lunes, 26 de diciembre de 2011

Plácido (1961)

Decía el gran Luis García Berlanga que aborrecía los sempiternos telemaratones navideños que las televisiones organizan por estas fechas, y es que viendo una genialidad como Plácido, ideal para ver estos días, estupendo contrapunto patrio a otro clásico navideño como ¡Qué bello es vivir!, uno cae en la cuenta de que en realidad no hemos cambiado demasiado desde aquellos días grises. Quizás la única diferencia es que ahora los burgueses somos mucho más. Y quién lo habría dicho, pero cincuenta años después, con el contexto actual, una película como Plácido sigue teniendo mucha vigencia. Debe ser que son ciertas las palabras del villancico que quienes hayáis visto esta cinta tendréis seguro en mente.

Plácido surgió como una idea visual a raíz de una de las campañas navideñas promovidas por el Régimen que instaba a la población a acoger a un pobre por Nochebuena y compartir con él la cena y los benditos alimentos que se suelen tomar por esas fechas. Berlanga imaginó a los satisfechos burgueses que acallaban sus conciencias con ese gesto eventual devorando las pechugas del pollo que presidiera la cena, mientras que sus andrajosos invitados se tenían que conformar con las alitas. Ya se sabe, en realidad nada cambiaba. A partir de esa idea inicial Berlanga fue imaginando más escenas que estaban destinadas a convertirse en torpedos apuntando a las debilidades, realidades e injusticias de la sociedad española. Con un tratamiento bajo el brazo titulado "Siente un pobre a su mesa" (título que acabaría siendo censurado) que no interesó a nadie el director y guionista se dedicó a perfeccionarlo y expandirlo mientras se ganaba unas pesetillas colaborando en el guión de Familia provisional.

Berlanga venía de rodar Los jueves, milagro (comentada aquí), donde se había atrevido meterse con los vendebiblias y en general con el negocio que acompañaba a todo lo religioso. Por supuesto la censura no había permanecido impasible y había cercenado su guión, transformando toda la segunda parte del film (dicen que incluso toda esa parte del guión fue reescrita por un sacerdote censor) para que la historia se ajustara al férreo código de la época. Aun así don Luis, ante la falta de interés de los estudios por su nuevo guión, se lo tomó con calma y siguió a escribiendo a su manera. Y ya sabemos que prácticamente cada film de Berlanga supuso una larga y titánica lucha contra la censura. El destino, la bendita providencia, o la casualidad, llevó a que Berlanga se pusiera a trabajar con un novelista llamado Rafael Azcona que había entrado en el mundo del cine como guionista adaptando una de sus propias obras, El pisito. Colaborando para el corto de Juan Esterlich Se vende un tranvía Berlanga y Azcona congeniaron, y decidieron trabajar juntos en el guión que estaba preparando Berlanga. Como todos sabemos fue el feliz comienzo de una colaboración que se alargaría a lo largo de los años, dándonos verdaderos e increíbles clásicos del cine español.

Azcona llevó los escritos de Berlanga más allá; entendía perfectamente lo que el director quería, y con su talento como escritor y guionista supo plasmar con gran talento las ideas que bullían en la cabeza de don Luis, aportando el propio guionista también, por supuesto, sus propias concepciones, y su gran facilidad para crear diálogos geniales. En resumen, ambos conformaban un dúo genial y ganador.

Finalmente Berlanga obtuvo financiación gracias a Alfredo Matas de Jet Films, una nueva productora para la que Plácido iba a suponer su primer lanzamiento. Por supuesto el director tuvo que lidiar con los censores que exigieron cambios y cortes, pero de todas formas cada vez que no ve Plácido no deja de sorprender que una película así llegara siquiera a estrenarse, pero por suerte para Berlanga a partir de 1960 el Régimen comenzó abrir muy tímidamente la mano con respecto a la censura, y además diríase que los censores no eran muy dados a leer entre líneas.

Y es que el magnífico guión de Berlanga y su sosias Azcona tiraba con bala prácticamente en cada frase y cada escena, sin dejar títere con cabeza, ya fueran burgueses o trabajadores, ricos o pobres; nadie se salvaba en un ácido retrato de una España pacata y teatrera, donde el gesto y la apariencia es lo que cuenta y donde nadie se preocupa de nadie. Y quien piense que hemos cambiado acabará errando. A lo mejor han cambiado las formas, pero me temo que el fondo es el mismo.

Y bueno, qué decir de Plácido como película. Maravillosa, increíble, perfecta, ni le sobra ni le falta nada. Desde sus curiosos créditos iniciales con el montaje del pobre y la estupenda música de Miguel Asins Arbó hasta ese aplastante final, Plácido es una maravillosa sátira berlanguiana, una grandiosa comedia que esconde mucha mala baba y pone en solfa dramas, injusticias y pecados. El guión es tremendo, repleto de escenas inolvidables y frases atómicas con ese gracejo de la época que sólo tipos como Azcona podían manejar tan bien. Desde el minuto uno la película no da tregua al espectador con un ritmo endiablado y un reparto coral que entra y sale de los míticos planos secuencia de Berlanga girando alrededor del pobre Plácido, un españolito de a pie que ha comprado un motocarro para iniciar su propio negocio y es contratado para una cabalgata benéfica, aunque su única fijación es poder pagar la primera letra de su vehículo a tiempo.

