sábado, 3 de diciembre de 2011

Vacaciones en Roma (1953)

Aunque el recuerdo de Audrey Hepburn nunca se ha ido del todo, últimamente se está hablando bastante de ello gracias al aniversario de Desayuno con diamantes. Como intérprete no era la actriz definitiva, aunque desde luego tampoco era un cero a la izquierda; fue de esas actrices que cuyas actuaciones fueron ganando con la experiencia. Pero pocas actrices que hayan llegado a pisar Hollywood pueden rivalizar con ella en cuanto a fotogenia y elegancia. La Hepburn trascendía el concepto de sexy, y si de hecho destacó tanto en el momento en que la conoció el mundo fue debido en gran parte a que era muy diferente de las nuevas grandes estrellas femeninas que triunfaban en aquel momento, que solían caracterizarse por su sensualidad. Con su prestancia y su belleza aristocrática iba a resultar una rara flor en el Hollywood de los 50.

La película que hizo mundialmente famosa a Audrey Hepburn sería Vacaciones en Roma, basada en un relato corto de Ian McLellan Hunter. El director Frank Capra se había hecho con los derechos para su productora Liberty Films, pero debido a su difícil situación financiera tuvo que deshacerse de ella. Fue entonces cuando la Paramount decidió comprar los derechos de la historia. Precisamente había sido un cazatalentos del estudio quien pocos años antes había dado con Audrey en Londres, donde trabajaba como modelo. En el estudio la ficharon de inmediato y tras hacerla debutar en una producción europea le fueron dando cameos y pequeños papeles. Cuando Audrey triunfó en Broadway gracias a su papel estelar en Gigi, el estudio consideró que había llegado la hora de darle su gran oportunidad a la actriz. Y Vacaciones en Roma parecía el vehículo perfecto.

Los ejecutivos de la Paramount pensaron en George Stevens para dirigir el film, pero tras recharzar la propuesta le ofrecieron el puesto a William Wyler, quien acababa de rechazar Sólo Dios lo sabe. Tras rodar dos rotundos dramas, y dado que en su carrera apenas había tocado el género cómico, y menos aún las comedias románticas, el director aceptó encantado, con la condición de que se rodaría en Roma (seguramente todavía no se le había pasado el disgusto de haber tenido que rodar Cumbres borrascosas en California). Vacaciones en Roma sería el primer proyecto hollywoodiense que sería rodado enteramente en localizaciones europeas desde antes de la guerra.

Aunque en el estudio querían darle un protagonista a la Hepburn su papel de la princesa Ana, la típica heredera encerrada en una jaula de oro, no fue un regalo. Wyler quería a Jean Simmons para el papel, pero cuando estuvo claro que no podría conseguirla se fueron barajando distintos nombres, hasta que finalmente las audiciones redujeron el número a dos; uno de ellos era el de Audrey. En las pruebas de cámara y de vestuario Wyler había decidido rodar un pocos minutos, y una vez finalizada la audición, cuando las actrices creían que ya se había apagado la cámara, dejarla rodando para captar las reacciones naturales de las candidatas y sus improvisaciones. Fue Audrey quien por supuesto se haría con el papel, y su prueba llegó a ser tan comentanda que alcanzaría proporciones míticas; incluso llegó a pasarse por televisión. Para completar el reparto principal se fichó a Gregory Peck (encantado de poder participar por fin en una comedia, gracias a que Cary Grant rechazó el papel) y al secundario Eddie Albert, junto a una pléyade de intérpretes y extras italianos.

Vacaciones en Roma sentaría precedentes para muchas otras comedias románticas que habían de venir; aunque su trama no era totalmente original, su historia de la princesa que quiere vivir un día como una persona normal, y el hombre apuesto, un periodista, que se la encuentra y al principio se queda con ella por el interés de una exclusiva, sería imitada decenas de veces. Gracias a la impecable dirección de Wyler y a la química de los actores, la majestuosa Ciudad Eterna, y el desparpajo de sus habitantes, Vacaciones en Roma resulta una comedia romántica deliciosa, inocente, entretenida, y con una conclusión bastante lógica, algo que no siempre se da en el género.

Para la posteridad quedarían muchas secuencias como por ejemplo aquella en que visitan la Boca de la Verdad (la reacción de Hepburn en esa escena fue real ya que Peck pactó su broma con Wyler), el baile en el barco, y sobretodo ese paseo en Vespa por la ciudad que no sólo multiplicaría las ventas y popularidad de la moto, sino que haría volar la imaginación de gran cantidad de los espectadores que acudieron a verla, imaginándose a sí mismos montando en Vespa con su ídolo (ya fueran Audrey o Gregory). Fue otro de esos momentos icónicos que quedarían grabados para siempre en la historia de Hollywood.

Y por supuesto Vacaciones en Roma significó el lanzamiento al estrellato de Audrey Hepburn, quien con la ayuda de la mítica diseñadora de Hollywood Edith Heath se convirtió en un referente femenino a la hora de vestir y en el epítome de la elegancia y la belleza más pura e inocente. Sin duda la cámara la adoraba.

