. Pero no fue hasta que me metí en Thin Lizzy cuando descubrí el excepcional legado que había dejado el guitarrista antes de meterse en el blues, en lo que fue un comienzo interesante que se acabó diluyendo en una fórmula demasiado repetida y demasiado larga en el tiempo. Habríamos sido muchos los que nos habría gustado rodearse de unos cuantos veteranos de pelo en pecho y que volvería a electrificar a las masas, pero de todas formas Gary Moore ya había hecho sus deberes: G-Force, Corridors of Power y la mayoría de sus discos durante los 70 y primeros 80 están llenos de riffs incendiarios. Aunque no es de extrañar que al flipar con lo animal que podía ser este hombre en cortes como "Toughest Street in Town", junto a las huestes de Phil Lynnot, mis discos de cabecera de Moore sean el Black Rose y el Back on the Streets, un disco en solitario de Gary que prácticamente es un disco más de los Lizzy. Solo la canción que da título al disco ya vale por muchas carreras de grupos de usar y tirar.

En fin, descansa en paz, Gary.

viernes, 4 de febrero de 2011

El reinado de Elvis: 1971

Nelson Rockefeller, Howard Hughes, Orson Welles, Jesse Jackson... y ahora Elvis. Por encima de otros candidatos como un químico o un activista por los derechos civiles, la organización cívica de The United States Junior Chamber, o los Jaycees, habían decidido otorgar el premio al Joven del Año a Elvis Aron Presley. El cantante se tomó el premio muy en serio, y se pasó la noche anterior preparando su discurso, enseñándole unos apuntes a Priscilla para que le diera su opinión. Aunque se excusaría por no poder acudir a la cena, Elvis llegaría a la ceremonia despidiendo destellos de glamour junto a Priscilla. Para la ocasión Elvis no había dudado en ponerse sus mejores galas: un traje de piel, grandes gafas y su pesado cinturón de oro. Aguantaron los discursos de eminecias y políticos, incluido el de un tal George Bush, embajador en las Naciones Unidas, Elvis recogió el premio con orgullo y luego se llevó a los invitados a tomar un pequeño ágape en un restaurante de Memphis. Horas antes, en una rueda de prensa, junto a otros premiados y candidatos, el rey del rock había dado su opinión sobre la música que se llevaba entonces, y su mala influencia en la juventud: "sí, no estoy nada de acuerdo con la música que incita al consumo de drogas y la profanación de la bandera".

El 26 de enero Elvis abría una nueva temporada en Las Vegas en su recinto habitual, el International Hotel. Las siglas TCB lo inundaban todo: anillos, colgantes, y pases para invitados que un año atrás habían sido bastante exclusivos, y ahora cada vez se despachaban con más facilidad. La TCB era también la banda de Elvis, los chicos que le respaldaban cada noche en el escenario. "Cuidando del Negocio". No podía haber mejor eslogan y escudo de armas para Elvis. Desde luego el coronel se encargaba de que no lo olvidara.

El programa era intensivo: dos conciertos por noche, uno a las ocho y media y otro a medianoche. No había días de descanso. Las siglas TCB no era una simple pose. Había que ponerse manos a la obra y trabajar la máquina de hacer dinero. Elvis y el coronel sabían esta gran verdad. Pero era Elvis quien tenía que subirse al escenario dos veces por noche. Aunque tampoco el coronel había sido nunca un indolente. Entre bastidores el coronel siempre se encargaba de que todo fuera bien. Cuando acababan los shows, Parker se dedicaba a su cada vez más creciente pasión: el juego.

A principios de marzo Elvis y Priscilla volvían a Memphis, donde el cantante pudo relajarse antes de meterse de nuevo en el estudio. El coronel había insistido en grabar un disco navideño, y aunque Elvis había estado de acuerdo, también se tenía en mente publicar otro álbum de gospel y un LP de rock. Grabó versiones de Peter, Paul & Mary, Kris Kristoffeson y Judy Collins, hasta que a la una de la mañana Elvis comenzó a quejarse de una molestia en el ojo, cancelándose la sesión. El ahora imprescindible doctor Nick cogió un avión hacia Memphis para examinar el ojo de Presley, que iba a peor por momentos. Finalmente fueron al hospital, donde le diagnosticaron una iritis y una forma de glaucoma secundario. El doctor Nick lo achacó al tinte que Elvis se aplicaba en las cejas. Tras pasar unos días recuperándose Elvis partió a reunirse con Priscilla en Los Ángeles, donde jugaron con los niños de Elvis y Joe Esposito a encontrar huevos de Pascua.

A mediados de 1971 hacía tiempo que el matrimonio de Elvis y Priscilla iba a la deriva. El embarazo de Priscilla había alejado a su marido de su cama, y el comportaertmiento cada vez más errático de Elvis tampoco ayudaba; tan pronto se quedaba amodorrado por las pastillas como tenía un arranque de furia energética y se ponía a dar discursos mesiánicos subido a una mesa en mitad de una fiesta. Por el momento, Priscilla decidió llenar sus horas muas con el karate, del que tanto le hablaba Elvis. El cantante le presentó a Priscilla a Ed Parker, el maestro con quien practicaba Elvis últimamente. Y para practicar los dos en Memphis se trajo a un maestro coreano, Kang Rhee, que les enseñó taekwondo.