Sería díficil destacar frases o momentos porque toda la película es un gran diálogo continuo o esperpento genial, y el reparto coral es tan imbatible como el propio guión, repleto de grandes y futuras estrellas y secundarios carismáticos, actores y actrices surgidos de la gran era de los cómicos, palabra que entonces iba mucho más allá de la simple dedicación a la comedia. Imposible olvidar a un estupendo Cassen como el Plácido que da título a la película, preocupado con su motocarro; el genial Jose Luis López Vázquez y su impepinable Quintanilla, el hombre para todo; otro grande entre los grandes, Manuel Alexandre; el sempiterno gruñón Agustín González en uno de sus primeros papeles; la señorona Amelia de la Torre; el amiguete de Berlanga, impagable Luis Ciges, y, en fin, una estupenda colección de grandes promesas y enormes secundarios (hagamos justicia, por ejemplo, con alguien como Julia Caba Alba).

Plácido, una de las mejores películas de uno de los más grandes (y no me refiero sólo al ámbito español).

9 comentarios:

paulamule dijo...

Ya lo dije yo hace unos días en casa de Pupilo con motivo de unas fotos de Sabrina. En todo este tiempo y no hemos cambiado nada.
Salud.

PEPE CAHIERS dijo...

Una de mis favoritas del cine no solo español sino mundial. Y ese villancico final que te rompe el alma.

Guzz dijo...

Junto a "Calabuch" y "El verdugo" mi tripleta intocable del Sr. Berlanga del que pienso, y coincidimos de lleno, es uno de los más grandes realizadores de cine habidos, si señor (y si alguien quiere poner fronteras que se eche un Risk).

Félix S. Trabanco dijo...

Yo pienso todo lo contrario: no me gusta nada el cine de Berlanga, ni sus planos secuencia, ni su ritmo que como tú dices no deja tregua. La única que me gusta de Berlanga es "La escopeta nacional". Pelis como "La vaquilla", "Patrimonio nacional", "Tamaño natural", o esta misma me dejan frio. Ví "Placido hace años y aunque entiendo su mensaje, (es decir, su descripción de la hipocresía burguesa) me puso de los nervios igualmente, no daba respiro al espectador y no me parecia nada graciosa. La verdad, Berlanga me gusta muy poco más que Saura. De todas formas es interesante leer como Berlanga le tomaba el pelo a la censura y acababa saliéndose con la suya. Al fin y al cabo era un hombre que hacía un cine diferente y crítico, lo cual merece respeto. A mi me gustan Buñuel, Zulueta (a ver para cuando un post sobre "Arrebato"), Erice, Almodovar, Fresnadillo, Bajo Ulloa, Balaguero...y para de contar. me gustan los muy outsiders del cine español, los que están muertos, o los que no se prodigan demasiado (bueno Almodovar trabaja bastante). No es cuestión de snobismo, es que a los pocos realizadores buenos que hay en este pais siempre se les niega el pan y la sal.

Johnny dijo...

Mira, esta peli de Berlanga no recuerdo bien si la he visto, pero después de lo leído intentaré hacerme con ella. Grande Berlanga. Aprovecho el presente para desearte un buen 2012. Saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

paulamule: ah, Sabrina, siempre nos recuerda nuestro lado primate

Pepe Cahiers: el final es brutal

Guzz: yo cambiaría Calabuch por "Bienvenido", aunque era una época en que estaba enrachado el amigo don Luis.

Félix S. Trabanco: ya hombre xD tengo curiosidad por "Arrebato", así a lo mejor cualquier día aparece por aquí; a Erice no le puedo juzgar, pero Ulloa, Almodovar, ni ellos (y lo que es peor, sus guiones)son tan buenos como Berlanga. Desde luego yo me quedo con Berlanga, y Buñuel, ya que estamos.

Johnny: deberías remediar eso, es uno de los grandes clásicos de nuestro cine

Félix S. Trabanco dijo...

Bueno rectifico, Fresnadillo no me gusta. Su última peli Intruders me decepcionó mucho, aunque de hecho también la segunda, "28 semanas después", es el típico director que lo hace bien una sola vez. De eso ahi mucho en spain.

Señorita Puri dijo...

El marido de Cayetana protagonizará Flácido.

Félix S. Trabanco dijo...

Ni Fresnadillo ni Ulloa. Lo de fresnadillo lo puse porque me gustaba "Intacto", a Ulloa lo puse porque hay una peli que me gusta que siempre pensé que la había dirigido él , pero resulta que no es él el director. De hecho todas las demás de Ulloa me parecen mediocres. Digamos que por ahora directores españoles me gustan solo estos: Zulueta (descanse en paz), Buñuel (descanse en paz, Erice, Almodovar y Balaguero.