Por desgracia en Vacaciones en Roma no todo fueron acontecimientos felices. La película fue nominada a diez categorías en los Oscar, saliendo triufante en tres: mejor protagonista para Audrey, mejor vestuario en blanco y negro para Edith Heath, y mejor guión. Fue aquí donde se produjo la gran injusticia ya que el autor principal del guión fue Dalton Trumbo, quien pocos años antes había sido incluido en las listas negras de la Caza de Brujas. Por ello no pudo acreditársele como autor del guión, así que fue su colega y testaferro Ian McLellan Hunter quien recogió la estatuilla. No fue hasta 1992 que la Academia enmendó su error y entregó un Oscar póstumo (uno totalmente nuevo) a la viuda de Trumbo, dado que el hijo de Hunter no había querido tener el detalle de desprenderse del que le habían dando a su padre.

Historias tristes de Hollywood aparte, Vacaciones en Roma es un clásico imperecedero y una de las comedias románticas más míticas que se puedan ver.

9 comentarios:

Anastasia dijo...

Gran película. Es preciosa.

En cuanto a Audrey... la elegancia y la belleza más pura e inocente. Estoy totalmente de acuerdo.
Ella y Peck se caracterizaron siempre por una elegancia que no tenían muchas otras estrellas de Hollywoood.

Genial entrada. Me han entrado ganas de volver a ver la peli...
¡Un beso!

sylvia dijo...

Me han entrado ganas de volver a verla con tus post. Muy interesante...como siempre (!)

Guzz dijo...

El tema de la caza de brujas del tal McCarthy es un tema que apesta por definición pero, curiosamente, generó algunas de las secuencias más ingeniosas por como se las ingeniaba el personal para torearlo... Y en esas Trumbo era todo un maestro (la escena de ostras y caracoles de Espartaco por ejemplo rápido), que para más narices nos legó la maravillosa historia de "Johnny"... Me hago daño en las manos aplaudiendo el recordatorio, si señor.

José Fernández dijo...

Me voy a morder la lengua y no voy a decir lo que pienso de la actual popularidad de Audrey Hepburn. Buena actriz, si, pero la Simmons se la come con patatas en todos los sentidos y no la ves en los bolsos de las niñas moderniquis. En fin...

Möbius el Crononauta dijo...

Anastasia: gracias. La verdad es que gente como Audrey y Gregory tenían una elegancia natural que los hacía diferentes.

sylvia: ¡me alegro de que te guste!

Guzz: hace poco vi el documental sobre Dalton y la lista negra, supongo qu elo habrás visto... impresionante.

José Fernández: las había mejores y peores, pero en fotogenia no creo que Simmons estuviera por encima de Audrey, y por eso ahora la vemos en todas partes, porque lo suyo con la cámara era algo especial.

paulamule dijo...

Y te haces una idea de que lo que es Roma, aunque luego en vivo y en directo el romanticismo de la ciudad se quede en caos más bien.
Salud.

Möbius el Crononauta dijo...

¡Supongo que ninguna ciudad aguanta el romanticismo de las películas!

David dijo...

No sabía que era un proyecto de Frank Capra (pero le pega todo).
La vi ayer mismo y en los créditos si figuraba el nombre de Dalton (como basado en una historia suya o algo así; no como guionista).
Para mí, Audrey está más cerca del 10 que del 0 a la izquierda... y al contrario que José Fernandez, creo que era una actriz estupenda y que la Simmons no se la come con patatas (aunque físicamente me gusta mucho más; a mí Audrey me parece muy-muy mona, pero me deja más frío que...) Lo de los bolsos y el marketing son otras historias. La tira de Peanuts no va a ser mejor o peor porque se vendan muñequitos de Snoopy...
La verdad es que la peli se deja ver con agrado. Me reí en un par de momentos (las escenas con Albert como fotógrafo) y sí, ha envejecido porque pelis como esas con ese mensaje no son creíbles... Siendo "cínicos"...antes sabíamos que la "nobleza" no podía emparentar con la plebe (y menos aún con la prensa)...pero los tiempos cambian... y hoy en día las princesas o príncipes pueden casarse con quien les dé la gana.
Si al menos tuvieran el encanto de Audrey (y su sentido de la responsabilidad).
Un saludito.

Möbius el Crononauta dijo...

Bueno eso tiene explicación: en las copias actuales se le acredita como se le debe, pero en las originales estaba sin acreditar. A mí me parece una buena actriz con grandes momentos, pero como decía las grandes estrellas no tienen porqué ser todo interpretación. Audrey tenía mucho más.
Es producto de su época, pero eso le da más encanto, no ha envejecido demasiado mal creo yo.
Bueno, ahí estuvo muchos años antes el amigo Jorge y la sra. Simpson. Saludos.