En mayo Elvis volvía al estudio, convenientemente adornado por Lamar con motivos navideños y cajas vacías de regalo. Sin embargo Elvis no mostró demasiado entusiasmo, y según comentaría el arreglista Glen Spreen, parecía como si llevados por el pesimismo de Elvis todos desearan quitarse esas canciones de encima cuanto antes, grabando demasiado rápido. Y no parecía que Felton pudiera hacer algo para cambiar esa situación. Fue a la tercera noche cuando Elvis comenzó a mostrar signos de estar vivo, justo cuando llegaron los Imperials para comenzar a grabar los temas gospel. De todas formas esa sensación duró poco, y la sesión se cerró con un golpe de karate de Elvis que envió la pistola con la que Charlie Hodge estaba jugueteando contra la preciada guitarra de Chip Young.

El resto de sesiones fueron igual de irregulares, con Elvis incapaz de centrarse y los músicos escondiéndose de él en una autocaravana para fumar hierba. Para sacarse algo del aburrimiento, Elvis llamó a una de sus amigas, Joyce Bova. Aquella noche Elvis partió precipitadamente de Nashville junto con Joyce, y tomaron un vuelo a Memphis para ir a ver al sempiterno doctor Nick. Elvis había vuelto a encontrarse mal. Pero por suerte el Placidyl parecía arreglarlo todo.

Aunque fuera a trancas y barrancas, el álbum de gospel se acabó a finales de junio. Elvis siguió mostrándose disperso y acabaría finalizando las sesiones de grabación de pistas adicionales gritando a las coristas y abandonando el estudio precipitadamente. El cantante regresó a Memphis junto a Priscilla y el maestro Rhee, que ponía apodos de animales fieros a los chicos y así contentaba a todos. En cuanto Priscilla se marchó a Los Ángeles para supervisar las obras de una nueva casa que habían adquirido, Elvis volvió a llamar a Joyce.

Mientras la película documental sobre una gira del cantante seguía en el limbo, el coronel seguía sacando tajada de la RCA con los contratos cada vez más jugosos de nuevos álbumes, mientras Elvis se preparaba para una serie de conciertos en el Sahara Tahoe de Stateline, Nevada. Los dólares iban a seguir fluyendo, y para Stateline Parker consiguió 150.000 dólares por semana y sin apenas gastos de montaje o producción. Para esas nuevas actuaciones el director musical de los shows de Elvis, Joe Guercio, ideó una entrada con la pieza de Así habló Zaratustra que cierta película de ciencia ficción había hecho muy popular. Una orquesta interpretaría el tema al principio del concierto, Elvis haría su entrada espacial como si fuera un ser superior de otro mundo, y entonces el batería Ronnie Tutt marcaría la entrada para que la maquinaria de la TCB se pusiera en marcha. También se estrenaron nuevos temas en los que Elvis había venido trabajando, como la dramática balada "You've Lost That Loving Feeling".

Presley y Priscilla, matrimonio en crisis

Las críticas del nuevo espectáculo fueron bastante entusiastas, pero parte de la prensa empezó también a especular con el cada vez más ostensible distanciamiento entre Elvis y Priscilla. Evidentemente no iban nada desencaminados. Justo por aquella época Priscilla comenzó a verse con Mike Stone, a quien había conocido hacía unos años en un Campeonato de Karate, y con quien había coincidido en algunas clases en el estudio de Chuck Norris. No era el primer affair de Priscilla, pero pronto le quedó claro que Mike no era otra salida más a la falta de afecto y cariño que Elvis dispensaba a otras.

Tras un breve descanso en agosto Elvis volvía a los ruedos de Las Vegas, al International, ahora rebautizado como el Hilton Hotel de Las Vegas, tras ser adquirido por el emporio de Barron Hilton, el abuelo de Paris. A principios de septiembre Elvis y Priscilla se trasladaron a su nueva casita de Los Ángeles, lo cual no cambió nada en el matrimonio. Cuando Priscilla se fue unos días con la mujer de Joe a Palm Springs, al volver se encontró con una nota de agradecimiento de un ligue de Elvis por el estupendo finde que habían pasado juntos. Elvis salió del meollo como pudo, pero evidentemente Priscilla no se creyó nada.

El 5 de noviembre Elvis emprendía una gira por varias ciudades de Norteamérica: Minneapolis, Cleveland, Philadelphia, Cincinnati, Houston o Dallas serían algunas de las afortunadas localidades donde el Rey volvió por todo lo alto a ritmo de Strauss. Había un nuevo grupo vocal masculino, los Stamps. Elvis no parecía estar del todo contento con ellos, pero lo que había finiquitado la relación habían sido las peticiones económicas del cuarteto, que le pusieron los pelos de punta al coronel. La gira cerraría el 16 de noviembre en Salt Lake City. El éxito y las críticas de aquella nueva gira habían sido abrumadores.

Mientras el juicio por la paternidad de Elvis por un bebé parecía llegar a buen puerto, Priscilla retrasó su vuelta desde California todo lo que pudo. Ella y la pequeña Lisa Marie llegaron a tiempo para celebrar las Navidades. En un principio pareció circular algo raro en el ambiente, pero pronto todo volvió a una aparente normalidad. Hasta que la noche del 30 de diciembre Elvis anunció a los chicos que Priscilla le dejaba.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Keep America Beautiful: El mensaje ecológico de Iron Eyes Cody

El mundo, y especialmente los Estados Unidos, le conocieron como el jefe Iron Eyes Cody, un descendiente de indios Cherokees y Cree que labró su carrera en Hollywood participando en multitud de westerns, buenos, malos y regulares, junto a todos los grandes del género, desde los gloriosos años 30 hasta los peculiares 80. La mayor parte de su filmografía está compuesta por pelis del Oeste de serie B y films baratos, aunque entre sus proyectos más importantes se pueden citar Flecha rota o Un hombre llamado caballo, y pelis olvidables de Bob Hope. Por supuesto Iron Eyes Cody también se dejó ver en la televisión, comenzando por todas las series de vaqueros de los 50 y 60 que tenéis en mente, hasta alguna aparición como estrella invitada en El equipo A.

Además de su prolífica carrera como eterno secundario, Iron Eyes Cody se convirtió en un símbolo del orgullo indio y de la reivindicación de los derechos de los nativos americanos. Con la llegada del revisionismo histórico en Hollywood durante los 60 y los 70, Iron Eyes Cody se convirtió en el hombre ideal para interpretar al "indio bueno", el indio espiritual en conexión con la naturaleza que se convierte en víctima del imperialismo blanco. Sin duda, el amigo Cody era un símbolo para muchos, indios y no indios. Pero había un problema. ¡Iron Eyes Cody no era indio!

Cody había venido al mundo llamándose, al parecer, Espera Oscar DeCorti, y era hijo de unos emigrantes sicilianos. Se crió en un pueblecito de Louisiana, y muy pronto quedó fascinado por la cultura india y la leyenda de aquellos que décadas después se llamarían nativos americanos. Tras unos pocos años el amigo DeCorti comenzó a hacerse llamar Tony Cody, a vestir ropas de nativo y a empaparse de todo lo que estuviera relacionado con los indios. Para cuando comenzó su carrera cinemográfica, presumiblemente a finales de los años 20, el jefe Iron Eyes Cody ya había nacido para el mundo.

Cody se casó con una verdadera india, adoptó a niños indios, y vivió siempre según los estándares de un nativo americano. En sus últimos años la comunidad india de Norteamérica le rindió un homenaje por sus contribuciones al legado de los antiguos indios, justo a tiempo para que el secreto de su origen quedara desvelado. Pese a las evidencias, Cody siempre negó las acusaciones, y siguió siendo, o creyéndose, un indio, y viviendo como tal.

Supongo que la polémica le perseguirá siempre: ¿era Cody un impostor, o, al fin y al cabo, tenía más respeto por la cultura india y sus valores que muchos verdaderos indios, lo que le hacía más indio que otros nativos americanos de sangre? Detractores y defensores siempre esgrimirán uno u otro argumento y supongo que todo dependerá de lo indulgente que sea uno con el tema de la sangre y los genes, pero lo que no se le puede negar a Iron Eyes Cody es que se convirtió en un símbolo americano, e incluso en un símbolo nativo americano.

Iron Eyes en Los Simpson: ¡Te dije que no mirar atrás!

Especialmente cuando en los 70 Cody se convirtió en el protagonista de una campaña publicitaria de Keep America Beautiful, una asociación ecologista que luchaba contra el vertido indiscriminado de basuras, el lanzamientos de latas y colillas, defendía un gasto energético racional... en fin, mensaje ecologista. En uno de los anuncios televisivos podíamos ver a Cody remando en su típica canoa india con un montón de refinerías y fábricas de fondo; el símbolo de la contaminación del hombre blanco. Después de que Cody arribe a una orilla llena de basura, el amigo indio se asoma a una autopista desde donde un tipo le lanza una bolsa de basura a los pies. Es entonces cuando llega el momento epatante del anuncio, y una lágrima asoma a los ojos de Cody, lo que le valió el apodo de the crying indian. La campaña de Keep America Beautiful fue muy famosa, e hizo de Cody un icono popular.

Lo bastante popular para que, años después, el anuncio fuera parodiado en Los Simpson, en aquel mítico episodio en el que Homer decide presentarse a jefe de basureros, liándola parda y de paso realizando una atómica aparición en un concierto de U2.

Iron Eyes Cody, nativo americano-siciliano, y símbolo de una nación.